BAD MEDICINE
ENLACE AL FIC ORIGINAL: www "punto" fanfiction "punto" net/s/3430175/1/Bad-Medicin
AUTOR: Cheryl Dyson.
TRADUCCIÓN: Meliza Malfoy
BETA: Bellatrix_2009
DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Draco Malfoy, dechado de maldad, sigue a Hermione Granger un día a una sección no utilizada de Hogwarts y descubre su secreto indecible... Oh sí, y la escena del cementerio general no fue así. Cedric Diggory está vivo. Porque yo lo digo.
CAPITULO 10
Contra su voluntad, Draco se encontró a sí mismo reflexionando sobre las palabras de Hermione. No se sorprendía al saber que ella estaba dispuesta a morir por Harry Potter, algo que él sabía era una característica típica de los Gryffindor. Parecían pensar que no había nada más noble que dar sus vidas por la del otro. Si un Gryffindor saltaba desde el muro del castillo, probablemente el resto también se tiraría. Como lemmings.1
Lo que más le molestaba, era su lista de cualidades del oh-tan adorable de Harry. Bueno, amable y dulce. Draco podía ser bueno, amable y dulce. Bien, tal vez no bueno, pero él podría pretender serlo, lo cual era suficiente para de hecho ser bueno y pasar la mayoría de las situaciones. Ciertamente podría ser amable y dulce, cuando quería. Lo que no era frecuente. Con lo que Draco tenía problemas, era con todo el asunto de ser considerado, honesto y leal. Él sabía que ella no se refería a considerado en el sentido de sentarse a pensar, porque de ninguna maldita manera, Potter poseería esa cualidad. Ella tuvo que referirse a considerado, en el sentido de pensar en alguien más antes que en ellos. Draco estaba bloqueado. No podía recordar haber sido considerado alguna vez. Si acaso alguna vez.
La inclusión de la palabra Honesto no le molestaba demasiado. Los Gryffindor ponían demasiado alto la honestidad. La verdad es un arma y los Slytherin no dan voluntariamente sus armas. Si la verdad puede ser usada en tu contra, entonces es mejor estar enterrado en una pila de mentiras, que ser cortado por la verdad. Si puede ser usada a tu favor, entonces debe ser ejercida sin piedad.
Y la Lealtad. Un Malfoy solo le era leal a un Malfoy. Draco aprendió de su padre, que la lealtad es una máscara que se usa para asegurar tu sobrevivencia. Lucius pretendió lealtad al Señor Oscuro cuando estaba en el poder, y cuando ese poder decayó; la lealtad fue transferida al Ministerio de Magia. Si un nuevo poder se alza, no hay duda que Lucius sería el más fervoroso sirviente del nuevo régimen. También, le lealtad de Draco era para Draco. La sola idea de permanecer leal hasta la muerte por una persona o ideal era absurda. Las cosas cambian frecuentemente como para permanecer arraigado. Algunas veces intercambiar lados, era la única alternativa razonable para evitar hundirse con un barco. Si, la lealtad estaba sobreestimada.
Pero los otros... Amabilidad, dulzura y consideración. Draco podría hacerlo.
Por amor a Harry Potter.
Draco podía ver eso.
Hermione estaba resfriada. Había tomado la poción pimentónica, cura del resfriado común, pero aparentemente, había contraído uno no-común, pues la poción había hecho muy poco para combatir el virus malicioso.
Se arrastró a sus clases entre la niebla y estornudos durante Cuidado de Criaturas Mágicas, mientras Hagrid felizmente les enseñaba como cuidar los Streelers2. Hermione se preguntaba cómo sobrevivían en la nieve los caracoles gigantes, ya que eran originalmente africanos. Conociendo a Hagrid, probablemente mantenía a las criaturas venenosas en su cabaña, en una cálida y confortable cama al lado de la suya. El pensamiento de una cálida y confortable cama la hizo temblar miserablemente. De repente, se encontró envuelta en calor, como si una cálida manta hubiese sido puesta a su alrededor.
Suspiró aliviada y observó por el rabillo del ojo hacia Draco, la única persona que sabía, podía conocer semejante hechizo y tener la habilidad de lanzarlo en silencio. Sus cejas se arquearon en perplejidad. Él nunca había hecho algo remotamente amable antes. Posiblemente en toda su vida. Sus ojos chispearon hacia ella, y ella sonrió agradecida por lo anterior. Se encontró derrotada por un torrente de emoción que la sorprendió. Hace un mes, ella se hubiera reído histéricamente ante la idea que Draco Malfoy aliviaría su incomodidad en vez de causarla. Era confuso, pero muy agradable.
Después de clases, solo quería escurrirse hacia la torre de Gryffindor y dormir, pero al pasar por la estatua de Artemisia Lufkin, notó que la bata de piedra de Lufkin, tenía un broche diferente al usual, la señal de que Draco quería encontrarse con ella. Suspiró y debatió en no ir. En su estado de debilidad, no estaba segura si podría lidiar con él. Había sido tan malditamente bueno recientemente, que las paredes protectoras que había construido para mantenerlo lejos, caían como migas de pan viejo.
Sería educado verlo, y agradecerle por su hechizo calentador. Se quedó atrás cuando los otros Gryffindor fueron a cenar, quejándose por dolor de cabeza, lo cual no era del todo falso. Después que todos se fueron, ella tomó su camino por las escaleras.
— Te ves perfectamente espantosa — fue el saludo de Draco.
— Gracias. Me siento perfectamente espantosa.
— Bien, quítate la túnica. Ven aquí y acuéstate, te daré el viejo remedio de la familia Malfoy.
Ella lo miró suspicaz.
— ¿Involucra esto aplasta pulgares y anguilas?
— No, esa es la cura del acné severo.
Notó por primera vez el sofá. Estaba contra la pared, cerca de la silla original de Draco.
— ¿De dónde sacas tantos muebles?
En el mes, había conseguido una pequeña mesa y tres sillas de conjunto, una larga alfombra que se desenrollaba en una esquina, un pequeño escritorio, y un perchero de hierro forjado.
— De aquí y de allí. El sofá estaba polvoriento y con una horrible mancha cuando lo encontré.
— ¿Entonces lo volviste verde Slytherin?
— Era eso o negro.
El chico se sentó e hizo un gesto ante su arrogancia. La castaña tiró su capa a un lado y se sentó tentativamente junto a él. El Slytherin maniobró alrededor hasta que ambos estuviesen recostados confortablemente. La espalda de Draco estaba apoyada en la esquina del sofá, y Hermione se inclinó contra él, posando la cabeza en el pecho del chico. Quien conjuró una manta sobre ambos.
— Estoy encontrando tu remedio un poco sospechoso.
Él la calló mientras masajeaba la sien de la chica con sus largos dedos. Hermione suspiró aliviada, al ver que su dolor de cabeza disminuía gradualmente, y un delicioso calor se expandía por todo su cuerpo. Dejó de preocuparse por los motivos ocultos de Draco, y cedió a su terapia. Sintió que podía permanecer donde estaba para siempre.
— Me retracto de mi comentario anterior. Es un excelente remedio.
— Funciona para muchas enfermedades.
— Apuesto a que sí.
No estuvo segura cuando la deliciosa caricia la arrulló hasta dormir, pero despertó consciente que todavía se encontraba con Draco. Su cabeza recostada en su pecho, pero se había volteado rodeando sus brazos en la cintura del chico. Una de sus piernas, entre las de él. Lo escuchó respirar sintiendo la continua subida y bajada de su pecho. Sonrió asombrada ante la idea de Draco Malfoy permitiendo que una sangre sucia se quedase dormida a su lado. Había cambiado mucho desde la tregua. La parte desconfiada de la chica quería saber por qué. La parte confiada la urgía solo a aceptarlo. O tal vez la parte estúpida.
Debería levantarse, pero odiaría despertarlo. Y no solo por la increíble satisfacción que sintió acostada sobre él de ese modo. De hecho, si ella pudiera forzar su sinapsis para pensar adecuadamente, se hubiese puesto sobre sus pies y empezado a correr como el viento. Jugaba con fuego.
— ¿Despierta, Granger? — Murmuró Draco.
Dejó escapar un suspiro.
— Desafortunadamente. — En vez de levantarse, pasó su pulgar sobre la caja torácica del muchacho, empezó a reír entre dientes.
— En serio, ¿qué dirían los otros Gryffindor si les digo que dormí con Draco Malfoy?
— Ellos dirían "perra suertuda" por supuesto.
La castaña rió.
— ¿Incluso los chicos?
— Por supuesto. Especialmente Potter. Pretende odiarme para esconder su abrumadora atracción sexual por mí.
Hermione se quedó atónita ante el absurdo pensamiento.
— Ewww.
Se sentó de improviso con un jadeo.
— ¿Qué hora es?
Draco le sonrió lánguidamente y cruzó los brazos detrás de la cabeza.
— Eres la única con un reloj muggle, ¿recuerdas?
La ojimiel observó el reloj de La Bella y la Bestia que había adquirido en el Disneyland de París el verano anterior. Era un extraño reloj que funcionaba bien en Hogwarts.
— ¡Oh Dios! ¡Las once y cuarenta y cinco! ¿Cómo nos escurriremos de vuelta a nuestras salas comunes?
— Los Malfoy no nos escurrimos. Planeo regresar con calma. En serio, actúas como si nunca antes hubieses estado fuera por la noche. ¿Cómo lo hacían tú y los otros lémures cuando vagaban por ahí visitando locos guardabosques y buscando cámaras secretas?
Hermione no iba a divulgar sobre la existencia de la capa de invisibilidad de Harry, No importa lo peligrosamente sexy que era Malfoy hasta el momento. Se puso de pie.
— Puedes quedarte aquí conmigo. — Ofreció el rubio.
— No es la idea más brillante que he escuchado.
Él sonrió.
— ¿Quieres que te escolte de vuelta?
La chica lo observó boquiabierta desconcertada.
— ¿Quién eres y qué hiciste con Draco Malfoy?
Él ignoró eso y dejó el sofá. Recogió las túnicas y rápidamente colocó la de la chica sobre su cuello y cubrió sus hombros. Se puso la suya y abrió la puerta sosteniéndola esperando que ella saliera para partir.
Sorprendentemente fue una caminata tranquila hacia la sala común de Gryffindor. Debe ser la suerte del demonio, decidió Hermione. Estando fuera del hueco del Retrato de la Dama Gorda, Draco se despidió inteligentemente y se fue hacia las mazmorras. Sonrió anonadada y lo observó hasta que desapareciera de su vista.
— ¿Encontrándote con tu amor secreto?— Preguntó murmurando La Dama Gorda.
— Sí — Respondió la chica, Aunque no dejó que la pregunta calara, dando la contraseña y dirigiéndose a su cama.
Draco tarareaba quedamente mientras paseaba por los oscuros pasillos y varios tramos de escaleras tras dejar a Hermione. Su plan funcionaba admirablemente. Este asunto de ser "Amable, dulce y considerado"no era tan complicado como pensó que sería, y la recompensa era enorme.
Sintió una inesperada calidez al recordar a Hermione durmiendo contra él. Más bien le sorprendió que ella confiara en él lo suficiente como para que de hecho, se durmiera en sus brazos. Hace un mes, ella ni se hubiera sentado en el mismo sillón con él. Tal vez haya sido su enfermedad la que hiciese que se comportase extrañamente. Probablemente pronto volvería a ser la misma espinosa y asustadiza de siempre.
Frunció el ceño ante la comprensión de que no quería que ella le tuviera miedo. La quería de la forma en que se comportó esa tarde: Agradable, relajada e ingenua. Detuvo parcialmente sus pasos a la mazmorra, algo alarmado ante el pensamiento.
Sus motivos eran meramente egoístas, ¿verdad? Quería que confiara en él solo para luego aplastarla a su antojo. Calmarla era parte del plan maestro para crear una falsa sensación de seguridad, ¿cierto?
Absolutamente, se dijo. Pronto él se aburriría de jugar con ella, y haría algo inexplicablemente horroroso, y ella volvería a odiarlo con toda esa pasión rabiosa que poseía.
Pasión rabiosa. Reflexionó la frase por un momento, aplicándolo a Hermione en un contexto diferente. La había visto, en una ocasión, mirándolo a través de esos ojos que eran piscinas de chocolate líquido, con los labios ligeramente separados. Si, había reservas de pasión escondida sin explotar tras esa fachada de bibliotecaria... Potter era un completo idiota por no haber notado ese premio sentado justo frente a su nariz. Si el imbécil pusiese un poco de esfuerzo, ella habría sido de Harry, en cuerpo y alma.
Draco sonrió. La pérdida de Potter era su ganancia, y el tomaría ventaja de eso.
Asegurando que sus motivos eran completamente malvados, regresó a la mazmorra de Slytherin.
1) Es un pequeño roedor que generalmente se encuentra cerca del Ártico, concretamente en la tundra biomas. Existe el mito de que los lemmings se suicidan en masa como parte de un mecanismo de autorregulación de la naturaleza.
2) Un Streeler es un caracol gigante que cambia de color cada hora y su rastro es tan venenoso que quema toda la vegetación por donde pasa.
