ATENCIÓN:

+ Los derechos del anime/mangaNarutono me pertenece.
+ La siguiente historia tampoco es de mi autoría.Es propiedad de /~TheOpenedWayquien muy amablemente me dejó traducirla. Thanks Melissa! :3

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta historia.


Invaluable.

Brillante.

Nuevo.

Golpe fuerte.

Posesión.


Algo estaba mal. Nada peligroso estaba pasando, no había dolor u otros sentimientos raros. Simplemente algo estaba… mal.

Sakura se encontraba recostada en el balcón de Sasuke. Era la primera semana de Octubre y Konoha estaba teniendo uno de eso cambios de clima tan bipolares. El cielo estaba despejado y la temperatura estaba a unos sesenta y cinco grados. Sasuke dijo que estaba "enfermo de cuan pálida y desagradable lucía". Así que, allí estaba, bronceándose en su usual atuendo de pantaloncillos negros y camiseta roja.

Había estado allí desde hace medio año y aun la hacía usar la misma ropa. Se encogió de hombros ante el pensamiento.

Cuales-fuesen las drogas que le forzaba tomar, prescritas o no, la mantenían sedada. Su cuerpo era como una gelatina con palillos de dientes como huesos. Aún podía moverse, pero era una sensación incomoda al mismo tiempo. Como si su cuerpo entero estuviese dormido, en lugar de una sola mano o pierna.

Pero, ahora se sentía diferente. Moviendo sus dedos de los pies, probó si los movimientos simples eran problema. Un hormigueo le recorrió la piel e hizo que se detuviera para disipar el maldito dolor. Aunque eso no fue lo que sintió. Lo que le molestaba era más bien un dolor, pero no podía identificarlo, solo estaba ahí. Se sentía familiar, pero aún así estaba fuera de su memoria. Suspirando, decidió dejarlo y esperar, tal vez era un estornudo que no podía sacar.

El sol calentó su pálida piel mientras se relajaba en la silla reclinable. Su piel absorbía los rayos como un hombre que encontraba agua después de caminar durante días por el desierto. Sakura siempre era de las que se quemaban con facilidad, gracias a su complexión, pero ahora no le importaba. Este era el único sentimiento de euforia que podía tener (después de ducharse y dormir largamente). La chica suspiró una vez más.

Sasuke había dejado la puerta de cristal abierta para mantener sus ojos de halcón sobre ella. Aunque no pudiera ni mover un dedo, él la vigilaba como si se tratase de un criminal a punto de escapar de prisión. Él era quien encajaba en el perfil de un criminal mucho mejor que ella. Lo podía escuchar en la mesa de la cocina, tecleando en su laptop. Era martes, así que probablemente estaba trabajando desde casa otra vez. Ahora que la tenía drogada con quien sabe qué, solía trabajar en la oficina o en donde fuera que trabajase con Orochimaru. Pero, cuando estaba en casa, raramente estaba fuera de su vista, como ahora, por ejemplo.

Sakura inclinó la cabeza a un costado para verle. Como lo sospechaba, ahí estaba él, con su piel blanca y cabello negro, tecleando mil palabras por minuto. Decidió quitar su vista antes de hacer contacto visual. Probablemente pensaría otra cosa si la sorprendía mirándolo.

Que cerdo.

Una vez que regresó a su posición original, su cara y cuerpo se dirigieron directamente al sol, lo sintió otra vez pero ahora era más prominente. Había una repentina humedad en su ropa interior que le recordaba bastante a sus años de secundaria. Mierda, acababa de bajarle. ¿Cómo se le pudo olvidar? Las drogas la habían jodido tanto que ni siquiera pudo identificar esa incomoda sensación que provocaban los cólicos menstruales.

Pues bien, eso apestaba.

"Sasuke…" dijo avergonzada. Si, esto definitivamente apestaba.

Su silla rechinó al raspar el suelo. Sus pasos eran apresurados y en cuestión de segundos llegó a su lado, sus largos dedos le acariciaron las mejillas con tanta delicadeza que se sintieron como plumas. "¿Qué sucede?" La miro durante un largo tiempo, buscando la respuesta en sus ojos.

Sakura mordió su labio y rápidamente dijo, "Creo que me llegó mi periodo." Definitivamente vergonzoso.

Los orbes negros de Sasuke le sostuvieron la mirada mientras acariciaba su mejilla. No le respondió, lo cual era angustiante, solamente se le quedó viendo con esos ojos tan oscuros que parecían no tener pupila. Antes de repetir lo que había dicho, él asintió. Sus fríos dedos dejaron su cara para posicionarse bajo sus piernas y hombros, levantándola como una novia el día de su boda. Ella ya se había acostumbrado a ese trato.

La llevo al baño, bajándola cerca del lavamanos para que pudiera sostenerse. Sasuke le bajó los pantaloncillos, ignorando sus débiles protestas. Podría estar acostumbrada, pero aun le disgustaba su toque. Sasuke retiró sus manos y fijó la vista en su entrepierna cubierta. Ella trató de reprimir un gruñido cuando bajó la mirada y vio una gran mancha de sangre que cubría su ropa interior.

Sasuke levantó la vista hacía ella. "¿Puedes llegar sola al excusado?" Ella asintió.

Sasuke se arrodilló junto a los gabinetes buscando algo, revolviendo las cosas finalmente encontró un paquete viejo de toallas sanitarias de hace meses. Sacando una de la bolsa, se levantó y caminó hacia la chica de cabello rosado que se encontraba temblando en el excusado.

"Te traeré ropa interior." Le dijo.

Sasuke salió de la habitación antes de poder escuchar su respuesta, si es que ella se había molestado en responder. Suspiró silenciosamente mientras caminaba hacia la habitación de Sakura. ¿Cómo es que le había llegado su periodo si estaba tomando anticonceptivos? Las pastillas placebo dejaron de tener efectos sobre desde hace meses. Claro, él sabía que esto podría pasar al momento de tomar las píldoras, pero con la marca que compró esto era muy improbable.

Él entró y salió de la habitación en un pestañeo con otro par de bragas colgando de sus dedos. A él siempre le gustó el encaje, así que no le importaba si las arruinaba, siempre podía comprarle más. Entrando nuevamente al baño, caminó hacía Sakura, quien estaba sentada en el retrete como una pila de gelatina. Sin ninguna vergüenza en lo absoluto, Sasuke se arrodilló frente a ella y le quitó las bragas manchadas de sangre. Ella se retorció un poco, gruñendo avergonzada en el acto, lo cual lo hizo sonreír divertido.

Ella nunca se acostumbraría a esto sin importar cuantas veces lo hiciera. ¡Él no tenía misericordia! Diablos, ella sabía que no podía moverse pero al menos podría inclinarse y quitarse su propia ropa interior. Sin esconder su inconformidad, Sakura cerró sus piernas y débilmente lo empujó por el hombro, pero sin ninguna fuerza en su cuerpo él apenas se movió.

Estaría mintiendo si dijera que no lo disfrutaba. Ella era tan… conmovedora. Su cara estaba roja como una cereza, no podía evitar ponerse nerviosa bajo su mirada sin importar lo mucho que tratara, no podía ocultar los gruñidos y muestras de vergüenza. Honestamente, no solo era agradable, era divertido, y él extrañamente encontraba cosas que lo divirtieran. Si no fuera él hubiera reído. Pero era Sasuke Uchiha, así que solo permitió que una sonrisa pasara su fachada.

"Cálmate. No es nada que no haya visto antes." Dijo Sasuke honestamente.

Sakura gruñó en respuesta pero él decidió ignorarla. En cambio, volvió a lo que estaba haciendo antes. Levantando los pies de Sakura, quitó sus bragas manchadas de sus tobillos y los tiró al cesto de basura. Tomó la toalla abierta y la colocó debidamente en la ropa limpia, deslizándola por sus piernas.

"¿Necesitas limpiarte?" Sasuke preguntó sin tono grosero o burlón.

Sakura gruñó. "Si digo que no cuando hago pipi, ¿Qué te hace pensar que diré que sí ahora?"

Sasuke levantó sus ojos negros hacía su cara, mirándola con una expresión que la hizo sentir cálida, y no en un buen sentido. Ella estaba a punto de romper contacto visual, pero él asintió rígidamente. Se levantó y se dirigió hacia la puerta. "Llámame si me necesitas, Sakura." Dijo Sasuke mientras cerraba la puerta tras él.


El vidrió nunca se había sentido tan bien.

Era agradable y frio, definitivamente refrescante contra la caliente y pegajosa frente de Sakura. Era sábado y su manchado había desaparecido. Ahora se sentía de la mierda. Estaba incendiándose como la Savannah y su cabeza estaba estallando.

Juraba que su cerebro había absorbido demasiada sangre y le estallaría el cráneo. El rosado de su cerebro y el de su cabello probablemente no harían buena combinación. El calor que recorría su piel no ayudaba tampoco. Sakura presionó sus sudorosas manos sobre la mesa, girando la cabeza hacia un lado para ver a Sasuke.

Sasuke no había ido a trabajar porque le habían dado el fin de semana libre. Estaba cocinando algo que a ella no le importaba. Sin prestarle atención a esa enferma gruñona, él suspiró; había estado así desde el día en que le había llegado el periodo. Había decidido que no quería preocuparse por ella sin importar cuanto lo hiciera. Ella tenía la movilidad suficiente para al menos caminar y hacer cualquier actividad que necesitara en el retrete. Así que quitarle los medicamentos era lo mejor, además, su prescripción y los anticonceptivos no funcionaban de la mano, no quería destruirle el cuerpo.

Aunque podría hacerlo en otras formas, pensó mientras sonreía ante la infantil insinuación.

Como sea, había decidido quitárselas de golpe. No se le darían más dosis de ácido valproico. Sakura era una chica normal y él entendió que él no lo era. Sus síntomas del síndrome de abstinencia de su prescripción eran repentinos cambios de humor, algunas alucinaciones, e incluso había tenido un ataque convulsivo anteriormente. Sakura, por otro lado, no necesitaba la dosis, para empezar. Así que los síntomas en ella podrían ser otros.

Aparente fatiga era uno de ellos. Sakura tenía una violenta fiebre y jaqueca desde hace días. Todo lo que él podía hacer era prepararle comida y ponerle una toalla fría en la frente. No podía arriesgarse a darle Tylenol; necesitaba tiempo para primero expulsar todo el ácido valproico de su sistema. Sus estados de ánimo eran suficientes, no necesitaba que las drogas que contrarrestaban en su sistema lo empeoraran todo.

Además, sin importar lo que ella pensara, a él no le gustaba verla sufrir tanto.

Ella era la posesión que llevaba alrededor de su cuello, y como cualquier otro presente, él cuidaba de ella.

"Mi cabeza," Se quejó, chupándose los dientes. "¡Ow ow ow ow ow!"

Sasuke le llevó un plato con rodajas de tomate y fruta. Después de dejarlo en la mesa presionó el dorso de su mano contra su frente. Estaba ardiendo. "¿Qué clase de jaqueca?"

"Presión," Jadeó, el calor y el palpitar de su cráneo la hacían sentir morir. Su pulso estaba bombardeando.

Sasuke asintió. "Come. Te prepararé un baño frío para tu fiebre."


Sakura se miró en el espejo. El reflejo de su persona le sorprendió. Sus ojos verdes estaban más brillantes, como un verde bosque en lugar del color menta de antes. Su cabello llegaba mas debajo de sus hombros, las puntas se estaban empezando a rizar. Sus labios se habían engrosado y tenían un color rosado. Lucía sana, con más vida que cuando estaba siendo drogada. Estaba tentada a llamarse bonita, pero se sentía mal de hacerse tremendo cumplido siendo cautiva de Sasuke. Dicho hombre estaba parado detrás de ella, cortando su cabello.

Pequeños retazos de cabello rosa caían al suelo. Su colorido cabello había crecido mucho rápidamente. Las tijeras se abrieron, dejando que más hebras fueran cortadas por las cuchillas. Personalmente, a él le gustaba corto y era obvio que a Sakura también. Siempre se veía más relajada después de un recorte. Peinando con sus dedos los húmedos mechones, se aseguró que el cabello estuviera parejo. No quería que se viera como Naruto.

Puso las tijeras sobre el mostrador. Las remplazó por un peine, desenredándole el cabello. La vio morderse el labio por el espejo cuando peino un gran nudo. Una vez que su rosada melena estuvo desenredada, tomó una toalla e hizo lo mejor que pudo para secarle el exceso de agua.

Sakura gimió en su garganta.

Sasuke la volteó para encararla. "¿Sucede algo malo?"

"Mi… mi estoma—¡oh!" Se quejó, inclinándose hacia adelante mientras se abrazaba el abdomen.

"¿Qué pasa Sakura?" Preguntó Sasuke frunciendo el ceño.

Sakura resopló, apretando los dientes. "Me dio un fuerte calambre de la nada." Dio un gran bocado de aire.

"Necesitas recostarte." Dijo en un tono autoritario. La levantó en sus brazos antes de que pudiera procesarlo. "Te traeré un cojín caliente." Dijo calmadamente mientras entraban a la habitación donde usualmente residía. La sentó en el catre, quitándole la toalla de baño que tenía enredada y colocándole la cobija sobre su desnudo cuerpo.

Sakura se aferró a su estomago cuando sintió los músculos retorcerse en nudos como los que tenía su cabello. No podía peinar estos, a menos que quisiera desangrarse. Sakura no pudo evitar rodar los ojos ante el estúpido pensamiento. ¿Qué clase de persona piensa en tomar un peine y pasarlo por sus entrañas?

'Chicas cautivas que no tienen nada más que pensar' Respondió en su interior con un tono sarcástico. Sakura simplemente resopló, empujando la voz hasta lo más profundo de su mente. Su interior no parecía ayudar; solo hacía ver las cosas peor. ¿Quién pensaría que su inconsciente apestaría tanto?

La puerta del cuarto se abrió. "Ten," Dijo Sasuke, sujetando el cojín caliente una vez que estuvo a su lado. Sakura lo tomó y lo puso en su estomago. "¿Sólo tienes cólicos?"

"Si," suspiró. Se relajó ante la placentera sensación de calor y suavidad del cojín.

"¿Necesitas algo más?" Cuando Sakura negó con la cabeza, Sasuke se fue. Se paró en la puerta por otro momento, mirándola una vez más antes de irse.

Ella suspiró otra vez, el cual se convirtió en un gemido cuando el movimiento solo hizo que el calambre doliera aún más. Sakura se quedó quieta por un tiempo que a ella le parecieron horas, pero sólo fueron minutos. El calor parecía ayudar, los nudos y la dolorosa sensación estaban disipándose. Los cólicos que le daban durante sus periodos no se comparaban con estos, nunca fueron tan malos, contrario a Ino, quien se veía forzada a quedarse en casa en época de escuela durante esos días del mes.

Ino siempre dijo que recostarse sobre tu estómago ayudaba, así que Sakura tomó su consejo. Se giró para que el cojín caliente quedara entre el catre y ella. Bajando su cuerpo ante el calor, gimió de más dolor.

"¿Qué mier…?"

¿Por qué estaban sus senos tan inflamados?

Ino decía que los suyos solían doler durante su periodo, pero diablos, los de Sakura se sentían como si alguien estuviera tratando de inflar un globo dentro de ellos. Ella no hacía ejercicio, todo lo que hacía era estar sentada, bañarse y comer. Sasuke no le había levantado la mano recientemente, así que esa tampoco era una opción. ¿Tal vez sólo estaban creciendo?

Ella sonrió ante la idea, levantándose un poco para examinar sus montículos. O sí, claro que se merecía unos pechos más grandes.

'El tamaño de tus senos no es importante en este momento, hay otras cosas que sí lo son.' Gruñó su interior.

Sakura resopló y gentilmente volvió a recostarse, tratando de no crear más dolor en su cuerpo antes de quedarse dormida.


Él quería tomarla, sacudirla, arrancarle ese lindo cabello desde las raíces. Quería sacarle esa mierda de ella a golpes antes de que le rogara a Dios por misericordia.

Él vio los signos, por supuesto que los vio, pero los confundió por el síndrome de abstinencia y el ciclo menstrual. Los cólicos, la regla, mareos, fatiga y cambios en el cuerpo. Sus caderas se ensancharon y su estomago empezó a engordar. La había visto durante el mes. Los vómitos matutinos fueron la última campanada.

Sakura estaba embarazada.

Estaba embarazada con su hijo, su descendencia, su propia sangre Uchiha. Sakura aun no encajaba todas las piezas, lo cual era triste para alguien que quería ser médico. Ella culpaba los vómitos y mareos a la sopa de tomate que cocinó, pero él no lo creía. Estaba embarazada y estaba tallado en una piedra. Cuando se diera cuenta, él no sabía pero temería hasta que el momento llegara.

Sasuke no se mentiría a sí mismo, de ninguna manera quería un hijo. Estaría maldecido por el pasado de su padre, de su tío, y otros familiares. El niño o niña que crecía dentro del vientre de su flor llevaría la carga de tener una familia rota, un padre roto, y una aún más destrozada madre. Los niños deberían crecer con amor de ambos padres, no sólo uno.

Sasuke asintió. Sí, el amaba a Sakura, pero en una forma que la mayoría de la población humana no aceptaría. La amaba como ningún otro hombre podría amar a una mujer. No la trataba como una persona la mitad del tiempo, pero la amaba en una forma enferma y retorcida, que hacía que su corazón se apretara ante la idea. Sasuke no era capaz de expresar su amor normalmente, especialmente desde que secuestró a la dueña de su corazón, pero aún así, su pasado lo perseguía más de lo que nadie podría entender.

Y su pasado lo perseguiría hasta su muerte. Sasuke nunca fue lo suficientemente fuerte para sobreponerse de la cacería que fue la masacre Uchiha. Nunca sería normal, ni aunque lo tratara. Estaba ensartado en él desde hace mucho y nadie podía ayudarlo, ni siquiera Sakura. Su presencia hacia lo mínimo para detenerlo.

Nunca diría que abducir a Sakura era algo de lo que se arrepentía, no importa lo horrible que suene. Él no guardaba inquietud ante la idea de robársela y tratarla duramente. Durante toda la experiencia, algo había florecido dentro de él, haciéndolo amar a la delicada flor que era Sakura Haruno. Ella nunca cambió, incluso cuando él pensó que había logrado cambiarla, ella siempre se levantó. Mentiría si dijese que no era admirable.

El hombre de cabello oscuro deseó ser como ella, deseó ser capaz de mantenerse fuerte y cortar los hilos que lo ataban a la masacre. Cortar esas ataduras sería la única cosa que aspiraba conseguir, pero ese fatídico día estaba enterrado en él y esos hilos estarían sujetándolo por siempre.

Por eso no quería un hijo. Sin importar cuánto amor enfermo sintiera por ella, no quería que un niño naciera en la oscuridad que lo rodeaba. Todo niño debería vivir una vida llena felicidad. Todo niño debería tener la vida que él, Sasuke Uchiha, no tenía y no podía tener. Eso era lo que quería. A la mierda la masacre. Él quería que su hijo y el de Sakura fuera el más feliz y hermoso niño que naciera en la tierra.

Con grandes sueños vienen grandes sacrificios. Ella era ahora su pareja y él tenía que cuidar de ella como si se tratara de la madre de toda la raza humana. Sakura era ahora su Diosa cargando la fruta de la vida y tenía que tomar el papel de protector. No, no la haría pedir misericordia. Sólo estaba enojado cuando dijo eso. Nunca le levantaría un dedo con su bebé formándose en su cuerpo. Estaban unidos ahora, y sus instintos masculinos se habían activado. Tenía que hacer lo que fuera mejor para ambos.

Sasuke tenía que hacer lo que fuera mejor para los tres, mucho mejor si concebían gemelos. Su corazón se encogió ante la idea. Presionó sus manos en su pecho, sonriendo. Eso lo hizo sentir aun más determinado a hacer lo correcto, aunque le doliera. Sakura y su descendencia necesitaban lo mejor, y él se los daría.

La mujer era la dadora de vida, pero el hombre era el guardián que la protegía con su vida.


Siete meses habían pasado.

Siete largos meses desde el once de Abril, el día en que su única sobrina fue robada bajo sus narices. Ahora era Noviembre. Tsunade no tenía idea de cómo había logrado sobrellevar su vida sin Sakura, seguramente había sido el alcohol lo que la mantenía estable. La había ayudado a mantenerse en pie cuando Inoichi u otro oficial le decía que no tenían noticias sobre el caso. También la detuvo cada vez que le entraban ganas de investigar por su cuenta.

Deprimida su trasero.

Sus tragos eran la única cosa que la mantenía sana durante toda esta pesadilla, bueno, además de Shizune. Esa chica tomaba incontables turnos en el hospital cuando ella se encontraba muy mal. Ella le debía un enorme 'gracias'.

Tsunade se rascó la frente con sus uñas rojas, suspirando mientras miraba la noche por la ventana de su oficina. La ciudad estaba en su mejor época, con una gran economía, y muchas actividades, muchas personas recorriéndola. Mucha gente iba y venía, explorando lo que Konoha les ofrecía, y yéndose después de que se aburrían. Todas esas atracciones hacían que la gente la recorriera a lo largo y ancho, pero parecía que se habían olvidado de Sakura.

"Malditos imbéciles," Soltó en un gruñido. ¿Acaso a nadie le importaba su niña?

No, necesitaba calmarse. Sakura preferiría que hiciera algo útil. Además, ya había terminado de revisar unos documentos desde hace hora y media, no había razón para sentarse ahí cuando podía regresar a casa y llamar a Inoichi como siempre, y tal vez tomar uno o dos tragos (o tres, pero nadie tendría que enterarse). La rubia se retiró de la ventana y tomó su chaqueta negra.

El camino a casa estuvo tan monótono como siempre, repleto idiotas que no saben manejar a casa, ancianas que no podían ver por encima del volante, y el pervertido ocasional que creía buena idea moverle las cejas y silbarle en la luz roja. Ni siquiera quería recordar al idiota que llevaba una sobrilla. Era una linda noche, ¿no se supone que esas cosas se usan en los días soleados?

Suspiró cuando entró a casa. ¿En verdad no tenía nada mejor que hacer que quejarse de un idiota con una sombrilla? Necesitaba ese trago pronto.

"Nena, será mejor que mantengas tus manos alejadas de eso." Una ronca voz que era muy familiar para ella, sonó. No necesitaba girarse para saber de quién se trataba.

"Creí que estabas en otra de tus aventuras."

"¿Oh? Estaba esperando un recibimiento especial." Ronroneó en un intento de sonar sexy. Y ella pensó que el tonto de la luz rojo era un pervertido.

Tsunade se acercó a la encimera y sacó una botella de vodka, sirviéndose un generoso trago. "Jiraya, ¿qué quieres?" Se volvió para mirarlo a los ojos, él hizo contacto felizmente.

Jiraya suspiró, cruzando los brazos. "Creí que tal vez podría alegrarte de alguna manera." Su tono era serio, pero ella pudo detectar el remordimiento fácilmente. "Sé que la extrañas, pero tienes que seguir esperando. Los milagros pasan, Tsunade, pero necesitan de una gran cantidad de tiempo."

Tiró su cabeza hacia atrás y dejó que el líquido pasara por su garganta. "Lo sé." La rubia se apartó de él. "Sé que no está muerta." Rio tan amargamente como el vodka que se estaba tomando. "Si Sakura hubiera muerto, yo lo sentiría, tendría una sensación de paz al saber que está a salvo en el cielo o donde sea que la gente vaya," Se giró hacia él, sus ojos ámbar lo miraron solemnemente. "¿Me entiendes?"

Él asintió. "Estoy orgulloso de ti." Dijo, posicionando su grande mano en su hombro haciendo que el corazón de la rubia se contrajera.

No podía expresarlo, temía que su voz se quebrara, pero asintiendo dijo gracias.


Jiraya se fue alrededor de las once diciendo que quería evitar el trafico de media noche, lo cual era mentira, pero igual se despidió de él. Dijo algo de ir a otro de sus viajes, pero ella sabía que estaría de vuelta la próxima semana; siempre lo hacía desde hace meses. Una vez que supo de la desaparición de Sakura, hacía todo lo que podía por ella. Aún no tenía el valor de agradecerle con palabras; simplemente asentía con la cabeza y trataba de ocultar sus tristes ojos. Lo menos que podía hacer era mantenerse fuerte por Sakura.

Sakura era una chica fuerte en voluntad, pero más en espíritu. Nunca ingresó en ningún equipo deportivo, escogiendo prestar mejor su atención a los estudios. Una vez que le entró la idea de ser doctora, nunca desistió. Sakura nunca trajo a casa una calificación menor a ocho, y eso fue en carpintería porque tenía problemas manejando las máquinas.

Tsunade no pudo sino soltar una risa ante el recuerdo de Sakura regresando a casa cubierta de aserrín y pegamento. Lucía como una niña de cuatro años cuando en realidad tenía veintisiete.

Eran cuarto para las doce y tenía que regresar al hospital alrededor de las diez de la mañana, así que era la hora ideal de ir a dormir. Soltando otro suspiro, la mujer de gran busto se levantó del sillón y apagó las luces para dirigirse hacia las escaleras. Su pie estaba prácticamente a un centímetro del primer escalón cuando el teléfono sonó.

"Si es algún maldito mocoso haciendo una broma colgaré su trasero encima de la chimenea." Murmuró antes de levantas el teléfono. "¿QUÉ?" decidió que era muy tarde para responder cortésmente.

"Tsunade,"

"Inoich—"

"Dirígete hacia la estación, lo más pronto posible."

"Dios," su corazón empezó a latir increíblemente rápido contra su caja torácica. Tomó un bocado de aire, preparándose para lo peor.

"Encontramos a Sakura," Dijo Inoichi, pero su voz estaba muy calmada. No sonaba feliz o emocionado, acaso ella… no podía ser… "Parece que se encuentra inconsciente."

"Inconsciente…" repitió, tomado la mesa en un fuerte agarre. Eso significaba que estaba viva, no muerta. Su ritmo cardiaco aumentó, latiendo en su pecho como si no hubiera un mañana. "¿Está… bien?" Preguntó cuidadosamente.

Su joven, inteligente, hermosa sobrina estaba viva y respirando. El cuerpo de Sakura seguía bombeando sangre, sobreviviendo, estaba viva.

Sakura estaba viva y libre. Estaba en casa.

Siente meses habían pasado, siete meses perdida en la nada. Las plegarias de Tsunade habían sido respondidas, Sakura estaba viva. Siete era, en verdad, un gran número.

"Si, fue encontrada justo frente a la estación, inconsciente."


¡Feliz 2015!

Lamento mucho la tardanza. Sé que rompí mi palabra pero tengo una buena razón: me enfermé de tifoidea :( comí unos ricos tacos callejeros repletos de deliciosa tifoidea xD Estoy mucho mejor, aunque estoy llevando una dieta especial. Además, viaje fuera de mi ciudad y allá no había internet :C

Una de uds. aserto en un review que mandó sobre el embarazo de Saku. Muchas se lo esperaban, otras no tanto. Espero que disfruten el capitulo.

¿Quieres saber que más pasará?

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