Gui: ¡Buenas! ¿Cuántos milenios hace que no actualizo? La verdad es que mis estudios me tienen un poco acaparada... pero he escrito varios capítulos. Ahora la cosa está en acordarme de subirlos :) Miles de gracias a JackYuLand por el review. Y he visto nuevos favoriteados. Así que gracias por leer, de forma anónima o no :) Si os manifestáis os envío regalos

Disclaimer: Rowling declaró el otro día una cosa que yo, como escritora, nunca habría declarado. Cuando te arrepientes de algo, te lo tragas. O escribes más sobre ellos. Hum.


Segunda Parte: Beauxbatons
Capitulo III: Perdido en medio de Francia

Nom acabó su año de enseñanza a domicilio el 15 de Junio de 2021, día en que Hetty cogía vacaciones. El 10 de agosto cumpliría catorce años y sus padres ya habían hecho la inscripción en Beauxbatons. No había vuelta atrás. Se lo contó así a Griet Harper en una carta, diciéndole también que estaba ansioso por ir a Beauxbatons. Ella le contestó que estaba muy contenta por él, que además había conocido a Hetty Malte y que le iba a ayudar a repasar lo que había aprendido en sus primeros tres años en Hogwarts durante el verano para que no perdiese práctica. También le contó que sus padres iban a mandarla a un campamento de verano en Francia durante todo el mes de Julio para que aprendiese francés. Que le habría encantado poder verle pero que no sabía cómo podría hacerlo y que entonces tenían que verse durante el año de alguna manera. Añadió: "sabré tanto francés que podré pronunciar bien tu nombre y me preguntarás cómo se dicen las cosas en francés porque se te habrán olvidado". Parecía muy alegre, como siempre, y una parte de Louis que seguía impertérrito frente a sus ideas extrañas sobre los amigos, se alivió de no tener que verla. Por carta estaba bien, no necesitaba más cosas.

Las vacaciones aparecían como algo inesperado. Louis pensaba saltar directamente a Beauxbatons, pero no podía perder dos meses y medio aún en el Refugio. Irían a principios de Agosto a casa de su prima Sophie en Normandía y prácticamente todo Julio a la Madriguera, así que Louis decidió salir a la playa a diario en lo que le quedaba de Junio. Griet Harper, Williwy y todos sus primos seguían en Hogwarts hasta el 30 de Julio, pero algunas familias de veraneantes ya habían llegado a Shell Cottage y la playa privada que alquilaba Bill Weasley a los muggles había abierto, con su pequeño chiringuito, en el que vendían bocatas, helados, refrescos y unas muy reputadas cervezas que a Louis no le gustaron nunca pero que pronto empezaría a apreciar.

Pese a su eterna timidez ante lo desconocido, se obligó a salir a la playa, porque él, Louis Weasley, no iba a quedarse encerrado en casa solo porque a unos les hubiese dado por alquilar la playa que, de hecho, le pertenecía a él también. Así que todas las mañanas se bajaba con su libro a leer a la orilla, en una parte ligeramente rocosa en la que había un saliente muy cómodo para leer que habían descubierto Vic y Niní y le habían entregado a Nom:

-¡Este va a ser tu reino, Nom! ¡Hemos encontrado y te regalamos un rincón de lectura! Te prometemos que será cómodo y que nadie nunca te molestará. Cuando Vic cumplió los diecisiete y sin que sus padres lo supiesen, puso en el rincón un repelente de muggles. No veían a Nom, porque no se veía bien el sitio desde la playa, y tampoco sentían ganas de acercarse al sitio.

Fue un lugar muy cómodo y sin embargo, al cabo de unos días a Nom no le pareció que fuese divertido leer ahí. Había observado a muchos niños bañarse y necesitaba ponerse a su alcance. Al cabo de una semana, se instaló a leer en la playa, a la vista de todos los niños, por si a alguno le daba por acercarse. Una niña tardó una semana pero al fin se le acercó, acompañada por su hermana mayor que le sacaba un par de años. Estaba muy enterada de los procedimientos del ligue y querían enseñárselos a su inexperimentada hermana pequeña. La mayor era de la edad de Louis, más o menos, y la pequeña tenía el aspecto de una Lucy crecida que a Nom le espantó desde el principio. No fue agradable con ellas.

Tres días después se le acercó un grupo de chicos un poco más mayores. El que estaba delante le dijo:

-¿Vas a leer ahí todo el día? ¿No prefieres venir a jugar?

-¿A qué? – preguntó Louis sin levantar la cabeza del libro. En cuanto tenía la ocasión de ser sociable, se encerraba en un silencioso malhumor y llegaba a ser desagradable.

-Al volley, a qué si no. Necesitamos otro jugador.

Nom se dignó a levantar la cabeza y algo que nunca sabría explicar le impulsó a aceptar. No eran más que las ganas de socializar que le había empujado también a leer en la playa al alcance de los muggles, en vez de en su reino y rincón secreto. Jugó con ellos al volley un rato, pero pronto se hizo daño en la mano y decidió que ya volvería otro día. Tardó dos en salir de nuevo, dos días en los que de vez en cuando, echaba una ojeada afuera y veía jugar a los niños. ¿Cómo le iban a acoger si ni siquiera le recordaban? Ser solo siete, de repente, no parecía un problema.

Su madre le obligó a salir cuando se enteró de lo que le pasaba por la cabeza a su niño y así, refugiado, gracias a Merlín, en la obligación de su madre, Nom estuvo durante unos días jugando al volley con sus vecinos. Aparecían chicos distintos según el día, según si era por la mañana o por la tarde. Unos se iban y llegaban otros y se aprendió muchos nombres que olvidaría hasta el verano siguiente. Al cabo de dos días con sus mañanas y tardes no necesitaba que su madre le obligase a ir; y al cuarto día supo que se iban a la Madriguera. Fue todo un chasco. Se despidió de todos sin decirle a nadie que se iba al día siguiente, pero los niños, acostumbrados a todo el movimiento del verano, no se preguntaron más que una vez dónde estaba Nom y si vendría.

Dejó en la playa del Refugio el recuerdo de un niño raro que no jugaba mal, de un chico guapo, para alguna de las niñas cazadoras de allí y de un niño pesado para las hermanas que se acercaron las primeras. El tiempo en la Madriguera fue mucho más normal, menos difícil, con menos experiencias que le ayudarían a madurar, pero no por eso se lo pasó mal. De hecho, coincidió con Albus y Rose al principio y con Roxanne y Fred al final, además de que vio a sus hermanas más a menudo que durante el curso. Todos sabían lo de Beauxbatons y le preguntaban cómo se sentía y si estaba seguro. Louis se dedicó a leer la mayor parte del tiempo, a pasear a veces con sus padres o hermanas y a ir al pueblo con Albus y Rose, además de a mirar con mala cara a cualquiera que le preguntase si estaba seguro de querer ir a Beauxbatons, como James, Dominique y algunos de sus tíos.

En Normandía se dedicó a ir a la playa con Sophie y a no hacer nada, como siempre, en realidad. Por las noches leía libros y durante el día solía aburrirse, intentando que Sophie hiciese algo que les entretuviese a los dos. Ella le contó cosas sobre Beauxbatons pero en seguida prefería tomar el poco sol que intentaba alcanzar las costas rocosas del norte de Francia. Nom en realidad se moría de ganas de llegar a Beauxbatons y todo lo que había entre él y su destino era un incordio aburrido y lento.

Cuando volvieron al Refugio, en la playa quedaban algunos amiguitos; pero Nom no jugó mucho con ellos. En realidad, no podía esperar y ya leía alguno de los libros que le habían mandado para el primer curso y que habían comprado en Francia. Una semana antes de que empezasen las clases, Nom fue con su padre y el Pusi al Callejón Diagón.

En la tienda de animales les dijeron que el Pusi estaba estupendo y que no necesitaba nada extraño en Francia. También pasaron por una papelería y compraron un montón de pergaminos, papeles, plumas, lápices y diversos materiales para usar durante el curso. Todo fue al baúl de Nom que había sido antes de Vic y que durante un año no había hecho más que acumular polvo.

El 31 de Agosto llegaron Bill, Fleur, Nom y el Pusi al pueblecito, Sées, cerca del cual estaba Beauxbatons. Bill y Fleur se quedaban allí una noche y a la mañana siguiente, acompañaban a Nom al trenecito o tramway que salvaba la distancia entre Sées y Beauxbatons. En el trenecito cabían unas cien personas pero en él no iban más de cincuenta. Alguien dijo que había más de un servicio ese día y que muchos alumnos iban directamente a Beauxbatons con sus padres.

Bill y Fleur prefirieron dejar a Nom la tarea de descubrir él sólo lo que se le avecinaba, y así fue. Nom estaba ansioso y no hablaba con nadie, sólo miraba al frente esperando descubrir algo inesperado y un terror enorme se apoderó de él cuando vio, de nuevo después de siete años, la verja del colegio.

De repente, los recuerdos le volvían, pero había un problema: les habían explicado a todos los mayores cómo funcionaba el colegio pero él no recordaba nada. ¿Qué ocurriría en cuanto el trenecito se parase?

No fue difícil, en realidad, como siempre. Había indicaciones, claro. Había que seguir la larga allée con todos los del tren, algunos haciendo grupitos, otros más bien solos, como Nom… Y tras dar tantas vueltas que parecía que volvía uno a estar en el mismo sitio (impresión bastante cierta ya que en un mapa de Beauxbatons se veía claramente que la allée no era una línea recta entre la verja y el estanque, sino que daba vueltas por el bosque hasta llegar al edificio de la Academia), al fin vieron el palacio renacentista por dos veces duplicado. Al final de la allée había un panel explicativo: la bienvenida se realizaría en el edificio de los dormitorios, por lo tanto tenían que seguir andando hasta él. En la puerta de entrada de los dormitorios había otro panel explicativo. Decía, en francés, los de primer año a la sala B2, los demás a la sala B3, más grande, llamada sala de reuniones. La sala B2, de hecho, estaba indicada de la forma más llamativa posible. Louis se relajó. En la sala, situada en el primer piso del edificio de dormitorios, encontró a un montón de chicos de su edad. La mayoría habían llegado antes, cosa que a Louis le irritaba sobremanera, pero es que no muchos de ellos habían ido en tramway desde Séess, sino que se habían aparecido con sus padres. Ellos necesitaban más apoyo paterno que Louis: dejó de sentirse tonto.

Un hombre joven que dijo ser uno de los surveillants, es decir, vigilante, les explicó cómo se desarrollaría todo.

-Bienvenus, Bienvenues –empezó. Daba la bienvenida a chicos y chicas por separado, cosa que era estúpida puesto que en francés, las dos palabras (que se diferencian por una sola letra), se pronuncian exactamente igual. Nadie podría oír jamás si el que hablaba se dirigía a un hombre o a una mujer–. Espero que el viaje no haya sido demasiado duro. El colegio está ahora de lo más vacío. Pronto se irá llenando así que disfrutad de estos momentos de paz. Los de primer año teníais que venir todos pronto por la asignación de habitaciones. Todas vuestras pertenencias siguen, si nadie ha cambiado las normas hace dos segundos, en el jardín. –Pretendía ser un chiste pero pocos se rieron. Los nervios estaban en el ambiente–. La repartición de cuartos se hace por sorteo, aunque si hay algún problema, y en ocasiones excepcionales, se pueda hacer algún cambio con el consentimiento de todos. Los que han pedido habitación doble, una cola delante de esta urna. Los que han pedido triple, una cola delante de esta otra urna.

Todos los niños ejecutaron las órdenes salvo alguno que no sabía qué habitación había pedido. El vigilante tenía una hoja con las peticiones. Algunos casos que no habían pedido nada tendrían que esperar hasta que todos hubiesen cogido para poder elegir doble o triple. Fueron cogiendo papeles y pasando delante de otros dos vigilantes que aparecieron más tarde para decirles en qué cuarto les había tocado.

Nom no estaba ni al principio ni al final de la cola y pronto le llegó el turno. Estaba ante la urna de las habitaciones dobles y no quería compartir cuarto con nadie. En Hogwarts, sin embargo, había compartido habitación no con uno, sino con cuatro chicos, así que en principio podría aguantarlo. A menos, claro, que su compañero de habitación fuese insoportable. Las habitaciones de cinco son quizás más cómodas para enfados porque se pueden hacer grupitos. Todo él temblaba ligeramente.

Había dos urnas. El vigilante que les había hecho la presentación repetía todo el rato: urna rosa para las chicas, urna azul para los chicos. Metió la mano en la urna azul y cogió tres papeles, los soltó todos y agarró un cuarto más abajo. Abrió el papelito y ni siquiera supo cómo reaccionar. Habitación 4209. Fue hacia el vigilante que se ocupaba de los cuartos dobles y le tendió el papelito.

-¡Ah! La chance! – exclamó el chico. - ¡Qué suerte! Esa está cerca de las escaleras. Y además estás en el piso mixto.

Nom no lo comprendió todo pero ya tenía una llave. El hombre le dio también un plano del edificio de dormitorios y le indicó que debía ir a sentarse de nuevo ante la estrada para que les leyesen el reglamento interior. La lectura duró media hora y Nom se aburrió a las tres frases, pero al final estaba más alerta que los demás. No manchar suelo, paredes, no estropear muebles, no bajar a desayunar en pijama, no, no, no, no… Era agobiante. Al final decidió dejar de escuchar y observar a los chicos. Los miraba a todos, inquieto. ¿Con quién compartiría habitación? Las chicas estaban eliminadas de antemano, pero los chicos no eran pocos. ¿Sería mínimamente agradable? Empezaron a explicar horarios y asignaturas, clases, etcétera. Los grupos de alumnos se habían hecho también por sorteo pero con antelación, teniendo cuidado en que hubiese el mismo número de chicos que de chicas y un proporcionado número de extranjeros frente a los franceses y toda clase de preocupaciones francesas de ese estilo que poder poner después en una presentación oficial.

Nom se preguntó si él era extranjero o francés. Tenía dos nacionalidades y ser extranjero le habría servido para muchas cosas, pero administrativamente y para sus padres, seguro que había sido más cómodo ponerlo entre la mayoría francesa.

El vigilante seguía explicando que eran 80 nuevos alumnos, 42 chicos y 38 chicas, 16 extranjeros que venían de antiguas colonias francesas en África y Asia y 11 alumnos que venían de países en los que no se hablaba francés. Nom se sintió orgulloso de estar en ese grupo. Por lo tanto habían hecho cuatro grupos de 20 alumnos cada uno, que se llamaban A, B, C y D. Nom esperó a su nombre y oyó que estaba en 1ºC.

Aparecieron entonces cuatro profesores que se hacían cargo de las clases como tutores y que se reunieron con los alumnos en los cuatro grupos formados para darles órdenes y horarios. Nom vio por encima la pinta que tenía su clase y se paró durante más tiempo frente a su horario. Tenía, como le había anunciado su padre, Pociones, Transformaciones, Encantamientos, Historia de la Magia, Estudios Muggles, Educación Física y una cosa llamada Contrôlons les Magies Noires que pese a su nombre extraño « controlemos las magias negras » sería seguramente Defensa Contra las Artes Oscuras. Intentó buscarle fallos y no encontró nada que le pareciese demasiado grave. Unos minutos más tarde les citaron al día siguiente, jueves, a estar a la hora requerida en el aula donde se impartiría su clase si no querían ser echados durante la primera hora de clase de sus vidas en Beauxbatons.

Nom, con su mapa de dormitorios en la mano (en el bolsillo llevaba bien doblados, el mapa del edificio de la Academia, el mapa del recinto, la lista de actividades optativas, su horario con el nombre de su clase y de sus profesores, así como las aulas a las que debía ir y un pergamino con anotaciones estúpidas que finalmente no le habían servido de nada, puesto que le habían dado un papel en el que estaba escrito todo lo que él había pensado oportuno anotar).

Subió todavía dos pisos más por las escaleras hasta llegar al piso mixto. El primero era solo de chicas, el segundo solo de chicos, y el tercero una mezcla. En él, la vigilancia era ligeramente más dura pero sus habitantes habían aprendido a burlarla bastante bien. Nom se acercó a la puerta verde que rezaba "Chambre 4209" e introdujo su llave. Giró bien, sin dificultad, y encontró el cuarto más o menos vacío, con dos baúles delante de los armarios. Un vigilante entró tras él.

-¿Cómo te llamas?

-Louis Weasley.

-Bien, señor Weasley, dígame cómo prefiere su cuarto.

Desplegó ante él una especie de catálogo con modelos de diseño de habitación. Podía elegir entre varios tipos de cama, mesa, silla y armario, combinables según si prefería más espacio de mesa o de armario, o si le daba igual. Nom tuvo en cuenta al Pusi y no tuvo más que decir. Su compañero de habitación que llegó ligeramente más tarde pidió que su cama fuese grande, su armario pequeño y su mesa desapareciese. El vigilante le puso mala cara y el chico aceptó una mesa de ángulo que no ocupaba espacio y parecía más decorativa que otra cosa.

Después de esa entrada, Nom no supo qué idea hacerse de su compañero de habitación. ¿Por qué no quería mesa? Tampoco había pedido estanterías (Nom había pedido muchas). ¿Quién era? Se llamaba Maurice Florette y no sería la última vez que sorprendería a Nom.

-¿Quién eres? –le soltó, como un sonido entre bufido y ladrido.

-Louis Weasley.

-¿Uislé? ¿De dónde eres?

El destrozo que hizo con su apellido no tenía nombre. ¿Uislé? ¿Qué era eso? Pero no le molestaba. Él sabría pronunciar su nombre. No como los ingleses.

-Soy medio francés medio inglés.

-Ah. Yo soy Maurice. Pareces ordenado –señaló su parte del cuarto. Entonces vio al gato–. ¿Y esa bola de pelo?

-Es el Pusi. –Louis dijo "el Pusi" en inglés porque no se sentía capaz de pronunciar el nombre de su gato a la francesa. No podía.

-Qué nombre más raro. Bueno, voy a dar una vuelta para ver cómo es esto, ¿quieres venir?

Miles de opciones se le pasaron por la cabeza a Nom. Y entonces recordó el volley en la playa ese verano.

-Vale.

Salieron al pasillo. Tenía forma de 8 y por todas partes, sólo había puertas con números en ellas. Eran de madera antigua, algunas crujían. Al parecer, el primer piso había sido renovado ese verano y cada verano renovarían uno. Giraron por el pasillo para acceder a las habitaciones de chicas del piso. Había bastante gente (había menos chicos y aún no habían subido todos) pero una chica llamaba la atención más que las demás. Tenía el pelo blanco y largo hasta la cintura, recogido en la cabeza por trenzas pero suelto cuando llegaba a la espalda. Tenía la piel blanca y los ojos negros resaltaban en ella. Sus labios, de un rojo violáceo muy oscuro, estaban entreabiertos. Iba vestida del color de sus labios, con algo de negro y blanco. Se paró delante de una habitación y el encargado le preguntó su nombre.

- Honorine d'Azémar de Saint-Maurice de Cazevielle –dijo, recitando, como si fuese un poema que se hubiese aprendido de memoria y que le encantase recordar.

Nom se quedó boquiabierto. ¿Quién en su sano juicio, con un apellido así, se atrevería a recitarlo con ese aire de superioridad? Él no podría vivir así.

-Joder –soltó Maurice–. Qué buena está.

A Nom también le sorprendió la reacción de Maurice. Volvió a mirar a la chica. Sí, llamaba la atención los colores en los que iba envuelta, pero al lado de Hetty… Maurice opinaba que había que llevarse bien con los nobles. Entonces Nom comprendió que con ese nombre, con tantos "nom à particule" venerados por los franceses (a Nom le bastaría con hacerse llamar "de Weasley" para hacer parte de ese grupo), debía de ser noble. Pero noble de los nobles nombrados por los reyes de Francia, cuando aún los había y armaban caballeros a los soldados que les habían servido bien. Después, los franceses les cortaron la cabeza y no hubo más nobles, pero la gente añadía el pequeño "de" a su apellido burgués para quedar bien.

Honorine d'Azémar de Saint Maurice de Cazevielle se metió en su cuarto después de haber elegido la disposición que quería y la siguió una chica bajita, con el pelo negro y corto, muy maquillada y vestida de negro también. Nom alcanzó a oír su nombre cuando pasaron por delante para bajar a otros pisos, se llamaba Yvette Lauxas. En la habitación 3220 había una extraña pareja…

Bajaron las escaleras hacia los pisos inferiores mientras Maurice decía:

-Tengo que conseguir hablar con ella. Quizás esté en mi clase. Oye, ¿tú en qué clase estás? ¿En la C? Yo estoy en la D. Antes me he encontrado con un tío super majo, hemos hablado un poco. Está en la C también. Se llamaba Tancrède algo. Estaba justo delante de mi cuando cogimos habitación, le tocó una del piso de chicos. Y claro…

Entonces se chocó con un chico muy alto y muy negro con el pelo rapado que le miró como si se hubiese chocado con un mosquito. Maurice tuvo miedo. Louis un poco también.

-Pardon, no veo donde pongo los pies –dijo riendo, como si hubiese contado un chiste. Se veían sus dientes en contraste con su piel. Entonces les pareció divertido. Les hizo un gesto con la cabeza y siguió subiendo.

La verborrea de Maurice no se reanudó. Solo comentó que se había asustado.

Llegaron al piso de chicos, que estaba lleno de gente muy alta. Los mayores habían empezado a llegar. Algunas chicas pululaban entre tantos chicos. Una flaca y alta, con el pelo más liso que una tabla cortado corto en la nuca y largo a los lados estaba apoyada en la pared al lado de una puerta abierta: 3309. Parecía que hablaba sola. Maurice iba a pasar de largo pero a Louis le llamó la atención. Algo en ella le recordaba a Griet, aunque Griet Harper era bajita, tenía el pelo recogido en una trenza, color arena y no verde lima en las puntas como esa, y los ojos claros y una sonrisa franca; y ésta en cambio mascaba chicle y sonreía como provocando. Entonces ella le miró a él y le dijo:

-¿También eres de primero?

Entonces Maurice se paró. A la vez, un chico salió de la habitación en cuya puerta estaba apoyada ella. Era una habitación triple, pero estaba vacía. El chico les saludó.

-¿Cómo os llamáis?

Parecía ser la chica. Tenían la misma actitud.

-Yo soy Maurice, y este es Louis.

-Yo soy Jean –dijo el chico.

-Fanny –dijo la chica.

-Pero hay que llamarla Ficelle –añadió Jean. Fanny se indignó. Hay que decir que tener de apodo "cuerda fina" puede no gustar, pero era claramente mejor que "gnomo". Le pegaba, como era tan flaca y larga–. Ella está en 1ºC y yo en 1ºD, ¿y vosotros?

-Igual –comentó Maurice, que parecía haberse adaptado muy bien a la compañía de Nom, tan silencioso como siempre. Maurice hablaba y Nom asentía–. Yo D y él C. Somos compañeros de cuarto.

-Nosotros estábamos juntos en la escuela de magia, en Marseille. Conocemos a un par de los que hay aquí –les explicó Jean.

-Claro, como yo. Conozco a todos los que vienen de Bretaña, solo hay una escuela de magia allí. Aunque bueno, siempre están los que estudian en casa. Acabamos de ver a un chica arriba que se llama Honorine d'Azémar de Saint-Maurice de no sé qué más. Seguro que esa ha tenido un profesor particular toda su vida. Parecía que dominaba a todas las chicas del pasillo.

-¿Estáis en el piso mixto? Qué suerte. Yo estoy abajo del todo. Es tan poco divertido estar en un piso lleno de chicas, subir cuatro escaloncitos de nada… Los altos deberíamos estar arriba. Tenemos prioridad para ver desde lo alto.

Mientras Ficelle y Maurice seguían su conversación, aunque parecía difícil porque los dos intentaban decir tantas cosas que hablaban muy deprisa, Jean se acercó a Nom.

-¿Louis? ¿De dónde eres?

-Mi familia francesa es de Normandía, pero vengo de Inglaterra. Shell Cottage.

-¿De Inglaterra? ¡Es genial! ¿También hay escuelas de magia allí?

-No, yo he ido dos años a Hogwarts y luego tuve una profesora particular.

-¡Has ido a Hogwarts! Mi padre fue a Hogwarts para el torneo de los Tres Magos, siempre cuenta cosas geniales. Le dio mucha rabia porque no fue el campeón de su escuela. Fue una chica. Pero mi padre dice que se lo perdonó porque era muy guapa.

-Es la sangre de Veela –comentó Louis, sin dar explicaciones. Jean frunció el ceño, pero antes de que pudiese preguntar, Ficelle le dijo que iba a ir a su cuarto "ahora que sé que te dejo en buenas manos", y Maurice empezó a hablar de que era genial que estuviesen en la misma clase. Nom escuchó la conversación.

Entonces, un chico llegó a la habitación de Jean y les dijo:

-¿Quién es mi nuevo compañero?

Jean levantó la mano, explicando que Nom y Maurice estaban en el piso mixto.

-Genial, soy Ray Taquai. Estoy en 3ºA. El otro chico que duerme aquí se llama Stefan Fenster, es alemán. Está en 2ºB, creo. Nuestro antiguo compañero se fue a mitad de año y nos habíamos acostumbrado a ser solo dos. Vamos a explotarte un poco, Jean. Porque eres novato –y se rio con ganas.

Antes de entrar en la habitación por completo les preguntó a los tres si no habían intentado ya subir al quinto piso: era el de las habitaciones de los profesores. Nom, Maurice y Jean se miraron. Maurice parecía desear subir. A Nom le daba igual (en realidad no quería). Pero fue Jean el que llevó la voz cantante:

-A mí me apetece visitar el primer piso y el rez-de-chaussée*. Antes solo hemos visto el vestíbulo y la sala B2.

Entonces bajaron. Maurice se guardó la información sobre el quinto piso para más tarde.

Las salas B1 y B2 estaban ya cerradas. En la sala B3 aún había algunos mayores. El comedor, con las puertas abiertas de par en par, les llamaba.

Vieron que había montones de mesas y que había un buffet en el que coger varios platos a elección. Más tarde descubrirían que sólo tenían una imagen del plato. Cuando la tocaban, aparecía el plato en sus bandejas y podían seguir. En los eventos oficiales, los platos aparecían directamente delante de ellos, como en Hogwarts. Cuando Nom fue con su familia, los platos habían aparecido de la nada.

Nom no podía evitar compararlo todo. Hogwarts tenía sus puntos buenos. Beauxbatons parecía demasiado francés, con esa lógica extraña, esa apariencia de rigor que una vez destapada era puro desorden y mala organización.

Bajaron al primer piso. Ahí estaban las cocinas y la enfermería, así como unas diez salas de estudio con diferentes accesorios. En una de ellas había un piano. En otra, un grupo de mayores jugaba al ajedrez. Una chica negra, con el pelo recogido en millones de trencitas saltaba de contento mirando como jugaba su amigo. A Nom le pareció simpática.

-Bueno, ¿subimos al quinto piso? –preguntó Maurice.

-¿Tenemos que hacer algo? –preguntó Jean a su vez, en vez de contestar.

-No.

-Pues vamos.

Pero Louis no subió con ellos. Jean, tres peldaños por encima de él, se dio cuenta.

-¿No quieres venir?

Nom miró involuntariamente hacia fuera.

-Bueno, si quieres salir… ¡espera!

Maurice, que había subido mucho más, se dio la vuelta exasperado.

-¿Y ahora qué?

-¿No estaría bien ir a ver si podemos visitar el edificio de la Academia? Porque mañana tenemos que estar a las ocho y media en un aula y aún no sabemos cuál es.

-Es fácil: tenemos que estar en el aula 115. Está en el primer piso.

-¿Seguro?

-¡Claro! Los números están para algo. Mira, mi habitación es la 4209. Significa que es la novena habitación doble del cuarto piso. La tuya es la 3309, o sea que es la novena habitación triple del tercer piso. Tan simple. Vamos.

Y Jean siguió a Maurice. Pero Nom decidió ir a mirar la Academia.

Estaba abierta, cosa que fue un alivio, porque su pánico insensato pensaba que quizás estaría mal ir a mirar ahí. Pero había bastantes alumnos en la Academia también. A su derecha, al entrar, un cartel en una puerta sobria rezaba: Directeur: Madame Olympe Maxime, Adjoint: Monsieur Bruno Médan. A la izquierda, en letras que imitaban las runas, ponía: Reception, Secrétaire, Vie Académique. Parecía ser la secretaría.

Nom siguió por el pasillo. De vez en cuando, alguna puerta aparecía en la pared. Había muchos tapices y estatuas pero sus habitantes no se movían demasiado. Alguno bostezaba de vez en cuando, pero eran franceses: es de mala educación moverse cuando se es un cuadro.

Encontró los aposentos del Director antes que las escaleras, que estaban en la otra punta del edificio, y subió. Al llegar al primer piso, se acordó de algunas cosas. Frente a él estaba el aula 101. Siguió por el pasillo y solo encontró hasta la 110. Pero antes de preguntarse por el aula 115, vio una puertecita negra que recordaba muy bien. La biblioteca. Se acercó a ella, intentó abrir… Pero estaba cerrada. Además, no había mucha gente por ese piso. Quizás no podía estar allí. Dio la vuelta para volver a las escaleras, algo asustado. Tenía unas ganas horribles de volver a ver la biblioteca. Era la principal razón por la cual estaba allí. Quizás tuviese que esperar. Mientras seguía subiendo, tuvo miedo de no poder verla nunca. Era un miedo estúpido, ya que si había una biblioteca, seguro que estaba para poder consultar los libros que los profesores mandaban leer.

Ante él apareció el aula 111 y su miedo desapareció con la certeza de que él sabía algo que Maurice no. Y es que el aula 115 estaba en el segundo piso.


*Planta baja, "piso a la altura de la calzada".


Jiji, me encanta este final :) Y me lo he pasado pipa escribiendo... Porque ahora que estoy en Francia, puedo asegurar que lo que vive Nom es AUTÉNTICO.

Los reviews son parte de los ingredientes esenciales para alcanzar más rápidamente tu camino hacia la felicidad.

Gui SdlN