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N. de A.: (Elanta se abraza al ordenador) ¡Sí, por fin acceso a Internet! ToT Mi vida actualmente es un infierno y mi tiempo para hobbies 0, sólo pude ir al Expomanga el domingo (era la Unohana Taicho que andaba pululando XD). Aquí os dejo 18 páginas fresquitas del fic, intensas, muy intensas, que espero que os guste tanto leer como a mí escribirlas. Intentaré actualizar lo antes posible, enfrentándome a Murphy con todas mis fuerzas, porque tal y como dejo la historia vais a matarme si no continuo pronto XP.

Pensaba hacerle un ending al fic, del estilo al opening que ya tengo, pero los de la serie se me adelantaron XD No me lo creía cuando contemplé a mis niños todo trajeaditos y esa letra taaaan yaoi, ¡incluso Gaara va con traje blanco, igual a como le describí cuando va con Naru al Hi-Vi!

Dedicado a: Mí XD Porque hace dos años y medio que sabía lo que Kishimoto-sama tramaba con Itachi. Así que, este capi va para todos aquellos que nunca se tragaron lo del Itachi psicópata-me-gusta-matar-mi-clan-porque-sí.

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Círculo de Eterno Retorno

La puerta del piso de los Kishimoto se abrió. John entraba bostezando, muerto de agotamiento, después de recorrerse la ciudad de punta a punta para ayudar a su madre a conseguir los apoyos necesarios para un asunto de exportación. Soltó la maleta en su habitación y decidió que primero necesitaba echarle algo consistente a su estómago, ya tomaría un baño cuando se fuera a dormir. Iba a medio camino de la cocina, pensando que quizás tendría tiempo de ver un rato el entretenido canal X antes que llegara la familia, cuando la puerta del recibidor se abrió de golpe. Tuvo que pegarse a la pared para no ser arrollado por un Naruto extremadamente enfadado, que se metió en su habitación y cerró de un portazo sin un mísero "buenas noches" de por medio. John se posicionó ante el cuarto de su hermano pequeño, escuchando la música de Offspring a toda potencia mezclada con los gritos rabiosos del inquilino. Esto empezaba a ser una costumbre demasiado familiar. Sin duda debía tomar cartas en el asunto y empezar a investigar cuál era el tipo de persona con la que salía su otöto, porque, si era tan mala como parecía, él se encargaría amablemente de disuadirla de continuar la relación con Naruto.

Fue a la cocina moviendo el cuello para desentumecerlo. En serio, qué estrés de familia, menos mal que su madre había cortado con Itachi; no es que el fiscal le disgustase, pero prefería no emparentar con ese "adorable" hijo suyo, Sasuke. Le consideraba un malcriado, egocéntrico y prepotente, aunque el que verdaderamente le caló desde el principio fue Naruto, no podían estar en la misma habitación más de unos minutos sin acabar a gritos o a bofetadas. Sacó la botella de zumo de la nevera con una sonrisa divertida. Naruto nunca perdía los estribos como con ese niñato, podría destrozar todo el mobiliario y dejar sordo a medio Tokyo con sus bramidos, justo igual a lo que hacía ahora mismo en su habitación. La botella de zumo estuvo a punto de acabar en el suelo por el tic nervioso que sacudió su mano.

-¿En qué demonios estoy pensando? – rió John, auto reprendiéndose – Es el cansancio… eso. Además, existen más personas en el mundo que podrían desquiciarle -.

-¿Ahora hablas solo? -. Naruto entró en la cocina con cara de pocos amigos y fue a saquear el armario del ramen instantáneo.

-Nah, que estoy atocinado después del trabajo y mi mente desbarra alegremente -.

-Eso no es nuevo -. Un cazo con agua fue puesto al fuego, antes que Naruto se apropiase del zumo de su hermano mayor - ¿Y qué? ¿En qué pensabas? -.

-Mala asociación de ideas -. John sonrió macabro – Pensé que estás muy cabreado por culpa de esa novia secreta tuya, tanto que parece que se tratara de Sasuke -.

-¡¡PFFFFF!! (Ruidos variados de ahogamiento) -.

-Es la última vez que te comento algo mientras bebes – decidió John, secando el zumo de su cara con papel de cocina.

-¿¡Pero cómo se te ocurre algo así ttebayo!? – bramó Naruto, rojo a más no poder, aunque su hermano lo achacó al ataque de tos y no al de haber dado de pleno en la diana.

-Explotación laboral -. El mayor se encogió de hombros – Mamá me machaca de mala manera, creo que lo hace porque me largo a Washington -.

-¿Qué? -.

-Ah, cierto, aún no te lo he contado. Esta mañana me llegó la carta de admisión al Master en Relaciones Internacionales que solicité, es un intensivo de tres meses, prácticas por la mañana y teoría por las tardes -.

-¿Cuándo te vas? -.

-De Abril a Junio -. John sonrió comprensivo – Tranquilo enano, volveré antes que me eches de menos. Además, no puedo largarme sin conocer a esa preciosidad que te saca de tus casillas un día sí y otro también -.

-Hmpf – gruñó Naruto, yendo a ocuparse de su ramen instantáneo.

-Me pica la curiosidad, hasta donde sé, nunca has tenido reparos en que yo conociera a tus conquistas, por eso no puedo dejar de preguntarme qué tendrá ésta en particular para que te dé tanta vergüenza, porque no creo que no quieras enseñármela por miedo a que te la robe -.

-Es algo antisocial, ni siquiera viene mucho con mis otros amigos – comentó el pequeño, pensando que así su hermano dejaría de incordiar.

-Eso ya es algo, cuéntame más -. John le persiguió a la mesa - ¿Cómo es de aspecto? ¿qué gustos tiene? -.

-Pareces una hermana marujona, tío -.

-Me da igual, habla -.

-Es gogo en uno de los garitos de Roppongi – confesó Naruto, llevándose un buen puñado de fideos a la boca.

-Vaya con mi hermanito, si es gogo entonces estará buena -.

-Bastante, a veces se lo cree demasiado y piensa que es el centro del universo, discutimos mucho porque somos un par de cabezotas, pero solemos llevarnos bien -.

-Y ahora estáis en medio de una discusión – comprendió John.

-No es nada, malinterpreté una cosa, me puse celoso y organicé un numerito de los míos – suspiró hastiado – No consigo que hablemos para disculparme, no coge el teléfono ni me deja entrar en su casa -.

-COMO SIGAS JUGANDO A LAS ADIVINANZAS TE ATRAPARÁ, YONDAIME SIEMPRE FUE DEMASIADO LISTO, INCLUSO PARA SU PROPIA SEGURIDAD -.

-Ya se arreglará, tú tranquilo -. John cogió de la nevera un plato precocinado para microondas – ¿No me dirás su nombre? -.

-No, que luego te pones en plan detectivesco, y no quiero que se acojone porque el sobreprotector hermano mayor de su novio le intercepta de golpe -.

-Exagerado -.

Naruto se limitó a arquear una ceja en son de duda y a seguir comiendo.

-¡Tadaima! – canturreó la voz de su madre desde el recibidor.

-Estamos en la cocina – voceó John, yendo a sentarse junto a su hermano.

-Muy bonito, no esperar a vuestra madre para cenar – protestó Akari, entrando aún vestida de calle pero con sus cómodas pantuflas de Totoro.

Naruto tenía una seria crisis amorosa y necesitaba atiborrarse a ramen, que, por cierto, ¿desde cuándo eres adicto? – dijo el mayor.

-Desde siempre ttebayo – sonrió zorrunamente.

-QUE ME LO DIGAN A MÍ, QUE ME REVUELVE DE SÓLO OLERLO -.

-A este niño cada día le entiendo menos -.

Akari también optó por la práctica comida precocinada y pronto hizo compañía a sus hijos en la mesa, comentando los pormenores del día.

-Oi, el viernes salgo con mis amigos, vamos a ir a comprar las entradas para el Tokyo Rock Festival – informó Naruto.

-¿¡Qué!? ¿Has osado no contarle algo así a tu queridísimo hermano mayor? -.

-Estarás en Washington -.

Jonh se puso en modo deprimido.

-Ten cuidado con la moto, no hagas el burro que nos conocemos – le advirtió su madre.

-Vaaaaale -.

-¿Llevarás a tu misteriosa pareja? – inquirió ella, no sin cierto deje de diversión.

-No le gusta el heavy, además seguimos cabreados – gruñó Naruto.

-Ya se os pasará -.

-Con permiso, me voy a dar un buen baño y a sobar – anunció John.

-¿Tan pronto? Sólo son las nueve -.

-Mamá, me tienes sobreexplotado, toy mueto – acusó de manera vehemente.

-Exagerado -.

John entrecerró los ojos y se marchó con aire ofendido.

-¿Qué he dicho? – cuestionó Akari.

-Déjale, eso le pasa por tocanarices – sonrió Naruto.

-Bueno, ahora que estamos solos, ¿qué pasa con Sasuke? -.

-Naaada, que está en plan cabezón y no me coge el teléfono – resumió el rubio – No te preocupes -.

-Ten cuidado – replicó ella, y le dio un beso en la mejilla.

Naruto observó como su madre recogía y lavaba el par de cacharros que habían manchado. Le reconfortaba saber que la tenía ahí siempre que la necesitara.

-Mamá -.

-Sí, cariño -.

-¿Por qué siempre me dices que tenga cuidado? -.

Ella se quedó quieta junto al fregadero, dándole la espalda.

-Porque no quiero perderte -.

No había replica posible a eso. Naruto se levantó y le devolvió el cariñoso beso junto a un fuerte abrazo.

-Yo también me daré una ducha y a dormir, quiero aprovechar mañana para estudiar un poco más, que tengo los exámenes en nada -.

-Muy bien, oyasumi nasai -.

-Oyasumi -.

Akari vio salir de la cocina a su hijo, sin poder evitar preguntarse durante cuánto tiempo más podría protegerle.

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Kisame bostezó y le echó otro trago a su café. A veces esto de preparar los juicios era agotador, terriblemente agotador, y le obligaba a perderse sus reparadoras clases de kitboxing. Llegó ante uno de los despachos y llamó de manera entusiasta antes de abrir.

-Ohayo – saludó con desgana.

-Ohayo, Kisame-sempai, ¿quieres algo, hm? – cuestionó el joven de pelo rubio.

-Deidara tienes que ir a llevarle los papeles a Sasori, sino se cabreará contigo, otra vez -.

-¿A qué tantos privilegios con Sasori-san, hm? -.

-Fue socio económico del bufete, nos subvencionó al principio de instalarnos en Tokyo a cambio de contactos en EEUU que le ayudasen a extender su negocio – explicó Kisame – Y, ahora, será mejor que te largues sino quieres llegar a Kaze Sistems a la hora de comer -.

Deidara empezó a recoger sus cosas y meterlas en su maletín. Kisame reparó entonces en algunas piezas que adornaban la estantería del despacho, entre libros y ficheros; figuras de piedra o metal que en su día debieron estar intactas, sin embargo parecía como si algún niño revoltoso se hubiese dedicado a atarles petardos.

-¿Kisame-sempai? – interrogó el rubio.

-Esas cosas ¿qué son? -.

-Arte – sonrió Deidara, tomando su abrigo para salir del despacho.

-¿Arte? -. Kisame le observó alejarse por el pasillo – Pero mira que contratamos a gente rarita. ¡Ah, Kazuzu! -.

El interpelado se detuvo antes de entrar a su oficina.

-Necesito las cuentas de Diciembre y Enero del bufete -.

-¿Para qué? -.

-Creo que nuestro amigo Hidan ha vuelto a subvencionar sus escapadas con dinero de Akatsuki -.

Kazuzu soltó una interesante retahíla de improperios.

-Ya me encargo yo de revisarlas, Kisame, y si encuentro cualquier irregularidad iré personalmente a cortarle las pelotas a Hidan -.

-Como gustes, pero deberías darle parte a Itachi-san, por eso de la cadena de mando, ya sabes -.

-De acuerdo – consintió a regañadientes.

Kisame se despidió para ir a encargarse de sus propios asuntos, preguntándose qué tal le iría al niño en su primera visita a Kaze Sistems. Deidara se preguntaba algo por el estilo mientras viajaba en el metro y terminaba de organizar los documentos que debía entregar. Siempre había tratado con Sasori en el bufete, así que sentía curiosidad por cómo se comportaría dentro de su territorio.

La zona empresarial de Ginza gozaba de una continua agitación, casi todo hombres y mujeres trajeados en colores neutros u oscuros. Deidara caminó hasta uno de las gigantescas moles de hormigón y cristal, arrugó el ceño, tanta simetría le ponía enfermo. Hubo de pasar un par de controles de seguridad bastante exhaustivos antes de alcanzar los ascensores y dirigirse, no al despacho del presidente de la compañía, sino a la zona de talleres y desarrollo de IA; al parecer, a Sasori le gustaba tomar parte en las creaciones de su empresa y, muchas veces, era él quien daba con las mejores ideas.

Después de dar muchas vueltas, alguien pudo indicarle el lugar exacto donde andaba el esquivo presidente, el laboratorio de robótica. La sección en cuestión se hallaba protegida por una muralla de cristales blindados y una puerta a la que se accedía con tarjeta y escáner de retina, Deidara suspiró hastiado. Recorrió el perímetro de cristal, observando como los ingenieros trabajaban en distintos diseños de robots, hasta que su mirada tropezó con una solitaria figura de cabello rojizo. Desde aquella distancia, Sasori parecía muy concentrado en retocar un esqueleto de metal que casi parecía de un humano; probaba los movimientos de los brazos y realizaba ajustes con ayuda de extrañas herramientas y un ordenador.

Uno de los trabajadores se acercó a su pelirrojo jefe para comunicarle algo. Sasori le escuchó y entonces se giró hacia la cristalera, al lugar donde esperaba Deidara. Dejó el trabajo y fue hacia la salida.

-Ohayo Sasori-san -.

-No recordaba que hoy debiéramos tratar ningún asunto – replicó el otro, muy serio.

-Terminé de redactar los documentos que solicitó, como sé que es una persona impaciente he preferido traérselos lo antes posible, hm -.

-Parece que aún podremos hacer algo contigo -.

Deidara frunció el ceño.

-No hace falta ser condescendiente, soy bueno en mi trabajo y usted en lo que fuera que hacía allí adentro -.

-Es Arte, Deidara, Arte -.

-¿Arte? -.

-La belleza encerrada en piezas del más perfecto de los diseños, cuyo objetivo es la inmutabilidad -. Sasori sonrió – No estamos muy lejos de una época en que el ser humano pueda sustituir elementos defectuosos de su cuerpo por otros de tipo biónico, más confiables y perdurables -.

El rubio se mordió la lengua, pero algo en la expresión de su cara debió revelar su inconformidad con las palabras de su cliente.

-¿Cuál es tu opinión? -.

-¿Sinceramente, hm? -.

-Sinceramente -.

-El Arte es fugacidad, un momento de gloria, un esplendor como el de los fuegos artificiales que no volverá a repetirse, hm, es una explosión -.

Sasori sonrió apenas.

-Acompáñame a comer y me explicas esos documentos y por qué un artista trabaja de abogado -.

Deidara siguió al presidente de Kaze Sistems, un poco menos molesto por el hecho de trabajar con él. No eran tan distintos, después de todo.

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Naruto se detuvo en medio de la calle, con las manos guardadas dentro de la chupa de cuero; la gente pasaba abigarradamente a su alrededor, una marea humana que iba y venía en busca de diversión. No debía estar allí, su intuición lo clamaba a gritos, pero Sasuke era ahora su prioridad y, después de haber intentado contactar con él durante lo que quedaba de semana y fallar, no tenía más remedio que ir a buscarle a su guarida. Había dejado a sus amigos a mitad de fiesta en Shibuya con todo el dolor de su corazón, se lo estaba pasando en grande atiborrándose de cerveza y cantando a voz en cuello con Kiba, Lee y Chouji.

-NO ENTRES – gruñó la voz de Kyuubi.

-Debo hacerlo -.

-NO ES BUENA IDEA JUGAR EN SU TERRENO, MOCOSO, RECUERDA LAS ADVERTENCIAS DE SAKURA, HAS DE TRATAR CON ÉL FUERA DE ESTE NIDO DE SERPIENTES -.

-La otra opción es echar abajo la puerta de su casa y no me hace ilusión, además te tengo a ti para protegerme como último recurso -.

-MANTENTE ALERTA -.

Algunas gotas empezaron a golpear su rostro, anunciando lo que estaba a punto de empezar a caer sobre Roppongi. Fue hasta las puertas del Hidden Village, donde la cola para entrar era tan o más larga que otras noches, y saludó a Tayuya con un desganado gesto de la mano. La pelirroja sonrió mordaz y le indicó que podía pasar. Inquieto, se sumergió en las profundidades del edificio hasta llegar a la puerta que llevaba a la pista de baile, esa noche el guardián era un hombre tan alto como gordo, uno de esos del género "armario empotrado".

-Busco a Sasuke – le dijo - ¿Dónde puedo encontrarle? -.

El portero se llevó una mano al pinganillo de la oreja.

-Soy Jidambo, pásame con Uchida-kun… un chico con aspecto de extranjero y pelo rubio te busca -. El hombre bajó la mano – Dice que le esperes aquí, ya viene -.

Una de las puertas que daban a aquel recibidor se abrió, revelando la presencia de un Sasuke ataviado para matar a quien tuviera el honor de contemplarlo; desnudo de cintura para arriba, a excepción de los brazos ceñidos por unos guantes negros sin dedos, vestía unos holgados pantalones negros de tai-chi y, encima, una especie de falda larga abierta por delante y con mucho vuelo que le recordó un poco al estilo Neo de Matrix. Parecía haber estado bailando hasta hacía un instante, como atestiguaba la capa de sudor.

-¿Qué haces aquí? – interrogó enojado, sacando a Naruto de su estado de contemplación y babeo compulsivo.

-Venir a buscarte, hace una semana que no das señales de vida y, eto, pensé que, quizás, debía disculparme por lo del puñetazo – replicó el rubio.

-Estuviste a punto de arruinar una muy importante transacción – espetó Sasuke.

-Lo siento, pero no imaginé que tendrías reuniones de negocios en un Love Hotel – se defendió Naruto.

-¿Estabas celoso? -.

-No, voy soltando ostias porque me apetece, ¡pues claro que estaba celoso, teme! – terminó por reconocer el rubio, abochornado.

El Uchida le observó serio, sin burlarse, como si quisiera leerle la mente y asegurarse que aquellas palabras eran verdad. Naruto no entendía la vacilación del otro chico; se acercó a él, despacio, y le rodeó la cintura en un abrazo cálido.

-¿Me perdonas? – sonrió en una infantil mueca zorruna.

-Me lo pensaré – respondió Sasuke finalmente – Ahora, vayamos dentro -.

-¿No tienes que trabajar? -.

-He estado casi dos horas en la plataforma, me merezco un descanso -.

(Don´t stop the music de Rihanna)

Naruto fue arrastrado al oscuro corazón del Hidden Village por segunda vez, aunque las condiciones eran diametralmente opuestas a la primera, en aquella ocasión sólo pensaba en partirle la cara a Sasuke y ahora no concebía separarse de sus labios. No había ni pisado la zona de baile y Sasuke ya le tenía arrinconado comiéndole a besos, a los que él había respondido con idéntica ansiedad y deseo. Dios como había echado de menos esa boca, su calor y las sensaciones que era capaz de despertar en su cuerpo.

-¿Te apetece beber algo? – le preguntó el moreno, junto al oído para hacerse oír por encima de la música.

-Preferiría seguir con lo que acabas de cortar – gruñó Naruto, pegándose como una lapa al otro chico.

-Siempre dices que voy muy rápido y hoy eres tú el ansioso, a ver si te aclaras, usuratonkachi -.

-Se llama abstinencia, además me siento más tranquilo, es difícil que intentes acosarme en medio de una discoteca -.

-Ponme a prueba – se burló el otro con gesto perverso – Allí hay algunos butacones de lo más cómodos -.

-Baka… vamos a por esas bebidas – decidió Naruto, rojo hasta las orejas.

Esquivando gente, se abrieron camino hasta una de las barras. El color azulado de las luces otorgaba un aire etéreo a los camareros y a los clientes que se apoyaban en la barra transparente. Un chico de cabello plateado y expresión socarrona fue hasta ellos.

-Sasuke, vaya, ¿trabajo o hobbie? – inquirió, mirando apreciativamente al rubio.

-¡Neeeh, tú eres uno de aquellos que me asaltó en las duchas! – gritó Naruto, señalándole de forma acusatoria.

-Oh, es cierto, me dolieron las costillas durante varios días de la patada que me diste – reconoció el chico – Así que has acabado enrollado con el mismo que te hacía la vida imposible, en mi casa a eso lo llaman masoquismo o es que ambos tenéis una manera muy particular de demostrar interés por otras personas -.

-Mis costumbres no son de tu incumbencia, Suigetsu, y danos algo de beber – le ordenó Sasuke – Uno de tus combinados especiales -.

-Hai, hai; para ti supongo que lo de siempre, ¿y para el rubito? -.

-Me llamo Naruto y que sea algo con vodka -. Ese tío le estaba sacando de sus casillas.

-Marchando -.

Mientras el tal Suigetsu les preparaba la bebida, Naruto enganchó a Sasuke por la cinturilla del pantalón para acercarle y saborear su cuello, un regusto salado invadió su boca al contacto con aquella piel. Era muy probable que, si Uzumaki hubiera podido tener de semejante forma al Uchiha, el bastardo no se habría marchado con Orochimaru en busca de venganza, ni habría muerto por protegerle. Notó un par de manos sobre su trasero y una boca que atrapaba la suya en un beso húmedo y descontrolado, el calor del cuerpo pegado al suyo, la textura engominada del pelo negro contra su rostro, el olor de la colonia mezclado con el del propio Sasuke.

-¡Eoooo! ¡Pareja! – canturreó Suigetsu, que no perdió su expresión burlona aún con aquellos dos mirándole de forma homicida – Vuestra bebida -.

-Más vale que sea buena -.

-¿Por quién me has tomado, Sasuke-kun? –. Hizo un gracioso mohín – Sólo lo mejor de lo mejor para nuestro príncipe y su doncella de dorada melena -.

Dos segundos después, Sasuke sujetaba a Naruto de la cintura y le obligaba a bajar de la barra dónde se había encaramado de un salto con la clara idea de golpear, estrangular y pisotear al sonriente Suigetsu.

-¡Le mato, deja que le mato! -.

-Por eso no voy a dejarte, un cadáver estropearía la buena reputación del Hi-Vi -.

-¡Me ha llamado "doncella"! ¡Eso en mi pueblo exige sacarle todos los dientes al bastardo de un puñetazo ttebayo! -.

-Suigetsu es así, no sabe tomarse nada en serio – intentó razonar Sasuke – Coge tu copa y vamos -.

-Hmpf -. Naruto agarró el vaso relleno un líquido de color anaranjado rojizo y sostuvo la mano del moreno para no perderse entre la gente.

Encontraron un rinconcito relativamente tranquilo, aunque el rubio se sentía un poco incómodo por algunos de los sonidos que provenían de las sombras a sus espaldas, gemidos y jadeos principalmente. Echó un trago y tuvo que reconocer que estaba delicioso, eso explicaba por qué no habían despedido todavía a ese energúmeno de pelo plateado.

-Suigetsu tiene bastante éxito entre los clientes, aunque nos saque de quicio a los que trabajamos con él, cuando le apetece puede llegar a ser tan adorable como un gatito -.

-A mí me parece de todo menos adorable -. Se terminó la bebida en otro par de tragos.

-Bailemos – decidió Sasuke, quitándole el vaso vacío y arrastrándole por el brazo.

-¡Sasukeeee! -.

Naruto se quedó inmóvil, atontado por la gente dando saltos a su alrededor, las luces, la potente música dance y, sobre todo, por el chico que se movía ante él como si bailar fuera tan básico como respirar. Sasuke percibió la inmovilidad de su pareja, así que se acercó a él y le sostuvo de las caderas, marcándole el ritmo.

-Soy muy torpe, no valgo – protestó Naruto – Lo mío es dar saltos al ritmo de música rock -.

-Lo llevas dentro, igual que todos -. El Uchida le habló al oído, en un tono tan sensual que le arrancó escalofríos – Abandónate, no pienses, no sientas vergüenza, baila -.

Dubitativo, el rubio intentó moverse.

-No, así no, estás tan rígido que podrían usarte de tabla de surf -. Sasuke se colocó a su espalda – Sígueme -.

Naruto se amoldó al movimiento que le marcaba aquel cuerpo, cerró los ojos y bailó, sin pensar, simplemente absorbiendo las sensaciones, el retumbar de la música en su interior, el calor, las manos de Sasuke enredadas en su cintura, su respiración y, ocasionalmente, sus labios sobre el cuello. Se detuvieron apenas un par de veces, para conseguir bebida y aguantar las burlas de Suigetsu.

(Everybody Hurts de DJ Sammy feat. Nyah)

Debía ser la mezcla de aquella atmósfera tan cargada y el alcohol, eso pensó Naruto cuando empezó a notarse extrañamente mareado, intentó decírselo a Sasuke pero descubrió que era incapaz de pronunciar palabra y que su cuerpo no le respondía correctamente. Miró asustado al Uchida; él se limitó a apartarle el pelo del rostro y examinarle con atención antes de agarrarle de la muñeca y abandonar la zona de baile por una de las puertas de servicio. Para entonces la sensación de mareo en Naruto había sido sustituida por otra mucho más desagradable, era como si su yo flotara sobre su cabeza, consciente de todo cuando sucedía a su alrededor y sintiendo todo lo que sentía su cuerpo, pero siendo incapaz de intervenir.

Avanzaron por pasillos enmoquetados, iluminados con luces rojizas o violáceas, se cruzaron con algunas personas que no les prestaron mayor atención; gogos, un hombre muy bebido junto a tres jovencitas ligeras de ropa que no paraban de reír, un segurata, un chico enrollándose con una mujer que le triplicaba la edad. Algunas puertas estaban semi entornadas dejando ver panoramas aún más alarmantes, era como estar en sumido en una pesadilla sicodélica; a esas alturas, de haber podido, Naruto ya le habría soltado un puñetazo a Sasuke y abandonado aquel antro.

-Kyuubi… maldito zorro… haz algo – llamó mentalmente en varias ocasiones sin hallar respuesta.

Después de lo que al rubio le pareció un siglo andando, Sasuke abrió una puerta y entraron en una pequeña salita, uno de esos privados que abundan en las discotecas para sus clientes más exclusivos. Una pared entera acristalada, enmarcada por cortinas rojas, daba a la pista de baile, cuyas luces dejaban ver unos amplios sofás negros en torno a una mesa baja, sobre la que brillaba una vela roja del tamaño y forma de una pelota de baloncesto, las plantas sintéticas en un rincón emitían una suave fosforescencia verde cerca de una neverita. El Uchida cerró la puerta con pestillo y llevó a Naruto hasta uno de los sofás; no hablaba ni revelaba expresión alguna y eso empezaba a inquietarle, aunque cuando de verdad entró en pánico fue cuando Sasuke se desprendió de los guantes negros y le quitó a él su camiseta.

Lentamente, Sasuke deslizó una mano por su cuello, bajando para acariciar con las yemas de los dedos aquel cuerpo bronceado. Contra su voluntad, Naruto se estremeció de placer y miedo, más de lo segundo cuando Sasuke le empujó para echarle sobre el sofá y gatear sobre él con una actitud que se le antojó depredadora. Le besó, despacio y profundamente, y él le respondió.

-No quiero, no quiero, así no -. Naruto intentaba gritar, pero su cuerpo se negaba a obedecerle y seguía aceptando las atenciones del Uchida y devolviéndolas con idéntico deseo.

Aterrado, el rubio notó como le lamía el abdomen mientras le desabrochaba el pantalón.

-Levanta – ordenó Sasuke con voz ronca.

Y su cuerpo obedeció, alzando las caderas, permitiendo que le sacase el pantalón junto con la ropa interior, acariciando toda la longitud de sus piernas. Unos labios comenzaron a besarle el pecho, el estómago y peligrosamente más abajo, mientras dos manos rozaban todo cuando estaba a su alcance desde aquella posición. Se arqueó cuando notó la boca de Sasuke rodeándole, torturando sus sentidos con cada movimiento de su lengua, se deslizaba con un ritmo constante acariciando también con los labios, rozando con los dientes hasta hacerle gritar.

Los gemidos y jadeos de Naruto llenaron la habitación aún contra su voluntad, su mente convertida en una tormenta de placer, vergüenza e ira; quería que todo aquello parase y oscuramente deseaba que no acabara nunca, anhelaba el toque de aquellas manos y lo odiaba por igual, completamente entregado en cuerpo mientras su interior se retorcía contra lo que estaba sucediendo. Amor y odio confundidos en una intensa y obscena danza.

Sasuke dejó de estimularle, desprendiéndose de sus propios pantalones antes de obligarle a ponerse boca abajo en el sofá. Naruto era dolorosamente consciente del tacto pegajoso del cuero contra su cara y contra la piel desnuda y sudorosa de su torso, de la mano que le sostenía por la cadera mientras otra untaba algo frío y gelatinoso en su trasero. El miedo empezó a ganar la partida al placer, volvió a gritar mentalmente y, oh sorpresa, su cuerpo decidió obedecer, un no ahogado escapó de sus labios. Sasuke se quedó inmóvil fuera de su campo de visión, pero aún así podía oír su agitada forma de respirar. El rubio quería girarse y mirarle a los ojos, gritarle insultos hasta quedarse afónico y darle de ostias hasta destrozar esa cara de muñeca de porcelana. "No" repitió con mayor claridad, el efecto de la droga parecía perder fuerza a la vez que aumentaba la sensación de nauseas y mareo.

Violentamente, volvió a encontrarse tumbado de espaldas y miró a su agresor; el rostro de Sasuke quedaba oculto por la penumbra y por el desordenado cabello negro. Se acercó a él y unió ambas bocas en un beso amargo, un beso que a Naruto le sabía a despedida y a dolor... a lluvia y sangre. De repente, Sasuke se echó sobre él, besando y excitando cada rincón de su cuerpo, aunque Naruto era consciente de que algo importante había cambiado en sus caricias. Sin darle más tiempo para meditar, Sasuke se sentó sobre él arrancándole un profundo gemido ante la súbita oleada de placer, seguido de otros cuando aquel pálido cuerpo empezó a moverse, primero lentamente e, instantes después, con una rapidez e intensidad que amenazaban con hacerle perder el poco juicio que le quedaba a esas alturas.

La sensación de flotar fuera de su cuerpo desaparecía a medida que se acercaba el final. Todo pensamiento coherente se esfumó, sólo era capaz de seguir el ritmo que imponía Sasuke, perdido en los sonidos guturales que el moreno emitía al penetrarse en cada rebote y como le estrujaba deliciosamente hasta sumirle más y más en ese infierno. Voluptuosidad, calor, estremecimientos, vértigo. El fogonazo de placer le encegueció durante unos segundos, gritando incoherencias en el éxtasis, antes de caer bruscamente contra la realidad.

Agotado físicamente y con la mente tan sobrecargada que no habría podido ni sumar dos más dos, se limitó a sentir el cuerpo de Sasuke tumbado sobre el suyo, ambos corazones y respiraciones volviendo a la normalidad. Quería odiarle, debía, y lo haría con facilidad si no fuera por ese repentino cambio de opinión justo antes de violarle, y por esa irritante y extraña emoción de estar encadenado a ese bastardo más allá de lo que nunca creyó posible. Odiaba al maldito karma.

Despacio, Sasuke se levantó y buscó su ropa para vestirse. Naruto contempló confuso aquel pálido cuerpo de formas perfectas iluminado por las lejanas luces de la pista de baile.

-¿Por qué? – preguntó con voz ronca y algo temblorosa.

Sasuke ni le miró. Terminó de vestirse tranquilamente y fue hacia la puerta, generando una insoportable angustia en el rubio.

-¿Huirás de mí como de todo lo demás? -.

La mano se detuvo sobre el pomo.

-¿Por qué te has vuelto así, de repente? -.

-Haga lo que haga a ti no te importa, deja de meterte en mi vida. Confié en ti y te faltó tiempo para ir a la policía -. Le miró un instante por encima del hombro – Vete a casa y olvídame, maldito mentiroso -.

El portazo terminó por hundir a Naruto. ¿Cómo podían suceder las cosas de una manera tan parecida a aquella vez? ¿Cómo se había enterado de lo de la policía? Se giró contra el respaldo del sofá, encogiéndose en posición fetal, y cerró los ojos.

Debió quedarse inconsciente. Escuchó el ruido de la televisión y unas juveniles carcajadas. El cerebro le estalló en mil alfilerazos de dolor cuando abrió los ojos; tuvo que parpadear repetidamente hasta que se acostumbró a la luz, fue entonces cuando descubrió a cierto conocido de cabello plateado sentado en uno de los sillones, viendo la televisión y bebiendo de uno de esos vasos gigantes de papel que bien podría ser de café o refresco. Naruto se movió un poco y llamó instantáneamente su atención.

-Ah, por fin se despertó nuestra damita – bromeó Suigetsu.

-¿Qué haces tú aquí? – gruñó el rubio, advirtiendo que la boca le sabía a rayos.

-Recoger los desperdicios – se encogió de hombros - ¿Puedes moverte? -.

Se incorporó despacio, notando como todo su cuerpo se sublevaba. Vomitaría si no fuera porque tenía vacío el estómago.

-Bebe esto, te asentará las tripas -. Suigetsu le ofreció un vaso – Es un té especial, y tranquilo, no voy a envenenarte o al menos no de nuevo -.

Naruto apuró el contenido; sabía amargo y le calentó las tripas, las nauseas remitieron bastante y consiguió sentirse un poco más cerca del mundo de los vivos.

-Vamos, te llevaré donde puedas darte una ducha y luego podrás irte a casa -.

-¿Por qué haces todo esto? -.

-Forma parte de los servicios del Hi-Vi, ayudamos a nuestros más selectos clientes a regresar presentables, y tú te has liado con nuestro príncipe -. Frunció el ceño y le examinó con atención – No tienes demasiadas marcas, es raro -.

-No entiendo -.

-Sasuke suele resultar bastante apasionado, por no decir violento, en la cama; mi teoría es que se debe a que pasa demasiado tiempo con esa cara de palo sin expresar lo que piensa, así que se desfoga con el sexo -. Se señaló el hombro izquierdo – Aquí me metió un mordisco que poco más y me arranca la yugular. ¿Qué tal tu culo? -.

-¿¡Y a ti qué coño te importa cómo esté o deje de estar mi culo!? – explotó Naruto, arrepintiéndose al instante por el relámpago de dolor que cruzó su cabeza.

-Sólo intentaba ser amable – rió Suigetsu – Vamos, te llevaré a que disfrutes de una buena ducha e, independientemente de cómo esté tu bonito trasero, encontrarás un botiquín para que te las apañes -.

Naruto se puso el bóxer y el pantalón, mientras su improvisado ayudante recogía el resto de sus pertenencias; no le costó mucho fingir el encontrarse realmente hecho polvo. Los pasillos se hallaban desiertos y en silencio, ni siquiera Suigetsu abrió la boca para alterar aquella tranquilidad. Entraron por una de las múltiples puertas a lo que parecía una lujosa suite de hotel. Naruto esperó a pie plantado en medio del cuarto mientras su asistente temporal se encargaba de prepararle el baño. Aceptó las toallas y el botiquín antes de entrar y atrincherarse en aquel pequeño paraíso de mármol negro y acero. El penetrante aroma del jabón se llevó por delante el del sudor, el sexo y el propio Sasuke; aunque por muchos baños que se diera, sabía que no conseguiría borrar las perturbadoras imágenes que surgían en su cabeza cada vez que cerraba los ojos, la erótica visión de Sasuke cabalgando sobre él principalmente.

No se demoró mucho en el agua. Salió de la bañera, vistiéndose con su arrugada y sudada ropa sin apenas secarse, huyendo del reflejo que mostraba el espejo del lavabo como si fuera una acusación, un rostro enfermizo de pronunciadas ojeras y ojos inyectados en sangre. Encontró a Suigetsu tumbado en la cama, tarareando una cancioncilla.

-Has tardado poco, mejor, así no me aburro -. Se estiró y saltó al suelo – Te conduciré a la salida, ¿quieres un taxi o venías con transporte? -.

-Mi moto no está lejos -.

-OK, vamos, damita -.

El rubio no replicó. Caminó tras el irreverente muchacho de cabello platino, deseando abandonar aquel lugar y dejar atrás la última noche. Suigetsu le condujo a una de las salidas laterales, a la luz del sol que les encegueció momentáneamente y reavivó el dolor de cabeza de Naruto.

-Por cierto, Sasuke dijo que no quería verte aparecer por el Hidden Village y que no intentes ponerte en contacto con él, no contestará ni llamadas ni mails -. Hizo un alegre gesto de salutación llevando su mano a la cabeza, a la manera de los militares – Encantado de conocerte, damita, suerte -.

Cuando la puerta se cerró, Naruto aún contemplaba estupefacto el lugar donde estaba Suigetsu hasta hacía unos segundos. Sasuke había conseguido lo que quería y, tras jugar un rato con la presa, acababa de darle la patada. Las advertencias de Gaara resonaban en su interior como si se las estuviese gritando en ese mismo instante: no confíes, no le creas, no le ames. Se movía por instinto, por inercia, sin ser consciente de su entorno, por eso se sorprendió cuando miró alrededor y reconoció el ascensor de su casa. Prefirió no detenerse a pensar en las consecuencias de haber conducido una moto en modo cerebral desenchufado.

Temía encontrar a su familia por casa, temor que no se vio confirmado al cruzar el umbral. De camino a su habitación, se arrancó la ropa y la metió rabioso en una bolsa de basura. Sacó prendas nuevas y las dejó sobre la cama, porque antes de vestirse necesitaba otra ducha. Frotó su piel hasta sentirla arder y aún así no conseguía deshacerse del recuerdo de su tacto, de sus besos, gritó y gritó de pura frustración, hasta acabar encogido en un rincón de la bañera, llorando.

OooO

Lee respiró hondo, adoptó una pose de combate y se lanzó contra su adversario. Neji giró suavemente y con una mano bloqueó el puñetazo, aprovechando la fuerza de su amigo para tumbarle sin despeinarse.

-Debes ser más comedido, Lee, ya lo sabes, hacía tiempo que no te lanzabas a lo loco durante uno de nuestros entrenamientos -.

-Perdona, Neji-kun, no estoy muy centrado – reconoció el otro chico, sentándose sobre el tatami con las piernas cruzadas – Naruto-kun me tiene preocupado -.

-¿Ha ocurrido algo? – inquirió el Hyuuga, que hacía más de dos semanas que no le veía, exactamente desde la sesión de acupuntura por el retorno de las pesadillas.

-No lo sé… Naruto-kun ha dejado de acudir a los entrenamientos y no quiere quedar con nadie del grupo. Le he interceptado un par de veces a la salida de clase, pero me da un par de malas excusas y se marcha sin dejarme replicar -. Lee alzó los ojos – Tiene muy mala cara, pálido y demacrado, la primavera de la juventud se ha marchitado en él -.

-Sasuke – musitó Neji.

-¿Crees que la culpa es de Sasuke-kun? -.

-Aunque suene mal o raro decirlo, lo cierto es que en el universo de Naruto el sol sale y se pone por el Uchida… todo era demasiado sencillo -. Neji giró sobre sus talones y abandonó el dojo.

-¡Neji-kun, espera! ¿Dónde vas? -.

-A estudiar historia – respondió enigmático – Tú ve a avisar a los demás e intentad animar a Naruto, no le dejéis solo -.

Lee, sin terminar de comprender lo que se traía su mejor amigo entre manos, sacó el móvil de su mochila y escribió un mail a todos los del grupo. Las contestaciones no se hicieron esperar, la más belicosa era Sakura que proponía colgar a Sasuke de cierta parte de su anatomía, aunque Gaara procedió a secundarla y sugerir encender una hoguera debajo del bastardo. Lee observaba los intercambios de opinión con una mezcla de sorpresa y comprensión, aún le resultaba llamativa la intensa amistad que les unía a todos con Naruto, algo que podría explicarse por el carácter del chico, que se hacía querer por encima de todo.

-Lee -.

-Ah, Neji-kun, ya he avisado a todos, Sakura-san y Gaa-niisan van a la cabeza en propuestas de torturas varias contra Sasuke-kun -.

-Convoca una reunión del grupo aquí, en mi casa esta misma tarde, que vengan cuando puedan -.

-Enseguida -.

Tecleó rápidamente la propuesta de Neji en el móvil y la envió a sus amigos, todos respondieron de manera unánime que antes o después pasarían por la casa Hyuuga. Lee sonrió de manera deslumbrante y usó su característica pose "guay" dando a entender que, lo que fuera que tuviera su compañero en mente, iba por buen camino.

Neji, sin embargo, parecía preocupado. Se preguntaba si sería el momento adecuado para revelarle a Naruto y los demás la existencia del pergamino o, si por el contrario, eso no haría más que complicar las cosas. Descartó a Naruto enseguida, en su estado no le haría ningún favor hablándole de su karma, eso si es que seguía sin recordar su vida pasada, algo de lo que Neji empezaba a tener sus dudas. Quizás si se lo decía a uno o dos de sus amigos, poco a poco, podría llegar a explicárselo a todo el grupo. ¿Por quién empezar? Lo más adecuado sería elegir a alguien cercano a Naruto, pero que tuviera algo más de sentido común que Lee. Sí, Sakura era la opción más acertada; racional pero abierta a nuevas ideas, posiblemente la persona que más quería a Naruto y que mejor le comprendía, sobre todo después de haber salido con Sasuke, por no mencionar su vida anterior como miembro del equipo 7.

-Advertiré a mi padre de la reunión de esta tarde, podría disgustarse si encuentra el dojo atestado de gente -.

-Tranquilo, ya verás como ayudamos a Naruto-kun y todo se soluciona – sonrió radiante Lee.

El joven Hyuuga informó a su progenitor, que dio su consentimiento mientras no armasen demasiado alboroto y no destrozasen nada en el proceso. Hinata se ofreció a preparar unos aperitivos, dado que algunos de sus amigos llegarían prácticamente para cenar.

-Neji-oniisan -. Hinata se asomó al salón donde se guardaba el pergamino, encontrando a su hermano contemplándolo con expresión ausente – Me dijiste que te avisase cuando llegase Sakura-chan -.

-Arigato, Hinata, dile que venga -.

-¿Vas a contarle todo? -.

-Necesitamos ayuda, que nuestros amigos que sepan a qué nos enfrentamos y entiendan hasta que punto los destinos de Naruto y Sasuke se entrelazan -.

-¿Qué ocurriría si no acabasen juntos? -.

Neji se giró para mirar a su hermana.

-Nada bueno. Dos almas gemelas que se torturen de semejante manera sufren indeciblemente, por no hablar que mi intuición me dice que es importante que Naruto cumpla con su tarea de salvar a Uchida -. Frunció el ceño – Es preocupante que todos los participes de la vida pasada de Uzumaki se hayan vuelto a reunir justo ahora -.

-Pero decías que se debía a que todo tiene que pasar como entonces -.

-Lo que quiero decir es que nuestro amigo no sólo tendrá que rescatar a Sasuke, sino también enfrentarse a sus propios demonios -.

-Chicos, ¿qué hacéis ahí? -. Sakura se acercó por el pasillo – Ya casi estamos todos, Shino y Kiba han llamado que llegarán en unos minutos -.

-Iré a sacar la cena –.

-¿Te ayudo, Hinata? -.

-No, gracias, se lo diré a Ino-chan – sonrió la Hyuuga, marchándose.

-Pero… -.

-Sakura, tengo que hablar contigo, deja que mi hermana se ocupe de los demás – intervino Neji.

-¿Acerca de qué? -.

Neji siguió el mismo proceso que con Hinata; le pidió a la pelirrosa que leyera el pergamino que adornaba la pared sin explicar nada más, permitiendo que ella sacase sus propias conclusiones. Sakura, igual que Hinata, fue abriendo los ojos y la boca en un gesto de absoluto estupor, más cuando recordó toda aquella historia sobre el karma que Naruto le había contado acerca de él y Sasuke y que ella no había terminado de creer.

-¿Es auténtico? – cuestionó tras terminar la lectura.

-El Testamento de Uzumaki ha pertenecido a mi familia durante generaciones, si no me crees puedes preguntarle a mi padre – replicó el chico – Conservamos otros objetos de la misma época, pero se guardan en la cámara acorazada -.

La pelirrosa calló unos minutos, releyendo algunos pasajes, adaptando su mente científica ante la prueba que constataba la existencia de la reencarnación. Sonrió un instante con ternura ante la descripción que Uzumaki hacía de Haruno, era evidente que la quería mucho.

-Ahora entiendo a qué te referías aquel día en la biblioteca de la facultad -. Sakura le miró furiosa, a punto de soltarle uno de sus legendarios puñetazos – ¡Lo has sabido todo este tiempo y no has dicho nada! -.

-No es fácil explicar algo así, a mí también me costó creerlo al principio, pero según se iba juntando el grupo de amigos empecé a aceptarlo y la aparición en escena de Naruto terminó por disipar mis dudas -. Neji resiguió la complicada escritura con la mirada – Debemos ayudarle, por quién era entonces y por quién es ahora -.

-Yo… -.

El móvil de Sakura empezó a sonar desde el bolsillo de su vaquero, hizo un gesto pidiendo perdón por la interrupción y descolgó.

-Moshi moshi, Sakura desu -.

-¿Haruyama Sakura? –. Era una agradable voz masculina.

-Hai, ¿quién es? -.

-Kishimoto John -.

Parpadeó sorprendida.

-¿No será…? -.

-Hai, soy el hermano mayor de Naruto -.

-Ah, vaya… encantada, ¿qué quería? -.

-Por favor, tutéame, tampoco soy tan mayor – rió aquella seductora voz.

-Claro, John, ¿qué querías? -.

-Verás, es muy sencillo, últimamente he notado a mi hermanito algo alicaído, por no decir completamente deprimido y al borde del suicidio y, como aniki suyo, me veo obligado a velar por su felicidad y asegurarme que esto sólo es una de las rachas tontas de Naruto y no algo que haya sido desencadenado por un factor externo, léase, una persona concreta que en un descuido se portase mal con él -.

-Ah, pues yo no sé… -. Sakura tragó saliva – Estoy muy ocupada, los exámenes finales están al caer…, además ya no somos pareja y no le veo tan a menudo, aunque le llamaré para quedar y ver qué le ocurre, si te parece bien, claro -.

-Eres muy amable Sakura, ya le dije a mi hermano que fue un tonto por dejar de salir contigo, gracias por preocuparte, y te agradecería que si averiguas algo me llamases a este mismo número -.

-Por supuesto, John -.

-Bye bye Sakura, y perdona las molestias -.

-Ah, nada, mata ne -.

La pelirrosa cerró el móvil y fue a guardarlo en su bolsillo, aunque el pobre aparato terminó en el suelo por el temblor de manos de su dueña.

-Sakura, ¿estás bien? ¿qué ha sido todo eso? -.

-Era el hermano de Naruto, John, él… creo que si se entera de lo que está pasando es capaz de cargarse a Sasuke-kun -.

-¿Cómo habrá conseguido tu número? – se preguntó Neji, de camino al dojo dónde esperaban los demás.

-No lo sé, quizás le cogió la agenda a Naruto -.

-Si te ha amenazado… -.

-No, en ningún momento ha sido ofensivo, era su tono de voz -. Sakura se estremeció – En persona debe ser apabullante, en cierta forma me recuerda a Itachi-san, el padre de… -.

La frase quedó suspendida en el aire, disolviéndose entre las palabras de un ceñudo Gaara hablando por el móvil. El resto del grupo escuchaba con cara de consternación, a excepción de un pálido Lee que apuraba una taza de té.

-Es el hermano de… - empezó a explicar Kiba en un susurro.

-Ya, sabemos que se trata de John, me ha llamado a mí también – dijo Sakura – Creo que nos llamará a todos, así que intentad disimular y no le digáis nada de Sasuke-kun, ni siquiera mentéis su nombre -.

-Una pena – gruñó Gaara tras colgar – Me cae bien y sería un placer darle la dirección de Uchida, después de contarle como ese cabrón se ha estado beneficiando a su hermanito para luego deshacerse de él como si fuera basura -.

-¡Gaara! – protestó Sakura – Ese tío es capaz de matarle -.

-No creo, pero le mandaría al hospital fijo – sonrió con auténtica perversidad el pelirrojo.

Temari echó una mirada reprobadora a su pequeño y sádico hermano. El móvil de Neji empezó a sonar.

-Suerte que estamos juntos – dijo Chouji.

-Yo no quiero hablar con él – musitó Hinata, asustada.

-Que lo haga Neji, puede decir que estás en el baño – echó una mano Shikamaru.

-Uno por uno, cada uno de los teléfonos fue sonando y John les fue sometiendo a interrogatorio sin éxito, ninguno delató a Sasuke ni dio indicios que condujeran hasta él.

-Volverá a intentarlo, no parece un tipo de los que se rinden – opinó Shino, colgando.

-Hay que animar a Naruto, o al menos eliminar ese aura de alma en pena que arrastra desde hace un par de semanas si no queremos al psicópata de su hermano acechándonos por los rincones – dijo Sakura – Bien, ¿alguna idea? -.

OooO

John colgó el teléfono y miró ceñudo la agenda abierta encima de la mesa. Ese día había dejado de lado todas sus obligaciones, regresando a casa después de asegurarse que su madre y hermano todavía no estaban rondando por allí después del trabajo y la universidad. Sin ningún tipo de remordimiento, entró en el cuarto de su hermano y registró los cajones hasta dar con aquello que buscaba, la agenda que Naruto guardaba por si se le estropeaba el móvil y fallaba la copia de seguridad que tenía en el ordenador. Allí, con aquella horrible caligrafía que caracterizaba a Naruto, encontró un listado completo de teléfonos y direcciones de todas las nuevas amistades hechas desde que llegó en Septiembre a Japón. Junto a los nombres aparecían datos como los cumpleaños, en qué estudiaban o trabajaban, dirección de mail y cosas por el estilo.

Había agotado los nombres que conocía por las anécdotas que contaba Naruto durante las cenas, otros eran su médico o profesores. Su expresión enojada se acentuó. Nadie parecía saber nada acerca de la repentina depresión del hiperactivo rubio y deberían, porque todo empezó al día siguiente de salir con su grupo de amigos para ir a comprar las entradas del concierto. Todos habían insistido que, o no fueron a la quedada, o que Naruto estaba perfectamente cuando les dejó de madrugada. Así que sólo quedaba una opción, la misteriosa novia de la que Naruto no guardaba dato alguno en la agenda.

Situaciones desesperadas requerían medidas desesperadas. Descolgó el teléfono y marcó un largo número lleno de prefijos. Esperó impaciente, hasta que escuchó el típico crujido al descolgar un teléfono fijo.

-¿Hum? ¿Quién es? – preguntó una voz masculina, muy adormilada.

-Kishimoto John -.

-¿John? Demonios… aquí son las tres de la mañana -.

-Lo siento, a veces se me olvida lo del horario -.

-Largo bostezo.

-¿Qué quieres? -.

-Mi hermano tiene problemas, creo que le vendría bien hablar con su mejor amigo, ¿qué tal anda nuestro excéntrico genio de tiempo? -.

-Bueno… volverá a L.A. después de su último trabajo para el MOTMA, un par de días a lo sumo -.

-Dile que llame a Naruto -.

-¿Tan mal está? ¿Ha pasado algo? -.

-Eso es lo que me gustaría a mí saber, pero él no suelta prenda y sus amigos de por aquí son como tumbas guardando secretos -.

-Mamá gallina ataca de nuevo -.

-¿Sabes? Un día de estos os diré por donde os podéis meter todos el dichoso apodo -.

-Tranquilo, solucionaremos el problema -.

-Gracias, y perdona por despertarte -.

-Nada, ya me vengaré, bye -.

-Bye -.

-John colgó el teléfono, justo cuando se escuchó el sonido de la puerta de la calle al abrirse. Un Naruto en pena cruzó por el pasillo sin siquiera saludar a su hermano.

-¡Se dice hola! – le chilló John.

-Y qué más te da, si llevas una semana siendo mi sombra -.

-No lo haría si me dijeras qué te pasa -.

-Y ya te he dicho que es mi problema, que no puedes protegerme a todas horas y, que si llego a necesitar ayuda, te la pediré sin falta -.

Dicho lo cual, Naruto se encerró en su cuarto. Las primeras notas del Nothing else matter de Metallica no tardaron en sonar a toda potencia.

OooO

Iruka terminó de redactar unos informes y se sirvió un café bien cargado. Últimamente dormía poco y no precisamente por insomnio, el departamento estaba saturado de trabajo hasta lo indecible, obligando al personal a echar unas cuantas horas extras para sacar adelante el papeleo atrasado. Además estaba ese horrible quebradero de cabeza que era el Hidden Village; cuando llamó el día anterior a Naruto, para ver si sabía algo nuevo, el pobre chico se le había prácticamente echado a llorar mientras le informaba que Sasuke sabía lo de sus contactos con la policía y le había dejado. Eso significaba que se encontraban en un punto muerto y habían destrozado las ilusiones del muchacho sin obtener nada a cambio. Su trabajo apestaba.

-Iruka-san, Iruka-san -.

-Kotetsu, ¿a qué tantas prisas? – inquirió él, molesto por la súbita intromisión en su despacho.

-Hemos recibido un chivatazo, algo se está moviendo en el puerto de Osaka que puede estar vinculado a la operación Videogame -.

-Trae -. Le arrebató la trascripción de la llamada telefónica – El anónimo dice que vio a un albino reunirse con Aizawa… Kimimaro… -.

-Exacto -.

-Sabía que metería la pata en algún momento, mandar a alguien tan inusual físicamente como Kimimaro es un absurdo -.

-¿Avisamos al jefe? -.

-Ya me encargo, mientras que tu grupo empiece a seguir esta pista, buscad cargamentos parecidos a éste que vayan a llegar a Japón en fechas próximas, da igual si por aire o mar -.

-Enseguida -.

-Iruka abandonó el despacho y corrió hacia el del coordinador general de la sección de investigaciones gubernamentales. No paró ni cuando la secretaria intentó detenerle, abrió la puerta de golpe.

-¡Sarutobi-san, le tenemos! -.

Un hombre ya muy entrado en años, pero con la presencia del más digno de los samuráis, alzó la mirada de la taza de té que disfrutaba en ese instante.

-Explícate Iruka, ¿y qué maneras son esas de irrumpir en mi despacho? -.

-Mis disculpas, Sarutobi-san, pero tenemos una pista que nos lleva a Orochimaru -.

El té fue dejado a un lado y Sarutobi se levantó para arrancarle el papel de las manos al joven policía. Una gran sonrisa quebró la seriedad de aquel rostro ante lo inscrito en ese documento.

-He ordenado que se investigue todo cargamento similar que llegue a Japón -.

-Buen trabajo, Iruka, esperemos que la suerte esté por una vez de nuestra parte y atrapemos a ese hombre por fin -.

-Sarutobi-san, sé que es una pregunta algo indiscreta, pero ¿por qué le persigue con tanta obsesión? -.

-Porque yo le adiestré -.

-¿Qué? -.

Sarutobi clavó su mirada en algún punto indefinido del vacío, rememorando.

-Trabajó para nuestro gobierno, en la sección de contraespionaje y también en algunas misiones de infiltración que requerían una buena dosis de sangre fría. Un día tuvo algunas desavenencias con los círculos de mando y decidió seguir sus propios objetivos, por eso nos es tan difícil detenerle, conoce todos nuestros métodos de trabajo y sabe como evadirlos -.

-Esa parte no aparece en el expediente – señaló Iruka.

-Es información clasificada, sólo se nos permite el acceso a su vida desde que entró a formar parte de una especie de organización secreta norteamericana metida en contrabando de armas, drogas y personas, también debió tener problemas allí y puso negocio por su cuenta. De cualquier manera, o le detenemos nosotros o acabará asesinado un día de estos -.

-Debe ser una vida muy estresante -.

El inspector jefe sonrió a caballo entre la amargura y la ironía.

-Si me disculpa, informaré al resto del equipo – dijo Iruka.

-Veré si con las pruebas que me has traído puedo conseguir una orden judicial para pinchar los teléfonos del Hidden Village -.

-Nos la deniegan siempre, ya sabe lo complicado que resulta ir contra un hombre que subvenciona alas de hospital, centros para niños desfavorecidos, y todo tipo de actividades culturales -.

-Volveré a intentarlo -.

Iruka realizó una pequeña reverencia y salió del despacho, aún más agotado de lo que estaba antes de entrar. ¿Por qué todo el mundo le contaba sus problemas con esa facilidad? Paró ante un espejo y se observó, ¿tanta cara de buena persona tenía? Quizá por eso le mandaban a todas las vigilancias de incógnito, porque tenía cara de todo menos de poli. Suspiró deprimido. No, si al final tendría que haber hecho caso a sus padres, cuando le recomendaron aceptar el puesto de instructor en la academia de policía.

OooO

Naruto se desplomó en su cama, cansado, últimamente siempre estaba cansado. Sus amigos habían estado persiguiéndole durante los últimos dos días, intentando sacarle de marcha, a practicar deporte, a dar un paseo, a comer, a cualquier cosa; agradecía que se preocupasen por él, pero no conseguía hacerles entender que lo único que le apetecía era esconderse en un rincón oscuro y llorar. Encima John se había puesto en modo merodeador, incluso le había pillado hablando con su tutor en la universidad; Naruto sabía lo cabezota que era su hermano, que nunca se detenía hasta cumplir sus objetivos, y si su meta era descubrir qué le pasaba a su hermanito del alma, lo conseguiría. Le daba igual. Todo le daba absolutamente igual. Se tumbó de lado, acurrucado cara a la pared, odiándose a sí mismo por comportarse como un nenaza, por desear que el móvil se iluminase con una llamada del mismo cabrón que estaba convirtiendo su vida en un infierno.

Se encogió en posición fetal, cerrando los ojos, para abrirlos en una alcantarilla de tenue luz amarillento verdosa. Caminó con el agua a las rodillas, hasta alcanzar la familiar sala presidida por la gigantesca reja y descubrir que la llameante presencia del otro lado le observaba con sorna.

-PATÉTICO -.

-… -. Naruto le miró de hito en hito, notando como se le cerraba la garganta y las lágrimas escapaban a su control.

-AH, NO, BERRINCHES NO, QUE YA BASTANTE AGUA HAY POR AQUÍ – gruñó el zorro - ¿POR QUÉ A MÍ? YO ERA UN DEMONIO RESPETABLE QUE SÓLO ARRASABA UNAS CUANTAS HECTAREAS DE VEZ EN CUANDO, LA ÚLTIMA VEZ INCLUSO FUE POR CULPA DE ESE MADARA, NI SIQUIERA MATÉ A DEMASIADA GENTE, SHUKAKU ERA MÁS INSOPORTABLE QUE YO, INCLUSO LA HISTÉRICA DE NEKOMATA… -.

Su rubio jinchuuriki le ignoró y se sentó en un rincón, pasando olímpicamente del monólogo y del agua que le llegaba a la cintura. Era un buen lugar para sumirse en una depresión. El líquido en torno a él empezó a burbujear, formando la imagen de un zorro del tamaño de un tigre que ahora le miraba mosqueado.

-SOPORTO TUS DESBARRES MENTALES A LO LARGO DEL DÍA, DEJA QUE ME RETUERZA UN RATO EN LA AUTOCOMPASIÓN YA QUE LOS DOS TENEMOS EL MISMO PROBLEMA -.

-Te equivocas, tú quieres ser libre del ciclo kármico y yo, aún sin la amenaza de acabar flotando en el limbo, lo único que quiero es estar con Sasuke -.

-AH, EL AMOR, ES ABSURDO Y UN ESTORBO -.

-Neh, maldito zorro, ¿en el vacío conservaré mis recuerdos? -.

-NO LO SÉ -.

-Me gustaría tanto olvidar, ¿tú podrías borrar mi memoria? -.

-CREO QUE ME CONFUNDES CON UN VIRUS Y A TI CON UN ORDENADOR -.

-Duele tanto… -.

-… -.

-No me regañas como antes, ya deberías estar burlándote de mí o soltando amenazas contra el estúpido y ñoño de tu contenedor -.

-OLVIDAS QUE ESTOY CONECTADO A TI, SÉ CÓMO TE SIENTES Y NO QUIERO AÑADIR MÁS PESO AL QUE YA CARGAS, SÓLO INTENTO PENSAR EN UNA IDEA PARA SOLUCIONAR EL PROBLEMA -.

-¿Paternalismo a estas alturas, viejo zorro? – sonrió Naruto.

-JE, SIGUE SIENDO INTERÉS PERSONAL, PERO SUPONGO QUE, EN CIERTA FORMA, NUESTRA LARGA CONVIVENCIA HA CONSEGUIDO QUE HAYA ALGO DE EMPATÍA -.

-Lo que tú digas, pero me tratas como si fuese tu nieto -.

-ANTES ADOPTARÍA AL INSUFRIBLE DE SHUKAKU QUE A UN MOCOSO ESCÁNDALOSO COMO TÚ -.

-Sí, ya, por eso la otra noche no parabas de gruñir que querías arrancarle la yugular a Sasuke -.

-¿¡ESTABAS DESPIERTO!? -.

-Duerme vela; pero no te preocupes, no se lo contare a nadie, tú dignidad está a salvo -.

-... -. Silencio ofendido.

Naruto estalló en carcajadas, aunque no sonaban ni la mitad de alegres de lo que deberían. A veces daba gracias por la existencia de Kyuubi, quizás no fuese muy recomendable portar un demonio en tu interior, pero así contaba con una especie de amigo-confidente que le acompañaba a todas partes, le aconsejaba desde una sabiduría milenaria y nunca le traicionaría, aunque sólo fuera porque compartían objetivos comunes. El pitido del telefonillo del portal interrumpió sus reflexiones.

Se arrastró fuera de la cama y fue a echar un ojo a la pantallita, resopló.

-Shikamaru, ¿qué quieres? -.

-Sé que los otros te han estado dando el coñazo, es realmente problemático, así que yo sólo quiero que me acompañes -.

-¿A dónde? -.

-Si te lo digo ya no sentirás curiosidad y no querrás venir, además prometo no irradiar felicidad exacerbada, intentar animarte desesperadamente, ni obligarte a hablar si tú no quieres -.

-¿Necesito hacer maleta? -.

-Una mochila con un par de mudas será suficiente, sólo estaremos fuera dos días, hay un lugar que quiero que conozcas, creo que te gustará y el aire fresco te vendrá bien, piensa en ello como un retiro místico a la soledad de la montaña o algo así -.

-Dame unos minutos y bajo -.

Naruto trotó hasta su habitación y empacó rápidamente. Confiaba en Shikamaru, era un tío maduro y que sabía lo que hacía, no le atosigaría como los demás. Llamó por teléfono a su madre antes de irse, para informarle que se marchaba unos días a despejarse y no se preocupara por él.

-Listo – dijo nada más salir del portal.

-Ok, vamos – sonrió Shikamaru.

-¿Dónde vamos? -.

-De momento a mi coche – señaló un todoterreno verde grisáceo.

-¡Qué pasada! No sabía que tenías un cacharro de estos -. Naruto se metió al asiento del copiloto y empezó a trastear por lo que parecía el cuadro de mandos de un avión – Apuesto a que este cacharro lleva misiles incorporados -.

-Aún me pregunto por qué todos hacéis el mismo comentario cuando os subís por primera vez -.

-Es que ni James Bond tiene un coche a medio camino de una lanzadera espacial – rió Naruto – Neh, ¿a dónde vamos? Venga, di, que no voy a salir corriendo a estas alturas -.

-El destino es Mitaka -.

-Pero si eso está aquí al lado, apenas nos alejamos unos kilómetros de Tokyo, además ¿qué hay en Mitaka que sea tan interesante? -.

-Ya lo verás, tú ponte cómodo y sintoniza lo que te apetezca en la radio -.

-Me parece estupendo, si me das el libro de instrucciones para saber en qué parte del cuadro de mandos de esta nave espacial se encuentra la radio -.

OooO

(Mantis de Skunk D.F.)

Sasuke terminaba de ponerse las muñequeras camino de la pista de baile, el tráfico era un verdadero asco ese sábado y tenía la sensación de llegar tarde a todos lados desde que se había levantado esa mañana. En realidad, hacía semanas que no conseguía sacarse de encima el mal humor, lo notaba rebullendo en su interior, en cada contestación desagradable y cada gesto para los que le rodeaban, y todo por culpa de unos malditos ojos azules que no conseguía sacar de su cabeza, del sabor amargo de los remordimientos, aunque no paraba de repetirse que lo mejor para Naruto y él era estar separados.

-Sasuke-kun -.

-¿Hm? – frenó en seco cuando notó la presencia de Hinata. La joven lucía especialmente bonita esa noche, entera de blanco, ataviada con faldita de muchos volantes y una camiseta ceñida llena de cuentas con gasas transparentes por los brazos.

-¿P-podría hablar un momento, contigo? -.

-Llego tarde – replicó Sasuke, intuyendo por dónde quería ir la Hyuuga, pero ella le retuvo agarrándole del brazo sin atreverse a mirarle.

-Naruto-kun está sufriendo… - musitó Hinata –, no sé lo que pasó ni quiero que me lo cuentes… pero no lo entiendo… él te quiere mucho y tú a él… -.

-Sólo era un juego más, Hinata, como los anteriores, ya me conoces -.

-¡No es verdad! – repuso ella, desesperada – A ti también te hace daño, por eso bebes tanto otra vez, para no… -.

-Hinata – cortó con brusquedad Sasuke – Suficiente. Tengo trabajo -.

-Tú me dijiste que dejara el Hi-Vi, que de nada servía el dinero si lo perdía todo, ¿¡por qué eso no es válido para ti!? – le gritó la Hyuuga, mientras le veía marcharse.

-Porque hace tiempo que ya lo perdí todo – le llegó amortiguada la respuesta del Uchida – No vuelvas a hablarme, Hinata -.

Sasuke se sumergió en la inmensa pista de baile y sustituyó a uno de los bailarines. Siguió la potente música con toda la violencia que podían desarrollar sus músculos, llevando su cuerpo hasta la extenuación durante las siguientes dos horas. Para no pensar. Para no sentir. Porque no hay nada ni nadie que importe… nadie que te necesite. Perdiste el control de tu vida hace tanto tiempo. No sirves para nada, sólo para subirte a una plataforma noche tras noche, esperando, conspirando, para ser el dueño de un pequeño reino de oscuridad. Una excusa… para olvidar y ser olvidado. Para no pensar. Para no sentir…

Alguien le agarró y casi obligó a que cediera su puesto en la plataforma. Tuvo que apoyarse contra una columna para evitar derrumbarse de cansancio.

-¿Te has vuelto majara? -.

-¿Suigetsu? -.

-Anda, bebe, que estás deshidratado, animal, ¿acaso quieres matarte? -.

-Aceptó el vaso, aunque agrió el rostro al probar el líquido.

-Sólo es limón – protestó.

-Da gracias que no te atice agua, es una bebida isotónica que impida que te dé un síncope - El peliplateado le llevó a un lateral, donde había relativamente más aire y espacio – De verdad que no te entiendo, tío. ¿Se puede saber qué demonios te pasa ahora? Nunca te había visto tan hecho polvo, ni siquiera con lo de aquella paliza que le diste al chavalín que parecía Bruce Lee -.

-No me pasa nada -.

-Deja que lo ponga en duda -.

-No te metas en lo que no te llaman -.

Suigetsu retrocedió un paso ante aquella mirada amenazante que tan bien conocía.

-Vale, vale, lo que tú digas, Sasuke -. Señaló hacia atrás – Yo me vuelvo a mi barra y tú deja de hacer el tonto, sea por lo que sea -.

El Uchida gruñó algo ininteligible. Suigetsu suspiró y le dejó solo, preguntándose por qué demonios aún quería considerarse su amigo.

Allí en medio no pintaba nada, así que, tras acabarse su bebida, Sasuke decidió dar una vuelta por su habitación a ducharse e intentar centrar un poco su cabeza. Eso de alejar a Naruto parecía demasiado fácil, no contaba con que le costara tanto olvidarse de esos malditos ojos azules, los mismos que habían revolucionado todo su mundo.

-…tiene que ser Hinata-hime -.

Paró en seco y aguzó el oído para captar la conversación que escapaba de la puerta entreabierta de aquel privado. Era demasiado temprano para que hubiera gente ya por esos lares.

-Entendemos su postura, Aizawa-san – decía la calmada voz de Kimimaro – Pero esa muchacha es demasiado valiosa para el Hidden Village -.

-Yo también soy valioso, sin mi ayuda no podrán pasar semejante cargamento por la aduana sin que la división antidroga se les eche encima -.

-¿No le interesaría otra de las chicas? -.

-No, quiero a Hinata-hime, es más, estoy dispuesto a pagar por ella -.

-El dinero no es… -.

-Tres millones de dólares -.

Hubo unos instantes de sorprendido silencio.

-Hable con su jefe y transmítale mi oferta, quiero una respuesta lo antes posible -.

Sasuke no esperó más, echó a correr por el pasillo en busca de Hinata para sacarla del Hidden Village antes que fuera demasiado tarde.

OooO