Disclaimer: Naruto no me pertenece.
―Dialogo de los personajes―
Pensamientos de los Personajes
Voz de Kurama
Jutsu
Capítulo 10: Intervención Interna
― ¡TODOS LOS ANBU, QUIERO AL COMPLETO EQUIPO SIETE AQUÍ AHORA MISMO! ¡DETENGAN A HATAKE KAKASHI INMEDIATAMENTE!
Los ninjas del escuadrón elite ANBU hicieron aparecieron en el recinto, siete para ser exactos, todos hechos manojos de nervios ante la escandalosa orden hecha por su superior. Están seguros que media Konoha ya se enteró también de la fuga de Kakashi gracias a tan poderoso grito. Pero no pueden culpar a la rubia por su enojo, es una catástrofe que perdieran en primera de vista tanto al Sensei del Team Seven como al prisionero de Kumogakure.
En resumen, tenían a dos personas, una con el nivel de un Kage, y otro con un altamente peligroso corriendo al encuentro de las bestias. Sí, bestias, porque hacía mucho que personas tan poderosas dejaron de llamarse humanos.
Tienen entre manos, la mezcla para el desastre.
A solo kilómetros de Konoha, con una Hokage enfurecida y la alerta sube de amarilla a roja en sus cabezas. Esto va mal, muy mal.
― ¡LARGAOS AHORA MISMO! ¡CAPTUREN AL PRISIONERO Y RESTRINJANLO ANTES QUE HAGA CONTACTO CON NARUTO! ― gritó Tsunade a los atemorizados ninjas.
― ¡H-Hai! ― respondieron, aturdidos por el nivel de molestia y preocupación que se nota en la voz de la rubia. A saber cómo iban a hallar a un sujeto que se escapó de Tsunade, por todos los Kages, de no hallarlo ya sentían sus cuerpos internados de manera permanente en el hospital tras una paliza por parte de la sannin.
Yamato sintió pena por los ninjas a los que se le encargo la tarea, limitándose a ver como estos se esfuman entre las sombras de la noche rumbo al frondoso bosque que protege la aldea. Sai a su lado se marchó también, una mirada de pesadez y preocupación acompañando sus facciones. ¿Cómo podría culparlo? Es obvio que al mezclar Naruto, Sasuke, Kiba, Sakura en pelea con Kakashi y Kaito resultaría en infinitas posibilidades de disturbio nefasto.
Pero, su mente también le pedía a gritos ir a detener al Hatake. Intenta comprender las razones del jounin, era seguro que se sentía culpable por el deplorable estado de la relación de sus estudiantes, sin embargo, su parte racional le dice que tampoco es tan desesperado como para correr a una pelea con altas posibilidades de fallar en detener. Kakashi debe conocer, por los estridentes ecos de destrucción que llegan hasta la aldea, que ninguno de los combatientes se lo ha tomado a la ligera.
Está corriendo rumbo a una discusión sin fin predecible.
O quizás, sea la única persona capaz de detenerlos.
― ¿Por qué Kaito-kun huyó? ― preguntó a la Hokage, sin mostrar nerviosismo alguno ―. Sempai dijo que estaba bastante estable y no mostró signo alguno de rebeldía.
Tsunade se mordió el labio, sin saber que decir. Kaito solo andaba fastidiándola desde que le conto las actividades de Sakura en Kumogakure, su mal comportamiento se había limitado, de manera sorpresiva, solo a fregarle el humor durante el día.
―No lo sé, solo se fue de repente ― respondió a secas, sentándose sobre la silla de oficina ―. El sello debió detenerlo pero no funciono en lo absoluto.
Yamato se cruzó de brazos, pensativo ―. Algo tiene que haberlo alertado.
―Lo sé ―dijo fastidiada ―. Sí fue por Sakura como creo y Naruto se cruza en medio se va a armar una buena.
― ¿Cree que pueda enfrentar a Naruto?
La rubia relajó el rostro―. No lo sé. Pero ese chico me da mala espina, es todo.
Él sentía lo mismo.
Kakashi corrió mucho más veloz que en toda su vida, su corazón ardiendo en un remordimiento tan grande como la aldea misma. O peor, como todo el mundo entero, lleno de rabia e impotencia. ¿Qué estaba haciendo? Dejarse guiar por corazonadas siempre lo había ayudado, y su corazonada le dijo permanece en la aldea, no veas nada. No obstante, desde el momento que Inoichi, confuso entre ayudar o no a su amigo, le mostro la pelea de su equipo por flashes de las almas alejadas…en lo profundo, su mente gritó de agonía.
Entendía que Sakura hubiera accedido, al final, a pelear contra los varones del equipo. Era una prueba de dignidad para ella, no quería ser vista como la peor del equipo, la débil con necesidad de ser protegida, sin embargo… ¿tenían que tomarlo tan enserio? Sakura, eficaz y más inteligente que en los años previos había logrado lo que muchísimos en centenas de años jamás podrían imaginar, había incapacitado de chakra al ninja más fuerte del mundo, con un veneno, un simple veneno que trajo abajo las posibilidades de pelea del Uzumaki. E, incluso, le estaba presentando pelea al Uchiha. Y Sasuke no se la tomo a la ligera en ningún momento, él la tenía clara, sea Sakura o quién sea, en las pelea solo unos pocos pueden ganar; y el pelinegro no pensaba ser el perdedor del encuentro.
Hasta que uso el Tsukuyomi.
Sakura podría ser el enemigo para Sasuke durante el duelo, pero usar una técnica tan letal y dañina en alguien como ella podría causar un daño irreparable en la pelirosa. Las peores pesadillas, un mundo de sufrimientos, ni quería pensar en lo que su estudiante podría estar experimentando si Kiba no lograba sacarla fuera del genjutsu. La ex fan del Uchiha debía estar viendo horrores en esos mismos segundos. Para cuando lo noto sus pies ya habían saltado fuera de la residencia Yamanaka, con los gritos de Inoichi detrás de él. ¿A quién le importaba? A él.
Él le dijo que todo estaría bien.
Que nada pasaba.
Era hora de mermar sus errores.
De limpiar el sangriento y torcido final de su equipo. Del Team Seven.
A costa de gritos, rabia o lo que se avecine. Él lo iba a limpiar a como dé lugar.
― ¿Vas a ir?
Dio la vuelta en la puerta oeste de la aldea, encontrándose con la magullada figura de Maito Gai, su eterno rival, sosteniéndose apenas de las muletas y envuelto en más vendas que una momia. La bestia verde de Konoha soltó una risa baja, sarcástica, observando el rostro nervioso del peliplata.
―Deberías estar en el hospital, Gai. Estás hecho puré, vuelve antes que Shizune enloquezca porque te escapaste ― aconsejó en aires amigables el jounin.
Gai se acomodó a la muleta, avanzando unos pasos hacia su amigo―. No lo necesito. ¡La fuerza de la juventud ruge en mí! ¡Estas heridas no son nada! ― exclamó con orgullo, dando un palmazo a su vendado abdomen. Kakashi lo observó con risa contenida al ver como un veloz temblor paso desde la punta de los pies del hombre hasta el cabello, al igual que el bajo gemido de agudo dolor al forzarse tanto ―. ¡Lo ves! ¡Te, te lo dije! ― tembló en las últimas silabas, tomando un profundo respiro.
―Ve al hospital, Gai. Necesitas descanso ―reitero Kakashi, en un tono más serio.
Gai le vio, borrando su sonrisa fingida de soporte por el dolor, pasando a un serio rostro de entendimiento. Su rival era un maestro, un sensei con estudiantes a su cargo. Al igual que él. Les fue encargado el destino ninja de tres personas completamente ajenas a sus vidas. Debían de darle las herramientas para sobrevivir en la profesión escogida, como ninjas, arriesgando la vida por su aldea, protegiendo a sus seres queridos, esforzándolos a ser mejores cada día. Su papel no involucraba inmiscuirse en sus vidas, en sus pasiones, en sus voluntades; pero es inevitable, siempre quieres que vean la luz de sus propias metas. Gai las vio. Se sintió lleno, rebosante de orgullo al ver como una segunda flor de loto florecía en Konoha a través de Lee, como perseverando, sufriendo hasta la última gota, se logran los propósitos más imposibles. Aún con tu cuerpo, tu entorno, tu propio yo gritando que es imposible; se logró llegar a la meta. Neji, con un poco de ayuda, logró romper el esquematizado sistema de su propio clan, dejando esa arrogancia de sangre de lado; convirtiéndose en un genio de los recordables. Tenten ni que decir, ella se mostraba reacia a mostrar debilidad ante el papel de pertenecer a tres ninjas tan hábiles como sus compañeros; siempre manteniendo el ritmo, animándolos a continuar en cada momento de ayuda.
Era normal que lo mismo pasó con sus otros compañeros.
En especial con el hijo del colmillo blanco de la hoja.
Hatake Kakashi, quién fue líder capitán del ANBU, saliendo del encuadre inicial pensado para su futuro, se volvió un sensei más.
―Irás con ellos, con tus preciados alumnos ― comentó sereno y alegre, con una sonrisa de nostalgia en su rostro ―. Aún recuerdo que no pensabas inmiscuirte tanto con ellos cuando dejaste el ANBU.
Kakashi relajo su postura, con un profundo suspiro ―. Hm, no me fue tan bien por lo visto ―dijo con sarcasmo apagado.
La mirada de Gai se endureció un poco, su eterno rival ya no luce tan "Kakashi", luce decaído, deprimido. Nada igual a como lucía siempre. Todo cool, frío u perezoso, súper sarcástico y nada interesado en sus constantes pruebas. Podía jurar que de proponer un reto, incluso en su estado, Kakashi lo consideraría al menos por un segundo.
Inconcebible.
Su rival no era, ni será, tan deprimente de ver.
Se iba a asegurar de ello.
Aseguro las muletas en su mano, emprendiendo tan rápida caminata que el Hatake no lo vio venir hasta que la muleta le golpeo de lleno la cabeza, forzándolo a caer sentado y con un dolor de cabeza por el golpe.
―Gai… ¿qué...?
El estallido de la muleta contra el suelo lo golpeo de nuevo por sobre el hombro. Con seguridad de tener un moretón negro y violáceo para el día siguiente, haciéndolo callar. ¿Qué tenía el hombre por golpearlo con muletas? ¿Otro ridículo reto? Levantó la mirada, confrontando a la bestia verde que lo ve duramente, como decepcionado. Sorprendido no estaba, tenía por seguro que se veía ridículamente derrotado. Gai se apoyó de su muleta derecha, con un poco de enfado tatuado en el rostro. Le golpeo, literalmente, y Kakashi seguía sin espabilar. De esa forma no le dejaría ir, de ningún modo.
―Serás un estorbo en el campo con esa actitud ― califico rudo ―. Sí lo sabes, ¿por qué vas?
Kakashi se mantuvo en el suelo, pensativo, una sonrisa apagada asomándose por debajo de su máscara ―. No tengo el derecho de quedarme fuera ¿o sí? Falle en muchas cosas, Gai. No espero que lo entiendas, pero al menos debo volver a intentar.
Gai se mantuvo firme, cruzándose de brazos por sobre la muleta. Más cabreado por la actitud de su eterno rival. El siempre altivo y liberal Kakashi, limitado a tan pobre versión de sí mismo; lamentable. Ni siquiera tenía el usual libro naranja en sus manos, o cualquiera de la colección de Jiraiya.
Ese no es Kakashi.
― ¿Por qué te sigues reprochando? Tus estudiantes escogieron sus caminos por cuentas propias, buenas o malas, tú les enseñaste la diferencia.
― ¿Enserio? Deja de intentar ayudar Gai, sabes bien que soy enteramente responsable de lo que ocurre ahora.
―Por lo que Shizune-san me dijo fue Hokage-sama quién ordeno el duelo, no veo tu responsabilidad en ello.
Kakashi le lanzó una mirada de recelo ―. Sabes a lo que me refiero, Gai. Ellos son mi equipo ― reiteró.
― ¡Huh! ¡Por supuesto que lo sé! ― respondió ―. Pero en este estado anímico serás una carga, mi querido rival.
Kakashi no hizo caso alguno y se puso de pie, dándole la espalda al usuario de taijutsu. No necesitaba un sermón, menos de Gai de entre todos. ¿Qué podría Gai saber sobre su equipo? Sus alumnos eran muy buenos, vanagloriados por sus logros, siempre en el camino correcto. Su equipo en cambio, tenía el historial más largo y entreverado de la hoja, y que decir, del mundo. Nadie comprendería la carga que él lleva sobre sus hombros, tan pesada, agotadora y lacerante. Se sentía responsable, él fue el maestro, él debió enseñar con mano dura el sendero a seguir, no dejarlos a su suerte como pajarillos sin saber cómo volar. Era como lanzarlos al fuego y esperar que no se quemen.
Apenas les enseño una cosa, y no sabía que tan asimilado lo tenían cada uno.
Que mediocre trabajo he hecho.
―Kakashi ― llamó Gai, deteniendo la lenta caminata hacia las afueras de la aldea. ― ¿Recuerdas porque dejaste el ANBU?
El Hatake se quedó de pie por un momento. ¿Por qué dejo el ANBU? Bueno, quiso encargarse de velar por Naruto, hijo de su sensei, durante su vida ninja. Aunque fue un mundano pensamiento, mezquino hasta cierto punto; no había velado por el niño jinchuriki durante la infancia e intentaba mediar ese error. Cuando le contaron de Sasuke también influyo, el ultimo Uchiha en la aldea, un niño con los mismos ojos que su mejor amigo Obito a quién creyó fallecido. No quería que esos ojos desaparecieran, quería que el Uchiha brillara, tanto como Obito quiso brillar antes de "morir".
Esas fueron las cosas que creyó en aquel entonces.
¿Cierto?
―Un capitán de tanto renombre dejando el ANBU, se esperaban grandezas de ti, incluso me dijiste que jamás dejarías el cargo por cuidar de unos mocosos al principio.
Kakashi suspiro de nuevo ― ¿Lo dije? ―.
Su rival asintió, aunque no fue visto ―. Lo hiciste, pero cambiaste de opinión.
―Debí dejarle a esos niños a otra persona, el Tercero estaba seguro de que debía ser yo y mira como terminaron, cometí un error en dejar el ANBU.
No quería decir eso. No desde el fondo de su alma. Estaba feliz de enseñarles, aún con todas las fallas, los malentendidos, los errores; en verdad estaba feliz de ser parte de la vida de cada uno. Esos niños, revoltosos, difíciles de tratar, le abrieron una nueva meta que creyó largo tiempo perdida; le dieron lazos. Personas importantes a quiénes proteger, a quiénes querer y por quiénes velar.
Naruto y su estridente deseo de ser Hokage.
Sasuke y su anhelo por resurgir el orgullo de su clan.
Sakura y su deseo de ser fuerte para proteger.
Los tres, diferentes y complementarios entre sí.
¿Qué dije? De no ser por ellos jamás seguiría aquí.
De no ser por ellos, hacía mucho habría muerto en algún intrincado con el ANBU o peor.
―Mentira, Kakashi.
Se volteó de reojo, observando la sonrisa de oreja a oreja de Gai mirándolo.
―Tú dejaste el ANBU para buscar una razón para vivir. Y la encontraste, en esos tres, en tu equipo.
La vista se le ilumino de pronto. Gai tenía razón, muchísima razón. Las excusas que puso al principio, según recuerda, se debían al hecho que no encontraba satisfacción en cumplir como ANBU. La vida de asesino no se le acentuaba tan bien como todo el mundo predijo, era certero, letal y silencioso. Pero por dentro, tras cada muerte, sentía que su pecho ardía más de incomprensión. Entró al ANBU más por una reacción de cólera, en busca de una muerte segura tras acabar con la preciada vida de Rin. Con la muerte de Obito y Rin en sus hombros, no podía siquiera ver a los ojos a Minato, la sensación de que el rubio conocería su pecado lo retenía en la mudez y la oscuridad de su propia soledad. El ANBU resultó convertirse en su salida de emergencia, buscando la muerte de modo legal para la aldea, sin cometer un suicidio simple como su predecesor. Moriría como un héroe, y no como la plaga que calificaron a su preciado padre.
No obstante, la muerte huyo de su alcance.
Aun recibiendo ataques adrede, aun brindándole ventaja a sus enemigos, las heridas no lograban matarle.
Su vida, tan frívola, carente de felicidad, seguía teñida de sangre.
Más no llama la atención del dios de la muerte.
Las misiones se volvieron más riesgosas, letales y escazas de factor de sobrevivencia. Y siguió, tomando misiones que superaban sus años vividos, pero jamás su experiencia en batalla. La guerra no lo mato, tampoco los años como ANBU, y seguía deseoso de encontrar a quién le diera muerte, una muerte honrosa. Como la de sus dos preciados camaradas. Tomo los ataques contra sus camaradas, les aseguro la vida a la mayoría, porque siempre caen uno o dos en las emboscadas; pero aún con tanto daño, seguía vivo.
Seguía respirando.
Fue entonces que, viendo la emoción de sus compañeros de academia por ser maestros de un equipo gennin decidió buscar, más por necesidad que por deseo. Quería ver, si por azar del destino, su corazón hallaba una razón para seguir latiendo el día tras día.
―Si vas a ir, ve porque quieres reconocer los esfuerzos de tus alumnos, sus defectos y virtudes. No vayas a parar algo que ellos necesitan atravesar.
Gai, con su extrovertida actitud de siempre juventud tenía razón.
Su patética excusa, tan inservible poca ayuda a su resolución. No tiene la capacidad de estar lamentándose sobre la leche derramada como un simple bebe.
―Mira adelante, Kakashi. Sigue las palabras que le enseñaste a tu equipo.
Se estaba tardando demasiado. Las esposas de chakra si habían hecho un juego con su red de control, necesitaba calmarse.
Pero… su corazón no deja de latir desesperado, ansioso.
Eran años desde que podía ver esa mirada, llena de odio, rabia, miedo y coraje. Una mezcla exótica que solo era capaz de ver en ese rostro, complejo como la vida, y claro como el agua cristalina. Ve heridas abiertas adornando los bordes, oye el jadeo constante de su respiración, los espasmos de agotamiento de su cuerpo; puede palpar, con la yema de los dedos, las lágrimas de furia incontenida que caen por su rostro. El arte de persona que ve frente suyo, restringida por un poder que debería ser capaz de derrocar, indefensa, alarmada, en un trajín de emociones que la convierte en la presa que espero contemplar por meses.
―Si gritas deberé taparte la boca, y no te recomiendo irritarme ― dijo, acercándose a paso tranquilo hacia su sirviente ―. Daraku, has hecho un buen trabajo. Puedes volver con el Inuzuka.
El lobo de gran tamaño hizo una reverencia, en señal de acato a la orden y se apartó de la atada figura de la mujer ninja, corriendo rumbo al bosque en busca de su amo temporal. Se tomó el tiempo de verla, detenidamente, su vista de asesino inspeccionando cada respiración forzada mientras ella se remueve entre las ataduras de sello que la mantienen con los brazos abiertos a los lados, arrodillada sobre el suelo y con la vista escondida tras el espeso cabello rosa.
Odia a esa persona.
Aquella que también es Sakura, pero al mismo tiempo no lo es.
La personalidad, dominante y expresiva que desde que la conoció en "persona" considero su enemigo más grande.
―Debes irte ― aclaró él, con voz dominante ―. Ahora mismo, princesa.
Ella alzó la vista, con el rastro de las lágrimas aún fresco en sus mejillas ―. Que te jodan, Kaito.
La voz llena de recelo y odio, los espejos jade oscurecidos por la repugnancia de ver al prisionero. Kai se mantuvo quieto, escuchando como el corazón de la chica dio un profundo apretón, sangre escapando de los belfos entre rasposa tos.
―Eres incapaz de controlar el flujo de chakra que mantiene sus órganos estables ― rugió ―. Lárgate.
Su advertencia sale como un rugido, mientras el cuerpo femenino se retuerce en dolor sobre la tierra, pero esa presencia que le repele sigue allí. Jadeando en dolor, con rabia expirando por los poros.
―Vete ― rugió en voz más alta, dando un par de pasos hacia ella. Un ligero movimiento de dedos y las ataduras de chakra la levantaron como un títere caído, devolviéndola a la posición de rodillas, con los brazos estirados hacia atrás. Los ojos jade, desafiando entre el dolor a la imponente figura de su captor.
Una risa de desprecio, la vista afilada en tristeza y cólera ―.Déjame ir, desgraciado.
― ¿Para qué? ― preguntó fastidiado, la voz raspada en confusión ―. No me digas, irás a arrastrarte por la protección de esos dos ― dijo en son de broma.
―Tal vez ― respondió esperanzada, su vista perdiéndose en el horizonte ―.Ellos son mi equipo, mi lugar está a su lado.
Kai avanzó rápido hasta quedar frente a ella, los puños apretados en incertidumbre ―. Ustedes son tan distintas, Sakura no se arrastraría por ayuda, ella no es así.
El ente mental que reina el cuerpo de la pelirosa sonrió, sarcástico―. Para ser un bastardo, tienes demasiada confianza en que nos conoces.
Kai entrecerró el cejo. Odio fluyendo por sus venas.
―Sakura debe estar entrando en razón si volvió a nuestra aldea― contestó ella con suspicacia.
Él respiro profundo, controlando la ira asesina ―. Fuimos obligados.
―Eso te dices tú ― desafío―. Tú no la conoces, no conoces lo mucho que significa esto es para ella, solo estás manipulándola a tu conveniencia.
Suena preocupada, y él sabe que es verdad. Sakura se está llevando al límite, por capricho o propio deseo, ya no se distingue. Pero el límite de lo que se puede llamar correcto se ha borrado y ambos están del otro lado, adentrándose más en la oscuridad que los sobrecoge, con el fin de conseguir sus deseos.
― ¡Sé que lo entiendes! ― le gritó ella, tirando con dolor y fuerza de las sogas de sello que la van manteniendo en su posición ―. Yo no quise esto… ¡No es lo que nosotras queríamos! ¡Bastardo, tú la engañaste!
Se tomó de la cabeza, gruñendo, no debe escuchar, por más suplicante que suene su voz.
―Regresa ― insistió ―. Tienes tu tarea por cumplir, Sakura es quién controla las cosas y seguiremos aún si tú, que eres ella también se opone ― contestó, inclinándose sobre ella.
― ¡Eres una basura! ¡Solo la manipulas para tu conveniencia! ¡Ella ni siquiera te importa!
― Deja de gritar, me estás irritando.
― ¡Tú… bastardo! ―se remeció más fuerte, abriendo los cortes por sobre la pierna derecha. No le gusta la mirada decidida que lleva el guerrero de color rojo. Jamás lo hizo. Desde que lo vio por primera vez, desde que presintió esa temible aura de muerte a su alrededor, su poco respeto por la vida, su deseo de destruir.
Le advirtió a Sakura desde el inicio.
¡Volvamos! ¡Regresemos a Konoha! ¡Con nuestro equipo!
¡Tenemos que volver! Nuestros padres… no podemos dejarlos, ellos… Sakura.
Necesitamos ayuda, por favor, volvamos. Podremos salir de esto, no podemos sacrificar todo de esta forma.
Sakura, escúchame.
¡No me ignores!
Cientos de veces.
¡No lo hagas!
¡No le escuches!
¡SAKURA!
Pero ella no le escucho. De pronto ambas dejaron de ser complementarias, dejaron de terminar las palabras de la otra, de apoyarse antes de las caídas emocionales. De la nada, con un soplo, la única que se vio contemplando la crueldad y negligencia de sus actos de sus actos fue ella. Ella que también era parte de Sakura.
Ella que era la misma persona, el mismo ser, exiliado en un mundo vacío del cual no podía despertar.
Y cuando gano control, contra voluntad de la dueña original, la niebla que ve en los ojos de su mejor amiga la empuja de vuelta, está vez, a un lugar donde es un ente solitario, incapaz de cumplir más que para la tarea que le fue dada.
― ¡No te dejare hacerlo! ¡Sakura no merece esto! ― debe agarrarse a lo que sea para detenerla, sino es Kaito, alguien más. Solo debe parar la locura, a como dé lugar. De detener antes que algo salga mal. ― ¡Kaito!
― ¡Deja de llamarme, maldición! ― gritó el prisionero ―. Tú no eres Sakura, no eres quién decide, quédate en silencio y regresa de nuevo a tu lugar. Solo estás causando un alboroto.
― ¡Mentira!― aclama ella, jalando con fuerza de sus retenciones.
El pelirrojo niega ―.Es todo, he escuchado suficiente ― su mano toma posesión del largo cabello rosa en un doloroso agarre que acalla las quejas, el brusco movimiento abriendo algunas viejas heridas en el proceso ―. Esto sería más fácil si el Uchiha no hubiera usado su Sharingan en ti.
La incapacidad de hacer algo le destruye por dentro y fuera, no quiere volver a ese espacio oscuro, donde su única función es permanecer en espera a una muerte que en la vida, desearía para Sakura. Ella que es la misma, un reflejo idéntico, inútil para entender las razones que llevan al borde a su antigua pareja.
¡¿Por qué Sakura?!
¡Somos la misma… ¿Por qué?!
―No… ― murmura, la sensación de los sellos recorriendo su espalda, atrapando su identidad de nuevo ―, no… demonios, detente.
― ¿Qué podrías hacer? Solo eres una marioneta más en mi juego ― dijo con maldad, apretando las raíces de cabello entre sus dedos ―. Estás indefensa ante mí.
Cuanto se sorprendió de sentir esa familiaridad de tacto, esa armonía única en el cuerpo que vio alejarse de su vista hacia años, dejándola sola y perdida. Los pensamientos ya no logran crear una conexión, ya no se siente una sola, completa. Solo existe soledad, frío y miedo.
― ¡NO!
Grita fuerte, rompiendo los sellos de retención y empujando con toda la fuerza que puede a su captor. Al traidor. Al verdugo que arrastra a su preciada Sakura a la muerte. Huye, haciendo fluir de manera torpe el chakra por sus piernas tan fuerte como puede, emprendiendo la huida hacia el lugar donde siente el familiar chakra de sus compañeros de equipo.
¡Debo decírselos! ¡Debo detenerla!
¡Debo salvar a Sakura!
― ¡SASUKE-KUN! ― gritó afónica, una toz con manchas de sangre escapo azotando su voz, su cuerpo ardiendo en pánico dolor por el inestable flujo que mantiene todos los órganos, solo juntándose con toda la voluntad posible en las piernas, huyendo aterrada hacia el bosque.
― ¡HEY!
Su cuerpo esquiva apenas la tacleada del pelirrojo, los sentidos explotando de miedo y desesperación a la vez.
¡Debo decirles!
¡Debo pedirles ayuda! Si no… ellos…
― ¡Bushin no Jutsu! ―exhala, seis clones más corriendo en direcciones diversas, buscando ganar tiempo para emprender la huida.
Apenas unos segundos y siente como cada clon desaparece y trae consigo las multiplicadas sensaciones de ahogo y confusión a su mente. Con el ultimo esfumado la desconcentración la corroe, obligándola a caer de costado sobre el suelo, justo sobre el brazo semi atendido por la pelea previa contra el Uchiha.
― ¡UGH! ― grita agónica, con lágrimas gruesas cayendo por su rostro. Escucha el sonido de las hojas viniendo hacia ella, Kai está por cazarla entera y llevarla de vuelta a un lugar donde solo le queda esperar. No hay tiempo.
El final de años de planes está tan cerca.
Se pone de pie con toda la voluntad posible, corriendo de nuevo.
¡Por favor!
― ¡NARUTO!
¡Alguien! ¡Alguien ayúdela!
― ¡TE TENGO!
Puede sentir la respiración fría de Kaito pisándole los talones, el pánico rasga de nuevo su voz.
―¡SENSEI!
Su cuerpo azota el suelo, las lágrimas cayendo como ríos por sus ojos, se retuerce en contra de su captor. En un intento desesperado de alejarse toma el brazo que la mantiene contra el suelo, clavando sus uñas lo más profundo posible para luego tirar de él, marcando sus dedos con sangre.
― ¡NO! ¡Traidor! ¡Mentiroso! ¡Desgraciado monstruo!
― ¡CALLATE!
― ¡LA VAS A MATAR! ¡SAKURA VA A MORIR!
El grito sale desesperado, hay una décima de segundo en que la palma de Kai tiembla en indecisión, una fracción ante de golpear con fuerza su mano sobre la cabeza de la chica e infringir el sello.
Es el fin…
La esperanza que trajo el Sharingan, la pequeña puerta de libertad que tuvo se cerró de nuevo. Por el miedo, por el recuerdo, por la debilidad.
¡Alguien! ¡Deben detener este plan!
La sensación de entumecimiento, del frío ardiente de ese lugar de muertos jalando su conciencia de vuelta.
Deténganle… antes de que sea demasiado tarde.
Por qué… su determinación flaqueo.
Por favor… alguien escúcheme.
Porque la persona que desea salvar…
Alguien…
No desea ser salvada.
Adiós, Inner.
Ojala puedas perdóname.
El cuerpo de la pelirosa cae inconsciente de nuevo contra el suelo. Kai jadea, agitado por la compleja huida que no espero por parte de esa "cosa" que es parte de Sakura. Le da algo de lastima, pues en medio del terror que debió correr por la mente de la ex Inner de la Haruno, ella no pudo notar los estridentes aullidos de Daraku, haciendo sus plegarias inalcanzables.
―Me debes una buena, Sakura.
Se recuesta a un lado, sus dedos manchándose de rojo al notar las cuatro líneas de carne expuesta por el ataque recibido. Mancha el suelo con ella, sentándose al estilo indio y relajando su respiración.
Confusión, pura y sólida.
Una nube de polvo se rebela, mostrando a un nuevo lobo, está ves de un suave color amarillo, llegando en su mayoría a tomar un tono blanco. El gran lobo de ojos celestes, muy claros, se reverencia contra su amo, en muestra de respeto.
―Cúrala, ten cuidado con sus órganos internos ― ordenó Kai.
― ¿Debo borrar esa herida también? ― consulta la invocación, mirando la marca en el brazo de su señor.
Kai niega, ocultando la vista tras el espeso color de su cabello.
No puede quitar ese rostro cubierto en lágrimas de su cabeza, las plegarias de ayuda dirigidas a los dos que solo hacía minutos ella mismo quiso enfrentar.
¿Estarían… haciendo mal?
Imposible. Sakura conoce el riesgo, estaban inmersos hasta el cuello de delitos, de ninguna forma ella podría retroceder. No después de decirle que continuarían.
Ella piensa que necesitas ayuda, y tú, Sakura, solo piensas en ayudarles a ellos.
Su concentración se rompe, siendo jalado por el brazo por la invocación antes de recibir un certero ataque de la katana del pelinegro. Las puntas de cabello mostrándose como el único rastro tras acomodarse en el lomo de la bestia invocada, las largas garras mojadas por el líquido rojo de sus adversarios.
― ¡Tres en punto! ― exclama Kiba, percibiendo el aroma de Naruto acercándose hacia ambos.
Daraku hace lo propio, sus patas traseras que están enterradas por entre el destruido campo se afianzan, poniéndose de frente al ataque del Uzumaki en un grácil movimiento, a meros centímetros de sentir el ataque fiero de su oponente, los colmillos blancos del lobo se muestran en una sonrisa de superioridad.
―Ingenuo.
Naruto aprieta los dientes, arremetiendo hasta que su imperfecta bola de chakra azulado se desvanece con el viento, siendo absorbida por la bestia de Kaito con facilidad.
― ¡Aún no termino! ― aclamó.
El suelo tiembla, producto de la técnica de Sasuke, quién detrás de su oponente logra distraer la vista del rubio por un segundo, mero movimiento de ojos en los que Naruto logra evadir las fauces de la bestia y colarse sobre Kiba, con kunai en mano y llevándose de encuentro hacia el suelo al castaño.
―O no tan rápido ― suspira el gran can, pateando con la pata trasera al rubio hacia el bosque. El cuerpo del Uzumaki destrozando un frondoso árbol en el camino, mientras Kiba se repone al lado de Daraku, jadeando por el súbito susto de casi ser atrapado.
―Estuvo cerca ― dijo, su palma limpiando el sudor de su rostro.― ¿Seguimos? ― consultó a sus espaldas, confrontando la carmín mirada de Sasuke.
Los dedos de Sasuke se ciñen sobre la empuñadura de su katana. Está agotado, física y mentalmente, su brazo inanimado arde por dolor ante el uso de bruscos movimientos aún en el estado que se encuentra. El uso del Sharingan ya no tenía efecto desde que Daraku volvió, las llamas simplemente se desvanecían causando quemaduras muy leves que luego se borraban.
Y el tener su chakra succionado por cada acercamiento no se le antoja tanto como a Naruto.
― ¿Dónde está Sakura?
Kiba entrecerró los ojos, no esperaba que Sasuke, entre todo el mundo, preguntara por ella. El que le tomara tan poca importancia al encuentro le encabrona.
―No sé.
O no lo dirá.
―Pero…
Una sonrisa negativa se extendió por su rostro, observando como un segundo Daraku tiene la mandíbula abierta alrededor de Sasuke, sin que este se dé cuenta. El pelinegro sintió entonces, un cálido aire a su espalda, girando en un intento vano por escapar.
―La verás cuando acabe contigo ― susurró, divertido.
El rostro de Sasuke se descompuso en dolor, no antes de desaparecer en una nube de humo.
―Estás muy confiado ― advirtió Sasuke, a una distancia prudente de Kiba, sentando sobre el suelo, relajado. Sus orbes de nuevo en el habitual color negro de siempre.
― ¡Hah! Voy ganando por mi cuenta, ¿qué importa si estoy confiado? ― contestó con despecho, crujiendo sus nudillos en un grotesco sonido.
El Uchiha se quedó sentado, observando a través de los ojos de Kiba y luego de nuevo a Daraku. El lobo relamiéndose por la astucia del último Uchiha a través de un silencio sepulcral. Para Sasuke, la existencia de Daraku lo intriga, es la primera vez que ve a una invocación con ofrendas que duran tanto; y no quiere creer que el arrebato de la mujer que ama pueda forzar a Daraku a seguir sirviendo a Kiba. Es confuso y, también incoherente.
―Te está usando.
Daraku subió las orejas, compartiendo el duelo de miradas que el Uchiha propone sin palabras. ¿Lo estaba estudiando? Las cosas no le parecen tan difíciles de procesar, solo sirve por ofrendas, aunque claro que sus consecuencias iban a tener, pero ya el Inuzuka lo sabía de memoria.
Kiba estiro los brazos, las garras creciendo de nueva cuenta a unas afiladas uñas ―. Y yo lo a él.
El can meneo ligero la cola, conmovido por la gran profundidad de poca conciencia que posee Kiba. Lo tiene justo donde quiere, a su merced, y a la de su amo. Justo como Sasuke cuando estuvo en su búsqueda de poder a manos de Orochimaru. Simples piezas en poder de un hábil y tenebroso controlador.
― ¿Te sientes identificado… joven Uchiha? ― preguntó Daraku, juguetón.
Sasuke volteó la vista ―. No me interesa ― contesto en negación, poniéndose de pie de nueva cuenta, apoyado sobre el brazo sano.
Un agudo hincón lo llevo a ver hacia el sur, muy lejos, solo tenía la sensación de correr en esa dirección. Un mal presentimiento. Muy oscuro y penetrante.
― ¡FUTON: RASEN SHURIKEN!
Brazos fuertes lo empujaron a velocidad fuera del rango de ataque, sus ojos pudieron captar como el lobo que antes intento comerlo se interpuso entre el original y Kiba, mientras el segundo ponía a seguridad al ninja de la hoja. El pitido en sus oídos suena, un poco distinto de lo usual, pero la disolución que espera de la técnica ninja, al igual que todas las técnicas que Naruto apenas podía usar o las suyas propias; no llega.
Por el contrario, le sucede una gigantesca explosión que destroza de lleno el campo.
Una bola de luz de la cual no distingue, ni a Kiba, ni a Daraku.
― ¿Estás bien?
La sorpresa de ver a Kakashi es notoria en su tono de voz ―. Kakashi…
― ¿Qué ha pasado? ―consultó rápido Kakashi, esperando impaciente a que el polvo se difumine de entre el bosque para poder ver los resultados del ataque de Naruto.
―El prisionero es lo que paso, está ayudando a Kiba con una extraña invocación de la que no podemos deshacernos ― aclaró, recostándose sobre la corteza del árbol.
Kakashi le observó por un momento, las heridas de Sasuke eran graves, no tanto como para dejar daño permanente, pero suficiente como para disminuir su rendimiento en batalla.
― ¿Kiba te hizo eso?
Sasuke bufó ―. Sakura― se limitó a decir, admitiendo el vergonzoso hecho de que había subestimado a la pelirosa.
― ¿Dónde está ella?
―No lo sé, hace rato que no la he visto.
Kakashi analizó rápido, mientras ve la figura de Naruto y Kiba por entre el polvo del ataque hecho. No distingue a la bestia que Sasuke menciona por el momento, pero tampoco logra presentir a Sakura por ningún lado. Simplemente no está.
― ¿Buscas algo, Hatake Kakashi?
Daraku está detrás de ambos shinobis, con el cuerpo cubierto de heridas y cortes en diversas zonas, sentido por el ataque previo del rubio. Se ve débil en cuerpo, pero su mirada no cesa de transmitir una inmensa incomodidad.
― ¿Dónde está Sakura? ― preguntó demandante el sensei, sin mostrar una pizca de temor ante la invocación.
El can cerró los ojos, relamiéndose los labios con perversidad.
― ¿No la escuchas?
El fino oído de Kakashi, comparable solo a los de un Inuzuka desarrollado como ninja, captó un ligero grito. Un pedido de ayuda. Gravado en pánico y dolor.
¡Sensei!
¡Te tengo!
Sudor frío bajo por su rostro, identificando con claridad el tono de voz de su alumna, mermado por la desesperación. También, tras la voz, era clara la existencia de un ser masculino, lleno de furia.
―Tarde…― aclaró Daraku, dando un fuerte respiro.
Sasuke fue el primero en reaccionar, jalando a su sensei a correr lejos del lobo.
Un estridente aullido que remeció los árboles y arranco las hojas, despedazando incluso las raíces, totalmente dirigido hacia Sasuke y Kakashi.
Sin oídos, no hay gritos que escuchar― había dicho su amo, y la orden quedó clara. Tenía suerte de que entre el ataque escandaloso de Naruto y su potente aullido de contraataque para defenderse, los otros gritos fueran solo una minúscula onda inaudible.
Sería más divertido si Naruto no hubiera descubierto como herirle.
Menudo mocoso, aún drogado hasta la medula, el futuro Hokage logro realizar un modo de sabio imperfecto, realizando su técnica maestra con tanta dificultad que el chakra mismo seguía mezclado con la esencia de los sapos. De absorberlo, su majestuosa apariencia se vería reducida a un sapo sin gracia, y eso jamás pasaría.
Eso y que Fukusaku le había golpeado con tanta fuerza en el cuello que no se le antojaba más pelear con el Uzumaki.
No con el viejo sapo listo para informar al gran sapo sabio.
Ese era un rollo distinto.
Prefería que un sub alterno de su grado quedara fuera de una disputa con la tierra de los sapos.
Sentía que se le olvidaba algo entre aullido y aullido.
―Ugh…
Ah, había dejado a Kiba a merced de Naruto sin querer.
Aunque, por la enorme cantidad de ninjas que se acercaban a la zona, su ayuda no sería más necesaria. Se sentó cansado sobre la tierra, concentrado en solamente curar sus heridas, con la discusión eufórica de Naruto de fondo.
― ¡Desactívalo ya, niño! ¡Si sigues podrías convertirte en sapo! ―advirtió Fukusaku, sosteniendo en su mano el palo para evitar la transformación en sapo por si las dudas.
Naruto jadeo, con la mitad del rostro englobado y con verrugas pequeñas, su ojo derecho deformado en una línea nada humana.― ¡E-Eso trato!
Fukusaku, al no ver avance en el cese del flujo de chakra natural apretó su palo, en un rápido swing golpeo de lleno al rubio, mandándolo de vuelta al suelo pero con el rastro de sapo desaparecido de sus facciones.
― ¡Agh, viejo que! ¡Tenías que esperar! ― se quejó el rubio, sosteniendo el chinchón creciente que florece en su cerebro. Duele mucho ser golpeado así tras tanto sin fallar en el modo sabio.
―Tienes un problema más para encargarte― señalo el anciano, apuntando con un dedo la figura inconsciente de Kiba ―. Tu amigo ha hecho un trato con Daraku, una de las bestias prohibidas de las regiones bajas de Iwa, aunque es parcial, causa un cansancio extremo junto a otras consecuencias físicas. Debes llevarlo a un médico.
Naruto proceso la información rápido, teniendo muy en cuenta el tono serio de voz que utiliza Fukusaku al explicar el contrato de invocación que Kiba ha formado.
― ¿No hay otra forma de ayudarlo? ―preguntó.
El sapo pensó unos momentos, las charlas con los lobos bestia no eran, por lo general, de su incumbencia. Siempre veía a la escolta pasar por un lado y conversar largamente con el gran sapo profeta, pero nada más. La información es útil, pero no recuerda mucho en claridad con respecto a ese tipo de invocación.
―Veamos… los efectos pueden trasladarse, pero necesitas al invocador original para ello.
El rubio asintió, justo lo que quería, una simple razón para moler a golpes a ese desgraciado prisionero.
―Entonces debemos volver pronto a Konoha, ese tipo esta junto a Tsunade-baa-chan.
―Me temo que eso no será necesario, Naruto.
De pronto, la zona destruida se comenzó a llenar de estupefactos ninjas, ANBU, he incluso de médicos ninjas que habían venido desde Konoha como alma que lleva el diablo para asistir en la grave situación que Tsunade aclamo a gritos desde su oficina.
El rubio alzó la vista al escuchar la voz de Iruka llamándolo.
―Tsunade-hime, un gusto volverte a ver ― saludo cordial Fukusaku.
―Lo mismo digo ― respondió la Hokage, dando una mirada panorámica al entorno de su viajo campo de entrenamiento grupal. Luego observo a Naruto, el ninja estaba hecho polvo y respirando algo rápido, su brazo derecho sangrando profusamente.
― ¿Qué haces aquí, Baa-chan? ¿Por qué están todos aquí? ¡El tiempo aún no termina dattebayo! ―reclamó el rubio desde el suelo.
Tsunade respiro profundo. Mejor soltar la mala noticia de frente.
―El prisionero escapó de la aldea, creo que vino por Sakura hasta aquí.
― ¿Qué…? ¿Escapo? ¡¿Qué quieres decir que escapo?! ― exclamó cruzado Naruto, poniéndose de pie con dificultad por el agotamiento.― ¡Baa-chan!
― ¡Cálmate mocoso! ― gritó ella, en un tono más alto ―. Por eso estamos aquí, venimos a arrestarlo y a parar el encuentro, sí vino aquí es porque algo ocurrió.
Naruto gruño por lo bajo ―. ¿Es el sujeto del que hablan el invocador? ― preguntó Fukusaku.
― ¿Invocador? ¿De qué hablas? ―cuestiono Tsunade.
El pesado sonido de la caminata de Daraku al caminar, junto a los gritos ahogados que profieren los ninjas ante la sorpresa de ver semejante animal caminando como perro en su casa. O mejor dicho, como lobo en su casa.
―Hablan de mí, Senju.
Tsunade volteo, conteniendo su sorpresa ante la bestia, con Naruto gruñendo de rabia a su detrás.
―Aunque me temo, tu comitiva de emergencia es inservible, mi amo está en camino a este lugar.
― ¿Y Sakura?
―Viene con él, le aseguro.
―Entonces también debes conocer porque vino, habla, criatura.
―Daraku, y sí lo sé, pero es asunto de mi amo explicar sus razones. Mía fue asistir al Inuzuka que yace inconsciente por allá.
Tsunade aguanta un arranque de ira, volviendo la vista ante la sensación familiar que se asoma a su espalda. Voltea, contemplando como los rasgos de sapo y humano convergen de nuevo en la meditación del rubio.
― ¿Naruto?
El ninja no se inmuto ante su nombre, quiso buscar respuestas pero apenas abrió la boca, el joven se desvaneció en un grupo de hojas secas, dejando solo al pensativo Fukusaku en el campo. El anciano anfibio le negó con la cabeza.
― ¿A dónde fue? El duelo ha terminado ―dijo preocupada. Aunque no sabe si es por el rubio o por la situación en general.
―La respuesta es obvia, Hime, y… me temo que el resto ha hecho lo mismo ―respondió resignado Pa, con la vista en las espaldas de la Hokage.
Tsunade volteó, notando las caras confundidas tanto de Shizune como del resto de jounins reunidos en el área. Nadie lo había previsto. Justo frente a sus narices.
― ¿Dónde están Kakashi y Sasuke?― consultó por inercia Tsunade, los había visto o, mejor dicho, presentido no muy lejos de la zona.
Nadie predijo, que ambos ignoraran la orden y siguieran al rubio.
―Van a donde está la raíz de tus problemas ―comentó el sapo ―. Sí no quieres otra pelea, deberías ir también.
Daraku meció su cola, recostándose sobre el suelo con una larga sonrisa, su vista fija en la serena del sapo.
― ¿Quién será más fuerte?
Fukusaku arrugo el ceño. El tipo de criatura que ve a su lado no le agrada, ni siquiera lo estima, pero tampoco se da el lujo de mostrar debilidad. Conoce por historias y de solo estar tan cerca que, Daraku, y sus compañeros lobos no son invocaciones de fiar.
― ¿Mi amo o el tuyo, Fukusaku?
― ¿Estás seguro que estas bien? Tu brazo sangra demasiado ― comentó Kakashi, saltando por entre las ramas al lado de Naruto y de Sasuke. Frente a ellos, Pakkun, el perro ninja les guía el camino. Naruto apretó el torniquete que hizo con trozos de su rota camiseta, camuflando su dolor con una sonrisa apaciguadora hacia su sensei.
― ¡Jamás estuve mejor! ― respondió, apoyando su peso sobre el costado para buscar impulso ante el cambio de dirección de la invocación de su sensei ―. No es como sí Kurama me dejara morir por esto.
Kakashi desvía la vista, insinuando que se ha creído la mentira blanca del Uzumaki. Pero puede ver, con el ojo gastado de Obito, que el chakra naranja que siempre fluye por el cuerpo de su alumno está acumulado en su estómago, justo sobre el sello, sin expandirse como el resto del chakra azul. Kurama no está ayudando, y por la gravedad de las heridas en el brazo del rubio, sabe que necesitaran un médico en poco tiempo.
― ¡Falta poco! ― anunció Pakkun, acelerando el paso.
El equipo siete le siguió de cerca. Naruto en silencio, con las sombras naranjas apenas visibles en sus ojos, agotado. Ha forzado, casi a la suerte, el poder reunir chakra natural y entrar en modo sabio; su interior, siempre en equilibrio, le arde en negación. Kurama está furioso, es sensible, y ya ha de entender la gravedad de la acciones de su contenedor.
Pero era eso, o esperar a que el prisionero se atreviera a regresar.
― ¡Yo iré adelante!
― ¡Espera Naruto!
La mano de Kakashi no alcanzó a su alumno, observando como el joven se desvanece en un avance veloz hacia el encuentro con su tercer miembro. Puede, ver por el rabillo del ojo , justo al pasar Naruto fuera de su rango de visión; una tenue mancha naranja desvaneciendo, el modo Sabio desactivándose por un rojizo color del chakra del nueve colas, aflorando en una mirada roja como la sangre.
―Está perdiendo el control ― dijo Sasuke, al ver como su mejor amigo se ha, literalmente, esfumado con un par de pasos―. Lo ha estado perdiendo desde que peleo con Kiba, su chakra esta alterado.
―Creí que el Kyuubi estaba restringiéndose.
Sasuke asintió ―. Lo estaba, pero ahora está reanimando el paso de Naruto.
Kurama, quién se negó a ayudar a Naruto, está forzandolo a un encuentro con el prisionero. Y eso no es bueno, al menos no con Sakura en medio.
Se balancea un poco, antes de sentir como Kai la sujeta por los hombros, dándole estabilidad. Su mente le da una fuerte jaqueca y la experiencia vivida desde el momento en que se desvaneció no ayuda a calmarla.
―Te estoy curando, ya casi termino ― explico Kaito, ayudando a la chica a ponerse de pie. Su piel contrastando el fuerte chakra azulado que la sobrecoge por parte del lobo de pelo semi caramelo. Ella se apoya sobre su hombro, mareada, y logra ponerse de pie por su cuenta. Baja la vista, las quemaduras de su brazo y los pocos restos de daño interno que quedan ya no son sensibles a su movimiento. Se siente mucho mejor, sin duda.
―Espera… ¿Qué haces aquí? ― se quejó, en voz baja.
― ¿Qué hago aquí? ― Soltó herido―. Espera… ¿no tienes memoria de que paso?
―Memoria… ¿de qué…? ―se sujetó la cabeza, observando los alrededores y de nuevo a Kai, el chico se veía agitado, confundido en comparación con su normal actitud ―. Tu brazo…― musitó.
Flashes de lo que sus ojos presenciaron volvieran a su cabeza. Todo tiene sentido.
―Perdona, perdí el control ― se disculpó, con la mano sobre el rostro. El dolor de su cabeza se difumina por el chakra curativo, logrando estabilizar mente y cuerpo a la par ―. Kai… ¿alguien más me escucho o vio?
Kai niega, con un rostro serio ―. Engañe al Inuzuka, fuera de él no ocurre nada de lo que debas preocuparte. Además de claro, pagarme el favor que te hice.
Sakura sonríe, aliviada por no haber mostrado esa parte de ella al exterior ―. Buen trabajo, será mejor regresar antes de que…
―No creo que sea necesario volver ― refutó el prisionero, sujetando a su superior del brazo ―. Tenemos visita.
Sakura respiro profundo, apretando las palmas en busca de paz mental. Puede percibir, tras la fuerte fortaleza de chakra que la rodea, una furia ardiente justo al frente, particular en sus memorias, es el poder que hacía años marco de manera irreparable su brazo. El mismo ente que intentó matarla, y sin saber, le dio una llave a nuevas posibilidades.
―Es suficiente― anunció al lobo detrás de ella, quién asintió, cortando el tratamiento para enfocar su vista en la rabia rubia que se asoma entre las hojas.
Hay un duelo de miradas entre Naruto y Kaito. El Uzumaki anda furioso, su odio disminuye apenas al ver que Sakura está a salvo, pero el solo recuerdo de la torcida personalidad de Kiba lo reanima a atacar al prisionero de Kumogakure. Kiba jamás diría cosas como las dichas, jamás atacaría de la forma en que lo hizo, ni aunque Sasuke tuviera razón, sabe que su amigo valoraría su amistad antes que una batalla a muerte. Bajo del árbol con fuerza, pisando fuerte el suelo, sus ojos variando de azul cielo a rojo carmín.
―Rompe el contrato ahora mismo ― demandó furioso.
La Haruno se mantuvo firme al lado de su ayudante, repasando los acontecimientos de la batalla. Sí Naruto está allí, significa que Kiba ha sido neutralizado de batalla, y duda mucho que fuera un lindo final.
Kai se cruzó de brazos―. El Inuzuka firmó el contrato, que él lo rompa ― respondió altanero.
Naruto apretó los puños, enardecido por la negativa ―. Rompe el contrato, ¡ahora mismo!
El pelirrojo volvió a negar, escuchando el gruñido de peligro por parte de su invocación. Se siente en el aire, las ganas asesinas que despide la presencia del futuro Hokage. Sabe que el rubio está dispuesto a matarlo por juguetear con el alma de Kiba, pero a él poco le interesa.
―Pidió poder, se lo di. Sí él desea que se lo quite, que venga, tú no eres nadie para que te obedezca.
Naruto gruño de nueva cuenta, pero el ronroneo sonó distorsionado, casi gutural.
―Entonces… te matare y adiós contrato.
Las garras de Naruto se afilaron, las pupilas dilatadas en ira mientras el chakra del nueve colas hierve en su sangre. Sakura tensó el agarre en Kaito, la conversación deja de ser simples amenazas, no comprende la falta de control de Naruto, pero es obvio que no está en las mejores casillas para enfrentar la actitud de su ayudante. Y no puede decir mucho a su favor, el contrato no funciona así.
―Te enseñare a no meterte con mis amigos.
Kai visualiza con la mayor velocidad que puede, el pecho contraído en un hincón de alerta. El gruñido de la bestia invocada detrás de él ya no suena como advertencia, no ahora va a atacar.
Por fin tiene su oportunidad, pequeña, pero vale la pena.
Probar el poder de la bestia de cola más fuerte del mundo.
Pero sobretodo, poder lastimar sin remordimiento una de las razones de su duda.
― ¡DETENTE, NARUTO!
El viento se corta por el grito, la voz de Kakashi saliendo agónica de su garganta. El rubio, de pie, con el brazo extendido al frente, una espada de chakra de viento perfectamente formada perforando unos milímetros de piel. Ambos brazos sostenidos, uno por Sasuke, otro por Sakura. Las piernas, espalda y torso llenas de las fauces de los perros ninja del Hatake, quiénes detienen el ataque apenas de que se lleve una víctima.
O se inicie un nuevo duelo.
―Reacciona, estúpido dobe ― expresó fastidiado Sasuke, sosteniendo el brazo con el arma de chakra infundida, ejerciendo tanta presión como le es posible. Naruto no tiene intención de detenerse, y se ve obligado a impulsar su propio elemento para disipar el ataque. Los perros ninjas luchan por retenerlo en su sitio.― ¡Naruto!
El siseo de la voz del Uchiha hace que el rostro de Naruto se contraiga en ira, su voz aún distorsionada exige libertad para actuar ―. Sal del camino.
―El duelo ha terminado, detente ― exigió Kakashi, alcanzando al grupo.
Los iris dilatados por Kurama confrontan a la persona frente a él, su brazo izquierdo temblando ligeramente ante la fuerza de quién lo retiene. Ha visto por sobre su finta de ataque, y le molesta aún más que la socarrona sonrisa de Kaito por detrás de su escudo humano.
―Sí quieres pelear con él, pasaras por sobre mí primero, Naruto.
El anuncio hace que sus dientes rechinen de rabia. El brazo derecho que debió de ser finta fue tomado en segundos por la Haruno, dirigiéndolo de frente a su pecho, mientras el izquierdo es neutralizado entre la derecha de ella, impidiéndole seguir con el ataque. Baja los brazos, pero los perros ninjas aún mantienen su posición. Sus ojos, su postura erguida, mantiene la ira, Sasuke y Sakura le sueltan lentamente, y el Uzumaki pasa su mirada de la risa de Kai hacia la decidida figura de su compañera de equipo.
―Quítate del camino, Sakura ― soltó a secas, con los puños apretados a los lados.
La Haruno limpia con la palma el rastro de sangre que desciende por entre su escote, el top partido en su extremo superior por el corte de la espada de viento. Estira los brazos a los lados y niega de nuevo.
―Atrévete y pasa sobre mí, Naruto― retó.
Y finalmente colgue el capitulo. Me tarde muchisimo , en parte porque con la universidad, exámenes y la poca inspiración no logre hacer el capitulo que queria al principio. Creanme que borre y reescribi tras avanzar unas seis paginas, hasta que salio esto. Se que muchos diran que esperaban más del final de la batalla, pero sus razones tiene para acabar tan pronto. Paciencia por favor.
Además, creo que todos notan que la Inner de Sakura no salio en lo absoluto en capitulos anteriores, se debe a que en realidad Inner y Sakura, ya que son ambas distintas, están separadas. Solo en mente, cuerpo no. Pero están separadas y cada una tiene su forma de ver las cosas, por lo que vemos una odia a Kaito con toda su alma, y la otra está dispuesta a trabajar con él, incluso a defenderlo si es necesario. Aunque si me preguntan, en este juego de quién manipula a quién, es Sakura quién lleva la delantera, pero no lo demuestra mucho en actitud. La pelea ha sido dura para todos, Sasuke , naruto y Sakura; pero hay que aclara que Naruto pierde el control por que el Kyuubi lo desequilibra, ya en el siguiente capitulo hare una breve conversación Kurama-NAruto, así se comprende más su comportamiento al final del capitulo. Por lo mismo, Sakura intentara explicar el contrato para calmar las aguas, mientras que Sasuke-chan tendrá su propio problema a resolver.
¡Todo en el siguiente capitulo!
:D
No les prometo actualizar semanalmente, y si llego a la quincena sería bueno, pero esta semana tengo cuatro examenes y la siguiente dos. Estare re frita de cosas, pido de nueva, paciencia. Y agradezco, muchisimo, sus reviews y PM. Sientanse libres de darme ideas o comentarme personalmente algo que no les gusto o sí del cap porPM si es que se les ocurre mucho después del review. Por que claro, nada me anima más que sus reviews sinceros. Y por cierto, los invito a leer mi traducción, Guerra de clanes de Duesal10, esta bueno, aunque voy por el primer cap . Un abrazo a todos, en verdad espero oir sus comentarios por reviews.
¡Los quiere, Lonely Athena!
