Capítulo 10: Visita a Kakariko

Los primeros rayos de sol despertaron al plácido Link, quién estaba mucho mejor después de descansar. El joven fué hacia el lago y se aseó para despertarse. Cuando hubo cumplido su objetivo, fué a colocarse su gorro y a ir a por una botella de leche que le dió Malón un par de días antes. Navi se despertó poco después e inentó levantar a la cansada Alana, que yacía sobre una manta a espaldas a Link. Navi creyó que estaba de broma y fué hacia el lago y, sin tardar, se hundió en la helada agua para salpicar a Alana. Alana despertó furiosa.

- Maldita Navi¿qué te hice yo para que no me dejes dormir?

- ¡Hay que levantarse!

- Ve tú, yo te sigo.

- Yo ya estoy levantada.

- Pues vale¿cuál es el problema? Buenas noches. - Alana se dió la vuelta y volvió a intentar dormir.

- Pues verás de nuevo.

Fué de nuevo hacia el lago, pero de camino a el, un recipiente de cristal la atrapó. Quién la atrapó, la levó hacia su cara y la regañó.

- ¡Déjala, Navi! La misma broma dos veces aburre.

- Vamos Link, hay que despertarla. - decía desesperada Navi golpeando las paredes del recipiente.

- No, merece dormir. Después de lo que hizo anoche...

- ¿¡Me viste!? - preguntó sobresaltada Alana. - Pero¿cómo? Me aseguré de que dormías.

- Tú solo me miraste y le hiciste caso a Crisalia y tienes que saber que es nueva y, aunque presuma de ello, no me conoce.

- Entonces... ¿me viste?

- Si, no lo haces mal. Te hago una oferta. Verás, yo tengo que ir al castillo de Hyrule, pues la princesa Zelda y su padre, el rey, solicitan mi presencia. Como me cae de camino puedo acompañarte hasta Kakariko, una villa muy bonita y apacible. Allí si me queda tiempo te enseñaré una táctica de ese estilo.

- ¿En serio?

- En serio.

- Gracias Link, eres muy bueno.

- Bien, siento interrumpir tan... ¿emotivo? no... dá igual... este momento pero... ¡Sácame ya, Link! - gritaba Navi dando golpes al cristal.

- Párate y te saco.

Navi cesó de dar golpes, Link entonces, tal y como prometió, la liberó. Link y Alana sacaron cada uno sus instrumentos. Cada uno se quedó viendo con detenimiento el del otro durante un rato. Luego, Alana dejó que Link tocase primero. Tocó algo que le sonaba.

- Mm... - susurró mientras, con los ojos cerrados, segía tal dulce melodía intentando recordarla - ¿Canción de Epona?

- ¿¡Eh¿Cómo lo sabes? - preguntó Link parando de tocar, pues su montura ya llegó y se acercó a mimarla.

- Pues... no lo sé. - dijo decepcionada Alana, con la cabeza baja.

- No importa, y tú¿qué ibas a tocar?

Alana tocó con su acristalada flauta la Melodía de Blacker´´ y, siguiendo las órdenes que le había dado (remontadas al capítulo 7), Blacker acudió a su ama.

- ¿Esa es tu montura?... ¿¡Un unicornio!? - preguntó Link estudiando de cerca al expléndido animal.

- Si, pero es muy manso. Vamos, no conozco muy bien el camino, así que te sigo.

Cuando ambos jinetes hubieron montado, partieron de inmediato. Siguieron al Río Zora hasta la inmensa llanura hyliana. Link entonces empezó a conversar con Alana que, extrañamente, iba con la vista puesta en el empedrado territorio por el que pasaban.

- ¿Te ocurre algo, Alana? - preguntó intentando mirarle el rostro, que desviaba por alguna razón. - ¿Estás llorando?

- ¡No! Y déjame en paz.

- No te pongas así con Link¡vale! - contestó navi - Link solo ha intentado ayu...

- Dejádme en paz.

Alana azuzó a Blacker para dejarlos atrás, pero Link, en un movimiento reflejo, hizo lo mismo con Epona para seguirla. Epona alcanzó al unicornio y Link, estirando el brazo, llegó hasta las riendas de la guerrera y frenó a Blacker. El unicornio, por el susto y por el tirón, elevó ambas patas delanteras y Alana salió despedida hacia atrás. Link entonces frenó a Epona y fué a socorrerla. Se agachó para verla y, cuando fué a tocarle el cuello para ver su pulso, ella le golpeó la mano.

- Ya te he dicho, déjame en paz, Link. - gruñó fusiosa mientras se erguía.

- ¿Por qué no me cuentas lo que te atormenta?

- Porque no es asunto de tú incumbencia. Déjame sola.

- Soy persuasivo, te lo advierto¿qué te ocurre? Ayer no eras la misma.

- ¡Fácil! - contestó Alana en mal tono - Me lo callo todo.

- Pues empieza a contar.

- ¿Tengo que hacerlo? - dijo dirigiendo una mirada de furia a la armonía de los celestes ojos de Link.

- Si.

- Bueno, tú ya sabes que soy de otro mundo. En otro mundo... tenía amigos y una madre... a mi padre no lo conocí...

- Sigue.

- Y es que... mi madre... ya... ya no me acuerdo de su voz - una lágrima se escapó del manto acuoso que cubría los ojos de Alana.

- ... - Link la miró comprensivo y pensó - No hago más que meter la pata. - luego suspiró y habló para Alana. - Yo, Alana, no sé que es tener un padre o una madre, yo no les conocí, pero no creo que eso sea comparable a tenerlos y perderlos. Lo siento, soy un cabezota.

- Ibas con la mejor intención, no puedo regañarte.

- Ya, pero... - Link se sentó al lado de Alana - lo siento.

- No pasa nada. - dijo sonriendo Alana.

- ¿¡Ya ries!?

- Me decían que, cuando me ocurriera algo, es mejor reír que llorar. ¿no crees?

- Si - contestó ya sonriente.

Mientras tanto, al mercado de Hyrule, frente al castillo, llegó una pareja de encapuchados. Uno de ellos, el más alto, que llevaba un hada de amarillento color, dijo.

- ¿Y cuándo dijo que comenzáramos el plan?

- Cuando él legase. - contestó una voz oscura y femenina - No te preocupes, DL.

- Odio las siglas, tengo un nombre. Además¿por qué tengo que hacer esta misión contigo?

- Porque soy mejor que tú y el Amo quiere que te enseñe.

- Vuele a decirlo... - amenazó desenfundando una larga espada con, en la empuñadura, el símbolo de tres triángulos negros que formaban otro más grande, este más grande miraba hacia abajo.

- ¿O qué, Dark Link? No te sulfures, ji, ji.

- Te voy a... - levantó la espada, pero alguien la agarró para impedir el ataque.

- Otra vez, Dark Link, déjala en paz. - ordenó una voz grave que provenía de otro encapuchado.

- Pero, Señor, ella me ha insultado, me ha llamado novato y merece su castigo.

- Si lo dijo es porque es verdad. - contestó la voz, esta vez, más grave y ronca que nunca y soltó su espada.

- Mi señor, ahora que ha llegado¿comenzamos el ataque?

- Si - ordenó el encapuchado. - Dark Link... - miró hacia el joven que le contestó con una mirada furiosa.

- ¿Qué demonios quiere? - dijo entre dientes.

- La tenemos, así que, si no quieres que a ella le pase algo...

- ¿¡Qué!? - interrupia horrorizado Dark Link. - Ni se os ocurra tocarle un pelo...

- No te preocupes, Dark Link - calmaba la otra joven, aunque, la verdad, lo que intentaba era histerizarle - si colaboras estará cómoda con los goblins, sino...

- De acuerdo - susurraba Dark Link con la cabeza agachada y con la mirada perdida - pero,... no le hagais nada.

- No te preocupes - volvía a decir la voz grave -, como ya ha dicho tú amiga, ella estará a salvo, siempre y cuando acates mis órdenes a la perfección.

Mientras tanto, el verdadero Link y Alana ya llegaron a Villa Kakarico que, de tan inmensa que era, a Alana le parecía una ciudad. Un guarda en la entrada los paró.

- Los animales no entran.

- Vale¿dónde los dejamos? - preguntaba Alana mientras miraba el arma del agente, una lanza afilada con punta de flecha.

- En el corral que está allí. - señaló el guardia a una especie de cobertizo. Ambos équidos la miraron con asco, algo que hasta sus respectivos jinetes llegaron ha hacer.

- ¡Navi! - susurró Alana llamando a Navi, que habíapado casi todo el trayecto bajo su gorro. - Ven aquí, enana.

- Mm... no me llames ena... na - dijo bostezando - ¿Qué quieres?

- Dile esto a Link. - a partir de esto, Alana le susurraba a Navi, tan débil, que ella apenas entendía lo que ordenaba. Cuando acabaron, Navi salió volando hacia Link, le susurró algo al oído y Alana, mirando al soldado, comenzó a hablarle.

- Oiga, y es lanza... ¿no será una punta de flecha? - menconaba con interés.

- ¡Ah¿Sabe usted de armas y, para ser exactos de lanzas?

- Pues claro. Sino¿cómo sabría que es una puna de flecha?

- ¡Oh!... tiene usted razón. Dígame qué más sabe.

- Ah, pues... - Alana comenzó a ver la lanza y a pensar - Es de madera de roble ¿a qué si?

- Pues... en eso no me paré. Bueno, he de decir que parecía de pino.

- Mm... dá igual, pero... ¿usted tiene animales?

- ¿A qué viene esa pregunta?

- Pues, esque, verá... - siguió hablando con un tono triste, ahogado en lágrimas - es que mi pobre Dracki¿no sabe que le tiene miedo a la oscuridad? Y encima, es claustrofóbico, en ese corral se me morirá. Pero, bueno, es la ley, tanto para mí como también para la pobre Epona.

- ¿Quién es Epona? - preguntó preocupado y a punto de llorar el milicia.

- Pues verá, es la yegua de mi amigo. Ella, ella es un cielo, pero necesita campos libres, en un establo le podría pasar algo. - Alana derramó una lágrima.

- Pues... pues no sé preocupe... - les decía llorando el guripa - tienen disculpa, llévense a los caballos para que vivan...

- Gracias.

Ambos guerreros entraron a la Villa Kakariko subidos a sus correspondientes monturas. Cuando estuviero lo suficiente lejos, Alana paró de llorar.

- ¡Buah! Se lo trago, ja, ja, ja. ¡Se lo tragó!, todavía no doy crédito...

- Yo tampoco, eres una mala actriz, te estabas riendo de él cuando le alagaste el arma, además, te inventaste todo lo que le contabas sobre el arma.

- Bueno, pero coló.

- Ya, pero mira que hay que ser lerdo para caer en ese truco ¡si ese truco es más viejo que Saharasala!

Llegaron al centro de la ciudad. De todos modos, descabalgaron, pues pasaba demasiada gente en esos momentos. Alana vió que en la plaza central había reunida una buena multitud de personas.

- ¿Qué ocurrirá ahí¿No era esto una villa tranquila?

- Pues... parece que la política de esta villa ha cambiado en el tiempo que llevo fuera.

Dejaron a los caballos atados a un árbol. Alana tardó menos y se encaminó ha abrirse paso por la multitud. Todo lo que oía eran gritos de lucha. Cuando llegó al centro de la masa de poersonas lo descubrió: un ring de lucha. Suelo de madera y dos participantes en lucha. Por lo visto, acababan de luchar, pues uno, rubio y alto, pisaba la espalda a su contrincante que estaba en el suelo. A Alana no le dió tiempo a reaccionar.

- Tú. - gritó el señalándola. - ¡Tú!

Dos personas robustas se dirigieron a Alana y la cogieron por los brazos. Ella intentó quitárselos de encima, pero eran corpulentos y la levantaban como si fuera una pluma, y la lanzaron al ring. Cayó boca abajo, por mala suerte. Cuando levantó la vista, y la cabeza, vió unas botas marrones y rojas paradas frente a ella. Pronto una espada, sable, se clavó en el suelo, obligando a la guerrera a que viera hacia arriba.

- Bonjour´´, querida dama. - se presentaba mientras acariciaba la empedrada empuñadura del majestuoso sable - Me presentaré, aunque aquí ya tengo suficientes enemigos machacados, por lo que soy conocido. Mi nombre es...

- ¡Raphael! - exclamaba Link aproximándose al ring.