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Capítulo X

"Tercer mes"

—Estoy agotada. ¿Podemos parar ya?

—No hasta que logres golpearme la cara.

Una jornada más de entrenamiento, y los reflejos y la velocidad de Amy se acrecentaron en tan poco tiempo para sorpresa de Shadow. El erizo negro había comenzado con enseñarle lo básico, poniendo a prueba la destreza y el afán de la eriza. El combate cuerpo a cuerpo era un método mas de defensa que de ataque, ayudándole también a afinar sus cinco sentidos. No quería imaginárselo, pero si llegara el caso de que debía alejarse de Amy y en esos instantes se llegue a encontrar con el enemigo, podía sentirse un poco aliviado al saber que su compañera podría defenderse sola. La fuerza de la chica ya era superior, no solo la física sino también la mental. Al principio para Amy le era muy difícil no hacer uso de su martillo, ya que ese objeto era parte de ella, sin él se sentía como si peleara con un solo brazo. Era por eso que Shadow le recomendó crear sus propias armas con lo que le daba la naturaleza. Entre los dos hallaron palos largos y delgados de resistente madera, como también espinas de cactus que podía hacer uso de ellas como "shurikens". Amy tenía potencial, y la prueba de ello era porque su puntería era perfecta. Con sus "agujas punto de presión" —como ella los llamaba—, podía lanzarlas desde una distancia de cinco metros y dar en el blanco. Otro consejo de Shadow era que ella practicara con su cuerpo. Amy no lo comprendió al principio, pero luego de que Shadow le explicara que el cuerpo de los mamíferos tiene puntos de presión de energía en el interior, y si se enterraba las agujas en esos puntos, la victima podía quedar vulnerable y llegar a rematarla hasta la muerte. Amy se sentía incapaz de herir a Shadow, pero parecía que a él no le importaba en lo absoluto, recordándole que era una paga por el hecho de morderla y dejarle una cicatriz. Ante la negativa de Amy al usar a Shadow como objetivo de filosas agujas, el erizo negro tuvo que abrirle los ojos ante el panorama de que se tenía que tomar en serio la guerra. Para sobrevivir se debía sacrificar muchas cosas, como los ideales y algunos valores que para el enemigo eran algo sin fundamento. Así era eso, sino te hacías fuerte por las malas, entonces estabas preparado para morir. Amy aceptó esas palabras como un bofetón, por supuesto que no quería morir, y mucho menos en manos enemigas. Quería ser una de las heroínas que pondría fin esa guerra. Porque si no fuera así, todo lo que había entrenado, vivido, trabajado sería en vano. Sin embargo, al sentir algo por Shadow, un cariño inmenso, hacía muy difícil tomar en cuenta su sugerencia. Le tomó un tiempo en dejar a un lado los sentimientos, y con la cabeza fría aceptó practicar en él, atacando sus puntos de presión con sus agujas. No supo cuando decidió parar, tal vez fue cuando vio un gran charco de sangre bajo los pies de su compañero. La preocupación y el pánico se fueron acrecentando, hasta que vio que las heridas de Shadow se curaban a una rapidez inédita. «Así que era cierto. Shadow es inmortal ». El ser supremo se quitaba las agujas una por una sin demostrar dolor, todo eso lo hacía frente a la mirada aterrada de Amy quien seguía anonadada. Shadow, como si nada, revisaba sus brazos y su pecho, limpiando su pelaje manchado de su propia sangre. Por suerte para él, esa zona estaba libre de detectores de poder, así que pudo acelerar su habilidad de factor de curación. Una vez terminado el proceso de regeneración, echó andar sus pasos en dirección Amy. La eriza retrocedió en un acto reflejo de vulnerabilidad, chocando su espalda con un árbol. Al verse acorralada por su compañero, se quedó quieta, tomando con fuerza la aguja que le quedaba a su merced. Por un segundo pensó que exageró en el entrenamiento y que Shadow se vengaría de ella por las heridas que le causó. Jamás se imaginó lo que vendría a continuación. Shadow ya estaba frente a ella, esbozando una sonrisa que parecía ¿orgullosa? Sí, eso parecía, mezclada con una suficiencia que solo él se podía otorgar. Luego de eso, llevó una mano en la coronilla de su compañera, sintiéndola temblar al acto.

—Buen trabajo, Rose—dijo Shadow sin más, dándose la vuelta en busca de comida.

¡Demonios! En serio que a veces Shadow podía ser bipolar. Amy parecía tranquilizarse, algo que nunca había cambiado era que el erizo negro le seguí pareciendo un ser muy intimidante.

(…)

Algo que Amy Rose extrañaba de vivir bajo tierra en un búnquer, era el baño. El aseo personal era de suma importancia para la eriza, tanto que intentaba a toda costa el de solo usar una pequeña ración de su champú y una barra de jabón que le había proveído Tails. Había días que no se bañaba por la falta de un río cercano. Cuando se topaban con uno o con alguna fuente de agua, Amy aprovechaba ese descubrimiento para asearse; e igual para llenar sus botellas de agua. Después de adentrarse al bosque con el pasar de los días, por fin pudieron oír el sonido de una cascada. Amy estaba extasiada ante ese descubrimiento. Así que se apresuró para pedirle permiso a Shadow para ir un rato a nadar y a bañarse. El erizo negro no puso ninguna objeción, diciéndole que no tuviera la guarda baja y que debía cuidarse las espaldas. Amy asintió, tomando su mochila y yendo a donde podía escuchar con claridad el agua caer. Rodeó algunos árboles, pasando por un caminito de rocas, increíblemente muy bien alineadas. Amy tuvo cuidado en no resbalar, subiendo por un pequeño peñasco lleno de mojo y césped húmedo. Al llegar a la cima pudo visualizar un arcoíris que parecía bailar junto con el torrente de agua que caía con potencia. Amy no se esperó más tiempo, dejó su mochila dentro de un hoyo que había encontrado, y comenzó a desnudarse por completo; guardando por igual su ropa. Se acercó a la orilla del lago, sintiendo con sus dedos la tibieza de esa agua cristalina. Se adentró más al fondo, y se sumergió. Aguantando la respiración fue testigo de las maravillas que había debajo del lago. Amy quiso explorar más, así que se dirigió hacia la cascada, deseando intentar si podía llegar a la cima con la fuerza del agua cayendo sobre su cuerpo. En ese instante escuchó voces a lo lejos. Se dio la vuelta, asomando solo una pequeña parte de su cabeza para ver de que o quien se trataba. El miedo embargó a Amy al ver tres sujetos que se acercaban hacia donde estaba ella escondida. Juraría que uno de ellos la había visto. La eriza intentó nadar sutilmente hacia la cascada, camufleajándose con la ayuda del agua. Parecía que su corazón iba a salírsele del pecho de un momento a otro. No había forma de llamar a Shadow, aunque si se daba el caso de pelar con ellos lo haría, pero para su mala suerte no había traído sus armas con ella. Con esos inconvenientes en puerta sus nervios la delatarían en cuestión minutos. Amy no les quitaba los ojos de encima, desde su distancia le era imposible reconocer a alguno de ellos. ¿De qué bando estarían? Lo supo cuando logró ver un característico detalle: «Ojos rojos».

(…)

—¿A qué estás jugando, Shadow? —preguntó una voz, oculta entre las sombras.

—Recuerda con quien estás hablando—remató el erizo negro, viendo con repulsión a sus tres visitantes.

—El jefe está desesperado—habló una segunda voz, enfundando un cuchillo entre sus ropajes—. No olvides tu misión.

Shadow intentó con todas sus fuerzas controlarse, parecía tranquilo a pesar que unos ligeros temblores delataban su ansiedad.

—Por cierto, vimos a alguien por las cascadas—dijo el que era más alto de todos los presentes, observando con detenimiento la reacción de Shadow—. Una chica, ¿no te has topado con ella?

Un escalofrío recorrió por completo a Shadow, un miedo que no había experimentado desde hacía mucho tiempo. Su preocupación por Amy provocó en él un tumulto de conmiseraciones nada favorables. Necesitaba con urgencia saber como estaba Rose. No obstante, no mostró turbación alguna, ni siquiera un gesto en lo que conllevaba a una sorpresa.

—No—respondió Shadow, cruzado de brazos. Muy seguro de sí mismo.

Los tres sujetos se miraron alternativamente entre ellos, lanzándose algunas sútiles señales; como algo cómplice.

—La seguimos buscando por los alrededores, pero no pudimos encontrarla—habló por fin la tercera voz. A diferencia de los otros, éste tenía una dicción demasiado aguda.

—Que mala suerte—espetó Shadow esbozando una burlesca sonrisa. Ya podía estar tranquilo, esos idiotas no habían dado con Rose.

Se escuchó un gutural gruñido de frustración entre los arbustos. Shadow alzó una ceja ante tal acción.

—Esperemos que, cuando vengamos a verte de nuevo, tú ya la hayas capturado—remetió la primera voz, gruesa y escrupulosa—. Para llevárnosla y luego entregarla al jefe—terminó diciendo macabramente.

Shadow frunció el ceño furioso, apretando los puños con fuerza; suprimiendo los instintos homicidas de los que estaba siendo dominado.

—Hasta luego, Shadow The Hedgehog—se despidió el que era el líder de ellos, escabulléndose en el recóndito bosque con los otros dos pisándole los talones.

Shadow no se movió de su lugar por unos segundos. Hasta que optó por hacer uso del radar, percatándose que sus recientes visitas se encontraban a varios kilómetros de ahí. Esos idiotas estaban jugando con su poca paciencia, y al hacer eso nadie vivía para contarlo. Dejando de lado ese pequeño inconveniente, había otra cosa de suma importancia.

—Amy—murmuró.

Corrió hacia las cascadas, evitando hacer uso de su velocidad. No le tomó ni dos minutos en llegar, al fin podía sentirse aliviado por completo. Ahí estaba su compañera, quien sacaba su mochila de lo que parecía ser un escondite bajo tierra. Amy, en cuanto lo vio, corrió hacia él y se lanzó a sus brazos.

—Shadow, tenemos que tener cuidado. Me topé con unos tipos y creo que van detrás de nosotros. Estoy segura que saben quiénes somos—dijo eso como un trabalenguas. Realmente parecía muy asustada.

—Tomaremos precauciones. Ahora sigamos—dijo el erizo sin más, tomándola del brazo para incitarla a caminar hacia el sur.

—Sí.

—¿Rose? —la llamó de repente, deteniendo sus pasos.

—¿Mm? ¿Qué pasa?

—Prométeme que, pase lo que pase, seguirás confiando en mí—dijo el erizo negro, cuyo susurro fue apenas audible.

Amy se quedó sorprendida, viendo el perfil de Shadow que no demostraba emoción alguna. Vio más a bajo, clavando sus ojos en la mano de él que sujetaba fuertemente su muñeca. No había duda alguna, por supuesto que confiaría en él en lo que le quedaba de vida.

—Te lo juro—dijo Rose depositando su completa confianza en Shadow.


04/julio/19

Macky Monyer :*