CAPÍTULO 9 - "DEFENSAS CONTRA LAS ARTES OSCURAS"
Draco mientras se dirigía a su salón, se sentía raro. Tenía una mezcla de emociones, es decir, estaba feliz, ansioso, nervioso... pero sobro todo emocionado.
Era la primera vez que hacía algo como eso, así que no sabía como actuar, ni que hacer... ni nada. McGonagall le dijo que sea él mismo. Que las cosas fluirán solas, y que todo irá bien.
Antes de entrar al salón, respiró hondo y puso su cara más seria, un tanto copiando al profesor Snape. Entró destilando seguridad y confianza en sí mismo. Todos aquellos que se encontraban hablando, se callaron ni bien entró. Se acomodaron en sus asientos, y pusieron toda su atención en él. Sólo en él.
– Bien, como sabrán yo soy el nuevo profesor de Defensas Contras Las Artes Oscuras, el profesor Malfoy Draco –. Se presentó, una vez que había terminado de arreglar un par de cosas en el escritorio. – En esta carpeta, se encuentran todo lo que han tocado este año con su antiguo profesor, y las tares que les había encomendado antes de dejar su correspondiente obligación. Así que, de nada les va a servir, que yo sea el nuevo profesor. Quiero que es sus escritorios dejen sus pergaminos, así yo los recojo.
Todos lo miraron con mala cara, pero no dijeron nada e hicieron lo que él les mando.
– Bien –. Dijo una vez que con un movimiento de barita, terminó de juntar los deberes. – Abran la página 100 de sus libros. Hoy hablaremos de las Banshee. ¿Alguno me puede decir que son las Banshee? –. Preguntó Draco mientras se apoyaba en el escritorio, al frente de sus nuevos alumnos de quinto curso.
Aunque era su primer día, y que por cierto se sentía muy nervioso, supo como sobre llevar la clase. Tomó el ejemplo de los profesores que había tenido en sus días de clases como alumno. Cuando una chica levantó en seguida después de que terminó de hacer la pregunta, se dio cuenta de que eso, de dar clases, sería como pan comido para él.
– La Banshee o Bean Sidhe, según la mayoría de las interpretaciones, no es un ser maléfico sino un espíritu femenino o hada que anuncia con sus gemidos la muerte de quien la escucha o de alguno de sus parientes o allegados –. Contesto la chica, a lo cual, Draco se quedó un rato sorprendido, ya que le hizo recordar perfectamente a Hermione.
– Muy bien. Entonces, La Banshee es un hada mística proveniente de la mitología irlandesa y escocesa . Cuenta la historia que su espectral aparición y sus aullidos vaticinan la muerte o desgracia de un familiar cercano. El término Banshee deriva del gaélico "Bean Si" (Irlanda) o "Bean Sith" (Escocia) y significa "mujer del Sidhe". Sidhe designa un cerro o una col ina muy afamada de ser la morada de las hadas. Por el lo, también se les denomina a estos seres "Bean Sidhe".
"Según la leyenda, las Banshee puede presentar varias apariencias. En algunos casos, su aspecto puede ser muy bello, con su rostro lleno de lágrimas, y otros la describen como una mujer vieja y horrorosa, de cabellos largos y vestimenta haraposa, vestida de verde y con un abrigo gris. Puede también aparecerse bajo la forma de una coneja, de una petirroja o de un reyezuelo.
"Su grito, representa el sonido más espantoso que alguien pueda llegar a oír jamás. Es similar al aullido de un lobo, mezclado con los gritos de auxilio de un niño abandonado y gritos de un ganso salvaje. Los que lo han oído, afirman que este grito despertaría a cualquiera que durmiera en un sueño profundo y que sería perfectamente audible en medio de una violenta tempestad.
Y así continuo hablando casi por dos horas de las Banshee. A medida que iba hablando, los nervios o las confusiones que pudo haber tenido, se iban evaporando como el viento en una día de verano. Todos sus alumnos le prestaban una absoluta atención, ya que estaban encantados de la forma en que él le explicaba las cosas, pero sobre todo, estaban encantados por la forma en que relataba las cosas.
– Bueno, para la próxima clase, quiero dos pergaminos, bien detallados, de las características de las Banshee, y los peligros que pueden presentar, y como nos podemos proteger de ellas –. Dijo rompiendo el encanto.
Cuando sonó la campana, todos, menos él salieron de aula.
EN EL INVERNADERO 3
– Apuesto a que Malfoy, fue peor que Snape –. Le dijo Neville a Hermione, mientras replantaba a una mandrágora.
– No lo sé, Nevi. Después vamos preguntarle a los niños, ellos sabrán –. Propudo Hermione.
– Sí. Y estoy más que seguro que ellos estarán de mi lado –. Dijo muy decidido él. – Por cierto, ¿no tenías unas cosas que arreglar junto con Tom? –. Le preguntó.
– Bueno, sí... pero sinceramente, no tengo ganas de estar cerca de Tom hoy –.
– ¿No me digas que otra vez ha intentado besarte? –. Preguntó dejando caer, sin querer, a la mandrágora de golpe en la maceta.
– Algo así... –.
– Él realmente está loco por vos Her. ¿Por qué no le das una oportunidad? –.
– No lo sé, Nevi. Es... complicado... –. Dijo Hermione, sin ganas. – ¿Cómo esta Luna? –. Preguntó tratando de cambiar de conversación.
– Está muy bien. Ya van dos meses del embarazo. Nuestro segundo hijo... no sabes lo feliz que me encuentro, aunque Mikael, esta un poco celoso –.
– Me imagino. Iré a verla la semana que viene. Tengo ganas de hablar con ella. Y a demás de ver a mi ahijado Mikael –. Le dijo Hermione, mientras le daba un beso en la mejilla y se iba a su aula, ya que no faltaba mucho para que volviera a sonar la campana, que anunciaría el cambio de horario.
Mientras caminaba por los pasillos, se puso a pensar en Draco. Y de golpe, vino a su mente, esa vez que ella había huido de la boda, corriendo como una loca, y se había encontrado con él en aquel bosque... se paró de golpe, y sin darse cuenta se ruborizó. Como una tonta, en todos los meses pasado, en ni un sólo momento, se acordó del encuentro ese, y rezando, esperaba que él también lo halla olvidado como ella. Se sentía estúpida y avergonzada. No sabía como mirarle a la cara ahora, y se maldecía por dentro por su descuido. Pero de golpe, se pudo a pensar, y de dio cuenta de que no le servía sentirse ni avergonzada ni nada, ya que eso es asunto de ella y no de él. Que le importa si estaba con un vestido de boda, llorando y con todo el maquillaje corrido por la cara, no le debe nada a él. Así que dejó a un lado esos pensamientos y entró a su salón.
EN EL SALÓN DE DEFENSA CONTRA LAS ARTES OSCURAS.
Luego de presentarse, Draco tomó la misma postura que en la clase anterior.
– Hoy hablaremos de los Hombres Lobos. ¿Alguien me puede decir que son los hombres lobos? –. Preguntó, a lo cual un chico contesto.
– El hombre lobo, también conocido como licántropo, es una persona que se transforma en lobo, ya sea a propósito o involuntariamente, a causa de una maldición o de otro agente exterior –.
– Si, muy bien –. Dijo Draco, observando al chico sin pestañear. Era raro que en la escuela aceptan a chicos que estuvieran tenido el pelo de color verde claro con mechas mas oscuras, y que tuviera marcas de aros no solo en las orejas, sino, que también en las cejas. Y como en la clase anterior, cuando se puso a explicar sobre estas especies, logró capturar la atención de todos. – … Todas las características típicas de aquel animal - como son la ferocidad, la fuerza, la astucia y la rapidez - son en el los claramente manifiestas, para desgracia de todos aquel los que se cruzan en su camino. Los Hombre Lobo puede permanecer con su aspecto animal únicamente por espacio de unas cuantas horas, generalmente cuando sale la luna llena.
" Bien, eso es todo por hoy. Nos vemos en la siguiente clase.
Cuando todos se fueron, ya había llegado la hora de ir a comer. Pero Draco no quería ir. No quería ver a Hermione, ni a aquel... profesor. Aun, sin saber bien los motivos se sentía enojado con ellos y como él mismo. Así que tomó los pergaminos, que les había pedido a sus alumnos, y los empezó a corregir.
– Teddy Remus Lupin –. Leyó en vos alta, dandose cuenta de que era el chico que había contestado a su pregunta – Pero, entonces, ¿él es el hijo de Lupin? –. Preguntó.
– Así es Draco –. Contestó la profesora McGonagall. – Él es el hijo de Remus Lupin y Nymphadora Tonks... y no, no es un Hombre Lobo, aunque tiene alguna que otra característica... pero salio a su madre. Tiene el don de la metamorfosis –. Le explicó ella.
– Ahora entiendo el color de su pelo –.
– Sí. Así es. Lo cambia casi siempre, pero le gusta mantenerlo verde –. Le dijo ella, mientras se sentaba en un pupitre. – He venido a preguntarte como te ha ido en tu primeras clases –.
– Bien... demasiado bien –. Le contestó él.
– Ya me lo suponía. A demás tus alumnos, te empezaron a alagar –.
– ¿En serio? –.
– Sí. Dicen que tus clases son entretenidas... –.
– Y eso que recién empiezo. Vamos a ver si dicen lo mismo dentro de un par de semana. –. Dijo él.
– Espero que sigas igual que hoy Draco... ¿no vienes a comer? –. Le preguntó, levantándose del pupitre.
– No tengo hambre. A demás, quisiera terminar de corregir esto, así después estoy libre –.
– Bien... me alegra de que esté aquí Draco –. Le dijo, antes de salir del salón.
EN EL COMEDOR.
MESA DE GRYFFINDOR.
– ¿Quién tubo al profesor Malfoy? –. Les preguntó Albus a todos, ni bien se sentó en su lugar de siempre.
– Yo y Victoire, lo tuvimos –. Contestó Teddy.
– Y yo, también –. Dijo James.
– ¿Qué tal es? –. Quiso saber Albus.
– Bueno...
– Es genial –. Se apresuró a decir Victoire.
– No es genial. Es bueno explicando y eso, pero no es genial –. Le dijo James.
– A eso me refería. Es genial dando sus clases. Te juro que no te aburrirás ni un sólo momento –. Sentenció emocionada Victoire.
– Bueno, si es verdad. Pero lo arruina, en cuanto te manda los deberes. Me envió a que escriba dos pergaminos referido a las Banshee... ¿entienden? Dos pergaminos... –. Se quejó Albus. – Para colmo, pidió la tarea que nos había enviado el otro profesor, y encima no se lo entregué, porque no lo hice... –.
– A nosotros también, nos pidió nuestros deberes, pero que nosotros si hicimos, y pero nos mando hacer tres pergaminos sobre los Hombres Lobos –. Dijo Teddy.
– Bueno, Teddy, para vos eso es más que fácil... –. Se seguía quejando James.
– Yo lo voy a tener recién mañana. Esa es la desgracia que tenemos los de grados inferiores. Las mejores materias las tenemos siempre al final... –. Dijo Albus, tomando un poco de sumo de naranja.
– Pero no vino a comer –. Dijo James, mirando la mesa de los profesores. – Y se ve que la tía Mione, lo está buscando –.
– ¿Eh? –. Preguntó Albus, mirando de golpe asía el lugar.
– Es verdad. Mira como mira, el lugar vacío a su lado. Y sus ojos demuestran cierta desilusión –. Dijo Victoire.
– Es cierto. Me preguntó que es lo que estará pensando la tía Mione –. Quiso saber Albus.
– Quién sabe... –. Dijo Teddy.
EN EL SALÓN DE DEFENSA CONTRA LAS ARTES OSCURAS.
Ya habían terminado todas las clases del día. Pero Draco, aun seguía en su salón, corrigiendo todas las tareas. Pensaba que eso de corregir sería lo peor que hiciera en la escuela como profesor, pero se equivocaba, era lo más fácil. Si bien debía leer mucho, lo hacía sorprendentemente rápido, ya que, muchas de esas cosas, las había a prendido él mismo, y había cometido errores justo en casi los mismo lugares que sus alumnos.
Cuando termino, se sintió realizado y feliz. Era emocionante. Dividió la tarea en diferentes columnas, entre los que estaban bien hechos, y los que eran un desastre, así, en la próxima clase, podía mostrarles a todos los errores que cometieron y porque.
Guardó sus cosas, y se fue al gran comedor a comer, ya que, no había probado bocado alguno, desde que se había levantado en la mañana.
Al entrar, se dirigió a su lugar, y para su sorpresa, saludó a todos con un movimiento de cabeza y con una sonrisa. Pero a quien le sonrió con una de sus sonrisas deslumbrantes fue a Hermione, sólo a ella.
Él desconcertado, por tal cosa, se sentó en su lugar. No se había dado cuenta de lo que había hecho, no, sino, hasta que vio su reflejo en una de las copas. Inconscientemente fue que lo hizo, y se arrepentía de haberse dejado llevar por la emoción del día.
La miró de reojo, y vio como ella se encontraba ruborizada y miraba para otro lado, que no sea él. Al ver eso, se dio cuenta de que hizo bien es hacer eso, pudo disfrutar un momento divertido otra vez, y gracias a Granger...
Hermione se sentía verdaderamente nerviosa. Él le ponía, con una sola mirada realmente nerviosa. No veía la hora de que terminara el banquete e irse a dormir, para así estar lejos de él.
Durante el banquete ambos, se estuvieron mirando, aunque solo en tres ocasiones sus miradas se cruzaron, ya que, si uno miraba al otro, el otro miraba para otra parte. Al terminar, todos se dirigieron a sus respectivos dormitorios, sólo algunos se quedaron en la sala común.
Draco aun no tenía sueño, pero aun así, se fue a su dormitorio. Saludó nuevamente a todos con un movimiento de cabeza y desapareció por las escaleras, al igual que Hermione, para nada más que ella, había tomado otro camino.
– Los alumnos, están muy contento de tenerlo –. Dijo la profesora Brouwels.
– Lo mismo hemos escuchado todos. Dicen que en su clase ni en un sólo momento de distrajeron o... dicen que sólo lo miraban a él –. Dijo el profesor Neville resignado. – Creo, que tienes competencia Tom –.
– ¿Tú dices Neville? –. Preguntó el profesor Marlonk.
– Si, creo que sí... –. Sentenciaron todos.
Cerca de la medianoche, Draco salió de su dormitorio una vez que dejó de sentir ruido a bajo. Bajo despacio las escaleras y se dio cuenta de que no se encontraba nadie en el salón, así que bajó el último escalón y se fue a sentar cerca del fuego.
Al llegar a uno de los sillones se dio cuenta, de que en realidad, en el salón sólo se encontraba Hermione leyendo un libro. Cuando disimuladamente iba retrocediendo, vio que esta levantó la mirada y lo vio. Ya tarde para largarse, se sentó de mala gana en el otro sillón que estaba al lado de Hermione.
Ninguno de los dos dijo nada. Cada uno hizo lo suyo. No era un momento incómodo, ni uno de esos silencios, en los que había que llenarlos con palabras ni nada. Mientras ella leía el miraba como las llamas iban cambiando de movimiento, altura y forma. De vez en cuando se miraban, pero nada más. Era como si no era la primera vez que se encontraban en esta situación. Era como si estuviesen acostumbrados a estar así.
Ninguno de los dos estaba nervioso. Ni siquiera esperaban alguna palabra del otro.
Hermione siguió leyendo, hasta que se canso y cerró el libro. Lo dejó encima de su regazo, y comenzó a contemplar, al igual que Draco, como las llamas se iban consumiendo de a poco. Era una vista muy agradable y pacífica.
De un momento a otro, sus miradas se encontraron y así las dejaron, por mucho rato, sin apartarlas ni un instante...
