N/A: Hola queridísimos lectores :D Aquí va el décimo capítulo, espero que les guste.
Primero que todo, quiero aprovechar de decirles que disfruten la navidad y año nuevo junto a sus familias y amigos. Espero que sus metas se hayan logrado este año y que comiencen felices el 2016. Y más que esperar regalos en navidad, disfruten estando con su familia, que es lo que finalmente importa :)
Sé que no comentan mucho, pero con el hecho de que me lean me es más que suficiente xD. De todas formas, gracias por estar ahí, me alegra que al menos los entretenga un rato. Ahora, tengo que admitir que me está costando avanzar, últimamente no me ha entrado una gana profunda de escribir, pero creo que es mera flojera mía, aunque tampoco quiero forzarme a escribir los capítulos, quiero que sea espontáneo en mí jajaja. Ojo que no lo abandonaré, para mí eso es ley!
Bueno, hasta acá lo dejo. Nos estaremos leyendo después de año nuevo.
Disfruten de buena compañía –y de este capítulo xD–, beban agua y sean felices. Un abrazo apapachado.
Capítulo 10
La pelirrosa se hallaba caminando con una carga sobre su espalda. Se dirigía hacia el lugar que fue indicado por la pequeña, el lugar en donde vivía. De igual forma, se encargó de que fuera confirmado por la Sheriff después de utilizar un comunicador. No quería arriesgarse a que la niña se pasase de lista, ésta ya había demostrado en la plaza ser algo astuta para su corta edad, y si algo había aprendido en su vida, era nunca subestimar a un niño.
–"Vi, recuerda que debes pasar por la oficina" –recordó las últimas palabras que intercambió con la Sheriff. Inconscientemente se había dibujado una sonrisa en su cara.
Después de disfrutar los helados, Vi se encargó de llevar en su espalda a Lucy, ya que parecía cansada y el sueño se iba notablemente apoderando de ella.
Decidió caminar por uno de los característicos callejones oscuros de la salida de la zona peligrosa de la ciudad, era un atajo que siempre utilizaba para llegar más rápido y ahorrarse tiempo. La noche también ayudaba en que Vi se apresurase para dejar a la niña sana y salvo a su casa. Además, Caitlyn le había dicho que después se fuera directamente a la oficina, y el tiempo para ella en este instante era oro.
–Supongo que ahora me explicarás qué hacías aquí –espetó Vi mientras botaba la boleta de la compra de los helados a un contenedor de basura.
–¿Qué tiene que quiera divertirme? Además puedo cuidarme sola –dijo Lucy haciendo una mueca.
–¿Cuidarte sola? ¿Tienes idea de lo peligroso que es para ti merodear por estos lados?
–¡No me importa! ¡Puedo enfrentarme a cualquier cosa sin tener problemas y sin miedo!
–Igual que en el incendio, ¿verdad?
La niña gruñó escondiéndose en la espalda de la agente sin encontrar qué responderle.
–Es por eso que quiero que me entrenes –dijo la pequeña luego de un rato de silencio.
–¿Que te enseñe? –preguntó sorprendida dejando de caminar y mirando al suelo.
–Vi cómo estabas con esos niños. Hablan bien de ti y dicen que han aprendido mucho en la calle.
–Es porque ellos son de la calle. Tú no lo eres –contestó cortante volviendo a caminar–. Cualquier niño debería estar en tu posición, o al menos tener lo suficiente para mantenerse. La vida es muy distinta y muy cruel para ellos.
–Yo… Sólo quiero cuidar de otros… Defenderlos. Ella dijo que podría aprender y jugar al mismo tiempo si visitaba esa plaza, es por eso que voy.
–¿Ella? ¿Quién?
Lucy apuntó la pared.
–No sé su nombre, pero deja estas marcas en las paredes cuando aparece.
La pelirrosa se detuvo y observó la equis pintada del mismo color de su cabello en graffiti.
–"¿Qué demonios?" –pensó extrañada–. ¿Acabas de decir que es cuando aparece? –preguntó ansiosa.
Una explosión estruendosa estalló en la salida del callejón, dejando escombros que impedían el paso y dejando atrapada a la agente y a la niña.
Vi rápidamente bajó a la pequeña y la protegió contra el estallido. Buscó un refugio para Lucy, y aunque no era un lugar agradable ni cómodo, podría estar al menos a salvo.
–Entra el contenedor y quédate aquí –dijo poniendo de cubierta una caja de cartón debajo de ella para evitar cortes por las botellas que borrachos con criterio de conciencia tiraban–. No salgas pase lo que pase, ¿de acuerdo?
–¡¿Qué pasará contigo?!
–Estaré bien –tapó el contenedor.
Mientras tanto, la detective estaba documentando los papeleos sobre la situación en la ciudad. El Ministerio de Seguridad había concordado en evaluar las condiciones en la que se encontraba Piltóver, y para ello debía reunir los documentos para el mes siguiente. El trabajo que tenía a cargo le quitaba más tiempo del que deseaba, pero su plan y afán de proteger a la ciudadanía eran más grandes que su cansancio. Aun así, no quería dejar a su agente de lado, por lo que la necesidad de apresurar su trabajo era importante para lograr salir al menos a cenar con ella. Por más que quisiera tener toda su concentración puesta en el papeleo, era difícil si tenía a Vi siempre rondando siempre en su cabeza, por lo que su vista yacía perdida entre los innumerables papeles que tenía sobre el escritorio. De repente, algo la saca de su trance, era Vi quien la llamaba.
–"¡Caitlyn, hay problemas!" –escuchó la morena a la pelirrosa por el comunicador–. "¡Cait!"
–¿Vi? –Se levantó de golpe de su asiento–. ¡Vi! ¡¿Dónde estás?!
–Estoy en… –escuchó un estallido–. El callejón de…–
Se cortó la comunicación.
–¡Vi! ¿Me escuchas? –Demandó sin obtener respuestas–. ¡Demonios!
Sin pensarlo dos veces, se alista con su rifle y su sombrero de copa para buscar el vehículo e ir de inmediato al lugar donde estuvo con Vi por última vez. Estaba realmente preocupada por ella, pero más aún saber que estaba con Lucy y que su madre no tiene idea de lo que está pasando.
–A todas las unidades, formen un perímetro en la plaza central de la zona baja. Vayan de inmediato.
Por otro lado, Vi se hallaba entre humos intentando ver al responsable de todo esto.
–¡Sal de una puta vez! –gritó con enfado después de que su comunicador se rompiera en partes tras recibir el impacto de una bala.
–Mira detrás de ti, pelo pintado –dijo con una sonrisa. Estaba sobre la cornisa de un edificio maltratado.
–¿A quién le dices pelo pin…? –al darse vuelta ve a una chica de pelo azul y trenzado–. ¿Aun así tienes el descaro de decirme pelo pintado? –preguntó haciendo referencia al color del cabello de la chica.
La observó cuidadosamente. Era de contextura bastante delgada, pálida y con numerosos tatuajes repartidos por su piel. Los ojos eran demoniacos y aún más con su sonrisa. Tenía la sensación de haberla visto en algún lado, pero no lo recordaba.
–¡Manotas! ¡Los apodos los pongo yo! –Gritó haciendo un puchero–. ¡Además soy natural! –exclamó comenzando a disparar con su fiel y destructora arma.
Vi reaccionó comenzando a correr directamente hacia ella. Alcanzar la cornisa era difícil, pero con la ayuda de sus guanteletes iba fijando sus puños contra la pared para ir escalando. Conforme avanzaba, recibía las balas de la loca que reía, pero su escudo magnético se encargaba de repelerlas.
–¿Quién demonios eres? –demandó la agente cada vez más cerca de la trenzada.
–¿Qué opinas Carapescado? ¿Deberíamos responderle? –se dirigió al arma –. "Es de buena educación presentarse" –se respondió a sí misma.
Vi la miró como si fuera la más rarita que haya visto.
–¡Jinx! Soy Jinx, manototas. ¡De ahora en adelante jugaremos mucho! Eso hasta que… acabe contigo –sonrió maliciosamente con una mirada tan infantil como desafiante.
–Yo seré quien acabe contigo –dijo casi gruñendo.
–Entonces… ¡A jugar! –gritó de emoción al mismo tiempo que comenzó a disparar con su arma modo metralleta en contra de la agente.
La pelirrosa se cubrió con su enorme guantelete, era una de las cosas que más le encanta de sus guantes Hextech, que es suficientemente grande como para utilizarlo de escudo.
Con esta protección se iba moviendo directamente hacia la demente. Su objetivo era neutralizarla y saber la razón de por qué era atacada por ésta. Conforme avanzaba escuchaba la risa tormentosa de Jinx. Le molestaba que se burlaran de ella, así que cada paso que daba, podría incluso romper el techo por el cual caminaba.
–¡Mientras más te enojes, más me reiré Manototas!
–Mientras más te rías, más golpes recibirás –dijo con furia.
La pelirrosa pensaba en Caitlyn. Se preguntaba cuánto tiempo faltaba para que llegase y arrestar a la criminal. Pero antes que eso, tenía que sacarle información. Ya podía barajar quién era el que estaba detrás de todo esto.
–Trabajas para Kevin, ¿no es así?
–Wow, pensaba que una cabeza de músculo como tú no era inteligente. Pero no, yo no trabajo, yo… ¡Me divierto! –respondió utilizando un zapper que se encargó de electrocutar a Vi–. Y si te llevo junto a él, podré divertirme mucho más –agregó riendo.
La pelirrosa gritó de dolor y se revolvía entre espasmos musculares. Cayó al suelo e intentó ponerse de pie nuevamente, pero cada intento resultaba en vano.
–No te esfuerces, pelo pintado –habló Jinx acercando su amada arma hacia la cabeza de la caída–. El juego acaba de empezar –sonrió maliciosamente.
Un golpe directo a la cara de Vi encajó perfecto. La bota de la tiradora tiene una punta de metal redondeada que hizo que la ex criminal viera tuercas. Pero para Jinx no era suficiente, así que repartió más golpes disfrutando de cada quejido.
–¡Pensaba que eras más divertida! –gritó decepcionada.
Luego, la agresora comenzó a sentir golpes en su espalda. Lucy le lanzaba piedras, tomates, botellas, lo que sea que haya pillado en el contenedor de basura.
–¡Deja de golpearla!
–Oh, mira a quién tenemos aquí –bajó del techo de un salto y se acercó amenazante a la niña–. Gracias a ti pude encontrar a Vi, pequeña. Pero según Carapescado, no puedo dejar a testigos vivos.
–Veamos si te atreves, pedazo de tabla con patas –se burló por la forma de su cuerpo.
Tan pronto como contestó, lanzó una botella con una mecha encendida que en unos segundos no tardó en estallar.
La botella se rompió en pedazos después de la explosión que causó y cada pedacito alcanzó a rozar la piel de la loca de pelo celeste.
–¡Sí! ¡Lo logré! –gritó victoriosa la niña.
Jinx sonrió. Poco a poco empezó a reír en voz baja hasta carcajear mirando al cielo estrellado. Sus ojos destellaban un color rubí, más brillantes que una pulida piedra o que las mismas estrellas que observaba.
–¡¿A eso le llamas explosión?!
Lucy la miró asustada. Conforme veía a la peliceleste avanzar, ella retrocedía lentamente hasta topar contra todos los escombros que había ocasionado Jinx momentos atrás. Estaba entrando en desesperación. No tenía ningún escape.
–Yo… No quise…
–¿Después de enseñarte el camino a jugar por aquí te atreves a herirme? Y no sólo eso, creo que tengo que enseñarte a saber lo que es una verdadera explosión –sentenció cada vez más cerca.
–¡Agáchate Lucy!
Vi se propulsó hacia el cuerpo de la delgada mujer y encestó un golpe directo a su nuca, haciendo que ésta perdiera el equilibrio y cayera al suelo, al lado de la niña. Luego la levantó con fuerza sosteniendo su cuello.
–¡¿Qué quieres de mí?!
–¡Jugar! –gritó sonriente.
La agente golpeó el rostro burlón sacando sangre de su boca.
–No estoy para juegos –dijo perdiendo la paciencia.
–Pues… Yo sí –declaró Jinx–. Pronto estarás en tu ciudad natal y seguirás siendo lo que siempre debiste ser, una criminal. Tú y yo podemos hacer grandes cosas y destruir todo lo que queramos.
–¿Quién eres realmente?
–También formé parte de los archivos experimentales. Olvidas rápido, ¿no?
Vi la lanzó contra los escombros.
–Lucy, salgamos de aquí –dijo agarrándola del brazo.
Intentaron escapar por el otro lado del callejón, pero la delgada chica lanzó tres trampas delante de ellas. Si realmente querían escapar, no se las dejaría tan fácil.
La agente en un movimiento rápido levanta a Lucy para evitar que cayera en la trampa, pero salvarse a sí misma de ello no fue posible. Sintió cómo se clavaban las puntas metálicas en su pierna para luego hacer un pequeño estallido que impidiera moverse. Ante eso sólo aulló de dolor.
–Lucy, escapa de aquí. Corre.
–¡No te dejaré! –gritó con lágrimas en los ojos.
–¡Lucy! –escuchó la sirena de los autos policiales–. Ve donde la policía. Yo estaré bien. Esto es pan comido –sonrió–. ¿De acuerdo? –la pequeña asintió–. Bien. Corre.
Después de verla correr se dio vuelta para observar a su contrincante. Su cara hecha furia contra la de una desquiciada. Tenía la sensación de haberla conocido, pero no la recordaba. Si era verdad que también formó parte de experimentos, entonces estaba totalmente enlazada con Kevin, quien inició distintos proyectos para llevar a cabo sus malvados planes.
En parte la gran fuerza que tiene Vi, fue gracias a los experimentos que realizaron con ella. Así como también el cambio de color de su cabello a uno rosado. Fue sometida cuando era niña, nunca tuvo la infancia que un niño merece tener. Fue reclutada y no tuvo más opción que seguir en ello si quería vivir. Tuvo que soportar las dolorosas inyecciones en cada experimento para poner a prueba sus habilidades. Su lado frío como el hielo comenzó en esa etapa de su vida. Sus puños eran dignos de envidiar cuando se trataba de pelear. Y lo fueron aún más cuando por mérito propio creó sus guanteletes.
Cuando logró huir de los mandatos del pelirrojo y de Zaún, estuvo trabajando en una pequeña fábrica en la que la habían acogido en Piltóver después de haber permanecido un par de años allí. Su gran capacidad de poder reunir todos los artefactos y repararlos le dio un gran conocimiento para crear en base a tecnología Hextech sus grandes guanteletes. En un comienzo le costaba manejarlos bien a su antojo, por lo que constantemente arreglaba el aparato y le agregaba más controladores de presión para asegurar grandes golpes y regular la fuerza aplicada en cada movimiento.
Luego de un tiempo, la fábrica había sido destruida por delincuentes que intentaban robar los materiales y los sorprendentes artefactos que yacían en el establecimiento. La pelirrosa estaba harta de correr, así que decidió en ese entonces atrapar a los delincuentes a una manera no muy convencional. Aunque lo que más le gustaba, era probar la grandeza de sus guantes Hextech y medir las habilidades que tenía. Así que si se metían con Vi, tenían garantizada una paliza, y así lo pudo demostrar después de atrapar a los responsables del robo en esa fábrica. Caitlyn había podido capturarlos gracias a la intervención de la que en ese entonces era criminal, pero aún no tenía la certeza de que ella era la que cometía tales actos heroicos.
Sin embargo, eso no era lo que le importaba en este momento, había algo que le causaba dudas. Quería saber si Jinx también fue uno de los niños que estuvieron sometidos a esos experimentos. Ella sabía que no muchos tuvieron la suerte de huir de él. Pero lo que pudo deducir por ahora estando con la pálida chica, es que resultaba fácil manipularla para jugar a destruir cosas. Aunque fuese así, no permitiría que se le hiciera lo que le plazca, sobre todo porque ahora era policía, y su objetivo era dar palizas monumentales, encerrar a los delincuentes y proteger la ciudad.
–Te encerraré, Jinx. No importa qué.
–¡Atrápame si puedes!
–Hace mucho tiempo que no disfrutaba de algo así –sonrió Vi mientras la veía correr.
Por otra parte, Lucy salió corriendo hasta encontrar a la policía. Estaba agitada y sus lágrimas habían dejado de correr. No quería ser débil, pero la única forma en la que podía ayudar era avisando a los policías por donde se hallaba Vi.
Caitlyn derrapó el vehículo en frente a la niña. Bajó apresuradamente con su rifle en mano.
–Lucy, dime dónde está Vi.
–Está al interior de ese callejón, está peleando contra una loca. Debes ayudarla.
–Tranquila, esto terminará pronto –sobó su cabecita–. Unidades, deben proteger a la niña de cualquier agresión. Entraré por aquí, quédense resguardando el perímetro hasta que indique una señal de ataque o persecución.
–Entendido, Sheriff –declaró un oficial.
La detective corrió rápidamente entrando al callejón. Vio a Vi persiguiendo a una chica de trenzas sobre los techos de los edificios en mal estado.
–Genial, ¿ahora cómo voy a subir hasta allá?
Luego de observar, pudo ver el montículo de escombros que se había formado al otro lado y decidió subir por ahí. Aunque tampoco se la dejaba fácil, tenía que maniobrar con una baranda para lograr subir.
Cuando al fin logró subir al techo, veía a su agente repartiendo golpes en vano en contra de la tiradora, pero si algo podía combatirla, era otra tiradora.
–¡Tú, criminal! Estás arrestada por causar daños y cometer agresión contra agentes del orden público.
–¿Otra más que quiere atraparme? ¡Qué ciudad más divertida!
–¡Vi, cúbrete!
Apuntó a la peliceleste y disparó.
–¿Eh? ¡¿Cait?!
La bala estuvo a un centímetro de rozarle la tatuada mejilla, y aún con la perfecta trayectoria que tenía, no pudo impactar contra su objetivo principal. Jinx había saltado del edificio, casi ambas pensaban que era como lanzarse de un precipicio, pero luego la ven con un montón de globos de helio con forma de animales.
–¡Manototas! ¡El juego acaba de empezar! ¡Sombrerotes, es mejor que te cuides! –gritó riendo cada palabra que vociferó.
Antes de que Caitlyn comenzara a disparar contra los globos, la pálida había lanzado granadas en el edificio causando un colapso de la estructura. Jinx pudo desaparecer entre el humo entre risas, resultaba intimidante e infantil.
La vigilante toma en brazos a la morena y salta como puede antes del derrumbe. Al tocar el suelo, la pierna que había sufrido la trampa de hace un momento le comenzó a dar punzadas de dolor. Pero al estar con su amada superior, decidió callar el grito y evitar que se preocupase.
–¿E-Estás bien, Cupcake?
–Agh, sí. Gracias –agradeció levantándose–. ¿Cómo está tu mejilla?
–Cait… ¡Casi me das en la cara!
–Te dije que te cubrieras –dijo acercándose a la pelirrosa.
–Casi me da un infarto, joder –sentenció sacudiéndose del polvo.
–A todas las unidades. Intenten localizar a una mujer de pelo celeste y con trenzas, porta un arma de fuego. Tengan cuidado e inicien la búsqueda –ordenó por el comunicador–. Patrulla de Thomson, no se muevan. Iré de inmediato.
–"Copiado, Sheriff".
–Tuvimos suerte de que este edificio no esté habitado –dijo la ex criminal.
–¿Quién es ella, Vi? ¿Y a qué se refería con que el juego acaba de empezar?
–Sólo sé que se llama Jinx y que hay que tener cuidado con ella. Le gusta explotar cosas. Es una terrorista –desvió la mirada al suelo.
–Vi… ¿Hay algo que no me estás diciendo? –preguntó preocupada. Aún tenía la vista en el suelo–. ¿Por qué no me miras?
–Creo que… la conozco, pero no la recuerdo.
–¿Cómo es que la conoces?
–No lo recuerdo. Lo único que se me pasó por la cabeza al verla fue las cosas que me hicieron cuando era niña.
–Vi… –dijo poniendo la mano sobre su mejilla.
–Cait, hay algo que no te he dicho y creo que es momento de–
–¡Sheriff! ¡Sheriff!
Ambas se dieron vuelta en seguida.
–¡Suéltame, idiota! –gritaba la niña con los brazos sostenidos por el oficial
–Sheriff, la niña está muy revoltosa.
–Lucy, ¿qué demonios te ocurre? –se acercó la vigilante arrodillándose a la altura de la niña.
–Quería ver cómo estabas, nada más –dijo zafándose del agarre del hombre–. Qué bruto eres –le dijo al oficial.
Éste sólo hizo una mueca de disgusto.
–Hey, eres valiente. Gracias por haberme ayudado –le dijo Vi a la pequeña.
–¿Pero cómo está tu pierna?
–Ah, no fue nada. Sólo un rasgu–
–Vi, muéstrame tu pierna –demandó Cait.
–Cupcake, no es nada.
–Vi –se cruzó de brazos.
Levanto su pantalón ensangrentado y había heridas de pequeño diámetro pero con profundidad. Estaba sangrando. Cuando la morena se acercó, la miró con preocupación.
–Llegando a casa te curo, y también hablaremos.
Vi suspiró.
–Oficial Thomson, puede regresar a la comisaría. Esté pendiente de quienes hayan iniciado la búsqueda de la criminal. Cualquier antecedente me lo comunica.
–Entendido –dicho esto se retiró.
–Lucy, te iremos a dejar a tu casa. Pero primero, quiero saber por qué vienes aquí –como era de esperarse, la detective la interrogará.
–Sólo quiero jugar, y como me habían dicho de que Vi va a esa plaza, quería hacerle una petición.
–Hey, tu vida corrió peligro. No seas terca –la pelirrosa se cruzó de brazos–. Además fue Jinx la que te indicó el lugar, ¿verdad?
–Sí… –miró el suelo apenada.
–Eso quiere decir que está en peligro. Si ya la contactó una vez, es muy probable que la localice de nuevo –mencionó la castaña–. Vi, sé que no te gustará, pero tendrás que cuidar a Lucy.
–¡¿Me ves cara de niñera?!
–Sí. Hace rato andabas con otros niños, no me vengas con otra cosa.
La pequeña sonrió. Era una oportunidad que aprovecharía para aprender todo acerca de la agente.
–Mañana estarás con ella durante esta misma hora. El resto del día estarás conmigo en la oficina, me encargaré de que otros oficiales mantengan vigilancia sobre ella. Primero, hay que contactar con la madre y luego–
–¡NO! ¡No le digas! –gritó la hija de la enfermera.
–¿Tienes idea del alboroto que se armó? Lo siento, pero hay que decírselo y es por tu bien –demandó la Sheriff.
–P-Pero…
–A ver, si tanto quieres que te entrene, primero hay que decirle a tu madre. ¿Está bien? –intentó calmarla Vi.
–¡No es justo! –reclamó la niña.
–¡Sí es justo!
–¡Que no!
–¡Que sí!
Ambas se miraban desafiantes.
–Y con helado de chocolate incluido.
–¿Crees que un helado me hará cambiar de opinión?
–Una cassata de helado y un chocolate de menta.
–No me subestimes.
–Una cassata de helado, dos chocolates de menta y te entreno.
–¡Ah, está bien! –exclamó con enfado.
Vi sonrió victoriosa. Caitlyn rió ante la inocencia de la niña.
Luego de un rato, habían abandonado el lugar y Lucy estaba en casa. Su madre se había enterado de los hechos y pidió horas libres para cuidar de ella durante la noche. El trabajo que tenía era un turno de noche que recuperaría el día siguiente. Se culpaba a sí misma de lo que había pasado. Se lamentaba de que el hospital consumiera mucho tiempo y no pudiera disfrutar lo suficiente como debería con su hija.
La detective no volvió a la oficina. Fue directamente a su departamento a aclarar las cosas con Vi. Sabía que tenía algo importante que decir, así que decidió postergar su trabajo para después.
–Vi, estoy aquí para ti. No necesitas ocultarme nada. Aun así estaré contigo y te apoyaré –le dijo mientras finalizaba la curación de la pierna herida.
–Está bien. Te lo diré sin rodeos –ansiaba terminar con esto luego–. Cupcake… Yo soy de Zaún. Y el criminal que más buscas, Kevin, fue mi jefe en la banda en la que estuve hace un tiempo.
–¿Vi? ¡¿Sabes lo difícil que es encontrar a ese criminal?! Él es el responsable de la mayoría del caos que hay en la ciudad, ¿por qué no me lo habías dicho antes? –preguntó poniéndose de pie.
–Porque tenía miedo. Tu vida es muy importante para mí, si él encuentra la oportunidad te matará.
–Vi, que mi vida esté en peligro es parte de mi trabajo. Sabes que puedo cuidarme.
–Pero él no es cualquier delincuente –dijo preocupada.
–Lo sé. Aun así, él no me busca a mí, te está buscando a ti. Esa tal Jinx está detrás de ti, ¿verdad?
–Sí…
–Entonces no irás a cuidar a Lucy.
–Pero Cait–
–Sin peros, ya sé quién más puede cuidarla
–¿En quién demonios estás pensando?
–En Dave. Él fue tu niñera, ahora puede ser la de Lucy.
–Sabes que ella se enojará, ¿verdad?
–Ella estará bien, pero por ahora, tú eres mi prioridad –declaró dándole la espalda. Estaba sonrojada por lo que acababa de decir.
La pelirrosa decidió abrazarla por la espalda.
–Te prometo que cuidaré de ti y encerraré a Jinx y a Kevin, no importa qué.
–Te prometo que no dejaré que te pase nada –contestó la morena–. Y no me ocultes nada, es lo peor que le puedes hacer a una detective.
–Mi plan casi sale perfecto.
–Lo único nuevo que me dijiste es que eras zaunita, y realmente no sé por qué no me sorprende. Y lamento decírtelo, pero ya sabía que Kevin fue tu jefe un tiempo –la miró como si hubiera sido una ecuación sencilla de descifrar.
–¡¿Cómo es que lo sabías?!
–¿Crees que sólo desperdicio mis horas en la oficina viendo papeles?
–Ah, esto… ¿No estás enojada?
–Me molesta que no me lo hayas querido decir, pero te entiendo. Además, ahora te esfuerzas por proteger Piltóver. Necesitabas tiempo, es todo. Tampoco es como que quiera presionarte, sé que no debió ser fácil para ti.
–Gracias por ser tan comprensiva. Yo… Perdón por todo esto.
–No te preocupes, Vi –la abrazó del cuello–. Te dije que te apoyaría.
–Eres la mejor –dijo correspondiéndole el abrazo–. Cait, mírame –ella obedeció.
Sus miradas se encontraron y prontamente lo hicieron sus labios. Ambas sintieron un gran alivio de que todo estuviera bien. Sobre todo Vi, estaba agradecida de tener a una gran mujer como Caitlyn, que la comprendiera de esa forma la enamoraba mucho más de lo que ya estaba. Y de lo que estaba completamente segura, es que daría su vida por ella.
Mansión escondida, en algún lugar de los barrios bajos de Piltóver.
–¡Jinx! –Abofeteó su pálida cara–. ¡Te dije que tenías que traérmela, no jugar con ella!
–¡Pero así es más divertido! –dijo sobando su rostro.
–Ven aquí –la agarró del brazo.
La llevó hacia un rincón del patio de su mansión. Había perros ladrando con saliva y sangre en sus hocicos, entre ellos se mordían peleando por la comida que estaba en sus finos platos de plata.
–¿Quieres terminar como al encapuchado que no me pudo traer a Vi?
–¡¿De qué hablas?!
–Esa mocosa me desafió y liberó a este tipo –dijo entre dientes apuntando hacia los platos de comida de los perros–. Y me declaró la guerra. Cuando exijo algo, espero que me lo cumplan –demandó tironeándola de su escuálido brazo–. ¿Acaso quieres terminar cómo él? ¿Quieres ser comida para perros?
–Yo… Prometo que la traeré.
–Espero que lo cumplas, y te prometo que podrás jugar cuanto quieras y donde quieras –dijo sobando la mejilla que había abofeteado–. ¿De acuerdo? –Susurró despacio y amenazante.
Jinx sólo asintió sonriendo. Sus ojos destellaban locura por jugar.
Esto acaba de comenzar.
Continuará…
