Aviso: Los personajes de Captain Tsubasa fueron creados por Yoichi Takahashi

Destruyendo a Sanae

Por

Y. Honey

Capítulo X

Sanae se va de España.

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Sanae observó desde su ventana cómo su marido salía de la casa, abordaba su automóvil y se alejaba. Era temprano, apenas las siete de la mañana, y Tsubasa se había marchado sin desayunar, argumentando que comería algo en las instalaciones del Barcelona. Ella sólo había asentido desde su lado de la cama sin ofrecerle una respuesta y simplemente se había girado para fingir que deseaba seguir durmiendo, pero se levantó para mirar cuando Tsubasa bajó las escaleras. En realidad no había tenido el valor de hablar con él; no después de lo que estuvo a punto de hacer la noche anterior. Sabiendo que no podría volver a dormir, la mujer decidió arreglarse para ir a nadar, recordando que después de eso debía pasar a hacer las compras, pues necesitaba legumbres y otras cosas más para la despensa. Una vez que terminó de asearse y cambiarse de ropa, notó que su chaqueta seguía sobre la silla de la habitación y mientras la colgaba en el armario, encontró en el bolsillo interior su tarjeta.

—Kojiro Hyuga…— murmuró ella al leer su nombre, tratando sin éxito de no pensar en lo que había pasado la noche anterior cuando intentó darse un baño caliente antes de dormir.

"Soy la peor esposa del mundo…" se recriminó la mujer al no poder evitar recordar la lasciva imagen de Kojiro Hyuga y ella haciendo el amor bajo la tibia agua de la regadera, una escena que su traicionera mente había conjurado durante un momento de inmoral debilidad. Sanae suspiró, se obligó a olvidar ese desliz mental y comenzó a girar la tarjeta entre sus dedos, meditando la situación mientras lo hacía. Había prometido llamar a Kojiro, pero ahora no estaba tan segura de volver a tener contacto con el rival de su marido. No después de casi haberse masturbado pensando en él.

"Definitivamente fue culpa del vino," se dijo luego de decidir que el alcohol debía ser el absoluto responsable de lo que había pasado. No había otra explicación, el vino se le había subido a la cabeza. Sanae dejó ese penoso asunto por la paz y simplemente bajó a desayunar y después puso en orden su casa. Hecho esto, salió hacia a las instalaciones del Barcelona con la intención de nadar y de ese modo quitarse la tensión que estaba comenzando a acumulársele en los hombros.

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Más tarde, ya en el club deportivo, Sanae estacionó su vehículo y se dirigió a la alberca recorriendo el mismo camino del día anterior. La joven se mantenía pensativa, pues aún sentía un poco de remordimiento por traicionar mentalmente a su marido, y mientras Caminaba con pasos lentos, se cruzó con la misma banca en la que él había estado sentado el día de ayer, y el recuerdo de su conversación afloró en su mente de inmediato. Muy a su pesar, la mujer no pudo evitar sonreír, pues esa pequeña plática le había alegrado el día.

Sin pensarlo mucho, Sanae se sentó en la banca y rebuscó en su bolsa hasta encontrar la tarjeta de Kojiro Hyuga, que había guardado allí antes de salir. Todavía tenía dudas sobre si debía llamarlo, pero... ¿acaso no le había dicho que esperaba que pudieran ser amigos? En ese caso no tenía nada de malo contactarlo y además, él era el único que podría ayudarla a entrar como asistente al Colegio Toho y hacer allí el servicio voluntario que el rector de su universidad le mencionó como parte de los requisitos para titularse. Fue entonces que recordó que no le había dado a Kojiro su número.

"Supongo que debería remediar eso y enviárselo…" pensó al sacar su celular. La mujer agregó a Kojiro a su lista de contactos y decidió enviarle un mensaje de texto para que él hiciera lo mismo. Estaba a punto de hacerlo cuando una idea entró en su mente y comenzó a buscar entre las imágenes en la galería de su teléfono, pero no encontró ninguna que le agradara.

—Creo que tendré qué tomarme una…— decidió en voz baja, activando la cámara y levantando el brazo para enfocar su rostro. Estaba a punto de tomar la foto cuando un pequeño respingo de culpabilidad le asaltó. ¿Qué clase de mujer casada le enviaba su fotografía a otro hombre que no fuera su esposo?

"…Es sólo para que tenga mi contacto, no tiene nada de malo y no significa nada, es sólo un detalle insignificante," se dijo la mujer, logrando de esa manera hacer a un lado el sentimiento de culpa y además, dudaba que a Tsubasa le molestaría si se enterara así que, mirando nuevamente a la cámara del celular, Sanae sonrió, hizo un guiño y se tomó la fotografía. Tuvo que ajustar un poco el brillo y recortó la imagen para que no se viera el brazo con el que sostenía el celular pero una vez que hizo estos cambios quedó bastante satisfecha.

—Y ahora sólo falta enviarla— murmuró la joven mientras adjuntaba la foto al mensaje. Sanae volvió a dudar por un instante, pero al final terminó enviando la fotografía, pensando una vez más que era sólo una pequeña cortesía. Además él no tenía novia, por lo que recibir su foto no le causaría ningún problema.

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Kojiro Hyuga estaba sentado en la sala de abordar; todavía faltaba más de dos horas para que tuviera que subir al avión que le llevaría de regreso a Italia, y la espera no le ayudaba mucho a sacar a cierta joven mujer de sus pensamientos. Había intentado no pensar en ella durante toda la mañana, pero le estaba resultando una tarea particularmente difícil. Sanae se había instalado en sus pensamientos y a pesar de todos sus esfuerzos no podía sacarla de allí, en especial porque todavía se sentía culpable por haber pasado una velada tan agradable junto a la esposa de Tsubasa.

"Tal vez no debí hacer eso," pensó, sólo para recordar la desgarradora soledad y tristeza que ella se había esforzado en ocultar cuando su marido le avisó que no llegaría a cenar. Eso había sido muy cruel y frio por parte de Tsubasa, y Kojiro frunció el ceño al recordar la manera en la que ese desconsiderado decidió quedarse a la cena con la directiva del club en lugar de atender un compromiso con su esposa. Si bien como futbolista Kojiro podía entender que en ocasiones el trabajo volvía obligatorio asistir a algunos eventos, eso no significaba que Tsubasa no pudiera haber salido temprano de la cena con los dueños de su equipo de haberlo querido; como uno de los jugadores estrella del Barcelona le habría resultado fácil hacerlo.

"Tsubasa probablemente no tenía ganas de verme y lo entiendo, yo tampoco quería verle la cara," se dijo el joven Hyuga. Pero si él pudo enfrentar la situación, entonces Tsubasa también debió haberlo hecho, y es que a Kojiro le parecía de muy mal gusto que su rival hubiera preferido avergonzar a su esposa de ese modo sólo para evitar cenar con él, aunque quizás al final había sido lo mejor. Con Tsubasa allí la cena y la plática con Sanae no habrían sido tan agradables.

—Sanae— murmuró Kojiro, que no pudo evitar una casi imperceptible sonrisa al recordar la alegría inconfundible en su voz cuando se despidieron la noche anterior. Sí, estaba seguro de que ella había estado feliz en ese momento, y eso lo hacía sentirse satisfecho de haber podido ayudarla a olvidar la decepción que le causó su desconsiderado esposo.

"Esa fue la razón principal porque acepté quedarme," meditó el muchacho, que entonces recordó lo fácil que al final le resultó entablar una conversación con ella y lo agradable que al final le pareció su compañía. Sí, definitivamente pasar algo de tiempo con ella y ayudarla a no sentirse tan sola había sido lo correcto así que no debía sentirse culpable ni arrepentirse.

Ya un poco más tranquilo, Kojiro se dio cuenta de que no podía entender por qué Tsubasa ignoraba a su esposa de la manera en la que todo parecía indicar que lo hacía. No le encontraba sentido, y menos ahora que estaba empezando a conocer mejor a Sanae. La noche anterior le había confirmado que ella ya no era la niña grosera y terca a la que siempre intentó evitar para no tener que escuchar sus insultos y reclamos. Al contrario, ahora entendía que ella era una buena persona, una mujer dedicada, sorprendentemente amable y sobre todo, digna de confianza.

"Y aunque me arrastren al infierno por esto, debo admitir que Sanae está bastante bien," pensó mientras recordaba la atractiva figura de la joven mujer y la muy interesante manera en que su falda revelaba sus lindas piernas. Claro que Kojiro hizo a un lado la idea casi de inmediato. Sanae era la esposa de Tsubasa y pensar en ella de ese modo era una falta de respeto. El tigre del soccer estaba todavía recriminándose por pensar así acerca de la mujer de un compañero cuando la vibración de su celular lo hizo regresar a la realidad, y considerando el rumbo que estaban tomando sus pensamientos, se sintió bastante agradecido por la distracción.

— ¿Quién podrá ser? — murmuró mientras sacaba el teléfono y entraba a sus mensajes sólo para descubrir que era de un número desconocido, lo cual no importaba ya que en ese momento necesitaba algo que le ayudara a dejar de pensar en la esposa de Tsubasa, por lo que abrió el texto y se encontró con lo siguiente:

[¡Hola, Hyuga! Te envío esta foto para que la uses cuando me agregues a tus contactos, hablaremos después como acordamos. ¡Espero que tengas un buen viaje!]

[Sanae~ ]

El muchacho leyó el texto antes de que la fotografía terminara de cargar, pero cuando lo hizo y pudo verla, el mensaje y sus intentos de dejar de pensar en la esposa de su rival dejaron de importarle. La imagen era, obviamente, una foto de Sanae. Una foto en la que ella le hacía un guiño a la cámara mientras sonreía, una fotografía sencilla, sin ningún tipo de pretensión más allá de complementar el mensaje adjunto. Pero a Kojiro Hyuga le provocó una presión en el estómago que lo hizo preguntarse si el destino quería torturarlo haciéndolo sentirse culpable por pensar que la esposa de Tsubasa era linda durante todo el maldito día.

"¿Por qué demonios me envió una foto?" se preguntó al mirar la fotografía con más atención, descubriendo que la había tomado cerca del lugar en donde se habían encontrado la mañana del día anterior.

"…Me parece que es nueva," dedujo luego de hacer a un lado el recuerdo de la conversación que tuvieron en el club el día anterior. "Y es muy posible que Tsubasa no sepa que me la ha enviado."

Kojiro guardó el celular y le dedicó un largo rato a pensar en lo que acababa de pasar. Estaba muy seguro de que Sanae no le había dicho a su esposo nada acerca de esa fotografía, lo que significaba que ahora compartía un secreto con una mujer casada, y eso le hacía sentir deseos de ir a estrellar la cabeza contra la pared. ¿Qué tal si esto terminaba causándole problemas al matrimonio de los Ozora? Por mucho que le desagradara la manera en que Tsubasa trataba a Sanae, Kojiro no quería causarle más líos de los que ya aparentemente tenía con su esposa.

"La señora Matsumoto tuvo razón, no debí meterme en este asunto…" se dijo el joven Hyuga mientras sacaba su teléfono, decidido a borrar la fotografía de Sanae y a olvidarse del asunto, pero su determinación y las advertencias de su representante desaparecieron en el momento en que volvió a mirar la imagen. Al apreciar la sonrisa y el guiño que le había dedicado, en lo único que Kojiro pudo pensar fue en que Tsubasa en verdad tenía mucha suerte de que ella se hubiera casado con él, y decidió que su rival era un idiota por no apreciar a la mujer que tenía a su lado.

"Yo no la trataría mal si ella y yo…" Kojiro pasó saliva y aplastó la idea antes de que terminara de formarse, era una locura que ni siquiera valía la pena imaginar.

"Maldición…" el muchacho se pasó la mano por el rostro y respiró profundamente. No entendía por qué esto le estaba afectando tanto. Su fallida relación con Maki Akamine no le había provocado ningún estrago, mientras que su naciente amistad con Sanae Nakaza… Sanae Ozora, se corrigió, le estaba causando un sinfín de dudas y remordimientos.

"Supongo que por lo menos el mensaje sí debo contestárselo." se dijo al tiempo que agregaba a Sanae a su lista de contactos. Luego de dudar durante algunos segundos, Kojiro terminó enviando la siguiente respuesta:

[Gracias, ya te he agregado.]

[Saludos.]

Convencido de que eso sería suficiente, Kojiro guardó el teléfono y se dirigió a un local del aeropuerto en el que vendían libros, revistas y periódicos, pensando en comprar algo, quizás un libro de terror, que le permitiera olvidarse de Sanae Ozora durante el resto del día. Al final se decidió por una novela policiaca en inglés, la cual comenzó a leer en el pequeño café que había en la sala de espera. Pasó un largo rato sin pensar en la esposa de Tsubasa, y justo cuando estaba empezando a leer el tercer capítulo, su celular volvió a sonar indicándole que había recibido otro mensaje.

—Espero que no sea quien creo que es… — murmuró, pero sí, efectivamente ella le había respondido, y lo que le decía era lo siguiente:

[Perfecto, pero tú no me has enviado una fotografía para poder agregarte a mis contactos, Hyuga.]

[¿Me puedes enviar una, por favor?]

El tigre del soccer miró la pantalla de su celular con una expresión de asombro y un poco de miedo. No entendía qué significaba ese mensaje o porqué le había pedido algo así. ¿Qué demonios le pasaba a Sanae, acaso quería meterlos a ambos en un lío? Incapaz de seguir con la lectura de su novela, Kojiro cerró el libro y lo guardó en su mochila, se terminó su café y luego de pagarlo, comenzó a andar por toda la sala de abordar como un tigre recién enjaulado mientras se preguntaba una y otra vez si la esposa de Tsubasa estaba haciéndole esto a propósito.

Fue entonces que se escuchó la llamada a abordar, y mientras la gente a su alrededor se ponía de pie y comenzaba a dirigirse a la fila indicada, Kojiro Hyuga volvió a sacar su celular y releyó el último mensaje de Sanae. Una fotografía. Era lo único que ella quería. ¿Quizás era una petición razonable? A fin de cuentas ella le había enviado una primero.

"Sí, supongo que es lo justo, foto por foto…" se dijo un poco menos nervioso; y así, luego de asegurarse que nadie le estaba poniendo atención pues no quería que la gente pensara que era uno de esos idiotas que se tomaban 'selfies' en todas partes, Kojiro Hyuga levantó su teléfono y tratando de sentirse lo menos ridículo posible, se esforzó para sonreír y tomó la fotografía.

La foto le pareció pésima, pero ya no tenía tiempo de tomar otra así que se apresuró a enviarla junto al siguiente mensaje:

[Espero que esta te sirva. Ya tengo que abordar. Avísame para contactarte con la señora Matsumoto.]

[Hasta luego.]

Pensando que con eso sería suficiente, el tigre se apresuró a formarse para subir al avión que lo llevaría de regreso a Italia. Una vez que se sentó en su asiento, el muchacho apagó su teléfono, sacó su libro y suspiró tranquilo, pues confiaba que los duros entrenamientos con el Juventus le permitirían olvidarse por completo de Sanae Ozora.

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Sanae salió de las regaderas del club y se cambió de ropa, feliz de haber elegido un sencillo vestido azul para ese día ya que el clima era cálido. Tenía otras cosas pendientes qué hacer, así que se encaminó a su automóvil en cuanto terminó de recoger sus cosas. Mientras caminaba, pensó que tal vez sería buena idea no preparar nada para comer y simplemente recalentar lo que quedó de la noche anterior, pero recordó que había comprado tres porciones y ya sólo quedaba la de Tsubasa, por lo que no valía la pena hacer eso. La mujer se detuvo debajo de un árbol y trató de decidir qué cocinar para ese día, aunque al final no se le ocurrió nada. Pensando que podría aprovechar que ya estaba en el club para preguntarle a su esposo si quería algo en especial, y al mismo tiempo conversar con él para tratar de arreglar las cosas entre ellos luego de lo que pasó la noche anterior, Sanae se enfiló hacia las canchas de soccer, en donde sabía que el equipo estaba practicando.

Lo primero que vio al llegar a la cancha fue a Tsubasa sentado en la banca junto a los otros jugadores del club mientras escuchaban atentamente a las instrucciones del entrenador. Sabía que su marido no le haría caso mientras hablara el instructor, así que se sentó a esperar en un espacio vacío hasta que el entrenador trotó a la cancha seguido por el equipo. Fue entonces que se levantó y llamó a Tsubasa.

—Sanae, estoy ocupado— le dijo él, que tuvo que pedir permiso para salir de la práctica y atenderla—, ¿qué quieres?

—Lamento interrumpirte, pero quise aprovechar que estaba en el club para verte y preguntarte qué deseas comer hoy.

Tsubasa suspiró y miró a la cancha, en donde los otros jugadores ya habían comenzado a calentar—. Lo que sea que cocines estará bien. No iré a comer a casa, pero lo puedes preparar para cenar.

—Lo imaginé— dijo ella con un tono cansado—, está bien, ya veré qué se me ocurre.

—Estoy seguro de que será sabroso, sabes cocinar bien, Sanae— dijo él sin despegar la vista de la cancha—, recuerdo que mi madre te enseñó muchas cosas, ¿por qué no preparas alguna de sus recetas? Algo con fideos estaría bien.

—Veo que el entrenamiento te importa más— murmuró la mujer, dándose cuenta de que su marido no le estaba poniendo atención—. Muy bien, fideos al estilo de tu madre. Los tendré listos para la cena, si es que llegas.

—Hoy sí iré a cenar— respondió Tsubasa, que a todas luces estaba inquieto y deseando estar junto a los otros jugadores—, si eso es todo, tengo que empezar mis calentamientos o no podré entrenar con el resto del equipo.

Sanae simplemente asintió y lo observó correr hasta la cancha, en donde se integró de inmediato a los ejercicios de calentamiento mientras bromeaba sobre algo con Rivaul. "Claro, a ellos sí les hace caso, pero yo no merezco ni una mirada."

Con un suspiro de desencanto y sabiendo que Tsubasa no volvería ni siquiera a mirarla durante los entrenamientos, Sanae se dio la media vuelta y comenzó a andar hacia el estacionamiento. Una vez que llegó a su automóvil, sacó su celular para conectarlo al radio del vehículo y poder escuchar algo de la música que tenía guardada en la memoria del teléfono, y fue entonces que notó que había recibido un mensaje casi una hora antes. Al abrirlo, Sanae descubrió que era un texto de seis palabras de Kojiro Hyuga.

— ¿Seis palabras?— musitó un poco extrañada por la sequedad del mensaje—, pensé que le agradaba conversar conmigo… ¿tal vez estaba a punto de subir al avión?

"Y yo que hasta le mandé una fotografía… y ahora que lo pienso, no tengo una de él para usar en mis contactos," pensó la mujer, que comenzó a preguntarse si debía o no pedirle una. A fin de cuentas una mujer casada no debía pedirle fotografías a un hombre que no era su marido, no era lo correcto.

"Aunque está claro que a Tsubasa le importa un rábano lo que yo haga…" se dijo y, poco a poco, sus labios formaron una sonrisa traviesa. Bien, si a su marido no le interesaba lo que hacía, entonces le pediría a Kojiro Hyuga una foto. Sanae sabía muy bien que hacer eso era una inútil manera de desquitarse de Tsubasa y en verdad le daba un poco de pena usar a Hyuga para ello, pero también era cierto que en ese momento la mujer necesitaba darse el gusto de cometer algún acto de rebeldía y este era el más inofensivo posible así que dejando los remordimientos de lado, Sanae respondió el mensaje y le pidió a Kojiro que le enviara su fotografía.

Recibió una respuesta varios minutos más tarde, y tuvo que estacionarse para poder abrir el mensaje y mirar qué era lo que el tigre le había enviado. Para su sorpresa resultó ser algo que le puso una sonrisa en el rostro: una fotografía tomada desde un mal ángulo en la que podía verse a un Kojiro Hyuga a todas luces muy nervioso y hasta cierto punto… ¿vulnerable? mientras intentaba sonreír para la cámara.

"Pareciera que nunca ha tenido qué posar para una foto aunque… se ve algo lindo…" pensó ella mientras observaba la imagen con atención. Era obvio que tomarse esa fotografía le había costado muchísimo esfuerzo, y se sintió halagada al saber que él hizo lo que le pidió aún y cuando le resultó algo muy difícil.

Sanae comenzó a escribir para contestarle, pero se detuvo y borró lo que ya había escrito. Kojiro decía que estaba por abordar, así que lo más seguro es que no leería su respuesta hasta que estuviera en Italia por lo que no valía la pena mortificarlo. Quizás le contestaría más tarde, o tal vez esperaría hasta que tuviera que llamarle. Sí, eso sería lo mejor.

Mirando una última vez la fotografía de Kojiro y sintiéndose de mejor humor, Sanae volvió a encender su auto y reanudó su camino.

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—Los fideos están muy bien— comentó Tsubasa mientras comía, y no era mentira, Sanae en realidad había aprendido muy bien cómo imitar el sazón de su madre y este platillo en particular siempre le quedaba delicioso.

—Me alegra que te agrade— dijo ella, levantando brevemente la mirada de la revista que leía desde su lugar al otro lado de la mesa—, espero que no te moleste si no te acompaño pero cené antes que tú, no te esperaba temprano hoy.

—No me molesta, no te preocupes— le aseguró él.

—Kojiro está estudiando lo necesario para ser entrenador luego de retirarse— dijo ella luego de unos minutos de silencio, decidiendo que era momento de abordar el tema del futuro laboral de su marido ahora que estaba de humor para conversar—, y Taro tiene sus viñedos… Jun también quiere ser entrenador y Ryo nos comentó en la boda que se hará cargo del negocio de sus padres y además será maestro de primaria en el colegio Nankatsu.

—No sabía eso de Kojiro, suena interesante— respondió él.

— ¿Qué planes tienes tú para cuando te retires del futbol, Tsubasa?

— ¿Yo?

—Porque tienes algo pensado, ¿cierto? — dijo ella con un tono acusador mientras lo miraba inquisitoriamente.

—Sí, claro que lo tengo. Conseguí los requisitos para ser entrenador desde hace un año, porque cuando me retire voy a entrenar a la selección japonesa y me encargaré de que ganen el Mundial. También he estado invirtiendo parte de mi dinero en la empresa de transporte de mercancías en donde trabaja mi padre… y Taro y yo estábamos pensando en abrir juntos una fundación de apoyo al deporte para niños de bajos recursos en Japón.

Sanae, que al comenzar a escuchar los planes de su marido se había sentido aliviada al saber que no quedarían sin ingresos fijos, sintió como si le hubiera caído un balde de agua helada en cuanto escuchó el nombre del mejor amigo de su esposo—. Ya veo… ¿es decir que a Taro le habías contado todo eso?

—Le conté durante nuestro viaje de bodas— dijo Tsubasa mientras se servía otro tazón de fideos—, allí fue donde se nos ocurrió la idea de hacer una fundación; según Taro es algo útil para el manejo de impuestos y cosas así.

—Oh… ¿así que se lo dijiste a Taro durante nuestra luna de miel?— respondió Sanae sin ocultar la irritación en su voz, pues consideraba que esto ya era demasiado; se había estado preocupando por el futuro económico que tendrían ella y Tsubasa prácticamente todos los días de su matrimonio y el descubrir que su marido prefirió compartir la información de sus finanzas con el estúpido y entrometido de Taro Misaki y no con ella hizo que comenzara a hervirle la sangre.

—Fue algo que surgió en la conversación— dijo Tsubasa mientras se terminaba su segundo plato—, no tiene nada de particular, te habría dicho a ti también si me hubieras preguntado.

— ¿Preguntarte? No tengo porqué preguntarte; esto es algo que debiste decirme por cuenta propia. ¡Nunca me dices nada importante! — Replicó Sanae, levantándose de la mesa con una expresión de enfado tal, que hizo palidecer y encogerse a su marido—. ¿Y me dices que en lugar de contarme esas cosas se las dices a Taro?

—Sanae… lo que pasa es…

— ¡Yo soy tu esposa, maldita sea! — interrumpió ella, alzando la voz para silenciar a su marido. Sabía que discutir por esto era una estupidez, pero Sanae ya estaba cansada de contenerse y de ignorar las frustraciones y decepciones que había sufrido por parte de Tsubasa desde su noche de bodas en su inútil intento de mantener, prácticamente sólo para ella misma, la ilusión de que era una comprensiva y sumisa ama de casa que vivía en un matrimonio feliz—. ¡Soy tu esposa y estas cosas debes contármelas a mí, no al idiota de Taro Misaki!

—Taro no tiene la culpa, él…

— ¡Que se joda Taro! — Gritó ella, enfureciéndose más al escuchar la manera en que su marido intentaba defender a su compañero de la selección en ese momento—. ¡Tu estúpido amigo sólo nos ha causado problemas, fue él quien te convenció de cambiar nuestro viaje de bodas y por si fuera poco se la pasó pegado a nosotros en Francia!... ¿Y ahora me das a entender que le tienes más confianza a él que a mí, acaso piensas que soy una idiota incapaz de entender las cosas?

No vuelvas a insultar a Taro—, le ordenó Tsubasa levantándose. El futbolista habló con un tono tan severo y mostró una expresión tan seria y poco característica en él, que logró silenciar a su mujer—. Enfádate conmigo todo lo que quieras pero no metas a Taro en esto, ¿está claro, Sanae?

—…Como quieras… a fin de cuentas tienes razón en algo— dijo ella cruzándose de brazos, decidida a no permitir que el súbito cambio de humor de su marido la atemorizara—, la culpa de todo la tienes tú.

—Sí… la culpa es mía por no hacer lo correcto desde un principio—, se lamentó Tsubasa, sintiéndose hundir en un mar de depresión y remordimiento—. Definitivamente es mi culpa.

—Pues espero que lo vayas entendiendo— le dijo Sanae, que intentó calmarse al ver que su marido se daba cuenta de lo que había hecho pero al final no lo consiguió. Ya no quería pelear con él, pero todavía estaba muy alterada y sabía que volvería a gritarle si se quedaba en la casa, por lo que sólo le quedaba una opción—. Me iré a un hotel, Tsubasa. Lo lamento pero… no puedo ni siquiera mirarte en este momento.

—No te vayas, Sanae— dijo él mientras salía de la cocina—, me iré yo… será lo mejor… te daré tu espacio y cuando creas que es el momento llámame y hablaremos.

Una vez dicho esto Tsubasa subió a preparar una maleta y en menos de cinco minutos ya estaba en camino a un hotel cercano al club.

Más tarde, ya instalado en su habitación, Tsubasa dejó la maleta junto a la puerta y se desplomó derrotado en el sofá. Esta no era la manera en la que el joven futbolista había planeado las cosas. Su idea siempre fue llevar las cosas en paz con Sanae durante un año y entonces pedirle el divorcio. Nunca consideró que todo pudiera estallarle en la cara de esta manera. Necesitando consuelo y consejo, el muchacho marcó el número de la única persona capaz de hacerlo sentirse mejor.

—Hola… mi querido Taro…— saludó Tsubasa cuando el joven Mizaki respondió la llamada—. Necesito hablar contigo.

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Sanae despertó sintiéndose fatal, y no pudo evitar pensar en el día después de su noche de bodas, cuando había despertado experimentando una depresión similar. Recordó que Taro le había llamado esa mañana, y también la manera en la que, aún siendo una inocente recién casada, había jurado que ella y Tsubasa nunca pelearían. La mujer suspiró y se pasó la mano por el desarreglado cabello, dándose cuenta que no había ni siquiera llegado a los seis meses de matrimonio antes de tener una pelea a gritos con su marido.

Le sorprendía, sin embargo, que no había derramado ni una sola lágrima tras el pleito, aunque en realidad se había sentido demasiado agotada y vacía emocionalmente para llorar. Y además, ya había llorado demasiado por culpa de Tsubasa y no quería seguir haciéndolo; pensaba que ya era hora de que él comenzara a poner algo más de su parte, a fin de cuentas ella siempre se empeñaba en darlo todo para que su vida en pareja fuera la mejor posible, y ya estaba cansada de dar sin recibir nada a cambio. Sí, Tsubasa cumplía con sus obligaciones económicas puntualmente, pero Sanae necesitaba más, y ni siquiera pedía demasiado: se conformaría incluso con un abrazo, un beso, un sencillo 'te quiero' de cuando en cuando, cosas que su marido no le había dado desde el día de su boda y que le hacían mucha falta.

"Tal vez… tal vez cuando regrese entienda esas cosas," pensó mientras se levantaba. "Quizás esto era necesario para poder sacar todo lo malo que se había acumulado entre nosotros, y cuando nos reconciliemos todo será mejor…"

Pensar de ese modo le ayudó a Sanae a sentirse un poco mejor y con algo más de ánimo, aunque no lo suficiente como para llamar a su esposo. Al menos todavía no. Tsubasa seguramente ya estaba entrenando en el club, y consideró que lo mejor sería dejarlo meditar las cosas a su ritmo durante el resto del día.

Más tarde, mientras tomaba un café y revisaba su correo en su celular, Sanae se encontró con un mensaje del rector de su universidad, en el cual le informaba las fechas para sus cursos y el seminario de titulación. La mujer levantó las cejas al darse cuenta de que tendría que estar en Japón al día siguiente para poder iniciar los cursos a tiempo, y como estaban haciéndole un favor especial al inscribirla aunque no era alumna en activo, tendría que estar allí para poder hacer el proceso de reinscripción y de los pagos correspondientes.

La muchacha se encontró en una repentina encrucijada, ya que pesar de sus deseos por reconciliarse con Tsubasa, la súbita necesidad de comprar boletos de avión y pagar su reinscripción a la universidad le hizo recordar la pelea de la noche anterior y que su marido no le tuvo la confianza necesaria para hablar de dinero con ella, lo que tuvo como resultado reavivar el enfado que sentía con Tsubasa, además de que comprendió que tendría que ser ella quien debería pedirle perdón antes de siquiera mencionarle que necesitaba que le comprara boletos de avión y que le ayudara a pagar la universidad.

Sanae sintió que se le enfriaba el estómago ante la idea de humillarse ante Tsubasa de esa manera. El pleito había sido culpa de él, y disculparse por algo que ella no había hecho, aún si era para pagar su viaje a Japón y su titulación, era algo que se sentía completamente incapaz de hacer. Pensó en usar la tarjeta de crédito que compartía con su marido sin avisarle, pero para ella eso era igual a darle a Tsubasa la razón, por lo que descartó la idea de inmediato.

"Seguramente eso le encantaría…" meditó la mujer sintiéndose molesta ante su situación. "Pero prefiero dejar que me muerda una cobra antes de pedirle algo a ese desconsiderado en este momento…"

El problema era que no tenía muchas opciones. Definitivamente iría a Japón a comenzar su proceso de titulación, de eso no tenía duda, lo que no sabía era cómo conseguir los fondos necesarios para hacerlo. Sanae no tenía muchas opciones, no podía pedirle dinero a Yukari o a Yayoi ya que tendría que explicarles la razón y eso era algo que ella nunca haría. Y a sus suegros o a sus padres tampoco podría pedirles dinero porque ellos también le preguntarían cuál era el motivo del préstamo.

"También tengo que llamar a Kojiro para pedirle que hable con la señora Matsumoto…" recordó Sanae, que si bien ya tenía la tarjeta de la representante y podría llamarla por su cuenta, no se sentía capaz de solicitar su ayuda para entrar a realizar el voluntariado en el Colegio Toho, eso era algo que sólo Hyuga podría hacer.

"Puedo pedirle dinero a él…" pensó la mujer, pero desechó la idea sin volver a considerarla. Ya se estaba aprovechando demasiado de Kojiro Hyuga y no quería causarle más dificultades.

Sintiéndose repentinamente muy sola y desamparada, Sanae estuvo a punto de aceptar humillarse y pedirle a Tsubasa dinero cuando recordó que había alguien que le prometió ayudarla si algún día lo necesitaba: Atsushi Nakazawa, su hermano mayor. La mujer suspiró y se preguntó si podría hacerle ese favor. Atsushi no era exactamente el mayor fan de Tsubasa y Sanae no quería iniciar un conflicto entre ambos.

"Pero él es la única opción que me queda…" suspiró ella al tiempo que miraba el reloj. Había siete horas de diferencia entre España y Japón, por lo que a esa hora su hermano, que al igual que su madre también era dentista, debería ya estar a punto de salir de su consultorio para ir a comer.

"Supongo que tendrá que ser él," con la decisión finalmente tomada, Sanae marcó el número de su hermano.

—Hola, Atsu-kun— saludó ella intentado sonar alegre cuando su hermano respondió la llamada—, ¿tienes tiempo de hablar? Yo… necesito un favor, es muy importante.

Y durante la siguiente hora, Sanae no sólo le pidió dinero a su hermano, sino que terminó contándole todo lo que había estado pasándole con Tsubasa desde el día de la boda…

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Sanae estaba esperando para abordar el avión que la llevaría a Tokio, en donde se vería con su hermano. La joven miró a Tsubasa, que se había sentado a su izquierda, y suspiró con desencanto. No habían hablado mucho desde la tarde anterior, cuando ella finalmente le había llamado para decirle que volvería a Japón para terminar sus estudios. Habían acordado que él la llevaría al aeropuerto, pero fuera de un saludo y una muy forzada plática durante el trayecto, el contacto entre ambos había sido mínimo. Eso era algo que no le gustaba ya que a pesar de todo, ella seguía enamorada de su esposo y le dolía mucho que las cosas estuvieran tan mal entre los dos.

—No debiste gastar tus ahorros— dijo Tsubasa de repente—, a pesar de… lo que pasó, yo habría pagado con gusto los boletos de avión.

—No te preocupes— dijo ella, recordando la mentira que le había contado a su marido, diciéndole que había usado el dinero que tenía ahorrado para pagarse el viaje. Sanae suspiró aliviada de que su hermano hubiera aceptado prestarle dinero y también porque había aceptado mantener en secreto sus problemas con Tsubasa. Lo último que necesitaba era llegar a Japón a enfrentar un drama con sus padres y sus suegros.

—Sanae… ¿Estás segura que no quieres quedarte con mi madre? Estoy seguro que le encantará tenerte— dijo el joven Ozora—, no es necesario que molestes a tu hermano.

—Sí, estoy segura— respondió ella sin mirarlo—, además de que mi cuñada también es médico y se ofreció a ayudarme a estudiar, será lo mejor, Tsubasa.

—Si eso quieres…

—Sí, eso quiero hacer, ya lo he pensado bien.

—Entiendo…

—Podrías traerme un café— dijo ella—, tengo algo de frío.

Tsubasa asintió y se levantó de su asiento, entendiendo que Sanae no tenía muchos deseos de hablar y decidiendo que sería mejor no forzar la conversación. Había hablado mucho con Taro sobre esta situación y ambos decidieron que lo mejor sería que hiciera las paces con ella para que pudiera dedicarse sin problemas a terminar sus estudios y así, quizás después, una vez que ella tuviera su título de médico, le confesarían al fin la relación que había entre ellos.

"El problema es que no quiere hablarme," suspiró Tsubasa. "Así no podré pedirle perdón."

Mirando a su marido mientras se acercaba a la máquina de café en el otro extremo de la sala de abordar, Sanae entendió que le entristecería mucho dejar a Tsubasa en malos términos, por lo que pensó que le daría la oportunidad de disculparse si eso era lo que él quería. Una vez que tomó esa decisión, recordó que tenía que contactar a alguien más para avisarle de su viaje, así que sacó su celular y escribió el siguiente mensaje:

[Hola Hyuga. Hoy mismo regreso a Japón. Si no es difícil para ti, apreciaría mucho tu ayuda con la señora Matsumoto. Muchas gracias.]

Tsubasa se sentó junto a ella justo en cuanto mandó el texto, por lo que la mujer volvió a guardar el celular sin permitirle ver qué era lo que había hecho y simplemente se limitó a aceptar el vaso con café que su marido le ofrecía. Con la mirada baja, comenzó a beber en silencio, esperando por una disculpa que deseaba escuchar con todo su corazón.

Ninguno habló durante un largo rato, Sanae bebió su bebida sin intentar iniciar una conversación, simplemente esperando a que su esposo hablara. Tsubasa, por su parte, no podía reunir el valor suficiente ni encontrar las palabras adecuadas para hacer lo que sabía era necesario y que había acordado con Taro. Fue entonces que el aviso de abordar para los pasajeros con destino a Tokio se escuchó en la sala y Sanae, con una expresión de desilusión en el rostro, se terminó su café y se levantó sin mirar a Tsubasa.

—Supongo que nos veremos cuando termine mis cursos, hasta entonces— le dijo ella sin girarse a verlo antes de comenzar a andar hacia la fila correspondiente.

—Espera Sanae— llamó Tsubasa, finalmente logrando encontrar su voz—. Tengo algo qué decirte antes de que te vayas.

La mujer se detuvo y al voltear hacia su esposo, sintió que la esperanza por una reconciliación renacía en su pecho, por lo que se mantuvo inmóvil y expectante, dándole a su marido la oportunidad de hablar.

—Lamento haberte tratado mal— dijo Tsubasa, y era sincero, en realidad se sentía muy mal por haber lastimado a Sanae—, eres muy importante para mi… eres mi mejor amiga… sé que debí ser más considerado contigo, perdóname por lo que hice… perdóname por todo… yo nunca he querido hacerte daño, Sanae, pero…

Tsubasa no pudo decir más, pues Sanae se abrazó a él con fuerza—, acepto tus disculpas, mi amor. Tratemos de no volver a pelear, ¿de acuerdo?

—Sanae… la verdad es que… yo y…

—Lamento haber perdido la paciencia contigo— le interrumpió—, prometo ser más considerada, no merecías que te tratara así, Tsubasa.

El joven Ozora ya no pudo decir más; la última llamada para abordar fue anunciada y Sanae ya no pudo esperar, tenía que irse.

—Hablaremos por teléfono después, querido— le dijo ella, dándole un rápido beso en los labios—, te llamaré cuando llegue a la casa de mi hermano. Cuídate mucho.

—Sí… tú también— respondió Tsubasa, ocultando lo mejor que pudo lo incómodo que el beso de Sanae lo había hecho sentir— mucha suerte con tus cursos.

—Gracias— sonrió ella, quien sin más qué decir, se colgó su bolsa al hombro y se apresuró a formarse. Minutos después Sanae ya estaba en el avión.

Tsubasa suspiró y se metió las manos a los bolsillos mientras se daba la media vuelta y se enfilaba al estacionamiento, pues no tenía deseos de esperar y ver despegar el avión en que viajaría su esposa. Lo único que al joven futbolista le interesaba era regresar a casa y llamar a Taro.

Hablar con Taro Misaki siempre lo hacía sentirse mejor.

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Y mientras Tsubasa se alejaba, Sanae se acomodaba en su asiento, sintiéndose mucho más tranquila ahora que se había reconciliado con su marido. Cierto que aún faltaba reparar varias cosas más en su matrimonio, pero confiaba en que había dado un paso muy importante para conseguirlo.

El timbre de su celular le anunció entonces que había recibido un mensaje, y al leerlo descubrió que era de Kojiro Hyuga, quien le decía lo siguiente:

[La señora Matsumoto aceptó ayudarte, dice que la llames mañana a mediodía. Suerte con tu titulación.]

Sanae sonrió y respondió con un sencillo 'gracias, eso haré' antes de apagar su teléfono, pues el avión ya estaba preparándose para despegar. Poco después, ya en el aire, la mujer reclinó el respaldo y se recargó perezosamente en su asiento mientras bostezaba. No había dormido bien la noche anterior debido a la pelea con Tsubasa, por lo que decidió tomar una siesta.

Lo último que Sanae pensó antes de caer en un profundo sueño fue en lo amable que había sido Kojiro Hyuga con ella una vez más.

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Notas:

Creo que este es el capítulo más largo hasta ahora, pero era necesario porque hay muchas cosas que necesitaban suceder para poder llevar la historia adelante.

Muchas gracias a todas por leer.