"Eres más listo de lo que siempre había pensado, Dean." Dijo Michael, cambiando radicalmente su forma de hablar, sus movimientos, incluso su pose. Adam desapareció por completo.

"Gracias, supongo." Dean seguía arrodillado junto a su hermano, con una mano sobre la espalda de su hermano frotándola sin dejar de mirar a Michael. "¿Qué coño haces aquí? ¿Por qué sacaste a mi hermano?"

"Ya te he dicho que no es tan fácil." Michael avanzó dos pasos hacia Sam, pero se interpuso antes. "Tranquilo Dean, que no voy a tocar a tu hermano, ya me he divertido bastante durante todo este tiempo." Dean se puso tenso, lo había sentido durante unos pequeños momentos.

La sola idea de imaginar a su hermano viviendo una pesadilla semejante durante años, estaba a punto de sacarle de sus casillas. Se preguntó si Michael todavía mantenía sus poderes o ahora era un ser humano normal y corriente. Si tuviera la certeza de que era una persona, se lanzaría a por él y descargaría toda la rabia contenida durante meses.

"Entonces explícamelo, porque no se porque te llevó tanto tiempo sacar a mi hermano de allí abajo. ¿Querías vengarte por todo lo que te hemos hecho? Y yo que pensaba que los ángeles erais los tipos buenos."

Michael sonrió y miró Sam. El muchacho se estremeció; todavía seguía sentado en el suelo. Dean observó la escena, desde luego había algo entre los dos que Dean desconocía, algo que aterraba a Sam y que hacía que Michael se creciera mucho más.

"En algo tienes razón, Dean. pasé muy buenos ratos torturando a tu hermano, porque Sam no es de lo que se deje romper fácilmente, creía que no aguantaría tanto como tu, pero mira por donde terminó por ceder y una vez que…"

"¡Cállate! No es eso lo que te he preguntado."

"Creía que querías saber lo que le había ocurrido a Sam allí abajo. ¿Lo recuerdas Sam? ¿Recuerdas lo mucho que nos divertimos?"

Contra más lo escuchaba, menos diferencia veía Dean entre Lucifer y Michael, realmente eran hermanos, porque eran exactamente igual de maníacos los dos. Por eso, no se podía hacer una idea de todo por lo que había sufrido Sam en el infierno.

"¿Qué coño estás haciendo aquí Michael? Que sepas que he aprendido un par de trucos que podrían hacerte mucho daño. Por cierto ¿qué hay de tus poderes? ¿Todavía los tienes o te han cortado las alas?"

Michael fulminó con la mirada. Había dado en el clavo, Dean había acertado. Sonrió aliviado, no se trataba del peor enemigo al que podría enfrentarse.

"Es humano." Confirmó Castiel, que había estado investigándole, aunque todavía tenía algo, pues había conseguido ocultarle al ángel que había perdido su condición angelical. "Pero conserva los conocimientos. Vamos Michael, nos conocemos hace mucho tiempo, ¿qué es lo que quieres?" Castiel se movió alrededor de su hermano mayor, como si así pudiera encontrar algo que todavía no había visto, las respuestas a todas las dudas que les planteaba la presencia de Michael allí.

"Está asustado." Todos se volvieron hacia Sam, que poco a poco se estaba poniendo en pie. "Le ha costado mucho salir del infierno, ha gastado más energía de la que creía para hacerlo. sigue siendo un ángel…"

"¿Se te han gastado las pilas?" Se burló Dean. "Pues lo siento pero no tenemos recambios, será mejor que te vayas a otro lado a comprar."

"Dean." Le recriminó Castiel, que todavía no tenía todas consigo de que Michael no tuviera ningún as bajo la manga. Le conocía demasiado bien y sabía que nunca se lanzaba a una batalla que no estuviera seguro que pudiera ganar y sobretodo, jamás le pediría ayuda a ningún humano por muy mal que estuvieran las cosas. "Se sincero por una vez Michael."

"Muy bien, lo seré."

Todavía le costaba a Dean ver el cuerpo de Adam y saber que no se trataba de su hermano. La última vez que se habían visto, ya se había tenido que adaptar a saber que no era Adam, que se trataba del maldito ángel que lo había poseído. Pero cuando había vuelto con Sam, por mucho que algo en su interior le decía que no era su hermano menor, que algo iba mal. Sin embargo, al mismo tiempo, la idea de recuperar a su familia era mucho más fuerte que él.

De nuevo, un ángel le había roto el corazón, la ilusión de que las cosas podían terminar por arreglarse. Ángeles y demonios, siempre eran los mismos los que le hacían sentirse como una auténtica mierda.

"Quiero volver al cielo."

Dean guardó silencio, casi no le había prestado siquiera atención. A su espalda Sam protestó y apunto estuvo de perder el poco equilibrio con el que contaba, su hermano lo sostuvo y se colocó detrás de él para que Sam pudiera apoyarse sobre su pecho.

"¿Por qué no te acuestas un rato?" Le dijo a Sam al oído, al mismo tiempo que ponía la mano sobre su frente con el temor de que le hubiera subido la fiebre. Pero no, al menos eso estaba bien.

"Me necesitas aquí, si tienes que enfrentarte a Michael." Dean se echó a reír. "¿Qué pasa?"

"¿De verdad crees que en tu estado vas a ayudarme a enfrentarme a Michael? Por mucho que el tío no tenga poderes, no quiero que te metas en medio, ahora no. Lo que necesito es que estés bien, ahora que te he recuperado, no voy a arriesgar tu seguridad porque quieras hacerte el gallito."

"No se trata de eso."

"Lo se, pero sigo siendo tu hermano mayor y como tal tengo la razón." Sam quiso protestar, pero a Dean le daba igual lo que dijera.

No le había dicho a Sam lo terriblemente mal que lo había pasado durante ese año; precisamente por eso no estaba dispuesto a volver a arriesgar la vida de Sam. Nunca había olvidado lo que le había prometido a aquel bebé al que sacó de la casa en llamas de Lawrence. Protegerle era su prioridad, lo único realmente importante en su vida, lo demás, incluso Liza y Ben, habían llegado mucho más tarde.

Entonces escuchó decir eso de que Michael quería regresar al cielo. Levantó la mirada mientras Sam intentaba protestar y observó la expresión de Castiel, sin duda, aquello le había cogido por sorpresa, no se lo esperaba y Michael aprovechó el momento para ganar terreno y como si de un Winchester se tratara, usó la baza del hermano para desarmar a Catiel.

"Necesito tu ayuda, eres el único hermano en el que puedo confiar. Se que solo quieres lo mejor para todo el mundo y puedo ayudarte a conseguirlo, pero para eso tengo que llegar al cielo de nuevo y recuperar mis poderes."

Dean ayudó a su hermano a ponerse en pie; como Sam era bastante más grande que él y ya que apenas podía mantenerse derecho, apunto estuvo de hacer que Dean también perdiera el equilibrio. Pero el mayor consiguió sostenerlos a los dos. Como siempre había hecho.

"Cass, voy a llevar a Sam al dormitorio, ¿puedes ocuparte?"

"Dean estoy bien, lo digo en serio." Intentó protestar una vez más Sam, pero no consiguió hacer entrar a Dean en una discusión estúpida por hacer creer que estaba bien.

"Si, vete tranquilo."

Dean llevó con pequeños empujones a Sam hasta el dormitorio y cerró la puerta tras él, no quería escuchar nada de lo que Castiel y Michael pudieran hablar, sobretodo porque estaba seguro que tendría que ver de alguna forma con su hermano. Lo sentía, no quería, pero lo sentía, Michael quería algo de Sam, si no lo habría sacado del infierno y aunque en cierta forma podría estar agradecido, sabía que no sería fácil quitarse del medio al ángel.

"¿Dean va todo bien?"

Sam ya se había acostado en la cama. Realmente le hacía falta, recordar, aunque no fuera más un segundo, de lo que había ocurrido allí abajo, apenas le dejaba fuerzas para hacer nada más. Se le estaban cerrando los ojos y no podía hacer nada para evitarlo.

"¿Deeeaaaan?" Dijo alargando las letras más de lo que le hubiera gustado, pues se sentía como si estuviera más borracho que otra cosa.

"Si tranquilo, es que no me siento cómodo con Michael rondando por aquí." Le arropó con cuidado, como si volviera a ser otra vez su hermanito, ese niño que no sabía nada de la maldad que había por el mundo.

Se sentó a su lado en la cama y sonrió, estuvo tentado de besarle en la frente, siempre lo hacía cuando eran niños. Entonces era la forma de hacerle sentir bien, de que no se acordara tantas noches de que su padre no estaba en casa y mucho menos que pensara en los monstruos que cazaba continuamente. Pero no lo hizo, no quería torturar de esa manera a su hermano.

"¿Crees que Michael quiere algo de mi?" Dean guardó silencio, intentando buscar la repuesta más adecuada y sobretodo menos atemorizante para su hermano.

Lo malo era que Sam quería la verdad, era lo que siempre esperaba de Dean y desgraciadamente para el mayor de los hermanos, Sam era la única persona que sabía en todo momento cuando le mentía o le estaba diciendo la verdad.

"Sinceramente, Sammy, no lo se. Desearía que no, que tan sólo te ha dejado aquí para atraer a Castiel. Si tu estabas de vuelta, yo iría en tu busca y Cass querría ayudarme. De verdad que lo deseo Sammy, pero mi sentido arácnido me dice todo lo contrario, que no debes estar cerca de Michael, que quiere algo de ti. Así que por favor, quédate aquí, si hace falta podré un jodido perro del infierno en la puerta para que Michael no consiga entrar, pero hazme caso por una vez en tu vida y no salgas de aquí."

Sam le miró, por mucho tiempo que hubiera pasado, por muchas cosas horribles que hubieran vivido; Dean seguía siendo su hermano mayor; el que se preocupaba por él, el que le protegía y el que seguía estando dispuesto a dar su vida por él. Su mirada jamás había sido tan sincera y aterrada al mismo tiempo, pero para Sam era normal, le había perdido y durante un año entero, se había hecho a la idea de que así sería siempre; que estaba solo, el último de los Winchester. La caza se había terminado para él, la vida que hasta ese momento había conocido había llegado as u fin.

Y de repente, allí estaba Sam, como si nada hubiera pasado, sin memoria, pero estaba bien. Pensar que podía perderlo una vez más a manos de Michael estaría acabando con él por dentro, aunque no dijera nada.

"Vale, pero…"

"¿Si?" Dijo Dean ligeramente alterado, poruqe le ocurriera algo a Sam.

"Quédate conmigo, se que dirás que soy una nenaza, pero…"

Se puso todo colorado, ya se imaginaba la risa de su hermano y los comentarios que iba a soltar, pero para su sorpresa Dean no lo hizo y como toda respuesta, recibió un cálido, "Claro que si hermanito."