Disclaimer: Frozen no me pertenece, sólo me divierto con sus personajes :3
Un té con dos cucharadas de azúcar
Capítulo 10: Una reina muy justa
Helsingborg. Le había abierto las puertas de su castillo, la hospitalidad de su hogar, el cobijo de su techo, ¿y así le pagaban? La ira bullía en las venas de Elsa como si el torrente de un río se tratara. Haciendo caso omiso de las palabras de Hans, se deshizo de su agarre y se encamino a la cueva que los ladrones estaban esquilmando. Un grupo de unos 20 hombres muñidos de picos y palas escarbaban las paredes de roca en busca del más precioso de los materiales.
"¡Alto ahí!" Gritó furibunda Elsa.
"¡Majestad!" Exclamó un muy sorprendido vizconde de Landskrona. "¿Qué hace usted aquí?"
"Eso mismo me pregunto yo, vizconde. Ha estado saqueando mis montañas y alborotando la vida tranquila de mis aldeanos" Respondió indignada la reina, alzando las manos lista para el ataque.
"Todo tiene una explicación, alteza. No hay necesidad de alterarse" Dijo el hombre, acercándose con cautela.
"Mantenga la distancia" Advirtió con voz grave Hans, flanqueando a la reina por la derecha.
Elsa miró de reojo a ambos lados, Hans y Kristoff la escoltaban, ambos igual de furiosos que ella.
"Príncipe Hans. Siempre supe que sería una molestia" Espetó el vizconde con desdén.
El hombre regordete y rubio avanzó algunos pasos más en dirección a Elsa.
"Le he dicho que no se mueva" Dijo mordaz Hans, casi como un gruñido, frunciendo el ceño.
"Me importa un bledo lo que digas, principito de morondanga. Muchachos. ¡A ellos!" Ordenó el vizconde.
Nadie tuvo tiempo de hacer nada, puesto que la reina había congelado el suelo de la cueva y con ello, los pies de todos los hombres, con excepción de sus dos escoltas. Los observó forcejear unos instantes antes de acercarse al vizconde.
"Sus explicaciones las escucharé en la corte" Anunció con frialdad la rubia.
Uno a uno fue forjándoles unas apretadas esposas de hielo, imposibles de derretir con el calor humano. Con ayuda de las sogas que siempre lleva Kristoff en su equipo de montaña ataron a los hombres, de modo que formaron una larga hilera de acusados que ahora debía marchar de nuevo a Arendelle.
Los aldeanos saludaron agradecidos a la reina al ver el desfile de criminales pasar por un lateral del pequeño pueblo de picadores de hielo y mineros.
"Gracias" Murmuró Elsa cuando se posicionó al lado de Hans.
"Ha sido un placer, Elsa. Pero hay más. Helsingborg es también responsable por el hundimiento del galeón" Explicó el pelirrojo en voz baja. "Siento el atrevimiento, he metido la nariz en cosas que no me correspondían" Agregó, ligeramente avergonzado.
"Es cierto. Pero sin tu atrevimiento no hubiéramos dado con los ladrones. Arendelle te da las gracias, Hans" Respondió la reina con una brillante sonrisa.
Llegaron al palacio al caer la tarde, Anna los recibió sorprendida y no dudo en arrojarse a los brazos de Kristoff al ver que el muchacho regresaba sano y salvo de su excursión a las montañas. Elsa le dedico una expresión de enfado al príncipe Niklas cuando este corrió a recibirla.
"No deseo hablar contigo" Dijo con dureza la reina, pasando de largo por enfrente del príncipe. "Hablaremos mañana en la corte. Guardias, lleven a estos hombres a los calabozos, incluida su majestad, el príncipe Niklas"
"¡Elsa, amor mío! ¡Esto es un error!" Gritó el rubio, forcejeando con los guardias.
La rubia hizo oídos sordos a los gritos de su pretendiente y se perdió tras las puertas del palacio. La desilusión que sentía en su pecho era demasiado grande como para seguir viendo aquel rostro.
Sin dirigir palabra alguna, corrió escaleras arriba y se encerró en su habitación.
Hans no pudo evitar dedicarle una mirada de satisfacción al desdichado Niklas mientras era acarreado a los calabozos. Ese era el fin de la presencia del petulante príncipe de Helsingborg en el castillo. El acusado le regaló una mirada cargada de odio.
Una vez dentro del castillo se ofreció a llevarle la cena a la reina, dado que ella había manifestado el deseo de tomar sus alimentos en su cuarto. Giró la perilla dorada y empujó con suavidad la puerta. Dentro contempló una escena que le provocó una punzada en el pecho inmediatamente. Elsa lloraba desconsoladamente en su cama, con el rostro enterrado en una mullida almohada blanca de plumas. La tristeza que sentía la reina provocaba que la temperatura bajara unos cuantos grados y algunos copitos de nieve danzaban alrededor de su cabeza.
Depositó la bandeja en la mesa que estaba a un costado en la habitación y con pasos inseguros se aproximó a la cama. Los sollozos de Elsa le estrujaban el corazón de una manera que dudaba alguna vez haber sentido.
"¿Elsa?" Mustió dubitativo.
La rubia despegó el rostro de la almohada, sus preciosos ojos azules estaban hinchados por el llanto y las mejillas sonrojadas por las lágrimas.
"Vete" Ordenó, volviendo a su posición inicial.
"No lo haré" Respondió con tono obstinado Hans.
Se aproximó más, para luego sentarse en el borde la cama. Su mano algo temblorosa se posó en la espalda de Elsa. Ella amainó el llanto. Luego se incorporó una vez más. Sentándose en la cama, se quitó los rastros de lágrimas con el dorso de la mano. Con ese aspecto le parecía más menuda de lo normal. La necesidad de consolarla se le hizo imposible de controlar.
"Elsa, ¿por qué lloras? Capturamos a los ladrones" Indagó Hans con voz suave, atreviéndose a tomar una de las manos de la reina entre las suyas. La tenía helada, más de lo habitual.
"Soy una estúpida" Respondió Elsa con un suspiro. "Un gobernante más hábil hubiera adivinado que no eran de fiar"
"Un gobernante con poderes para leer la mente tal vez" Puntualizó Hans haciendo una mueca "Eres una buena reina, Elsa. Justa, honesta y afectuosa con tu pueblo. Todos te adoran" Agregó sonriendo sin enseñar los dientes, como era su costumbre.
"¿Tú crees?" Murmuró dubitativa la rubia, dando algunos hipidos producto del llanto.
"Por supuesto. Elsa, eres el tipo de gobernante que me hubiera gustado ser" Confesó el mayordomo y un rubor tímido cubrió sus mejillas, dándose cuenta que había hablado de más. Jamás le había comentado tamaña cosa a nadie.
"¡Oh!" Suspiró Elsa, sorprendida.
"Lo siento. Te he incomodado." Se disculpó Hans. Se sentía muy idiota en esa situación y no sabía cómo obrar frente a la reina.
La soberana meneó la cabeza y le dedicó una tímida sonrisa. Lentamente la habitación fue cobrando una temperatura más acorde a la época del año que estaban experimentando.
"No lo hiciste" Respondió con voz suave. "Entonces… ¿ya no quieres ser rey?" Preguntó sorprendida.
El pelirrojo meditó un instante. Con tantas tareas de las cuales ocuparse como mayordomo de Elsa y al ver visto privado de tanto protocolo como miembro de la realeza, no se había planteado en meses su anhelo de ser rey.
"No lo sé… creo que ya no lo deseo como antes" Respondió antes de llevarse el dorso de la mano de Elsa a los labios. "Hora de comer, alteza" Indicó, depositando un casto beso sobre aquella piel tan tersa.
Hans no abandonó la habitación hasta que Elsa hubiere terminado de comer, hablando amenamente con ella, haciéndola reír de tanto en tanto.
"Llevamos días como amigos y hay muchas cosas que no sé de ti" Soltó la reina, antes de llevarse a los labios la copa rebosante de jugo.
"¿Qué gustaría saber de mi?" Preguntó Hans con curiosidad, sin duda que la reina se mostrara tan abiertamente interesada en él lo regocijaba.
Elsa apoyó su dedo índice sobre el mentón, en gesto dubitativo.
"¿Color favorito?" Preguntó al fin.
"Púrpura" Respondió el pelirrojo con una sonrisa.
"¡El mío también!" Chillo emocionada Elsa.
"Mi turno. ¿Comida preferida?" Dijo Hans riendo ante entusiasmo de la chica.
"Sándwiches. Es una comida práctica y no corres el riesgo de mancharte" Respondió la rubia, encogiéndose de hombros.
"Veo que tenemos muchas cosas en común, eminencia" Comentó el mayordomo, sorprendido y Elsa soltó una risita.
Descubrieron así que tenían más cosas en común de las que pensaban. La expresión somnolienta en el rostro de la muchacha le indicó que tal vez fuera hora de dormir, además, había pasado más tiempo a solas en su cuarto de lo que era correcto para una mujer de su posición. Elsa se acostó nuevamente en su cama y en pocos minutos cayó profundamente dormida. Hans la contempló unos instantes en silencio, mientras ordenaba el servicio sobre la bandeja. Sin darse cuenta, se encontró anhelando pasar mucho más tiempo de esa manera con ella. El corazón le latió fuerte al pensar en compartir el lecho, despertar con Elsa entre sus brazos, no como en el bosque, si no de una manera más intima.
Cuando estaba próximo a la puerta, la escuchó murmurar entre sueños.
"Niklas"
Una palabra fue suficiente para que un latigazo de dolor se hiciera presente en él. El corazón de Elsa pertenecía a alguien más y ese el motivo de su sufrimiento.
Hans dejó de racionalizar sus sentimientos. Estaba experimentando uno muy amargo. Celos.
A la mañana siguiente una renovada Elsa amanecía en la habitación principal del castillo del reino de Arendelle. Había dormido plácidamente a pesar de los problemas que la aquejarían al día siguiente y todo gracias a su particular y atractivo mayordomo. La imagen de Hans rondó su cabeza y no pudo reprimir un suspiro, debía ser honesta consigo misma y admitir que el pelirrojo le provocaba fuertes sensaciones. Sonrió tan sólo pensar en cómo podría halagarlo por sus buenas acciones para con ella y su reino. Un suave golpe en la puerta la sacó de sus cavilaciones y ni bien autorizó el acceso, un cabizbajo pelirrojo se adentró en la habitación.
"El desayuno, majestad" Anunció Hans, sin mirarlas.
Aquella actitud puso en alerta a la reina, algo malo debía pasar.
"¿Hans? ¿Qué sucede?" Preguntó preocupada la rubia, desplazando a un lado las sabanas y cobijas, ya la había visto en esas fachas en una ocasión, no había motivos para mostrarse pudorosa ahora.
"Nada, alteza. Por favor, beba su té antes de que se enfríe" Pidió el pelirrojo. "Volveré cuando haya terminado" Explicó, sin dedicarle más no fuera una mirada de reojo.
¿Qué rayos fue eso?, pensó Elsa, observando la puerta cerrarse.
Se apresuró a tomar su desayuno, pese a su rara conducta, Hans no había olvidado ningún detalle. Dos cucharadas de azúcar en el té, galletas de limón y chocolate, su taza predilecta, esa de porcelana con pequeñas rosas dibujadas. Hasta había incluido un ramito de flores recién cortadas.
Para bajar a la corte optó por verse poderosa, lo último que deseaba era que los miembros del reino de Helsingborg pensarán que era una niña asustadiza que se refugiaba en los colores de su padre para demostrar poder. Para la ocasión se creó un maravilloso vestido de hielo, su marca personal. Ajustó su corona, con el zafiro azul refulgiendo como mil soles, y colocó algunas de las flores con las que estaba acompañado su desayuno entremezcladas con los mechones de su trenza. Luego se dispuso a bajar.
La corte de Arendelle estaba ubicada en la planta inferior del castillo. Una alargada sala con dos estrados laterales confeccionados en madera lustrada de nogal, y un estado principal y alto, de la misma madera que los anteriores. Elsa se ubicó en el trono del estrado principal y dio la orden para que entraran los acusados. En un desfile silencioso, ingreso el príncipe Niklas de Helsingborg, el vizconde de Landskrona y los mineros.
"¿Saben los acusados por qué están aquí?" Preguntó con voz grave la reina, dedicándole una mirada gélida a cada uno de ellos.
"Elsa, amor mío. Esto es un error. No tenía idea de lo que planeaba el vizconde" Respondió Niklas, con una sufrida expresión en el rostro. "Lo juro"
"Príncipe Niklas, los diamantes de Arendelle han sido robados en nombre de su reino. ¿Puede explicarme cómo es que no tenía noción de ello?" Espetó Elsa, casi como un gruñido. "Majestad sería más oportuno para nombrarme, si no le molesta"
"Hablaré por mi persona y no en nombre de Helsingborg, majestad. No, no tenía noción de ello. Jamás haría algo tan vil. Me conoce, majestad. La única cosa que deseaba robarme de Arendelle era su corazón" Respondió el rubio, con pesar.
Elsa prácticamente ignoró sus palabras y dirigió una mirada hostil hacia el vizconde.
"Vizconde, no sólo robó mis diamantes, sino que intentó atacarme, ¿cómo se declara?" Anunció la reina.
El regordete hombre se removió incomodo en el banco de los acusados.
"Inocente, majestad. Los hombres que usted ve aquí son los verdaderos ladrones" Respondió el vizconde, con voz seca.
Los mineros lanzaron una retahíla de insultos e improperios, que no hicieron más que confirmar las sospechas de Elsa. Fueron llevados allí con falsas promesas y ahora regresarían a sus hogares convertidos en criminales.
"Suficiente, señores." Dijo Elsa, alzando una mano pálida. "Me tomaré unos minutos para analizar el veredicto" Explicó con voz solemne.
Bajó del estrado y desapareció tras una puerta.
"Elsa, ¿qué piensas hacer?" Preguntó Anna con preocupación. Para ella también había sido una terrible decepción lo ocurrido con el reino de Helsingborg y en verdad tenía muchas ganas de golpear al Niklas.
"El vizconde y los mineros se marcharan de Arendelle, con pena de muerte si vuelven a pisar éstas verdes tierras. Niklas se queda" Respondió Elsa, escarchando la superficie de la mesa se la sala contigua a la corte, demostrando su nivel de nerviosismo.
"¡¿Qué?!" Estalló indignada la pelirroja.
"Anna, en tu rol de princesa te has visto beneficiada con saltearte algunas lecciones que he tenido que recibir como futura reina durante nuestra educación." Respondió la mayor de las hermana, con voz osca. "A tus amigos ten los cerca y a tus enemigos todavía más. Niklas será rehén en Arendelle hasta que Helsingborg devuelva los diamantes" Explicó la rubia.
Anna se mostró satisfecha con la respuesta y corrió abrazar a su hermana.
"Eres una reina muy justa, Elsa" Dijo Anna, estrujando a su hermana mayor.
Tal y como le había anunciado a su hermana, Elsa dictó esa sentencia. El príncipe Niklas se vio visiblemente afectado al cambiar su rol de invitado honorífico a prácticamente un rehén. Sólo podía andar libre por el castillo, no podía enviar correspondencia, para cualquier cosa que deseara hacer debía contar con el consentimiento de la reina. Niklas observó con congoja a Elsa pero no dudó en ofrecerle sus más sinceras disculpas en nombre suyo y de su reino, y que haría todo cuanto estuviera en sus manos para recuperar las mercancías perdidas. Realmente se veía avergonzado por el obrar su tío.
"Obró bien, majestad" Felicitó su mayordomo.
"Gracias, Hans" Respondió Elsa "¿Ahora me dirás qué te sucede? Has estado cabizbajo todo el día." Pidió, con una sonrisa amable. "Si algo te aqueja, seguro podré solucionarlo"
El pelirrojo meneo la cabeza. Lo escuchó tragar saliva, como si lo que viniera a continuación fuera muy difícil de decir.
"Nada me aqueja, majestad. Pero gracias por su preocupación. Es sólo que…" Respondió Hans y sus últimas palabras parecían morir allí.
"Vamos, dilo." Presionó la reina, posando su mano pálida en la mejilla del joven, a fin de inspirarle confianza.
"Ojala hubiera sido todo diferente entre nosotros" Soltó al fin.
Tomó la mano que posaba en su mejilla y la acarició con el pulgar antes de dejarla caer con delicadeza. Lo observó andar por el largo corredor que conducía a las cocinas.
¿Por qué siempre tienes que ser así de enigmático, Hans? ¡Me desesperas!, bufó para su interior la reina. Pateó con frustración el suelo, congelándolo. Todos los que iban por el pasillo patinaron y se bambolearon con expresiones temerosas. Rápidamente deshizo el hielo.
"Lo siento" Exclamó la reina, con las mejillas sonrojadas de vergüenza.
¡Hola! ¿Cuántos desean lincharme por dejar a Niklas en Arendelle? :3
Reviews! Los amo! Son fantásticos! Gracias por tomarse la molestia de dejarme uno! :3
Abby Lockhart1: "Hijo de sushi" Voy a incorporar eso a mi colección de insultos soft. :)
TALOS X: Me alegro que te haya gustado la parte de los trolls y pronto habrá una respuesta para ese "Y si" :)
Ana ivet: Me alegro que te guste mi historia. El fic de Ana Victoria se llama "Un amor de hielo" y la canción que cantaron los trolls es de la película Encantada, en español la canción se llama "Y tú sabrás". Por supuesto que no voy a dejarlos con esa duda! :)
Adrilabelle: Sé que he sido algo malvada en no poner un bendito beso, pero juro que estoy preparando algo bueno (ejem, yo creo que es bueno… uds me dirán). Me alegro que te haya gustado el capítulo! :)
Lalocanaye: ¡Bam! ¡Surprise! Genial si te gusto la canción y el capitulo! :)
Kiks Cullen: Ugh, universidad! También usaba el FF como refugio cuando estudiaba en la universidad. Me alegro que te guste como va avanzado la historia, suerte con los estudios! :)
Edymar Guillen: Me alegro que te haya gustado tanto el capítulo y te prometo que siempre que pueda actualizare lo más rápido que pueda. :)
Chiara Polairix Edelstein: "Trolls: El musical" Me hizo pensar en eso. :)
Sams Brok: Me alegro que te guste y muchas gracias por el review! :)
Lia-chan555: Veo que el capítulo fue como un mar de sensaciones! Me alegro mucho de que te haya gustado tanto y espero que disfrutes los que vienen! :)
Saludos,
Ekishka
