*ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas de violencia. Léase bajo su propia responsabilidad.
Disclaimer: No me pertenecen ni la historia, ni los personajes. La historia es de Biianca23 y los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, yo sólo hago la traducción.
Capítulo 10: Entumecida y soltándolo todo
Kaede parecía preocupada. Todos habían vuelto a la cabaña de Kaede después de su charla con Kagome. Cuando volvieron, era casi por la mañana. Se sentaron, perdidos en sus pensamientos. Miroku fue el primero en romper el incómodo silencio.
—Ahora sabemos cómo se ve de verdad Inuyasha y cuáles son sus intenciones con Kagome —todos asintieron.
—¿Notasteis lo que llevaba puesto Kagome?
Miroku asintió.
—Sí. De alguna manera se quitó las cuentas de subyugación y se las puso a Kagome. También alteró sus poderes de modo que Kagome irá a él cada vez que él quiera —cerró la mano en puño—. Esto es atroz por su parte. Es completamente repugnante y primitivo hacer que una mujer pase por semejante cosa.
Sango lo miró con preocupación en los ojos. Puso su mano en su hombro y él se calmó un poco inmediatamente.
—¿No hay nada más que podamos hacer Kaede?
Kaede meneó la cabeza.
—Me temo que no. Inuyasha nos ha bloqueado completamente para que no hablemos con Kagome. Tendrá que conformarse con lo que le hemos contado.
Kaede le había hablado de lo que buscaba el demonio en realidad y un poco sobre el apareamiento. Miró el fuego. Inuyasha… por favor, no le hagas daño a Kagome. Ella no es más que una niña inocente y no está preparada para ser marcada. Y Kagome, por favor cuídate.
Kagome se despertó sobresaltada y con un impresionante dolor por todo su cuerpo. Se quejó y miró a su alrededor. Su habitación era la misma de la noche pasada. Volvió a recostar la cabeza y cerró los ojos mientras recordaba los sucesos de la última noche.
—Será mejor que llores perra, porque esto te va a doler.
Kagome cerró los ojos e intentó apartarse, pero él era demasiado poderoso. Le dio una bofetada y le gritó que se quedara quieta. Ella no pudo hacer más que obedecer. Lo miró a los ojos y vio la niebla negra dando vueltas, chocando con el rojo. Se veía mortífero. Intentaría cooperar y con suerte lo convencería de que fuera suave. Le rasgó la camisa y el sujetador, y también la falda y la ropa interior.
—Inu… Inuyasha… por favor…
Le volvió a dar una bofetada.
—¡SILENCIO PERRA!
Kagome tenía numerosas lágrimas rodando por sus mejillas cuando él empezó a succionarle los pechos bruscamente. Le agarró el trasero y lo estrujó con mucha fuerza. Ella gritó de dolor, pero él siguió adelante. Sin avisar, deslizó dos dedos dentro de Kagome y sus ojos se abrieron como platos cuando se abrió paso un nuevo dolor. Le rogó que se detuviera, pero él ignoró sus gritos y sus lágrimas. Kagome sintió que un líquido salía de su zona inferior. No tenía que preguntarse qué era. Ella sabía que era sangre. Inuyasha bajó la mirada hacia eso y lo lamió hambrientamente.
—Mmmm… compañera, sabes muy bien… —siguió lamiendo esa zona y Kagome no pudo evitar gemir suavemente. Esto era lo único que se sentía remotamente bien. Él detuvo lo que le estaba haciendo al resto de su cuerpo y se concentró en su parte baja, lamiendo y chupando. Kagome estaba un poco más relajada ahora que él le estaba haciendo algo que le gustaba. Deslizó su lengua dentro de Kagome y ella jadeó. Se había esperado que doliera, pero no dolió. Cerró los ojos e intentó concentrarse en el placer que estaba recibiendo de él, y no en el dolor que sentía por todo su cuerpo. Inuyasha se detuvo y bajó la vista hacia ella. Se quitó la parte de arriba y los pantalones. Kagome se sonrojó. Nunca antes había visto a un hombre desnudo. Inuyasha no perdió mucho tiempo en agarrar a Kagome y en hacerle arrodillarse en el suelo. Kagome estaba confundida por lo que iba a pasar. El dolor recorrió todo su cuerpo al verse obligada a moverse. Inuyasha permaneció de pie delante de ella mientras se daba cuenta de lo que quería que hiciera.
—Inuyasha no.
Él gruñó y la agarró bruscamente por el pelo, atrayéndola a él. Kagome hizo una mueca de dolor cuando sus rodillas se deslizaron con fuerza por la alfombra. Él le empujó su erecto y muy largo pene en su boca mientras a Kagome le entraban arcadas. Volvió a empezar a llorar. Nunca había experimentado algo tan repugnante en toda su vida. Él continuó moviéndole la cabeza sin piedad y Kagome pensó que iba a vomitar. Cuando entró en ella, Kagome se apartó de él y lo echó todo. Vomitó en la alfombra e intentó ponerse en pie, pero sentía mucho dolor y sus piernas estaban temblorosas. Inuyasha la levantó por el pelo una vez más y la tiró en la cama. Kagome estaba sentada sobre su propia sangre. El solo pensamiento la hacía querer vomitar un poco más. Inuyasha se puso encima de ella y sonrió con maldad.
—Ahora compañera, serás mía.
Sin previo aviso, se empujó dentro de ella y Kagome gritó a un volumen que nunca había alcanzado antes. Intentó apartarlo, pero la agarró, la abofeteó y la sujetó. Ella le gritaba que se detuviera. Era demasiado. Podía sentir que su interior se estaba rasgando, literalmente, debido a la fuerza bruta.
Inuyasha lo estaba disfrutando. Nunca se había sentido tan bien en toda su vida. Sabía que había entrado demasiado fuerte, pero no le importaba. Su compañera aprendería a amarlo y a obedecerlo, y lo haría rápido. Continuó entrando y saliendo a un ritmo rápido, ignorando los gritos de Kagome. Vio que salía mucha sangre y se detuvo. Salió de ella con un rápido movimiento.
Kagome estaba temblando. Nunca se había sentido tan… rota… tan… usada en toda su vida. Quería morir. Simplemente coger algo y apuñalarse. Ella ya no podría vivir con este dolor o con este… monstruo. Gritó cuando le dio la vuelta. Él le inmovilizó las piernas mientras se ponía encima de ella.
—Si piensas que eso dolió, esto va a ser peor perra.
Entró en ella desde atrás mientras los ojos de Kagome se abrían como platos. No tenía energía para gritar. Dolía demasiado. Intentó usar su energía espiritual para alzar una barrera sobre ella, pero estaba demasiado débil. Yació ahí, dejándole que le destrozara su interior. Con suerte esto la mataría y sería libre. De repente, todo se detuvo. Él le volvió a dar la vuelta y le agarró el pelo para alzarla sobre él. La abrazó violentamente mientras comenzaba a lamer su cuello. Kagome empezó a perder el conocimiento y a cerrar los ojos. Hizo una mueca cuando sintió un fuerte pellizco en su cuello. Sabía lo que le había hecho, pero no tenía la energía para importarle. La recostó en la cama y se levantó. Lo último que ella vio fue a Inuyasha vistiéndose y sonriéndole malévolamente.
—Buenas noches perra.
Kagome volvió a despertarse, con una fresca tanda de lágrimas rodando por su cara. Estaba deshonrada. No podía creer lo que le había pasado. Inuyasha… cómo pudiste.
Se levantó y se agarró el estómago. Le dolía mucho. Cuando salía de la cama, su pie tocó un papel. Lo recogió y se dio cuenta de que era una parte de la foto que Inuyasha había destrozado. Las lágrimas siguieron llegando cuando se dio cuenta de que no le quedaba nada de su padre. Miró a su alrededor y vio que había más trozos en el suelo. A lo mejor podía reunir todos los trozos y pegarlos. Miró en el espejo y vio que estaba sangrando por casi todas partes y que estaba desnuda.
Kagome caminó muy despacio hacia el cuarto de baño, con cuidado de no ejercer presión en ninguna de sus heridas, o pisar sobre su vómito, que se había secado en la alfombra y ahora olía horriblemente. Se tapó la nariz y cogió una toalla para cubrirse. Después de llenarse la bañera, fijó la mirada en el agua. Sabía que le escocería mucho si entraba, pero también sabía que si se quedaba así, se le podría infectar algo. Suspiró mientras se metía en la bañera. Ya estoy herida por todas partes. Bien puedo soportar un poco más. Pensó amargamente. Hizo una mueca mientras intentaba meterse despacio en el agua. Cada vez que se hundía un poco más, sentía como si la pincharan un millón de agujitas. El escozor dolía. Mucho. Kagome perdió de repente el punto de apoyo y se cayó en la bañera.
Soltó un grito e intentó quedarse quieta. Moverse sólo ponía las cosas peor. Dejó que las lágrimas rodaran por sus mejillas, mientras la rodeaba la sensación de escozor. Tras unos minutos, el escozor desapareció y su visión fue reemplazada por el rojo. El agua de su baño se había vuelto prácticamente roja. Kagome limpió todas sus heridas y las vendó. Había una herida que Kagome no podía vendar. Bajó la mirada. Tenía lágrimas en los ojos cuando pensaba en cómo le había dado su virginidad. ¡Sólo tenía 15 años! Iba a enamorarse, a casarse, luego iba a tener sexo amorosamente en su noche de bodas, no de esta manera. Había sido violada. Ella nunca quiso hacerlo. Y ahora no podía tenerlo de vuelta. Él le había robado la virginidad. Puso las manos en puño. Ahora no es momento de emocionarse. Terminó su baño y salió. Recordó que su madre volvería pronto a casa. Tenía que pensar en un modo de mantenerlos fuera el máximo tiempo posible. Volvió a su habitación y marcó el número de su madre. Contestó su madre y antes de que pudiera decir una palabra, su madre estalló en gritos:
—¡KAGOME! ¡TU TÍA SE HA PUESTO DE PARTO! Lo siento cariño, pero vas a tener que quedarte sola un día más o así. Tengo que irme, ¡adiós! ¡Te quiero!
Kagome sonrió débilmente y colgó. Un problema resuelto. Pensó Kagome. Kagome se vistió y se dirigió a la puerta. Todavía estaba muy débil y necesitaba comida. Dolía mucho hablar o incluso caminar. Abrió la puerta y miró fuera. Se preguntó brevemente dónde estaba Inuyasha. Se asustó instantáneamente. ¿Y si volvía a intentar algo con ella? No podría soportarlo. Sus ojos le picaban por las lágrimas. ¿Qué importa? Mi vida está acabada, así que bien podría tomar lo que sea que quede de ella. Pensó con abatimiento. Ella era demasiado débil como para que le importase si Inuyasha estaba ahí o no. Bajó las escaleras, teniendo mucho cuidado. Le llevó unos buenos quince minutos bajar las pequeñas escaleras que tenía. Fue a la cocina y miró lo que habían dejado para comer. No tenía ganas de andarse moviendo debido a las heridas, así que sólo cogió una rebanada de pan y le echó mantequilla. Mientras comía, pensó en qué iba a hacer hoy. No podía salir al exterior e Inuyasha no estaba por ningún sitio. No quería ver a Inuyasha después de lo que le había hecho la noche pasada. Volvió a subir a su habitación y cogió unos trozos que había reunido de la foto. Ninguno de ellos encajaba, así que decidió encontrarlos todos, sin importar cuánto le llevara. Buscó por la habitación y encontró unos cuantos trozos más. Miró fuera y vio algunos papeles esparcidos por el suelo. Tenía que salir de su habitación. El hedor del vómito era demasiado como para soportarlo. Le daba arcadas. Salió con cuidado y recogió los trozos del suelo. Hizo una mueca al doblarse. La venda de su estómago estaba empezando a rasgarse.
El viento apareció de repente y Kagome vio más trozos volando. Tenía que alcanzarlos. Cojeó lo más rápido que pudo hacia los papeles, estirando la mano hacia ellos. Papá… pensó. Tenía que traer de vuelta a su padre. No podía perderlo, él era el único que la mantenía cuerda. Vio que entraban dentro de una vieja choza y bajó el ritmo. Ahora no irán a ninguna parte. Kagome cojeó hacia la choza y pensó en los recuerdos que tenía de su padre.
Lo recordaba como un hombre feliz y amoroso. Kagome estaba extremadamente unida a él y prácticamente lo seguía a todas partes. Solía llevarla al árbol sagrado y la abrazaba mientras le cantaba viejas nanas. Los ojos de Kagome se humedecieron al recordar la canción que solía cantarle, su canción favorita. Era de la película de Disney "El origen de la Sirenita", era la canción que cantaba Ariel. Recuerdo. Recordó Kagome el nombre. Se la cantaba casi todos los días y siempre funcionaba para hacerle dormir. Su padre le había enseñado a cantar. Solía cantar con él todos los días. Después de su muerte, paró. Su familia no quería que lo hiciera, porque tenía muy buena voz, pero… era demasiado doloroso. Kagome empezó a llorar. Se limpió rápidamente las lágrimas, abrió la puerta de la choza y miró a su alrededor. Qué suerte la mía, está en el estante de arriba. Kagome se estiró para alcanzarlo, pero la venda de su estómago le recordó que tenía que tener cuidado. Pero tenía que cogerlo. No podía dejarse ningún trozo. Con confianza, se subió sobre una de las cajas que estaban bastante altas. Para su consternación, no era suficiente para que llegara arriba.
Miró a su alrededor pero no pudo ver nada más a lo que agarrarse para impulsarse rápidamente. Suspiró. Supongo que tendré que atreverme e intentar no dañarme más de lo que ya estoy. Se subió a uno de los estantes y estiró la mano para agarrar la parte de arriba del estante más alto donde estaba la foto. Normalmente, Kagome usaría la cabeza y examinaría la situación antes de actuar, pero Kagome estaba físicamente exhausta, dolorida y al borde del colapso mental. No estaba usando la cabeza.
Levantó el pie de la caja y vio que ahora estaba completamente sobre el estante. Todo lo que tenía que hacer era escalar. Puso con cuidado un pie en el siguiente estante y usó su otra pierna para impulsarse. Se subió al siguiente estante con facilidad. A lo mejor esto no va tan mal. ¡Sí! ¡Puedo hacerlo! Siguió escalando hasta que finalmente estuvo en lo alto. Inspeccionó la zona y vio el trozo de papel al fondo del estante. Con cuidado, se estiró y lo cogió. Lo tengo. Ahora a bajar… Cometió el error de mirar hacia abajo. Volvió a mirar rápidamente hacia arriba e intentó calmarse. Vamos Kagome. Entrar en pánico aquí no va a hacer ningún bien. Tienes que ir paso a paso. Estaba respirando profundamente, intentando suavizar el dolor que circulaba por ella. De repente, se rompió uno de los estantes y el pie de Kagome perdió el apoyo. Se soltó automáticamente, arañando brazos y rodillas en el descenso. ¡Oh no! ¡Qué alguien me ayude! Cerró fuertemente los ojos, esperando el impacto. Sorprendentemente, aterrizó en algo blando. Eso es raro, no recuerdo que haya nada más que cajas por aquí…
Abrió los ojos y los encontró fijos en unos rojos. Kagome se llenó instantáneamente de miedo. Se apartó de sus brazos y retrocedió hasta la estantería. Inuyasha se acercó más a ella.
—¿Qué demonios pensabas hacer perra?
Kagome no pudo encontrar su voz. No quería hacerle enfadar, o enfadarlo más de lo que ya parecía estar. Él entrecerró los ojos.
—Respóndeme perra.
Kagome cerró los ojos.
—Lo… lo siento. Sólo estaba cogiendo un trozo de esta foto.
—¿Por qué? —Kagome se quedó callada—. ¡Abre los ojos y respóndeme!
Kagome abrió los ojos y dejó caer algunas lágrimas. ¿Por qué sigo enfadándolo todo el rato?
El demonio oyó esto y se ablandó un poco. Él sabía lo ella trataba de hacer. La había estado observando todo el tiempo y admiraba su espíritu.
Gruñó y se dio la vuelta.
—Entra. Tenemos que hablar.
Kagome asintió y lo siguió. No quería empezar una pelea con él, porque sabía que se saldría con la suya. De todos modos, me rindo. Bien podría ser su compañera y hacer lo que me diga.
Inuyasha la sentó en el sofá y le dio la espalda.
—Dejaré salir al medio demonio —dijo—. Sólo un rato, así que disfrútalo mientras dure. Cuando vuelva, todavía tendré que hablar contigo.
Kagome asintió y lo observó mientras cerraba los ojos, se daba la vuelta y se volvía a transformar en el medio demonio Inuyasha. Cuando se dio la vuelta, miró a Kagome. Estaba completamente vendada y su aroma estaba lleno de tristeza y miedo. Se veía tan… rota. Tenía lágrimas en los ojos que esperaban a derramarse mientras se negaba a mirarlo.
—¿Kagome? —dijo Inuyasha.
Todavía se negaba a mirarlo. Fue hacia ella, la agarró suavemente por la barbilla y le hizo mirarlo. Notó cómo se estremeció cuando la tocó. No podía culparla.
—Kagome, mírame —todavía tenía la cabeza gacha. Inuyasha se frustró—. ¡Maldición Kagome! ¡Mírame! —lo miró inmediatamente y él olió el miedo en todo su ser. Sus ojos se suavizaron—. Kagome, por favor no me temas. Juro que no te haré daño.
Kagome asintió. Él continuó:
—Mira, quiero decirte que lo siento. Por todo. Por compararte con Kikyo, por decir todas esas cosas hirientes que dije antes de que te fueras y por ser lo suficientemente débil para rendirme ante el demonio.
Kagome masculló algo, pero Inuyasha lo oyó.
—Está bien —dijo.
Inuyasha suspiró.
—No, no lo está Kagome. Mira, sé que el demonio te hizo daño, pero… confía en mí, lo que hizo… fue por tu bien.
Kagome lo miró con ira en los ojos.
—¿Por mi bien? ¡Inuyasha estás ciego! ¡Sólo fui un buen polvo para él! ¡No significó nada! ¡Va a matarme cuando vuelva!
—¡Kagome tú no eres un polvo cualquiera! Él te ama y te tomó como nuestra compañera. Te amará y te protegerá… al igual que yo. Sé que lo hizo de modo brusco, pero es su manera de hacer las cosas. Por favor, no me odies Kagome.
Pero Kagome seguía enfadada.
—¡Él me violó Inuyasha! ¿Por qué no pudo haber esperado? Le dije que sería su… tu… ¡la compañera de quien sea! Sólo necesitaba tiempo.
Inuyasha intentó calmarla.
—Tienes que entenderlo, no tenemos tiempo. Las chicas de mi época sientan la cabeza a tu edad.
Kagome se sorbió la nariz mientras consideraba esto.
—¿Él me ama?
Inuyasha asintió.
—Mucho. ¿Sabes? Estaba bastante cabreado cuando hablé con él la primera vez. Dijo que no te estaba tratando bien y que yo no debería ser el que se apareara contigo.
—Es… ¿es por eso que le dejaste salir?
Inuyasha asintió.
—No quería estropearlo Kagome. Simplemente… no sabía que sería tan brusco contigo. Siento que tuvieras que soportar eso.
Le acarició la mejilla donde estaba la venda.
—¿Inuyasha? —preguntó Kagome en voz baja.
—¿Sí?
—¿El demonio es el único que me ama?
Inuyasha se sonrojó.
—Bueno… verás, es que…
Kagome puso su dedo en sus labios para detenerle.
—Está bien. Sé que todavía amas a Kikyo —bajó otra vez la mirada. Inuyasha sintió que su aroma volvía a ser de tristeza.
—¡Idiota! —bramó el demonio—. ¡Si quieres que nos acepte, tienes que decírselo!
—E… ¡espera! ¡Kagome! —la agarró por la muñeca—. Tengo algo que decirte.
Kagome estaba sentada y atenta, esperando.
—Yo… el demonio no es el único que te ama. Yo también te amo Kagome.
Los ojos de Kagome se abrieron como platos.
—Me… ¿me quieres?
Inuyasha asintió.
—Sí. Siento no habértelo dicho. Podría haber evitado todo esto —Inuyasha bajó la mirada—. ¡Soy tan estúpido! Voy a decirle a ese jodido demonio que sea más amable. Si te vuelve a hacer daño, juro que saldré y te salvaré.
Kagome sonrió con tristeza.
—Está bien Inuyasha. De verdad.
Inuyasha cogió a Kagome y la puso con suavidad en su regazo. Empezó a desvendar sus heridas y a lamerlas. Kagome se sonrojó. Inuyasha nunca ha hecho esto antes. Él alzó la vista.
—Saliva de demonio. Ayuda a que cure más rápido. Cuando el demonio vuelva a salir, también lo hará. La suya hará que el dolor desaparezca durante un rato.
Ante la mención del demonio, Kagome se tensó de miedo. Inuyasha envolvió sus manos alrededor de su cintura.
—No te preocupes Kagome. No volverá a hacerte daño. Ahora que eres nuestra compañera, será mucho más gentil —la besó en la frente—. Lo prometo.
Kagome asintió, con lágrimas en los ojos. Tenía demasiada frustración, ira y tristeza contenidas en su interior. Quería, pero no podía perdonar a Inuyasha así como así por todo lo que había hecho. Tenía que liberarlo todo.
—Kagome, ahora tengo que irme, pero volveré a salir. Lo prometo —Kagome asintió. Inuyasha la cogió por la barbilla—. Oh y, ¿Kagome? —sonrió perversamente—. Te amo.
Se inclinó y la besó con suavidad. Kagome no rompió el beso. Supo cuándo se produjo el cambio, porque el beso se hizo más rudo. Abrió los ojos y vio unos ojos rojos devolviéndole la mirada. Iba a apartarse de él y a sentarse, pero él mantuvo un firme agarre.
—Me alegro de que el híbrido confesase su amor —Kagome no pudo hacer más que asentir.
Se inclinó y le mordisqueó el cuello donde estaba la marca de apareamiento. Sintiendo que estaba más relajada, fue hacia su oreja y le susurró lo más suavemente que pudo:
—Kagome, compañera. Siento haberte tomado con tanta dureza. Sé que ahora mismo no puedes perdonarme, pero me ganaré tu confianza. Quiero que sepas que nunca quise hacerte daño. Sólo quería que fueras mía. Ahora que lo eres, te prometo ser más gentil contigo. Siento haberte causado tanto dolor, compañera. Te amo.
Kagome estaba sorprendida. Él lo dijo con genuina sinceridad y preocupación. Cerró los ojos y dejó escapar algunas lágrimas. Ella quería perdonarlo, pero muy en el fondo, el dolor era demasiado profundo. Inuyasha la giró hacia él y le secó las lágrimas. La besó en las mejillas.
—Sé que tienes mucho dentro de ti compañera. Puedo sentirlo. Por favor, déjalo salir. Estaré aquí para escuchar.
Kagome miró en su dirección y fijó su mirada en él durante más o menos un minuto. Finalmente abandonó la actuación y estalló en ese mismo momento y lugar. Agarró su camisa y lloró a lágrima viva. Saldría todo. No iba a contenerlo durante más tiempo. Inuyasha se quedó ahí, susurrando palabras de consuelo mientras abrazaba con fuerza a su compañera y le dejaba ser libre para que expresara cómo se sentía de verdad.
Y lo prometido es deuda. Aquí el siguiente justo cuando me llegaba el review número 101. Me habéis hecho muy feliz. Y como me ha gustado este método para ejercer presión sobre mi persona, estableceré la siguiente actualización en el review 115. ¿Qué os parece?
Muchas gracias por los comentarios, un beso y Feliz Navidad. ^_^
