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Disclaimer: Tanto los personajes como Dragon Ball Z pertenecen a Akira Toriyama & Toei Animation.
Capítulo 10. ¿Qué esperas tú?
El líder del escuadrón finalmente reaccionó, y pronto desvió su mirada a otro lado. Sacudió la cabeza y se tomó la frente con la mano derecha, maldiciéndose internamente por su comportamiento.
Le fue inevitable ignorar el hecho de que actuó de forma diferente por culpa de Gine. Y lo que venía a empeorar la situación, era que no sólo fue él quien se percató de ello, sino que Tooma también lo hizo. Pese a que ahora no daba crédito a lo que hizo por Gine minutos antes, todo lo que sintió en ese momento fue que, cualquier cosa, cualquier persona, que todo podría dañarla, y su ser —sin saber a ciencia cierta si todavía le pertenecía—, lo mantuvo pegado a ella, sin querer apartarse, sin querer dejarla expuesta a todos los peligros de ese planeta…, y sin querer que Tooma pusiera uno solo de sus dedos sobre ella.
Tan preocupado estuvo por Gine que, a su alrededor, todo desapareció; porque era cierto, el ataque terminó y ni siquiera notó cuando eso sucedió. Todo lo que hizo fue pensar y actuar por y para ella, para esa chiquilla que sólo se dedicaba a causarle problemas.
Nunca antes durante una batalla se había enfocado a otra cosa que no fueran sus oponentes, pues no hacer eso implicaba un gran error, uno que les permitía a sus contrincantes obtener ventaja de la situación. En momentos de combate, su mente y su cuerpo reaccionaban única y exclusivamente para acabar con sus rivales, y aunque, de hecho, sí sentía cierta responsabilidad sobre la vida de los miembros del escuadrón, jamás fue tan intenso su sentido de protección por alguno de ellos como le sucedió con Gine.
Y no podía evitar enfadarse por ello, no cuando se permitió olvidar a los skotein por ella.
Según los rastreadores, ya no había nadie cerca de ellos, y no imaginaba cuál fue el motivo que terminó por alejar a la otra raza; indudablemente los habitantes de Skotadi les llevaban mucha más ventaja como para sólo haber huido despavoridos, y conocer el porqué de eso, era un detalle de suma importancia que simplemente dejó pasar.
Se levantó, enojado.
Cuando estuvo de pie, le dio una patada a Gine, quien aún continuaba en el suelo.
—¡Ya levántate! —le ordenó serio.
Gine de inmediato hizo un discreto gesto de dolor al sentir el golpe sobre sus costillas, y, a regañadientes, acató la indicación; nunca sería agradable ser golpeada por ese tosco.
Tooma, mientras tanto y a una prudente distancia de Bardock, trató de ordenar sus pensamientos para así poder saber en qué momento fue que realizó algo que no agradó al líder. Sin embargo, ahí no halló nada. Trató de ayudar a Gine y eso fue todo. Si él no se sentía apto para invadir ese planeta, mucho menos lo iba a estar ella. No era una combatiente y eso no hizo falta que Gine se lo comunicara, a la niña se le veía a leguas. No creyó haber hecho algo indebido tampoco, se suponía que eran un equipo y uno de los objetivos era ayudar a procurar la vida del resto; estaban para cuidarse las espaldas, y si no era así, entonces no tenía caso ser enviados por grupos.
¿Acaso a Bardock le molestaba que Gine recibiera ayuda?
Pero eso ni siquiera tenía coherencia, pues él mismo fue testigo de cómo el cabecilla del grupo se acercó hasta Gine en el momento en el que los atacaron. Y eso para él fue claramente un intento de ayuda. Si sólo se aproximó a ella con la intención de reprenderla por su cobardía, no tenía ningún sentido; Bardock debía ser perfectamente consciente que esa simple acción pudo poner en riesgo la vida del equipo entero.
¿Por qué abandonaría su lugar sólo para jugar con Gine a los regaños?
Pero para Tooma no había otra razón, más que la de protegerla.
Y era ahí, quizás, en donde radicaba la molestia del cabecilla. Bardock era demasiado orgulloso, incluso podría decirse que más que el promedio de los saiyajin, y con seguridad le molestó haber tenido que hacer algo para que Gine no se viera afectada. Eso sí era más del estilo del líder. Sin embargo, algo acerca de todo eso seguía sin quedar completamente claro. Y aunque ya estaba imaginando muchas cosas en cuanto a la singular relación de Gine y Bardock, respetaría aquella situación y dejaría de unir indicios; ultimadamente, era la vida de ellos.
—¿Deberíamos ocultarnos ya? —preguntó Fasha de repente. El ver a todos tan extraños, le tenía por completo desorientada.
—Lo que debemos hacer es alejarnos. Las naves están cerca de aquí y ellos podrían deshacerse de ellas. —Borgos se adelantó a responder.
Tooma, Fasha y Gine asintieron estando de acuerdo con su compañero, excepto Bardock, a quien, definitivamente, seguía sin agradarle la idea.
Pero de pronto, el suelo comenzó a temblar bajo sus pies.
Algo se aproximaba según la información de los rastreadores, los cuales no paraban de sonar y mostrar flechas que les señalaban el norte.
—¿Y qué estamos esperando? —inquirió la más joven, notablemente preocupada.
Bardock bufó; detestaba tener que huir. Jamás lo había hecho.
¿Qué clase de soldado hacia eso?
Pero dejó de pensar en ello cuando los integrantes del escuadrón comenzaron a andar, procurando alejarse lo más posible de las naves. Esos seres los iban a seguir, lo estaban haciendo, así que lo mejor era mantenerlos a una distancia prudente y evitar que destruyeran el único medio por el que podrían regresar a Vegeta, como bien sugirió Borgos. Terrible resultaría quedarse en ese jodido planeta por eternos días hasta que al imbécil de Geda se le antojara enviarles naves nuevas. No podían arriesgarse. Y no, no tomaría esa acción como escape, sino más bien como una estrategia; una idea que a su orgullo le agradaba mucho.
—¿Alguien puede decirme cómo vamos a eliminarlos? —inquirió Fasha, preocupada por no contar con lo necesario para sobrevivir.
—Ni siquiera he podido verlos —contestó Tooma.
—Ellos son… extraños —dijo Gine de repente.
Todos prestaron atención a la hija de Boc, no comprendiendo muy bien el porqué de sus palabras.
—¿Les has visto? —La impaciencia por saber, obligó a Fasha a exigir respuesta.
Gine la miró, atenta a sus reacciones, dándose cuenta rápidamente que no era la única en ese lugar que temía por lo que pudiera suceder.
Sin embargo, negó con la cabeza, añadiendo enseguida—: No muy bien en realidad. Se mantienen ocultos y es difícil. Pero… me parece que usan cascos. —Frunció la boca entonces, no estando muy segura.
Bardock sólo pudo enarcar una de sus cejas luego de escuchar la pobre descripción que Gine tenía de los Skotein; eso no le servía de nada. Él acostumbraba estudiar el cuerpo de sus contrincantes con el fin de conocer sus principales debilidades físicas, y que esas cosas, seres o lo que diablos fueran, usaran cascos, no decía mucho respecto de sus habilidades. Aunque claro, tampoco estaba demás tomar en cuenta ese dato, ya que eso representaba una fuente de ayuda para los Skotein.
Y el suelo se movió nuevamente, esta vez seguido de un fuerte rugido que los obligó a mirar hacia arriba.
—¡Oh bien, nos trajeron a su mascota! —murmuró irónico el líder.
Era una bestia. Pequeña comparada a un saiyajin en estado Ozaru, pero más grande que ellos en ese preciso momento. Contaba con cabeza, torso, manos y pies, como cualquiera de los provenientes de Vegeta. Normal…, sólo, claro, que de tamaño descomunal. Las características de su rostro eran verdaderamente desagradables; sus orejas eran puntiagudas y algo velludas; sus ojos pequeños y con un muy singular brillo rojo; su nariz era muy grande y en su boca podían distinguirse algunos colmillos. En realidad, no parecía tener raciocinio, para tener grandes cadenas reteniéndolo por el cuello, había que deducir que no pensaba mucho y que se dejaba llevar demasiado. Lucía muy torpe, pero no por eso indefenso; aquel inmenso palo con puntas filosas que sostenía en la mano izquierda era prueba de ello.
Bardock desde su lugar, miraba al cielo intentando ver a los seres que lo sostenían, porque claramente lo tenían atado desde arriba. Eso ya le indicaba algo que no esperó, pero que tampoco descartó; esos seres sabían desplazarse sin ningún problema por el cielo. No tenía la menor idea si se estaban apoyando en algo o si eran ellos mismos flotando y siendo capaces de volar, pero si de algo estaba seguro era de que pronto lo averiguaría.
Con cada paso que daba ese fenómeno, siendo dirigido por los skotein, el suelo vibraba y los saiyajin trastabillaban. Estaban siendo buscados, de eso no había duda; esa era la principal razón por la que el gigante seguía encadenado.
—Skotadi cuenta con su propio Ozaru —mencionó Fasha, absorta en la imagen del monstruo.
—Guarda silencio. —Tooma tiró de ella, llevándola detrás de uno de los árboles con el fin de ocultarse.
Pero Borgos no tenía la misma idea en mente. Su plan jamás fue esconderse, en verdad no quería hacerlo. Era consciente que en esas condiciones no era rival para los habitantes de ese planeta, pero siempre valía la pena intentarlo. Todo el tiempo se quejaban por recibir malos planetas —cuando los recibían, como Puranto—; anhelaban y envidiaban las misiones de los soldados de clase alta, pues éstos siempre combatían con seres extremadamente fuertes; presumían y se enaltecían frente a los demás en reuniones creadas dentro del bar por ser el escuadrón de clase baja con mejores resultados. Entonces, por qué demonios no hacían nada al respecto, por qué no estaban llevando a la práctica todo aquello que codiciaron en algún momento…, en todo momento. Sabía que Bardock debía estar compartiendo la misma idea, pero a diferencia de él, el líder pensaba mucho más las cosas. No estaba mal, no obstante, él no quería seguir perdiendo el tiempo.
Impulsado por su último pensamiento, creó una enorme bola de energía en su mano derecha. Y antes de que Tooma y Fasha pudiesen detenerlo, Borgos ya había lanzado la esfera contra la criatura, logrando darle en el hombro derecho.
La bestia rugió y alzó ambas manos completamente enfurecido.
Los skotein ya no necesitaron buscar más; el juego del escondite había terminado. Así que, sin más preámbulos, soltaron al monstruo.
Sólo hasta ese momento el líder del escuadrón se dio cuenta de la presencia de los skotein en el cielo. Debido a la poca luz, apenas era capaz de distinguirlos, pero finalmente los estaba viendo. Gine tuvo razón; pudo darse cuenta de esos cascos cubriendo sus cabezas, cosa que no le permitía verlos en su totalidad, y, además, finalmente estaba corroborando que sí eran capaces de volar por cuenta propia.
Esos despreciables seres los miraban desde arriba, esperando a que su «mascota» hiciera el trabajo sucio. Llevaban en sus manos esas armas con las que los atacaron antes, largas y muy avanzadas en cuanto a tecnología refería.
Raro.
No vio alguna instalación que le indicara con anterioridad que ellos poseían tecnología de primera, claro que esas armas le estaban diciendo lo contrario. Forzosamente debían tener algún lugar en donde elaboraban todas esas herramientas de apoyo, y era de vital importancia hallarlo, pues era casi seguro que en ese sitio habría más Skotein preparándose para atacar en cuanto llegaran a ser requeridos.
Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el monstruo avanzó hacia donde él se encontraba. Y él, mirándolo desde abajo, frunció el ceño y finalmente tuvo el deseo de atacarlo.
Nadie, ni siquiera ese fenómeno lo iban a intimidar, no tenía por qué huir de un ser que de agresivo sólo tenía la apariencia. Jamás huiría de nadie, así implicara su inminente muerte. Era un saiyajin y su sangre era guerrera. Escapar no era una palabra que conociera, ni que tuviera ganas de conocer; iba a pelear e iba a acabar con todos ellos, asumiendo el riesgo que eso implicaba y mandando lejos la preocupación por morir.
Entonces se preparó, se colocó en posición de ataque, dispuesto a golpearlo en cuanto el fenómeno de skotein se pusiera frente a él.
Un paso más; el gigante estaba próximo.
…
Tooma se dio cuenta de la intención de Bardock, y se quedó observando a la lejanía, atento a lo que hiciera el líder del escuadrón. Indeciso por acercarse y apoyarlo en su lucha contra el gigante en ese mismo instante, o comenzar a eliminar a los skotein que se mantenían a la distancia únicamente observando.
No obstante, ni siquiera tuvo tiempo de meditar bien ambas opciones, pues una fuerte patada asestándole en la espalda, lo mandó de nuevo al suelo.
Fasha de inmediato llevó su mirada hasta aquello que atacó a su compañero, encontrándose al fin de frente con un oriundo de Skotadi.
El skotein sonrió con malicia detrás del caso, burlándose de ella y de sus pocas probabilidades de supervivencia.
…
Bardock se elevó del suelo, llegando hasta el abdomen del fenómeno y pronto golpeándolo en esa misma zona con toda la fuerza que poseía.
El gigante se quejó y su enfado aumentó.
Los skotein que lo llevaron atado hasta ese lugar, luego de percatarse del golpe que recibió su mascota, decidieron intervenir en la pelea. Los rayos provenientes de sus armas pronto comenzaron a iluminar el lugar, y el objetivo de los saiyajin a partir de ese momento se convirtió no sólo en protegerse del monstruo, sino también en esquivar todas y cada una de las luces brillantes.
…
Gine, por su parte, se encontraba detrás de un árbol, viendo todo lo que sucedía con suma discreción. No podía creer lo que estaba sucediendo, y tampoco tenía idea de cómo intervenir sin llegar a ser un estorbo para sus compañeros. Y para qué mentir, pues, como solía sucederle, tampoco en esa ocasión tenía ganas de asesinar; no consideraba que los skotein fueran tan malos o que estuvieran haciendo algo indebido, ellos sólo defendían lo que les pertenecía y el derecho de hacerlo era absoluto.
El grito de una voz bastante bien conocida sonando detrás de ella, le sacó de su momentáneo estado shock.
En cuanto localizó el lugar, encontró a Fasha a punto de ser atacada por uno de ellos, de los skotein; ese sujeto sostenía a su compañera por el cuello, dispuesto a rompérselo en cualquier momento.
Y tragó saliva ante la oscura imagen.
Sus pies le exigían que se moviera, pero ella les contenía aferradamente.
Pero su mano derecha se elevó entonces, tratando de apuntar sólo al agresor de Fasha y no a ésta última. Su ceño se frunció, al mismo tiempo en que apretó el puño de su mano izquierda, dispuesta a acabar con la horrible existencia de ese ser.
Si bien no quería asesinar a nadie, la vida de sus compañeros de equipo estaba antes.
Fasha gritaba, al mismo tiempo que intentaba zafarse del agarre sobre su cuello, pero la presión en esa zona incrementaba cada vez más y sentía perder la respiración de manera tortuosa. Pese a las patadas que tiraba y sus manos jalando las del skotein para que la dejase, no podía hacer nada al respecto; su cuerpo estaba perdiendo toda su fuerza y ese tipo cada vez obtenía más ventaja sobre ella.
De repente, ambos cayeron al suelo y Fasha finalmente consiguió su liberación.
El skotein se quejaba en el piso por un aparente ataque recibido en la espalda, y Fasha tan sólo se dedicó a sobar su cuello mientras tocía y trataba de llevar el aire suficiente a sus pulmones.
—Hazte a un lado, Fasha.
La susodicha pronto escuchó la titubeante voz de Gine detrás de ella y enseguida la miró; la hija de Boc estaba apuntando con su temblorosa mano al skotein en el suelo. Aquello si la sorprendió, porque aunque la novata se encontraba increíblemente nerviosa, lucía bastante decidida para atacar de nuevo al ser de ese planeta. Entonces, regresó rápidamente su mirada al skotein y sin pensárselo dos veces, se arrastró sobre sus rodillas para alejarse de él. No obstante, el tipo reaccionó y la tomó por el tobillo, impidiendo de esa forma su huida.
—¡Suéltame, estúpido! —Le pateó en la cabeza con su pie libre, pero éste no parecía dispuesto a hacerlo a pesar de los golpes recibidos.
—¡Déjala! —Y Gine lanzó una esfera de energía más contra él.
El skotein dirigió la mirada hasta su agresora, y la forma en que la observó por detrás del caso fue suficiente para demostrar su creciente enfado.
Gine tragó saliva, dando pasos hacia atrás sin darse cuenta, pero todavía apuntándole con su mano.
Seguido a eso, lo vio levantarse lentamente. Él sonreía aún con malicia, demostrando con ello que, a pesar del daño en su contra, no iban a detenerlo tan fácilmente.
—¡Gine, ten cuidado! —gritó Fasha.
A la hija de Boc ya no le sirvió aquella advertencia, el skotein ya le había golpeado con su codo en el abdomen y la había mandado a volar varios metros lejos de ahí. Ese había sido el movimiento más rápido del que Gine hubiera sido testigo, y ni hablar de la brutal fuerza proveniente de alguien que ya estaba lo suficientemente herido.
—¡Maldito! —Fasha lo pateó en la cabeza, con rabia.
El skotein cayó al instante, muerto. El casco que cubría su cabeza salió de ésta y mostró finalmente su apariencia.
Fasha, con un gesto que denotaba su gran desagrado, se aproximó a él y lo miró desde arriba.
Lo único que se le vino a la mente fue aplastar la cabeza del sujeto con su pie, y no le preocupó ni un poco haber manchado sus botas con la sucia sangre de ese infeliz.
—Así que eran ustedes los del hedor. —Arrugó la nariz, sonriendo de medio lado casi enseguida—. Realmente apestan. —Y le escupió encima.
…
Por su parte, Gine fue a parar, literalmente, hasta los pies de Bardock. El resultado fue dos saiyajin en el suelo luego de una aparatosa y dolorosa caída, y muy cerca de caer por una colina.
La chica, aún adolorida por el golpe que le dio aquel skotein, todavía no se percataba de la persona que tenía debajo.
—¡Maldición, Gine! —gruñó él, quitándola bruscamente de encima y reincorporándose lo más pronto posible.
Ella sólo se quedó en el suelo, sentada, aturdida y todavía asombrada por lo ocurrido. La cabeza le daba vueltas y apenas fue consciente de que empujó al líder del escuadrón; si él no le hubiese gritado, no lo hubiera reconocido. Su vista no lograba enfocar con claridad, y, por ende, no tenía la menor idea de en dónde se encontraba ni mucho menos si Bardock continuaba cerca, pero si de algo estaba segura, era que el suelo no era su mejor aliado en ese momento, así que, con dificultad, fue levantándose lenta y cuidadosamente, manteniendo la mirada en todo momento hacia el frente pese a la visión borrosa que todavía experimentaba.
Cuando estuvo de pie, pudo sentir el suelo temblar de nuevo, pero esta vez con mayor intensidad. Tanto fue así que su cuerpo se tambaleó en un intento por mantener el equilibrio.
—¡Gine! —Escuchó a Bardock gritarle algunos metros lejos de ahí.
Ella, por inercia, miró hacia todos lados, buscando a Bardock. Su vista poco a poco se recuperaba, pero no era total todavía; sin embargo, alcanzó a distinguir esa gigante masa que los skotein dejaron libre, dirigiéndose hacia ella. No fue tan difícil hacerlo cuando el temblor del suelo se intensificó y sostenerse de pie se convirtió en toda una aventura.
Apuntó con sus manos juntas hacia adelante, en un intento por defenderse. Moverse de ese lugar ya no era una opción; ella era lenta y aún no distinguía con claridad todo a su alrededor, además, el monstruo estaba cada vez más cerca.
Sentía el sudor recorriendo su frente y cuello, resbalando tortuosamente por su piel. Sus manos temblaban, mientras ella procuraba mantenerse en pie moviéndose de atrás para adelante a causa de la vibración que ese sujeto creaba.
—¡N-no lo harás…, antes me defenderé! —le gritó al gigante.
Y, en efecto, antes de que la colosal criatura le hiciera algo, ella le arrojó energía.
…
Bardock se dirigía a una impresionante velocidad hacia Gine.
En cuanto se percató de que el skotein lo sustituyó por Gine, la desesperación lo invadió por completo; el gigante iba decidió a terminar con la vida de esa chiquilla. Todo le había resultado bien hasta que ella lo tumbó; había estado peleando contra el monstruo de forma asombrosa al punto que creyó poder ganarle, pero sólo bastó que Gine llegara para complicarlo todo.
Ahora esa niña se encontraba en problemas. Y lo asombroso, era que ya ni siquiera le sorprendía que Gine se quedara a merced de los enemigos, parecía agradarle la idea de ponerse en peligro a cada misión a la que acudían, era como un campo de atracción de problemas; sólo le gustaba ponerle los nervios de punta.
Lo peor de la situación, y que recientemente estaba reconociendo, era que jamás dejaría que a Gine le sucediera nada. Pudo dejarla a su suerte en muchas ocasiones, pero no fue así. Desde Netsu, cada vez que Gine estaba en peligro, lo experimentaba de tal forma que sentía un inmenso temor, casi como si fuera él mismo quien estuviese a punto de morir.
Y detestaba tener que sentir eso, detestaba que Gine tuviera cierto poder sobre sus decisiones y reacciones.
Pero aunque lo odiara con todo su ser, su cuerpo tenía mente propia y hacia todo lo posible para mantenerla a salvo, justo como hacía en ese preciso instante en que se dirigía a ella para protegerla… otra vez.
Vio una esfera de energía y se detuvo de golpe, apenas siendo capaz de esquivarla. No obstante, su mejilla no corrió con la misma suerte y, al instante, se quejó al sentir un terrible calor sobre su pómulo izquierdo.
La bola de energía, sin embargo, continuó su recorrido, llegando hasta el gigante y dándole en el pecho.
Bardock volteó a verlo en cuanto lo escuchó rugir dolorosamente, cada vez más enfadado. Aquel ataque sólo logró alterarlo más. Y cuando viró el rostro para saber de quién fue la energía causante del dolor del skotein, grande fue su sorpresa al sólo encontrar a Gine con las manos extendidas hacia el frente y respirando agitadamente. No cabía en la impresión, y no porque creyera que ella no era capaz de hacerlo, sino porque una vez más, se perdió de esa parte de la historia por pensar en esa saiyajin.
Su mejilla izquierda escurría sangre y le ardía demasiado, pero eso no le importó cuando notó que el gigante aceleró el paso hacia Gine. Ese ser no iba a detenerse, ahora se encontraba muy molesto con ella y su único fin sería matarla.
—¡Gine! —gritó de nuevo, volando lo más rápido posible para evitar que aquel ser la matase—. ¡No!
Y la empujó, no hallando otra alternativa para salvarla del monstruo; sin embargo, fue él quien recibió el manotazo del skotein que, en primera instancia, iba en dirección a Gine.
Poco tiempo faltó para que la hija de Boc fuese asesinada por esa enorme cosa, y sentía cierta culpa por el fuerte empuje que le dio para ayudarla, pues aquello ocasionó que la chica cayera por la colina. Esperaba sinceramente que se encontrara bien, pero mientras tanto, no perdería el tiempo y se haría cargo de esa cosa.
Se sostuvo sobre su rodilla en el suelo, llevándose al mismo tiempo una mano a la mejilla izquierda; ésta aún sangraba. Y sonrió pensando que tanto él como Gine ahora estaban a mano.
—¡Nunca te lo perdonaré! —dijo, mirando al monstruo, recordando que por su culpa Gine estuvo a punto de morir.
…
Gine cayó rodando por la colina, golpeándose contra todas las piedras que se le atravesaron en el camino.
Finalmente se detuvo, y debido a la gravedad el golpe fue más fuerte de lo que esperó. Cayó sobre una montaña de tierra…, o al menos eso fue lo que creyó. Realmente se sentía extraño y olía bastante mal.
Cuando intentó levantarse, se dio cuenta que no estaba encima de algo, sino de alguien.
No lograba reconocer de qué se trataba y mucho menos con su afectada vista, la cual apenas estaba recuperándose, pero entonces, curiosa, se colocó sobre sus rodillas y comenzó a retirar la tierra que cubría aquella cosa. Estaba muy segura que era un alguien y no un algo lo que se encontraba debajo de la tierra, y le aterraba pensar que se tratara de alguno de sus compañeros.
Y en ese preciso instante lo vio, lo reconoció.
Sus manos temblaron y sus reflejos le gritaron que se echara para atrás. Así que, aturdida, se arrastró sobre su trasero, intentando alejarse un poco de ahí.
Su mano derecha pronto cubrió su boca, no creyendo todavía lo que estaba viendo.
Era él.
¡Maldita sea, era él!
Sus labios temblaron y sus ojos le escocieron, inevitablemente.
—Galic. —Sollozó.
…
En la cima de la colina, ya Bardock se había hecho cargo de la bestia. No podía ignorar el dolor que sentía en todo el cuerpo. Le costó más de lo que imaginó, sin embargo, al fin esa criatura estaba en el suelo muerta. Empleó mucha energía, pero si no hubiese hecho eso, jamás habría terminado con el gigante.
Su mejilla izquierda le ardía muchísimo y todavía no dejaba de sangrar. Sus ropas ya estaban lo suficiente desgastadas y podía ver heridas en varias partes de su cuerpo; no obstante, lo que ya no podía ver era a los integrantes del escuadrón, y ninguno parecía estar cerca tampoco.
Algunos cuantos cuerpos de los de la raza de Skotadi yacían muertos sobre el suelo, y pese a que el equipo probablemente hizo un esfuerzo gigantesco para lograr aquello, era consciente que esos no eran todos los seres y que, por el contrario, les hacían falta muchísimos. No tenía certeza de cuántos habitaban el planeta, pero suponía que no eran tan pocos. El primer ataque que recibieron cuando llegaron fue por parte de varios skotein, y podía asegurar que los que cuerpos que tenía delante no eran ni la mitad de ellos.
De pronto, su mirada se enfocó en aquella colina por la cual tuvo que lanzar a Gine.
Su cuerpo sangraba por distintas partes, y aunque algunos cuantos de esos golpes estaban lastimándole de verdad, todavía tenía que hallar a esa niña. Tendría que bajar y buscarla, esperando que la insensata no se hubiera movido de lugar. Aunque si estaba herida, poco podría hacer para intentar huir.
Con la técnica de vuelo no le llevó mucho tiempo llegar hasta el pie de aquel cerro, pero a ella no lograba verla.
Mientras caminaba en su búsqueda, estaba comprobando que la oscuridad de Skotadi era de tremenda ayuda para sus respectivos habitantes, porque, de lo que pudo darse cuenta durante la batalla, era que a ellos no les costaba en absoluto ver y buscar entre las sombras, y ese jodido casco que llevaban todos encima era la razón de ello. Los skotein podían ver con claridad a través de ese artefacto, eso que al principio consideró irrelevante, pero que a ellos les era de gran ayuda.
Avanzó unos cuantos pasos más.
Finalmente la encontró.
Estaba hincada sobre el suelo y rascando la tierra. No entendió el motivo, por supuesto, mas no dudó en acercarse a ella.
—Gine, ¿qué demonios haces? —le preguntó, sin llegar a alzar tanto la voz—. Tenemos que reunirnos con los demás.
Pero ella continuaba absorta en lo suyo.
Y en ese momento se dio cuenta de que estaba llorando.
Confundido, alzó ambas cejas. Gesto que no le duró mucho pues casi enseguida escuchó algunos ruidos cerca de ahí y supo que éstos no eran generados por nadie del escuadrón; tenían que irse si querían sobrevivir.
Entonces se aproximó hasta ella, sin importarle nada de lo que hacía, con la única intención de alejarla de ese lugar.
—Vamos Gine, deja de hacer eso. ¡Este no es momento para jugar!
Y ella seguía sin responder.
Extenuado, la tomó del brazo y la jaló; sin embargo, Gine se resistió con todas sus fuerzas.
—Es Galic. —Le escuchó decir entre sollozos.
Por inercia, miró al cuerpo a lado de ella.
El recuerdo del sujeto que le pidió que ingresara a Gine a su escuadrón, no tardó en hacerse presente, pues era el mismo que ese encontraba ahora muerto a lado del pequeño hueco que ella se dedicó a cavar.
Y los ruidos volvieron a escucharse.
—Mierda —dijo él, mientras miraba hacia el lugar de donde provenían los extraños sonidos. Dirigió una vez más su mirada hasta Gine, y así se dio cuenta de que ella no iba a irse de ahí hasta que no terminara su labor.
«¡Maldición!»
No tenía más remedio que ayudarla. Sólo de esa forma terminarían rápido y podrían largarse de ahí cuanto antes.
Se agachó junto a ella y comenzó a rascar de la misma manera en que Gine lo hacía, sólo que con mayor rapidez y desespero. Él ya estaba muy lastimado y no tenía idea si sería capaz de enfrentarse a todo un séquito de esos skotein, por lo cual la mejor opción en ese momento era encontrar un buen lugar para recuperar un poco de sus energías y no llamar la atención de ellos sólo para acelerar su muerte. Afortunadamente Gine pensó bien las cosas y no atrajo a nadie haciendo el agujero con su energía.
La saiyajin lo miró por un momento, sorprendida por su ayuda, pero también por la herida que tenía en la mejilla. No obstante, no empleó mucho más tiempo en verlo y siguió rascando la tierra.
El ruido de las hojas de los árboles siendo pisadas alertó nuevamente al capitán del grupo, quien se levantó bruscamente, buscando con la mirada lo que sea que estuviera cerca de ellos.
Sin que Gine lo esperara, Bardock lanzó energía al suelo, abriendo lo que tanto le costó a ella cavar.
—Es mejor así —añadió, serio—. Date prisa.
La chica asintió ante la orden y pronto arrastró el cuerpo de Galic hasta ahí, comenzando a cubrirlo de tierra rápidamente. Bardock, mientras tanto, se mantenía cerca de ella, cuidándole la espalda.
—¿Qui-quiénes son ustedes? —preguntó una vocecita cerca de ellos.
Tanto Gine como Bardock miraron al pequeño skotein que se puso delante de ellos y que les apuntaba con su arma, nervioso.
Gine se levantó, alzando ambas manos en señal de paz y sonriendo ligeramente, luego avanzó dos pasos por delante de su capitán y por encima de la recién hecha tumba, dispuesta a contestarle amablemente al pequeño, pues pudo detectar el miedo de ese niño desde la forma en que sostenía el arma, pero antes de que pudiera hacerlo, Bardock ya le había arrojado una gran esfera de energía.
El pequeño cayó muerto.
—¡¿Por qué lo hiciste?! —Lo encaró molesta.
—Era él o nosotros.
—¡Pero era un niño! —gritó aún más enfadada.
Bardock, molesto por su comportamiento, la tomó con fuerza del brazo y le gritó a la cara—: ¡Ya me tienes harto, tú y toda tu basura sentimental! Deja ya de pensar que todos los seres del universo son como tú. ¿Viste el arma que traía en las manos? Iba a atacarnos, por cierto: de nada.
—Él no tenía esas intenciones. ¡Estaba asustado! —Se soltó del agarre con brusquedad.
—¡Y ahora lees la mente! —dijo con ironía.
—¡Eres un…!
Pero Bardock la hizo callar cubriéndole la boca con su mano.
Más ruidos se escucharon; esos seres se estaban acercando a ese lugar. Seguramente el ruido de la explosión contra el suelo para abrir el hueco en el tierra los llevó hasta ahí.
Atrajo a Gine hasta su pecho entonces, todavía cubriéndole la boca. Avanzó con ella lentamente, hasta esconderse detrás de un árbol con un grueso tronco que les cubría lo suficiente. Se mantuvo así, observando con discreción a los skotein; ellos iban con sus armas bien empuñadas y observando hacia todos lados, claramente buscándolos.
El corazón de Gine se aceleró; estaba muy asustada. Incluso, sin darse cuenta, trataba de contener la respiración.
Cuando uno de los skotein pasó cerca del árbol en donde se encontraban ocultos, Bardock giró la cabeza encontrándose con la de Gine. Pese a que no le agradaba para nada esconderse, en ese momento no podía hacer nada contra los siete skotein que los estaban buscando, se encontraba bastante herido.
Luego de no encontrar nada, los skotein se fueron. Seguían con su búsqueda, pero ya se habían alejado de ahí.
—Eso estuvo cerca. —La boca de Gine ya se había liberado de la mano de Bardock.
—Si no gritaras tanto, no sucedería.
—Lo siento —se disculpó, cabizbaja.
Bardock se mantuvo en silencio, y luego sólo dirigió su mirada hasta una cueva. Aunque estaba cubierta por hierbas y algunas rocas obstaculizaban la entrada, sabía lo que era.
Sin decir nada a Gine, caminó hasta ahí. Ese podría ser el mejor lugar para tomar un pequeño receso; los skotein ya habían buscado en esa zona y no volverían a hacerlo a menos que llamaran la atención con otra bola de energía, cosa que no pensaba hacer en ese momento. Tan sólo esperaba que el resto de sus compañeros se encontrara con bien, y que no fuesen Gine y él los únicos sobrevivientes. Luego de tomar un descanso, saldría a buscarlos.
Gine lo vio perderse entre la hierba. Rápidamente comprendió que se trataba de una cueva, y, curiosamente, sólo hasta ese momento se dio cuenta de que existía. Miró a todos lados, dándose cuenta que no había un mejor lugar para ocultarse. Indecisa por ir o no, se mantuvo quieta a un lado de la tumba de Galic. No estaba segura de que Bardock la quisiera cerca, se encontraba muy enojado con ella. Tal vez cuando pusiera un pie dentro, éste le gritaría y la echaría de ahí sin contemplaciones, abandonándola a su suerte.
Echó un vistazo al bulto de tierra, sintiendo nostalgia al instante, sintiéndose tan sola.
«Lo lamento, Galic. Hago lo mejor que puedo, pero, lamento en serio que te hayas equivocado conmigo»
Luego de la breve despedida, decidida a arriesgarse, caminó hasta la cueva.
Separó la hierba para permitirse el paso, y se metió. Tuvo que agacharse un poco, pues la cueva no era tan alta como supuso en algún momento.
Bardock se hallaba sentado en el suelo, con la espalda recargada en las rocas de la cueva, y con los ojos cerrados.
Ella se hincó cerca de la entrada, mirándolo detenidamente.
—Siento causarte tantos problemas —pronunció con suavidad.
—Te agrada que te salve —dijo él de repente.
Gine enarcó una de sus cejas al instante.
—¿Qué? —preguntó, un tanto desconcertada.
—Lo pides a gritos cada vez que te expones. —Abrió los ojos y la miró directamente.
La hija de Boc se sorprendió todavía más, si eso era posible. Bardock le estaba hablando en serio, y le era difícil no enojarse ante esas palabras.
Por qué él demonios suponía eso.
Estuvo dispuesta a contestarle y hacerle saber que ese no era su propósito, que tan sólo era una desafortunada saiyajin obligada a acudir a misiones, pero en cuanto volvió a ver la mejilla sangrante de Bardock, aquel instinto salvaje que se estaba despertando en ella para dejarle las cosas claras a ese prepotente macho, se contuvo.
No demoró en acercarse a él.
Y tampoco le pidió permiso al líder del escuadrón, simplemente se arrancó una de las muñequeras dispuesta a tratarle la herida.
Bardock, por su parte, se sobresaltó cuando sintió la tela rozando su mejilla, un tanto porque en verdad le dolía, y otro poco por la cercanía de Gine. Estaban terrible y tentadoramente cerca; incluso, podía sentir la respiración de ella sobre su rostro, pausada, calmada.
—Y a ti te agrada esto —dijo ella, osada.
Aquello no lo esperó el saiyajin, quien, molesto, tomó con suficiente fuerza la mano que lo curaba.
—No eres más que una hembra débil —intentó ofenderla—. ¿De verdad crees que este tipo de acciones van a llevarte a algún lugar? —le habló enfurecido, acercándose cada vez más al rostro femenino.
—No es lo que espero. —Pero ella no huyó, contrario a eso, mantuvo se cara digna en el mismo sitio, sin despegar sus ojos del saiyajin.
Él sonrió con malicia, sorprendido por la seguridad de la niña.
—¿Qué es lo que esperas entonces? —Se acercó un poco más, a punto de rozar su nariz con la de ella.
—¿P-por qué afirmas que espero algo? —Esta vez su voz se quebró un poco, comenzando a ponerse nerviosa.
—Todos esperan algo. ¿Qué esperas tú? —agregó, sugerente.
Gine podía sentir su pecho subir y bajar con mayor rapidez, pero trataba de disimularlo. No tenía intención de que él la viera tan vulnerable, pensamiento que le ayudó a responder de la misma manera que él—: Tal vez lo mismo que tú.
Esas palabras fueron suficientes para que Bardock, sin dudarlo, poseyera nuevamente los labios de Gine. No hubo que romper demasiado espacio, pues ya estaban lo convenientemente cerca el uno del otro. No pudo contenerse cuando ella lo estuvo provocando demasiado. Justo como pensó algunos meses antes; esa mocosa no era tonta, sabía muy bien lo que decía, y sobre todo, cómo lo decía, y no iba a permitir que ella se burlara de esa manera de él.
Le sorprendió que en esta ocasión Gine estaba correspondiendo sin problemas. Estaba besándolo también.
Antes quiso hacerlo, la primera vez que se besaron tuvo el deseo de llevar la situación más lejos, pero ella se lo impidió. Y quedó muy frustrado luego de eso, razón que lo llevó a enfadarse con ella, al punto de no querer hablarle y de alejarla lo más posible de él, pues su olor representaba un gran problema cuando la tenía cerca. En aquel momento pensó que Gine realmente no quería tener nada que ver con él, pero en ese preciso instante, las acciones de ella le decían que no se trató de eso.
Odiaba tener que admitir que ninguna hembra le provocaba las sensaciones que Gine sí con tan sólo tenerla cerca. Su olor era distinto, diferente a cualquier otro que hubiese olido antes, y, sin duda, era el mejor aroma que su nariz había tenido el privilegio de oler. Justo en ese instante, podía sentir esa misma esencia incrementándose paulatinamente, cosa que lo estaba volviendo loco.
Las manos de Gine se afianzaron del cuello masculino, rozándolo con suavidad con la yema de sus pulgares. No tenía intenciones de parar a pesar de saber lo malo que era; no sólo se trataba de un lugar muy peligroso para tener ese tipo de intimidad, sino que también se trataba de su superior. Su mente le decía a gritos que eso era incorrecto, pero su alma ya no le impedía separarse de él. La primera vez que Bardock la besó, fue suficiente para que quedara enganchada a él. Y ahora que sentía las manos de ese tosco saiyajin sobre su cintura, aprisionándola contra él, se dio cuenta de lo mucho que esperó que eso sucediera. Se sentía tan protegida como cuando él la salvaba de cualquier situación; él siempre estaba para ella, aunque quizás él mismo no se diera cuenta de ello.
Tal vez Bardock tenía razón, y le gustaba ser rescatada por él.
—¿Es un buen lugar? —preguntó ella, cerca de sus labios y sin estar totalmente segura de lo que harían.
—¿Quieres cerrar la boca por una jodida vez en tu vida? —fue todo lo que dijo. Seguido a eso, teniendo cuidado —cosa rara en él—, fue empujando a Gine, hasta que quedaron separados—. Quítate eso —le ordenó, sin sonar demasiado estricto, y señalando su armadura.
—¿No vas a hacerlo tú? —inquirió ella, no teniendo la menor idea de dónde demonios estaba sacando tanto valor para hablarle de esa manera.
Bardock frunció el ceño, pero no precisamente porque le haya molestado la pregunta de Gine, sino porque ya estaba lo bastante desesperado y no quería tener que esperar más.
—Yo voy a arrancártelo, ¿es lo que quieres?
Gine se sonrojó notoriamente, agachando sólo un poco la cabeza para evitar que Bardock la viera en ese estado. Ya no alegó más al respecto y, aún dudosa, rozó con sus dedos la armadura, meditando muy bien acerca de ello.
El cabecilla del grupo se estaba desesperando cada vez más, y temía porque ella se arrepintiera en ese mismo momento; era un salvaje, lo aceptaba, pero jamás tanto como para obligar a una hembra a tener sexo con él, así que sin Gine decidía ya no hacer nada más, él no iba a forzarla…, por más que eso le enfadara.
Pero en cuanto vio a Gine sacando su armadura por encima de la cabeza, dejando expuesta sólo una ligera camiseta negra de licra, supo que ya no había marcha atrás; ella realmente estaba decidida a hacerlo.
La saiyajin dejó la armadura a un lado, se alejó un tanto de él y enseguida se sentó sobre el frío suelo.
Bardock la miraba con atención, solo siendo testigo de cómo ella se quitaba las botas de combate, notando al mismo tiempo su inseguridad por tener que retirarse el resto de las prendas y entonces quedar completamente expuesta a él.
Tomando él la iniciativa entonces, también se retiró la armadura. A pesar de que estaba seguro que quitarse toda la ropa no era la mejor idea, realmente quería hacerlo; quería ver a Gine y quería sentirla, quería admirarla y quería recorrerla. Quería a Gine debajo de él y la quería en ese momento. Pero él no podía exigir sin ofrecer, por eso tampoco se quedó atrás y finalmente dejó expuesto ante ella su herido torso.
—Estás muy lastimado —dijo ella, nerviosa.
Y antes de que Bardock pudiese decir algo, Gine ya se había abalanzado sobre él, capturando sus labios entre los suyos de nuevo. Fue puro instinto, pues en realidad por su mente jamás pasó hacer algo como eso, pero, sin medir las consecuencias, Bardock se había pegado en la cabeza con la estructura de la cueva, cosa que le obligó a separarse de ella y sobarse la cabeza.
Pensó que Bardock se irritaría por eso y que el griterío comenzaría en ese preciso momento, pero contrario a eso, él la acercó de nuevo, poseyendo una vez más los labios femeninos, al mismo tiempo en que metía sus manos por debajo de la falda, rozando en el proceso sus piernas. Pudo sentir una ligera descarga eléctrica recorrerle el cuerpo cuando los dedos de Bardock tomaron su licra, dispuesto a bajarla en cualquier momento.
Y él sólo pensaba en que no podía retirarle toda la vestimenta si no quería que los skotein los encontrasen tan indispuestos. Aunque se moría por hacerlo, por verla entera, no podía arriesgarse de esa forma; sólo quitaría lo necesario. Llevó sus labios hasta el cuello femenino, chupando y mordisqueando sin llegar a hacer tanto daño; su desesperación aumentaba y se notaba en lo rápido que hacia sus movimientos.
Gine sólo se dejó llevar, sintiendo los labios de él recorrerle el cuello y sólo un poco más abajo. Todavía no estaba completamente segura de lo que hacía, únicamente tenía claro que no quería detenerse, que ya no podía hacerlo. Ya ni siquiera le importaba el lugar en el que se encontraban, todo lo que quería estaba ocurriendo y no arruinaría ese momento como hizo en otras ocasiones, no cuando parecía que su ser estuvo esperando toda la vida por eso. Dejó de pensar y su sonrojo aumentó cuando sintió las manos de Bardock desprendiendo la licra de su cuerpo, y ella sólo pudo esconder su rostro en el cuello de él un tanto avergonzada. Ya no tenía la licra, ya sólo estaban las manos de Bardock recorriendo sus piernas, acercándose poco a poco a esa sensible zona.
El líder del escuadrón quería encontrarla lista, por lo cual no dudó en llevar un par de dedos hasta su entrada, sólo tocando un poco por encima y luego introduciendo ambos dedos en su estrecha cavidad. Lo que encontró le arrancó una ladina sonrisa; ella estaba tan deseosa y excitada como él.
Sin pensárselo más, y luego de quitarse también la prenda de abajo, la colocó encima de él, dejando las piernas de ella a cada lado de su cuerpo y penetrándola casi al instante. Ya no lo soportó más, quiso hacerlo desde que ella se pegó demasiado a su cuerpo con el pretexto de atenderle las heridas, porque para él eso fue. Le dolía un poco y por sus gestos supo que a ella también; gracias a eso le era fácil deducir que Gine jamás había tenido ese tipo de contacto, y, a decir verdad, esa era la primera vez que él estaba con una hembra así; nunca antes experimentó ese tipo de dolor, que si bien no era para morirse, sí le incomodaba. Trató de ser más cuidadoso con sus embestidas entonces, pues cada quejido de Gine le dejaba saber que no sería nada agradable para ella si continuaba de esa manera.
—Inténtalo, Gine —le susurró, dejándole a ella la labor.
Ésta se mordió el labio, deseando que el dolor pronto mermara, aun así, atendió la indicación de Bardock, comenzando a moverse lentamente sobre él. El dolor no desapareció completamente, y poco a poco se iba acostumbrando a la sensación de tenerlo dentro de ella; no quería moverse con más rapidez por miedo a lastimarse o lastimarlo, pero su cuerpo le exigía más de esa placentera sensación que experimentaba lejos del dolor.
Bardock sintió cuando ella aceleró sólo un poco más el ritmo, indicación de que ya no dolía tanto. La dejó jugar sólo un poco más, porque, ciertamente, estaba haciendo un inmenso esfuerzo por no penetrarla a su manera y así conseguir su liberación. Tan sólo quería que ella se sintiera cómoda. En sus antiguas relaciones, jamás se preocupó por algo como eso, el único fin de esos encuentros era conseguir placer para él y solo para él, y suponía que estaba siendo cuidadoso en ese momento solamente porque era la primera vez de Gine teniendo relaciones sexuales, o eso era lo que quería pensar.
—Bardock —la escuchó gemir cerca de su oído; estaba abrazada a él por su cuello mientras subía y bajaba por la longitud de su miembro.
Una vez más, Gine le volvía loco sólo con sus palabras. No lo aguantó más, y con cuidado la tumbó sobre el suelo, colocándose encima de ella y embistiéndola finalmente a su ritmo. Se movía dentro de ella una y otra vez sintiéndose cada vez más cerca del anhelado orgasmo.
Y entonces pasó, su cuerpo se liberó dentro de ella. Toda la tensión que sintió en algún momento desapareció, siendo reemplazada casi enseguida por ligeros temblores. Se mantuvo encima de ella, respirando agitadamente y todavía no estando dispuesto a alejarse.
Gine también respiró de forma alterada. Aquello había sido lo mejor que le había ocurrido hasta ese instante y no podía creer que hubiera sucedido. Cuando entró al escuadrón nunca imaginó que algo como eso pasaría y mucho menos con su superior, pero, definitivamente, le alegraba que hubiera ocurrido.
N/A: ¡Hola!
Lamento mucho la demora. Según yo, esto tendría que haber quedado desde hace varios días, pero por una u otra cosa no había podido completar el capítulo (pese a que le faltaba muy poco en realidad). Sin embargo, me propuse a actualizar hoy, hoy que se cumple un mes desde la última actualización. En mi país sigue siendo 21 de julio, así que he cumplido.
Por otro lado, refiriéndome a la última escena, no me gusta hacer estas narraciones tan gráficas (creo que no me quedó taaan gráfica) porque temo alguna demanda por trauma..., bueno, por eso y porque me quedan del asco.
Tengo que mencionar que a mí me ha gustado muchísimo este capítulo, quedé muy conforme porque es tal y como lo había imaginado. No sé si sea demasiada acción (en algún momento lo llegué a pensar), pero creo que era muy importante mencionarlo. Además, tengo que decir que se ha convertido en el capítulo más largo de este fic hasta el momento.
Sin más les agradezco muchísimo a todos los que han continuado pendiente de las actualizaciones y que esperan por ellas. Es lindo saber que toman un poco de su tiempo para leer los capítulos. Mil gracias a quienes la han votado en favoritos, a quienes la siguen, y a quienes me dejan conocer su opinión. Por supuesto, no puedo dejar de mencionar a todos aquellos que leen la historia en silencio, porque un view me parece igual de importante que un fav, un follow o review.
Gracias:
Dani1. 9sh, karito, celestia carito, mi hermanita amodoradísima Ary Lee, Sesshi (gracias por apurarme, fuiste pieza importante, te lo aseguro), lauryxBlack, amigo Bidden :), saiyan blood24 y Son Anne.
¡Saludos, y hasta el próximo capítulo!
