Hola después de un tiempo! Como primer punto quiero darles a todos las gracias por sus palabras de ánimo, son lo que me hacen estar aquí de nuevo, lamento si a pesar de ello mi respuesta a demorado. Al final estoy de vuelta y eso me hace feliz.
La canción para este capítulo la escuche por primera vez a través de los audífonos del chico que iba a mi lado en el metro hace ya un tiempo. Recuerdo pensar "Es muy alto, se lastimará" pero tras poner atención a la letra comprendí que eran como gritos de las palabras que quizá él quería escuchar. Desde entonces me ha dado la sensación de que está hecha para eso, para decirte que tienes que caer y romperte y levantarte y armarte y ser más fuerte, y así volar lejos de aquí. Aerosmith, Fly Away From Here.
.
No podía tocarlo. Desde el primer momento en que lo desee me prohibí hacerlo. Él no podía saberlo. Él era para mí como aquella inalcanzable estrella en el cielo que no podía tocar. Así era mi pacto. Éramos amigos. Así éramos nosotros y yo no quería cambiarlo. Contenerse, sonreír, bromear, decir que todo estaba bien, una palmada amistosa en la espalda y palabras de aliento.
No podía tocarlo y aún aunque quisiera no debía hacerlo. Son las palabras que me repetí siempre, a cada segundo, de eso dependía la estabilidad de nuestro universo. Pero ¿qué es más fuerte la voluntad o el deseo?
…
Tener el corazón roto es una gran oportunidad para morir y volver a nacer.
X
—Aquí y allá—
Al día siguiente llamé a Levi. Su voz ronca y cansada me tomó por sorpresa al segundo tono. Me quedé sin aliento un segundo y a continuación tan animado como pude le dije que estudiaría en la misma universidad que Mikasa. Se quedó callado durante un largo tiempo; nadie dijo nada, solo su respiración y la mía haciéndonos conscientes de que seguíamos ahí, a una palabra y millones de pasos de distancia.
Cuando él estuvo a punto de hablar le irrumpí. Fue como si algo en mí me dijera que si dejaba que sus palabras me alcanzasen jamás escaparía de nuevo.
–Mis padres ya lo saben. Todo estará bien, en realidad me emociona. – Lo dije, tan casual como yo mismo me lo permití, como si el hecho de no volvernos a ver de nuevo durante un largo tiempo fuese algo sin importancia, intenté sonar seguro, sin titubeos, y aun así sentí que Levi podía ser capaz de notar mis nervios mientras garabateaba en la libreta de notas que mamá siempre dejaba cerca del teléfono.
Escuché un suspiro, cansado tal vez, de decepción probablemente, luego pude perfectamente imaginarlo pasando sus delgados dedos por sus cabellos mientras buscaba las palabras que debía decirme. Los segundos que se demoró en responder me dieron a mí el tiempo suficiente para pensar en lo que pudo haber sido y no fue ni sería. Eché un vistazo a mí alrededor en la sala, donde cada viernes por la tarde durante los últimos 17 años habíamos pasado el tiempo viendo películas de mala calidad; estaba impecable y con un olor a canela, y sabiendo que Levi no estaría más allí me pareció un lugar demasiado distinto. Miré la fotografía que había sobre la mesa justo a un lado del teléfono, éramos Levi y yo tan pequeños y sonrientes. Recordaba que mamá había sacado esa fotografía después de que yo perdiera mi tercer diente. Levi estaba a mi lado sentado con naturalidad sosteniendo mi mano mientras yo mostraba a la cámara un diminuto diente que minutos después dejaría caer en la coladera del lavaplatos. Tuve que contener una risa, lo que me impidió detener una lágrima. Pensé en los años invertidos en esa amistad, todos esos años en los que habíamos compartido un montón de secretos y canciones, tenía que admitir que cuando los años habían comenzado a pasar y habíamos decidido permanecer juntos tanto como pudiéramos había tenido una expectativa de un tiempo juntos más grande que ese. Probablemente toda la vida.
–Bien – fue lo que dijo, simple, sin mucho adorno, conforme sin saber en terminar con todo aquello que no había tenido el valor de iniciar. –. Aún iré a la graduación. – aseguró.
Le dije que lo estaría esperando. Entonces las palabras de Farlan diciendo que haría que me enamorase de él llegaron como aliento fresco en mañanas de primavera, luego las palabras que siguieron a esa declaración me hicieron fantasear sobre un yo a finales de la ceremonia junto a Levi diciéndole todo.
El primer escenario era sencillo: un montón de inexistentes días en los que Levi correspondía mis sentimientos, tomándome de la mano, sonriendo, abrazándonos. Y esa idea, por simple que parecía casi me hizo gritar y exteriorizar mis sentimientos. Pero me contuve. Aquello no era más que fantasías. El segundo escenario era mucho más realista: con una amistad rota y montones de sentimientos desagradables. Levi, después de todo, no era homosexual como yo, no era desagradable como yo, no daba asco a las personas ni decepcionaría a sus padres, no pensaba que amar a su mejor amigo era maravilloso.
Tomando un respiro de realidad me despedí de él. Si en aquel entonces hubiera sabido lo que vendría a continuación jamás hubiera colgado el teléfono.
En este punto de la historia comienzo a retardar la información. Me entretengo pensando en los momentos previos porque pienso que entonces eran posibles todo tipo de consecuencias, que quizá pudo haber sido distinto. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que no pudo ser de otra forma. Ambos, Levi y yo corriendo como el tiempo entre hilos enmarañados de un destino incierto.
Él había vuelto para la graduación como lo había prometido. Al principio, después de la ceremonia y de haber logrado un tiempo solo para nosotros sin molestos familiares y amigos, teníamos mucho que contarnos. Él habló sobre lo fácil que le estaba resultando acoplarse a sus clases y a la nueva rutina que debía seguir debido a eso, me habló sobre lo molesto de los transportes públicos y cómo no muy lejos de donde estaba el departamento que su madre había conseguido para él había una cafetería con un café delicioso que tendría que probar algún día. Yo hablé mucho más que él, entusiasmándome por cada una de sus palabras y acciones, preguntando y preguntando, riendo. Riendo mucho. Hasta que poco a poco y a través de los pasos que dábamos hacia ninguna parte el silencio se hizo presente. Un silencio extraño y cómodo. Reconfortante.
–No lo vimos – dijo entonces, deteniendo sus pasos y sin girar a verme en ningún momento –, la lluvia de meteoritos; solías ser tú quien insistía en ver juntos los eventos astronómicos, pero está vez a diferencia de las otras no dijiste nada. Aun cuando lo prometiste al final lo vi por mi cuenta, el eclipse lunar y la lluvia de meteoritos fueron hermosos.
El viento de la tarde sopló de repente, helado, alborotando mis cabellos. Mi corazón latía muy rápido. Mi pecho dolía. Y lo único que pude hacer fue disimular una apenada risa.
–Lo siento. La próxima vez seguro que te llamaré.
–No tienes que hacerlo. Seremos universitarios, ambos en distintos lugares seguro que será complicado encontrarnos así.
Quise decir que no lo sería si en verdad lo queríamos. Sólo pude decir un «seguramente».
Nos miramos entonces. A mí alrededor todo pareció detenerse. Como si todo y todos hubiesen desaparecido. Como sí nuestro pasado y presente hubiesen dejado de pertenecernos. Se sintió como si esos segundos hubiesen sido creados solo para nosotros. Levi pareció notar algo en mí, lucía confundido.
Ese era el rostro de mi mejor amigo.
Levi y sus ojos de color azul tan oscuro como las noches de octubre
Levi, el que siempre parecía de mal humor.
Levi el mejor en deportes.
Levi.
Levi Ackerman.
A quien incluso a través de los años no lograba comprender.
Me dejé llevar por el ambiente. Tiempo después me preguntaría si había perdido la cabeza o sí había comido algo en mal estado que me hizo actuar tan impulsivamente. Intenté convencerme de muchas maneras que no había sido un empujón de mi corazón y que todo había sido el resultado de una mala interpretación de nuestras acciones.
Lo besé.
Levi no me correspondió. Se quedó ahí, inmóvil, mirándome fijamente.
Y por mi mente más allá de la satisfacción momentánea que ese beso me dio vino un inmediato arrepentimiento. Había estado mal. Tan mal, tan horriblemente mal, tan jodidamente mal que no pude más que hundirme en una desesperación interior por no seguir cayendo en esa tormentosa marea de sentimientos que jamás pude controlar.
Fue un segundo, se sintió eterno. A mí alrededor pude escuchar perfectamente como el segundero del reloj en mi muñeca se detenía, y sentir como el viento se cristalizaba y detenía, haciéndonos daño. La sangre en mi cuerpo también se detuvo.
Al separarme fui consciente de que él me miraba, realmente me miraba, no como verme y ser consciente de que yo estaba ahí, era como verme y ser consciente de quien era, de ser consciente de todos mis secretos y mis miedos. Su miraba estaba llena de duda, sus ojos sin pestañear. Ni una sola vez. Y todo lo que reconocí en aquella miraba era la seguridad de que aquello había sucedido en verdad, éramos amigos y nos habíamos besado. Y ese beso no podía ser verdad, a pesar de que yo aún tenía los nervios a flor de piel y Levi parecía estar en un shock tan profundo como si acabara de presenciar algo terrible.
Él movió sus labios en un intento inútil por decir algo. Nada salió. Pero a cambió pude ver en sus ojos una nueva mirada, una mirada con la que nunca antes me había visto, suave y ligera, de entendimiento, de lástima y rechazo. Era como asomarse al horizonte y caerse.
Oh, no. Levi. Por favor.
Dio un paso hacia atrás, como si quisiera escapar. Sus ojos más oscuros que el negro y sus labios sellados.
Estaba lívido. Di un paso hacia él que no supe controlar. Mi sistema locomotor había caído y no respondía, y todo lo que tenía era el sentimiento cálido de los labios resecos de Levi sobre los míos creando vertiginosos movimientos hasta llegar a mi estómago. Mis manos temblaban. Mis rodillas de plastilina.
No fui realmente consciente de lo afectado que estaba hasta que vi a Levi intentar avanzar hacia mí pero sin poder hacerlo. Negando con la cabeza y dándose la vuelta con duda. Sólo cuando estuvo a tres pasos de distancia de mí me pregunté si debía detenerlo y decirle "Hey, relájate, sólo ha sido una broma", excepto que no, no había sido una broma. Y mi razonamiento estaba tan bloqueado que no me permitía pensar en alguna explicación que pareciera lógica. Acaba de besar a Levi, y ese beso rompía un millón de esquemas preestablecidos entre nosotros. Siempre habíamos hecho todo juntos. Los juegos. Comprar música. Las bromas. Las coartadas.
Y de repente el pequeño hilo que aún sostenía nuestra amistad había reventado dejándonos caer.
Al final, esa fue la última vez que vi a Levi en un largo tiempo.
Continuará...
