¡Hola a todos! aquí estoy con un nuevo capitulo. En este caso, la mayor parte de él es narrado por Hermione, y probablemente el siguiente también. Ha llegado el momento de ver las cosas un poquito desde su punto de vista. :D
Disclaimer: Los personajes de esta Obra pertenecen enteramente a J.K Rowling, yo solo me limito a tomarlos prestados para escribir esta pequeña historia :)!
Circunstancias especiales
Draco subía las escaleras que lo llevaban directo al despacho de Snape intentando recuperar el aliento. Se había obligado a si mismo a no pensar en cierta chica castaña que lo perseguía allá a donde fuese ya que ahora tenía asuntos más importantes que atender. Era muy consciente de que la había cagado de una forma tan tremenda que ni siquiera tenía sentido seguirse lamentando. Había perdido su única posibilidad de entablar algún tipo de relación con Hermione Granger y debía alegrarse de ello. Se intentó contentar a si mismo pensando que al menos ya no tendría que volver a poner nunca más a prueba sus instintos, ella nunca querría volver a entablar ningún tipo de conversación con él, y mucho menos ningún tipo de amistad.
Alcanzó al fin la entrada del despacho y llamó dos veces seguidas con suma rapidez, deseando que Snape le tuviese aún un mínimo de aprecio para no castigarlo durante más horas por llegar tarde. En cuanto escuchó un suave "Adelante", entró en la amplia estancia en penumbra, apenas iluminada por un par de velas. Recorrió la estancia con la mirada, pero todo seguía igual que siempre, los mismos tarros llenos de substancias viscosas y asquerosas no parecían haber sido movidos. Lo única diferencia entre esta visita y todas las anteriores, era la tensión que se respiraba en el ambiente.
—Draco —La voz fría e impersonal de Snape lo llamó, y entonces localizó a su profesor en una esquina apartada del despacho, camuflado gracias al color de su característica túnica negra. Por un instante pudo notar que en los ojos de Snape había pena, una profunda tristeza que nunca había visto en él, pero todo volvió a la normalidad fugazmente—. Hoy tendrás que limpiar y separar esas raíces de valeriana, serán necesarias en la próxima clase de pociones.
Draco miró instintivamente hacia la gran mesa del centro y vio con disgusto los cuatro enormes calderos llenos de raíces de valeriana. Enumeró mentalmente el tiempo que tardaría en realizar aquella tarea y decidió que en estos casos lo mejor era simplemente no pensar. Se acercó despacio, resoplando de indignación hasta la mesa, y dejó su mochila en el suelo mientras se arremangaba la túnica.
Comenzó a trabajar desganado, sintiendo bastante asco de tener que ensuciarse las manos, aquello era sin duda una cruel humillación a su persona, pero lo que más le molestaba de toda aquella desagradable situación, era que la profunda mirada de Snape seguía clavada en él. En un momento de valentía, alzó la vista y se encontró de nuevo con los ojos tan inmensamente negros del hombre. Un escalofrío le recorrió la espalda, aquella mirada le hacía sentirse desdichado.
Continuó separando las raíces más rápido, pues quería terminar con la tarea de una vez por todas y largarse de allí, pero conforme fueron pasando las horas, se dio cuenta de que no era tan sencillo como en un principio había deseado. Estaba cansado, sucio y harto, pero seguía separando las raíces buenas de las malas como si se le fuese la vida en ello, no sabía muy bien el porqué, pero necesitaba salir cuanto antes, aquel ambiente parecía consumirlo como si estuviese delante de un dementor.
—Creo que ya está bien por hoy —Afirmó Snape desde su rincón, con una voz profundamente fría—. Podrás continuar el próximo martes, tengo muchas más todavía en el armario de pociones.
Draco soltó un profundo resoplido de indignación, pero aceptó de buen grado la oferta de irse. Cogió su mochila con una fuerza que creía no tener y se alejó dando grandes zancadas hasta la puerta que pondría al fin distancias entre él y el profesor.
—Draco, espera un momento —Le pidió con tono serio.
El susodicho sintió que había llegado el momento que había estado esperando todo aquel tiempo, así que ladeó la cabeza y quedó cara a cara con su profesor. Fuera lo que fuese que tenía que contarle o sermonearle, le daba igual, quería acabar con aquello ya.
Tal vez fue precisamente por culpa de esa prisa que no se imaginó lo que sucedió entonces. Las palabras de Snape fueron sin lugar a dudas lo último que podía llegar a esperar escuchar por su boca nunca.
Hermione conocía de sobra que poseía muchos defectos, pero si algo tenía claro, era que sabía muy bien cuando debía rendirse. Con una tristeza que no tenía nada que ver con su derrota, fingió con bastante acierto que una de las tantas pociones que la señora Pomfrey le había dado, con la esperanza de hacerle recuperar la memoria, había funcionado. No necesitó explicárselo a sus amigos, ni ellos tampoco deseaban preguntarle, estaban demasiado felices de ver como Hermione había recapacitado. Se sentían muy contentos de volver a tenerla entre ellos.
Lo que Harry y Ron no sabían era que la Gryffindor se había tragado su orgullo sintiéndose presa de una fuerza más grande, y aunque no lo admitiría nunca, le habían dolido demasiado las palabras de aquel chico que consideraba innombrable, no quería volver a verle, ni hablarle, ni sentir su presencia. Cansada de continuar en aquella estancia que tan malos recuerdos le traía, insistió a Madame Pomfrey de que le dejase retomar las clases cuanto antes, y al día siguiente, ya se encontraba acomodada en la cálida sala común, donde todos sus compañeros le dieron una agradable bienvenida al mismo tiempo que ponían verde a Malfoy, pero aquello no le hizo sentirse mejor.
No tardó tampoco en acudir rápidamente a la profesora McGonagall para pedirle por favor que retirase aquel castigo, pues ya se encontraba lo suficientemente bien para hacer todo por ella misma. Minerva no parecía muy complacida de tener que cambiar sus decisiones, pero finalmente aceptó al ver la enorme necesidad en los ojos de su alumna. Buscó al susodicho entre los pasillos para informar al rubio de la nueva situación, decidiendo finalmente quitarle cuarenta puntos a la casa de Slytherin.
Pero la tranquilidad no llegó para Hermione tan fácilmente a pesar de que deseaba más que nunca volver a su rutina diaria. Dolores Umbridge la abordó en la primera clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras para comunicarle que, lamentablemente, ya no tenía que darle ninguna clase particular más a Draco Malfoy. Se alegró internamente y aceptó de buen grado sus palabras, pero Umbridge no parecía muy satisfecha con su reacción.
—Me habían comunicado que pasaría una temporada en la enfermería señorita Granger —Le había dicho entonces, con el ceño un tanto fruncido, dispuesta a encontrar una forma de molestarle.
Hermione necesitó de veinte verdaderos minutos de constantes explicaciones e insistencia para finalmente convencer a su profesora de que había conseguido recuperarse gracias a los grandes cuidados de la enfermera del colegio.
—Es insoportable —Le comentaba Harry mientras se dirigían a su próxima clase de Cuidado De Criaturas Mágicas. Tanto él como Ron se habían quedado esperando a su amiga en los pasillos—. Yo todavía debo cumplir dos castigos más, y creo que nunca conseguiré que se me borre esta maldita marca.
Harry se arremangó la camisa para mostrarle a la castaña la frase "No debo decir mentiras" que llevaba grabada en la piel, haciéndola estremecerse considerablemente. Aquella mujer era horrible y sus formas de castigo eran casi medievales. Tomó entre sus manos el brazo del moreno y lo examinó con ojo crítico.
—Intentaré preparar alguna poción que te alivie el dolor —Fue lo único que se le ocurrió, pero él parecía contento con su respuesta.
En cuanto salieron al exterior, se aferraron con más fuerza a sus bufandas y se colocaron bien los guantes que llevaban puestos. El invierno se estaba aproximando de forma alarmante y Hermione no recordaba que ninguno de los anteriores años hubiese llegado tan rápido, pero lo asociaba a los extraños sucesos que este año la perseguían. La imagen del odioso rubio cruzó su mente entonces y el rencor que sentía hacia él amenazó con salir a la superficie. Se recordó a si misma que era lo suficientemente madura para que aquello no le afectase, pero cuando vislumbró su melena platinada entre la masa de estudiantes de Slytherin junto a la cabaña de Hagrid, necesitó de todo su autocontrol para no lanzarle una maldición desde allí mismo.
Aferró con más fuerza la varita dentro del bolsillo y se dispuso a escuchar la lección del día. Hagrid había decidido continuar con la lección sobre Bowtruckles que la profesora Grubbly-Plank había dejado a medias después de su desastrosa clase con los Thestrals al llegar de las montañas. Tanto Harry como Ron le sonrieron al semi-gigante en señal de afirmación, indicándole que eso era lo mejor que podía hacer, ella simplemente respiraba tranquila ante el hecho de que hubiese entrado en razón.
Habría sido una clase de lo más interesante de no ser por las ininterrumpidas risas de los Slytherins a sus espaldas. De vez en cuanto, se giraba y lanzaba una mirada de odio concretamente a Malfoy, esperando que se callase de una maldita vez, pero él se limitaba a señalarla y hacer varios gestos que indicaban locura. La estaba llamando chiflada.
—¿Has pasado demasiado tiempo con Lunática Lovegood, Granger? —Le había dicho Pansy Parkinson con aquel tono insoportable que solía tener la morena. Hermione decidió ignorar el comentario, no tenía sentido darles lo que buscaban, no a ellos.
—Guarda la varita, Ronald —Le advirtió en cuanto vio como se disponía a hechizar a unos cuantos—. No le des importancia.
A pesar de que fingía muy bien aquella tranquilidad, por dentro estaba más que nerviosa ¿Qué se suponía que les habría contado? Las imágenes de lo sucedido en la enfermería empezaron a desfilar por su mente haciéndola sentir todavía más estúpida de lo que ya se creía ¿De verdad había esperado que Malfoy se hubiese callado todo aquello sin usarlo contra ella? Tal vez los Slytherins no estaban tan equivocados, incluso ella misma empezaba a sentir que estaba loca de remate.
Cuando finalizó la clase, Hermione fue la primera en recoger sus cosas y largarse de allí, necesitaba tiempo a solas, tiempo para pensar en el grave error que había cometido y buscar la fuerza interior para asumirlo y dejarlo atrás.
—Iré a la biblioteca, después nos vemos en la sala común —Les informó al ver la forma en que la sus dos amigos la observaban—. Hasta después.
Emprendió la caminata por el sendero de piedra aliviada al sentir que lo dejaba todo atrás. Cuando alcanzó el interior del castillo se deshizo de la bufanda y la guardó en su mochila sintiéndose reconfortada por el calor del lugar. Todo parecía estar mejor, demasiado bien para ser verdad.
—¿Vas a algún sitio Granger? —Aquella voz que tan bien conocía, tan desagradable y a la vez masculina, surgió a sus espaldas. Se giró con frustración para encontrarse con su sonrisa ladeada.
—Lo más lejos posible de ti, a poder ser —Le respondió, y sin perder el tiempo, continuó caminando como si aquel leve encuentro no hubiese siquiera sucedido, pero él no pensaba ponerle las cosas tan fáciles, por supuesto.
—Me han dicho que ya has recuperado la memoria —Comentó mientras seguía sus pasos—. Una lástima, si quieres mi opinión…
—Pues no, no quiero tu opinión —Le cortó sin siquiera mirarlo, giró al llegar a la esquina y continuó subiendo por unas largas escaleras, nunca había considerado lo lejos que estaba la biblioteca.
—Pero me parece muy extraño que la hayas recuperado tan de repente —Dijo él, deteniéndose un momento a reflexionar. Hermione, en cambio, sintió que se le helaba la sangre.
Draco sonrió inevitablemente cuando la vio detenerse. Al fin y al cabo, había conseguido lo que pretendía, pero ella ni siquiera se dio cuenta de las verdaderas intenciones del rubio, pues buscaba incansablemente una respuesta coherente a sus sospechas.
—Supongo que ha sido todo gracias a tu gran delicadeza Malfoy, tu intento de hundirme solo ayudó a que recordase la realidad —Soltó al fin, manteniendo los nervios a raya.
—Oh vaya... —Susurró fingiendo lástima ante tal noticia. Se acercó un poco más a ella con el fin de intimidarla sin mucho éxito—. Parece que te ha ido bien escuchar un par de verdades Granger.
Hermione tragó saliva, intentando tragarse así también su rabia. Esta vez no iba a dejar que aquel idiota la hiciese sentirse como si fuese un ser inferior. Emprendió de nuevo la caminata apretando otra vez la varita en el interior de su bolsillo, no se veía muy capaz de aguantar un insulto más de aquel idiota.
—¿Cuál es el problema? —Le preguntó a gritos intentando alcanzarla, pero ella caminaba demasiado deprisa—. Eso es, corre a refugiarte en brazos del apestoso de Weasley, ¿O tal vez del gran Potter? Imagino que estarán encantados de tener de nuevo a alguien que les haga los deberes.
—Piérdete Malfoy —Le advirtió sacando la varita y señalándole con ella, no se andaba con ninguna broma, pero al parecer, Draco no captó la seriedad de sus palabras.
—¿Qué piensas hacer con eso? —Le preguntó socarronamente, sin perder su acostumbrada confianza. Sabía sobradamente que aquella comelibros no se atrevería ni a tocarlo. Estaba equivocado.
—¡Expulso! —Gritó la susodicha despidiendo de su varita un rayo azul que lanzó al rubio por los aires, haciéndolo chocar contra las duras paredes de piedra—. ¡Densaugeo!
Los dientes de Malfoy empezaron a crecer automáticamente, dando a su propietario un claro aspecto de castor. Hermione pudo ver el horror en la mirada del chico y no pudo evitar sonreír sintiéndose victoriosa. Había usado el mismo hechizo que el Slytherin había lanzado contra ella el curso anterior.
—Donde las dan las toman Malfoy —Le dijo sin perder la sonrisa, la cual se iba incrementando conforme se acercaba al rubio—. Por cierto, es un refrán muggle.
Pero aquel pequeño triunfo personal duró incluso menos de lo que la castaña podía esperar. Era la primera vez que desobedecía las normas sin ser un caso de fuerza mayor, y también la primera vez que la pillaban.
—Vaya vaya, que tenemos aquí… —Una voz chillona y a la vez suave, a espaldas de Hermione, despertó a la chica de su repentina euforia. Reconocería aquella voz en cualquier parte, y entonces supo que estaba en un gran lío.
Se giró con miedo para encontrarse ni más ni menos con su peor pesadilla. Dolores Umbridge la miraba con una sonrisa incluso más ensanchada que la que ella misma tenía escasos minutos atrás. Estaba encantada por encontrarla allí y Hermione no tenía ninguna duda de que le esperaba el peor de los castigos.
—A mi despacho, ahora —Le ordenó convirtiendo su sonrisa en una mirada gélida.
Hermione emprendió el duro camino hacia el despacho de Umbridge sintiendo como nunca antes el sonido de sus pasos resonar sobre el duro suelo. Parecían los latidos de su corazón sintiendo sus últimos momentos de vida.
