¡Hola! Bien, hagamos esto rápidamente, las explicaciones del caso están al final, así que disfruten del penúltimo capitulo de esta historia.
Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa
"Tää jylhä kauneus ja ääretön yksinäisyys "-pensamiento de personajes
(Lapsuuteni metsän, taivaan)- nota del autor
Capitulo 9: Damnation of Happiness
La comitiva habia llegado desde el otro lado de la cordillera, la que los Drachmatas llamaban Baltas grandiné da reménytelenség (Blanca cadena de desesperanza), El más viejo de todos ellos, el capitán Kesgaila Feketehalmi, se había separado de sus compañeros y ahora se dirigía hacía el pueblo. El grupo de soldados drachmatas miraban con serenidad, aunque algo inquietos a la población y a los soldados del gobernador. Ciertamente, a ellos les parecía que aquel pueblo no estaba acostumbrado a recibir guerreros de ningún tipo. Sin embargo, el motivo que los traía a ellos era uno completamente distinto, impulsado por una buena noticia.
-Ciudadanos de Baltas Kaunas, venimos en son de paz. Traemos un mensaje de paz y una oferta de amistad del nuevo Didysis Karalius de Drachma, Kálmán II Arany, "El Conquistador".
-¿Arany?- pregunta un viejo entre la multitud- ¿Quiere decir que el Clan de los Arany Lándzsa, hijos de los Getai, han derrocado al Señor Varnas de Baltakis?
-Así es, honorable pouram.- respondió el hombre mostrando el hermoso estandarte del clan, el cual era una lanza dorada circunscrita en un circulo, todo sobre un fondo negro.- El reinado de la opresora dinastía Varnida y su rey, el cuarto Gediminas Varnas, ha llegado a su fin. La guerra a terminado, Vilkas Kazlauskas ha tomado el control del Voivodato de Hevonen Maa y su capital, Baltakis y Kálmán Arany es el nuevo Karalius.- Y es que varios de los más viejos del pueblo recordaban aquellos días en que tuvieron, siendo muy niños y por causa de la guerra entre los Varnas y los Arany, que dejar su tierra y su familia para seguir el camino de otros antiguos peregrinos y llegar a un valle al pie de aquella maldita cordillera: allí había un asentamiento, al que llamarían, con el tiempo, Baltas Kaunas.
-Mensajero.- dijo el gobernador, quien encabezaba a la multitud junto con el inquisidor.- Espero saber las intenciones del nuevo señor de Drachma mediante sus palabras.
-Por supuesto, gobernador.- el hombre toma un papiro y lo abre ante la multitud. Entonces, empieza a hablar en Drachmata.- Pouram au Missgnatis,la guerra nos ha quitado a cientos de nuestros hermanos y hermanas. Para levantarnos como el fénix se levanta de las cenizas, nuestro Karalius pide la unión de su pueblo, de la gente con sangre de Drachma y sus descendientes. Es por ello que nuestro señor, Kálmán Arany, pide formalmente al Führer de Amestris que, por favor, nos permita acordar la repatriación de todos aquellos que pertenezcan a la segunda y tercera generación Drachmata nacida en suelo Amestrita.- varios pobladores sienten que el corazón se les encoge cuando escuchan esto. Alphonse Elric no entendió en un principio: por alguna razón su oído estaba fallando.
-Maldición, me estoy quedando sin fuerzas.- puede ver a Lygmante en la muchedumbre y va a su encuentro.- Lygmante ¿Qué es lo que está pasando aquí?- la chica estaba tan estupefacta que no reaccionó en un principio, pero luego volteó a responderle al muchacho, quien tuvo que sacar fuerzas para poder escucharla.
-¡Alec! ¡Dios, esto es terrible! ¿Escuchaste lo que dijo?
-No, recién acabo de llegar.
-¡Nos deportarán! Esto no puede ser, es imposible.
-Eso mismo digo ¿Acaso el...?
-¿Acaso el Fürher no es quién debería discutir este problema con el karalius?- Dijo el inquisidor, separándose del alcalde y mirando a los ojos al drachmata.
-¿Quién es usted, joven hombre?
-Inquisitore Generalis, representante del Sumus Pontifex, Thomas Michaelis. La gente de drachma que ha estado viviendo aquí con nosotros no son menos que los ciudadanos amestritas. Además, estoy sumamente seguro que el Fürher no permitiría algo así.
-Es muy elocuente, Inquisitore. Pero debo decirle que este acuerdo ya ha sido hecho con su líder, el Fürher de Amestris. Empezamos las negociaciones antes de venir aquí y acordamos la repatriación de nuestros compatriotas a cambio de los derechos comerciales con su país.- todos los que se encontraban allí quedaron perplejos ante la revelación.- Todos los países deben tener aliados más que enemigos. Nuestro reino acaba de salir de una guerra civil y quiere levantarse nuevamente, mientras que ustedes, los amestritas, quieren consolidar su control sobre esta parte de su país. Pues bien, así será: nuestras familias se irán y Drachma dejará toda pretensión sobre sus tierras mientras la dinastía Arany gobierne sobre Drachma.- el inquisidor se quedó callado al ver que no podía hacer nada más para proteger a esa gente.
-¿Cuánto tiempo nos da para el regreso?
-Su líder a dado dos semanas y media.- le responde el hombre al gobernador.
-Que sean máximo tres y le juro que todas las personas que desea estarán fuera de Amestris antes de que empiece el invierno.
-Magnifico, gobernador. Entonces, pues, esperaremos en nuestro campamento.
-Es nuestra tradición ofrecer hospitalidad a los viajeros.
-Y la nuestra no entrar con armas en la casa de los extranjeros durante tiempos de paz, voivedov. Agradezco mucho su oferta, solo pido permiso para cazar en los bosques.
-Concedido.- el hombre y sus soldados se retiran mientras el gobernador vuelve con el inquisidor.- Avisen a los ausentes: tendremos una asamblea en el salón del pueblo, todo drachmata debe estar presente en ella. Los esperaré a las 4:00 pm.- una vez dicho esto, la gente se dispersó y solo quedó el inquisidor.
-¿Qué significa esto? ¿Ya había habido conversaciones entre el gobierno y Drachma?- preguntó el religioso al gobernador.
-Así es: habían pasado por aquí algunos mensajeros y los derivé a la ciudad de Briggs, donde tendrían mayores posibilidades de hallar a una autoridad más competente que yo. Además, no creo que esto deba preocuparle mucho a usted, digo, será menos trabajo ahora que no van a haber falsas acusaciones a Drachmatas ¿cierto?
-No es por eso que protesto y usted lo sabe: muchos de esos hombres y mujeres se han convertido a nuestro credo ¿Qué sucederá con ellos cuando abandonen nuestra tierra? ¿Acaso no serán perseguidos por ser de un diferente credo?
-¿Qué su orden no es criticada por eso en el sur?
-En el sur, se refiere a esos inquisidores que buscan gloria y fortuna en el número de condenados, mas no en el deber que tenemos con nuestro Dios.
-No se preocupe, inquisitore. Trataremos que todos los que podamos se queden aquí ¿Le parece?- el gobernador le da un par de palmadas en el hombro y se retira.
-¡Thomas!- Lygmante, seguida por Alphonse, se acercan al inquisidor.- ¿Qué se supone que está pasando? ¿Cuándo fue que los soldados pasaron por el pueblo para hablar con el Fürher?
-No tengo idea. Al parecer fue una misión diplomática secreta o algo así. Dime ¿Tu también tendrás que irte?- ella solo guarda silencio.- Lamento no haber podido ser de ayuda.
-No, no te preocupes, tú siempre estas ocupándote de todos, tanto drachmatas como amestritas, no tienes porque cargar con toda la responsabilidad.
-Gracias, Lygmante ¿Qué es lo que planeas hacer ahora?
-¿Yo? No estoy segura, francamente tendré que hablar de esto seriamente con Reynold.
-No debes preocuparte: hay una reunión de cardinales en Briggs y el Fürher estará allí. Trataré de convencerlo que haga algo respecto a ustedes.
-Muchas gracias, Thomas. Nunca podré agradecerte lo suficiente por esto.
-Yo sé como puedes: si esto sale mal, solo te pido que no me olvides.- esto último le dice entregándole su crucifijo de plata.
-Oh, no podría aceptar esto: es de plata pura, se nota que es sumamente valioso.
-Fue un regalo de mi mentor, el Cardinal Elesius, antes de que se convirtiera en Sumus Pontifex y que recibí cuando me convertí en Inquisitore. No tiene ningún efecto sobre mi titulo, por lo que yo decido a quién regalárselo.- la chica no supo que responderle, pero un rubor apareció en su rostro cuando miró los ojos pardos del joven.- Por favor, acéptalo.- ella lo guardó en su bolsillo, tomó la mano del joven e hizo una reverencia, en muestra de respeto.
-Lo atesoraré por siempre.- la chica levanta la cabeza y da media vuelta, y el inquisidor hace lo mismo. Alec sigue al joven.
-Disculpa, Thomas.
-Alec, seguramente irás también a la reunión del alcalde. Te sugiero que vayas, si tienes alguna buena idea, compártela allí, será el mejor momento para hablar.
-Me quitaste las palabras de la boca, pero ¿Como es eso de la reunión de Cardnales? ¿Acaso podrás lograr algo yendo allí?
-Quizás. Muchos de ellos solo ven a las personas por sus cargos y ser Gran Inquisitore es un cargo tan grande como cualquiera de los que ellos tienen. No te preocupes, me escucharan y quizás tenga la oportunidad de cambiar todo esto.
-¿Por qué? ¿Por qué luchar por quienes te han encomendado vigiles que no transmitan su fe a los nuestros?
-Porque ellos han llegado a convertirse en parte de nosotros: hay amestritas que negocian con drachmatas, que juegan con drachmatas, que beben, que bailan… incluso que aman a drachmatas.- dice el joven a Alphonse.- sería una tragedia separar o cortar tan arraigadas relaciones.
-Lo entiendo.
-Me alegra, nos vemos más tarde.
-Aún así, debes entender que ella ya ama a otro.- Thomas se detiene en seco, baja la cabeza un rato y luego vuelve una mirada tranquila a Alphonse.
-Lo sé… sé también que no puedo hacer nada para remediarlo. Pero no quiero que ella sea infeliz por esto, sabes, no quiero que nadie lo sea.- dijo el joven inquisidor, a quién, Alphonse podía entender por la pesadez de sus palabras, le causaban un profundo dolor por la confrontación entre sus sentimientos y su deber.- Espero verte en la noche.
-Créeme, allí estaré.- Alphonse llama a su espíritu guía de la forma adecuada.
-Ya has visto todo lo acontecido en esta escena ¿Qué más deseas saber? ¿Quieres ir a la siguiente escena?
-Es raro este inquisidor ¿Acaso es un hombre santo?
-Los hay en algunas partes del mundo, aunque hay otros que son unos farsantes. Puede que sí lo haya sido… hasta ahora no sé que sucedió con él.
-¿Nadie acá supo que pasó con él?- ella niega.-Entiendo. Dime… ¿Qué sucedió con tu familia?
-El día que Drachma atacó Deep White Mountain, el líder de los regimientos Kazokai, un joven llamado Akinantis Kazlauskas pasó por aquí. En un inicio quise atraparlo en el mismo juego, hasta que me mostró la guadaña de guerra que llevaba: los símbolos alquímicos inscritos en el mango eran los de mi familia y supe que él quizás era el descendiente de mi madre o mi hermana menor.
-¿Tenías una hermana?
-Cuando fuiste a mi casa, ella estaba de compras con mi madre en el mercado del pueblo. Es obvio que no lo supieras. Por lo que supe de él, mi madre se casaría por segunda vez allí en Drachma, por lo que podría creer que no fue mi hermana, sino el hijo de este matrimonio el que tuvo descendencia y llegarían a cruzarse con esa familia.
-Entonces ¿Lo dejaste ir?
-Podría tratarse de mi tátara sobrino, por supuesto que lo dejé ir: nuestra tradición considera el peor de los pecados el atentar contra alguien de nuestra propia sangre. Si no tienes alguna otra pregunta…
-"Oh, Dios, hasta muertos respetan sus tradiciones…" No, ninguna… llévame a la reunión, por favor.- ella chasquea los dedos y la ventisca envuelve a ambos. Tras unos segundos, Alphonse volvió a aparecer, ahora en la reunión dentro de la cede de gobernación.
-¡Hace menos de un mes que he creado un negocio con un amigo! ¡No puedo simplemente renunciar a mi inversión! ¿Qué pasará con mi dinero?
-Mi prima se casa en dos días con su novio amestrita ¿Qué se supone que haremos ahora?
-Tengo un negocio que concretar en unas 2 semanas ¿Qué le diré a mi comprador?
-Orden, orden. Puedo notar que los principales problemas son de negocios y matrimonios ¿Hay algún otro problema de diferente índole?- las quejas que siguieron estaban técnicamente ligadas por lo mismo, por lo que el gobernador ordenó silencio.- Bien, conmigo están algunos de los vecinos amestritas, los pastores y el inquisidor. Hemos discutido esta tarde estos dos problemas y, luego de hablar con los soldados, llegamos a una conclusión.- Alphonse no quería adelantar nada, pero la cara del inquisidor no parecía tener buenas noticias.-Los matrimonios que se hayan acordado hasta antes de la llegada de los soldados, serán admitidos y acogidos por Amestris, siempre que el drachmata cónyuge abrace nuestra fe.- algunos drachmatas se sienten incómodos con esto, pero el inquisidor se para y da las explicaciones.
-Quisiera que sepan: últimamente el consejo de Inquisidores ha estado viendo con malos ojos la política que he estado siguiendo. En estos pocos meses, han considerado enviar un supervisor para considerar si soy la mejor opción para este pueblo y para la misión de nuestra iglesia. Por ende, les pido que acepten esta condición, si no es por mí, por el compromiso con aquellos que aman.
-En fin, respecto a los negocios, los socios tendrán que desmantelar sus negocios, las inversiones deberán ser devueltas a los dueños y las ganancias que se hayan hecho hasta ese momento, repartidas equitativamente. Por último, los matrimonios y negocios declarados a partir de hoy o mañana, serán declarados nulos.
-¿No hay nada más que pueda hacerse?- preguntó una voz en la sala.
-Discúlpeme, pero no podemos hacer más.- el gobernador estaba por cerrar la sesión cuando un amestrita entro al lugar y preguntó
-¿Y que hay de aquellos amestritas que quieran abandonar el pueblo con la gente de Drachma?- el grupo entero lo miró, al igual que el inquisidor y el gobernador. Lygmante miró también al mismo sujeto, a quien Alphonse aún no podía verle la cara, pero si recordaba su nombre.
-¿Qué estas diciendo, Reynold Keseling?- le dijo el inquisidor, con voz imperante.- ¿Acaso planeas abandonar a tu pueblo? Eres hijo del médico, en un futuro, cuando tu padre abandone este mundo, la gente te necesitará a ti.
-Discúlpeme, inquisitore, pero médicos necesitan todo el mundo, amestritas e incluso drachmatas.
-Esa no es mi verdadera preocupación, Reynold ¿Acaso piensas que en Drachma te recibirán con los brazos abiertos? Al igual que nosotros, tienen estrictas normas basadas en sus creencias: al descubrir a cual fe perteneces, te matarán.
-Si el problema es la fe, entonces yo me encargaré de ello.- dijo el muchacho mirando a los ojos al inquisidor, quien dio un par de pasos atrás ante la declaración.
-Guarda tu lengua, Reynold. Discutamos este tema en otro momento.- luego, el religioso le pide al gobernador.- Tenga la amabilidad de cerrar la sesión.
-Así será.- el gobernador cerró la sesión y los hombres y mujeres salieron del lugar. Alphonse se quedó a su lado, esperando a que reapareciera Reynold, quien se había perdido entre la multitud.
-¿Dónde se habrá metido?
-Tranquila, seguro que reaparecerá. Quizás solo haya ido a conversar con Thomas.
-Eso es… lo que me preocupa un poco.
-¿A que te refieres?- ella va a decir algo, cuando Reynold interrumpe la conversación
-¡Lygmante!
-¡Reynold! Menos mal, creí que te mandarían a arrestar.
-Por favor, sabes que Thomas no es de aquellos. Además, tenía que salir de viaje y el arrestarme lo hubiera retrasado más.
-Espera ¿Dices que el inquisidor se va esta misma noche?
-Sí: ha tomado a dos acompañantes y un caballo y esta por salir del pueblo.
-Gracias.- le dice Alphonse.
-Espera ¿Quién eres tu?
-Alec, un amigo. Lo siento, no tengo tiempo, debo alcanzarlo.- Alphonse se aleja y le da la espalda a los amantes y busca el establo de la parroquia. Una vez lo localiza, grita el nombre de Lygmante.
-¿Me llamabas?
-Sí… quiero que montes conmigo… debemos alcanzar al inquisidor.
-¿Para que? Yo estoy en el pueblo, lo mejor sería que tu me…-
-No, no… es él el que tiene las respuestas para este enigma...
-¿Cómo? ¿Acaso perdiste la cordura? ¿Cómo puede él…?- Alphonse toma al ente de la mano y le suplica.
-Créeme… solo dame un caballo y yo me haré cargo del resto.- Ella lo mira y estira su mano, ante lo cual aparece un caballo blanco. Alphonse sube al animal y estira la mano hacía la chica.- necesito que vengas conmigo.
-¿Por qué?
-No quiero que me noten… además, quisiera acabar con esto de una vez.
-De acuerdo, será como tu quieras.- le responde ella tomando su mano. Alphonse emprende la marcha hacía la salida del pueblo, acompañado del espíritu de la muchacha, tratando de alcanzar al inquisidor que ya estaba saliendo del lugar. Cuando por fin pudo Alphonse tenerlo a la vista, este estaba casi por la entrada del pueblo, acompañado por otros dos hombres.
-¡Ahí están!- el inquisidor, apenas cruzó el cerco que marcaba la entrada al pueblo, le dijo a sus acompañantes.
-No tenemos mucho tiempo, hermanos. Tenemos que llegar a Briggs antes de que se cumpla el plazo ¡Galopen!- ante esta orden, los tres jinetes emprendieron el galope tendido, lo que hizo que el trabajo de Alphonse se dificultara. Tras seguirlos a galope tendido por más de media hora, Alphonse logró alcanzar al inquisidor. Gracias a que tenía a Lygmante con él, Thomas no notaba la presencia de Alphonse.
-Espera, Thomas, necesito…- Al estiró la mano, en un intento por detenerlo, pero antes que Lygmante pudiera decirle algo, la mano de Alphonse traspasó el cuerpo del inquisidor.- ¿Pero como es que…?-entonces, el cuerpo del chico tambaleó y cayó del caballo, movido por una fuerza imbatible y por una oleada de imágenes que vino a su mente. Apenas Alphonse cayó del caballo, este desapareció y Lygmante se quedó a su lado, mirando como los tres jinetes los dejaban atrás, aunque el mismo Thomas parecía haber dado una ojeada hacía atrás antes de seguir.
-Ves que no ibas a lograr nada.- Alphonse esboza una ligera sonrisa que impresiona a la muchacha.- ¿Por qué sonríes? ¿No quisieras volver al lugar donde toda la acción se desarrolla?
-Sí… ciertamente quiero volver al lugar donde todo se desarrolla… llévame hacía donde estas… a tu última reunión con Reynold.
-Será como tú quieras.- la chica transporta al muchacho al último día en que ella se encontró con Reynold. Los encontró a ambos en el cementerio, cerca de la tumba donde se conocieron.
-Pouram Youself Ignatis, siempre le estaré agradecido por haberme permitido usar su cuerpo para mis investigaciones. De no haberlo hecho, nunca hubiera podido conocerte.- le dice ahora a la chica, quien estaba detrás de él, vestida con el abrigo de piel blanco y sus ropas de viaje, igualmente blancas, bajo el mismo, así como el bastón de roble.
-Y yo agradezco no haber mandado a mi hermanita a recoger esas flores por mí.- el muchacho sonríe ante el comentario.- ¿Estas segura acerca de este plan?
-Créeme, es lo más seguro que tenemos ahora. Cuando estén camino de la montaña desvíate del camino y busca un pequeño grupo de abedules algunos metros arriba de la montaña: allí hay una pequeña tienda de campaña que mi padre y yo usábamos en expediciones de caza… quiero que me esperes allí por algunos días ¿te parece?- ella asiente y él la toma de los brazos y la mira a los ojos.- Sé que parece una idea arriesgada y yo también temo por ti… pero no podría concebir una vida en la que tu no estés a mi lado. Por último, no me importa si un rey o el fürher lo ordene: nadie me separará de ti.
-Yo… yo también pienso lo mismo. Rey… no quiero que demores… te esperaré más de 500 años si es necesario.
-Jajaja no seas tontita, solo serán un algunos cuantos días. En menos de una semana estaremos juntos y luego… bueno, ya veremos a donde podremos ir.- La joven pareja se abraza y Alphonse mira a su acompañante.
-Lindo momento… ahora llévame al siguiente evento… llévame al día que este plan se frustró.- Lygmante hizo que la ventisca los envolviera, esta vez por un tiempo más prolongado, para comunicarle un pequeño detalle.
-Debes saber que a partir de ahora empieza tu parte en este juego: este hecho fue reconstruido por las declaraciones y memorias de tus predecesores.
-Jeje… hay algo que ellos no vieron que yo sí… si con lo que vieron puedo tener una idea de que fue lo que pasó con tu amado…para que te dejara abandonada de esa forma…
-De acuerdo. Créeme, querido, no será una visión muy agradable.- tras lo dicho por la chica, la ventisca se disipó y la imagen que tuvo Alphonse fue la del fuego de antorchas y las sombras que envolvían el pueblo.
-¿Pero que demonios sucede aquí?- varias personas iban de casa en casa, algunos pidiendo a gritos que los soldados o que sus propios vecinos dejaran en paz a sus amigos y familiares.- ¿Qué está sucediendo? ¿Cuándo ocurre esto?- le pregunta Alphonse a Lygmante.
-Tres días después de mí partida.- le dice la chica.- Volvió un grupo desde Briggs y con él un lugarteniente del inquisidor general.
-¿Un lugarteniente? ¿Cómo? ¿Por qué?
-Nadie sabe… Es muy posible que tenga que ver con la desaparición de Thomas Michaelis.- Lygmante le señala a Alphonse la plaza del pueblo.- y allí es donde la felicidad de mi vida será incinerada hasta desaparecer de este mundo.- Alphonse mira cansadamente y empieza a caminar hacía allí, acompañado de Lygmante. Conforme va acercándose, puede distinguir mejor lo que tiene en frente: la multitud era contenida por soldados, mientras que tres sujetos encapuchados, vestidos de blanco y portando antorchas miraban a cuatro personas atadas cada uno a un poste y, bajo sus pies, una gran cantidad de leña. Alphonse reconoció la voz de uno de ellos.
-¿¡Que es lo que significa esto! ¿¡Porque Thomas querría esto!
-Te auto declaraste, hace un buen tiempo y ante el desaparecido inquisidor, indigno de la gracia de nuestro Dios y renegaste de las palabras del profeta. Y sabe, Sr. Keseling: La perdición está reservada para aquellos que no son dignos de la gracia de Dios.- Reynold parece entender entonces que fue lo que esa persona había escuchado.
-¿Tu fe ciega o tu sed de sangre es lo que te obligan a dictaminar eso? Claramente no haces esto para cazar a tu predecesor, sino solo para bañar con sangre tu espada.
-¡Hijo, mantente callado!-dijo uno de los que estaba atados, quien no era otro que su padre.- ¡Por favor, no le haga nada a él! ¡Es apenas un joven! ¡Se lo imploro!
-Oh, espero que vuelvas a encontrar el camino correcto, oveja descarriada.- el encapuchado lanzó la antorcha y la leña empezó a arder con voracidad. Algunos de los vecinos intentaron detener el acto, pero ya era demasiado tarde. Alphonse, invisible e impotente, veía ahora claramente la cara de Reynold: temblaba por ver su propio rostro en la cabeza de aquel condenado.
-Tienes que estar bromeando…- murmuró Alphonse. Sus murmullos fueron interrumpidos por la voz del ejecutor
-Que Dios se apiade de ti, profanador de tumbas.- al escuchar esto, Reynold se rió de manera estridente.
-Jajajajajajajajaja… ¿Así que eres tu? ¿Cómo… cómo es posible si quiera? Jajajajaja… Maldito seas… maldito seas tú, todos los que me condenan y los que permiten mi perdición ¡tanto a mí como a mi familia!- Efectivamente, allí, atados detrás de él, no solo estaba su padre: también lo estaban su madre y su hermano menor, a quienes también estaban envolviendo en fuego. Reynold, sintiendo que las llamas empiezan a devorarlo, mira a las montañas, las cuales pueden verse por la luna llena y dice.- Lamento no haber cumplido con mi promesa… ojalá que estos malditos puedan ser victimas de tu ira… de tu falsa brujería… tu, mi amada "bruja" blanca… conviértete en mi ángel vengador…te amo…-pronto, el fuego empezó a quemarle las piernas y su carne empezó a cocerse. Sus gritos provocaron reacciones adversas entre la multitud, quienes ya habían presenciado otras ocho ejecuciones ese día.
-¿Donde está el gobernador?- preguntó alguien desesperado, pues al mismo no se le había visto por esos días.
-¿Nadie puede parar esta locura?- era imposible: los únicos soldados de la ciudad que seguían siendo leales al gobernador, estaban atados y cautivos en la casa de gobernación. Cuatro personas habían intentado romper el cerco, pero fueron noqueados y detenidos, con la promesa de morir en la siguiente hoguera. Cuando las llamas empezaban a consumir el cuerpo de Reynold, Lygmante paró el momento.
-Y eso es todo lo que hasta ahora se tiene por conocido de la historia ¿Qué puedes concluir, Alphonse Elric?- Alphonse se queda pensativo y callado. Se siente extraño: sus manos están heladas, congeladas y se siente extrañamente a desfallecer ¿Quién es aquel? ¿Realmente es Thomas? No, la idea le era algo descabellada, pero no era imposible.- ¿Quieres saber lo que pienso? Creo que Reynold vive en ti, por lo menos una parte pequeña de él.- la chica tomo la cara de Alphonse entre sus manos y lo obligó a alzar la mirada.- ¿Negarás acaso lo que has visto? Ven conmigo y cumple la promesa que él, tu todo, no pudo cumplir.- dice ella, estirando las manos, dispuesta a recibir al joven alquimista entre sus brazos.
Alphonse estaba desconcertado, lleno de dudas y pensamientos ¿Cómo él podía ser la reencarnación de alguien que no tenía su sangra? ¿O sí se podía? La mera idea le rebotaba en la cabeza sin cesar ¿Qué había además de Thomas? ¿Era él acaso él ejecutor? No parecía que apuntara a él. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el tacto de las manos de Lygmante sobre su antebrazo.
-Ven conmigo, Alphonse… ven y descansa.- Alphonse sentía que sus fuerzas desfallecían y que solo quería echarse a descansar con esa mujer… eso y una ligera sensación de calor en el pecho… una sensación que ya había sentido alguna vez, quizás en algún cabaret o cuando estaba a solas con Constance… o aquella vez que estuvo descansando con Rosamund… una idea acerca de esta última cruzó por su mente, pero en aquel mundo controlado por… espera… ¿Mundo controlado?... ¡MUNDO CONTROLADO!
-¡Espera un segundo!- dijo Alphonse, sujetando las manos de la chica y alejándose de ella antes de recibir su mortal abrazo.- No puedes… no puedes tratar de convencerme con tu interpretación… de la verdad… en este mundo controlado por ti.- la chica frunce el entrecejo al escuchar esas palabras.
-Esta, Alphonse, es la única verdad que existe…
-Veras que la verdad que tu tienes no es absoluta… verás que aún hay alguien que puede hablar por mi para asegurar tu descanso eterno… Prepárate, Lygmante Endriukaitis… pues ya veo cual es el problema... por fin entiendo... que fue lo que sucedió aquí... hace más de 200 años.- le dice Alphonse. La chica mira al alquimista y sonríe.
-Bien. Si logras determinar exactamente que sucedió y el porque de la muerte de los hombres en este lugar, entonces serás libre y yo haré lo que tu me ordenes. Pero si gano, estarás aquí por el resto de tus días.
-Me parece más que justo, misgna.- Alphonse hace atronar sus nudillos y proclama.- ¡Acabemos con este juego!
Bien, eso es todo por hoy. Lamento haberme demorado, pero era necesario dedicarle mi tiempo a los estudios, así que bueno, simplemente lo pospuse. En fin, espero poder traer lo más pronto posible el último capitulo (no me debería tomar más de 3 semanas… quizás menos). No tengo mucho que decir, así que creo que será para la próxima. Mucha suerte, bye-bye.
