Hola ¿Cómo están? Primero que nada les agradezco mucho por sus comentarios Angel-LauraR y Ladeth Van Gogh, en sengunda estancia me disculpo por la tardanza, otra vez se me acumularon las cosas, pero bueno voy a aprovechar a hora para dejarles el capítulo 9.
Ahora Angel-LauraR, en un par de horas actualizare en los otros dos foros también, y si con este me tarde mucho más de lo esperado.
Capítulo IX: Señal de Esperanza
Tras recibir la tan esperada noticia de que Ran finalmente había despertado, todos los relacionados con el joven matrimonio Kudo corrieron hacía el hospital para que Shinichi pudiera contarles todo lo que había sucedido hasta ese momento y sobre todo, que habían dicho los doctores que habían atendido al llamado del detective cuando su mujer despertó luego de haber pasado casi dos largos y tortuosos años sumida en aquel sueño profundo, que solo traía consigo angustia y un desagradable presagio de muerte.
Sólo dos personas no habían acudido al llamado aun, Makoto Kyogoku y Shiho Miyano ya que el primero, acatando la advertencia que le habían hecho Kaito y Shinichi la última vez que se vieron, decidió quedarse en aquella apartada casa a las afueras de la ciudad a pesar de que en ese momento se moría de las ganas por ir a ver a su amiga y comprobar por sí mismo que ella estaba bien, una acción que supuso un esfuerzo sobrehumano para el karateka que no podía evitar el sentirse como un inútil y como un estorbo en toda esta situación ya que si se marchaba ahora a verla, tan solo se estaría exponiendo inútilmente; por otro lado, en lo que respecta a Shiho, ella no había acudido al llamado porque aún seguía encerrada en su laboratorio trabajando sin descanso en aquella cura que reduciría el tiempo de regeneración axonal, hasta el punto en el que sería capaz de reparar un axón fisurado o dañado aproximadamente en la mitad del tiempo en que éste tardaría en repararse por sí solo y a pesar de que pudiera parecer apática al estar trabajando en un momento como este, no lo era ya que ella simplemente aún no se había enterado de la gran noticia.
Consciente de que aquella amargada mujer también merecía saber sobre lo que había ocurrido, Makoto decidió arriesgarse a bajar al laboratorio a buscarla, a pesar de aquella amenaza que le había hecho la noche en la que la conoció. Simplemente no se sentía cómodo con todo esto y de poder seguir evitando a esa mujer seguramente lo haría, pero su consciencia no dejaba de recriminarle por no haberle avisado a ella en el momento en el que recibió la llamada de Shinichi. Así, respirando hondamente el llamado maestro del ataque se armo de "valor" antes de adentrarse en los dominios de aquella fiera de bata blanca y fríos ojos color Iolita, bajo rápidamente las escaleras que daban al sótano con la idea de terminar con aquella desagradable tarea lo más pronto posible, pero una vez llego a su destino no pudo evitar el quedarse paralizado por un momento ante la horrible escena que se presentaba. Allí dentro de aquel frio laboratorio se encontraba Shiho tirada en el suelo con la mirada perdida y la cabeza ensangrentada producto de un fuerte golpe.
Horrorizado Makoto sacudió la cabeza fuertemente en vano intento de hacer desaparecer aquella trágica imagen que sólo podía ser parte de una de sus habituales pesadillas ¿Cierto? O al menos eso es lo que quería creer el karateka en ese momento, pero no, lamentablemente la realidad era otra muy distinta a la que él desesperadamente trataba de aferrarse, pues al abrir nuevamente los ojos la imagen de Shiho en el suelo cubierta sangre lo golpeo con fuerza una vez más; molesto consigo mismo por no haber podido evitar aquella tragedia rechisto los dientes y sin perder más tiempo en tonterías corrió hacía ella para auxiliarla, pero antes de que siquiera pudiera llegar a su lado un horrible presentimiento lo invadió por completo y como si una especie de alarma sonara en su cabeza, salto hacia un lado sin pensarlo, logrando esquivar a duras penas el furtivo ataque de un extraño hombre vestido de negro, el cual repentinamente había aparecido arremetiendo salvajemente contra él con aquel pesado tubo que sostenía entre sus manos. Fue sólo gracias a su gran agilidad y a sus afinados reflejos que Makoto logro esquivar todos y cado uno de los ataques, marcando distancia en cuanto tuvo la oportunidad dando un ágil salto hacía atrás.
— Vaya, vaya parece ser que nos hemos encontrado con un chico rudo —Dijo repentinamente una sensual voz femenina atrayendo la atención de los dos hombres hacía el pie de las escaleras, donde una hermosa mujer de sensuales y provocativas curvas los observaba divertida y con insultante malicia a la vez que apuntaba a Makoto con su arma— Jugaría un poco contigo primor, pero no me encuentro de humor para eso ahora.
— No te culpo por tener miedo —Dijo con fingida calma el joven maestro de Karate girándose hacia aquella mujer que tan sólo enarco una ceja extrañada ante sus palabras. Makoto sabía que lo que estaba a punto de hacer no era más que una tonta y arriesgada apuesta en la cual pondría en juego su vida, pero no podía permitirse el seguir perdiendo más tiempo con esos dos ya que aun existía un mínima posibilidad de que Shiho aun estuviera con vida— sabes que no hay manera en que me hagas daño con ese juguetito que tienes en la manos.
— Vaya querido veo que no eres solo un rostro bonito —Musito divertida aquella mujer a la vez que su compañero se preparaba para atacar una vez más al karateka. Makoto se percato de ese sutil gesto, pero fingió no haberlo visto—ya que quieres jugar, entonces juguemos…Bye, bye my darling.
Ensanchando aun más la sonrisa dibujada en su rostro, aquella mujer apretó sin dudarlo el gatillo de su arma, disparando una única bala cuyo destino era sien del moreno. Sin embargo Kyogoku en ningún momento demostró miedo o señal alguna de sorpresa, tan sólo se mantuvo observando fijamente las manos de esa mujer y justo en el instante en el que vio como su dedo índice se movía levemente, aguardo poco menos de un segundo moviéndose hacia un lado justo en el mismo instante en el que ella disparo, logrando esquivar la bala por escasos centímetros. Sorprendida su atacante bajo el arma incrédula, pero a diferencia de ella, su compañero anticipándose a Makoto, arremetió contra é sin dudarlo al mismo tiempo en el que éste esquivaba ágilmente aquel disparo.
— Eres mío niño —Musitó aquel extraño hombre sonriendo con autosuficiencia al acertar su ataque, el cual Makoto a duras penas fue capaz de bloquear con su brazo derecho aquel ataque sintiendo como sus huesos crujían ante el impacto de aquel pesado tubo de hierro.
Reprimiendo aquel grito de dolor que pugnaba por salir de su garganta a causa del punzante dolor que sentía en su brazo, Makoto aprovecho la falsa certeza que tenía aquel hombre de ser el vencedor de este encuentro y con su brazo sano lo golpeo con todas sus fuerzas por el costado logrando sacarle el aire para luego marcar distancia una vez más saltando hacia atrás. Sorprendentemente el renombrado maestro del ataque se las había arreglado para hacerles frente a sus dos atacantes haciéndole honor a su sobre nombre con creces e intereses, sin embargo él bien sabia que no volvería a tener un segundo golpe de suerte contra esos dos y para colmo de males con su brazo derecho roto sus escasas posibilidades de sobrevivir se habían reducido aun más a pesar de que esto parecía imposible.
— Se puede saber ¿Qué demonios están haciendo en mi laboratorio trió de idiotas? — Justo en medio de aquel tenso ambiente la voz de Shiho se hizo presente llamando la atención de todos hacía ella, quien adolorida y un poco mareada se encontraba sentada en el suelo con la espalda apoyada en uno de los mesones que allí se encontraban— Maldición… —Bramo al sentir una fuerte punzada de dolor en su frente cuando se llevo una mano a la zona afectada de manera inconsciente— Será mejor que me expliquen de una buena vez por qué se estaban peleando en mi laboratorio… Irish, Vermouth los escucho.
— No es necesario que te enfades Sherry —Contesto Vermouth guardando su arma tranquilamente para luego encaminarse hacía ella bajo la atenta mirada de los dos hombres que aun seguían en modo combate— creímos que él te había atacado y pensamos en eliminarlo —Musitó señalando con fingida inocencia al joven karateka.
— Yo pensé que ustedes la habían atacado a ella —Se apresuro a replicar el karateka previendo las intensiones de aquella maliciosa mujer llamada Vermouth— como me atacaron a mi cuando trate de auxiliarla…
— Pues es obvio que todos cometimos un error —Bufo Irish arrojando aquel tubo de hierro al suelo, para luego acercarse a la malhumorada científica, la cargo entre sus brazos sin mucho esfuerzo y después la depositó con cuidado en la cama que se encontraba en la habitación contigua al laboratorio. Makoto y Vermouth los siguieron de cerca— creo que nos debes una explicación Sherry.
— Primero que nada ya no soy Sherry, así que dejen de llamarme de esa manera —Espeto de mala gana a la vez que le indicaba a Vermouth con una seña que le alcanzara el botiquín que tenía sobre uno de sus estantes para poder tratarse la herida en su cabeza. Sin embargo Vermouth tomo el botiquín y ante la mirada de reproche de la científica, se sentó a su lado y comenzó a tratar ella misma la herida de su compañera— en segundo lugar ese hombre de allá es Makoto Kyogoku, un amigo cercano de Ran y de Kudo. Él nos trajo la información que Kuroba les dio a ustedes el otro día y como él mismo es un objetivo de esos hombres…
— Está escondiéndose aquí con el rabo entre las piernas —Agrego Irish interrumpiendo bruscamente a la adolorida Shiho, ganándose una mirada de reproche por parte de ella y un bufido por parte del karateka que ahora lo fulminaba con la mirada— ahora ¿Qué demonios te sucedió a ti?
Sintiéndose profundamente avergonzada por lo que estaba apunto de decir, Shiho trató de desviar la mirada, pero Vermouth la obligó a volver la mirada hacia ellos una vez más para poder terminar de limpiar la sangre de su frente.
— Me caí —Confeso de mala gana ante la mirada expectante de todos los presentes— Yo… Yo llevo varios días sin dormir y cuando trate de levantarme para buscar un vaso de agua, mi vista se nublo de repente, todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas y antes de que pudiera sostenerme de algo, me caí… Si así es, simplemente me caí y termine golpeándome la cabeza con mi escritorio. Estúpido ¿No es así?
— Muy estúpido —Dijeron al unisonó Makoto, Irish y Vermouth para la sorpresa de la joven científica, quien sintiéndose rodeada rechisto los dientes y se cruzo de brazos malhumorada.
Luego de haber resulto la "pequeña" confusión que inocente e inconscientemente había causado, Shiho asumió la responsabilidad por todo lo que había pasado y tras llamar al doctor Araide para que la ayudara, se dispuso a tratar el lastimado brazo de Makoto junto con su colega y tras un par de horas de trabajo Makoto termino con su brazo derecho enyesado.
— Me alegra mucho que me hayas llamado Ai-chan, para mi significa mucho que confíes en mi lo suficiente para pedirme ayuda —Dijo sonriente el amable doctor, feliz de que su antigua estudiante aun lo necesitara de vez en cuando— Ahora entiendo porque no estabas junto con nosotros en el hospital.
— ¿En el hospital? —Repitió confundida centrando toda su atención en el doctor Araide preocupada por lo que este pudiera decirle— ¿Qué le sucedió a Ran? ¿Ella está bien? ¡Vamos hable de una buena vez sensei!
— Tranquila, tranquila Ai-chan, no sucedió nada malo. Ran esta bien por ahora —Dijo aun sonriendo el doctor Araide mientras sujetaba las manos de la científica para evitar que lo golpeara— Ran ha despertado… Ella finalmente despertó Ai-chan.
Sintiéndose abrumada por aquellas palabras la joven científica dejo de forcejear con el doctor, sus ojos se llenaron de lagrimas y sin intención alguna de contenerlas, Shiho dejo que una tras otras las pequeñas gotas rodaran libremente por sus mejillas a la vez que una leve pero hermosa sonrisa cargada de felicidad y alivio lentamente se dibujaba en su delicado rostro, logrando arrebatarle una sonrisa a sus conocidos que pocas veces la habían visto sonreír verdaderamente, pero que nunca la habían visto sonreír de la manera en la que ahora lo hacía, pues era evidente cuanto le alegraba que su amiga finalmente haya mostrado aquella esperada señal de esperanza que ella tanto necesitaba para que todo su trabajo hasta ahora tuviera sentido, una señal que la motivaba ahora más que nunca a creer que aquella cura que con tanto esmero trataba de alcanzar sería la clave para que su amiga pudiera volver a su vida normal, para que una vez más volviera a sonreír de esa manera en la que solo ella podía hacerlo y que con ello pudiera revivir de nuevo aquella chispa única que tanto caracterizaba al joven detective, pero por sobre todas las cosas Shiho quería creer que ahora más que nunca las posibilidades de que el pequeño Daiki pudiera conocer finalmente a su madre y sentir todo el amor que solo ella podía darle, ya no eran cercanas a cero. Shiho quería creer que más que una simple posibilidad, ahora se encontraba frente a algo más real y palpable que unos simples números plasmados en papel y aunque ella bien sabía que a partir de ahora era cuando en verdad comenzaba la cuanta regresiva para la joven señora Kudo, aun así quería disfrutar de este momento y de la felicidad que ahora la embargaba.
— Voy a… Voy a fingir que… Nada paso hace unas horas —Dijo con la voz entre cortada dirigiéndose hacía Vermouth, Irish y hacia Makoto, quien tan sólo se limitó a enfrentar la fuerte y cristalina mirada de la joven científica que justo ahora había perdido toda frialdad en su mirada— y voy a volver a trabajar… Y Araide-sensei necesito pedirle un favor más.
— Pide lo que quieras Ai-chan —Dijo impresionado por la actitud de la mujer que en el pasado había sido su estudiante.
— Dígale a Kudo de mi parte que a partir de ahora es cuando comienza la verdadera lucha —Musitó un poco más repuesta encaminándose de nuevo hacía su laboratorio— y que sin importar lo que le digan de ahora en adelante, que no pierda nunca la esperanza porque yo me asegurare de que Ran vuelva a su lado… Ya estoy cerca, cada vez más cerca de lograrlo… Dígale que confié en mí.
— Lo haré —Fue lo único que pudo decir el joven doctor abrumado por la excesiva seguridad y confianza que Shiho irradiaba en ese momento.
Así, dando aquella conversación por finalizada Shiho emprendió el viaje de regreso a su laboratorio bajando con cuidado aquellas escaleras que claramente en contra de su decisión, comenzaban a mostrarse cada vez más borrosas ante sus ojos haciéndole difícil el saber donde pisaba o si lo hacía bien o no. Pronto el desastre se hizo una vez más presente cuando a causa de su nublada visión fallo uno de los escalones yéndose hacia a delante en una caída que nada bueno podría traer consigo, asustada cerros los ojos y se cubrió la cabeza con los brazos esperando el sentir el fuerte golpe de aquella caída, pero par su sorpresa este nunca llego ya que un fuerte brazo la rodeo repentinamente por la cintura sosteniéndola justo a tiempo para evitar la desastrosa caída. Extrañada volvió la mirada para ver quien era aquel que había evitado que las palabras que hace un momento había dicho audazmente fueran en vano.
— ¡Tú! —Exclamo sorprendida al encontrar que era Makoto quien la sostenía en ese momento— ¿Qué haces aquí?
— Estoy asegurándome de que cumplas con tú palabra —Contesto tranquilamente terminando de bajar las escaleras alzándola con un solo brazo— A partir de ahora me encargare de que no ocurra otro incidente como el de hace unas horas. Me encargare de nada te suceda hasta que logres tus metas.
Sin aceptar un no por respuesta, Makoto la acompaño hasta su escritorio a pesar de todas las quejas de la joven científica, quien al notar que no haría cambiar a ese testarudo hombre de opinión suspiro resignada para luego volver a su trabajo sin decir nada más, pues más que ser observada por un completo extraño, ahora sólo le importaba optimizar y ajustar los parámetros necesarios para poder iniciar de una vez por todas las simulaciones necesarias para comprobar si su teoría del uso de los motores moleculares era correcta. Por eso con su tan añorada meta siempre presente en su mente Shiho continuo trabajando sin descanso, con la esperanza de que al terminar podría sentarse un día junto a Ran y Aoko y con una buena taza de café, les podría contar sobre lo disparatado que fue ese día y como a partir de entonces tuvo que acostumbrarse a la constante presencia del molesto karateka en aquella casa y en su laboratorio.
He aquí el capítulo 9 titulado "Señal de Esperanza" espero les haya gustado y si lo sé es un tanto raro jeje.
Ahora, sin más que agregar me despido. Hasta la próxima y como siempre les digo cuídense mucho.
