Disclaimer: Nada más que los delirios de mi mente me pertenecen, y como los reviews siguen bajos y no valen euros, dolares, bolívares, pesetas, pesos, coronas ni ninguna otra moneda, pues tampoco percibo beneficio económico de descuartizar a los personajes de Rowling como lo hago. Tampoco me hago responsable por los efectos que leer censura M traiga a aquellos menores que la buscan por puro placer y rebeldía ¡Menores de 17, chavales, retiraos!
Tampoco me hago responsable si después de decirte que hay sexo no consensual en los recuerdos (zona totalmente en cursiva en éste texto) de éste capítulo decides leerlo y terminas traumado, llorando, deprimido, u odiandome...
Por cierto,muchas gracias a quienes comentaron en Delirum Tremens ala viñeta 13, Vodka n' Roll, la segunda parte está en camino, pero no consigo el pendrive (patosa me); siguiendo expresas ordenes de Jos Black, trae en exclusiva al trío Sly que abandoné en Backstage xD!
Ok, Ok, Ok, éste capítulo me a sudado la gota gorda. !Y eso que sólo son unas horas en la vida de esta historia!
Hace muchísimo tiempo lo tenía transcrito en una libreta y así lo copié, pero algo no terminaba de ajustar, algo no terminaba de gustarme, lo leí lo editaba, lo releía, lo reeditaba y así seguí, agregando y demás. Entonces lo pasé a la vista web y no me gustaba la estructura... En fin, me dejé de cosas y lo dejé como lo veremos a continuación. Hoy es 21 de Noviembre y no he podido subirlo por un montón de cosas, y no sé cuando más pueda subirlo, tiene dos semanas listo y me revienta no haberlo subido todavía.
En fín, a todos aquellos que seguían la historia, perdónenme, al 21 de Nov téngo el siguiente capítulo casi listo, pero voy a subirlo dos a tres semanas luego de éste, para que veaís que no miento se llama "De Lobos, Memorias y Maldiciones"; por favor, les explico, hace unos meses les llegó una alerta de New Chapter, en realidad era una actualización, edité toooda la historia, ya estamos listos éste es el capítulo nuevo, y quienes no hayan releído ésta historia entre después de la edición de éste mísmo año, por favor, ¡Corran a hacerlo! Había borrado escenas y cometido redundancias y errores de tiempos. No cambié pero agregué algunas cosas que yo daba por sobre entendidas, y a través de mis lectores más cercanos descubrí que nadie había entendido, bueno, tres personas sí... pero no citaré nombres.
Además había borrado accidentalmente una escena del capítulo 8 y la volví a poner, claro que tuve que reconstruirla de cero, un review y memoria jajajaja!
En fin; banda sonora a cargo de Linkin Park (me recuerdo a mi amiga Jos Black, cada que pone Linkin, sabes que viene algo bueno) he tomado para la pareja Granger – Malfoy el tema Points of Authority, y si no lo había hecho antes, es porque un par de lineas de la canción son reveladoras con ellos, pero ese el el tema de presentación y ending de este fic, como en las telenovelas, un tema para abrir y cerrar la presentación y créditos jajajaja, pero justo en éste capítulo, pues, probablemente me vais a odiar...
Además de Linkin Park también Somewhere I belong, que es el tema del capítulo,
(Jos: Aquí tienes la respuesta al RVW que me dejaste aquí cuando empezaste a leer xD!)
Releyendo el fic me dí cuenta de que nunca aclaré cómo es que Voldemort seguía vivo, ni Sirius, o Remus y Lavender Brown; ni nada, creía haberlo hecho, así que retomando la historia, y como de por sí éste capítulo iba a ser larguísimo, agregué aquí por encimita ambas informaciones, lo mejor que pude sin romper la trama. El secretito de Lav está ya en el próximo capítulo que es con mucho, muchísimo mejor que éste.
Bienvenidos a quienes empiezan la historia ahora, juro que ésta vez no voy a dejarla colgada. Estoy ansiosa por terminar ésta, por un par de proyectos que me están volviendo loca, pero soy fiel a mi misma, no puedo empezar sin retomar mis historias En Progreso...
Advertencia: Lithos y Nani no proponen Mary Sue, ni Rëmm, Alexandros y Anthony presentan Gary Stu... Ya lo verán más adelante.
Los invito a leer; 30 paginitas y pico sin los comentarios; dejándoles como abre boca una frase de un Daimon "redimido" que me encanta, y que describe bien la situación de nuestros personajes:
"No estamos malditos amigos, estamos categóricamente jodidos"
~ Urian ~
Saga Dark-Hunters: Sherrilyn Kenyon
Un Malfoy ¿Mestizo?
Capítulo X
Hermione Malfoy
Linkin Park: Somewhere I Belong
(Cuando ésto empezó no tenía nada que decir, y me perdí en la nada dentro de mi,
(Estaba confuso)
Y lo perdí todo y descubrí que no soy el único con estas cosas en mente,
(Dentro de mi)
Pero toda ésta vacuidad es la única cosa que me queda para sentir
(Nada que perder)
Atorado en un agujero y solo, y la culpa es mía...
Y la culpa es mía.)
Cuartel General de la Orden del Fénix;
Hogar Ancestral de la Familia Black,
#12 Grimmauld Place,
Pentonville Rd; Islington, Londres.
Martes 22 de Octubre de 2002, 03:30 AM
Eran las tres y media de la madrugada cuando el último de los efectivos del Ejército de Dumbledore llegó al cuartel general de la Orden del Fénix.
Lavender Brown alzó la mano luego de pararse en el último escalón y tocó el timbre. Aquella había sido una mala idea, Walbunga Black despertó dentro de su cuadro y comenzó una larga retahíla de insultos, improperios y desaires, gritados a todo pulmón a todo aquel que pudiera, queriendo o no, escucharle. Nimphadora Tonks le abrió la puerta, verdaderamente enojada y con violencia la haló dentro del vestíbulo por un brazo, al tiempo que le gritaba exasperada
-¡No tocar! ¡Entrar directamente!
El vestíbulo era en aquel momento feudo de un pequeño gran caos, por supuesto que todos los presentes continuaban con los trajes con los que habían asistido al matrimonio de Hermione, y así como en algunas fiestas muggles había, en un rincón del estar, un tazón para colocar las llaves de los vehículos; junto a la entrada del salón una consola parecía ser el lugar designado para arrojar pajaritas, corbatines, lazos, fajas, juntas, carteras, guantes, capas, bolsos y otros artículos, como alhajas, chales o cinturones. Miraba esto con curiosidad cuando la puerta tras ella se abrió, empujándola ligeramente y un hombre delgado y alto la tomó por la cintura con ambas manos y la apartó del camino para luego cerrar la puerta empujándola con el pie.
Lavender siguió a Remus, que no era otro el hombre, quien se llevó las manos al cuello y mientras con una se arrancaba el lazo y lo arrojaba en la pila junto con el resto, con la otra abría los botones del cuello de su camisa conforme avanzaba hasta un grupo de butacas apartadas del resto en el fondo del salón. Ella colocó su cartera sobre la consola al pasarla, mientras Remus dejaba en la misma el fajín y las juntas y se pasaba las manos por el cabello alborotándoselo completamente.
El elegante vestido de seda gris con engarce de cristales de Lavender hizo un frufrú al deslizarse sobre la alfombra hasta que alcanzaron juntos, aunque sin haberse hablado todavía, a Ronald Weasley, sentado de cualquier manera en un sillón con el rostro apacible y un vaso de Whiskey en su mano izquierda, un par de mechones rojos caían sobre sus ojos. Pero tras su aparente serenidad, Lavender conocía bien a Ronald y no se dejó engañar, no en vano había sido su novia varios años atrás.
Una de sus manos reposaba sobre el posa brazos y la otra sujetaba el vaso con muchísima fuerza. Sus ojos celestes habían adoptado una profunda tonalidad zafiro y lucía tal palidez que sus labios y pecas habían tomado un color casi cadavérico. Estaba lívido y el frío odio relucía en su mirada como la arrogancia en el rostro de Lucius Malfoy y la locura en el de Bellatrix Black. Los labios formaban una fina y apretada línea, en una sonrisa que ladeaba su curva, pero lo que asustó a Lavender fue ver que conservaba puestos no solo el corbatín, las juntas y el fajín, sino también la chaqueta de su frac, a la vez que extraía un cigarrillo de la cigarrera de plata que Sirius Black acababa de colocar en la mesita auxiliar que reposaba entre ambos y se la pasaba a Sirius y éste a su vez a Remus, para tomar el encendedor.
La misma Lavender le agradeció ambos a Remus al servirse y se dejó caer en el brazo del sillón de orejas que él había pasado a ocupar, cruzando las piernas y reclinándose contra el espaldar antes de rodear las orejas con el brazo libre en un lánguido gesto. Miró a Ronald aspirar y exhalar el humo y supo que el Ron que ella había conocido y de el cual se había enamorado años atrás no se encontraba allí.
-Buenas noches- saludó al fin, fue entonces que Ron se fijó en su presencia, mientras Sirius asentía con su cabeza en señal de reconocimiento Ronald aspiró bruscamente y sirvió un trago de la licorera en otro vaso, tendiéndoselo a ella desde su asiento.
-Lav, Lav, Lav, ¿Gustas?- fue su extraño saludo, enunciado en una engañosamente calma y jovial voz. Ella se estiró para tomarlo, entonces Ron se levantó, señalándole la butaca que había estado ocupando y se reclinó contra la pared.
Sin querer ser maleducada ella se cambió de lugar, tras darle un trago a su bebida miró en torno con curiosidad.
Todo parecía transcurrir como en ralentí, al ritmo de una lectura de suspense.
-¿Acaso han sido convocados el Ejército y la Orden?- pregunta la joven al mirar la afluencia de invitados trajeados aún de la gala celebrada en honor a Hermione y su marido.
-No- responde Sirius con cansancio, mirando el reflejo de la lámpara de pie en la superficie cenicienta de su Firewhiskey. -Pero parece que todos han tenido la misma genial idea de aparecerse por aquí, al parecer no soy el único con la sensación de que esta noche se ha puesto algo grande en movimiento.
-Una sensación de fatalidad- añade Lavender reflexivamente.
-De contundencia- agrega una voz femenina, Lavender eleva la vista al tiempo de darle una calada a su cigarrillo y posa sus ojos en la figura menuda de Luna Lovegood, su rostro pálido, cubierto de pecas rosadas y apenas visibles ya no luce risueño, sus ojos saltones y alegres están entrecerrados en dos pequeñas rendijas y toma de la mano de Sirius el vaso que éste sostiene, vaciándolo de golpe en una matera.
-¡Oye!- intenta protestar el moreno pero ya Luna esta rellenando su vaso y sirviendo una Gin and It para ella.
-Tenia ceniza Sirius, si bebes firewhiskey con ceniza los Downsurfies te darán jaqueca- dice con la paciencia infinita de quien habla con un niño, su cabello rubio cae en cascada sobre su vestido naranja cuando se inclina sobre el Black para entregarle su nueva bebida y vacía un sorbo de su ginebra.
Se quedan en silencio varios minutos esperando, sin saber el qué exactamente, un aire de tristeza y tragedia se respira en el ambiente, poco a poco el lugar se ralentiza, silenciándose, las conversaciones indignadas se transforman en resignados comentarios sobre la perdida de Hermione Granger y su inminente absorción por el bando obscuro, hasta convertirse en callados susurros destinados a hacer menos asfixiante el silencio instaurado.
De pronto los pasos en la escalera alertan a todos, son fuertes, decididos, casi agresivos, los cinco levantan la vista para posarla en la entrada de el saloncito de té, al igual que han hecho los demás ocupantes de dicha estancia, Harry Potter y Ginevra Weasley aparecen en el umbral, recorren la estancia con la mirada y es entonces que Lavender se percata de que Neville y Cho están sentados junto al fuego con Alicia y las gemelas Patil, o de que Cormac McLaggen está serio por primera vez en su vida y sin echarle puntas a ningún otro efectivo de la Orden.
-Es hora- anuncia Harry Potter, posando la vista en Remus y luego en Luna -Remus, Luna, Sirius, Ron; al salón de dibujo- exclama con una autoridad que Ron reconoce de sus pasados viajes y los demás han escuchado en la voz de Albus.
El adalid ha vuelto, el capitán de Quiddicht se ha transformado en el Comandante dispuesto a todo que todos estaban esperando, sólo la perdida de uno de sus Generales a logrado conseguir que el joven se haga las tres trenzas y cuelgue de ellas las cuentas de ámbar, el anillo que indica que vale el doble de su peso en oro reluce al fuego del campamento y el macedonio de pie frente a sus tropas convoca al consejo de guerra
-Lavender, -vuelve a gritar, sacándola de sus fantasías y sorprendiendo a todos- Ginny, Neville, síganme.- Ordena y todos se miran un instante sorprendidos no por la orden, sino por los requeridos, que se ponen en pié en el acto. Los ocho suben, vaciando de golpe sus vasos y dejándolos donde quiera en su camino a la escalera, marcando en ésta sus pasos conforme seguían a Harry, pisando con fuerza y haciendo ruido como si necesitaran demostrarle a alguien que eran fuertes y se mantenían firmes.
Y en cierto modo así era, la misma Lavender clavaba con fuerza sus estiletes plateados de la moqueta y la madera, era como si aquello hubiera despertado a todos de un frío sueño, alertando los sentidos, la sensación de ralentí desapareció al punto. ¿Qué hacía ella allí? ¿Por qué la requerían? Se preguntó mientras alcanzaba el rellano y tomaba camino del corredor a la izquierda, segunda puerta a la derecha. Harry la abrió y la sostuvo para que todos pudieran entrar, Lavender arrojó el cabo de su cigarrillo al aire y lo desapareció con un movimiento de su vara en lo que Sirius soltaba una amarga carcajada.
-Aquí había un cenicero- explicó el moreno mirándola con travesura, Harry se aclaró la voz con impaciencia y todos fijaron en él la atención,
Kingsley Shaklebolt se encontraba tras el escritorio, acompañado de Arthur Weasley y Minerva McGonagall, dos jóvenes, alto, castaño y casi de 30 años él y ella rubia y hermosa, de apenas unos 18, estaban de pie junto a Kingsley, Charlie Weasley rodeaba con un brazo a la joven por la cintura mientras los ojos verdes de ambos reposaban sobre un mapa extendido en el escritorio, varios otros ocupaban las mesas de dibujo y uno cubría la pared, ocultando el tapiz de los Black. Lavender creía haberlos visto en algún lugar. Ronald Weasley percibió su duda y la resolvió.
-Lithos Celsia Darksoul Christakis y Rëmm Costas Darksoul-Zouvelekis Christakis, unos amigos de Charlie, ambos son Inefables - fue todo lo que dijo el pelirrojo.
Cuando Sirius volvió su vista sobre su ahijado descubrió que además junto al mapa se encontraba el pensadero de Dumbledore, aquél que le heredara a McGonagall y que se utilizaba para examinar las memorias de los combatientes luego de una batalla para estudiar mejor a los Mortífagos y planear nuevas tácticas de guerra, y junto a éste reposaba una caja labrada que Lavender no había visto antes; sin embargo Sirius fijó la vista en el palisandro labrado y en el frasco de Skellegrow que reposaba al lado, una substancia a medio camino entre líquido y sublimado estaba remolinado en el Pensadero, denso de un tono más negro que plata, pero aún brillante e intenso. Harry atrapó la mirada de Sirius.
-El pocionista- le escuchó decir - los Inefables están comprobando que todo sea auténtico, la de Hermione pasó las pruebas, pero esa la estoy dejando para el final, quiero ver primero toda la mierda y luego drenármela del cerebro con lo que sea que le hallan obligado a decir- bramó Harry con violencia, sus manos apoyadas en puño sobre el mapa presentaban la lividez propia de la furia y la fuerza con que los apretaba, el cabello, largo hasta los hombros le caía salvajemente sobre los ojos, obscureciendo su faz y velándolos hasta ser no más que destellos esmeralda contra un fondo obscuro.
Una extraña sensación recorrió la piel del pecho y los brazos cruzados de Lavender sobre el mismo, alcanzó los hombros y subió hasta su rostro, a suerte de calor y presión entremezclados con una ligerísima urticaria. La castaña dirigió la mirada hacia Harry, segura de que era la fuente de la manifiesta mirada y lo encontró, no más que brillos verdes en su telón negro, fijos en sus ojos, anclándola, era la mirada del Harry obsesionado con la obscuridad y la muerte, ardiente de deseos de venganza del sexto curso, mezclada con la determinación del Joven instructor del E.D. en quinto curso y el fuego Gryffindor que le dominaba cuando años atrás había enviado un Avada Kedavra al pecho de Voldemort.
"Maldito Voldemort" pensó Lavender, "Todavía guardaba un último Horrocrux" había hecho siete, no seis, y Harry había sido el accidental Octavo. "Tres días, por tres cortos días te creímos muerto, por años estuviste comatoso engendro del demonio y entonces la muy maldita Bellatrix se levantó de entre los muertos con un artificio igual y te llevó con ella a quién sabe dónde. Umbridge no juzgó a los tuyos, mantuvo el camino llano para esperarte, pero esta vez no tendrás tanta suerte"
Ella conocía esa mirada como el que más… había visto a Ronald mirar así a Hermione a través del comedor, era la mirada de Minerva en el campo de batalla, la de Harry a Ron y Herms, la de Neville a Luna y Ginevra, la de Ginevra ante la batalla, la de Remus y Sirius… Y Harry Potter se la dirigía a ella. Sabiendo lo que esa mirada significaba asintió aceptando, luego el ritual se repitió con Ginevra y Charlie, luego cruzó mirada con Ron y él también la miró con intensidad, volvió a asentir…
Si… cuenten conmigo…
-Cambios serán hechos- anunció entonces Harry con rotundidad mirándolos a todos -Nuestros métodos deben cambiar, evolucionar, ajustarse a los tiempos modernos y a nuestras necesidades especiales.
Un asentimiento general entre los jóvenes se elevó en el saloncito de dibujo, dejando atónitos a los mayores, que lucían escépticos. Las siguientes horas las pasaron conversando, debatiendo, discutiendo, planificando y reestructurando a la Orden de la Luz…
Como en una moderna sala audiovisual de aquellas en que los gamers chequean sus partidas guardadas o los ejércitos preparan y analizan las misiones previas para programar las futuras; y siempre a indicaciones de Harry o Ronald, Charlie y Rëmm Darksoul estuvieron proyectando imágenes de planos tridimensionales de distintas estructuras, Ronald proponiendo estrategias, Luna; irónicamente; manteniéndoles a todos los pies sobre la tierra cada vez que se elevaban demasiado, hablando más por el fervor y el calor que por la mente racional, y Lavender, cuya abuela era muggleborn, hablando toda la madrugada de armas y lugares, municiones y uniformes; mientras Lithos Darksoul recogía la memoria de Severus Snape luego de terminar de examinarla y metía la cabeza de nuevo en el pensadero tras volcar en él la de Pansy Parkinson.
La llama de la revolución se había encendido, y ésta vez, La Orden del Fénix no mostraría compasión.
Nacía una nueva alborada.
Gin and it: Cocktail ingles consistente de Ginebra y Vermouth italiano.
Residencia Parkinson
Aquae Sulis, Bath, North East Somerset
Martes 22 de Octubre de 2002, 07:03 AM
Linking Park: Points of authority
(...You like to think you're never wrong
You have to act like you're someone
You want someone to hurt like you
You want to share what you been trough
(you live what you learn)...)
Hermione despertó con un fuerte dolor en su cabeza y la sensación de un calor ajeno extendiéndose por el costado derecho de su cuerpo. Alzó los dedos de su mano izquierda y los llevó hasta su nuca, masajeando la piel hasta encontrar el broche enredado en su cabello, recordaba habérselo puesto para conversar con su nuevo marido mientras bebían un par de copas, y haberse recostado cuando su bebé se movió tan fuerte y repentinamente que le ocasionó un estallido de dolor por todo el abdomen. El aire cálido que sentía golpear en su hombro la hizo girarse y encontrarse de cara con el rostro dormido del rubio. ¿Había dormido allí con ella?
Miró el broche con indiferencia antes de dejarlo caer sobre la mesa de noche y trató de incorporarse pero un peso la retuvo en el mismo lugar. Cuando sus ojos enfocaron hacia abajo pudo apreciar el pálido brazo cubierto de un bello casi blanco que la retenía en su posición, el intento de movimiento despertó a su bebe, que se removió, estirándose dentro de la matriz a una velocidad que la dejó sin aliento. Reprimió un gimoteo y el brazo en torno a su redondo abdomen sé movió, colocando ligeramente la mano sobre el ombligo y aplicando una tenue presión, ante la cual el bebe se recogió sobre sí mismo de nuevo. Aquello relajó la tensión de la muchacha y la obligó a encarar nuevamente a Draco.
-¿Mejor ahora?-preguntó él adormilado, recorriendo con sus ojos acerados el rostro de la mujer, su aliento rozando la piel del cuello -Anoche descubrí que se relaja al hacer eso, estuvo revolviéndose toda la madrugada y parecía estarte lastimando.
-Gracias. - la palabra le salió ahogada, un nudo apretaba su garganta y las lágrimas ardieron detrás de sus párpados, pero se contuvo de mostrar su turbación ante él.
No podía darle más poder sobre ella.
-No olvides tu poción- recordó el blondo con voz suave, ese tono contenido que los humanos utilizan para mantener un trato cordial con personas con las cuales no están del todo familiarizadas cuando la cortesía obliga.
-Gracias- repitió ella mientras Draco Malfoy, su marido, se obligó a recordar con algo de temor; se incorporaba de la cama y caminaba rumbo al escritorio perfectamente descalzo y se servía una copa de Brandy.
Hermione pudo notar entonces que él llevaba su camisa abierta, la misma que había llevado durante la noche anterior, tuvo un vistazo de su pecho desnudo como el caminaba hasta la puerta del baño, sudor frío cubrió su cuerpo pero ella se las arregló para controlarse.
-Tenemos que estar en el desayuno a las ocho, tu nuevo... entrenador personal estará acá para desayunar con nosotros y comenzar a prepararte en serio luego con el resto de los Cuervos Negros.
-¿Cuervos Negros? ¿Cómo los Nazis?
Draco se detuvo en la puerta del baño y la miró sobre su hombro.
-Así que de allí venía el nombre, pues, no sé me imagino que sí, como los Nazis, ya me parecía haber escuchado ese término antes, por supuesto en alemán suena un poco distinto. -comentó con indiferencia antes de terminar de vaciar su copa y dejarla en una consola junto a la puerta.
Una vez que Draco se hubo encerrado en el cuarto de baño Hermione cerró los ojos y luchó por relajarse, la simple visión de él con la camisa abierta no podía...
Se quedó congelada mirándose las manos, húmedas y temblorosas, petrificada por sus recuerdos; perdida en una imagen de él con el pecho desnudo, completamente desnudo, cerniéndose sobre ella...
Sacudió la cabeza para enterrar de nuevo esas memorias en lo profundo de su ser y se bajó con cuidado de la cama, caminando hasta el enorme armario. Seguramente los elfos de Mansión Parkinson se habían ocupado de organizar sus ropas y las de su "marido" dentro de la gran caja ornamentada que venía a ser su mueble de vestidor. Pansy había querido darles habitaciones contiguas conectadas por una puerta interna, con sus baños y vestidores separados y una enorme ante-cámara conjunta, pero Hermione había escuchado a Voldemort ordenar que se les dieran las habitaciones de esa planta, todas antaño infantiles.
Abriendo el armario se encontró con que su parte del mismo lucía casi vacía, comparada con la ridículamente enorme cantidad de ropa de Draco poseía. Miró al reloj y descubrió que tenían poco más de cincuenta minutos para hacer las abluciones de la mañana y presentarse correctamente vestidos a la mesa y decidió darle una prenda de paz a su marido, para que la conversación que habían girado la pasada noche no quedara en trastes, él había hecho su parte ésta mañana y ella tenía la intención de continuar llevando la fiesta en paz tanto tiempo como se les hiciera posible.
No pretendía engañarse, ambos eran agua y aceite, ácido y alcalino, verde y ro... Hermione Granger sonrió genuinamente al darse cuenta de un pequeñísimo detalle, en los hados naturales, fauna y flora, verde y rojo iban muy bien de la mano, ácido y alcalino podían estabilizarse con una base neutra en las correctas proporciones, agua y aceite podían emulsificarse si se les daba la correcta sacudida...
Pasando una mano por su cabello esponjado, Jane miró los elegantes trajes de Draco y unos que no eran de etiqueta, aunque tenía bastante ropa casual, ella no recordaba habérsela visto llevar en muchas ocasiones, por lo que estiró el brazo y cogió un traje muy similar a los que llevaban los ejecutivos muggles, sin solapas en el cuello, que más bien le recordó a los que solían llevar como uniforme en las universidades japonesas. Era un tono azul Navy, lo dejó sobre la cama, colocando también un cuello vuelto gris plomo y de paso extrajo de una gaveta un par de calcetines y un bóxer, todo ello del color del jersey.
Había colocado también, al otro lado de la cama, un vestido camisero hasta los tobillos en color violeta y ropa interior a juego. Podía escuchar el agua correr en el baño y se sentó a desenredar su cabello. Para cuando terminó se dirigió de nuevo al vestidor para sacar unas sandalias de tiritas muy finas que Pansy le había pasado. Necesitaba ropa nueva, y dentro de poco necesitaría más que sólo un par de vestidos nuevos, pero lo mejor era no preocuparse aún por ello.
Acababa de tomar el calzado del fondo del armario cuando la puerta del baño se abrió y una nube de vapor le golpeó. Había sido tan abrupta aquella apertura que ella saltó y se giró asustada. Pero la visión de Draco con el cuerpo cubierto por nada más que gotitas de agua y una toalla color vino le secó la boca, su pulso se aceleró, las palmas de las manos y la frente se le cubrieron de sudor frío y se quedó allí, estática, viéndole sin observar nada realmente.
Draco caminó con paso lento, secándose el cabello con una toalla mientras se acercaba a la cama y miraba lo que Hermione había hecho por él. Nadie había tenido esas atenciones con él en mucho tiempo, y el hecho de que ella lo hiciera era una muestra de buena fe, de que las palabras dichas, las reglas impuestas, los acuerdos celebrados la noche previa estaban realmente allí para cumplirse, como Narcissa Malfoy siempre decía "No es un asunto de querer o gustar, se trata de comportarse a la altura de la situación que se nos presente". Pensándolo bien, su madre se abría avergonzado de él si hubiera sabido el trato que le daba a la sang... a Granger en sus años en Hogwarts.
Su madre odiaba, y evitaba siempre, los malos tratos y las descortesías, evitaba como a la muerte los insultos y descalificativos, a no ser que por alguna absurda razón, su padre estuviera presente y esperando su apoyo, aunque Draco seguía sin comprender cómo Lucius podía preferir que se rebajara de su condición de auténtica dama a que se mantuviera en distante silencio.
Fuera de él mismo, Granger tampoco era una mujer de agravios e insultos, tal vez, ambas mujeres podrían hasta parecerse un poco...
Por supuesto poca culpa tenía Granger de haber sido formada por una familia de liberales muggles que le habían dado poca importancia a la etiqueta y al protocolo, pero por otra parte ese era un asunto menor y se solucionaría sugiriéndole a Snape, Voldemort o a las mismas chicas de la Unidad "Cuervos Negros" que su esposa debía pulir esos conceptos, lo incluirían en su formación, junto con alguna preparación musical y algún talento femenino que luego pudiera utilizar en sus misiones... ¡et Voilá!
Ganan todos, nadie se siente aludido, una esposa pulida y sofisticada... por que eso si había que contárselo a la Granger, la lógica e inteligencia eran naturales y afines a su persona...
-Gracias, Jane- pronunció cada palabra cuidadosa y sinceramente, pero tan pronto su voz flotó por la habitación el sonido de algo chocando pesadamente contra madera y un sollozo ahogado de su esposa le hicieron girarse inmediatamente a mirarla para hallarla pegada contra la puerta del vestidor, aplastándose contra ella como si quisiera fusionarse a ésta.
El movimiento brusco de Draco la hizo reaccionar nuevamente, pegándose a la madera todo lo humanamente posible, haciéndose más pequeña contra ella.
-¿Jane?- preocupado él la observo atentamente mientras se acercaba a ella, tenía las pupilas contraídas de temor, el pánico bordeaba su rostro, su pulso debía estar disparado, a juzgar por el modo en que el hoyuelo bajo su traquea aleteaba frenético.
Le miraba a ÉL con pavor, como si pensara que se abalanzaría sobre ella en cualquier momento a hacerle daño, Hermione nunca le había mirado de ese modo sino aquella vez en el campamento de los Muggleborne y aquella noche meses atrás cuando...
Maldiciéndose a si mismo y a su imprudencia y estupidez, Draco caminó de regreso a la cama, tomo las ropas y los zapatos frente a ésta que ella le había preparado y entró al cuarto de baño encerrándose con un trancazo.
Para cuando volvió a salir, adecuadamente vestido, Hermione continuaba en el mismo lugar, como catatónica, con la mirada clavada en la puerta del baño, mirando a través de él como si no estuviera, como si su mente atormentada estuviera atrapada en otro lugar.
-Hermione- la llamó, pero ella rompió a llorar, sus sollozos se mezclaban con gemidos lastimeros y exclamaciones sin sentido, sonidos estrangulados, balbuceados de las que era imposible sacar una palabra coherente, llevando una mano a su cuello y la otra a su corazón, aterrorizada, viviendo una pesadilla, Draco supo que su mente estaba sumergida en los recuerdos.
Residencia de Hermione Granger,
Camberwell New Road, Walworth, cerca de Charing Cross, Londres Muggle,
12 de Abril de 2002, 28 semanas atrás:
Linking Park: Points of authority
(...) Tu amas el modo en que te miro
mientras tomas placer de las horrendas cosas que me hiciste atravesar,
Tu te retiras si yo me adentro,
mi vida, mi orgullo está roto (...)
-Mírame sangre-sucia- exigió el rubio, todavía sujetando su torso y sus brazos con las piernas, ahorcajado sobre su estómago, como si temiera que luchara, a pesar de haber sido maldecida con el Imperius.
Sus ojos involuntariamente se dirigieron a él, cuyas manos estrujaban una su garganta y la otra su cabello, tirando para atrás en su nuca, manteniéndola levantada de la cama, el peso del rubio sobre su diafragma tan opresivo que sentía la necesidad de jadear en busca de aire, pero simplemente éste no entraba, la cabeza la sentía hecha un caos, dolor de los golpes y de los tirones a su cuero cabelludo, presión y peso en las sienes y tras los ojos, la garganta le dolía por el peso, el trabajo de respirar, la nausea contenida por el asco y el miedo, el calor del hombre sobre su piel y la ruda, firme dureza rozándose contra su abdomen, las nalgas y la ingle de él sujetándola pesadamente contra el colchón en el que nunca antes un hombre se había posado, sobre un cuerpo y una piel nunca antes tocadas.
-Ah, la deliciosa señorita Perfecta Granger... ¿Sabias que en Hogwarts se corrían apuestas sobre cual de los imbéciles te desvirgaría? ¿Potter o Weasel? ¿O se les adelantaría McLaggen?- la risa ronca que brotó del pecho de Malfoy retumbó en el departamento, uno de los mortífagos que le acompañaba se acercó a la puerta de la recámara
-¿Qué debemos hacer, señor?- preguntó, la lascivia impregnando cada sílaba de su frase, haciendo estremecer de pánico a la castaña
¿Malfoy de verdad pensaba violarla?
¿La entregaría a los otros para que abusaran de ella?
El terror que podía leer en esos ojos y el tremor en su cuerpo, fueron un aliciente para la ira de Draco, ¿Acaso ese imbécil creía que compartiría a la perfecta Miss Granger?
-Retírense al Cuartel y comuníquele al General Zabini la ubicación de Potter,y que exijo una comprobación del General Nott antes de pasar a la siguiente fase.
-¡Si Señor!- exclamaron ambos hombres, Hermione reconoció la voz de un Ravenclaw con el que veía clases de Runas y todo su cuerpo se estremeció de nuevo.
Estaba allí, prisionera de su mente que gritaba enloquecida por aquel temor e impotencia. La seguridad de la insinuación de Malfoy la entumecía y el haber enviado a los otros lejos no alivió su pena en lo absoluto.
Ella sabía, intuía que el Draco Malfoy que estaba aplastando su cuerpo no era el mismo joven con el que había estudiado años atrás, no sólo por su edad o su afilada y definida contextura, sino por la mirada en sus ojos, el fogoso deseo que brillaba en los pozos de plomo, oscurecidos casi hasta alcanzar el negro, en el malsano placer que reflejaron los mismos cuando cerró el agarre sobre su cuello y ella suplicó involuntariamente por el dolor.
¿Qué había sido del joven de alcurnia que la miraba despreciativamente?
¿Qué había hecho ella para que él le profesara tanto deseo en medio de su odio?
Sus ojos acero brillaban con la tenue luz de la lampara, la lascivia empañaba el gris, la ira brillaba sobre un trasfondo de locura como flamas de Fuegos Fatuos sobre Hielos Eternos.
¿Había finalmente la influencia de Bellatrix o el horror de la guerra pervertido a Draco de modo que fuera capaz de semejante acción?
Dentro de su mente algo se fracturó cuando percibió la siguiente orden de Malfoy, al cerrarse la puerta tras los Soldados de la Oscuridad, el terror alcanzó cotas indescriptibles cuando vio la piel dorada de sus propias manos elevarse de bajo Malfoy, quien se había movido sobre ella, ahora apoyado en su cadera y clavándose allí para que ella moviera sus brazos, sus dedos finos y delicados abriendo el nudo de la corbata de el blondo, el murmullo ininteligible de las ordenes de él entrando directamente a su mente y su cuerpo respondiendo aún cuando ella deseaba resistirse, el contraste entre su manicura rosa perlada y la túnica negra de botones forrados en tela mientras sus yemas los separaban, el tacto suave de la piel del hombre bajo sus manos.
Que él le ordenara desnudarse ante su mirada desdeñosamente expectante, aumentó su humillación. Probó su propia sangre cuando los dientes del bastardo se hendieron en sus labios en una parodia macabra de un beso, separándolos para que la lengua de él invadiera su boca, un susurro obscuro penetró sus pensamientos, sintió su rostro responder a sus deseos y ella sólo pudo cerrar los ojos, las lágrimas calientes corriendo por sus sienes, alimentando el morbo de él, consumiendo su vergüenza por completo...
Malfoy conservaría para siempre la sensación del placer consumado de ver a la sucia Impura desnuda ante él con sus pechos expuestos, dispuestos a su ordenes, con las líneas de sus venas visibles... el vampírico anhelo de sorber su alma, hasta desquiciarla por completo.
Tampoco podría olvidar el deseo que lo sacudió cuando supo sin lugar a dudas que ella jamás se abría dejado siquiera mirar así por él sin la sádica Maldición...
Las manos de el rubio se acercaron a su cuerpo, rozando, provocando, tentando, en el límite entre el sadismo y la locura, con dedos rudos y firmes presionaba su piel, como alimentándose del dolor de ella, y haciendo que el dolor, el miedo y la humillación ahogaran su alma ya en pena. Su mente intentaba alejarse de allí, refugiarse en el interior de su corazón y ponerse a salvo de las manos invasoras, de las repugnantes órdenes, la traición de su propio cuerpo... De la angustia de su vida, la zozobra del no saber.
Pero todo en vano...
-¿Granger? No te preocupes- susurró, demente, en su oído con un tono cadenciosamente grave en la voz extasiada- El buen Lucius me dió la charla, de lo importante... lo inolvidable que es para ustedes -Las manos del invasor rozaron su centro y su cuerpo por ella maldito se dió a él como lo haría con el de su amante. En ese momento, Hermione se odió a si misma, con toda la fuerza que no poseía para librarse del influjo del poder del Mortífago -¿Acaso no soy un buen alumno? ¿No crees? - sonrió enfurecido, acomodándose encima de ella -No lo olvidarás, Hermione, te lo juro...
Abrió los ojos con pavor y dolor; y su alma se desgarró y gritó al sentir la invasión en su cuerpo, debería haberle dolido, debería haberse resistido, pero aquello era como navegar a la deriva en un crucero durante un remolino... Sin importar lo que hiciera, pensara o deseara, sin importar lo duro que intentara, estaba en algún rincón allí adentro, aislada, separada de un cuerpo que respondía a Draco Malfoy con humedad y regocijo mientras el alma veía impávida lo que ocurría; se destrozaba y caía en pedazos... la repulsión que sintió hacia él y hacia si misma sólo comparadas con las que él le había demostrado desde que podía recordar...
Se preguntó, en medio de aquella locura a dónde había ido a parar aquel asco que ella le produjera cuando eran unos niños, recordando el modo en que el se había limpiado la piel tras su accidental contacto cuando no contaban mas de doce años, se preguntó cual pecado había cometido contra él, contra Dios, contra quien, para que ni siquiera se le permitiera el alivio de luchar contra su castigo.
Pero aquello no había sido lo peor...
En algún momento Draco reaccionó violentamente ante el rechazo en los ojos de ella, la ira burbujeando en su pecho, ardiendo en su tripa, ¡la maldita le rechazaba! ¡lloraba ante su posesión como si él no fuera digno de tenerla!
Con ira, Draco Malfoy empuñó una mano, antes de poder contenerse la descargó sobre el pecho de la impura y la satisfacción que sintió al liberar aquella frustración y energía enajenaron aún más su mente, convirtiéndole en una bestia desenfrenada, buscando placer de cualquier forma, desahogando en ella sus iras y enfados hasta que frenético simplemente siguió poseyéndola, mirando con amargo regusto las marcas que sus manos y sus dientes habían dejado sobre su cuerpo...
Hacía rato ya que el cuerpo de ella no respondía al suyo, pero seguía víctima de su dominio sollozando, gimoteando, laxa de las extremidades mientras su respiración la agitaba en medio de los paroxismos de su terror, inundada de dolor. Los irises avellana se habían oscurecido casi al negro, más las pupilas estaban contraídas de terror, el rostro crispado, lineas de tensión en torno a sus ojos y labios, y decidió borrarlo, hacerlo todo de nuevo, forzarla a besarlo y hacer que cerrara esos ojos malditos que le acusaban.
Había sangre entre sus cuerpos cuando alguien asió a Draco desde la espalda y lo separó de la muchacha, en medio de la niebla enfurecida y el frenesí de su locura no supo quien había sido, atacó sin mirar a donde y cuando Blaise le golpeó con un hechizo y todo se desvaneció en negro lo único que pudo registrar su mente maldita fue la mirada de pánico de la muchacha...
El Presente:
La misma mirada que desfiguraba su cara ahora.
-Jane- susurró de nuevo Malfoy dándole una suave sacudida al tomarla de los hombros, ella pareció reaccionar, enfocando sus ojos de pronto en él.
Teniéndola así de cerca, su vientre rozando el abdomen de él, su piel estremeciéndose bajo la propia, fue que Draco Malfoy pudo apreciar al fin las consecuencias de su actos, las marcas que su momento de locura habían dejado sobre ella y algo en lo profundo de su ser se estremeció junto con ella.
Habían señales de rasguños allí dónde sus manos habían arañado la piel inmaculada de ella, marcándola, deseando destruir su perfecta pureza, su pura perfección, el labio inferior estaba hendido en el centro dónde se había partido bajo sus nudillos, marcas de dientes lo afeaban donde antes había sido suave como un melocotón y hermoso como pétalos de rosadas rosas, en el cuello habían más señales de mordidas, en las clavículas, Draco posó las manos sobre sus hombros y apartó ligeramente la tela para ver el camino de destrucción que había sembrado.
Hasta entonces, sabía que había sido un maldito bastardo, sabía que había destruido una parte de ella, en medio de su arrebato lo había hecho a sabiendas, se había despreciado por haber caído tan bajo, por haber ido tan lejos, había despreciado sus actos y hechos, había sabido que había rebasado todas sus barreras y los extremos, que se había colado en un lugar dentro de ella donde sería para siempre odiado, temido y posiblemente maldecido, maldito, era un maldito y estaba maldito, y los sabía.
Teóricamente...
Por que hasta ese momento no había reparado ni siquiera en las señales físicas imperecederas, para siempre grabadas en el cuerpo de ella, había querido dejar su memoria, su estampa, su huella... Y lo había logrado ¿Pero a qué costo?
Nunca hasta ahora había podido imaginar la magnitud del daño que le había hecho, la profundidad de las heridas que había tatuado en su alma. Nunca había sido testigo de las verdaderas y reales, autenticas, imborrables... Eternas.
Hermione Granger había sido su rival más par, dónde Potter y Weasley habían caído una y otra vez, ella se había mantenido firme, había permanecido firme, fríamente lógica, digna y estoica... Y él le había arrebatado todo ello, en unas pocas horas había transformado a la persona que siempre había sido su único digno adversario en ésta masa temblorosa y retraída de ser humano que se apretaba absurdamente contra el mueble para apartarse de él tratando de mimetizarse con el entorno, absorbiéndose en el interior de su concha.
Y lo había hecho de la forma más deleznable y rastrera, sin premeditación pero con alevosía, la había encantado, hechizado, maldecido dejándola a su merced, arrebatándole la oportunidad de luchar, de protegerse, había cortado todo conato de resistencia y había utilizado su propio cuerpo para traicionarla, haciéndola con un pase de su vara impotente...
Aquello no había sido solamente una humillación, había sido un tormento, la cúspide inhumanamente mágica de los martirios. No se había limitado a reducirla por la fuerza, ganando una batalla y tomando el botín como un salteador... Él había...
¿Había una palabra para aquello?
Draco Malfoy pudo ver en ese minuto el tamaño del maldito en que se había convertido a si mismo y recordó las palabras de su amigo Blaise, si alguien hubiese hecho con cualquiera de las mujeres de su vida y entorno lo que él, le habría despachado sin miramientos, habría vengado el honor de su madre y el de Pansy, e incluso habría matado por cualquiera de las otras horripilantes mujeres con las que tenía que compartir su vida, si alguien hubiese tomado la candidez y la inocencia de Astoria y la hubiera apagado como a una luciérnaga encerrada el habría...
Pero nunca había figurado el grado de destrucción que su acto había logrado, había pensado en la humillación, en el odio y el deseo de venganza, ¿pero que otros mecanismos había activado? ¿qué otras heridas no visibles había excavado? ¿cuan abiertas y escocidas estaban?
No estaba haciéndole daño, lógicamente su esposa -que enorme y contundente palabra- sabía que no estaba intentando herirle, instintivamente sabía que ella no había percibido en los actos y acercamientos de él esa mañana ningún peligro, pero su mente era otra cosa, la había transportado al pasado dónde él no era sólo el maldito mortífago sino la bestia sangrienta, el imbécil hijo de perra poseído por mil demonios, el saqueador de templos, el destructor de bondades, bebedor de sangre maldecido por la eternidad, alimentándose de su pena, de su derrota, de su humillación y su impotencia...
Draco se maldijo... Su obra, sus actos, su conciencia, su mente, su vida, su propio nacimiento, maldijo a su padre y estuvo a punto de hacerlo con su madre cuando se encontró con que ella era sagrada, su progenitora, la dadora de vida, la MUJER de su vida por el simple echo de habérsela dado, más allá de Lucius o los Black.. era ella, su madre... SAGRADA, INTOCABLE, BENDITA, DIVINA...
Él, dios lo castigara, había tomado a ser bendito, a un ser puro, inocente, bendito, sagrado... y lo había reducido a...
Draco Alexander Malfoy, hijo de Black retrocedió horrorizado ante su propio ser...
¿Qué demonios lo había estado poseyendo? ¿Como, en nombre de todos los Dioses, se había conducido tan lejos, mas allá de todas sus convenciones, creencias, convicciones y enseñanzas?
Draco había sabido que se encontraba desquiciado, y todos los amigos que le quedaban lo sabían, habían sido testigos de uno o mas de sus arrebatos, alguno más preocupante que el otro; pero recién acababa de encontrarse con un preocupante detalle: Él no había considerado jamás el detrimento a su conciencia, sabía que su moralidad se había perjudicado, sabía que sus valores habían sufrido debido a su exposición a la guerra y a las consecuencias de las decisiones que él había tomado...
Pero había ido más allá de eso... había sufrido accesos de ira que lo habían "cegado" proverbialmente e impulsado a cometer actos de una vileza que aún a él le sorprendían, y lo verdaderamente preocupante era el modo en que se había mantenido firme en su decisión de no encarar las consecuencias de sus actos, el modo en que había abrazado su perversión y sus consecuencias sin ser sinceramente conocedor de la dimensión de éstas.
No había estado preparado para encarar las consecuencias reales de sus actos, pero Hermione Granger, apenas una de sus víctimas, estaba ahora allí, con él, unida involuntaria e irrevocablemente a él, por la extensión de sus vidas futuras, y él se veía cara a cara con el resultado de sus deseos.
Hermione sollozó mirándolo tan cerca de ella, Draco llevó un mano a su mejilla. Cuando ella se apartó el llevó ágilmente su diestra al cuello de ella, en la nuca, enredando los dedos justo en el cabello que nacía de la base de su cráneo y la fijó allí mientras su mano izquierda se ajustaba en el dorso del cuello, los dedos rodeando la esbelta columna firmemente y el pulgar en sus labios, la barbilla de ella apoyada en el hueco entre éste y el índice inmovilizándola con firmeza y sin violencia, no quería imaginarse lo que utilizar más presión u ocasionar dolor podría desatar en ella ante esos recuerdos.
-Shhh- Él observó con cuidado sus ojos castaños notando sólo entonces las líneas café que recorrían el terciopelo dorado de sus irises, las negras y delgadas franjas que se afinaban hasta simples líneas conforme sus pupilas contraídas se relajaban, ensanchándose las café y unas más claras, incluso más doradas que el propio iris, el conjunto de sus ojos ámbar en ese momento, nítidos a causa del pavor y las lágrimas que seguían fluyendo, cuando él siempre las había mirado de color avellana, chocolate en momentos de intensidad y café en la oscuridad de la noche, cuando sólo el fuego de antorchas, velas o chimeneas iluminaba su rostro. Ni siquiera en la semi-penumbra de su habitación, aquella noche maldita y febril, él se había tomado la molestia de distinguir los matices de ámbar, dorado, café, chocolate y avellana, o esas ligeras líneas color cáscara de nuez que acababan de aparecer mezclándose con el terciopelo de fondo.
-Por favor... - ella enfocó bien sus ojos en los suyos, su mirada cargada de súplica y temor - no, por favor no - sollozó, su voz apenas un susurro incapaz de viajar muy lejos en el viento. El rubio sintió que amartillaban su corazón cuando comprendió aquellas palabras.
-No pasa nada Hermione - susurró a su vez, acariciando con el pulgar su labio, la cicatriz hendida que él había provocado, afeando sus facciones -Todo está bien ahora.
-Yo.. - él aprovechó su titubeo para soltar la mano de su cuello y llevarla a su mejilla con trémula delicadeza, le sorprendió notar que a pesar de ser visibles desde esa cercanía, las marcas que la surcaban no cortaban la sedosa textura de su piel.
-No volveré a hacerte daño Hermione- usó su nombre con toda la intención, quería que volviera a ser consciente de quién era él y quién era ella -No volveré a hacerlo.
-Draco...- el nombre se le atoró en la garganta con un sollozo que ella rápidamente reprimió, llevando sus manos a su rostro y borrando las marcas de humedad, mientras sentía las manos de él sobre su cuerpo, el modo en que inmovilizaba su cabeza y sus dedos se deslizaban por sus labios, su mejilla y su nuca -dejame ir, por favor.
-¿Te sientes mejor?- preguntó con voz suave, mirándola con mucha atención, el temblor había disminuido y su pulso estaba casi totalmente relajado.
-Si- dijo sin mentir, esforzándose por quedarse allí entre él y la puerta del armario, conforme un curioso vacío colmado de hielo se extendía desde el centro de su pecho hacia el resto de su cuerpo, entumeciéndola y embotándola- ya estoy calmada, creo que tuve un pequeño colapso.
Se sentía atontada y sorprendida de sí misma, después de aquellas primeras semanas en "La Madriguera" dónde no había hecho más que llorar, ella no había vuelto a hacerlo. La constante cercanía de los Weasley, Harry, Remus y Sirius le habían obligado a hacer frente al primal terror que había sentido en los primeros días ante la cercanía de cualquier hombre y luego la necesidad de fingir normalidad en el campamento serviría para evitar cualquier demostración de debilidad, dolor o temor. Pero ahora la visión de él desnudo había volcado todo ello de nuevo en ella, no podía dejarse llevar por ese temor de nuevo, de debía permitirse que aquello nublara su mente y afectara su juicio.
"Sucedió, si, Hermione, pero sólo es un recuerdo ahora, un lejano recuerdo, malo, como la fractura a los 8, o los Cruciatus de Bellatrix Lestrange hace unos años, no es nada, un mal recuerdo, un mal sueño" se dijo a sí misma, mirando los ojos dolidos de Draco, arrepentidos, casi se ríe de la ironía de aquello, bajó sus manos al pecho de él y aplicó una suave presión para separarlo de ella.
-Estoy mejor esposo- le dijo con voz mas clara ante la mirada crítica y analítica de él
-Nunca volveré a hacerte daño Hermione Granger, te lo juro- dijo el blondo retrocediendo sin apartar los ojos de la mirada límpida de ella que sobresaltada le miró un tenso momento antes de apartar con brusquedad las manos de él.
Llevando las manos a su vestido, desató la cinta que ajustaba la tela a su piel y dejó que se deslizara por completo hacia el suelo, dejando a la vista su busto sostenido por las copas forradas de un diáfano camisón que llegaba justo hasta debajo de sus rodillas, atado al frente con cintas en lugar de botones. Mientras los desataba se giró de nuevo al vestidor, tomando lo que había ido a buscar, arrojando las sandalias en la moqueta y el resto sobre la cama conforme hacía su camino al cuarto de baño.
-Conozco tus juramentos Draco Malfoy.- dijo de un modo enigmático dejando caer el camisón al suelo, al cual siguieron las bragas, regadas a su paso hacia la bañera enorme de bronce que estaba al final del mismo.
Ésta recámara, con su cuarto de baño, era muy parecida a aquella que ella había ocupado durante los días anteriores, los materiales de la construcción y los colores de la decoración era los que suponía algún cambio, pues incluso la disposición de los muebles y demás objetos era bastante similar. Se sentó en el borde de la bañera y giró las griferías doradas hasta obtener agua tibia a su agrado y se quedó allí, jugando con el chorro mientras se llenaba.
Draco se había quedado estático, mirándola desde su lugar junto al vestidor, pasmado por el violento cambio que se acababa de operar en ella ¿Por qué de pronto no le incomodaba la desnudez frente a él?
¿Acaso era suficiente la ceremonia de la noche anterior y la alianza en su dedo para que ella asumiera esa situación como normal? Se preguntó.
Pero Draco Malfoy tenía mejor criterio que aquello, y supo que sin lugar a dudas, un cambio enorme se producía en su relación, no en aquel matrimonio inexistente o en su co-alumnado en Hogwarts, o en su participación en la guerra, sino en la relación que como seres vivos habían manejado hasta ahora. Que a partir de ese día las cosas serían diferentes entre ellos dos, al menos a corazón abierto y tras puertas cerradas.
Al pensar en la relación que les había caracterizado hasta la tarde pasada se le vino a la mente un poema que escuchara de labios de su madre, en una de aquellas noches de lectura pasadas junto al fuego del salón antes de que él se marchara a Hogwarts:
"Acostumbrados, uno a arrollar, el otro a no ceder, angosta la senda; inevitable el choque... ¡No pudo ser!"
Si, ellos habían sido así, como el Huracán y la Torre, como la Olas y la Rocas, habían chocado una y otra vez, pues era inevitable si ninguno de ellos se apartaba o cedía ante el arrollador paso del otro, y ambos estaban acostumbrados a arrollar y no ceder...
Pero la verdad de las cosas era mucho más sencilla-compleja en realidad y Draco lo sabía, ella sabía que él lo sabía, y el lo supo en la mirada vacía que ella le dió mientras lavaba sus dientes antes de volver a la tina. Draco ya lo había mirado, tomado todo de ella, no tenía sentido que ella se ocultara o se cubriera de él, como tampoco tenía sentido que se ocultara de su marido, que se cubriera de su esposo... Fría y pura lógica.
Ella le atravesó de nuevo con la mirada mientras se adentraba en la tina, lo que pasaba por su mente, tras sus ojos tristes, Alexander lo supo con la misma certeza que si ella se lo hubiese dicho ¿Qué sentido tenía? No tenía ninguna importancia realmente...
¿Qué importancia podían tener cosas como el pudor y la virginidad cuando podían ser arrancadas tan fácilmente? ¿Qué valor real tenían si no podían ser resguardadas? ¿Cómo la modestia podía ser mínimamente importante, resaltable, real, cuando podía alguien arrebatar estas cosas, desflorar a una joven, usar el cuerpo de un ser humano como si fuera un objeto? ¿Qué maldito valor tenían cuando había desgraciados como él que podían tomarlos sin el más mínimo miramiento?
Simplemente se quedó allí, mirándola hacer, recorriendo con sus ojos el mapa que él mismo había trazado sobre su cuerpo, las líneas, los guiones, los puntos...
Draco tembló al vislumbrar una marca particularmente obscena de una mordida que estaba sobre su vientre, un macabro adorno al cuerpo dentro del cual nacería su hijo. Apartando la mirada de ella volvió al cuarto y se sentó en la butaca a esperarla.
Sintiéndose profundamente asqueado de si mismo...
(…)Tu amas las cosas que digo que haré
El modo en que me dañaré a mi mismo otra vez sólo por volver a ti
Tu te retiras cuando me adentro,
Mi vida, mi orgullo está roto (...)
Cuartel General de la Orden del Fénix;
Hogar Ancestral de la Familia Black,
#12 Grimmauld Place,
Pentonville Rd; Islington, Londres.
Martes 22 de Octubre de 2002, 07:30 AM
Lithos Darksoul estaba sentada en el salón mirando con desgana por la ventana, sobre sus piernas, enfundadas en un pantalón café de ante y completamente forrado a su cuerpo como una segunda piel, reposaba el enorme tomo que había estado estudiando con Rëmm y Charlie. Su cabello en rizos ensortijados rubios oscuros en ese momento lucía casi castaño claro por efecto de la luz y sus ojos verdes como hojas de maple simplemente miraban el parque frente a Grimmauld Place mientras su mente giraba en torno a recuerdos de una vida pasada.
Casi podía oír sus propios gritos arrancados, su propia mente sollozante ante el desgarrador dolor que había cambiado su vida, su alma, su modo de mirar las cosas.
A Lithos no le había pasado por alto el modo en que todos aquellos que no la conocían bien la miraban, como si fuera demasiado niña para luchar ésta guerra, y ella estaba consciente de que lo era, pero... ¿dónde estaban los soldados, los adultos, aquellos luchadores que deberían estar protegiendo el mundo mágico?
Ella tenía a dónde ir, por supuesto que sí, pero sabía, como nacida griega que era, que la guerra le seguiría a dónde quiera que fuera, ella podía tomar el barco, el traslador o el avión a Athenas y subir a su hogar en Olimpo, pero su corazón se quedaría aquí, en Inglaterra, con su primo, amigos y ex prometido.
Su corazón estaba con los mortífagos y su mente y cuerpo con la Orden del Fénix, no por que ella deseare estar allá, sino por que Nikolos Kristakos se lo había devorado como una bestia antropófaga antes de unirse a Voldemort y su séquito bajo las órdenes de Rabastan Lestrange. Había sido Symeon Kristakos, su abuelo, quien había dado a Rodolphus y Rabastan Lestrange el suero para traer a la vida de retorno, desde el coma en que habían quedado, a Bellatrix y Voldemort, sus esencias de vida unidas por el pacto de sangre que Tom Riddle les había obligado a hacer luego de volver y acabar con las vidas de todos los mortífagos traidores... Incluso Severus Snape había conseguido volver de la vida, al igual que Remus, Tonks y Sirius, y otras víctimas de los mortífagos.
El suero, al entrar en contacto con las varas de los mortífagos muertos o heridos en la batalla de Hogwarts había conseguido unir sus fuerzas vitales a las de los animales míticos que estaban enlazados por ellos por los núcleos de sus varas, y de un modo mágico, cada uno había vuelto con una de las almas que habían despachado antes de morir.
Paradójicamente por Dolohov regresó Remus Lupin, y Sirius Black los había hecho por su dulce prima Bellatrix Lestrange, así como Nimphadora Tonks lo había hecho con Alecto Carrow, quien había dispuesto de ella cuando había corrido a los terrenos en pos de Lupin. Otras diez almas habían vuelto, y algunas personas en San Mungo habían regresado de un largo camino a la locura gracias a algunos mortífagos cuando éstos habían muerto, como la reversión de alguna maldición o vínculo con sus victimarios y, Diosas Benditas, no habían vuelto a aquellos estados espantosos de los que se habían curado cuando éstos regresaron de la muerte o el coma.
Por supuesto que muchos habían sido los mortífagos que habían intentado revivir por dicho método, pero si las criaturas de quienes se habían tomado los núcleos no estaban con vida, el suero no surtiría efecto, y así fue, sólo volvieron 13 de ellos, además de Lestrange y Voldemort, él por el maldito coma y su Horrocrux y ella... Aquello había sido un misterio, todo aquél presente en el Atrio de Hogwarts había visto el Avada impactar en su cuerpo y luego del pavoroso descubrimiento de que estaba sólo en un coma idéntico al de Voldemort cuando tres pobres días más tarde fueron a enterrar su cadáver los Aurores e Inefables.
Ahora ella, Lithos Darksoul como nieta de Melina Christakis, la asistente de Lucas Kristacos en el descubrimiento de la pócima que había traído de vuelta a todos ellos, trataba de discernir cómo revertir el proceso sin enviar de vuelta a los de la Orden de la Luz que habían vuelto también. Su abuelo, Orestes Christakis, le había enseñado que el Honor, la Honra y la Ética debían anteponerse siempre en todas las decisiones a tomar.
¿Qué era lo ético en ese caso? ¿Volverlos a todos al Erebo o volver sólo a los malos?
Como griega, ella creía en Los Destinos, aquellas tres Señoras que hilaban, tejían y cortaban los destinos de los vivos, y cada vez que pesaba en oponerse a ellas, una ominosa premonición de ira, dolor y condena se cernía sobre ella.
Una brisa otoñal sopló en el parque, arrancando del árbol la hoja parda que ella había estado mirando y la hizo trazar un bucle de tres giros en el aire antes de dejarla posada en el suelo a los pies de otro tronco, dónde una ardilla estaba sentada en el suelo mordisqueando una nuez, entonces la abandonó como si percibiera algún peligro y subió a todas prisas por el tronco y corrió y salto sin detenerse hasta llegar a la misma rama dónde originalmente había estado la hoja caída, olvidada ahora que el viento la arrastraba calle abajo rumbo al Támesis.
Como una revelación, Lithos miró aquel círculo concretarse y decidió, allí en aquél lugar y a esa hora, no seguir luchando contra el filtro, por algo su abuela y el abuelo de su ex prometido habían descubierto aquello juntos. No era una cosa de casualidad que ellos, sus nietos, se hubieran encontrado entonces en Hogwarts y que él hubiese entregado aquello a los Mortífagos, ni que hubiera blandido una varita contra ella cuando se negó a seguirle y le amenazó con romper su prometedor compromiso. Él había tomado la decisión final, Cruciándola hasta reducirla a una masa sangrante y medio enloquecida enrollada sobre su estómago en el suelo.
Con un sobre salto acrobático de su corazón y su estómago ella ahogó un grito cuando la mano ruda y fuerte de Charlie Weasley se posó en su hombro.
Había sido Charlie quien la había levantado del suelo del callejón Knockturn y la había llevado a San Mungo aquella tarde, casi un año atrás. Desde entonces, ella había estado codo a codo con él y la Orden del Fénix desde su puesto como aprendiz de Inefable. Su reputación de princesa del hielo y su carrera como digna Slytherin le habían granjeado muchas invitaciones a la Orden Mortífaga, que ella había evadido con soltura y prestancia, diciendo que no quería participar activamente de la guerra, que su fortuna aún no estaba liberada de su tutor y que estaba constantemente vigilada por que como su ex novio era un reconocido mortífago ella estaba bajo sospecha, ni era valiosa ni era prudente reclutarla, así que la habían estado dejando tranquila, pero Alexandros podía ser bastante persistente.
-Buenos días nena ¿Ya desayunaste?- saludó Charlie, deslizando su mano por el hombro desnudo de la muchacha, el top halter que ella llevaba le quedaba como un guante, igual que los pantalones, dejando además los hombros y la espalda espectacularmente desnudos excepto por las cintillas azul rey.
-No, terminé muy temprano así que no dormí, ya sabes, pero como no conozco la casa, ni a la gente, decidí esperar que alguien me invitara.-Respondió ella sin dejar de mirar por la ventana, ni retirar la mano que ahora se deslizaba por su espalda.
Era una extraña enfermedad aquella que ellos compartían, a ambos les gustaba la piel, desnuda o vestida, lisa o marcada, clara u obscura, les gustaba particularmente la piel y entre ellos no había restricciones a la hora de sentirla. No tenían que fingir que se gustaban más de lo que lo hacían, que era bastante, ni que querían algo más, simplemente deslizaban sus manos por cuanta piel podían encontrar cuantas veces se les antojaba y en cuanta ocasión se les presentara sin ningún pudor ni remilgo, y sin importarles lo que nadie, salvo sus familiares, pudieran opinar. Allí era dónde tenían algo de vergüenza... Algo, repito.
"Tú entiendes, asunto de edades ¿Te imaginas el escándalo que armaría Molly si su hijo de 30 retozaba abiertamente con esa púber?" había comentado Uther, un amigo común.
-Ven entonces cielo- invitó Charlie la mano de regreso hasta su hombro y corriéndola por el brazo hasta alcanzar su muñeca, a la cual le dió un suave tirón. Ella giró el rostro entonces, dándole una sonrisa que según Charlie pudo ver, no alcanzó sus ojos.
Nunca lo hacía.
Respondiendo a su llamada ella se puso en pie, aún con sus botas cafés de diez centímetros, que hacían a sus piernas lucir kilométricas, apenas llegaba al hombro de Charlie, quien tuvo que inclinarse para posar un casto beso sobre los labios de la delgada joven. Hacían un extraño contraste, ella esbelta y él tan corpulento, su piel lisa y perfectamente dorada, besada por el sol del mediterráneo en el que se había criado y visitaba con frecuencia de residente contra la blanca y cicatrizada de él, quemada por el fuego de Dragones y encallecida por el rudo trabajo con los arneses, jaulas y bastones de contención, ojos esmeralda contra ojos cafés, él con su desenfadado aspecto de Rockstar y ella con su menudita apariencia de aristocrática y mimada ateniense, desde sus botas estilete de corset por las rodillas hasta los aretes de oro y zafiros con gargantilla a juego, pasando por el cinturón marrón de cuero con zafiros engarzados en oro.
-Claro cariño- ella posó su mano sobre el pecho descubierto de Charlie, le encantaba su manía de andar en jeans y con esas camisas desabotonadas cuando estaba bajo techo; desde que se había regresado de los Montes Carpathos se le hacía excesivo el calor de Londres, y ella adoraba ver el contraste entre el vello casi naranja de su cuerpo, dorado en las raíces y rojísimo en las puntas, contra el blanco de su piel. Cuando ella trató de pegarse a él para darle un beso más profundo, él ejerció un muy ligera presión sobre sus brazos y le hizo un movimiento de cabeza a un lado.
Lithos giró para encontrar a Remus Lupin y Sirius Black, ya con ropas de diario, recostados de la pared del salón, esperando a Charlie y con la mirada posada en ella
-Buenos días caballeros- dijo con su fuerte acento griego, ese que casi había perdido y que cuando se alteraba resurgía violentamente como un payaso Jack de la caja de sorpresas.
-Buenos días- respondieron ambos, luego Sirius tomó la palabra, señalando el camino hacia las cocinas -Ya Harry se nos adelantó y ésta esperándonos en la cocina para comer. Kreacher atiende al comedor o la cocina cuando cualquiera se acerca, así que en cualquier otra ocasión puedes ir directo con él.
-Gracias- la joven se giró para seguirles, Charlie cerró la marcha, acariciando la espalda de Lithos mientras caminaban y sólo se detuvo para apartarle una silla y acomodarla, luego siguió trazando caminos en su piel como si los demás no estuvieran
-Buenos días Darksoul- saludó Harry Potter cuando se giró con una jarra de café, al punto un horrendo hombrecillo; envuelto en unos ajados trapos plata que semejaban ser jirones de un cortinaje de terciopelo se acercó; colocó tazas para todos y un servicio de té además de el complemento del de café que Harry había tomado, todos permanecieron en silencio mientras se servían. Lithos probó el café y lo apartó para servirse té.
-¿No es de tu agrado?- preguntó Remus mirándola intensamente, no la recordaba de su año en Hogwarts, así que como mínimo iba tres cursos por debajo de Harry.
Ella le dió una mirada a la taza antes de suspirar, Charlie respondió por ella
-Es griega, y está acostumbrada a un sabor diferente.
-¡Kreacher le preparará café griego a la dama!- exclamó el elfo acercándose con una cesta de pan y una cazuela de salchichas antes de correr a coger una cazuela forjada de cobre y la llevó hasta un aparador del cual sacó un molinillo de café y un saco de grano. Sirius miró pasmado cómo el elfo se ponía diligentemente a escoger los granos más aromáticos y mejor tostados -Kreacher necesita saber si la dama permanecerá todo el día en la casa.
Con una carcajada que borró el desagrado que luciera Lithos en la cara desde que el elfo apareciera ella le respondió
-Hasta mañana en la noche, por lo menos, y hay otro griego, un hombre joven y muy viril y pendenciero.
-Kreacher tendrá suficiente café- observó el elfo.
Cuando Lithos se giró encontró las miradas fijas de Sirius, Remus y Harry sobre ella
-¿Qué sucede?
-¿Qué fue todo eso?- preguntó Sirius -Si alguien osaba acercarse a esa pequeña cazuela él enloquecía y se daba contra las paredes por haber asustado a un amo, no sin antes esconderla en la buhardilla
-Pues, es normal si planeaban usarla para algo que no fuera preparar café- dijo ella, para entonces ya el elfo estaba moliendo por tercera vez el café, usando el ajuste más fino. -Es un briki- anunció entonces- si se daña o si se impregna con el sabor de otras comidas, el café quedará arruinado, y desde que esto no es Grecia... pues debe ser difícil adquirir uno aquí, elfo domestico o mago de por medio.
-¿Qué tiene de particular el café griego?- preguntó Harry
-Pues es hecho con una fina mezcla de granos selectos, generalmente turcos, bien tostados y molidos muy finamente,- dijo Charlie mirando a Kreacher trabajar, había bebido el café de Lithos pero nunca le había visto prepararlo, entonces el elfo estaba midiendo tacitas de agua y echando tantas cucharadas pequeñas de café y azúcar como tacitas, si no se equivocaba estaba poniendo unas veinte y una.
-Se lleva a hervir, se baja del fuego hasta que baja la espuma, se hierve por segunda vez, se baja del fuego y se lleva una tercera vez, luego se sirve, al café griego no se le retira el pozo, ni se asienta antes de servir, se sirve directo a la taza y se bebe hasta el pozo- dijo Rëmm entrando en la cocina, al instante su prima se había levantado y se estrechaban en un cálido abrazo, entonces él se sentó junto a ella, al lado opuesto de Charlie
-Pues si que debe ser fuerte ¿no?- comentó Sirius al descuido, los primos Darksoul se miraron cómplices
-Es más fuerte el turco- ofreció él, luego se giró a su prima- ¿Cómo dormiste? O mejor ¿Dormiste?
-Apenas, estuve hasta las cinco revisando memorias, tu desertaste más temprano, pero aún así, no sé qué mosco les picó para pararse tan temprano.
-La costumbre- dijo el hombre - ¿Las memorias, las terminaste?
-Si, todo limpio – luego la griega miró a Potter con sus ojos verde oscuro – Están limpias, ninguna ha sido alterada en modo alguno
Harry asintió con la cabeza, luego bebió de su café y comenzó a servirse pan y salchichas sopesando la información que le diera la Inefable, entonces como si hubiera leído la mente de Sirius y Remus, él se giró a mirar a Lithos
-¿Cuantos años es que tienes tú Darksoul?
-Casi diecinueve, entré a Slytherin el año del Torneo de los Tres Magos.
-¿Y cómo es que llegaste a ser inefable tan pronto?- interrogó el moreno cuando Kreacher retiraba el café de la hornilla y colocaba el briki en la mesa frente a los Darksoul – Digo, no te ofendas, pero Rëmm siquiera es de la generación de Charlie, fueron juntos a Gryffindor ¿no?
Ella lució triste, su mirada se fijó en el café, más parecía no mirar nada en realidad
-Me uní a la Academia de Estudios Ocultos de Cambridge apenas dos semanas después de dejar Hogwarts. Mientras algunos se engañaban queriendo "disfrutar de unas vacaciones" yo terminaba mi educación como Mago Gris, y era "invitada" por mi prometido a entrar al servicio de Voldemort- dijo el nombre como Harry y Sirius y Dumbledore antes de ellos, sin temblar, o estremecerse, sin siquiera parpadear, Harry apartó la mirada incómodo ante el brillo de humedad en los ojos de la muchacha. Parecía tan joven, tan niña... Harry supuso que así debían haber lucido él y sus amigos ante los ojos de otros apenas unos años atrás, tal vez aún lo hacían.
-Obviamente me negué- continuó ella- y no se lo tomó muy bien, tuvimos un duelo y me venció, entonces me uní al Departamento de Misterios al cargo de mi primo como su aprendiz, y fui graduada hace apenas unos meses.
Rëmm bufó y tomó la palabra.
-El maldito de Kristakos la crució a placer, sabiendo que ella estaba emb...
-¡Costas!- ella llevó los dedos de su manos izquierda a la boca de su primo y trazó una equis antes de tomar con la diestra el briki, Rëmm sacudió la cabeza apartando las manos de ella.
-Errr...- él la miró molesto antes de continuar- Charlie la encontró en Knockturn Alley
cuando respondió a tu llamado de disturbio la Noche de las Hogueras del año pasado, de ahí a San Mungo, dónde yo los encontré. El maldito no ha aparecido.
-¿El Bonfire Night pasado?- quiso confirmar Harry, entendiendo al fin la turbación de la joven que tenía frente a sí, la única llamada de disturbio esa noche en Londres Mágico, había sido el ataque por maldiciones imperdonables a una mujer embarazada, había perdido su bebe por los repetidos Cruciatus que había recibido. Cuando Charlie asintió dirigiéndole una mirada de advertencia Harry sintió que le atravesaban el pecho con una lanza de hielo.
-Deben juramentarse- añadió luego de una larga pausa en la cual todos se limitaron a comer su desayuno, Lithos le miró sobre su tenedor a medio camino de un bocado
-Cuando usted ordene jefe- dijo la chica con una sonrisa. Cuando Charlie se limpió los labios y le dió un beso a la rubia en el hombro antes de levantarse Harry comprendió el vinculo que había entre ellos dos. No era un asunto romántico y por eso se cuidaban de las miradas de los otros Weasley, era algo tan profundo como lo que unía a Hermione con él, forjado a base de cuidar los unos de los otros, pero con mucho más cuerpo de por medio.
-Será esta noche – dijo Harry de pronto -Antes de nuestra misión.
-Perfecto- celebró Lithos mirándolos a todos -Lo estaba esperando, por fin vamos a ser miembros oficiales de la Orden del Fénix, ¡que emocionante!
Rëmm la miró como si tuviera seis pies, o cuatro pares de brazos.
-¿Estás consciente de que eso además significa que si te atrapan te matan? Con el sello de la Orden sobre tu piel no tendrás escapatoria.
-¿Y quién te dijo que yo quiero negarlo?- espetó molesta la rubia fulminándole con la mirada. Fue toda una suerte que no se partiera el cuello por la violenta fuerza con que giró velozmente a mirar a su primo – La única razón por la que no llevo un rótulo que diga "Yo soy un Fénix" es que sería una total imprudencia, pero los Lestrange, y por tanto el propio Lord Oscuro, saben que me opongo al régimen de terror que ellos han implantado, lo cual ya me marca o cómo enemigo o como presa ¿Qué más da una marca o no? Sólo estaríamos oficializando algo que todos saben.
-Calma cielo- Charlie ya estaba allí, con una mano en su cuello y la voz suave, como si hablara con uno de sus dragones. Ella suspiró quedamente y miró a su primo de un modo extraño
-Ahora que sí tú prefieres no dibujar sobre tu cuerpo los deseos de tu alma, algún motivo tendrás- agregó ella con tono de circunstancias, Rëmm se exasperó y se levantó de golpe arrojando la servilleta de lino crudo que había estado utilizando
-No seas pendeja- bramó ya subiendo las escaleras – me preocupo por ti y por mamá y tía Alethea, si algo llega a sucederte ellas dos...
Pero ya él había tomado las escaleras al primer piso dónde estaba su recámara y no les llegaba más que su voz, ahogada por el entrepiso.
-Debería hechizarle, mira que utilizar ese lenguaje para referirse a mi.
-Tu lo provocaste, y tiene razón en eso, Alethea estaría destrozada si te ocurriera algo- dijo Charlie.
-Igual que tu madre, o tu padre o miles de padres y madres en todo el mundo, pero si Lucius Malfoy o alguno de los mortífagos gana la candidatura para Ministro de Magia y se aprueban las leyes anti-muggles como hace unos años las anti-nacidos muggles, será mucho lo que ocurrirá y por lo que todos sufriremos no podemos permitir que el temor por nuestras vidas o familias nos paralice de luchar por conservar nuestro mundo, si no luchamos por mejorarlo.
-Amen- recitó Sirius elevando hacia ella su taza de café en un fingido brindis, junto a él Remus se estremeció, en Inglaterra brindar con cualquier cosa que no fuera vino, era de mala suerte...
Residencia de los Nott
Castillo Dunstaffnage, Kilninver;
Firth of Lorne, Costa Oeste de Escocia;
Cerca de Loch Awe, Strathclyde.
Martes 22 de Octubre de 2002, 07:50 AM
Rammstein; Links 2, 3, 4:
(...Quieren Mi Corazón En La Derecha,
Pero Yo No Miro Hacia Abajo,
El Corazón Late En El Pecho Izquierdo;
El Rencoroso No Lo Sabe;
Izquierda 2 3 4...)
Theodore Nott Jr, Theo para sus amistades, había esperado esa carta por días. Ahora de pié delante del espejo de cuerpo entero de su vestidor observaba su reflejo ahogado. ¿Por qué? ¿Por qué debía él encargarse de la que sin duda sería su mayor tentación y su reto más grande? Definitivamente debía estar loco.
Su reflejo guiñó un ojo socarronamente a su apariencia, el cabello castaño con visos caoba peinado hacia atrás y atado en una tira de cuero fuertemente apretada bajo la nuca, con algunos mechones mas cortos cayendo sobre sus ojos, aquellos que formaba un desigual flequillo gracias a la llamarada que había estallado de su caldero en séptimo curso cuando goteó un poco de aceite de visón. Casi se había desfigurado el rostro esa vez, el mechón de cabello que se había encendido ardió hasta casi la raíz y ahora crecía a un ritmo mucho más lento, además de había tornado ligeramente ondulado el cabello que crecía ahora allí, y era absolutamente incontrolable, caía siempre hacia su frente, unos mechones rebeldes, como una pluma o un copete, cubriendo sus ojos ahora que era más largo.
Sus ojos de un color extraño, una mezcla cambiante de gris, verde y pardo, que sin importar qué, pasaban casi al blanco nube cuando ardía en ira y estaban de un pardo verdoso cuando estaba en calma y reflejaban mares aguamarina o bosques centenarios, verdes rayados en marrón café cuando estaba alegre, emocionado o simplemente extasiado, y es que desde que tenía memoria, las personas en torno le habían preguntado de qué color eras sus ojos, o él se había mirado en un espejo y no sabía definirlo.
El contraste de éstos contra el tono ligeramente amarillento de su piel pálida, de un tono entre grano de trigo y concha de arroz realmente podía ser perturbador cuando se enojaba, pero sabía, como lo había sabido su padre antes que él, que normalmente las personas encontraban la mezcla de sus antepasados Vikingos con los MacDougall del oeste de escocia, justo al límite entre lowlands y highlands con la reciente adición de los ascendentes griegos de la bisabuela Morikis una mezcla atractiva y visualmente armónica.
Sus rasgos, esculpidos en su genética por un escultor bastante habilidoso era clásicos, una nariz recta, de aletas redondeadas y no demasiado anchas, sus cejas alineadas, ligeramente curvas y pobladas lo justo, la boca ancha de labios carnosos sin resultar demasiado femenina o vulgarmente gruesa, de un tamaño más grande de lo habitual, pero perfecta para el encuadre amplio de su mandíbula afeitada, los labios con un tono apenas más oscuro, tirando al cerezo, que el resto de su rostro, perfectamente dibujados y con un pequeño y molesto lunar en la comisura superior izquierda.
Theo sabía que ese lunar enloquecía a algunas chicas, las curiosas, precisamente las que le gustaban, pero no por eso odiaba menos ese rasgo tan femenino de su rostro, aportado por la abuela Parkinson y su herencia tercio española, tercio griega, tercio francesa. Si había algo que Theodore Nott hijo no era, era femenino.
Prosiguiendo con su examen, la camisa de lino crudo abotonada con madre perlas negras, el cruzado inglés negro y el sobreveste también negro, el lazo de cinta de raso verde hoja a juego con los ribetes del sobre veste y sus botas de marcha alemanas, cerradas con un zipper metálico en la cara interna de la pierna cubiertas por el pantalón traje y pulidas como un espejo.
El reflejo volvió a guiñarle, dándose una vuelta para que se mirase la espalda, aquellos espejos reversibles mágicos que había inventado años atrás su tatara, tatara, tatarabuela, nacida muggle; la última "Doncella de Lorne", misma que había unido el clan muggle de los MacDougall con la sangre mágica de los Campbell por allá por 1300 y tantos, cimentando las bases de la historia de la casa moderna de los Nott, apellido noruego adquirido apenas 100 años más tarde, junto con el castillo de Dunstaffnage.
Theo miró las paredes de piedra de su hogar con añoranza, sabiendo que cuando Lara MacDougall, nieta de Jhon MacDougall se había cazado por órdenes de Roberto I "Bruce" con Jonathan Campbell nunca había imaginado que alguno de sus descendientes luchara por erradicar a su gente, muggles y magos nacidos muggles como ella. Volvió a conducir su vista sobre las líneas que había recibido en ese parco sobre de lino negro, sellado por la mano de Tom Riddle:
Estimado Señor Nott III:
Se le espera a la mesa de desayuno de los Parkinson a las 8 en punto del Martes 22 de Octubre, con el fin de introducirle finalmente en la residencia y presentarle a su próxima alumna, la señora de Malfoy, Hermione Riddle.
Sus ordenes son entrenarla en el arte del Duelo Mágico Wandless y la Defensa Cuerpo a Cuerpo y prepararla para su inserción en la Unidad "Cuervos Negros"
Atte.
Lord Voldemort.
Años atrás, como un adolescente había mirado el brazo de su amigo Draco con un ligero temor, viendo como la piel se oscurecía en cierto punto dibujando la marca tenebrosa. Entonces, sabiendo que su padre, el mal parido mortífago, era lo que era, había temido volver a casa cada verano, cada pascua, cada navidad. Había temido cada carta de su hogar, hasta que lo inevitable había sucedido y había recibido la carta, la misma noche de su retorno al Castillo de Dunstaffnage, al concluir su sexto curso.
Había leído una y otra vez el memo, se lo había presentado a su padre y éste había sonreído radiante de felicidad, pues aquello significaba que el Lord Oscuro sí había perdonado a sus hombres, escogiendo a sus hijos.
Pocos días de entrenamiento después había sido parte de la avanzadilla que había tomado el ministerio, y de allí habían partido directamente a Ottery Saint no se qué al hogar de los Weasley.
Potter, Granger y Weasley se les habían escapado por los pelos, y desde entonces había estado esperando una revancha. Ahora tenía que "educar" a la sangre sucia, como lo había hecho con el resto de la unidad "Cuervos Negros".
¿Cómo demonios se le ocurría a Tom Marvolo Riddle meter a la Granger en la unidad? ¿Es que no se daba cuenta de que ese era un error táctico de proporciones mitológicas?
Sacudiendo la cabeza para alejar aquellos pensamientos Theodore Augustus Nott Malfoy III tomó su maletín de piel de Dragón, su maleta y con un Bauleo empacó lo necesario para aquella misión, que probablemente sería el adiestramiento mas corto en su carrera como entrenador personal. O el más largo, según como se viera, podían pasar dos cosas: Que la esponja del conocimiento Granger (ahora Malfoy; recuérdalo) asimilara todo el material de aprendizaje que se vertiera sobre ella; como en sus años untos en Hogwarts, o que Hermione Malfoy con toda su estúpida cabecita y actitud de niña buena se resistiera a la segunda parte del entrenamiento, y a la segunda, y a la tercera, y probablemente a todo aquello que no fuera magia defensiva y protectora.
Con paso parsimonioso caminó hasta su librero y extrajo entre sus largos y fuertes dedos su viejo tomo de "Los Secretos de las Artes Más Oscuras" y caminó rumbo a la puerta de su habitación conjurando su baúl y la maleta con sendos Locomotor. Miró su reloj, faltaban cinco minutos para las 8:00, era mejor que se fuera apareciendo.
Mientras caminaba hacia el vestíbulo del castillo, bajando escaleras y atravesaba el salón principal, para luego dirigirse a las pesadas doble puertas de roble se recordó a sí mismo que lo que se esperaba de él era exactamente lo que se obtendría de cualquier otro Nott. Parado en el parapeto, luego de haber atravesado el patio frontal, dirigió la mirada al escudo de Armas de su familia, campo de azur, tres hojas de arce rojas y cinta de plata dividiendo el escudo diagonalmente en dos, abajo el cuartel oro con tres flores de Lis azul, codo ello coronado con una cornucopia de la cual se derramaban manjares, riquezas y frutos, dos ramas una de olivos y otra de laurel en torno al escudo, entrelazadas abajo y atadas con una cinta azul rey en la cual estaba inscripto el antiguo lema:
"Age quod agis aut nihil"
(Haz lo que haces, o nada)
Bien podía traducirse como: Pon cuidado de lo que hagas.
O como su madre decía constantemente: "En lo que quiera que hagas, sé el mejor".
Theodore cerró los ojos, asiendo con ambas manos su equipaje, el libro guardado dentro del bolsillo de su sobreveste.
Destino, Determinación, Desplazamiento...
Residencia Parkinson
Aquae Sulis, Bath, North East Somerset
Martes 22 de Octubre de 2002, 08:00 AM
Linking Park: Somewhere I Belong
(...) Quiero sanar, quiero sentir, como si me acerara a algo real,
Quiero encontrar algo que he querido por tanto...
...algún lugar al que yo pertenezca. (...)
Pansy entró al comedor seguida de Theodore, atenta a la reacción de todos los presentes para poder bloquearse si algo iba mal, como la última vez que todos se habían reunido. Por alguna extraña razón, teniendo a cuatro de los Cuervos aquí, Lord Voldemort había llamado a un quinto para entrenar a la nueva señora Malfoy, y sabiendo que Theo y Blaise no se soportaban, estaba preparándose para las oleadas de odio que en efecto la atravesaron nada más entrar al comedor, cuando ambos muchachos posaron sus ojos sobre el otro. Pero aún más preocupante fue la ola de temor que acudió a ella desde el pecho de la castaña, que vestida con uno de los vestidos maternos veraniegos que su madre le había pasado miró al joven mortífago como si se tratara de la encarnación de la muerte.
Pero luego aquella sensación se disolvió en una de extrañeza que pasó a la aprehensión y de allí al desconcierto, terminando en reconocimiento.
-Buenos días- saludaron ambos, entonces tras una educada respuesta de los presentes, Pansy en su papel de anfitriona tomó la palabra, conduciendo a Theodore a un lugar de la mesa, frente a Hermione y Draco.
-El querido Theodore a sido convocado por el Señor Oscuro para entrenar a Hermione.- explicó mirando a la joven – te enseñará combate y defensa, por supuesto sin vara. ¿No es maravilloso?
Hermione la miró como si creyera que sus palabras no sólo eran tan forzadas y exageradas como en realidad habían sonado, sino además fueran una insanidad.
-No creo que sea prudente abordar esas áreas aún, digo, al menos hace cuatro días no podía mover una simple pluma.
-Ha, por supuesto que esperaremos hasta que Anthony de el visto bueno, Granger- intervino por primera vez Theodore, mirando con interés a la pareja. Por supuesto que había estado presente en el matrimonio, y salvo por el clímax proporcionado por el par de aves Fénix, aquello le había parecido la más absurda pantomima que hubiera presenciado en su vida, claro que aquello hacía aquel asunto más interesante. El símbolo de la eternidad, a menudo puesto forzosamente en las ceremonias por los contrayentes para reforzar su unión, rara vez era espontáneamente manifestado del lazo de oro mágico. ¿Cual sería su real significado? ¿El odio reconocido entre ese par sería eterno? ¿Qué ese matrimonio no podría romperse? ¿Verdaderamente sería del tipo "Hasta que la muerte nos separe"?
-Malfoy- corrigió Hermione sin apartar su mirada de los ojos claros de su ex compañero de estudios -Por si su memoria falla, Nott, es Malfoy ahora.
-¡Pero qué rápido nos hacemos del nombre! - exclamó Lucius Malfoy entrando en el comedor con su esposa del brazo y su cuñada a la saga, la segunda miró a Hermione con repugnancia antes de darle una mirada indescifrable a Theodore -¿Ya estamos alardeando, nuera?
Lucius lucía regio con su túnica gris plomo, el cabello impecablemente peinado hacía atrás y engominado, y con una presencia de ánimo que a Hermione le recordó la primera vez que le había visto, allá en la librería de Diagon Alley, alto, rubio y aparentemente imperturbable, pero ella lo conocía mejor que eso. Tras su apariencia helada, Lucius Malfoy era un hombre con fuego en la mirada y lava en las venas.
-Oh no suegro, simplemente hago gala de mi enorme capacidad de adaptación- respondió con autocomplacencia, entonces le ignoró y miró más allá de él, a Narcissa y Bellatrix -Buenos días, señora Narcissa, Bellatrix.
Mientras Lucius padecía de un tic en la barbilla, que le vibraba de tanto apretar la mandíbula, Narcissa sintió a manera de saludo antes de soltar a su marido y dirigiéndose a su hijo y posaba un cariñoso beso sobre su mejilla rozando discretamente la cintura de Hermione con una mano fuera de la vista de los presentes, Bellatrix parecía no haber digerido el hecho de que Hermione se hubiera dirigido a ella, mucho menos por su propio nombre
-Tú- chilló señalándola con la mano derecha mientras la locura encendía su mirada de un modo que estremeció a Pansy, le temblaba todo el cuerpo cuando prosiguió con su arrebato – irrespetuosa chiquilla, sucia mocosa, asquerosa sangre su...
-Bella ¿Qué clase de modales son esos?- le interrumpió la voz sibilina, ligeramente más humana de Voldemort desde la puerta -tsk, tsk, tsk, no tratamos a nuestros familiares de ese modo, ¿verdad queridos?- Bellatrix lució horrorizada, en el acto asumió una postura sumisa, mirando los bajos de la túnica de Voldemort después de dirigirle una ultima mirada cargada de odio a la castaña. Voldemort por su parte le dirigió a ésta una sonrisa, extendiendo su mano hacia ella.
Hermione no perdió tiempo para levantarse de su puesto y caminar hacia él, colocando su mano izquierda sobre la de él. El estremecimiento que recorrió su piel cuando le tocó pareció complacer al Lord, quién recorrió una mano por el rostro desnudo de la chica
-Ha, estás más tranquila, más dócil ésta mañana, me decepcionó mucho tu estallido de la pasada noche, confío en que ahora hayas aceptado tu lugar en ésta casa.
-Si señor- asintió la joven con voz sumisa más su mirada, a la cual no alcanzaba la sonrisa que esbozaba con los labios, nunca se apartó de la cara de Tom.
La inteligencia que brotaba de los ojos avellana de ella, del mismo exacto color que lo habían sido los de él, el cabello que caía en cascadas como lo había hecho el de Vanessa, esa niña era su familia y Tom Riddle, Lord Voldemort no permitiría que nadie más la pisoteara ni jugara con ella.
¡Mas le valía a Lucius ser obediente de ahora en más, o sin ningún sincero pesar, tendría que dejar a la bella Narcissa viuda!
Que mal había hecho Voldemort al posar sus ojos sobre Lucius, dejando libre a Narcissa para ir ir venir. Si bien ella también había fallado, aquella vez en el bosque prohibido, Voldemort sabía que su conducta había sido fruto de la impresión del momento y el temor por su señor y por su hijo la pobre Narcissa, había confundido el débil pulso del joven Potter y su escasa respiración con una absoluta falta de ellos, pero mirando hacia el pasado, Narcissa Black, esposa de Malfoy había permanecido estoica durante todas las arduas pruebas que su familia había atravesado, había sido la cabeza pensante cuando Lucius había flaqueado y cuando Draco se había desbocado, había sido ella la de la idea de unir a Draco y Hermione, en un intento de dar protección al infante, su nieto, y la nieta de él, por el vínculo mágico e invulnerable que proveía un matrimonio mágico.
Lucius, más allá de sus bravatas, no podía atentar verdaderamente contra su descendencia sin hacerse daño por atacar un miembro de su familia que no hubiera incurrido en falta contra el árbol genealógico o la sangre de la familia y tampoco podría atentar contra la joven ya unida con su hijo por sacro matrimonio, lo cual eliminaba todo conato de resistencia por su parte. Además, bajo el control de un marido, Hermione Riddle ya no tenía posibilidades de negarse a seguir las órdenes que se impartieran, a no ser que su marido le diera esa potestad, ni podía ir a ningún lugar del planeta sin que él lo supiera, así que contaba con doble sistema de rastreo en caso de fuga ¿Cómo podía aquello ser más perfecto?
¡Ah! ¡Pero el señor Oscuro sabía bien la respuesta a aquello!
Hermione sería entrenada por sus Generales, y luego de parir a su vástago se convertiría en una de ellos, si él sabía utilizar las herramientas a su disposición y convertirla a sus ideales y creencias, si podía tomar ese odio que ella sentía por Malfoy y Nott padres, por su propio marido y moldearlo, dirigirlo a la verdad, a sus amigos, si lograba aprovecharse de la locura transitoria y ganarse la lealtad de ese corazón tierno y roto que albergaba en su pecho y ponerla de su parte, entonces todo sería perfecto, pero para eso requería una buena y gruesa dosis de persuasión.
Y él siempre había sido un hombre muy persuasivo.
-Bienvenido Severus- dijo sin dejar de mirar a la muchacha que luego de saludarle había vuelto al lado de su marido -¿No te parece que nuestra Hermione luce hoy más repuesta?
-Ciertamente, Señor, tal vez ya sea hora de un nuevo reconocimiento por parte de la sanadora Crammel. Al fin y al cabo, la señora Malfoy luce mucho mejor.
-Ordenale a Daphne que venga ésta misma tarde, a ver si puede salir de la casa, Hermione necesita algunas cosas.
Se sentaron a la mesa en el momento en que la señora Parkinson se adentraba al comedor con una expresión de desagrado, recorriendo con la mirada la distribución de los comensales, demorando una mirada ofendida sobre Bellatrix y otra incómoda sobre Theodore.
-¿Su padre se nos une también, joven Nott? - Quiso saber sentándose junto a su hija, entre ella y Anthony, en la cabecera opuesta a Lord Voldemort como correspondía, aquello la dejó enfrentada a Narcissa y Lucius. Junto al Lord Oscuro se sentaban a la diestra Hermione y su marido y a la siniestra Theodore y Severus.
Era casi para reírse la expresión agria de Severus mientras miraba al joven ocupar su lugar junto al Lord, pensó Alexandria Parkinson
-No, padre está ocupándose de la organización de importantes eventos venideros de la Orden, tía Alexandria.
Theodore deliberadamente usó aquel apelativo para recordarle a los demás su parentesco con el Ama de la casa, Pansy se le quedó mirando fríamente antes de que la comida apareciera en las fuentes y ella se desentendiera de él.
-Casi había olvidado de somos primos- comentó Anthony guiñando un ojo a Hermione desde su lugar junto a su madre -Hace tanto tiempo que no visito Dunstaffnage- comentó como al descuido.
-¿El castillo de Lorne? - Preguntó Hermione con interés, al punto todas las miradas se posaron sobre ella
-Si, es el hogar del querido Theo- prosiguió Pansy usando el querido con cierto retintín -¿Has leído sobre él?
-Era la antigua residencia del Lair del Clan MacDougall, luego Lord, ya para 1000 y tantos con las campañas de William, el conquistador- enunció Hermione frunciendo un poco el ceño – Es un verdadero misterio cómo lograron mantenerlo cuando tantos otros clanes perdieron tierras, castillos e incluso el nombre. En fin sufrió importantes modificaciones hacia 1200 y poco después de 1300 estuvo bajo el poder de el rey Roberto "Bruce"; luego de su muerte fue recuperado por los MacDougall y luego pasó a los Campbell. Se denominó "Doncella de Lorne" por siglos a la hija mayor del clan, y cabeza de éste.
-Interesante, pareces saber bastante sobre la residencia de mi familia- comentó Theo con un incertidumbre -¿Dónde lo leíste?
-En los tratados de Historia que tuve que leer para preparar mi redacción sobre el Clan MacDougall, mi familia paterna está directamente relacionada con los MacDougall,, los Campbell y la familia FitzPatrick como reza en el árbol genealógico que se conserva en casa de la Bisabuela; fue con un FitzPatrick que se casó de antepenúltima Doncella de Lorne, La condesa de Campbell, Anabelle, luego de caer en desgracia de la corte Isabelina éste se retiró a la región de Aquitania, dónde se le pasó a conocer como "Granjero"; Y de allí el apellido Granger que regresó tres generaciones después, por motivos políticos, a Inglaterra como sustituto del FitzPatrick, de allí a todas las colonias Inglesas... y al tiempo presente.
Voldemort lucía asqueado
-La misma abuela que te dió el Granger supongo- comentó con sorna
-No la madre de mi madre Connor, sería la prima de la abuela Granger de mi padre, mis padres eran primos en tercer grado, pero papá provenía de la rama Australiana de la familia Granger. Por parte de los Connor el pasado es incierto, nunca tuve oportunidad de cazarlos antes de la abuela Morrigan.
-¿Cual dices que era su nombre?- Voldemort le dió una mirada intensa, como si estuviera intentando nuevamente leer sus pensamientos
-Morrigan- dijo ella sin percatarse, midiendo la poción que tomaba con el desayuno sirviéndose de una cuchara y una copa, a la que añadió jugo – pensé que entre magos, de todos los lugares del planeta, nadie notaría la curiosa tendencia de mi familia a utilizar nombres extraños para sus hijos.
-¿Qué clase de nombre es Hermione, en todo caso?- preguntó con chanza Blaise, buscando un modo de relajar la patente tensión en la mesa, aparte de él y Pansy, parecía que nadie más notaba el estado de Voldemort, las hermanas Black y Theo
-Griego, el nombre de la hija de Helena de Troya y Menelao, nacida luego de que ella fuera rescatada de la ciudad amurallada, que fue nombrada así por una de las ninfas que acompañaban a las musas.
-Igual que Theodore, una variante cristiana de Theo, Dios, o al amparo de Dios- comentó Pansy- Alexandra, mi segundo nombre, y Alexandria significan "La Protectora"-
-En el contexto de quien se sacrifica a si mismo, interponiéndose o distrayendo al enemigo, que sobre exposición a los Alexander's, hay tres en ésta misma mesa- intervino Nanny tomando un bollo de pan -¿Qué significa Hermione?
-Emisaria- dijo ella mirando al muchacho a los ojos -Emisaria de los Dioses, era el título de las hijas, doncellas o devotas de Hermes.
Hermione se concentró entonces en su comida, qué irónico resultaba todo aquello, en medio de su cautiverio se convertía en una esposa y en una suerte de invitada, conversando y departiendo con personas que nunca hubiera invitado a su mesa, sólo por las creencias que les separaban, personas que dentro del mundo de los magos conformaban la clase aristocráticamente dominante y socialmente superior por ser "sangre limpia". Voldemort se hacía llamar uno de ellos y la posicionaba entre aquella gente como si aquel fuera su lugar preestablecido, como si ella formara parte de aquello.
Curiosamente, desde que habían trascurridos los dos primeros días de su cautiverio, más allá de aquello a lo que se había visto obligada a hacer para preservar su integridad, como casarse con su peor pesadilla o tratar amistosamente a Voldemort y los otros, cada minuto se sentía más cómoda en su rol.
Tal vez de debiera al vacío que crecía constantemente en su pecho, o al frío que entumecía todas sus emociones, o a la determinación con la cual había decidido jugar a ambos bandos. ¿Sería aquello lo mismo que Snape había sentido todos aquellos años, obligado a pretender que seguía fiel a las antiguas convicciones que le habían abrazado primeramente como mortífago?
¿Cual sería ahora la dirección a tomar?
Estremeciéndose ante la respuesta que acudía a su mente, Hermione Granger miró a los jóvenes, sintiéndose de pronto injusta por haberlos juzgado antes. No eran de su agrado, y fingir lo contrario sólo la adentraba más en aquel oscuro mundo de mentiras y verdades a medias. Pero tampoco podía fingir que ahora, conociéndolos más profundamente debido a las revelaciones de las noches pasadas, no sentía pena de sus destinos, entrelazados a toda aquella maraña de corrupción y maldad por unos padres hedonistas, malvados, ambiciosos o simplemente cobardes.
Y frente a ella, se abría la puerta a un nuevo mundo de conocimientos imaginados, de conocimientos oscuros que podrían ser su salvación y la de su gente, o la perdición eterna de su alma.
¿Qué pasaría si, como en el pasado había sucedido a Tom Riddle, Albus Dumbledore, Morgana y tantos otros magos, ella se dejaba seducir por toda aquella magia oscura y maligna?
Volvió a temblar ante aquella perspectiva, mirando los ojos de Severus Snape, posados en ella como si pusiera leer sus pensamientos; y por un momento le pareció que así era, aunque fuera aquello un misterio, pues Voldemort no había podido vencer sus defensas, sus barreras naturales. Con un último tremor recorriendo su cuerpo, Hermione Granger cerró los ojos con resignación y se entregó a su nuevo e incierto destino. Enterrando en lo profundo de sí a Jane Connor y Hermione Granger abrió los ojos esperando poder alcanzar las expectativas que se acumulaban sobre ella, para mirar de nuevo a Severus.
Nacía Hermione Malfoy...
OoOoO
Los Cuervos Negros es el nombre que tenía propuesto para la unidad en que participan los Generales más jóvenes de Voldemort, y hasta ahora los pongo por que hasta ahora es importante, sin adelantarme ni revelar lo que no se debe aún. Pero si por casualidad les parece conocido el nombre, seguramente se deba a que habeís leído o escuchado de una unidad llamada de un idéntico creada por Jos Black para su historia Polaris, aquí publicada en dos partes. Ellos pertenecen a la segunda parte: Polaris II El Destino y la Triada.
Bien, les cuento: ¡No se trata de la misma unidad, ni está inspirada en modo alguno en esa, si bien soy la fan # 1 de Jos en todo el mundo, ficker o no!
Jos me inspira, leerla me despierta la musa, pero no me daré a conocer por extraer ideas de los fics de otros, así que no piensen mal de ello.
Lo único que he tomado prestado de ella alguna vez han sido frases de las que han surgido escenas enteras y desatascos literarios, o nombres, me costó un montón describir a mi Nott, pues seguía patalógicamente colocándole ojos azules, consecuencia de enamorarme del hijo literario de Jos, así que le dí los ojos más increíbles que he visto en mi vida, pero Jos, en ésto sí perdóname, no pude evitar lo de Noruego, pos... Nott es un apellido noruego! Vikingo en realidad...
Me despido hasta dentro de dos semanas o tres, o hasta el capítulo de Los hombres de Hermione Granger; recomendándoles algo:
¡Leed a Jos Black (cualquiera de los Pairings)!
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(reviews bien o mal intencionados también son bienvenidos)
