Taraaaaaaaaan! Reaparecí por fin n_n ahora si puedo decir que me tomé varios meses de vacaciones, por alguna cosa o por otra simplemente no tenía la inspiración de escribir, eso sumado a varios planes que tuve al principio de año, incluyendo un agotador viaje… bueno, supongo que si había abandonado un poco a FF, pero es algo que me gusta hacer y seguiré haciendo, así que me seguirán aguantando :) Sobre todo hoy, saben que tengo la costumbre de actualizar en mi cumpleaños n_n
Suficiente explicación, los dejo con este nuevo capitulo, espero que todavía recuerden de que iba. Disfruten!
Capítulo X. Enciende la Llama
El viaje se realizó en total silencio, lo único que se escuchaba fuera del barco era el romper de las olas contra el velero, pero dentro de él, ni una palabra había sido pronunciada.
Todos miraban a Ash de reojo quien hacía de cuenta que no lo notaba. Cada uno de ellos preguntándose la misma cosa sin llegar a expresarlas por temor a la respuesta: ¿Ash saldría vivo de ésta prueba? Nadie lo sabía y con su cuerpo así de maltratado las posibilidades no eran nada optimistas.
Las nubes seguían presentes haciendo de aquel un paisaje muy gris. Por lo menos la llovizna de días pasados había terminado y eso, aunado a la posibilidad de encontrarse atrapado en un ambiente más cálido - no por nada pelearía contra el titán de fuego -, hicieron que Ash decidiera prescindir de su chamarra, conservando su clásica vestimenta de viaje, su chaleco cubriendo gran parte de sus vendajes, éstos apenas asomándose por su antebrazo derecho.
- Yo creo que podríamos romper las reglas y enfrentar las consecuencias después. - Melody fue la primera en bajar de un salto apenas encallaron, diciendo aquello en voz alta como si no se tratase de algo importante - Nosotros le damos una buena paliza a Moltres y Ash sólo se encarga de quitarle la dichosa pluma, ¿no? Es un plan brillante, no lo digo porque yo lo haya pensado ni nada…
- Claro, porque engañar a un montón de pokemóns legendarios es así de fácil - Brock señaló con ironía mientras ayudaba al entrenador a que siguiera el mismo camino que todos desde el bote hasta la playa.
- Era sólo una idea - Contraatacó Melody un tanto molesta - Yo sólo quería ayudar, porque Ash, - Se acercó al mencionado, poniendo su mano sobre su hombro, mirándolo con una extraña mezcla de compasión y burla - No te lo tomes a mal, pero te ves del asco.
- No sé como pensarías que me iba a tomar eso a mal – Fue lo único que contestó con la voz un tanto cansina, debilidad producida por la fiebre que aún le invadía. - Pero no te preocupes tanto, no voy sólo, tengo a mis pokemón conmigo, ellos me ayudarán a superar cualquier obstáculo.
- ¡Pika! – Exclamó el roedor fuerte y claro, declarando en nombre de todos los pokemón de Ash aquello como verdad absoluta.
- Bien, bien, eres el héroe. - Melody resopló con fastidio - No hay necesidad de alardearlo. De todas formas yo creo que debieras de tomar esto antes de siquiera pretender entrar a ese volcán - La joven cambió esa expresión juguetona y casi infantil por una muy seria, de forma idéntica a como lo hizo antes de dejarlo por su cuenta en la isla del hielo, sólo que no le ofrecía una fotografía. Era algo más necesario y práctico: una tira de pastillas, unas que calmarían por completo su dolor físico.
- ¿Analgésicos? - Preguntó Ash, casi sin entender la naturaleza de aquel ofrecimiento.
- Necesitas toda la ayuda posible y tal vez no quiten tu dolor, pero por lo menos borrará tus males por unas horas. - Intentó entregarle los medicamentos al entrenador, pero apenas si tocaron sus manos, Ash las rechazó regresándolas a Melody al instante.
- Tienes razón, necesito cualquier ventaja que tenga a mi alcance y por eso no puedo tomarlas.
- Ash, te ayudarán con...
- El dolor me mantiene alerta – Dijo tajante, impactando a todos. - Por ahora es mi ventaja y no pienso perderla.
- B-Bien, como quieras - Melody dio media vuelta, haciendo de cuenta que aquello no le afectaba, pero era ya bastante difícil predecir lo que pasaría en la prueba de Moltres y pensar que la realizaría tan consciente de sus padecimientos físicos era casi inconcebible, pensamiento que compartían todos en aquella isla.
De nueva cuenta el silencio parecía el elemento más persistente entre el grupo, porque cualquier palabra de aliento o buen deseo, incluso un reproche, un regaño… nada haría ninguna diferencia. Finalmente Brock se decidió por mostrarle todo su afecto en una acción que no requería de palabras: Se abalanzó sobre Ash, estrechándolo en un abrazo. Apenas lo soltó, fue turno de Dawn de rodear con sus brazos al joven entrenador, aunque su acto afectuoso tenía una doble intención, una que podría llevarlo a la ruina.
Conociendo el orden en el que el entrenador acomodaba a sus pokemón en su cinturón, no fue difícil para Dawn adivinar cual pokebola contenía al pokemón que ella quería retener y con una habilidad que ni ella misma se conocía, desprendió el objeto, escondiéndolo en su puño cerrado. Al separarse, sólo le mostró una sonrisa cándida y en el rostro de Ash no había ninguna señal de que hubiera notado la significativa traición que su compañera de viaje había ejecutado en su contra.
Pero no había engañado a todos.
Cuando Melody se acercó a ellos, dispuesta a desearle suerte de la misma manera, dio un manotazo a la palma de Dawn que escondía el objeto, haciendo que éste rodara hasta quedar casi a los pies de Ash.
- ¿Pika?
- ¿Ah? – El ruido hueco de la pokebola moviéndose con lentitud sobre la arena llamó la atención de Ash que, extrañado, no quitaba la vista del objeto. Dawn solo se quedó helada, incapaz de moverse al sentir verdadero terror si es que Melody decidía exponer su 'pequeño' truco ante todos.
- Por Arceus, Ash, ajústalas bien. - Melody recogió la pokebola entregándosela al entrenador, mientras seguía regañándolo de manera exagerada. - O cuando llegues con Moltres no tendrás con qué enfrentarlo.
- No sé como pasó eso – El joven solo la tomó, usando su mano libre para rascarse la mejilla.
- No importa Ash - Finalmente lo abrazó con ternura por varios segundos. – Sólo ve allá y enfrenta a tu destino… o lo que sea, solo regresa pronto ¿De acuerdo?
- Lo haré, se los prometo chicos.
Volvió a mostrar en su mirada esa determinación que seguía intacta, a pesar de sus heridas o de su sufrimiento, esa que seguía brillando en sus orbes café y una vez que se sintió lo suficientemente listo, dio media vuelta y se adentró a la isla, en busca de su última prueba.
Aún cuando se perdió de vista, Brock seguía de pie, observando por el punto exacto en el que su amigo había desaparecido, mientras que Melody miraba inquisidoramente a Dawn quién a su vez no se atrevía a despegar la vista de sus botas, sintiendo la vergüenza y la humillación en cada fibra de su ser.
oOoOoOoOoOo
La mañana avanzaba rápido, más no así los pasos de Ash que se volvían cada vez más lentos desde que el terreno dejó de ser plano y fue necesario escalar por rocosos e inclinados senderos.
Aún faltaba para llegar a la grieta por la que podría entrar al volcán. Atrás había quedado la escalinata construida hasta el pedestal del fuego, su camino seguía más arriba de ese punto y comenzaba a hacerse pesado.
- ¿Pi Pika chu?
- No te preocupes amigo, - Sonrió Ash a su pokemón, subiendo otro pequeño peñón sosteniéndose su costado mal herido. - Estoy bien. Creo que, a pesar de todo, el camino ha resultado bastante sencillo ¿no crees? - Escaló por otro grupo de rocas y finalmente descansó sobre una muy grande, respirando agitadamente mientras expresaba aquello.
- ¿Pi Pika? - El roedor lo siguió hasta donde su entrenador se sentó, ladeando la cabeza un poco contrariado. ¿Cómo Ash podía describir aquello como fácil? Era más que obvio que cada paso hasta ese sitio había sido tortuoso para el entrenador.
- Es verdad Pikachu, si lo piensas, ha sido más como un paseo, - En ese punto Pikachu comenzó a pensar que ya se le había descompuesto el cerebro a su entrenador por tanto golpe y su expresión dejó muy en claro su opinión sobre la salud mental de Ash, quien seguía sonriendo, recargándose un poco sobre sus antebrazos, echando la cabeza hacia atrás. - ¡Es verdad! Caminamos, escalamos, no es gran cosa. Y sólo me ha dejado un poco de cansancio, puedo sobrevivir con eso. A este punto en las otras islas, Zapdos ya me había dejado las costillas rotas y Articuno me atrapó en una trampa de hielo. Si lo piensas, Moltres se está viendo demasiado piadoso. - Volvió la cabeza al frente encontrándose con un desconcertado pokemón, a lo que Ash respondió mostrando todos sus dientes de la forma más cómica posible.
Entonces Pikachu lo entendió. Por mucho que Ash padeciera, por más espasmos tormentosos lo invadieran a cada paso, su entrenador, ese muchacho frente a él, siempre pondría primero las necesidades y preocupaciones de sus pokemón. Con todas esas tonterías, Ash no pretendía otra cosa que hacerlo reír para así aliviar todo el estrés que pudiera estar experimentando.
Ash supo que consiguió su objetivo cuando el pokemón le sonrió de vuelta, emitiendo uno que otro sonido a modo de carcajada que rápidamente fue contagiando al chico moreno; él ya no recordaba cuando fue la última vez que en verdad sintiera un poco de alegría... En días pasados, había olvidado quien era por completo y no le venía mal recordarlo.
Bien podían seguir riendo sino fuera porque un estruendo llamó la atención de ambos. Al principio pensaron que se trataba de un trueno, anunciando una próxima lluvia, pero el cielo más allá de seguir gris, no daba indicios de que alguna precipitación fuera a ocurrir.
Se escuchó una vez más, parecía más cercano.
Apenas Ash se estaba levantando con la intención de buscar el sitio de donde provenía, pero no fue necesario esperar a saberlo. Pikachu saltó frente a él, soltando potentes rayos que colisionaban con la natural amenaza.
Un deslave que en apariencia no tenía razón de existir, pues desde que empezaron a subir por el volcán, se habían dado cuenta que se trataba de roca firme, ¿entonces como es que algo de tal rigidez podía deslizarse con facilidad? Había sido provocado. La prueba había empezado.
Pikachu se veía determinado a acabar con ese problema él mismo y a pesar de tener la potencia para quebrantar cuanta roca se acercaba con sus rayos, el desprendimiento se hacía más intenso, acercándose a ellos con mayor rapidez.
- Es hora de traer los refuerzos - Ash arrojó dos de sus pokebolas, decidido a poner en marcha el plan sugerido por Brock al sacar a dos viejos y confiables compañeros a combate - ¡Snorlax mega puño! Donphan rodada ¡ahora!
Mientras que snorlax pulverizaba cada una de las rocas, el elefante de tierra alejaba cualquier amenaza de su entrenador hasta que el deslave cesara por completo.
Tal como lo había predicho Brock, aquella prueba requeriría más que estrategia, fuerza y que mejor que tener a los pokemón más previstos de dicha característica, sobre todo cuando Ash se había agotado con tan sólo dar indicaciones.
- Creo que ya no es sólo un tranquilo paseo, ¿eh compañero? - Ash habló aún con ese tono bromista a su pokemón que no parecía nada contento con sus comentarios, lanzando una amenaza marcada en sus negros ojos.
"Si pudiera electrocutarte, lo haría" fue el mensaje que Ash entendió perfecto, rascándose despreocupadamente la mejilla.
Debían seguir avanzando, pero antes de que diera un paso, Donphan ya lo había obligado a montar sobre su lomo.
- ¡Woah!- el movimiento lo sorprendió y se aferró de su pokemón - Gracias amigo, creo que si me vendría bien un poco de ayuda y snorlax, gracias también, puedes descansar en tu pokebola por ahora – buscaba el objeto perteneciente al enorme pokemón, pero antes de que la tomara, una pequeña piedra le pegó en la sien. Fue snorlax, quién le lazó el guijarro para llamar su atención y así pudiera ver el rechazo que sentía ante esa decisión. - Está bien snorlax, puedes acompañarnos, no tienes que ser tan agresivo al respecto. - Reanudaron el camino, sobándose donde había impactado la piedra, pero sonriente al saber que, con ese equipo, con sus inseparables y fieles amigos, sería imposible fracasar.
oOoOoOoOoOo
- ¿Dawn, pasa algo malo? - La pregunta que Brock le había hecho por lo menos diez veces ya comenzaba a ser molesta, pero no podría hacer nada para evitarla; varados en la playa no había donde escapar de la inquietud de Brock... Ni de la mirada acusante de Melody.
- Nada, - contestó sin levantar la mirada que tenía puesta en la arena - Es sólo que estoy preocupada por el bienestar de Ash y yo... - La castaña que se había mantenido seria toda la mañana casi se ahogó con su propia risa.
- Si claro, 'preocupación' - murmuró lo suficientemente fuerte para que fuera entendido por todos, haciendo más obvia la tensión creada entre las dos chicas y por más que Brock intentaba mantenerse fuera de la disputa, sabía que debía intervenir.
- De acuerdo, lo que pasa aquí claramente no tiene nada que ver con Ash, así que les sugiero que alguna de las dos me explique ahora o…
- No es nada, Brock.
Dawn intentó defenderse, mientras que Melody parecía cansada con la actitud de la coordinadora, porque bastante bajo era ya lo que había intentado en contra de Ash, ¿pero negarlo? ¿Hacer de cuenta que nunca pasó? Era demasiada desfachatez de su parte.
- Si es que llamas nada a la forma más vil de…
- ¡Listo! Preparé unos bocadillos para que… – Carol, bajó del barco, arrepintiéndose de su alegre entrada al sentir la atmósfera pesada entre los tres adolescentes. - ¿Qué sucede hermana?
- Al parecer 'nada'. ¿Cierto Dawn? – Exclamó con sarcasmo dedicándole un mal gesto a la coordinadora, quien seguía evadiendo mirarla, a pesar que la actitud hostil de Melody comenzaba a ser insoportable.
- Déjame en paz, yo no sé que te ocurre, ¡pero no pienso soportarte más! – Aun esquivándola, corrió en dirección al bote, tropezando con Carol al pasar.
- ¡Ah no! – La castaña apretó los puños siguiendo cada paso de Dawn, decidida a seguirla aunque tuviera que correr tras de ella por toda la isla. - No te vas a escapar de mi.
- ¡Ey, ey! – Brock quiso detenerla, no podía permitir una ruptura en el grupo, no cuando la situación auguraba un punto crítico, aunque era muy claro que Melody estaba furiosa y no iba a ser fácil persuadirla – No sé que sucede, pero ¿no crees que no es momento de pelear? Debemos estar todos preparados por si Ash nos necesita.
- ¡Por eso, Brock! Él nos necesita y créeme, intenté ser amable, ¡demonios! Le di consejos como amiga, pero ya se acabó la delicadeza, Brock. Ella necesita que la hagan entender. Ahora. – quitó los brazos del criador de un manotazo corriendo hasta el velero, directo al camarote. Dentro, Dawn solo se paseaba de un lado a otro mordiéndose las uñas, se sabía acorralada y la tosca entrada de Melody la mortificó más. Se detuvo de golpe, sabiendo que en ese punto ya no había escapatoria.
- ¿Vas a seguir haciéndote la tonta o me vas a explicar porqué tomaste esa pokebola en específico?
- Yo no sé de que...
- ¡No intentes mentirme en la cara! Tomaste esa pokebola, sabiendo que él la necesitaba, sólo quiero saber que tanto, así que te vuelvo a preguntar ¿Qué. Pokemón. Era?
- Ya te dije que yo no... - Melody sujetó a la coordinadora por el brazo derecho y la sacudió con fuerza.
- ¡Sólo di la verdad! Estoy harta de tus juegos, más te vale hablar ahora ¡o te juro que yo…!
- ¡Era Infernape de acuerdo! Y no pensaba robarlo, si es lo que crees que iba a hacer...
La castaña parecía de verdad horrorizada con lo que acababa de escuchar de la manera relativamente tranquila con la que Dawn declaraba sus acciones, como quien cuenta de la forma en como transcurre un día normal. No pudo más que soltarla y retroceder un par de pasos, tratando de alejarse del monstruo de cabello azulado frente a ella.
- ¿Crees que eso me interesa ahora? Si querías robarle un pokemón a Ash serías un Rocket cualquiera y créeme, a éstas alturas, sería tu mejor comparación - Dawn hizo ademán de quererse defender, pero fue detenida por la fuerte voz de la joven antropóloga - ¡¿Te has vuelto loca?! ¡¿Acaso quieres matarlo?!
- ¡Claro que no! ¡Yo no deseo que le pase algo así!
- ¡Ah que considerada que te preocupes por su bienestar! – Dijo irónica, enfatizando sus palabras con exagerados ademanes - ¡¿Entonces que pretendes?! Porque no se me puede ocurrir alguna buena razón por la que quisieras robar el único pokemón de fuego que tiene en su equipo, eso sin mencionar que es el más evolucionado ¡y en el momento en el que más lo necesita! ¡¿Acaso no piensas?!
- ¡Si pienso! Pienso en lo que hace Ash y es una locura! Todo esto es una locura, pero sobre todo la parte en que sea por una... tipa que tal vez ni le importe todo lo que está sacrificando Ash ¡y a mi si me importa, él es lo único que me importa y por eso mismo lo hice!
- Estás loca, no tienes ni una idea de lo que pasaría con Ash si el llegara a fallar...
- ¡Si lo sé! Sobreviviría, él siempre lo hace, pero no se convertiría en el dichoso guerrero y al fin está locura terminaría, ¡Podría olvidarse de esa niña estúpida que sólo está acabando con su vida! Después con mi ayuda, yo sé que él…
Eso había sido más de lo que Melody podría escuchar y eso quedó constatado con la tremenda bofetada que cruzó por todo el rostro de la coordinadora. El ensordecedor sonido del contacto entre cara y palma fue lo único que se escuchó dentro del velero, luego, la respiración agitada de Melody haciendo paso a su enojada voz.
- Aquí la única niña estúpida que intenta acabar con la vida de Ash eres tu, porque eres la más idiota del mundo si crees que impidiendo que complete su destino le estás haciendo un bien, o peor, ¡si crees que Misty es cualquier chica para él, solo te estás engañando! - Dawn se quedó estática sosteniendo su mejilla que palpitaba del dolor y esa sensación parecía estremecerla, aunque ya no estaba segura si se debía a la bofetada o a las palabras de Melody. - Es algo que tienes que entender ya. - Cambió de tono a uno más calmado, pero más atemorizante - Si en verdad quieres ayudarlo, haz todo lo que esté a tu alcance para que cumpla su destino y si de verdad lo amas, - recalcó la última palabra, acercándose demasiado al oído de Dawn – Tu único objetivo en este momento debiera ser reunirlo con Misty, porque es lo mejor para él y si sólo piensas en que quieres a Ash para ti, entonces ni siquiera debieras estar aquí a su lado ni hacerte llamar su amiga.
Cada vocablo, cada frase se clavaron en el corazón de Dawn, rasguñándole el interior y provocando lagrimas que contuvo tanto como pudo para no llorar frente a Melody que, aún tenía los ojos muy puestos en ella. Al cabo de un rato, tal vez por hastío de estar junto a la coordinadora o tal vez cuando sintió que su mensaje de verdad había sido entendido por ella, Melody se alejó hacia la puerta.
Todo estaba dicho, aunque tal vez, había algo más que necesitaba dejar en claro. Giró la perilla, cruzó el umbral, pero antes de desaparecer por ella, habló una vez más.
- Lo entiendas o no, ese ya no es mi problema, pero solo te puedo advertir: Si haces cualquier cosa que ponga en peligro a Ash, lo que sea, te haré pagar las consecuencias.
Dawn sintió aquella amenaza innecesaria, porque desde su perspectiva, ya estaba recibiendo el castigo que merecía cuando no pudo ignorar más el hecho de que Ash jamás la amaría porque él pertenecía enteramente a alguien más y sin siquiera importarle si alguien la escuchaba, comenzó a llorar.
oOoOoOoOoOo
- Bien, este es el momento - Había repetido esa frase dos o tres veces cuando encontraron la grieta por la cual debía cruzar, esa abstracta entrada que lo conduciría directo a la prueba final y que aún no se atrevía ni siquiera a mirar.
Se sabía preparado a pesar de su deplorable condición física, pero de igual forma el miedo lo invadió apenas si se paró allí. - Es hora... - Dijo casi en un susurro esperando que sus propias palabras lo motivaran y obligaran a sus músculos a moverse hacia el interior.
Nada.
Ni un paso, ni un pestañeo. Sólo estaba quieto, esperando a que el tiempo se consumiera o tal vez espontáneamente lo hiciera él, porque el temor parecía devorarlo más de lo que anticipó y no era la posible llegada de su muerte lo que parecía detenerlo. Porque, morir era viable, ¿pero fallar? Ser derrotado, nunca convertirse en guerrero... Perder su única posibilidad de salvar a Misty, era eso lo que no podría soportar.
- ¡Pika!
El roedor eléctrico exclamó desde el suelo y la mirada de Ash inmediatamente se volcó hacia su compañero que mantenía una pose de fiereza, una mirada segura, una actitud triunfadora, la misma que adoptaba cada vez que se enfrentaban a un reto. Sonrió de inmediato, debía continuar confiando en sus pokemón, en él mismo e incluso en el gran amor que sentía por Misty, porque ese sentimiento era su fortaleza, no una debilidad, porque sin importar cuan difícil fuera el camino hasta ella lo recorrería y perderla nunca sería una opción.
- Lo sé Pikachu, es el momento y está vez es en serio. - Diciendo aquello, apretó los puños y caminó hacia la grieta que en tan sólo unos cuantos pasos traspasó, perdiéndose al instante en su interior.
En los primeros metros dentro del volcán todavía podía distinguir su camino, la luz que traslucía del exterior le sirvió como pauta, pero no transcurrió mucho para que se hallase caminando a ciegas por la penumbra sin tener una idea de cuando o donde ese camino podría desembocar. Al cabo de un rato sus pasos eran mucho más cautelosos, después de todo se encontraba en el interior de un volcán y caer sobre lava no era un error que se daría el lujo de cometer.
Un paso tambaleante que resultó en un montón de pequeñas piedras cayendo al vacío le indicaban que ya no había más del rocoso sendero. Tanto él como Pikachu miraron hacia abajo, buscando alguna otra forma de seguir avanzando, pero parecía no haber nada más y la pendiente sólo mostraba un ligero fulgor naranja, indicando lo que le esperaba si se decidían a bajar.
- ¿Qué se supone que haga ahora Pikachu? - El entrenador consultó a su pokemón a falta de algún guía - ¿Aventarme hacía la lava? - No tenía que ver la cara de su compañero ni escuchar ningún reproche para saber que esa no era la solución. - Sólo pienso... Esperar que Moltres aparezca en frente de mí, no es la mejor de las ideas.
- Pi...
Fue todo lo que alcanzó a contestarle a su entrenador cuando un estruendo provocado desde el núcleo del volcán los estremeció, un pedazo considerable del suelo se desprendió, desequilibrando al entrenador que apenas si evitó caer como las rocas, mientras que Pikachu optó por subir a su hombro en busca de mayor seguridad. Ambos miraban un tanto atemorizados como se precipitaba la desmoronada tierra a lo que parecía la entrada al mismísimo infierno, esperando que ellos no tuvieran que recorrer ese mismo camino, pero por más que lo pensaban, la única conclusión lógica era esa.
- Tal vez... podría pedirle a Infernape que... - Un segundo estremecimiento terminó con sus palabras, el zarandeo había sido demasiado y sus fuerzas muy pocas para asirse a las rocas o para dar marcha atrás... Sus pies resbalaron sin remedio.
- ¡Gaaaaaahhhhh!
Un grito de total desesperación acompañó su caída, daba manotazos esperando alcanzar alguna roca, cualquier cosa que le evitara tocar el fondo del volcán. Segundos de pánico terminaron cuando por fin sus dedos se aferraron al muro de piedra, una salvación que no había llegado sin un doloroso precio, raspaduras en sus brazos y en su mano derecha ardieron instantáneamente.
- Pikachu... - sentía el peso del roedor sobre su hombro, aunque no había escuchado que emitiera ningún sonido y eso le preocupaba - Amigo, ¿estás bien?
- Pi, - contestó en una muy queda respuesta afirmativa. Sentía bastante pena por la forma temblorosa en la que Ash se sostenía, parecía que no iba a resistir por mucho tiempo y lo peor de todo es que no podía hacer nada para ayudarlo.
- Pikachu, necesito que... Alcances la pokebola de Infernape en mi cinturón. Es la única forma de... ¡Demonios! - Sus dedos resbalaban sin remedio, sus pies buscaban algún apoyo sin encontrarlo, se quedaban sin tiempo, Pikachu lo sabía y debía actuar rápido.
Si él no podía ayudarle seguro el pokemón de fuego podría hacer algo más por ellos. Se deslizó desde el hombro de su entrenador por su pecho y hasta su cintura, su pequeña pata se esforzaba al máximo para activar la pokebola que más alejada se encontraba, pero sus intentos llegaban un poco tarde, las fuerzas de Ash no eran suficientes… sus yemas adoloridas resbalaron sin remedio.
- ¡Pi Pika!
No importaba lo que intentaran hacer, solo caían. ¿Sobrevivirían? Era muy poco probable y el pokemón cerró los ojos, esperando que, cualquier final que tuviera, solo fuera el mismo que su entrenador. "unidos hasta el final" ellos solían decir y no eran solo palabras, era su destino… uno que no terminaría en ese momento. Habían caído si, pero hubo ventajas en ello.
- ¡Agh! – Ash se volvió a quejar cuando su pecho impactó de nuevo contra el suelo. Por lo menos no habían sido incinerados por lava ardiente, eso sin duda eran buenas noticias, también lo era que sobrevivieran al involuntario salto de tres o cuatro metros que acababan de dar.
- ¡Pi, Pika! – El roedor parecía haber sobrellevado mejor la caída y rápido corrió hasta donde estaba su entrenador que seguía de cara hacia tierra, tratando de levantarse.
- Si, si, viviré, no te preocupes. – Como pudo, se puso sobre sus rodillas, manteniendo las palmas sobre el suelo – Hay que buscar el camino a seguir lo antes… posible… o tal vez no.
En ese momento se dio cuenta de que ya no tenía que seguir andando, sino que ya estaba donde debía, porque no había otra forma de explicar la extraña cimentación sobre la que se encontraba en ese momento. Se daba cuenta que el fulgor percibido desde arriba provenía de un círculo perfecto, un anillo ígneo que se formaba al centro y alrededor de donde cayó. justo donde se encontraba, era un anfiteatro de roca sólida de varios metros de diámetro. Aquello no podría estar hecho al azar, era demasiado ordenado para ser producto de la naturaleza.
- Es aquí, ¿cierto Pikachu? Es aquí donde enfrentaré a Moltres.
- Pi… - El roedor asintió al darse cuenta que aquello, en lugar de parecer el interior de un volcán parecía una arena de batalla.
- Entonces, - Se puso de pie y caminó unos cuantos pasos, acercándose hacia el centro del lugar – Hagámoslo, no hay necesidad de esperar ¡No lo crees Moltres! – comenzó a gritar - ¡Aparece de una vez! ¡Enfréntame! ¡Terminemos con esto!
Había mucha tranquilidad, incluso en el magma que, estaba demasiado apacible, como si de un momento a otro fuese a secarse.
- ¡Moltres! – Continuaba gritando con un poco de encono en la voz - Cumpliré con tu misión ¿O acaso no me crees capaz? ¡Yo te lo demostraré! Solo…
Y el suelo retumbó.
Si el centro antes parecía desvanecerse y apagarse, en segundos se convirtió en fulgor que resplandecía como su tuviera vida. Ligeras centellas comenzaban a desbordarse de su centro, primero delgadas, diminutas, luego, rebotando de extremo a extremo. Ash parecía estar esperando eso; ni porque se tratara de un elemento tan peligroso como el fuego el que se esparcía por el ambiente pareció inmutarse. Sabía como funcionaban las llamas de Moltres, no lo quemarían… a menos que el ave así lo deseara.
Pareció estar demasiado aliviado que esa teoría fuera cierta, puesto que los tonos rojizos y naranjas invadieron de lleno el recinto. Un graznido potente e inconfundible se dejó escuchar desde el núcleo del volcán confirmándole la presencia de su siguiente adversario que solo tardó unos segundos más en hacerse presente frente a él.
Agitaba sus alas como la criatura majestuosa que era, las llamas danzando alrededor de él y esos ojos azules fijos en el joven azabache que seguía impasible, sereno… audaz, pero Moltres estaba dispuesto a terminar con esa actitud enseguida.
Apenas terminó de materializarse, se lanzó en dirección al entrenador con total fuerza, con la furia impresa en el chillido que emitió casi como un grito de batalla.
Moltres no sería amable, no mostraría compasión. Estaba dispuesto a acabar con Ash y eso lo dejó muy claro al atacarlo directamente.
- ¡Qué demo…!
Sin duda lo había tomado desprevenido y apenas si pudo quitarse del camino del poderoso picotazo que pretendía eliminarlo. Rodó por el suelo desconcertado por el actuar del ave. Era cierto que debía enfrentarla, pero en sus pruebas pasadas, Articuno y Zapdos parecían bastante dóciles, muy al contrario del titán de fuego que solo mostraba furia hacia él.
Un nuevo graznido le indicaba que el ave estaba de nuevo al acecho, pero sus esfuerzos apenas habían alcanzado para quitarse de su camino la primera vez, ahora tumbado en el suelo, tenía muy pocas probabilidades de esquivarlo.
- ¡Pikaaaaaaa!
No estaba peleando solo, eso se lo recordó su fiel amigo que lanzó su más potente rayo en contra del ave, deteniendo su fatal trayecto hacia él. El ataque eléctrico no hizo más que aturdirlo unos segundos y molestarlo aún más, eso quedó de manifiesto cuando sin dudar abrió su pico y dejó salir un potente lanzallamas.
- ¡Pikachu quítate del camino! – El roedor acató la orden y haciendo uso de su gran agilidad esquivo el ataque de Moltres, rodeando el anfiteatro. Esperaba que el ave lo siguiera, que se alejara de Ash, pero su plan no funcionó, pues ésta seguía viciosamente al entrenador, primero con la mirada para después lanzarse en picada hacia él. Ash parecía esperar esa reacción y ya estaba listo para recibirlo con una pokebola en la mano que no dudó en arrojar frente a él. - ¡Ahora Infernape! – El pokemón de fuego estaba listo para cualquier reto, incluso el de detener a un legendario con sus propios puños, pero no solo deseaba atajarlo, estaba dispuesto a acabarlo.
Como buen luchador, Infernape hacía uso de toda su destreza para esquivar a Moltres que sin duda era veloz, pero no más que él; tenía una fuerza impresionante, aunque bien pudo aguantar dos o tres embestidas de su parte con la única gran desventaja de no poder conectar ni uno de sus poderosos ultrapuño y el ave seguía volviendo hacia él, hacía Ash.
La batalla podría seguir de esa manera por la eternidad, Ataque tras ataque que Moltres esquivaba y respondía con todo su poder sin llegar tampoco a provocar un daño profundo al pokemón de Ash, sin que su lucha llegara a ninguna parte, pero ese no era el objetivo del entrenador ni de su equipo, ciertamente tampoco lo era para Moltres que, paró en seco sus ataques, voló para quedar varios metros sobre sus adversarios y batiendo sus alas hizo gala de su plumaje sublime, ese que mostraba llamas ardiendo en todo su cuerpo, algunas casi transparentes, otras al rojo vivo, pero entre todo esa gama, había un destello que resaltaba más, un tono escarlata que culminaba en la punta de su cola; una delgada beta... una sola pluma.
Era esa la que tenía que obtener y sólo así terminaría ese enfrentamiento.
- ¡No Infernape! - Ash detuvo a su pokemón que estaba a punto de saltar o escalar o lo que fuera necesario para alcanzar al ave y fulminarla. - Atacándolo no conseguiremos nada... Debemos... Debemos...
Había terminado el tiempo de las explicaciones por parte de Moltres. El titán de fuego reanudó los ataques lanzando un potente lanzallamas, demasiado intenso, más de lo que Infernape pudiera desviar, así que tomó al entrenador y brincó lejos, poniéndolo a salvo.
Ash no estaba muy contento con eso, escapando no iban a lograr nada.
Una estrategia, eso es lo que necesitaban, un plan, tal como lo había dicho Brock...
- ¡Eso es! - exclamó el entrenador cuando entendió que tenía la solución. Debía llamar a Snorlax. Con su fuerza y la habilidad de Infernape, seguro podría contener al ave el tiempo suficiente para despojarla de la preciada pluma.
Pero no tendría tiempo ni siquiera quitar la pokebola de su cinturón.
Sabiendo que tal vez no ganaría a un pokemón de fuego con ataques de ese elemento, Moltres optó por una nueva estrategia.
De un segundo a otro las ráfagas de aire desprendían sus pies del suelo y un tajo aéreo pegó de lleno en el cuerpo de Infernape que no evitó ser empujado hacia atrás, tumbando a su entrenador en el proceso.
- ¡Pi Pika!
- ¡No Pikachu! ¡No te acerques! ¡No ganarás nada! - Ash alertó a su fiel amigo para que no interviniera, seguro sólo lograría lastimarse.
Muy a su pesar el ratón eléctrico obedeció y se mantuvo al otro lado de la pelea, mientras que Ash intentaba levantarse. Era inútil. A una velocidad impresionante, Moltres atacó con un tajo aéreo, luego otro más; en cuestión de segundos las ráfagas de viento eran más intensas… y mortales, casi como navajas que infringían heridas en Ash y su pokemón, pero eso no era todo el poder de Moltres, quien dejó muy en claro su superioridad en el elemento que dominaba cuando lanzó una onda ígnea que Infernape recibió de lleno en su afán de proteger a Ash.
No podría seguir recibiendo tanto castigo por mucho más tiempo, no cuando el viento siguiera haciendo estragos que ni siquiera previnieron.
Desde la parte superior del volcán comenzaron a desprenderse rocas que caían dispersas por todo el campo de batalla.
- ¡Pi pika! – El pokemón eléctrico intentó alterar a su entrenador, mientras que evadía uno que otro pedrusco, pero Ash parecía no tener tanta suerte, el ciclón artificial apenas si le daba movilidad y mientras Infernape no pudiera hacer otra cosa que servir de un escudo contra Moltres, su destino se veía bastante claro, uno que quedó sellado cuando una gran roca se precipitó justo en su dirección.
Apenas si se movió un par de pasos para no ser aplastado por completo, pero su hombro había recibido gran daño, el peso extra lo obligó a arrodillarse, más pedazos del colapsado volcán pronto cayeron sobre su espalda derribándolo por completo.
Tanto Infernape como Pikachu miraron horrorizados como su entrenador era derrumbado, el roedor eléctrico decidió que era momento de desobedecer a su entrenador y se lanzó al ataque, tal vez podría darle tiempo suficiente a su compañero de equipo para que asistiera a Ash… tal vez, no habría nadie a quien salvar.
Derribado sobre el suelo, demasiado aturdido como para intentar escapar del derrumbe que aun ocurría, Ash no pudo siquiera inmutarse cuando una gran roca cayó sobre su mano derecha. El sonido de sus huesos al romperse casi al instante horrorizaron a los pokemón presentes y apenas si el afectado pudo emitir un grito de dolor, solo era consiente de la tibia sensación que emanaba desde el epicentro de su agónica fractura y que enseguida se manifestó en un río de intenso carmesí, escurriéndose debajo de la piedra.
- ¡Piiiiikaaaaachuuuuuu!
Una desesperado rayo fue lanzado por el más fiel de sus pokemón, Infernape corrió en su dirección tratando de pulverizar la piedra con sus ultrapuño.
Llamas lanzadas desde boca del titán le rozaban la espalda y todo se iba haciendo más silencioso conforme sus ojos se cerraron a pesar del caos que había a su alrededor.
Bueno, se supone que en este capitulo concluiría la tercera prueba del todo, pero se alargó demasiado, así que decidí dejarlo con un poco de suspenso :D pero no se preocupen, en serio pienso retomar todo lo que tengo pendiente y actualizar seguido una vez más, gracias a todos y a los amigos que tengo en facebook disculpen que ya no nos estemos encontrando tan seguido, saben que aprecio su apoyo.
Canción que inspiró este capitulo Set the Fire to the Third Bar de Snow Patrol
Les debo la contestación de reviews, los pondré después :)
