Capítulo 10
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Cuando hablamos de problemáticas que tienen un carácter de guerra o conflicto mundial, podemos señalar la hambruna en África, las guerras en el medio oriente o la explotación infantil en Latinoamérica. De eso, Gabriella Montez sabía mucho; y siempre tenía un discurso para aquello: las políticas no estaban bien implementadas, los gobernantes no eran lo suficientemente buenos, pero siempre concordaba en que gran parte del problema era por la gran mayoría de adolescentes que tan sólo se remitían a pensar en qué cosa harían el fin de semana, qué color de uñas llevarían para la fiesta del sábado o con quién se acostarían luego de emborracharse en la fiesta del sábado. Esas actitudes las detestaba, tanto así que un día (hace dos años atrás) escribió en su cuaderno de vida:
"Nunca quiero ser como uno de esos chicos, que piensa que la vida se resume en el vestido que se pondrán para el Baile de Graduación. Nunca"
Pero al parecer 730 días y 13 kilos menos le habían hecho olvidar aquellas palabras, porque en la casa de los Montez había algo parecido a una III Guerra Mundial, pero ésta no tenía absolutamente nada que ver con los postulados anteriormente. "¡Mamá!" gritó la muchacha, mientras daba rápidos y largos pasos en la longitud del pasillo. Movía la cabeza a cada tanto y alzaba su reloj de pulsera blanco, tan sólo para estresarse nuevamente. "¡Mamá!" volvió a llamar, esta vez un poco más alto al notar que no había estragos de María por ningún lado. Hasta que distraída, otra vez por su reloj, chocó de lleno con un cuerpo tonificado y pequeño. "¡O-ouch!" cayendo al suelo, se sujetó con la pared.
"¡¿Qué es lo que te sucede Gabriella anne Montez?!" gritó su madre, la que también estaba en el piso y sujeta a una de las paredes. Tenía una de sus manos al nivel de su pecho, evidentemente asustada.
"L… lo siento ma," de algún modo, se recompensaron y pusieron de pie, Gabriella tenía el cabello esparcido en todas direcciones, su maquillaje no estaba hecho y sólo llevaba ropa deportiva encima. "Es que estoy desesperada, es como que necesito, necesito ayuda y cooperación femenina; porque si no es así, ¡Juro que me corto aquellas que tú tienes y yo tengo y que me dieron de beber leche materna cuando era una niña!" expresó con un dejo de agonía y pánico, sin embargo ella no recordaba que estaban acompañadas de una gran cantidad de trabajadores que estaban realizando las labores de reparación, ornamentación, y otras. Por lo que al ver que una señora de baja estatura y de avanzada edad la miraba espantada, el color rojo de sus mejillas no tardó en aparecer. "Es… es una broma, yo bromeo todo el tiempo," rió nerviosa, para después correr los mechones de su cabello que le tapaban la vista.
"Gabriella, es mejor que vayamos a tu cuarto," expresó su madre, con una leve sonrisa en su rostro. Después de todo, no creía haber visto a su hija tan desesperada y nerviosa por algo; bueno si sacábamos de cuenta el concurso de deletreo en el que participó cuando iba en 1er grado; en el cual ganó, al igual que en 2do grado y 3er, 4to… hizo rodar los ojos ante las nuevas muestras de arrepentimiento de Gaby con los trabajadores. "Gabi," reprimió María. "Gabriella, cuarto, pasillo, puerta, conversación, l-a-s d-o-s a s-o-l-a-s," su hija sólo se limitó a asentir con un nuevo sonrojo en sus mejillas y cuello, pero sus pasos se convirtieron apresurados y algo torpes.
Cuando al fin, ambas estaban dentro de la habitación, la castaña menor tomó una de sus almohadas y la sujetó fuertemente y cercana a su boca, para gritar ahogadamente contra ella. María observó con asombro la escena. "¿Quién eres tú y qué hiciste con mi adorable y siempre, siempre controlada Gabriella?"
La aludida se sentó en el borde de la cama, moviendo sus hombros en un gesto rápido y un aire de derrota. "Ma, no estoy para juegos…"
"¿Qué sucede pequeña?" su madre se acercó hasta la cama y sentándose en ella, repasó uno de sus largos y delgados brazos por los hombros de su hija. "Jamás te había visto con… tan poco control sobre tus cosas y emociones… ¿Quieres hablar de algo?"
Gaby miró a su madre y movió su cabeza negativamente. "N…no, es sólo que estoy algo nerviosa por el Baile de esta noche… eso es todo," alzó en un rápido movimiento sus manos. Y luego se levantó de la cama. "Quedan alrededor de dos horas y mi vestido aún no llega, mi cabello está horrible ¡Y no sé cómo se pone máscara en las pestañas sin que queden esos horrorosos grumos!" al parecer volvía a escena Gabriezilla porque María tuvo que mover la cabeza severas veces para no tener el eco de su voz, como una fastidiosa campanilla.
Ésta lanzó una mirada tierna, pero a la vez preocupada y capciosa a la morena que tenía sus manos incrustadas en su cintura y observaba el espejo, para luego lanzarle cepillos de peinar o flores de cabello. "¿Estás segura que es por eso?"
Gaby se volteó y de pronto tenía pánico que su madre descubriera la razón por la cual estaba así, cuando aún ni ella podía descifrarla. Sucedía que su madre, como todas, siempre sabía qué le ocurría antes que ella misma. Asintió, cuando no encontró voz que le ayudara. "Quizás estás algo excitada y ansiosa, porque este es el primer baile que da tu padre por la Escuela y tú tienes alguien que te acompañe. ¿Estoy en lo cierto? Digo, ¿Estarás acompañada?" intentó preguntar, de manera que se mostrara indiferente.
Gabriella se sintió nerviosa a penas escuchó el final de la pregunta. "O sea… acompañada. ¿Qué quieres decir con eso mamá?"
"Quiero decir que si en la fiesta de esta noche tendrás alguien a tu lado… que te sirva algún trago, que baile contigo y te diga lo hermosa que estás," al notar que su hija se sonrojaba, no pudo evitar reír por breves segundos. "¡Vamos Gabriella! No es como que no supiera que Troy vendrá contigo mi amor, sabes que puedes contar conmigo,"
"Aún no olvido lo que hiciste con papá, ¿Qué fue eso de contarle que tenía un novio huh? Sabes que es terrible con esas cosas," su madre se acercó con una sonrisa y la hizo que se sentara en la pequeña silla que estaba enfrente del gran tocador. Movió sus cabellos ligeramente y ambas se reflejaron en el espejo.
"Sabes como es tu padre de curioso… no pude NO contarle…" siguió con sus caricias en las ondas castañas de la muchacha. "¡Dios, cómo has crecido!"
"¿Qué dices ma? No he crecido… sólo bajé de peso," bromeó un tanto avergonzada, mientras pasaba sus diminutos dedos por la mejilla. "Pero me veo igual," María negó con su cabeza.
"Ojalá pudieras verte como yo, o tu padre o tus hermanos te ven cariño," sonrió y depositó un cálido beso en la cabeza de Gabriella. "Te ves tan diferente, tan grande y no lo digo por ese cambio físico que dices… estás diferente de… alma, te ves feliz y eso me pone feliz,"
Una sonrisa sellada adornó las facciones de la morena. Emocionada tomó una de las manos de su madre y la besó cortamente. "Gracias mami,"
Luego de haber compartido aquellas pequeñas palabras, pero que sin embargo estaban llenas de ese sentimiento puro de amor entre madre e hija, se abrazaron. Como cuando Gaby era pequeña, se mantuvieron de esa misma forma durante largos minutos, la castaña menor había olvidado su intento de dejar caer una III Guerra Mundial en casa, por el vestido que aún brillaba por su ausencia, y la castaña mayor sólo podía estar feliz de que su hija, su pequeña, estuviera pasando por ese proceso de enamorarse y que ponía a todos tan completos en la vida. Eso pensaba María, puesto a que no sabía nada del plan "Maquiavélico-pretensioso-falso-y-difícil" que compartían Troy y Gabriella.
"¿Bueno, y qué tal va todo con Troy?" y como cuando estás en la mejor parte de la película, pero algo sucede y suena el rallado de disco, así fue que pasó en la mente de la joven. Justamente su madre (como madre) tenía que preguntar lo que nadie quería responder, o al menos en el caso de ella. Acaso debería decirle:
"Bueno mamá, ¿Sabes qué? Pasa que desde alrededor de un año me puse de novia con George McKentire, ya sabes ¿Ese profesor que trabaja en East High? Bien, me vas siguiendo, sucede que no podía decirle a mi padre que tenía una relación con él, digo, sería una de las cosas más idiotas que haría en mi vida y créeme, he hecho varias. Es por eso que, como tengo unos cuántos amigos, y llegué hace tan poco de vuelta conversé con Troy Bolton. Creo que lo conoces, ese chico alto y guapo de la Escuela, de ojos azules color cielo y que tiene una sonrisa que te quita el aire y tiene un esculpido cuerpo… ejem, lo siento mamá, bueno el capitán del equipo de baloncesto resultó ser demasiado bueno conmigo, y como dije antes: pocos amigos+mi relación con George+Troy atractivo/buen chico+mi padre, le pregunté a Troy si quería hacerse pasar por mi novio y ¿Sabes qué? Me dijo que sí, ¿Puedes creerlo? O sea yo y Bolton… quién hubiese pensado eso… pero la cosa es que ahora todo anda mal con George, porque piensa que con Troy estamos siendo más cariñosos de lo que debemos, ¡Él parece más mi novio verdadero que el que en realidad lo es! Pero es que… en efecto mami, estoy confundida… creo que lo… quiero.
"¡Gabriella Montez! ¿Me estás escuchando?" la voz de su madre la hizo bajar abruptamente de la nube en que pasaban todas esas cosas. "Te pregunté que, cómo andan las cosas con Troy"
Piensa Gaby, no cometas una estupidez. Pasó por el fuero interno de la muchacha que mordía nerviosamente su labio inferior. "Bien mamá, todo está… perfecto"
"Me alegra saber eso… ¿Debo suponer que él es gran parte de que estés así no?"
"Mamá, creo que le das mucho mérito, el que esté feliz y cambiada es también por otras personas… ¿Tengo amigos, sabías?" mintió y fue en eso, que se percató de lo triste que era su vida en el último año de East High.
"No lo decía por eso, aunque debo admitir que creo que estás mintiendo acerca de eso, pero a lo que iba era a tu ataque de pánico excesivo por el vestido, cabello y maquillaje" y como una realización, los ojos de Gabriella se abrieron como lunas llenas y saltó desde donde estaba sentada, a pesar que intentaba moverse o decir algo; el primer acto que realizó fue observar su reloj.
"Mierd-" al ver el rostro desaprobatorio de su madre, calló. "¡Súper Batirrecórcholis mamá!" corrió por la habitación en círculos, sin saber a dónde ir. "¡Tiene que llegar mi vestido, tengo que peinarme, tengo que maquillarme y sólo queda una estúpida hora!" de nuevo aparecía la chica maniaco-compulsiva, se dijo María que cruzó sus brazos y solamente observó.
Al correr, Gabriella se golpeó en uno de sus pies descalzos con la cama. "¡Mierda!"
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Su teléfono celular vibraba por cuarta vez durante los últimos 20 minutos. Cuando se acercó a él, no lograba quitar de su rostro la sonrisa, porque si bien suponía tenía que ser la misma persona que le había estado mandando mensajes durante esa tarde.
"Me siento como Elvis, Me veo apuesto hahaha, estoy bromeando, en realidad me siento poco hombre con este traje apretado. ¿Cuándo es que bajas? Te estoy esperando."
La muchacha sonrió nuevamente y movió su cabeza, pero sus dedos corrieron por las pequeñas teclas, hasta que finalmente envió un sencillo: "Ya voy" Cuando dejó el aparato en la mesa de su habitación, alzó la vista para ver su imagen completa; aún no lograba creer que todo había resultado bien. El vestido había llegado sólo unos minutos más tarde después de haber conversado con su madre y mientras Piere (el estilista personal de su madre) le arreglaba el cabello en ondas poco definidas y suaves, ella aplicaba algo de maquillaje en su rostro. Claro, estaba algo tarde, pero qué mujer no lo está cuando hay un evento de estas envergaduras. Arreglando uno de sus aretes, respiró hondo por última vez y cerró los ojos. Se dijo en un murmuro. "Aquí vamos…"
Con rapidez, y cuidado de no tropezar por los altos tacones que utilizaba, se aproximó hacia la escala principal que conectaba el salón donde se estaba realizando la fiesta y los dormitorios. A pesar que todo el público presente –y que era enorme en cantidad- estaba en lo suyo, Gabriella no pudo evitar sentirse un poco conciente de miradas, que ni siquiera sabía, eran para ella. Sin embargo, había un sentimiento que no lograba explicar, al bajar uno por uno los amplios escalones. Porque sabía, que una de esas personas la estaba buscando, con tantas ansias como ella lo estaba haciendo también.
Y casi, como si con el pensamiento le hubiese llamado, ahí estaba. Vestido de negro, la camisa blanca que acariciaba su torso tenía botones negros y los tres primeros estaban abiertos. Su cabello estaba despeinado (como a ella secretamente le gustaba) y alborotado, sin embargo todo se mantenía en su lugar. Cuando alzó la vista, luego de haber estado riendo junto a otras personas, la miró; y la sonrisa de su rostro había desaparecido. ¿Es que acaso ella se veía muy mal? ¿Qué sucedía? Pensando nerviosamente, es que luego finalizó la escala, aún subconsciente de lo que la gente pensaba al mirarla. Era la primera vez que gran parte de los directivos de la escuela la conocerían, e incluso, había dicho su padre; se encontrarían muchos de la parte administrativa de las mejores universidades del país, por lo que quería causar una buena impresión.
No solamente a ellos, sino a todos. Todos.
Sin haberlo notado, cuando dejó de observar a su alrededor a los señores de traje que conversaban animadamente con sus parejas, y volvió el rostro hacia el frente para disimuladamente observar a aquél muchacho tan increíblemente atractivo, se encontró con aquella mirada azul. La impresión fue tanta, que sintió que de pronto sus rodillas eran gelatina. "Hey… ¿Estás bien?" preguntó Troy, mientras repasaba sus dedos ligeramente por la piel descubierta de su brazo. No estando totalmente de acuerdo con su voz, se limitó a asentir solamente. "¿Segura?"
"Sí Troy…" dejó escapar una bocanada de aire que no sabía, estaba guardando. Bajó su vista por el más breve de los tiempos, para tan sólo alzarla igual de rápido. Necesitaba tiempo para ordenarse. Cuando volvió a mirar a aquellos ojos penetrantes y claros, notó que estos la observaban detenidamente, los labios de Troy se partieron levemente y pestañeó unas cuantas veces.
"Gabriella te ves hermosa…" pareció que las palabras le costaban más de la cuenta de admitir. "O sea… te ves siempre de esa forma, pero…" y nuevamente aquel gesto que Gaby ya conocía también, su mano rascaba la parte expuesta de su nuca. "Ya sabes lo que quiero decir,"
Tragó fuertemente la morena, y asintió avergonzada, cuando comenzó a sentir que el calor se propagaba hasta sus mejillas. Luego comentó. "Tú… tú te ves apuesto… pero ya lo sabes, siempre lo eres…" intentó bromear e hizo rodar los ojos para aquel motivo, y pareció haber resultado, porque ambos rieron luego de aquel comentario. Al menos ya se había roto el hielo. "¿Y qué tal la fiesta, alguna chica atractiva hasta ahora?" preguntó sonriendo y arqueando una de sus cejas.
"Ajá," asintió y tomó delicadamente uno de sus brazos, situación que no pasó desapercibida por Gabriella, ya que la carga de electricidad no tardó en aparecer. Volteándola, alzó una de sus manos e indicó donde se encontraba una mujer en sus medianos 40, llevaba un vestido rojo y tenía un martini en su mano. Cuando divisó a Troy, levantó la copa y guiñó. El muchacho sólo se limitó a mover su mano y reír. "¿Ves a esa mujer de ahí?" Gaby asintió y éste prosiguió. "Me dijo que era un chico atractivo y que si necesitaba de algún servicio, cualquier servicio le comentara qué era lo que necesitaba," alzó ambas cejas de manera juguetona.
"¿Esa mujer? ¿Y tú qué le dijiste?" los ojos de la chica estaba bien abiertos, en realidad estaba sorprendida del valor de aquella señora.
"Que a penas cumpliera la mayoría de edad se lo haría saber, porque así sería legal" aún con la mano unida a su brazo, comenzó a avanzar hacia donde estaba la barra.
"Eres un cerdo, ¿Lo sabías?" comentó bromeando la castaña, y golpeó despacio uno de sus hombros. "Eres como todos los hombres: egoístas, egocéntricos y ni siquiera puedo seguir, porque me enojaré…" movía su cabeza, mientras seguía caminando entre la gente hacia el bar.
"Cálmate Montez, no necesitas actuar como una novia celosa si es que tu padre no está presente…" el muchacho susurró en su oído, y el escalofrío que sintió Gabriella al percibir que la punta de la lengua de Troy chocó una vez en contra de su oreja mientras hablaba; no tuvo límites. Se alejó con una sonrisa sellada y la aludida no podía hablar, por mucho que lo intentara.
Por mucho que intentara tener una razón que negara aquello que él había testimoniado. Pero no había.
"¿Quieres algo de beber?" preguntó Troy, después de unos minutos en que tanto su cabeza, como la de Gabriella se habían mantenido ocupadas con diversos pensamientos.
"Sí, eso me gustaría…"
"¿Y… qué te gustaría mi amor?" contra preguntó, intentando esconder la sonrisa que quería aparecer.
"¿Qué es eso?" contestó nerviosa Gabriella, la que observaba por si estaba su padre en algún lugar cercano. Al no divisarlo, volvió a hablarle. "Mi padre no estaba cerca, no debes decirlo…"
"No seas injusta, tú no eres la única que puede hacer cosas de novios, mientras no somos vigilados…" rió por breves segundos, ante la imagen de Gabriella con ambas manos en su cintura. "¿Qué?"
"¿Estás intentando jugar conmigo? Porque si lo quieres hacer, está funcionando…" desapareció la sonrisa del rostro de Troy, para dar paso a una larga mirada, preocupada y en cierta medida, cariñosa. Él se acercó y tomó una de las manos, al parecer no había captado que Gabriella estaba bromeando.
"Jamás podría jugar contigo… jamás," la boca de ella se volvió seca y no pudo evitar sentir nuevamente un escalofrío, al tocar las manos tibias y suaves de Troy. "Ahora, ¿Te parece bien un martini de manzana?" y por enésima vez en esa tarde, tan sólo pudo asentir porque no encontraba palabras. "Lo traigo en seguida, espérame un minuto"
Tan rápido como comentó aquello, se alejó para hablar con el barman por unos minutos. Gabriella observaba hacia su alrededor y fue en eso que divisó a su padre… conversando con George. ¿Es que acaso Dios le no le tenía aprecio? Intentando pasar desapercibida, escondió su cabeza entre una de sus manos, haciendo creer como que arreglaba su cabello, sin embargo su padre la conocía bien; y a pesar de no encontrarse cerca, la había visto.
"Toma, acá tienes…" dijo Troy, a la vez que le pasaba la copa en una de sus diminutas manos. Agarrándola de prisa, se volvió a él, para mirarlo fijamente. ¿Quizás de espalda, su padre no la reconocería? Sí, claro. "¿Te sucede algo?"
"No, nada… no me pasa nada," tomó un sorbo y tragando velozmente, sonrió. "Delicioso,"
Un carraspeo de garganta se hizo escuchar y automáticamente la morena cerró los ojos. Intentando creer que eso no estaba sucediendo. "Buenas noches chicos, ¡Troy, qué bueno es verte aquí!" el aludido notó el por qué de lo extraño de su novia. El padre de ella y George juntos. Una química no muy buena.
"Buenas noches señor Montez, Profesor McKentire," ambos adultos movieron su cabeza, sin embargo el segundo otorgó una mirada penetrante y larga a Gabriella. La que viendo esto, saludó solamente por política.
"Buenas noches," George movió su cabeza, sin embargo no dijo nada. Al parecer esa noche le habían comido la lengua los ratones. Se comentó la joven. "Papi… no te veía hace rato," otorgó una sonrisa genuina y deslumbrante hacia Daniel.
Él comentó avergonzado. "Ya sabes como es tu madre," hizo rodar sus ojos. "Intenta arreglarme el traje durante dos horas por lo menos," rió por un momento y después añadió. "¿Y ustedes, están disfrutando la fiesta?"
Ambos jóvenes se miraron y Troy cometió la estupidez (por el contexto en que se encontraban, ¿George McKentire a su lado? ¿Su novio real? ¿Me van siguiendo? Bien) de tomar uno de los cabellos de Gabriella que caían en sus ojos y depositarlo cariñosamente detrás de su oreja. "En efecto señor, nosotros nos dirigíamos a bailar cuando ustedes se aproximaron,"
"¿En serio?" comentó sorprendido. Y al observar el rostro de espanto de su hija, reaccionó de la forma habitual. "Al parecer, además de haber convertido a mi Brie en una joven feliz y enamorada…" cuando su padre dijo aquello, la chica alzó la vista para mirar de reojo a George, el que hizo una mueca de disgusto. "… también la has motivado a que haga cosas que nunca intentó…" finalizó con una sonrisa. "Vamos, vamos… no los interrumpimos, vayan a bailar… quiero ver esto" agregó divertido.
Troy devolvió la sonrisa y observó a ambos adultos antes de tomar la copa de las manos de Gabriella; para así dejar ambos utensilios en la mesa del bar. Ofreció su brazo y luego preguntó. "¿Vamos a bailar mi amor?" al decirlo, otorgó una larga y ansiosa mirada al profesor que tanto adoraba. Al notar la incomodidad de éste, tuvo que luchar con una carcajada.
Después de todo, podía matar dos pájaros de un tiro. Una cosa es que esto de ser novios ficticios ayudara a Gabriella con su padre, pero también le permitía por algunos segundos fastidiar de sobremanera a ese McKentire que aborrecía. La morena tomó su brazo con delicadeza y de a poco, se sumergieron en la pista de baile, que a pesar de estar poblada, dejaba entrever de manera clara a todas las parejas que danzaban. Justamente una canción lenta comenzaba a sonar y las manos de ella temblaron ante la ansiedad de bailar con Troy algo así, y sabiendo que él la estaría observando. "Yo no bailo…" susurró en el oído del chico Bolton.
"¿Era en serio lo que decía tu padre entonces?" preguntó curioso.
"Pareces sorprendido,"
"Bueno sí, es que eres bastante coordinada para muchas cosas… jamás imaginé que no sabías bailar," explicó el muchacho.
"Deberías saber que nosotros, los cerebritos, no poseemos de tantas características virtuosas-físicas como ustedes, las superestrellas del deporte" indicó bromeando, mientras tomaba una parte del vestido para no tropezar.
"Deja de hablar idioteces y ven aquí," ofreció Troy, el que abrió sus brazos para recibirla. Suavemente, ésta obedeció a sus encargos y cuando llegó a la altura de éste, alzó sus delgados brazos para rodear su cuello. Él cariñosamente movió una de sus manos desde la parte superior de la espalda hasta el final de su cintura. En un camino que hizo arder la piel de la muchacha. Ésta reposó su cabeza en el fuerte pecho de Troy y ambos se aproximaron de una manera que no creía posible. Tanto así, que lograban sentir el pulso frenético de los dos chocar en contra del otro. El momento era mágico, y era sólo el comienzo.
La canción I shall believe de Sheryl Crow comenzaba a sonar y el golpeteo en el pecho de Gabriella se hizo mucho más evidente. Era una canción casi acorde a ambos, o algo así. Pensó ella, pues estaba confundida y todo lo de ellos en efecto era, mentira. Pero había algo más fuerte que ella, más fuerte que los dos, que luchaba por aparecer en la superficie y Gaby sabía que no quedaba mucho tiempo para que sucediera. Ella alzó la vista y se encontró con que Troy ya la estaba observando detenidamente, cesaron de bailar aquellos pasos calmos y elegantes; y permanecieron así, tan sólo mirando uno al otro. Cuando Gabriella iba a abrir la boca para decir algo, él se adelantó y tocó con su dedo índice los labios semi partidos de ella.
Respiración errática y piernas de gelatina. Era en lo único que lograba pensar la joven, ni siquiera que estaba George cerca o su padre o la gente. Sólo estaba pendiente de que esta vez era cierto, a pesar de que su relación era mentira, el sentimiento era verdadero. Troy presionó más aún sus dedos en la cintura de Gaby y su aliento chocó en su rostro provocando un hormigueo.
Y fue así, que sin previo aviso, él se acercó e hizo desaparecer la distancia entre ambos. Juntó sus suaves labios contra los de ella y por un momento, debido a la impresión, Gabriella se mantuvo inmóvil, sin embargo cuando percibió la presión de aquella boca en la suya y la aproximación de sus cuerpos, no pudo evitar comenzar a moverse al ritmo del beso. Primero despacio, suave… descubriendo lo que ambos tenían para ofrecer, pero las sensaciones eran más fuertes que los dos jóvenes y por eso, Troy deslizó sus manos hasta tomar el rostro de ella con fortaleza y así besó con más presión, pasando su lengua por el labio inferior de ella.
El mundo de Gabriella Montez estaba literalmente rotulado de pies a cabeza.
Al acceder a este permiso, ambos mantuvieron una danza delicada, húmeda y cálida con sus bocas; temperatura que se ramificó por cada centímetro de sus cuerpos. Pero la música había acabado y con eso también los pensamientos sin razón, porque cuando se separaron en busca de aire, Gabriella lanzó una mirada hacia donde todavía estaban los dos adultos, uno claramente más feliz que el otro. "¡Oh Rayos!" dejó escapar la chica.
Respirando aún agitadamente, Troy acercó el rostro delicado de ésta al suyo y reposó su frente en contra de la de Gabriella. "Lo sé… quizás no fue lo más inteligente,"
"Está bien, mi padre al parecer está feliz…" comentó entre cortadamente. Respondió ligeramente, pensando que ese era el real motivo de aquel beso. Alzó una de sus manos y dejó que dos de sus dedos descansaran en sus labios. "Wow…"
"Gabi," llamó Troy.
"¿Mmm?"
"Te besé por que quería hacerlo, no porque tenía que hacerlo" el cruce de palabras hizo dudar por unos momentos a la aludida, pero fue luego que captó el sentido de su frase.
"Troy…" respiró quedamente.
"Y lo volvería a hacer mil veces," se acercó e igual que el beso anterior, se acercó sin previo aviso para rodear la boca de Gabriella en un roce delicado. Pero esta vez, ella no tardó en responder.
Definitivamente aquellos sentimientos que no tardarían en aparecer, ya lo habían hecho. Definitivamente.
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No quiero alargarme, porque o sino terminaré subiendo la historia a las 3 de la mañana. xD! Mañana dejo los saludos pertinentes a todas las chicas que han (hermosamente) comentado. GRACIAS
*El vestido de Gabriella está en mi perfil, si ustedes se meten al link que dice "Funambul" podrán ver eso y otras cosillas.
Un beso.
