Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Adam Horowitz, Edward Kitsis y la producción de ABC. Mi único propósito con dichos personajes es hacerlos víctimas de mis locuras para diversión, gusto propio y de quien lo lea.
Capítulo 10:… y una visita
Emma se preguntaba una y otra vez por qué pensó que ella y Regina, sentadas una al lado de la otra en su escarabajo amarillo, sería una buena idea. Al ver en las condiciones en que estaban las otras chicas, cosa que ya se podía imaginar, su lado policiaco salió a flote. Ella sabía que David estaba por salir de su turno así que lo llamó para que él se encargara de llevar a Terry y Belle a sus hogares porque ninguna estaba apta para tomar el volante. De Regina se encargaría ella.
Luego de varias excusas por parte de Regina, malas caras por parte de ambas y mucha tensión, la morocha aceptó que Emma la llevara. Desde el momento en que Emma encendió el auto, Regina no había dicho palabra alguna. Algo que Emma no sabía si agradecer o maldecir.
─ ¿Piensas estar todo el camino callada?─ Regina tan solo ignoró la pregunta y fijó su mirada en los autos que pasaban por el lado de ellas.─ Cuando llamaste me pediste que te escuchara, ahora que al fin podemos habar no dices palabra alguna.
La otra mujer ni se inmutó en mirarla. Parecía perdida en lo que ocurría fuera del auto, como si a su lado no tuviera a una rubia, a punto de perder la paciencia, esperando que ella dijera algo.
─Ya dije lo que tenía que decir.─ contestó Regina de forma pasiva.
─ ¿Así que culpas lo que pasó a mi falta de confianza?─ preguntó Emma molesta. ─ Si yo no confío en ti, tú mucho menos confías en mí.
─ ¿Cómo así? Desde el momento en que te conocí confié en ti Emma. Te conté mi pasado. Con eso nada más deberías ver que si tuve el valor de decirte toda la pesadilla que ha sido mi vida tenía que tener cierto nivel de confianza en ti.─ contestó Regina alzando la voz.
─No me dijiste que sabías cómo encontrar a August.─ ante la respuesta de Emma Regina entornó los ojos.
─Eso no significa que no confíe en ti. Esa información, que para efectos del momento en que ocurrieron nuestras diferencias no había hecho absolutamente nada con ella, la descubrí yo, así que yo estaba en todo el derecho de decidir qué hacer con ella.
─Olvidemos lo de la información. Como bien dijiste, puedes hacer con ella lo que se te pegue la gana. Lo que me molestó fue que me sacaras de la investigación. Pensé que habíamos dejado claro la diferencia entre lo personal y lo profesional.─ Regina tuvo que contenerse de decir lo que había descubierto esa noche en el restaurante italiano, sobre como Gold había sido el que había hablado con Glass para que la sacaran y que ella no había tenido nada que ver.
─¿Enserio me creerías capaz de hacer eso?─ preguntó Regina con tono afligido.
─Hasta ese día no. Pero como me ocultaste lo de August, ¿por qué no creerte capaz de traicionarme de esta forma?─ preguntó Emma con un tono que solo denotaba dolor y tristeza.
Regina bajó su mirada, gruesas lágrimas caían por su rostro, ella culpaba al alcohol por este desliz. No quería que Emma la viera llorar. Con cierta rudeza secó las lágrimas con la parte trasera de su mano y aún con ojos llorosos miró fijamente a Emma.
─¿No te bastaba con pensar que te quería y eras lo suficientemente importante para mí como para no lastimarte?─ ante esa pregunta Emma se quedó callada.
Para Regina, el silencio de Emma decía más que mil palabras. Había admitido que la quería, que era importante para ella y Emma solo optó por quedarse callada. Eso había dolido más que todas las palabras que se habían dicho desde que habían discutido. Para su suerte, Emma detuvo el auto. Ya habían llegado al edificio del apartamento de Regina, ya la tortura de ambas había acabado. Regina comenzó a desabrochar el cinturón de seguridad y estaba por bajarse cuando la mano de Emma tomando la de ella la detuvo.
─A veces el que quieran a uno, no basta Regina.─ ante esto Regina negó con su cabeza molesta y más lágrimas amenazaron con salir de sus ojos.─ Yo lo siento mucho, pensé que podía tener algo hermoso junto a ti pero veo que me equivoqué. No había recibido ni mensajes ni llamadas tuyas en todo el día, me sentía miserable, cuando escuché tu voz esta noche, por primera vez en días, sentí que todo podía mejorar. A pesar de que estaba ignorando tus llamadas, en el fondo moría por contestar. Así que cuando reconocí tu voz pensé en que estabas haciendo hasta lo imposible para disculparte conmigo, pero luego comenzaste a hablar y a involucrarme en algo que habías hecho tú, echando en cara mi falta de confianza. Estaba dispuesta a disculparte por todo, si solo hubieses aceptado lo que hiciste.─ Emma no sabía que había comenzado a llorar hasta el momento en que terminó.
Regina se encontraba en las mismas condiciones y a pesar de todo lo que acababa de decir, Emma quería tomar a Regina entre sus brazos y decirle que iban a poder superar eso, pero Emma sabía que sería algo imposible. Ella sabía que ambas eran tercas y no cederían, ambas creían tener la razón y eso les impedía poder llegar a un punto medio para poder tener una reconciliación.
Regina soltó su mano del agarre de Emma y salió del auto tambaleándose. Los zapatos que llevaba no favorecían en nada su situación. Pasó la mano por su cabello, acomodándoselo y se giró para enfrentar a Emma.
─¿No has considerado que la razón por la que no me he disculpado es porque no tengo por qué hacerlo? Quizás si antes de llegar a tus propias conclusiones hubieses escuchado mi versión habría algo que salvar. Es una lástima. Espero que te vaya bien en la vida Emma. Gracias por traerme sana y salva.─ contestó de la forma más cortante que pudo, se giró y comenzó a caminar de forma segura hacia la entrada de su edificio, dejando atrás lo que pudo ser y no fue.
Los rayos del sol iluminaron su habitación, Regina maldijo por no haber cerrado las ventanas tan pronto como llegó en la madrugada. Un intenso dolor taladraba su cabeza y sentía su estómago revuelto. Se levantó de la cama sin fuerzas y se dirigió al baño. Su imagen frente al espejo no era la mejor. Su cabello era un desastre y tenía los ojos hinchados y rojos. Tomó un baño caliente para relajar la tensión que sentía en sus músculos.
Trató de no pensar en la conversación que había tenido con Emma antes de bajarse del auto, pero se le había hecho imposible. Las palabras de Emma habían calado bastante y al único acuerdo que habían llegado era no estar juntas. Ahora que estaba en lo que podía considerar sus cinco sentidos podía imaginar todas las formas en que esa conversación pudo haber acabado si solo ella hubiese dicho la verdad.
Considero lo que la rubia le dijo, ella tampoco confiaba en Emma. Si confiara en ella, su orgullo no hubiese sido el vencedor, le hubiese dicho que el principal orquestador de su problema había sido Gold y quizás ahora mismo el problema sería cosa del pasado. Regina rió de forma sardónica. Eso, por más lindo que sonara, no pasaría.
Quizás la Regina del pasado lo hubiese hecho pero la del presente no. Sabía la calidad de ser humano que era, tenía sus fallas, pero no por eso significaba que tenía que doblegarse ante nadie para que esa persona se sienta mejor a cuenta de su dignidad. Emma había preferido creer lo peor de ella, aun cuando ella no había hecho nada sustancial para que Emma llegara a esas conclusiones. Si ella prefería creer en esa mentira, Regina no haría nada para cambiar su forma de pensar, pero de que Emma se enteraría de la verdad, de eso no había duda alguna.
Salió de la bañera con ideas algo maquiavélicas formándose en su cabeza en la que Gold era víctima de métodos de extorsión y tortura mientras confesaba ante Emma. Estaba segura de que la Suma Inquisición la envidiaría. Se puso la ropa más cómoda que encontró y se dirigió a su cocina para prepararse su desayuno. El sonido del timbre hizo que dejara a un lado la preparación de unas tostadas francesas y que fuera a atender a quien fuera que estaba al otro lado. Tan pronto como abrió se encontró frente a frente con su madre y justo detrás de ella estaba Robin cargando una pequeña recién nacida dormida en sus brazos.
─¡Sorpresa cariño!─ exclamó Cora abrazando a una perpleja Regina quien no esperaba ver al que por un tiempo había considerado su alma gemela.─ No pareces muy alegre por vernos. ¿No piensas invitarnos a pasar?
Regina asintió algo confundida y los dejó pasar. Robin solo le dedicó una incómoda sonrisa, no dijo ni una palabra, dando a demostrar lo incómodo que se sentía en esa situación.
─Si gustan, pueden sentarse en la sala.─ el hombre no dudó dos veces y se sentó. Regina se dirigió a la cocina y con dolor en su alma apagó la estufa, dejando su comida a medio hacer.
─No me gusta como has decorado el sitio.─ comentó Cora caminando por el apartamento como si fuera de ella, examinando cada aspecto de él.─ Está demasiado colorido.
─Soy yo quien vive en él y me siento a gusto con su apariencia.─ contestó Regina de forma cortante acercándose a ella.─ ¿Qué quieres madre? ¿Por qué Robin está aquí con su hija?─ preguntó en voz baja a su madre.
─¿No puedo visitar a mi hija? Robin fue muy amable en traerme.
─Ni siquiera sabía que vivías aquí.─ añadió el hombre molesto.
─Oh vamos Robin. Todos sabemos que extrañabas a Gina.─ ante lo último dicho por Cora, Robin desvió su mirada de Regina y fingió estar entretenido con la bebé.
─¿Dónde está Zelena?
─Por tu hermana no te preocupes. No está en el país. Está en un viaje de negocios en Londres.─ contestó su madre desinteresadamente.
─¿Viaje de negocios? ¿Qué hay de su hija? Ella no puede irse así porque sí. Ella la necesita.
─Estoy de acuerdo contigo cariño. Pero ya sabes cómo es tu hermana.─ contestó Cora tratando de aplacar la furia creciente de Regina, algo que promovió el efecto contrario.
─Sí, sé cómo es Zelena. Es una manipuladora, sociópata que proteges y no permites que se haga responsable de las consecuencias de sus acciones.
─Las cosas no son así Regina. Entiende a Zelena, su vida no ha sido fácil a…
─Basta de excusas mamá. Son solo buenas y convincentes para el que las da y yo no las quiero escuchar. ─ contestó Regina alzando su voz. Su dolor de cabeza estaba empeorando cada segundo que pasaba.
─Por eso estoy aquí. Ya no hay más excusas cariño.─ tanto como Regina y Robin miraron confundidos y sorprendidos a Cora.─ Quiero que seamos una familia.
─¿Esto es una broma, cierto?─ preguntó Regina perpleja ante la petición de su madre.
─No lo es cariño. Quiero que seamos una familia, una real, no la utopía que teníamos. Esa niña necesita una figura maternal verdadera y la realidad es que Zelena no es la persona idónea para ese puesto. Pero tú Regina, tú eres perfecta. Eres madura, tienes una carrera, amas a Robin. Eres la madre que esa niña se merece.─ Regina miró con disgusto a su madre.
─ Esa niña es mi sobrina y estoy de acuerdo contigo en que ella merece la mejor madre. Pero yo no soy un remplazo de nadie, mucho menos un plato de segunda mesa. Ser madre no es un puesto. Yo no soy perfecta. Mi vida ha sido un infierno y tanto como tú y como Zelena han puesto su parte en ello. Por primera vez siento que estoy haciendo cosas que realmente me hacen feliz.
─Eso son cosas que tú crees que te hacen feliz Regina. Pero la verdad es que solo estás buscando como llenar el vacío que sientes. Una ciudad nueva, un apartamento nuevo, o un ambiente nuevo no llenaran ese vacío porque lo que necesitas es a tu familia. Soy tu madre, sé lo que te conviene.
─¿Sabes lo que me conviene?─ preguntó Regina destilando cinismo.─ Por favor, ni yo sé lo que me conviene así que dudo que tú vayas a saber lo que es mejor para mí. Tuve a mi familia toda una vida y me sentía vacía, así que no, ustedes no son mi felicidad. Aquí he encontrado amigos, nuevas memorias, una nueva vida y aunque he tenido mis altas y bajas, siento que tomé la decisión correcta. Ni tú, ni nadie cambiará eso y mucho menos podrá destruir lo que con mucho esfuerzo he logrado estos pasados meses. Es por eso que te pido de la forma más respetuosa que puedo que te vayas de mi hogar.─ Cora miraba perpleja a su hija.
─¿Cómo te atreves a echarme? Soy tu madre y merezco más respeto.
─Porque eres mi madre no te he sacado a empujones. Por favor, te estoy pidiendo que te vayas a la buena.
─Regina, te pido que reconsideres. Somos tu familia, tienes que estar con nosotros. Es tu deber.─ Cora trataba de persuadirla pero eso hacía que ella se enfureciera más.
─Mi único deber es para conmigo misma, ser feliz sin depender de nada y nadie. Ya no puedes controlar mi vida madre. No tienes ese poder sobre mí ya. Tienes que respetar mi decisión y aceptar que esta es la vida que quiero disfrutar.
Cora se quedó de una sola pieza ante lo dicho por su hija. Le era difícil creer que su niña pequeña, la luz de sus ojos, la hija prodigio, la había traicionado de esa forma. Regina había resultado ser peor que Zelena y eso la hiciera sentir como un fracaso.
─Te arrepentirás Regina. Pero quiero que sepas que para cuando te des cuenta de tu error, como buena madre que soy, estaré esperándote y no te daré la espalda, te recibiré con los brazos abiertos.─ ante el cinismo de su madre Regina entornó sus ojos cansada de las palabras de su madre.─ Robin, vámonos.
─Siga usted adelante. Tengo algo que decirle a Regina.
─Quizás tú logres convencerla.─ añadió Cora esperanzada, mirando a Robin como su salvador.
─Claro, lo que usted diga.─ respondió Robin de forma sarcástica.
Cora salió del apartamento sin decir otra palabra, dejando a Regina, Robin y la bebé, que durante el intercambio de Cora y Regina, había permanecido dormida.
─Solo quería disculparme por el mal rato que te hicimos pasar.─ soltó Robin al ver que el silencio incómodo los rodeaba.─ Te seré sincero, yo no sabía que veníamos a verte a ti. Cora solo me pidió que la llevara, pero nunca me dijo a quién veníamos a ver.
─Eso es típico de mi madre. No te preocupes, te creo.─ Robin asintió.
─¿Cómo has estado?─ preguntó él con genuino interés.
─Pues he tenido mis altas y bajas, pero puedo decir que estoy bien, mejor que nunca.─ respondió Regina.
─Me alegro mucho…─ en ese momento la niña decidió que era hora de levantarse. Abrió sus ojos, muy parecidos a los de su padre, y comenzó a sollozar. Robin comenzó a mecerla con delicadeza, Regina tenía que admitir que la escena era muy enternecedora y no pudo evitar pensar con cierta nostalgia que en un pasado ella había soñado con un escenario parecido a ese, ellos dos formando su propia familia.
─¿Cómo se llama?─ preguntó Regina acercándose a Robin.
─Esmee, como mi mamá.─ Regina tomó la mano de la niña y comenzó a acariciársela, sirvendo de tranquilizante para la niña.
─¡Hola Esmee! Soy tu tía Regina. Eres el bebé más lindo que he conocido. Tienes que ser una buena chica y hacerle una que otra travesura a tu papá.
─Esmee si ignoras a tu tía, seré el hombre más agradecido en la faz de la Tierra.─ ante esto, Regina y Robin rieron.
─Serás un buen papá. No lo dudes nunca.
─Muchas gracias. ¿Sabes? Me siento más que orgulloso de ti.─ Regina miró confundida al hombre.─ La forma en que te enfrentaste a Cora. Fue sorprendente.
─¿Gracias?─ preguntó Regina echándose a reir.
─Espero que seas muy feliz Regina. Sé que esto no es un adiós, pero siento que las cosas entre nosotros no acabaron del todo bien. Siempre serás una persona importante en mi vida. Eso es lo menos que podría desearte.─ ante esto Regina sonrió agradecida.
─Les deseo lo mismo a ti y a tu pequeña hija. No quiero escucharme como una persona negativa pero, ¿piensas hacer algo respecto a lo que hizo Zelena? Ella te drogó, tienes evidencia de eso, y tú no consentiste a acostarte con ella. Es un crimen y no puede quedar impune.
─No tengo el corazón para acusar a la madre de mi hija.─ contestó Robin apenado, clara señal de que el tema le afectaba.
─Por lo que te hizo, ella no merece consideración o respeto de tu parte. Si decides que quieres que se haga justicia conozco una abogada muy buena que trata este tipo de casos. ¿Recuerdas a Marian Sherwood?
─Creo que sí. ¿Esa no era tu eterna rival en la Escuela de Derecho?
─Esa misma. Hace unos meses me agregó a una de estas redes sociales que están de moda hoy día y nos hemos comunicado varias veces por ahí. Te enviaré su número por mensaje de texto a tu celular para que hables con ella y te orientes.─ Robin sonrió agradecido.
─Muchas gracias. Creo que lo mejor será que me vaya para que puedas comer tranquila. Hasta pronto Regina. ─ diciendo esto, con la mano que tenía libre tomó la de Regina y la apretó afectivamente.
─Hasta pronto Robin.
Tan pronto como Robin salió de su apartamento, Regina se sentó en una de las sillas del comedor. Había quedado en mejores términos con Robin, de paso lo había encaminado para que se hiciera justicia por lo que había hecho Zelena y había enfrentado a su madre. Había enfrentado su pasado y había salido victoriosa. Ahora le quedaba enfrentar lo que el presente y el futuro le pusieran en el camino. Sea lo que sea que pase, Regina tenía el presentimiento de que ella podría con todo. Sonrió genuinamente y se dirigió a la cocina para terminar su comida.
¡Hola!
Espero que estén bien. DIsculoen la tardanza en subir el capítulo. Esta semana fue un poco rara y el capítulo lo terminé ahora que les guste. Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior. No recuerdo si les constesté los c omentarios pero de no haberlo hecho me lo dejan saber.
Un abrazo, Deb
