CEGUERAS
Donde hay gente, hay chismes. Eso es un hecho… Y en LME trabaja una cantidad exagerada de gente… Así que los rumores, cotilleos, comadreos y habladurías siempre habían estado a la orden del día… Y si implicaban a su actor estrella, el chisme desataba las lenguas con más rapidez que lo que tardaba en desaparecer un caramelo a la puerta del colegio…
Pero no nos confundamos. Las gentes de LME cerraban filas en torno a los suyos. Cuando cierta clase de mal llamada prensa vino buscando carnaza y trapos sucios sobre la muerte de la joven actriz Kyouko y la desaparición pública de Tsuruga Ren, nadie soltó prenda. Nadie dijo ni mu. Y a Lory le consta que ciertos periódicos llegaron a ofrecer a sus empleados jugosas cantidades para soltarles la lengua… Sin éxito. Porque entre ellos podían hablar, criticar, despellejar y cuchichear sobre los suyos. Pero que nadie de fuera se los tocara, que nadie de fuera de LME se atreviera a mancharlos.
A Lory se le hinchaba el pecho de orgullo al ver cómo sus cachorros protegían su manada. Pero los cotilleos siguen fluyendo, alimentados por nuevas informaciones que Dios sabe de dónde salían. Todos dicen que Ren ha sido incapaz de superar la muerte de su kohai. Pero añaden, y no se equivocan, que la muchacha no era solo su kohai. No podía ser solo eso, porque si no, no podía explicarse cómo le había afectado tanto, ni por qué había estado recluido tanto tiempo tras su defunción…
El aspecto desmejorado de Ren no hizo más que avivar el fuego de los rumores. Las ojeras violáceas, los kilos perdidos, la falta de brillo en su mirada… Por supuesto que sigue siendo amable y correcto. Es Tsuruga Ren, por favor… Pero no es el mismo… Porque todos saben que su kohai no era solo su kohai. Tenía que ser un castigo del cielo el enamorarse del miembro nº 1 de la sección Love Me. Alguien que rechazaba el amor y toda idea romántica, y que solo te veía como a su senpai. Un eterno amor no correspondido. Pobre Tsuruga Ren… Todo LME lo sabía. Menos Mogami Kyoko…
Y luego, en una burla cruel, el destino se la arrebata y corta de raíz una historia de amor que no pudo llegar a nacer. Saben, y esto es nuevo, que va casi todos los días al restaurante donde ella trabajaba y vivía, como si así pudiera estar más cerca de ella. Como si así ella fuera a aparecer en algún momento. Como si no estuviera muerta… Tsuruga Ren está viviendo una obsesión y no puede asumir la pérdida de la joven que amaba. Se rumorea en los pasillos, en los corrillos de las esquinas, se comenta en voz baja ante las máquinas expendedoras… Tsuruga Ren tiene el corazón roto y persigue un fantasma.
A Yashiro le tiemblan las manos mientras intenta contactar con Ren. La derecha lleva el preceptivo guante de látex. Casi no atina a ponérselo de puros nervios. Se acaba de enterar… No de lo que está haciendo Ren, que eso ya lo sabe él de primera mano. No… Se acaba de enterar de que toda la empresa lo sabe… Porque a él se lo ha dicho Matsushima-san, que lo sabe por Sawara-san, a quien se lo dijo su ayudante, que se enteró por su amiga de contabilidad, que lo supo por la novia de un primo hermano que trabaja frente al Darumaya… Yashiro suspira intentando serenarse… Esa visión novelesca y gótica de las visitas de Ren al restaurante (por otra parte, totalmente correcta...), no ha salido de las contadas personas que saben la razón real. Lo cual quiere decir que los empleados de Takarada Lory saben llenar los huecos en una historia de amor tan bien como su presidente… Yashiro solo ruega a los cielos que no se hayan enterado de los planes de Ren para hoy. Si les llegara el más mínimo indicio, susurro o siquiera ligera brisa rumorológica, de que Ren ha ido esta mañana a molestar a un figura de la Agencia de Policía Nacional, a uno de los grandes, casi un prócer patrio, prácticamente para acusarlo de encubrimiento y mentira, porque él insiste en que los muertos (Kyoko-chan) viven, lo darán definitivamente por loco perdido, y su reputación se irá al garete… Perdida irremediablemente… Y eso teniendo suerte… Sí, cualquier cosa que logre evitar y mantener lejos a las eufemísticas clínicas de reposo, será cuestión de pura suerte…
El pobre Yashiro sigue rogando a lo más alto, alcanzando ya a los dioses de todos los panteones conocidos, que jamás se enteren de que ese pequeño detalle… Ren no puede ir diciendo por ahí que la ha visto viva… Medio LME estuvo en su velatorio, de cuerpo presente. Hay fotos, por los dioses…
Necesita ayuda. Ren necesita ayuda ya. Alguien que le ponga los pies en la tierra. Ni Lory ni Hizuri-san han tenido éxito. Él ya no les discute. Les escucha educadamente, eso sí, aunque más bien hace que escucha, porque por una oreja le entra y por la otra le sale…
A estas alturas, solo una persona puede ayudarle. Su único recurso… Yashiro Yukihito reza (una vez más) por que acepte ayudarle y hablar con Ren. Por recuerdo a Kyoko…
Ren se dirigía al despacho de Yashiro en LME donde le había citado. Era la hora de comer y no se veía mucha gente en el edificio. Cuando abre la puerta, la habitación está a oscuras y justo al prender la luz, la puerta se cierra de golpe tras él.
—¡Ya era hora de que llegaras! —exclama una voz malhumorada.
"Bien… Nota mental: recordar matar a Yashiro…". Ren cierra los ojos para prepararse. Otra 'charla' está por venir. Se gira para enfrentarse a la dueña de esa voz.
—¿Cómo estás, Kotonami-san? —saluda con su esplendorosa falsa sonrisa.
—Pues mejor que tú, por lo que se ve.
—Si vienes de parte de Yashiro, puedes ahorrarte el sermón… —le dice mientras la invita a sentarse en la silla frente a él.
—¿Entonces es cierto?
—¿El qué?
—Que crees haberla visto, Tsuruga-san —no hay necesidad de nombres, ambos saben de quién están hablando.
—No es que lo crea. La vi —el tono de Ren es tan firme, tan seguro, que durante un segundo el corazón de Kanae latió más deprisa. Pero solo durante un segundo. La realidad siempre te alcanza…
—Tsuruga-san… Los dos la vimos aquel día… —Kanae aprieta con fuerza en su regazo sus manos, una contra otra, en un intento inútil de detener el dolor que viene con ese recuerdo.
—Kotonami-san, discúlpame pero no pienso repetir contigo una conversación que ya he tenido cuatro veces… Así que si no tienes nada más que añadir… —y movió la mano hacia la puerta, en un gesto que invitaba claramente a salir de allí.
Kanae se traga una respuesta brusca y respira lentamente antes de contestarle.
—¿De veras crees que ella querría que vivieras persiguiendo un fantasma? ¿De veras crees que ella querría que te perdieras en ilusiones de pobre loco?
Oh, Kanae… Eso fue rastrero… No pongas voz a los pensamientos de Kyoko… No le hagas pensar en lo que le diría Kyoko…
Ren no contesta. Se la queda mirando, pero sus ojos han perdido el brillo frío defensivo que tenían antes…
—Tienes que dejarla ir, Tsuruga-san…
Ren mueve la cabeza de un lado a otro, suavemente, rechazando el consejo de Kanae.
—¿Cómo tú, de entre todos, me pides eso? Tú la querías… —su voz es baja, y sombras de dolor le cruzan el rostro.
—Precisamente por eso… Porque la quise. ¡Demonios, porque aún la quiero! Por amor a ella, los dos debemos aprender a vivir sin Kyoko.
—No. Me niego. Pierdes el tiempo conmigo…
—No te pido que la olvides, Tsuruga-san. Sino que abraces su recuerdo. Que honres el haberla conocido…
—Kotonami-san, escúchame bien: ella vive. Ella está ahí fuera…
La mirada habitualmente dura de Kanae se ablanda ante la obcecación de este hombre. Un hombre que amó –ama– tanto a su amiga que se aferra a su delirio para seguir viviendo.
—Estás persiguiendo un fantasma, Tsuruga-san.
Ren niega de nuevo con la cabeza, negándose a darse por vencido.
—Está viva, Kotonami-san. Yo la vi.
—Acabarás mal si sigues así, Tsuruga-san. Y ella no querría eso… —Kanae se pone en pie y se dirige hacia la puerta.
—Pues supongo que solo el tiempo podrá darme la razón… —le contesta él antes de quedarse a solas—. La encontraré… —le dice a la habitación vacía.
