Advertencias:
Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.
Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.
La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.
Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea
Capítulo 10
Aquella mañana, tras el gran descubrimiento de su familia, se presentaba intensa para Sally quien junto con su madre partió hacia las afueras de la ciudad en busca de un lugar apartado para poder practicar sus nuevos poderes. No les costó mucho encontrar un polígono industrial en el cual había grandes hectáreas de descampado.
-Vale, este lugar servirá. –Dijo Vivianne mientras detenía el coche dentro de una gran explanada de tierra seca.
Ambas mujeres salieron del vehículo y caminaron unos pasos, alejándose de él hasta que la mayor se detuvo mirando a su alrededor. Después de comprobar que no había nadie, habló de nuevo mirando a su hija.
-Lo primero que tienes que saber y controlar para dominar tus poderes, es tu concentración, tu propia mente. Ahí está la clave. Si no dominas eso nunca harás nada.
-Apuesto a que eso es lo más difícil de todo.
-Así es. Pero verás que lo conseguirás con práctica. Hay cosas sencillas que no requieren de conjuros, cómo hacer levitar objetos, hacer fuego, o cosas así. Las que necesitan más poder, si necesitan conjuros, y hay para todo lo que te imagines.
-¿Se pueden crear conjuros? ¿Nosotras podríamos? –Preguntó la joven, intrigada
-Hay que tener un gran poder para ello, ser muy buena, pero se puede conseguir. Quizá algún día puedas lograrlo. Pero ahora vamos a lo que importa. Quiero que intentes levantar esas piedras del suelo. –Dijo mientras señalaba unas pequeñas rocas cercanas a ella.
-No sé si seré capaz...
-Primer error –La rubia la interrumpió súbitamente-. Confía en ti, es esencial. Concéntrate en tu objetivo.
La chica lo intentó mirándolas fijamente pero no ocurría nada, y tras unos minutos desistió de aquello algo decepcionada y enfadada. Su madre la alentó fervientemente, hasta que en una de las muchas repeticiones, las piedras comenzaron a despegarse del suelo y fueron guiadas por el aire al antojo de la chica.
Avanzada la tarde, la castaña se dirigía feliz, tras su hazaña, a la casa de los Salvatore, ya que había quedado con el moreno para continuar la conversación de la noche anterior, la cual resultaba todo un misterio para Sally.
Pocos segundos después de llamar a la puerta, Stefan abrió mostrando una pequeña sonrisa a la chica.
-Hola, Sally ¿Cómo estás? –Preguntó el chico mientras se hacia un lado para dejarla pasar
-Muy bien, la verdad, las cosas empiezan a ir bien y ser emocionantes.
-Bueno, me alegro, ya me he enterado que has descubierto muchas cosas nuevas.
-Demasiadas... Ha sido un cambio muy brusco.
-Lo sé, todos hemos pasado por lo mismo, te acostumbrarás.
Sally sonrió levemente pero no le dio tiempo a contestar cuando Damon apareció en la estancia encaminándose hacia ellos con decisión. Una vez hubo llegado hasta la pareja, besó a la mujer fugazmente y miró a su hermano con una pequeña sonrisilla.
-¿Te importaría dejarnos algo de intimidad, Stefan, tenemos mucho de que hablar.
-Está bien, pero no os propaséis con la intimidad, recuerda que el sofá es un lugar común.
-Sabes cuán respetuoso soy, Stefan.
-Ya... –Añadió el castaño alejándose por el pasillo mientras los jóvenes se sentaban en el sofá y se hacía el silencio.
-Vale, pues empieza a contarme qué pasa con la piedra. –Dijo la chica, mirándole expectante para que el joven comenzara la conversación.
-Bueno. Como bien te dijo tu madre, las brujas siempre han odiado a los vampiros y por ello no quieren que uno toque nada suyo. En realidad todo eso de ``¡el mal se extenderá, moriréis todos!´´ No es más que cuento para hacerse las interesantes. A las brujas no les gusta compartir, ya te lo anticipo. Esa piedra es propiedad de tu familia desde que se creó, pero yo la necesito para poder recuperar a una buena amiga. –Damon miró seriamente a la chica mientras concluía la frase.
-¿Por qué? ¿Qué tiene que ver la piedra con eso?
-Ella era... Bueno, es vampiresa, pero en 1864 la población del pequeño pueblo de Virginia donde vivíamos se enteró de nuestra existencia y fueron a por nosotros, atraparon uno a uno una noche a todos los vampiros de la ciudad y los mataron. Stefan y yo esa noche estábamos de viaje y por eso nos salvamos, hacía pocas semanas que esa vampiresa nos convirtió. Ella logró sobrevivir porque uno de aquellos inquisidores estaba enamorado de ella, sin saber lo que era en realidad, y no fue capaz de matarla, pero la encarceló en una cripta oculta del cementerio y la selló para que jamás pudiese escapar. La piedra de tu madre es el elemento mágico que creó el hechizo, y sólo esa piedra puede destruirlo.
-Entiendo, necesitas la piedra para sacarla de ahí.
-Sí, y a una bruja capaz de realizar el hechizo para contrarrestar el anterior. Ahí entrarías tú.
-Yo no sé nada aún, tardaré meses en ser capaz de hacer algo tan grande.
-No importa, esperaré. No podemos contar con tu madre, ella no lo entendería, Sally. Es mi amiga, mi única y mejor amiga desde hace siglos y la encerraron injustamente, al menos no murió, pero no se merece estar encerrada para toda la eternidad, sufriendo. Ella es buena. Por favor, ayúdame a sacarla de allí. –Los ojos del joven no dejaban de observar los verdes de la muchacha quien suspiró tras unos instantes y continuó hablando.
-Está bien, te ayudare. Tienes razón, no es justo.
-Debes prometerme que no le dirás nada a tu madre, ni a Stefan; No querría que ella saliera.
-¿Por qué?
-La cosa acabó mal entre ellos, no sé por qué.
-Vale, te prometo que nadie más sabrá nada.
-Sabía que podía confiar en ti. –Respondió el moreno mirándola con ternura mientras mostraba una de sus típicas sonrisas, y después la besaba.
- ¿Cómo se llama ella? –Preguntó Sally después de aquel beso.
-Katherine, Katherine Pierce.
-Sacaremos Katherine de allí, Damon. –Habló con solemnidad mientras le miraba a los ojos.
Después de unos segundos, ambos se abrazaron fuertemente mientras Damon sonreía con malicia totalmente alegre en su interior, por lo fácil que había sido convencerla de que lo ayudase en sus planes, que desde luego, la castaña no podía ni imaginar a donde llevarían.
