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Kanto: X
Toxicidad boscosa.
Caminaban a través de la glauca espesura, abriéndose paso con cuidado a través de los frondosos arbustos y el ramaje de baja altura que se interponía en su camino. Las primeras luces del día apenas llegaban a traspasar la enramada, pero los osados rayos de sol lograban traspasar la fina retícula de hojas verdes, coloreando todo el bosque de un vivaz tono esmeralda. A pesar de la precaución que dedicaba a cada paso que daba, no pudo evitar tropezarse con una traidora raíz que sobresalía del húmero suelo, aún anegado por el rocío de la noche.
—Cuidado, Elizabeth —el joven que la precedía le sujetó por un brazo antes de que perdiese por completo el equilibrio. Parecía preocupado—. ¿Estás bien?
—Sí —contestó. Suspirando debido al susto, se desenredó de aquella cepa y volvió a pisar con autonomía—. Estoy bien, Ash. Sigamos.
Su hermano mayor solo asintió, continuando con su marcha. Encabezaba la marcha junto a Raichu y, por la expresión de su semblante, parecía estar buscando algo entre el follaje. A pesar de que siempre se había referido a su hermano como «Ash», diminutivo de Ashton; ahora que sabía que aquel nombre había sido su único y legítimo calificativo durante muchos años le resultaba extraño llamarle así. Aunque a él no parecía importarle un detalle así, o estaba tan pendiente de encontrar ese "algo" que no prestaba demasiada atención en lo demás. Intentando evitar distraer a su hermano de su acción, le siguió durante tiempo indefinido entre los frondosos árboles y los densos helechos.
Poco a poco, comenzó a apreciar sutiles cambios en el entorno que le rodeaba, aunque no comenzó a pensar en ellos hasta que la transformación fue más que evidente. Al estar en pleno verano, era normal que el ramaje y los arbustos del bosque mostrasen claros signos de deshidratación y sequedad. Sin embargo, a medida que avanzaban, el color y la viveza volvían a las plantas que conformaban el bosque, incluso el suelo parecía húmedo y rico en minerales. Y sus sospechas se confirmaron cuando comenzó a percibir una ligera voz a la lejanía, un arrullo que atravesaba todos los recovecos ocultos, entre hojas, ramas y mismos árboles.
—¿Vamos al río? —inquirió.
Ashton giró su cabeza por encima del hombro y sonrió.
—Exacto.
Siguieron caminando hasta que la espesura se deshizo y les permitió apreciar la fina superficie de un riachuelo que dividía en dos el bosque. Grandes rocas se esparcían a ambos lados de sus orillas, y una cascada bramaba su atención, a pesar de no poseer gran fuerza ni gran majestuosidad. Al igual que la catarata, el cauce del río estaba muy reducido, dejando entrever el musgo verde que cubría las rocas por su parte inferior, y las raíces de las pocas plantas esparcidas alrededor de él parecían tener que estirar sus raíces para lograr beber del agua del riachuelo. Elizabeth pudo entrever, entre las aguas, algunos Magikarp y Goldeen nadando tranquilamente a través de arroyo, ambos contra corriente.
De pronto, fue como si una ráfaga le hubiese proporcionado un puñetazo directamente en su pequeña nariz. Un intenso y desagradable olor les rodeó por completo, provocando que el rostro de Elizabeth se contrajese en una mueca desagradable. Sus manos intentaron tapar sus fosas nasales para intentar mermar el hedor, sin resultado.
—¿Qué es eso? —preguntó mientras un tono de repugnancia teñía su voz—. Huele muy mal…
—Sí —Ashton se acercó al río y se inclinó de cuclillas—. Viene del río.
Ahuecó una de sus manos y sacó una pequeña cantidad de agua. Elizabeth, por encima de su hombro, pudo ver que el agua parecía verde y sucia en sus manos. Raichu también se acercó a olisquear el agua que sujetaba Ash, pero no tardó en alejarse asqueado debido al penetrante hedor.
—Está contaminada —soltó el agua y se secó la mano en el pantalón—. Además, el río no tiene casi corriente debido al verano, así que el agua no se mueve y se queda estancada.
Raichu puso una mueca de disgusto ante las palabras de su entrenador.
—Ash, ¿eso es lo que venías buscando? —preguntó Elizabeth.
—Así es —asintió su hermano—. Ayer, cuando vine al Bosque Verde, Raichu y yo notamos algo extraño en él y los pokémon que viven allí. Pensé que un buen punto de partida para empezar a buscar sería el mismo corazón del bosque —Ashton volvió a agacharse junto al río y sonrió a su distorsionado reflejo—. El río cruza el bosque por la mitad y lo divide en dos, lo que significa que proporciona agua a todo su conjunto. En verano se seca bastante y el bosque sufre un poco por los extremos, pero logra sobrevivir gracias a las lluvias de otoño, y en ese tiempo vuelve a crecer. Y no solo eso: el río también sustenta a los pokémon que viven en el bosque, que también ayudan a su supervivencia. Es un equilibrio. Pero, cuando alguien rompe ese equilibrio…
—… todos sufren sus consecuencias, ¿no es así? ¿Es por eso por lo que los pokémon están raros? Es cierto que no hemos visto muchos y, además, esos pokémon van en contra de la corriente… —añadió Elizabeth.
—Eso creo —se irguió de nuevo y fijó su vista en el horizonte—. Será mejor que sigamos el río, a ver qué podemos encontrar en él.
Caminaron por el abrupto terreno colindante al riachuelo, sopesando rocas y abruptas resquebrajaduras en la orilla. A pesar de correr con muy poca fuerza en esos momentos, las intensas lluvias primaverales y otoñales revivían de nuevo la vitalidad del agua, provocando la escorrentía que conseguía erosionar el terreno a su alrededor. Mientras caminaban, el olor se iba haciendo cada vez más notorio y penetrante, tanto que a veces era doloroso respirar. Ash le facilitó un pañuelo a su hermana pequeña para cubrirse su martirizada nariz, pero apenas conseguía mitigar el hedor.
Anduvieron indefinidamente hasta que una imagen les sorprendió tanto que provocó su abrupta parada. Allí, en la orilla contraria a la que se encontraban, escondidos entre ocres matorrales y raíces raquíticas, se podían distinguir unos grandes bidones de un intenso color amarillo. Aunque eso no era lo peor de todo: de aquellos barriles salía un líquido negruzco que caía a las aguas del río, cubriéndolas por completo con esa ponzoña negra. Elizabeth pudo apreciar que la mayor parte de esa superficie ya era completamente negra, y la mancha se extendía río abajo.
—Pero, ¿qué…? —no tuvo tiempo de continuar la frase. Su hermano le tapó la boca con una mano y la empujó ligeramente hacia unos matorrales, donde se agacharon y quedaron ocultos tras la maleza.
Ash se llevó un dedo a sus labios pidiendo silencio, y Elizabeth solo atinó a asentir. Aguardaron un momento en completa calma hasta que unas voces a la lejanía rompieron el relativo silencio que les inundó.
"¿Cómo vas con la puesta en marcha?", decía una rasposa y desagradable voz masculina.
"No va mal de todo. Producidos el doble de energía que la anticuada Central Eléctrica de Celeste, y distribuimos a la mitad de sitios, así que los ingresos van como la espuma", contestó otra voz diferente.
"¡¿Y por qué narices huele tan mal aquí?!"
"Son los residuos, los tiramos directamente al río y, como ahora no se mueve, se quedan estancados aquí…"
"¿Y por qué no los tiráis aquí y no más abajo, imbéciles? La Liga nos dijo que lo echásemos al río, pero no dijo dónde… ¡Así que quiero que mováis vuestro culo y quitéis esa peste de aquí!"
"De acueeeerdo…"
Una serie de pasos agitados precedieron los diálogos, hasta que la calma volvió a ellos. Tras unos segundos donde solo el ínfimo gorgoteo del agua y los habituales sonidos del bosque eran perceptibles, Elizabeth rompió su estupor.
—¿Qué… qué ha sido eso? —preguntó, pero no tuvo respuesta. Ashton se encontraba asomado entre los arbustos donde se escondían, escudriñando con el ceño fruncido un edificio que se encontraba a la distancia y que Elizabeth acababa de advertir.
Tras percatarse de la ausencia de los anteriores interlocutores ambos salieron de su improvisado escondite, quedando de nuevo tangible aquella desagradable escena. Los bidones seguían en el sitio donde los habían encontrado, pero Elizabeth llevó su atención al nuevo edificio que se abría entre el reseco ramal. Allí, en la linde, se alzaba un pequeño y modesto edificio compuesto básicamente de cemento y un techo plano. Su estructura no era muy llamativa, pero lo que conseguía captar la atención eran los enormes paneles y torres de alta tensión que se disponían a su alrededor y en el mismo tejado, todos conectados por largos cables negros. Un desagradable sonido se desprendía de la corriente, que llegaba a erizar la piel de quienes lo escuchasen. Y, como consecuencia, las mejillas de Raichu comenzaron a soltar chispas inconscientemente, sorprendiendo a Elizabeth en el proceso.
Ash tan solo observó a su compañero hasta que suspiró.
—En el Bosque Verde viven una gran cantidad de pokémon, y no creo que esto sea bueno para ellos —dijo—. Además, ahora que el bosque se ha expandido y ha llegado a Paleta, aún más.
—Si contaminan el río… ¿Ash?
Pero el joven no estaba prestando atención en ese momento, ya que invertía todo su interés en el pokégear que había sacado de su bolsillo. Pulsaba aceleradamente unas teclas en él hasta que el conocido sonido de comunicación establecía la invisible línea con el receptor de la llamada. Tras unos instantes, una chillona voz salió del aparato.
"¿Diga?", preguntó.
—Vin, necesito que busques información sobre la nueva central eléctrica de Ciudad Verde —añadió Ashton, ignorando el saludo del informático.
"Hola a ti también"; un audible sonido traspasó los altavoces del teléfono. "Dame un segundo".
Unos toques de teclas era lo único que se podía percibir a través del aparato. Mientras esperaban, Elizabeth se sentó en una de las rocas colindantes al arroyo y se dedicó a acariciar a Raichu, mientras observaba con tristeza la gran mancha negruzca que empobrecía todo el paisaje.
"Ya lo tengo", volvió a hablar la aguda voz de Vincent. "Fue construida hace escasos dos años debido a la demanda energética que exigían tanto Ciudad Verde, como Plateada, Azulona y Pueblo Paleta; mientras que la Central Eléctrica de Ciudad Celeste fue remodelada y sirve energía a las demás ciudades. Ahora se distribuyen el trabajo. Aquí pone que… «era un proyecto necesario por la ingente demanda y la crecida tanto física como demográfica de todas las poblaciones de Kanto»".
—Entonces, ¿está gestionada por la Liga?
"Completamente. Además, fue la Liga la que impulsó este proyecto. ¿Por qué lo preguntas?"
—Un segundo.
Ash pulsó un par de teclas en su pokégear y enfocó al río, fotografiando la penosa escena que se extendía a sus ojos. Un tañido indicó el envío de la imagen.
"Pero, ¡¿qué es eso?! ¡Qué asco!", chilló Vin.
—Eso es el río que cruza el Bosque Verde. Estamos enfrente de la nueva central.
"Sí, puedo ver la central. Pero, ¿qué es esa mancha negra que hay allí en medio? Creo que tengo que comprar unas gafas nuevas…"
—No, son los residuos que produce la central. Los echan directamente al río.
"Estás de broma".
—Míralo por ti mismo —añadió, frunciendo el ceño.
"Ah, pues qué bien. El agua de ese río es la que utiliza Ciudad Verde para abastecerse; llega directamente a la depuradora de la ciudad".
—Ahora eres tú el que estás de broma —habló Ashton, atónito—. ¡Esa vieja máquina no funciona desde hace años!
"¡Chu!"
El grito de Raichu consiguió desviar la atención de todos los presentes hacia él. Ash pudo observar como su amigo miraba con enfado y rabia los barriles contaminantes varados entre la maleza de la orilla, mientras que la electricidad discurría por sus mejillas sin ningún obstáculo. A su lado, Elizabeth observaba con sobresalto el súbito cambio de ánimo del pokémon, a quien antes acariciaba tranquilamente.
—Raichu, ¿por qué estás tan enfadado…? —preguntó.
—Es su hogar, su lugar natal —contestó su hermano seriamente—. Es normal que esté molesto.
Ashton se giró y centró su vista en el edificio colindante, mientras Raichu se desplazaba a su lado.
—Vin, ¿crees que puedes sabotear su sistema de seguridad? Vamos a ofrecerles una pequeña visita.
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Otra noche atosigada por miles de pensamientos, otra noche sin dormir. Declarando su rendición definitiva, Misty se deshizo de las suaves sábanas que la cubrían parcialmente y se levantó, dando comienzo a otro día agitado, y estaba convencida que sería tan revuelto como los anteriores. No había conseguido conciliar el sueño por completo debido a la ominosa conversación que escuchó a escondidas la noche anterior, y de la que no entendió ni una tercera parte de ella. Todos los nombres dichos, todo lo que estaba pasando… era tan desconocido para ella como su antiguo mejor amigo, algo que consideraba terriblemente triste y desalentador, sobre todo tras decidir dar un paso de valentía y tratar de conocer nuevamente a Ash, tal y como es ahora. Pero las palabras son fútiles, y los hechos, intrincados.
A medida que bajaba las escaleras percibía un suave repiqueteo, que se hacía más sonante cuanto más cerca estaba del salón. Sin embargo, amodorrada por la falta de sueño, ignoró los golpes y se dirigió directamente a la cocina dispuesta a restablecer su buen juicio con una gran taza de café. Tan solo encontró a Brock y Delia en la sala y, saludándolos con un simple "hola", se dirigió raudamente a la cafetera.
—Buenos días a ti también, Misty —Brock contestó con un deje bromista—. Últimamente te aterrorizan los amaneceres, es más de mediodía.
Como respuesta, solo recibió un suave gruñido proveniente de la pelirroja entre sorbido y sorbido.
De pronto, un alborotador estruendo sacudió la casa. Alterados, los tres se dirigieron hace el foco del estrépito: el jardín. Allí se encontraron con una estampa del más profundo desastre y desorden. Una capa de polvo y serrín levitaba sobre el aire, empañando la vista de los individuos y provocando que una rasposa tos naciese de sus gargantas, desesperadas por eliminar la polvareda de sus cuerpos. Cuando se disiparon mínimamente las partículas, advirtieron el desastre ya dicho antes: pintura propagada por diversos e intrincados sitios –incluidas los geranios del la señora Ketchum-, fragmentos de tablas de madera esparcidos por el césped y herramientas abandonadas a su suerte.
—¡Chicos! ¡¿Estáis bien?! —preguntó Delia, ignorando su catastrófico jardín, hecho que no fue compartido por Mr. Mime, quien discurrió rápidamente a través de ellos en busca de una escoba.
—¡Lo sentimos mucho, señora Ketchum! —exclamó Nico.
Misty se percató de la presencia de las Sombras en medio del desorden, y estaban tan manchados y decrépitos como el resto de la explanada.
—Ha sido culpa de Ann —dijo Zhang seriamente. Todo su cuerpo entero estaba cubierto de serrín, tanto que conseguía aplacar su cabello de ébano hasta un tono castaño, así como dos franjas de pintura dividían su camiseta en cuatro segmentos.
—¡¿Qué?! —exclamó la rubia, la cual, sin duda alguna, era la más perjudicada por lo que sea que estuviesen haciendo. Su pelo era un completo caos, y varios mechones estaban cubiertos por pintura reseca, a la cual se habían incrustado virutas de madera y serrín. Su ropa no distaba mucho de su cabello, rota por varios extremos y firmados con colores rojizos y blanquecinos. Además, tanto sus piernas como sus brazos y cara estaban cubiertos en gran medida por hematomas, cortes y más matices—. ¡Fuiste tú quien lo dejaste caer!
—Si me lo hubieses dado bien, esto no habría pasado —refutó el muchacho.
—¡Pero-!
—¡Zhang tiene razón! —esta vez fue Nico quien se unió a la disputa, tan sucio como el resto—. ¡Llevas jugando y vagueando toda la mañana, y encima rompes una tabla!
—¡Ajá! Ya sé a qué viene este ataque… —Annastasia se cruzó de brazos y les dirigió una mirada llena de suspicacia—. Estáis celosos porque Delia me haya preparado el desayuno esta mañana y a vosotros no.
Y, para finalizar su firme argumento, les sacó la lengua a ambos, mientras adoptaba una falsa postura de indignación. Mientras tanto, Nico perdía los papeles progresivamente al ver la pasividad de su amiga y el desastre que los rodeaban.
—¡Pero mira lo que le has hecho al jardín de la señora Ketchum! —gritó, fuera de sí.
—¡Yo no he sido! —contestó con la misma fuerza—. ¡Ha sido Gengar!
—¡¿Y quién es la entrenadora de Gengar?!
—¡Pues…! —Ann se mordió la lengua al verse acorralada por aquellas acusaciones.
—¡Ajá! ¡¿Qué tienes que decir ahora?!
—Pues simple: Gengar hace lo que le da la gana, y yo no puedo hacer nada contra ello.
Como respuesta a la contestación de la rubia, el susodicho pokémon apareció de repente frente a Nico, sorprendiéndole tanto como para provocar su caída al suelo. Sin embargo, antes de que el muchacho pudiese tocar el piso, Gengar alzó la brocha que portaba y pintó un enorme surco rojo en la cara de Nico. Cuando vio realizada su tarea, el fantasma estalló en sonoras carcajadas antes de desaparecer en el aire. Annastasia también se había postrado en el suelo, mientras sujetaba su estómago en un intento por controlar su ataque de risa.
—Chicos… —comenzó a hablar la señora Ketchum, pero una nueva sarta de retraídas e improperios comenzaba a aumentar entre aquellos dos, mientras Nico estaba tan rojo como la pintura de su rostro.
—No se moleste—interrumpió Tina, en quien nadie había recabado antes. Estaba sentada en el porche bajo la sombra, y era la única indemne de aquel estropicio—. Cuando empiezan así no paran hasta que se lían a golpes o el jefe les dice algo.
La líder del gimnasio Celeste había estado riendo por lo bajo tras la cómica escena entre Nico, Annastasia y Gengar; y verlos discutir de aquella forma provocó que nostálgicos recuerdos de su viaje volviesen a su mente, discurriéndose hacia la alusión del co-protagonista de sus memorias. Recorrió con la mirada toda la explanada verde que pertenecía al recinto de los Ketchum, pero no encontró en quien pensaba en ese instante.
—¿Dónde está Ash? —preguntó sin pensar a Tina, aunque se arrepintió rápidamente de sus palabras. La susodicha le dirigió una mirada furiosa antes de levantarse bruscamente y desaparecer en el interior de la casa.
—Se ha ido al bosque —contestó Zhang en su lugar, cruzándose de brazos tras presenciar la ominosa escena de antes. Con su gesto provocó que una suave nube de serrín se desprendiese de su ropa.
—Dijo que iba a buscar "no sé qué" a "no sé dónde"… —continuó Ann, dándole la espalda a Nico, quien también se unió a la conversación, olvidando momentáneamente la riña con la rubia y su origen.
—Se fue a investigar algo en el bosque —explicó—. Nos dijo que ayer tuvo una sensación extraña, y quería averiguar qué fue.
—Marcharon temprano —intervino Delia, dedicándole una suave sonrisa a Misty—. Elizabeth se levantó pronto y quiso acompañarle, así que los dos se fueron de excursión. No sé a qué hora regresaran, pero les preparé un buen picnic.
—Hablando de picnic… ahora tengo hambre —añadió Annastasia con una mueca triste.
Antes que Zhang pudiese replicar el comentario de su compañera, otro estruendo sacudió la casa y volvió a henchir el patio de polvo y diminutas virutas. Todos los presentes comenzaron a toser mientras mantenían sus ojos cerrados, en un intento de proteger su vista ante la gran nube que se cernía sobre ellos.
—¡¿Se puede saber qué estáis haciendo?! —exclamó el oriundo doctor cuando una repentina calma sustituyó al barullo anterior.
—Brock, no te enfades —la señora Ketchum dirigió una sonrisa a los tres chicos que discutían entre ellos alrededor de otro maltrecho tablón de madera caído del tejado—. Ellos intentaban arreglar los desperfectos de mi casa…
—"Intentar" es la palabra —Nico suspiró.
—¡Pero sois de gran ayuda! Habéis pintado la casa, y arreglado el tejado…
—… y hemos tirado el buzón tres veces –bueno, Ann lo hizo-, se nos ha caído los tablones del canal dos veces, Ann casi rompe una ventana con un martillo; ¡ah!, y Ann también…
—¡¿Por qué siempre yo, listillo?! —gritó la susodicha y, de nuevo, se enfrascaron en otra incesante pelea.
Zhang suspiró mientras dirigía una apenada mirada a Delia.
—Siento los problemas —dijo—. Solemos trabajar mejor con el jefe al mando.
Los tres se sorprendieron ante la sinceridad del muchacho.
—Estáis muy apegados a él, ¿no es así? —preguntó Brock con una sonrisa.
—Algo así. Todos le debemos mucho.
Acabó la charla abruptamente dándoles la espalda, mientras liberaba a su Machamp de su pokéball y cargaba con el madero caído. Al verle, Ann y Nico cesaron su pelea y se dispusieron a ayudar a su compañero.
—Señora Ketchum, ¿fue usted quien les pidió ayuda?
—Oh, no, para nada, Brock. Fue idea de Ash —Delia no pudo evitar que una sonrisa se asomase por las comisuras de sus labios, enterneciendo a la joven líder—. Supongo que… descuidé un poco la casa en estos años…
Una mueca triste se formó en el rostro de Misty. Había percibido el significado oculto tras las palabras de la señora, y no pudo evitar echar la vista atrás y recordar los apesadumbrados momentos que convivieron junto a la señora Ketchum durante la ausencia de su hijo. Quizás la intención de Ash era reparar aquella ausencia…
—Él quería colaborar también —continuó explicando—. Dijo que vendría pronto a ayudar…
—Mientras tanto le sustituiré durante un rato, o creo que no quedará casa para arreglar cuando llegue la hora de la comida—le interrumpió Brock con un suspiro, mientras se dirigía al grupo de chicos que intentaban por todos medios volver a subir la enorme viga al techo.
El jardín se quedó momentáneamente en silencio al mismo tiempo que la señora Ketchum ingresaba de nuevo en su casa y Brock acudía al rescate de los ineficaces obreros. Misty, en medio de aquel silencio en completa soledad, observó el devenir de las hojas mecidas por el viento y las flores supervivientes al desastre mientras la brisa veraniega desordenaba su cabellera anaranjada al cielo. No sabía bien qué hacer en esos mismos instantes, así que tan solo les dio la espalda a los chicos y sus residentes, y se encaminó a la enorme explanada situada tras la casa de los Ketchum. Una enorme pradera recubierta por fresca yerba le dio la bienvenida, y no dudó en sentarte a contemplar el paisaje.
Se sentía perdida en mitad de aquella pradera mientras, de nuevo y constantemente, se replanteaba el porqué de su estancia allí. A pesar de intentar concentrarse en la conversación que tuvo ayer con Brock, y las mínimas palabras que intercambió con Ash tras la cena, miles de incógnitas y nubarrones de ignorancia empañaban aquellas voces de ánimo y sosiego. La conversación que escuchó a escondidas la pasada noche le había afectado más de lo que ella quería admitir, y había sido un balde de agua fría a sus esperanzas de poder retomar la amistad que, en antaño, compartió con su "mejor amigo". ¿Pero cómo podía retomar una amistad perdida si apenas conocía nada de él? Y esa pregunta se contestó sola durante toda la noche en su cabeza con las palabras que Ashton formulaba. No sabía qué había vivido en estos cinco años de desaparición, ni lo que sentía…
Sacudió su cabeza intentando liberar su atosigada mente de pensamientos deprimentes y agobiantes, y decidió jugar con la única alegría que había vivido en estos últimos días. Sacó dos pequeñas esferas de su bolsillo derecho y liberó a sus dos grandes amigos, que la recibieron con un fuerte abrazo nada más salir a la superficie. Aquel efusivo abrazo había provocado que Misty cayese contra la hierba, y una sincera carcajada de profunda alegría salió de su garganta. Marill frotaba su cabecita contra la camiseta de la líder, mientras que Togekiss los envolvía a ambos con sus dos largas y robustas alas blancas.
Pasaron horas como minutos en un caluroso día de verano. Misty no había jugado así en años, no había reído así en años, y no se había sentido tan libre en años. Su respiración se entrecortaba debido a las intensas carreras que practicaba pillando a sus pokémon (o huyendo de ellos), sus mejillas se coloreaban de un intenso carmín debido al esfuerzo, y sus ropa y piernas estaban manchadas con el color de la naturaleza debido a alguna indebida caída o empujón amistoso. Sin embargo, nada de esto le importaba en ese mismo momento. Tan solo pedía que aquel momento, aquella sensación de libertad e infancia, no acabasen jamás.
Pero suele ocurrir que, en el mismo instante en que deseas que algo no acabe, termina de la forma más abrupta e inesperada posible. En mitad de un juego acuático, donde Marill debía mojarles hasta lograr refrescarles del sofocante calor que comenzaba a causar estragos en ellos –un síntoma del irremediable paso del tiempo-, Togekiss detuvo sus risas y enfocó su vista a un punto cualquiera en la lejanía. A pesar de que Misty no conseguía encontrar el punto al que el pokémon pájaro le prestaba toda su atención, el susodicho parecía ignorar por completo todo lo demás.
—¿Togekiss…?
Le llamó, pero no hubo respuesta. Su compañero seguía con la vista puesta en el horizonte, allá donde la pradera se perdía entre innumerables árboles que delimitaban el bosque con el agreste pueblo. Marill también había cesado sus juegos y se elevó sobre la cabeza de su entrenadora mientras sus redondas orejas se movían levemente, intentando captar algún sonido extraño que pudiese ser el causante de la detención de sus juegos. Pero ni Misty ni él fueron capaces de percibir nada más allá del viento, los típicos sonidos campestres y la vista veraniega del prado.
Pero, de pronto, una corriente de aire les alcanzó de lleno, obligándoles a retroceder y cubrirse su vista ante los guijarros y la arena que el viento había levantando consigo. Cuando la polvareda se disipó levemente, Misty observó cómo su amigo se iba volando en dirección al bosque, completamente ajeno a lo demás. Fue su despegar el que había provocando tal repentina ráfaga.
—¡¿Togekiss?! —le llamó, con un deje de duda en su voz—. ¡Togekiss!
Siguió llamando al pokémon durante unos segundos más, cada vez más fuerte y alto. Sin embargo, el pokémon parecía abstraído y renuente a prestarle la más mínima atención, mientras su velocidad y altura de vuelo seguía incrementándose, separándose irremediablemente de ella. Soltando una maldición, decidió correr tras su pokémon a donde quiera que fuese, y siguió llamándole en vano.
Togekiss volaba directamente al punto donde había centrado su atención pero, al estar cerca de la entrada del bosque, se paró en seco en el aire y pareció buscar algo en la inmensidad del prado desierto. Esto le profirió a Misty un pequeño descanso, parándose justo debajo de su compañero mientras trataba de retomar el aliento. Marill también se encontraba tras ella, mirando con interrogación al enorme pokémon pájaro.
—Togekiss… ¿qué… buscas…? —balbuceó entre bocanada y bocanada.
Y, de nuevo, fue ignorada. Togekiss parecía dudar en la dirección de su nueva marcha, pero cambió de trayectoria y se dedicó a bordear el bosque hacia el este, con Misty y Marill tras él. Tuvo que saltar varias vallas de madera –típicas de Pueblo Paleta- y allanar campos y jardines que no le pertenecían para no perder la vista a su amigo, mientras que se tropezaba con molestas piedras en el camino o se rasgaba las piernas con inútiles cactus que plantaba la gente en sus patios. Jamás había odiado tanto a las piedras y los cactus como en ese momento, ya que mantener la vista en el cielo raso le impedía poder evitar toparse con esos desagradables obstáculos.
Para su buena fortuna, Togekiss se desvió de nuevo y llegaron a un camino de tierra, que Misty no dudó en coger gozosa. Pero no era tal su alegría como para deleitarse por ese cambio. Togekiss aumentaba su velocidad de forma constante, y el cansancio comenzaba a acusar a Misty de manera notable, provocando que ni siquiera fuese capaz de intentar llamar a su amigo de nuevo. Y, en un despiste de la joven líder, Togekiss se elevó más alto y dio un gran bandazo con sus robustas alas, ganando una gran distancia con respecto a Misty, quien no podía seguir con su carrera.
—¡Togekiss! —gritó como pudo, pero su voz salió chillona y entrecortada. Mientras tanto, Togekiss se perdía en la lejanía sobre el bosque, camuflado entre alguna nube escasa que interrumpía el intenso azul del cielo.
Misty se encontraba agotada. La intensa carrera había mermado sus fuerzas al completo, sumado al excesivo calor fruto de los intensos rayos de sol, que también dañaban su piel y cabeza, y la sequedad de su garganta, siéndole un auténtico suplicio tragar o, siquiera, hablar. Pero se sentía renuente a moverse de ahí con la esperanza de que Togekiss apareciese de nuevo en el cielo y volviese a ella de nuevo, como si la carrera anterior hubiese sido solo un juego. Pero los minutos pasaron, y el pokémon volador no daba signos de regresar. Suspirando, Misty se encaminó de vuelta a donde quisiera aquel camino llevarle, desilusionada y extenuada.
Tras otro largo paseo, castigada además por el intenso y abrasador sol que parecía quemar su piel, apareció en su vista como un espejismo un molino. Un molino que conocía muy bien: era aquel que coronaba el edificio del laboratorio del profesor Oak, aunque en ese momento se le antojaba más como el paraíso a un simple laboratorio, tras no haber visto ni una casa o forma de vida en su trayecto de vuelta al pueblo. Armándose de la poca resistencia que le quedaba, apretó el paso y se dirigió con prisa al edificio, seguida siempre por su inseparable Marill. Llamó a la puerta de forma brusca y casi violenta, pero necesitaba urgentemente resguardarse de aquel cruel calor y refrescarse con un vaso repleto de agua fresa.
Tracey le abrió la puerta y, sin mediar palabra alguna o incluso ayudarle –o sorprenderse- por el repentino abrazo de Muk, Misty se dirigió rápidamente a la cocina, donde se sirvió un gran vaso de agua fresca recién salida del grifo. Y jamás había probado un néctar semejante.
—Hola a ti también, Mist —le saludó Tracey, con una marca roja en su rostro, producto de la caída ante el amor de Muk.
—Lo siento, Tracey —se disculpó, degustando su segundo vaso—. Necesitaba agua con urgencia…
—¿Qué te ha pasado? Pareces agotada.
—Y lo estoy —suspiró, y miró a su amigo con preocupación—. Tracey, Togekiss se ha ido…
—¡¿Qué?! —exclamó el observador.
Misty solo asintió con pena, y observó las pequeñas ondas que se formaban en la superficie del agua a causa del ínfimo movimiento de su mano.
—Estábamos jugando en el patio de la señora Ketchum y, de repente… pareció ver algo, y salió volando. Le perseguí desde la casa de Delia hasta, casi, el bosque, pero después voló más deprisa y desapareció…
—Hmm, qué extraño… —Tracey se llevó una mano a su mentón, pensativo—. Tiene que haber una razón por la que haya salido volando tan repentinamente… pero no te preocupes, Mist, ya verás como Togekiss…
Pero no pudo continuar hablando. La visión de su amiga llorando le enmudeció por completo. No emitía sonido alguno, pero lágrimas discurrían por sus mejillas en completo silencio, mientras seguía observando el vaso que sostenía con firmeza. Incluso algunas de esas lágrimas llegaban a mezclase con el agua de su interior.
—Misty… —susurró Tracey, levantando una mano hacia ella. En su gesto, la líder desvió su mirada hacia él, esbozando una apenada sonrisa.
—El problema soy yo, Trace —su voz tembló tanto como su barbilla—. Estoy tan obsesionada con el pasado que… no soy capaz… de mirar el presente…
Su mentón tiritaba mientras trataba de reprimir las lágrimas. Con gesto altivo, alzó la cabeza y pasó el dorso de su mano por su rostro, tratando de detener el rastro que seguían sus lágrimas, una detrás de otra, como si se fuesen siguiendo en un triste y desesperado juego.
—Yo quería… he querido siempre que… que todo fuese como antes, ¿sabes? —un sollozo involuntario la silenció por un instante—. Siempre… quería seguir viajando… con Ash, Brock y tú… con Togepi a mis brazos, pero… cada día que pasa, cada día que estoy aquí… me doy cuenta de que… todo eso ya no está…
Tracey no sabía qué responder a todo eso. Conocía los sentimientos de Misty respecto al gimnasio y su deber como líder, pero nunca se imaginó que esa carga fuese tan pesada como para provocar la penosa imagen que transmitía una de sus más cercanas amigas.
—Trace, eso ya no es posible, ¿verdad? —rió con una voz hueca—. Ash ya no está aquí, Togepi tampoco es el mismo... ni siquiera nosotros estamos aquí, ¿no es así? Hemos cambiado y… por mucho que quiera que todo vuelva a ser como antes, nunca será igual…
—Pero, Mist, las cosas pueden ser incluso mejor que antes… —intentó animar a su amiga, aunque sabía que su argumento era inútil y solo conseguiría enfadar a la líder. Y así lo hizo: Misty le dirigió una severa mirada entre las lágrimas que refulgían de sus ojos.
—¡No te das cuenta de que yo no quiero nada mejor! ¡Quiero lo que tenía antes! —de nuevo, las lágrimas salieron a borbotones de sus cavidades, y los sollozos eran irreprimibles en estos momentos—. ¡¿Por qué tuve que perder lo que más quería?! ¡Todo era perfecto cuando viajábamos juntos, conocíamos nuevos lugares, y siempre os tenía ahí, tanto a vosotros como a Togepi! ¡¿Y ahora, qué me queda?! ¡Una cárcel!
Misty golpeó con su puño la encimera de la cocina, mientras se empequeñecía sobre sí misma y apoyaba su frente en la superficie. Soltó el vaso con estrépito pero, por un afán del destino, no llegó a romperse. Aunque no podía decirse lo mismo de ella…
Tracey estiró un brazo y apoyó su mano en el hombro de la pelirroja de forma consoladora.
—Lo sé, Mist. Sé todo eso —trató de dar un tono suave y reconfortante a su voz, pero esta amenazaba con quebrarse al igual que su amiga—. Nosotros también nos sentimos así.
—¡No es cierto! —gritó, cerrando fuertemente sus ojos—. ¡No es cierto, Tracey! ¡Tú tienes todo lo que has querido! ¡Trabajas para el profesor Oak, cada día aprendes algo nuevo aquí, acompañas al profesor a sitios extraordinarios donde puedes observar nuevos pokémon cada día y, cuando vuelves, Daisy está aquí esperándote! ¡No sabes nada!
—¿Crees que no me gustaba viajar con vosotros? —interrumpió con voz suave, pero firme—. ¿Crees que a mí, o a los demás, no nos está afectando todo esto? Solo tienes que ver a Gary…
Esta vez fue Misty quien se quedó sin palabras. Abrió sus ojos y se irguió, encarando a su amigo. Sus ojos parecían más grandes que de costumbre, así como cristal puro, producto de las lágrimas nacientes en ellos.
—Misty, te entiendo mejor de lo que crees. Todos lo hacemos, en realidad —la sonrió con ternura y limpió con su mano libre una traviesa gota que había escapado de su prisión—. Todos estamos muy afectados con esto… todos, sin excepción.
La líder iba a replicar sus palabras, pero el observador pokémon se adelantó a su intento y volvió a tomar la palabra.
—Escucha, Mist. Sé que Ash era tu mejor amigo y que lo has pasado francamente mal estos cinco años, pero no fuiste la única. Gary también le consideraba su amigo, y estoy convencido de que toda la rabia y la ira que demuestra es porque siente que ha perdido a su mejor amigo —Misty parpadeó frenéticamente, tratando de asimilar toda la información—. Delia también debe de estar pasándolo muy mal al creer que su hijo le odia. Sé que han hecho las paces de algún modo pero, conociendo a la señora Ketchum…
—… se seguirá sintiendo culpable —completó la líder.
—Así es —asintió Tracey—. Brock también está preocupado por Ash, Mist. Ver a su hermano así… e incluso él mismo es uno de los afectados.
—¿Quién? ¿Ash? —no pudo ocultar su sorpresa, y sus ojos se abrieron aún más.
—Claro. Mist, no me digas que te tragaste su fachada de frialdad y seriedad.
Como respuesta, solo bajó la cabeza y se mordió el labio inferior. Sin embargo, sentir el peso de la otra mano de Tracey en su hombro libre le hizo encararle de nuevo.
—No soy psicólogo, tan solo un mero observador pokémon, pero… puede que intente parecer indiferente a todo esto, Mist, pero creo que Ash le está afectando mucho todo esto. Tan solo tienes que recordar como huyó el primer día en Pueblo Paleta. Creo que no pudo soportarlo. Ten en cuenta que… él mismo sabe que no es… el mismo, y por ello no sabe cómo estar junto a nosotros.
Tracey apartó ambas manos y se rascó la nuca con nerviosismo.
—Lo que intento decirte, Mist, es que todos lo estamos pasando mal y te entendemos. Sé que lo has pasado mal, pero… intenta enfocar las cosas de otro modo, ¿vale? Es decir, quizás esta sea la oportunidad de salir del gimnasio y volver a vivir más allá de esas cuatro pareces. Además, Ash ha vuelto, ¿no? Estoy seguro de que será cuestión de tiempo que volváis a ser amigos. Al fin y al cabo fue él quien provocó el reencuentro con Togekiss, ¿no es así? Y, hablando de él… puede que ya no sea el bebé que antes cuidabas, pero estoy seguro que te sigue queriendo tanto o más que antes. Y si se ha ido ahora, tiene que haber sido por una razón.
Misty no pudo evitar soltar una ligera risa ante el nerviosismo de su amigo, consiguiendo el efecto contrario: tranquilizarle y conseguir sacarle también una afable sonrisa.
—Siempre puedes contar con nosotros, Misty. Para eso somos tus amigos, ¿no?
—Y doy gracias todos los días por ello —contestó con verdadera vehemencia. Jamás había sentido sus palabras con tanta fuerza y veracidad en ellas—. Por cierto —cambió de tema rápidamente, dándose cuenta de un detalle importante—, ¿dónde está Daisy?
—Sobre eso… es gracioso, pero se fue casi en el mismo momento en el que entraste en el laboratorio. Iba a buscarte a casa de Delia.
—Ya me parecía raro no haberla oído chillar porque le faltaba crema facial o algo por el estilo…
Ambos rieron ante la ocurrencia de la pelirroja, aunque sus carcajadas no se prolongaron durante mucho tiempo. El sonido del teléfono resonó a través de los pasillos del laboratorio, captando la atención de ambos muchachos.
—¡Voy! —el eco de una voz a lo lejos también resonó por los corredores junto con el aviso del videomisor.
Ante el aviso de Gary, ambos volvieron a conversar alegremente intentando evitar el tema anterior. Tracey le preguntó acerca de Brock, Delia, Ash y los demás inquilinos en la morada de los Ketchum, y la líder contestaba con asiduidad mientras seguía refrescándose como podía. El calor había traspasado incluso las paredes del edificio, por lo que la temperatura en la cocina se volvía cada vez más insoportable. Cuando decidieron salir de la cocina y dirigirse al salón –donde, al menos, el ventilador del techo podía ayudarles a sobrellevar el día-, Gary les cortó el paso sorpresivamente, anclándose al marco de la puerta. Su semblante estaba serio, y varias gotas de sudor discurrían por su frente.
—Tracey —le llamó de manera solemne—, ¿dónde está mi abuelo?
—¿El profesor Oak? Pues… —el observador se llevó una mano al mentón, deliberando su respuesta mientras escarbaba en sus recuerdos—. ¡Ah, ya recuerdo! Me dijo que bajaría al mercado del pueblo a por la revista mensual Pokémon. ¿Por qué lo preguntas?
—¡Mierda! —fue lo único que exclamó antes de salir corriendo en dirección a la salida.
—¡Gary! —gritaron ambos al unísono—. ¡Espera!
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—¡Corre! ¡No pares de correr!
Había repetido aquella frase durante un tiempo indefinido, minutos en realidad, horas para ellos. Sin embargo, a pesar del cansancio y del acusado calor que les martirizaba por cada zancada, no disminuyeron ni un ápice la velocidad de su carrera. El sudor caía sin pudor a través de su frente y se discurría entre la ropa y su piel, empapando paulatinamente la tela y creando manchas de colores oscuros. Elizabeth corría todo lo que podía tras la espalda de su hermano, pero sabía que no iba a soportar mucho más aquel ritmo. Este pareció notarlo y, al ver que sus palabras de urgencia ya no causaban efecto en su agotada hermana, cogió su mano y tiró de ella para que siguiese su ritmo y no se separasen. Porque, si en una mala fortuna aquello sucedía, no quería ni imaginarse lo que pudiese pasarles.
La incursión a la central eléctrica no había salido como esperaba. Había entrado acompañado por Raichu, mientras que su hermana pequeña se quedó oculta entre los matorrales colindantes a la central, que lograban camuflarla parcialmente entre la espesura del bosque. Sin embargo, fue su propio pokémon el causante del fracaso, inconscientemente. Ashton no había previsto que las mejillas y el cuerpo de su compañero comenzasen a soltar chispas incandescentes y luminosas, que les delataron al poco de entrar. Después, su huída fue abrupta y penosa, ya que también se encontraban más agentes de seguridad privados de los que él había planeado. Pero había conseguido esclarecer algo de todo aquello, y no era nada más sorprendente que Raynold, uno de los mandatarios de la Liga, estaba inmerso en la gestión de la central, y muy probablemente era el cabecilla de todo aquello. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar. Consiguieron despistar a los guardias aunque, con todo el alboroto provocado por ambos bandos, lograron captar la atención de otros enemigos no deseados. Los Mankey y Primeape con los que Ashton y Raichu se habían encontrado la pasada mañana les habían reconocido, y no con efusiva alegría. Así, se vieron inmersos en una persecución donde ellos llevaban la desventaja de forma clara, y el cansancio cada vez iba desequilibrando aún más la situación.
Hasta que al final los temores de Ash se manifestaron. Eli tropezó con una raíz que sobresalía del suelo, provocando una estrepitosa caída que hubiese sido mucho más aparatosa si Ashton no hubiese estado sujetando su mano, evitando que se golpease la cara contra el suelo. Sin embargo, el tiempo que tardó en erguirse de nuevo y observar mínimamente los daños –un pequeño raspón en la rodilla y algunos cortes en su mano- fue suficiente para que la salvaje horda les rodease por completo, impidiendo que continuasen con su huída.
—Mierda… —maldijo Ash en un susurró, apretando con fuerza su mandíbula. ¿En qué maldito momento decidió dejar a sus pokémon en casa? —. Elizabeth, ponte detrás de mí.
A pesar de estar rodeados, su irracional instinto fraternal le haría defender a su hermana pequeña de cualquier peligro. Raichu se posicionó entre ellos dos, desafiando al líder de la manada, el Primeape del parche negro. Pero sabía que un acto irresponsable les llevaría aún más rápido al desastre. Elizabeth trataba de mantenerse lo más tranquila posible para evitar que una acción indebida pudiese alterar aún más a los furiosos pokémon, pero no podía evitar echar vistazos fugaces a su hermano cada segundo para ver si un plan había apareciendo en su mente, cosa que Ash trataba de urgir con todas sus fuerzas, sin conseguirlo.
No había salida. Estaban atrapados.
En el momento en que el Primeape alfa se abalanzó sobre ellos, provocando que un grito escapase de la garganta de Eli en un momento de pánico, una sombra se alzó sobre ellos, cubriéndolos por completo. El ataque se detuvo y, tanto atacantes como los acorralados alzaron la vista al cielo. Allí, una gran figura con dos recias alas se izaba en lo alto, impidiendo que los rayos de sol llegasen a ellos. Debido a la inesperada interrupción, los Primeape y Mankey se pusieron a dar patadas y puñetazos a diestro y siniestro, provocando que algunos de ellos impactasen sobre unos u otros y estallase una disputa interna entre ellos. Pero, gracias a la distracción, Ashton y los demás pudieron escapar, aunque Elizabeth no daba gracias por ello. No sabía decir si prefería estar de nuevo en medio de todos aquellos pokémon o encontrarse donde está ahora: en las alturas, sobre el bosque entero.
Todo había sucedido tan rápido que no le habían proporcionado el beneficio de la duda. Aquella sombra bajó del cielo y se posó en el suelo, permitiendo que los tres se subiesen a su lomo. Ashton le alzó y le aupó sobre la sombra –aunque ya no era negro, sino blanco como nieve- sin preguntarle nada, él se subió delante de ella y, con Raichu a la cabeza, alzaron vuelo, dejando a los Primeape y Mankey con su disputa. En cuanto fue consciente de nuevo de la realidad, no pudo evitar anclarse con fuerza a la cintura de su hermano, reteniendo la respiración y cerrando fuertemente los ojos. Estaban en el aire sobrevolando el bosque, mientras que el viento le azotaba por todos lados, no con relativa fuerza, pero se notaba más frío y presente que en tierra firme, donde deseaba estar. Una sensación de vértigo la inundó a pesar de tener los ojos cerrados tan fuertemente que pequeñas estrellas se iban abriendo paso entre la oscuridad, y tuvo la impresión que el estómago danzaba campante en su interior. Agradeció internamente que no hubiesen tocado la comida que la señora Ketchum había preparado para ellos, o si no… bueno, no era buen momento para pensar en "esa clase" de posibilidades.
—Elizabeth —creyó escuchar la voz de su hermano entre el sonido del viento y el aleteo del pokémon –o lo que fuese- sobre el que estaban—, me vas a dejar sin respiración…
—Me da igual —gritó, mientras se aferraba aún más a la cintura de su hermano. Él tan solo rió.
—¡Tranquila! —exclamó entre risas—. Togekiss no va a dejar que te caigas.
Ante la alusión, el pokémon emitió un alegre "toge" hacia Eli, girando un poco la cabeza para poder verla. Elizabeth abrió ínfimamente los ojos para contemplar al pokémon, sin aún zafarse del agarre. La mueca amigable que le dedicaba le tranquilizó, pero tan solo consiguió aflojar la presión de su abrazo, sin soltarse del todo.
Se inclinó un poco para poder ver a su hermano y Raichu, quienes parecían estar disfrutando bastante del viaje.
—¿Mejor? —le preguntó.
—Sí… más o menos. Es la primera vez que vuelo…
—Lo sé, aunque no había otra solución.
—Eso es verdad —asintió tras sonreír—. Togekiss ha llegado en el momento justo.
"¡To!", asintió feliz el pokémon. Parecía verdaderamente radiante al haber sido de ayuda.
—Pero, ¿no estaba con Misty?
A la mención de aquel nombre, Ashton frunció el ceño. Sin embargo, Togekiss comenzó a emitir sus sonidos característicos de forma atropellada. A pesar de no poder entenderle, aquel discurso le parecía una disculpa.
—Dice que sintió que estábamos en apuros y vino a buscarnos —tradujo Ash—. Dejó a Misty en casa.
—Espera, ¿sintió? ¿Cómo puede sentir algo así? ¿Tiene poderes psíquicos o algo así?
—No —Ashton volvió a fruncir el ceño ante las preguntas de su hermana—. Es difícil de explicar. Verás, él…
Pero fue interrumpido por dos gritos de sorpresa. Raichu y Togekiss apuntaban hacia el bosque y, enfocando la vista, pudieron percibir una mancha parda moviéndose a través de la espesura, de manera dispersa y desordenada.
—¡Los Mankey y Primeape! —exclamó Eli al percatarse de la conformación de aquel borrón.
—Y se dirigen directamente a Pueblo Paleta. ¡Vamos, Togekiss!
Ante el mandato, el ave aceleró el vuelo –para desgracia de Eli- y siguió el borrón desde arriba, el cual iba más deprisa de lo que en un primer momento parecía. Y, también, estaban más cerca del pueblo de lo que Ashton había considerado en un primer momento. Y, para rematar su mala suerte, la zona boscosa desembocaba casi de forma directa en la plazoleta del pueblo, donde estaba situado en mercado; por ende, casi siempre estaba colmado de lugareños, a menos lo que Ash recordaba de su infancia. Maldijo de nuevo para sí, deseando poder llegar antes que aquellos primates salvajes, aunque atribuía su actitud al destrozo que estaban ocasionando en el bosque, y un rastro de compasión bañó su alma. Togekiss desvió un poco su vista hacia él mientras continuaba su vuelo.
Sin embargo, sus esfuerzos no fueron suficientes para alcanzarles a tiempo. Cuando volvieron a divisarlos en tierra firme, ya que se habían elevado aún más para aumentar la velocidad del planeo, estaban desembocando atropelladamente en la comarca, causando un gran revuelo entre ellos y los campesinos que cuidaban la tierra y las granjas colindantes al pueblo. Algunos Mankey se desviaron hacia los aldeanos, quienes comenzaron a correr despavoridos al ver cómo se acercaban peligrosamente a ellos.
—¡Togekiss! —gritó Ashton—. ¡Utiliza Tajo Aéreo y dispérsalos!
Togekiss no necesitó ninguna instrucción más. Deteniéndose en el aire, agitó las alas hacia delante creando diversas ráfagas de aire a presión que impactaron sobre los Mankey, provocando que se alejasen asustados debido al inesperado ataque. Sin perder más tiempo, Togekiss reanudó velozmente la marcha hacia el centro del pueblo, mientras los agricultores les agradecían con gestos exagerados y gritos al cielo.
Mientras tanto, en una de las tiendas que conformaban el mercado de Paleta, el profesor Oak observaba nostálgico la plazoleta y el alboroto que había en ella, recordando la paz y tranquilidad que se respiraba en el aire cuando llegó por primera vez a la localidad, muchos años atrás. No es que Pueblo Paleta ya no fuese un remanso de sosiego campestre, pero se notaba las pinceladas de la industria y el comercio, brindándole un nuevo aire más moderno y agitado. Sería cuestión de tiempo –y poco- que Pueblo Paleta se convirtiese en una ciudad a la altura de Celeste o Plateada, y la modernización llegase también a rodear su laboratorio. Pero sus cavilaciones fueron interrumpidas por un griterío que comenzaba a formarse en la plaza. Intrigado por saber si se estaba desarrollando alguna especie de espectáculo o fiesta, abandonó la sombra del porche y se dirigió al centro del tumulto. No obstante no pudo avanzar apenas dos pasos, ya que una muchedumbre tumultuosa se abalanzó contra él, entre gritos de pánico y agitación. Y, cuando el gentío se dispersó, pudo ver la causa de la conmoción, y la percibió demasiado cerca, ya que una gran horda conformada por Primeape y Mankey se aproximaban hacia él peligrosamente.
Justo en el momento en el que los pokémon fijaron su atención en él, y el que parecía ser el líder de aquella jauría se disponía a arrojarse sobre su vieja figura con un gran salto, un muro de fuego se creó entre él y los primates. Sorprendidos por las llamas y el ataque furtivo, los pokémon retrocedieron asustados, cambiando su agitación violenta habitual por un bullicio nervioso.
—¡Togekiss, Lanzallamas una vez más! —el profesor escuchó una voz en lo alto y levantó la vista cubriéndose con una mano, tratando de evitar que el sol le cegase—.
Otro gran chorro de ardientes llamas rodeó a los pokémon, encerrándoles dentro de un círculo infernal de furiosas flamas. Los primates comenzaron a chillar de pánico mientras trataban de sofocar las llamas arrojando tierra o cualquier objeto que veían en el suelo. Mientras tanto, Togekiss descendía junto a un sorprendido Samuel, que observaba el aterrizaje del ave con la boca abierta. Antes de tocar el suelo, Elizabeth descendió de un salto, deseosa por tocar tierra firme y, por supuesto, preocupada por el estado del anciano.
—Profesor Oak, ¿se encuentra bien? —dijo con voz entrecortada debido a la adrenalina que aún sentía correr por sus venas.
—S-sí —asintió el investigador, observando la segunda figura que descendía del ave. Ashton se giró hacia él y le saludó con un ligero movimiento de cabeza antes de centrar la atención de nuevo en los pokémon.
El fuego había sucumbido ante la arena y la ausencia de otro material que calcinar, por lo que volvía a ser perfectamente visible el grupo de primates que se encontraba en el centro de Paleta. Pero su agresividad se había mitigado hasta ser sustituida por nerviosismo y, hasta cierto punto, temor. Los componentes de la manada miraban hacia los lados con el miedo brillando en sus grandes ojos, temiendo otro ataque o el renacimiento de las llamas.
Sin embargo, aquel pavor no era de índole grupal. El líder de la manada, el Primeape del parche negro, mantenía la mirada fija en Ashton y sus pokémon, mientras que ellos respondían con la misma acción. Raichu se adelantó un paso y comenzó a soltar chispas a través de sus mejillas en un claro signo de desafío, pero una robusta ala blanca interrumpió su paso hacia su rival. Togekiss, con una mirada impenetrable que le era dirigido al líder, interpuso su ala entre Raichu y Primeape, gesto que no pasó desapercibido para el susodicho, que pasó su mirada hacia el pokémon ave. Y esta vez fue Togekiss el que dio un paso al frente.
—¿Togekiss…? —balbuceó Elizabeth, hasta que fue interrumpida por la voz de Ashton.
—¿Quieres combatir? —la pregunta fue tajante, casi como una afirmación. Togekiss se limitó a mirar a Ash y asentir, manteniendo su gesto de seriedad.
El Primeape captó las intenciones de ambos y alzó sus puños, mientras comenzaba a gritar de nuevo. Los demás componentes retrocedieron varios pasos, dejando suficiente espacio para la batalla que ahí iba a acontecer.
—Atento, las cicatrices que tiene denota que ha participado en muchos combates, y que es el más fuerte de todos ellos —advirtió Ash—. Volar será una ventaja, pero tienes que tener cuidado con los edificios y casas alrededor. Intenta no dar a ninguna de ellas, ni que den a ti. ¿Puedes hacerlo?
"¡To!" Togekiss asintió, alargando sus alas y mostrándose cuan largo era ante su rival. Y, con un fuerte aleteo hacia el suelo, Togekiss se alzó en el aire mientras el Primeape comenzaba a bufar y saltar en su sitio con enfado. Recogiendo las piedras que encontraba a su alrededor, las lanzaba hacia arriba con una fuerza extraordinaria, pero no era suficiente para alcanzar a Togekiss, que seguía elevándose ignorante a los ataques del suelo. Cuando se hubo izado lo suficiente, el pokémon volvió su vista abajo, percatándose de la cercanía entre las casas colindantes y el pequeño círculo que habían formado los demás Mankey y Primeape.
—¡Velocidad extrema!
Obedeciendo la orden de su entrenador, Togekiss arremetió contra él con una velocidad inusual, recorriendo la distancia que había impuesto entre ellos en apenas segundos. Embistiendo con fuerza y logrando derribar al Primeape, Togekiss subió de nuevo hacia el cielo tras su ataque, desplegando sus alas y girando elegantemente para volver a enfocar a su rival, quien se había levantado y no se había tomado muy bien aquel ataque. Blandía sus puños al aire mientras resoplaba con fuerza.
—¡Ahora utiliza Tajo Aéreo!
Con un rápido movimiento, juntó sus dos grandes alas, creando una ráfaga de aire vertical con un ligero tono azulado, que se dirigía raudamente hacia su objetivo. Sin tiempo para pensar, el Primeape recibió el ataque de forma directa, desplazándole varios metros atrás y provocando que cayese en el suelo tras terminar de ser azotado por aquel tajo. Los demás, entre gritos de histeria, se reunieron alrededor de su líder y trataron de ayudarle mientras le alzaban en el aire y le sacudían con violencia, en un intento de que retomase la conciencia.
Mientras tanto, la atención del profesor, que había estado enfocada en la pelea todo este tiempo, fue captada por unos gritos que provenían de su derecha. Girándose, percibió tres figuras a lo lejos corriendo en su dirección.
—¡Abuelo! —gritó Gary tras reconocer a su progenitor en la distancia—. ¡¿Estás bi-?!
—¡Togekiss! —su pregunta fue interrumpida por un angustioso grito. Misty pasó de largo a su lado mientras miraba al cielo, reconociendo a Togekiss en mitad del cielo azul, como una nube errante.
La recua de primates, al ver a nuevos –y potencialmente peligrosos- humanos, alzaron de nuevo a su líder y desanduvieron el camino por el que habían venido, de vuelta al bosque entre una nube de tierra y arena. Ash y Elizabeth observaron sin palabras el tumulto que procesaba la marcha, mientras los gritos y el ruidoso sonido de sus pasos se perdían en la linde. Togekiss descendió hasta aterrizar junto a Ashton, quien le agradeció la ayuda con una caricia, que fue aceptada alegremente por Togekiss.
Gary y Tracey acuciaban al profesor Oak con preguntas sobre su estado físico y el del pueblo, Misty tan solo observaba con el corazón encogido la escena que se desarrollaba delante de ella. Aunque se negaba a sentirse así, la desazón agarraba su alma al imaginar el por qué de todo aquello. Togekiss le había abandonado sin miramientos para reencontrarse con su verdadero entrenador, y ese no era ella. Era aquel joven pelinegro que le acariciaba con ternura, aquel que había guiado al pokémon en la batalla y le había llevado a la victoria.
—¡Misty! ¡Chicos! —la voz de Elizabeth interrumpió sus pensamientos, y su mirada se desvió hacia la pequeña cuando la firme mirada de Ash se posó en ella—. ¿Qué hacéis aquí?
—Llamaron al laboratorio para informarnos de que una manada de Mankey salvajes estaban en el centro de la plaza —torció sus labios en una mueca y dirigió a Ashton una severa mirada—, ¿es culpa vuestra? —dijo, con una voz fría y distante.
Antes de que su hermano contestase y se armase otra pelea como la acontecida el día anterior, decidió intervenir.
—¡No! Nosotros intentamos que no fuesen al pueblo, pero de repente se desviaron y se dirigieron directamente aquí —Elizabeth habló a borbotones, intentando evitar que Gary o su hermano mayor interrumpiesen su monólogo—. Fue muy extraño, pero nosotros pudimos alcanzarles montados en Togekiss y…
—Profesor Oak —a pesar de su ritmo acelerado en su diálogo, Ash interrumpió a Eli y se dirigió con voz solemne al viejo investigador—. ¿Qué sabe usted sobre la central eléctrica del Bosque Verde?
—No mucho, en realidad —confuso por la inesperada pregunta, intentó responder lo más locuazmente posible—. Fue un proyecto autorizado por la Liga para suministrar energía a media región. ¿Por qué lo preguntas?
—No me extraña que viniesen aquí sin dudarlo… —suspiró, ignorando al profesor y alzando su vista hacia el paso de desordenadas pisadas que se perdían en el horizonte.
—Espera, ¿sabes por qué los Mankey vinieron aquí? —cuestionó Tracey con sorpresa.
—El bosque se contamina, están enfadados con los humanos —contestó sin dirigir su mirada hacia su interlocutor. Tras un momento de deliberación, se giró hasta encarar a su hermana—. Elizabeth, necesito que vayas a casa y recojas a mis pokémon. Avisa también a los demás y diles que se reúnan conmigo en la central. Desde el aire se ve bien, diles que vayan volando.
—Sí, pero… —no tuvo tiempo para oponerse, ya que Ashton le dio la espalda y se dirigió hacia Togekiss—. ¿Qué harás tú?
—Iré allí y destruiré la central —dijo tranquilamente, mientras Raichu se subía a lomos del ave.
—Pero, ¡no puedes hacer eso! —gritó el observador—. ¡Dejarás las ciudades sin electricidad!
—Tracey, es lo mejor —le contestó Elizabeth con rostro serio—. No has visto lo que le están haciendo al río. Tiran todos los productos de desecho a la corriente. Están contaminando todo…
Tracey la miró con comprensión, pero aquella angustia seguía creciendo en él.
—Pero —articuló—, ¡la Liga…!
—Más razón hay, entonces.
Ashton se subió de un salto a lomos de Togekiss quien, cuando sus pasajeros se hubieron acomodado a su espalda, alzó vuelto levantando una espesa masa de arena. Los demás se cubrieron el rostro con sus manos para evitar la polvareda y, cuando disminuyó, observaron el vuelo del pokémon hasta perderse en el firmamento.
—Se va a meter en un lío… —susurró Elizabeth mientras suspiraba.
—Es natural en él —exclamó el profesor Oak con una misteriosa sonrisa, que fue sustituida por un gesto severo hacia Eli—. ¿Es cierto lo que decías del río?
—S-sí —sorprendida ante el gesto, no pudo evitar tartamudear.
Sin contestar, el profesor negó con la cabeza y suspiró con tristeza. Al ver que la conversación había muerto tan rápido como empezó, Elizabeth se dispuso a marcharse de aquel lugar y dirigirse hacia la casa de Delia Ketchum, aunque una mano en su hombro detuvo su salida.
—Espera —se giró y contempló el rostro de Gary Oak cerca del suyo—. Yo te llevo. Montados en Arcanine llegaremos más deprisa.
Elizabeth asintió con decisión.
—Abuelo, tú, Tracey y Mist volved al laboratorio —casi ordenó mientras liberaba al pokémon de fuego de su encierro, quien manifestó su libertad con un rugido—. Yo me encargo de esto.
Esas fueron las últimas palabras de Gary antes de desaparecer junto con Elizabeth montados en su fiel Arcanine. Cuando la líder de gimnasio se aseguró de que se encontraban lo suficientemente lejos para no verla, dio media vuelta y comenzó a correr hasta la entrada al bosque.
—¡Misty, espera! —oyó la voz de Tracey a su espalda—. ¡¿A dónde vas?!
Pero no contestó, y siguió corriendo hasta internarse en la frescura que emanaba de la foresta.
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El viento acariciaba su rostro, despeinaba aún más su cabello y le aclaraba la mente, que había estado turbada con emociones contradictorias durante todo el tiempo desde que contempló el desastre natural del que era causante la Liga, pero las intensas batidas en las que se había visto inmerso le habían impedido pensar con claridad. Pero, ahora que encontraba un poco de paz en medio del caos, el piloto de una luz de alarma se había encendido con advertencia, avisándole de la estupidez que podía estar a punto de cometer. ¿Se iba a dejar llevar tan fácilmente por la ira? Sin poder evitarlo, las palabras que su instructor solía repetirle una y otra vez en múltiples ocasiones vinieron a su cabeza, similar a la vocecilla de su conciencia que tan acostumbrado estaba a ignorar: "No seas insensato, no te precipites y cometas una estupidez que nos envuelva a todos."
Sin embargo, al sobrevolar el río y poder contemplar de nuevo las terribles tiznes de ponzoña negruzca que cubría la corriente, aquella voz se acalló, sustituyéndose por una profunda sensación de ira defectuosa y terrible, a la que siempre había temido. Se mandó a sí mismo tranquilizarse mientras respiraba hondo, no ganaba nada perdiendo el control, por lo que no era conveniente que sus nervios se disparasen más allá de su jurisdicción. Se afianzó al lomo de Togekiss y trató de concentrarse en su objetivo: divisar la central eléctrica, destruirla, armar revuelo y volver a casa para cenar. Sabía que no iba a ser tan sencillo como eso, pero no era un mal plan para empezar.
Siguiendo el cauce del río, llegaron a la central. Desde el cielo no parecía más que un cubículo gris en medio del verdor del bosque, aunque se podían vislumbrar algunas antenas aún desde su posición. Y por allí iba a empezar. Mando a Raichu lanzar un rayo hacia una de las antenas, y el pokémon ni siquiera tuvo que apuntar. La corriente de electricidad fue atraída por el propio metal, y el voltaje traspasó todos los sistemas eléctricos del completo. Sin embargo, no fue suficiente para lograr algún daño. La maquinaria de la central estaba bien aislada frente a cortocircuitos o cambios bruscos de corriente para evitar un accidente mayor, por lo que el ataque no sirvió para nada aparte de llamar la atención de los técnicos, que observaron una súbita subida de energía en apenas segundos. Al ver el cielo completamente despejado, avisaron a los guardias de seguridad para que supervisasen el exterior, y descubrieron en lo alto a Togekiss y los demás, quienes descendían hacia el suelo.
—¿Quién eres tú? —inquirió uno de los guardias con voz rasposa.
—Un pobre pueblerino que pasaba por aquí y vio el desastre que estáis provocando —contestó Ashton con pasividad, levantando un hombro—. Ahora, ¿por qué no llamáis a Raynold? Me gustaría hablar con él sobre unos asuntos.
—¿Qué has dicho? —otro de los centinelas gritó y llevó la mano a su bolsillo—. Si conoces al señor Raynold no creo que seas un simple paleto de pueblo…
Ash solo sonrió.
—No sabía que estuvieses hablando de ti —ante la respuesta, el guardia arrugó la nariz con ofensa—, pero no os conviene una pelea.
—¿Ah, no? —el tercer y último vigilante se rió, mientras sacaba una pokéball de su bolsillo, imitando a los demás—. Eso ya lo veremos. Es una pena que hayas acabado aquí, chico, pero esto te enseñará a no meter las narices donde no te llaman.
Los guardias liberaron a tres Houndoom, que comenzaron a gruñir nada más salir de su encierro. Por lo que pudo suponer Ashton de todo aquello es que las visitas no eran bien recibidas por aquella zona, por lo que la Liga trataba de ocultar todo aquello que se desarrollaba dentro y, sobre todo, en los alrededores de la central. Los pokémon se lanzaron al ataque entre ladridos y aullidos, pero un Rayo de Raichu fue suficiente para dejarlos fuera de combate. Los vigilantes retrocedieron mientras devolvían a sus pokémon a sus esferas y, cuando estaban a punto de sacar otra tanda, una voz les interrumpió.
—Esperad, chicos.
Ashton se tensó al oír esa voz, y cerró sus manos inconscientemente a ambos lados de su cuerpo. Su mandíbula se delineó debido a la fuerza con la que apretaban sus dientes. Detrás de los tres uniformados, una figura más pequeña que ellos se abrió camino y, cuando se halló frente al pelinegro, esbozó una falsa sonrisa que mostraba todos sus blancos y alienados dientes. Raynold se alzaba frente a él, ataviado con un traje que, seguramente, valdría más que la modesta casa de su madre. Y era una tortura tenerle frente a él y contenerse para soltarle un puñetazo y borrarle aquella sonrisa de suficiencia de su cara, aunque le reconfortó el recuerdo de su último encuentro, donde no sonreía con tanta soberbia.
—Mi querido Ashton, ¡me alegro de verte! —dijo con voz pastosa, abriendo los brazos en señal de bienvenida—. ¿Cómo está tu padre? Hace mucho tiempo que no hablo con él.
Al no obtener respuesta, Raynold continuó con la conversación por sí solo.
—Bueno, Mathieu me contó que ha tenido algunos problemillas contigo… ¡vaya, espero que no sean graves! No me gustaría perder la amistad tan íntima que mantengo con él…
—Vaya —contestó al fin Ash, esbozando una mueca que trataba de asimilarse a una sonrisa—, ahora entiendo algunas cosas.
—¿Ah, sí? —inquirió el mandatario.
—Claro. Era extraño que Mathieu hubiese reunido el dinero suficiente para solventar todo lo que está planeando —dijo, apretando aún más sus puños.
—Y todo lo que no sabes, Ashton. Y todo lo que no sabes…
Aquellas palabras lograron desequilibrarle mínimamente. ¿Qué más tramaba Mathieu? Había sospechado que muchos de los fondos que utilizaba provenían directamente de la Liga –al igual que el antiguo Team Rocket liderado por su padre, pero no de manera tan evidente-, pero…
"Pero". Ningún pero conlleva a nada bueno.
—En cualquier caso, ¿por qué estás aquí?
—Pasaba por aquí y decidí echar un vistazo a las enormes manchas del río —se encogió de hombros mientras notaba como Togekiss se revolvía nervioso. Sintió una punzada de culpabilidad entre las costillas: sabía que Togekiss odiaba las peleas, y más estas sucias contiendas que nada tenían que ver con un combate pokémon oficial y, sin embargo, le había traído aquí sin pensar en él.
—Ah… eso. Un pequeño imprevisto en el que estamos trabajando para solucionarlo.
—¿En serio? ¿Cuándo? —su voz salió con sorna mientras levantaba una ceja—. ¿Cuándo os hayáis cargado el bosque? ¿O cuando envenenéis a alguien en la ciudad?
—Ambas cosas —Raynold sonrió con una extraña mueca que alertó a Ash—. Bueno, mi querido Ashton, ha sido una charla agradable, pero creo que estamos hablando de más… ¡me gustaría que vinieses conmigo! Hay ciertas cosas que me gustaría enseñarte, muchacho.
El mandatario iba a decir algo más, pero fue interrumpido bruscamente por las palabras del pelinegro.
—¿Cuánto paga Mathieu por mi cabeza?
—Ah, minucias, minucias —hizo un gesto en la mano para restarle importancia—; pero estoy seguro que le gustaría que estuvieses vivo cuando te entreguemos. Cogedle, chicos.
Los tres guardias se lanzaron hacia él sin aviso, aunque Ashton se anticipó a su ataque y fue capaz de responder con rapidez. Dio un codazo al primero que llegó junto él con intención de golpearle, tirándole al suelo. Tras ello, esquivó al segundo y logró darle una patada en el estómago, que el dolor le obligó a ponerse de rodillas. Y no tuvo que encargarse del tercero, ya que Raichu se abalanzó contra él y le regaló una potente descarga que lo dejó inconsciente.
Togekiss, alterado por la súbita pelea, comenzó a aletear nerviosamente, tratando de avisar a Ash. El pelinegro se subió rápidamente a su espalda junto con Raichu, y ambos se alzaron en el aire de nuevo.
—¡Qué no escapen! —gritó Raynold, propiciando a uno de los guardias caídos una patada.
Los tres, entre gruñidos y jadeos, sacaron otra pokéball de su bolsillo y liberaron a tres pokémon pájaro, que alzaron vuelto tras un potente graznido. Los tres rodearon a Togekiss antes de que pudiese avanzar y comenzaron a graznar en distintos tonos, claramente en amenaza. Ash pudo distinguir que los pokémon que les amenazaban eran tres Fearow, y sus retorcidos picos estaban abiertos ante ellos. Sopesó las posibilidades con rapidez, aunque no eran muchas: podría electrocutarlos, pero habría una gran posibilidad de que la electricidad les alcanzasen a ellos también, con lo cual acabarían tan o más perjudicados del enemigo; también podría intentar huir, pero eso significaba dejar que siguiesen destrozando el bosque, y no estaba dispuesto a ello. Por lo que…
Pero no necesitó pensar en más opciones. Un grito de emoción, tan alto que podría confundirse con locura, acalló a los Fearow antes de que una sombra impactase sobre el que tenían en frente, provocando que cayese al suelo del fuerte impacto. De nuevo, un grito hizo acto de presencia, esta vez de victoria. Ashton sonrió al reconocer la larga cabellera rubia, casi plateada a la luz del sol, que se acercaba a él sobre un imponente Honchkrow: Annastasia sonreía casi con demencia, mientras su cabello estaba completamente alborotado debido al viento.
—¡JEEEFEEEE! —gritó, saludándole con un exagerado movimiento del brazo—. ¡HOLAAAA!
Antes de poder contestar, otro relámpago pasó hacia su derecha, empujando a otro de los Fearow que gritó con pavor ante el ataque. Esta vez vio que Zhang, montado en su Skarmory, combatía al Fearow que acababa de placar, mientras que Ann se veía inmersa en una pelea contra el otro, que había remontado el vuelo y estaba listo para contraatacar. Por lo cual, solo quedaba uno.
—Raichu, escúchame —el ratón eléctrico, al oír a su entrenador hablar, le dio la espalda al Fearow restante y observó a Ashton con curiosidad, moviendo sus orejas—. Quiero que saltes y entres en la central. Destroza todo lo que puedas por ahí. Cuando Togekiss y yo hayamos acabado aquí, iremos a ayudarte. ¿De acuerdo?
"¡Rai!" Raichu asintió. El Fearow se lazó al ataque, mientras que Togekiss esquivaba con facilidad perdiendo altura, para facilitarle la bajada al pokémon. Cuando estuvieron lo suficientemente bajo, Raichu saltó del lomo del ave y se lanzó hacia la central, no sin antes darle una descarga a Raynold y sus lacayos, que observaban con cierto temor los refuerzos aéreos que habían llegado. El Fearow intentó de nuevo acertar a Togekiss con su pico, pero Togekiss lo esquivó dando un gran aleteo hacia delante, que le desplazó varios metros atrás.
—¡Lanzallamas! —ordenó Ash.
Un chorro de poderosas llamas salió de la boca del pokémon, impactando sobre el Fearow y provocando que se extendieran hasta abarcar la extensión de su cuerpo, convirtiéndose en una gran bola de fuego. A su alrededor, el Honchkrow de Ann lanzaba una ráfaga de Pulso Umbrío a través de su pico, impidiendo a su oponente la posibilidad de moverse; mientras que Zhang y su Skarmory de hierro repelían los inútiles ataques del Fearow con sus potentes alas de acero.
Y, desde el suelo, Misty observaba con aprehensión la batalla aérea. Había llegado casi al mismo tiempo que Zhang y Ann, pero ya no se sentía con la misma valentía con la que había partido desde Paleta para ayudar y socorrer a Ashton en caso de ayuda. Él ya tenía a sus compañeros, así que, ¿por qué iba a necesitarla a ella, una mera líder de gimnasio?
Además, ver a Ash y Togekiss combatir en el cielo, tan compenetrados el uno con el otro, provocó que el nudo en su garganta se retorciese con más fuerza, provocando que un intenso ardor tanto en su interior como en sus ojos se hiciese presa en ella. Ahora entendía que no tenía cabida querer revivir el pasado, porque Togekiss había elegido, y le había elegido él. La forma en la que se movían, en la que obedecía sus órdenes sin titubeos…
De pronto, una explosión desvió su vista del cielo y la dirigió a la central, donde la puerta saltaba por los aires a la vez que varios cristales que deberían formar parte de los escasos ventanucos que rodeaban el edificio. Un intenso humo negro comenzaba a salir de los espacios abiertos a la fuerza, y un olor a acre y quemado inundaba el ambiente. Misty retrocedió mientras el humo se extendía velozmente por los alrededores, provocando que la sensación de ardor y picor en la garganta y los ojos se acrecentase. Tosía mientras retrocedía, tratando de escapar de la gran nube tóxica que amenazaba con quebrar el limpio azul del cielo. Observó como Raynold y los demás hacían lo mismo que ella, llenos de hollín y en peor estado por haber estado cerca en el momento de la explosión. Al verles, corrió hacia el árbol más cercano y se escondió tras el tronco, tratando de controlar su ataque de tos. Si Raynold la veía ahí, podría ocasionarle problemas tanto a ella como a su gimnasio.
—¡Maldito! —le oyó gritar.
En lo alto, las tres Sombras observaban el espectáculo de artificio dentro de la central, donde las chispas se habían unido al humo y revoloteaban sin control, produciendo un desagradable sonido. Los tres Fearow habían huido tras la explosión, por lo que no tenían que preocuparse por más batallas. Cuando Ashton vio salir a Raichu de la central traspasando el humo negro y a los demás técnicos, decidió dar el golpe final al problema.
—Togekiss, usa Esfera Aural destruye la central de una vez por todas.
El pokémon se enderezó, mientras una bola de energía azulada comenzaba a formarse en el interior de su boca abierta. Con cada segundo la bola se iba agrandando, hasta que el pokémon la lanzó hacia el edificio, provocando una potente explosión que provocó la destrucción de la mayor parte del mismo. Sin echarle un vistazo más, pidió a Togekiss que diesen media vuelta y se dirigiesen a Pueblo Paleta de nuevo, seguido por sus compañeros.
Sin embargo, aunque quisiese ser indiferente ante ello, sentía una opresión en el pecho. El Esfera Aural de Togekiss había sido muy potente, quizás alimentado por la rabia y la ira que sentía.
¿Habría hecho lo correcto?
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Sobrevolaron el bosque hasta que percibieron unas señas desde el suelo, casi en la linde del bosque. Cuando descendieron pudieron distinguir las figuras reconocibles de Elizabeth, Brock, Gary y los demás, por lo que aterrizaron cerca de ellos. En cuanto bajó, su hermana le envolvió en un abrazo, mientras le atosigaba con miles de preguntas.
—¿Estás bien? —fue la única que logró distinguir entre los balbuceos de Elizabeth.
—Sí —quiso sonar firme, pero su voz flaqueó en el último momento.
—Vimos la explosión —habló Brock detrás de ella—. ¿Qué ha…?
—¿Dónde está Misty? —interrumpió Gary con ansiedad al no reconocer la cabellera pelirroja de su amiga entre ellos.
—¿Qué? —preguntó Ash, alterado. La opresión en el pecho se había transformado en un segundo a un peso que parecía querer arrastrarle hasta el subsuelo—. ¿No estaba con vosotros?
—Entró al bosque para buscarte. ¿No la has visto?
Aquello fue más doloroso que un puñetazo, y había recibido varios y muy variados a lo largo de su vida. Había estado tan centrado en su enfado hacia… todo en ese momento que ni siquiera se percató de la presencia de Misty en el bosque. ¿Habría estado cerca de la central? ¿Y, de ser así, habría resultado herida en la explosión? Se maldijo una y mil veces y, con la intención de volver al bosque y buscarla, se giró con desesperación de nuevo hacia el nacimiento de la foresta. Pero…
—¡Misty! —gritó Gary casi con desesperación, y se abalanzó hacia ella para fundirle en un abrazo.
Ashton observó con la culpabilidad palpitándole en el pecho como si de su corazón se tratase el estado de la joven. Tenía algunos rastros negros esparcidos por la piel y los ojos rojos e irritados, y su pregunta se respondió: sí, había estado cerca en el momento de la explosión y el humo provocado por la misma. Tosía con sequedad mientras trataba de limpiarse el rastro de lágrimas de sus mejillas.
Alzó una mano hacia ella, pero el gesto murió tan rápido como había empezado.
—¿Estás bien? —preguntó el investigador al ver el estado de Misty.
Ésta solo asintió, sonriendo levemente. Dirigió la vista hacia Ash quien, al notar los ojos de la pelirroja posados en él, aguantó la respiración con un respingo. Avanzó hacia él con decisión.
—Estaba Raynold ahí —le dijo, confundiendo al pelinegro. Se esperaba una regañina, un golpe, algo… pero no esas palabras—. ¿Sabe él que…?
Le costó unos segundos comprender la pregunta y lo quería decir con ella.
—N-no —por fin, su cerebro pareció comenzar a funcionar de nuevo—. No sabe que somos… las Sombras.
Misty asintió, bajando la mirada. Con un impulso, Ash avanzó un paso hacia ella.
—¿Te vio ahí? —preguntó.
—No —negó para darle énfasis—. Me escondí para que no me viese. Quizás sería un problema después de lo que pasó en Azulona…
Ahora fue su turno de asentir, formándose un incómodo silencio. Notaba las miradas de los demás clavadas en ellos, y la incomodidad le aconsejó que se alejase de ahí, hasta que sintió un peso en su pecho. Un peso real.
Bajó la vista y se encontró con la blanca mano de Misty, pero no era lo que le estaba tocando. Era la pokéball que sostenía.
—Quería… darte esto —parecía tensa al decir esas palabras.
Sin comprender mucho, Ash cogió la pokéball mientras Misty bajaba con pesar el brazo y… comprendió todo.
—No. Es…
—No es mío, si es lo que vas a decir —le dirigió una apenada sonrisa—. Creo que Togekiss ha elegido… y no ha sido a mí.
Negó con la cabeza mientras se giraba al susodicho pokémon, que observaba la escena sin comprender muy bien lo que ahí sucedía. No podía permitir que aquel pokémon tan inocente y reacio a las peleas se quedase junto a él, que era la imagen contraria y oscura de aquellos atributos.
—Os he visto combatir ahí arriba, y es algo que yo… nunca alcanzaré. Lo sé. Lo he sentido.
—No me lo merezco… —susurró.
—No digas tonterías, Ketchum —contesto frunciendo el ceño, un gesto característico en ella—.
Iba a contestar, a negarse, a sacar el carácter que había adquirido durante estos años… pero nada salía por sus labios. Sin embargo, su negativa seguía estando plasmada en su rostro, así lo supo al ver cómo el ceño de Misty se arrugaba aún más.
De pronto, un tirón les juntó a ambos, provocando que sus hombros chocasen entre ellos. Unas manos morenas se anquilosaban a sus brazos, mientras una sonrisa aparecía en el espacio ínfimo que aún quedaba entre ellos.
—Súper-Brock tiene la solución a esto —dijo, ampliando aún más la socarrona sonrisa que se había adueñado de su rostro—. Si estáis juntos, Togekiss no tendrá que separarse de ninguno de vosotros, y dará igual quien sujete la pokéball en ese momento.
Misty, roja de ira y vergüenza oculta, se disponía a replicar cuando una serie de alegres "¡Toge!" y "¡Chu!" la silenciaron de nuevo. Togekiss, con Raichu encima –"¿cuándo había llegado para ponerse en su contra?", se preguntó Misty-, asentían con fervor mientras expresaban su conformismo a la idea de Brock, quien también asentía con convicción, igual que hacía cuando tenía razón en alguna de sus peleas. Decidió poner todas sus esperanzas en Ash, pero este tan solo miraba a Brock con una expresión de sorpresa, con ambas cejas alzadas.
—¡Ay, miradnos! —exclamó Brock con dramatismo—. ¡La vieja pandilla ha vuelto!
El abrazo de Brock se intensificó hasta acabar siendo, casi, una piña. Misty observó entre los brazos del moreno a sus dos grandes amigos y, por una vez tras cinco años, la paz llegó a ella. Allí estaban ellos tres y, aunque no eran los mismos, dentro del abrazo de Brock parecía como si el tiempo se hubiese parado en un momento entre la memoria y el anhelo. Sonrió con verdadera alegría y se encerró en el abrazo para ocultarla mientras miraba de reojo a Ashton, quien se encontraba incómodo, pero también había esbozado una sonrisa ladeada. Sus ojos se encontraron un segundo, y por un momento le pareció cómo su sonrisa se ensanchaba un poco más.
—¡Eh, de eso nada!
Una voz les interrumpió y, rompiendo ínfimamente el abrazo, se giraron para ver al autor de aquel grito.
—¡De vieja pandilla nada! —Annastasia estaba parada frente a ellos, cruzada de brazos—. ¡Nueva pandilla!
Tras aquel chillido, se abalanzó sobre los tres jóvenes y los fundió en un abrazo tan o más fuerte que el de Brock, mientras daba saltitos de alegría. Pero no fue la única en unirse: Elizabeth no tardó en correr hacia ellos y unirse también al abrazo colectivo, así como Togekiss y Raichu acabaron encima de todos ellos. Hasta Nico se vio arrastrado hacia aquella piña humana junto con Zhang, quien se limitaba a mirar a Annastasia con una mueca entre el regaño y una sonrisa divertida.
—¡Bueno! —Delia habló por primera vez, con el corazón encogido por la alegría al ver, como había dicho Brock, la "antigua pandilla" de nuevo—. Esto se merece una celebración, ¿no creéis? ¿Qué tal una gran cena?
—¡Comida! —la voz de Elizabeth se oyó entre el tumulto de gente en el que estaba inmersa, hasta que aquella piña humana acabó por tropezarse y caer al suelo todos juntos, entre risas, jadeos y algún que otro gruñido no muy amistoso.
"Quizás Trace tuviese razón", pensó Misty mientras reía con ganas al ver la cara de Zhang tratando de quitarse a Annastasia de encima, quien seguía agarrada a él con fuerza.
"Quizás el presente pueda ser mejor que el pasado".
Continuará.
Disclaimer: Pokémon no me pertenece, es en su totalidad de Nintendo y Game Freak.
"Cuenta la leyenda que, en tiempos remotos, Athen actualizaba cada quince días..."
Ya no sé cómo disculparme, ¡de verdad! ¡Lo siento, lo siento mucho! Han sido unos meses de vacaciones donde la inspiración y la motivación -para hacer todo- me han abandonado, dejándome desamparada entre las lagunas de la improvisación y la culpabilidad por no actualizar en tanto tiempo. ¡Pero aquí está!
Bueno, dejando de lado mi tardanza de horrible persona, hablemos un poco de este capítulo. En teoría no iba a ser tan interesante, ni mucho menos tan largo, pero así ha quedado al final. He tenido incluso que recortar algunas cosas porque acababa extendiéndose de las catorce mil palabras, lo cual me parecía ya bastante largo, así que las dejaré para el próximo -que de verdad ESPERO que no tarde tanto, aunque no me siento con convicción suficiente para afirmarlo con seguridad-. Como ya os conté, en el siguiente capítulo abandonan Pueblo Paleta y emprenden viaje, y creo que se pondrá un poco más interesante de ahora en adelante. ¡Además, mi parte favorita de toda la historia está cada vez más cerca de llegar! Yyyyy último apunte: Togekiss es mucho más importante en la historia de lo que parece, por lo que... ¡estad atentos a él!
Bueno, como siempre, agradezco muchísimo los reviews recibidos y todas las visitas que me regaláis, me devuelven la ilusión día a día. Sé que tengo algunos reviews pendientes que contestaré en unas horas -aquí son casi las 4 AM y debería estar durmiendo desde hace mucho, pero no quería dejaros sin actualización un día más-. Y, sobre todo, muchas gracias a todos los lectores que hayan llegado hasta aquí. ¡Os quiero!
¡Muchas gracias por leer, espero que nos volvamos a ver pronto!
Reviews:
anmv30: ¡Hola! Un placer ver nombres nuevos por aquí. Me alegra mucho saber que mi historia te parece buena, de verdad. ¡Me hace mucha ilusión! Creo que una de las mejores cosas sobre escribir es poder entretener o, incluso, enganchar o emocionar a una persona con mi historia, y siempre lo digo: para mí es suficiente con saber que hay gente que disfruta con un pedacito de mí como es cada texto que escribo. También quería disculparme por la tardanza del nuevo capítulo, aunque espero que lo leas y te guste. ¡Un gran abrazo, cuídate!
