Las enfermeras le habían prohibido tener el teléfono móvil encendido, pero la chica no sabía vivir ya sin el pequeño objeto. Sin embargo, cuando aquella mañana recibió la llamada y escuchó la voz al otro lado del aparato, el vello se le erizó y deseó no haber tenido el teléfono con ella.

"Evelyn soy Dean, no me cuelgues por favor." La chica deseaba hacerlo, olvidar para siempre al hombre que, consciente o inconscientemente, había estado a punto de matarla. "Hazlo por Sam." Quería demasiado al menor de los hermanos, como para colgar el teléfono sin más.

"¿Qué quieres? Creo que ya le dije a Sam que me dejarais los dos en paz." Evelyn estaba segura que no estaba sonando todo lo convincente que le hubiera gustado, pero tenía que intentarlo.

"Tengo que hablar contigo. Se que me vas a decir que no, escuché la última conversación que tuviste con mi hermano, pero también se que lo está pasando muy mal desde que te perdió y eso si que no me lo puedo perdonar."

"Mira Dean, siento mucho lo que te paso, supongo que no es fácil lidiar con un demonio por el control de tu cuerpo, pero no puedo olvidar que era tu cara la que veía cuando pensaba que iba a morir y cuando pienso en Sam, se que estás cerca y tal vez…"

"No Evelyn, el demonio no está, puedo sentirlo, estoy limpio pero ahora es mi hermano el que está hecho una mierda. No es el mismo desde que le dejaste, apenas come, no habla conmigo y duerme fatal.

"Soy su hermano mayor, tengo que cuidar de él como lo hacía cuando éramos pequeños y ver lo mal que lo esta pasando me rompe el alma." Dean se detuvo un momento, esperando si la chica decía algo, pero estaba se mantuvo callada.

"Habla con él, creo que con escuche tu voz, será suficiente para él, al menos eso le hará sentir mejor. Si quiere le digo que vaya a verte al hospital."

"No hace falta, mañana por la mañana me dan el alta." Evelyn suspiró.

Si, estaba enamorada de aquel chico perdido y solitario que había sufrido la muerte de su hermano; de ese cazador que intentaba rehacer su vida sin saber donde iba a acabar el día; de ese muchacho que necesitaba el cariño de su hermano o de alguien como Evelyn, para sentirse bien consigo mismo y eso no lo podía remediar por mucho terreno que pusiera por medio.

"Dile que nos podemos en el bar que hay en la otra acera del hospital a las doce y media del mediodía, pero que no llegue tarde, sabe muy bien que no me gusta esperar." Antes de que Dean pudiera decir nada, Evelyn ya había colgado el teléfono, no quería tener una oportunidad para preguntar por Sam, para interesarse por su estado, siendo que su hermano lo planteaba de una forma tan lamentable.

Simplemente quería verle por si misma, hablar con él y tal vez, incluso podía recuperar parte de lo que sentían el uno por el otro, lo que ella, al fin y al cabo no había perdido en ningún momento hasta entonces.

Dean miró al teléfono y sonrió con maldad. Seguía siendo bueno, los siglos atrapado en el infierno no le habían arrebatado facultades. Además estando en el aquel joven cazador, podía conseguir lo que fuera de cualquier persona y sobretodo de una mujer si se lo proponía.

El chico luchaba en su interior, lo sentía, era fuerte y cada vez peleaba con mayor intensidad, con el tiempo y no tardando mucho, ganaría la batalla, siempre y cuando el demonio no consiguiera su propósito antes.

Ya había matado a cinco cazadores desde que estaba en cuerpo del mayor de los hermanos Winchester, tenía que llevarse al infierno otros dos más y su maldición se rompería, así lo decían los viejos tratados que había en el inframundo, así se lo habían contado por las antiguas leyendas.

Como todo demonio que quería dominar la tierra, creía en esas historias ciegamente y estaba dispuesto a cualquier cosa por conseguirlo. Lo había leído tantas veces que se lo había aprendido de memoria.

Si un demonio en posesión de un cuerpo, conseguía matar a siete cazadores antes de que el anfitrión recuperara todo el poder, el dominio del cuerpo sería total y absolutamente suyo.

Llevaba muy bien la cuenta, tan sólo le quedaban dos y esas dos víctimas ya tenían un nombre asignado desde hacía días, una de ellas se le había escapado por poco, si el cazador que habitaba el cuerpo no le hubiera detenido, la chica estaría ya muerta, Evelyn sería historia.

Pero iba a terminar el trabajo, el día siguiente su sexta víctima formaría parte de su lista de casos resueltos, en lugar de temas pendientes. Sabía que los humanos eran tontos, demasiado sentimentales y por lo que había podido ver en esa joven mujer, estaba locamente enamorada de Sam y con tal sólo escuchar su nombre acudiría a la cita.

Él también lo haría y allí acabaría con ella, sin que Dean Winchester se pusiera en medio, si no que se convirtiera en testigo de excepción, por mucho que le pesara lo que estaba viendo.

Por último estaba su séptima víctima. Por un motivo que todavía no conseguía explicarse, había tenido muchos buenos momentos para acabar con él, pero Dean no hacía más que protegerle.

El demonio, nunca había tenido hermanos, en el inframundo; todos eran rivales o seguidores de un mismo líder, no había familias como en el sentido humano y por eso el demonio no conseguía entender el amor incondicional que sentía por su hermano, ese que le había llevado a la muerte por salvarle la vida, ese que le mantenía luchando por su cuerpo para ayudarle, ese que le gritaba y le juraba que acabaría con él si hacía daño a su hermano. Los humanos simplemente, le resultaban demasiado raros.

- o -

"Voy a comprar algo de comer ¿quieres que te traiga algo?" Fue todo lo que le dijo Dean a su hermano a la mañana siguiente cuando salió de la habitación para acudir a su encuentro con Evelyn en lugar de Sam.

Aparcó en un lugar algo apartado del hospital, pero en un lugar estupendo para ver la cafetería. Tenía todo el plan perfectamente pensado, Evelyn ya estaba allí, esperando a Sam, que nunca llegaría, se estaba cansando de no verle aparecer y en veinte minutos se levantó y salió del local.

No tenía coche, cuando la policía la había encontrado la llevaron sin más al hospital. La vio caminar hacia él y se ocultó en el coche. Afortunadamente para él, la chica no tenía mucho conocimiento de coches, de lo contrario, nada más ver el Impala, se hubiera acercado, esperando encontrarse allí con Sam.

El hospital no estaba en una zona muy transitada de la ciudad y Evelyn tan sólo quería andar, tener un tiempo para pensar en porque Sam le había dado plantón, en porque después de lo que le había dicho su hermano, no había ido cuando ella tenía tantas ganas de verle y darle una segunda oportunidad a algo que en realidad, no deseaba perder por nada del mundo.

Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se percató del coche que la seguía de cerca. Se detuvo frente a una tienda, se trataba de una librería esotérica y Evelyn sonrió, pensando en lo mucho que le gustarían la mayoría de esos libros a Sam.

"Menos mal que te pillo." La chica se sobresaltó al escuchar la voz tan próxima a ella y sobretodo tan alterada, como si hubiera estado corriendo. "No pensaba que te fueras a marchar tan pronto del bar."

"¿Pronto? Ha pasado media hora, pensaba que tu hermano tendría más ganas de verme, aunque ya veo que me equivoqué."

"No es lo que piensas, Sam está deseando verte, lo que pasa es que desde anoche estamos con una cacería y Sam está terminando de deshacerse del espíritu."

"¿Has dejado a tu hermano sólo con un espíritu? ¿Y tu eres el cazador experimentado? Un espíritu enfurecido puede volverse contra el humano desprevenido en cualquier momento. Tenemos que ayudarle, llévame hasta él."

"Yo pensaba que no querías saber nada de él después de lo del hospital." La tenía donde quería, Sam era la excusa perfecta para llevarla a un sitio donde nadie pudiera ver lo que quería hacer con ella.

"Dejemos las discusiones para luego, pero lo que no quiero es pensar que Sam pueda estar a punto de morir por mi culpa."

"¿Igual que pensó él contigo cuando te ataqué?"

"¡Dean!"

"Muy bien, sígueme no estamos lejos." En silencio, Dean se internó entre calles, cada vez menos transitadas, cada vez más oscuras a pesar de ser medio día, pero al mirar hacía la parte alta de los edificios, estos parecían estar a punto de chocarse tan cerca que estaban los unos de los otros.

"¿Estás seguro que vamos por buen camino? Este sitio no me da buena espina."

"Es aquí." Dean se paró delante de una casa que parecía estar a punto de caerse en cuanto alguien pusiera un pie dentro. "Nadie se atreve a entrar, no tanto por el estado del edificio sino por lo que hay dentro."

El demonio fue el primero en entrar, sabiendo que la chica iría allí donde pensara que estaba su adorado Sam. Por su quedaron sin luz, pero Evelyn encendió una linterna que siempre llevaba encima, tal y como le había enseñado Sam. Enfocó a su alrededor, pero allí ya no estaba Dean. Estaba completamente sola.

"¿Dean?" No le contestó nadie más que su propio eco.

Llevaba poco tiempo como cazadora y aunque Sam había estado poniéndola al día sobre como comportarse o que hacer en según que ocasiones, ahora podía decir que empezaba a estar asustada por estar perdida en una casa en mitad de la nada.

Un ruido sonó a su espalda y la chica soltó un grito ahogado. Se dio la vuelta, iluminando esa zona con la linterna, pero de nuevo no había nadie allí. "¿Sam, eres tu? soy Evelyn, he venido con tu hermano para ayudarte con el espíritu."

Dean apareció de la nada delante de ella y la chica dio una paso atrás, sujetando con fuerza la linterna. "Lo siento cariño, pero Sam no va a poder venir, pero no te preocupes os encontraréis muy pronto allí donde te voy a mandar en cuanto acabe contigo."

El demonio movió la mano, lanzando a Evelyn contra la pared, haciéndole perder la linterna. "Me has estado engañando todo este tiempo. ¿Qué has hecho con Sam? ¿Le has matado ya, maldito demonio?"

"Ya me hubiera gustado." Antes de que la chica tocara con su cuerpo la pared, Dean estaba detrás de ella, el demonio se movía a una velocidad increíble. Le sujetó las manos con una de las suyas casi sin hacer fuerza y con la otra recorrió su cuello mientras sonreía. "Te escapaste una vez, no apuestes que lo vas a conseguir otra vez."

Evelyn forcejeó con fuerza, pero lo hizo todavía con más fuerza al sentir la boca del demonio sobre su cuello y su lengua recorriendo su garganta, como si estuviera degustando el más rico de los manjares. "No te preocupes preciosa, ahora tendremos todo el tiempo del mundo para conocernos mejor y divertirnos."