Cuánto tiempo... Casi un mes sin actualizar, pero bueno, como me cambie de cuidad !sipi, ahora soy de Santiago de Chile :D, es bonito pero muy sobrepoblado y en parte me siento culpable! y verán, mudarse no es tan sencillo como parece, es más, aun me quedan cosas en mi antigua casa, pero como sea, el punto es que me tienen de vuelta, Gracias a Maggie (Alfrep Llonz) mi gran amiga que me insistió tanto por Whatsapp para que actualice, que ya tenía que hacer algo, y como quienes me tienen en Facebook saben, estube un tiempo sin internet. Ahora que regreso a una vida normal, pero en otra ciudad y con otras personas, pues bien , puedo seguir esto.

NO lo dejaría tirado así como así, por lo que les traje algo un poco más jugoso, espero que lo disfruten y que me agradezcan, ya que estoy bajando en reviews ;-; ¿será por que es muy aburrido? En fin, lo de siempre a continuación:

Disclaimer: Hetalia y sus personajes pertenecen a Himaruya.
Advertencia: Leer hasta el final con mucha atención, puedes entender muchas cosas o perderte más.
Spoiler: Primera aparición oficial del hombre Kol, del señor Invisible y de la Bielorrusa (?)

Que no se les olvide, La historia está narrada por Arthur, y pues bien lo recuerdo ya que no había actualizado en mucho y para que no vuelvan a leer, El rey estaba en coma blah blah blah (?) ya no les molesto más y les dejo el capitulo diez... !Dos dígitos! al parecer no voy tan mal.


Cardverse y el Reino de las Espadas

10.

Los nobles nos vieron entrar tomados de la mano y nos miraron un tanto enojados, pero cuando Alfred entrelazó sus dedos con los míos, además de hacerme sonrojar, hizo que los presentes se sorprendieran de tal manera que no pudieron siquiera disimularlo. Tomamos asiento en un sofá pequeño para dos personas. Era muy cómodo y acolchado, pero un tanto pequeño, por lo que quedé demasiado cerca de Alfred. Los presentes, todos personas mayores, dos o tres mujeres un poco más jóvenes pero completamente serias, seguían charlando, un tanto molestos, asuntos acera de "una herencia" y "las deudas del reino" Alfred parecía estar divertido, como si todos esos problemas, que los presentes hacían ver tan graves, en realidad fueran algo completamente ajeno al joven Jones.

Alfred toma la palabra; Dice que no le importa todo lo que haya sucedido en el pasado, porque son cosas del pasado, valga redundancia. Alfred asegura que, una vez que asuma su lugar en el trono, llevará al reino por un buen camino, dejando atrás todos los rencores, borrón y cuenta nueva. Eso al parecer ha enfurecido un tanto a las personas que se encuentran presentes. Pasaron de estar preocupados, a estar molestos. Aprieto la mano de Alfred al sentir la presión de estas personas y la tensión en el ambiente. Una de las mujeres más jóvenes, de cabello rubio corto y hermosos ojos azules se pone de pie y nos señala con el dedo. La mujer hervía en ira.

-¡No voy a tolerar que mi primo asuma el poder que le corresponde a su padre, sin haberse casado primero, ni mucho menos voy a permitir que merodee por el reino haciendo farándula con una chiquilla que ni siquiera conocemos ni ha sido aprobada por la familia!

-¡Pero Emily!- regañaba Alfred a la chica- ¿No eras tú la que decía "sigue a tu corazón" cuando éramos niños?

-Las cosas han cambiado, Alfred. Ya no somos niños y mi tío está a punto de morir ¡acéptalo de una vez! Ya madura.

-Lo dices sólo porque siempre quisiste el trono, prima. ¡Todos ustedes quieren el trono! ¿Qué acaso no les importa la salud de mi padre?

-A ti tampoco te importa mucho que digamos, mocoso- dijo uno de los hombres mayores y a su vez intimidantes.- No te importa tu padre, ni te interesa el trono, ni tu familia o tus costumbres… ¡ni siquiera respetas las tradiciones! No mereces ser el heredero, tan solo eres un niño con cuerpo de hombre que se niega a crecer.

-¡Así es!- ahora discutía una mujer de melena castaña y ojos rojos de piel levemente bronceada- Si de verdad te preocupara la familia y el cargo, que realmente no mereces, no saldrías de farra y jarana cuando se te pega la regalada gana. ¿Qué acaso no te das cuenta que la vida de tu padre y la de todos en el reino está en juego? Ah claro, para ti todo es juego.

-Cierra la boca, tú eres la menos indicada para juzgarme en todo esto.

-No seas irrespetuoso- seguía aquel hombre- debes hacerte cargo, y madurar de una vez. Ya no eres un niño y debes tomar una decisión prudente. No se te obligará a casarte con la hermana del Rey Iván, pero si es la opción más prudente a tomar en una situación así.

-¡Que no me voy a casar con ella!... y por favor, digan esas cosas frente a mi novia, se asusta.

-Por el amor de la sangre…Alfred, primo ¡compréndelo! – dijo un chico de peinado y aspecto similar al de Alfred, solo que este muchacho era de cabello y tez morena, ojos rojos y llevaba gafas de sol en su cabello, además de tener el mismo mechón anti gravedad que Alfred- El futuro de todos depende de ti, no lo arruines como arruinaste el pastel de bodas de mi madre.

- Todos estamos de acuerdo, Alfred tiene que casarse con Natasha y no hay nada más que agregar- dijo el mayor de todos los hombres, armando un debate en el cual todos hablaban al mismo tiempo.

Alfred se quedó en silencio, al parecer no quiso seguir discutiendo una causa perdida con esas personas. Alfred tomó firmemente mi mano, y me voleé a mirarlo, él me hizo una seña con la cabeza, indicándome que salgamos del lugar. Justo en eso, todos se quedan en silencio al ver entrar por la puerta principal del salón el rey de Trébol, un hombre bastante alto, de cabellos claros y piel pálida, intimidantes ojos violetas acompañados de una tétrica sonrisa y una nariz un tanto grande en proporción a las normales. El hombre viene acompañado de su consejero real, quien porta unos anteojos, tiene el cabello castaño oscuros, un mechón anti gravedad y un lunar bajo el labio. Tras ellos, viene una chica, de cabello largo y pálido como el del monarca de Trébol, llevaba un moño blanco con verde afirmándole el cabello, y un elegante vestido verde oscuro con diseños de tréboles negros. Los recién llegados tomaron asiento frente a nosotros, y mientras todos estaban distraídos saludando cortésmente a los recién llegados, Alfred me habló por lo bajo.

-Mejor nos quedamos si no queremos tener problemas.

-¿Problemas?

-Sí, ese gordo narizón es el rey de Trébol, y la loca esa es su hermana menor. Con esa me quieren casar y yo no quiero.

-¿Y tú no quieres?

-Claro que no, ni siquiera me importa. Yo solo quiero casarme con la persona de la marca real.

-Alfred y-yo…

-Shh... Ahora no Iggy, van a hablar estos idiotas.

-Alfred, es que yo…

-Por favor, luego me dices, ¿sí?

-Es importante… yo tengo…

-Shh…después podrás decírmelo.

Alfred no me dejó terminar, guardé silencio y recargué mi espalda en el respaldo del sofá. El ojiazul soltó mi mano para pasar su brazo por detrás de mi espalda y posar su mano sobre mi hombro. Me sonrojé y bajé la mirada, mientras que todos hablaban temas respecto al futuro del reino, el arreglo del matrimonio entre Alfred y Natasha. Me deprimí al ori a aquellas personas hablar del futuro del reino. Planeando hijos entre ambos e ideando con quienes los casarían. Alfred lo notó, me miró a los ojos, y tomó nuevamente mi mano. En sus ojos, pude ver que tenía una idea. Se puso de pie, me extendió la mano para que me levante y frente a la vista de todos, me tomó por la cintura y se giró frente a los presentes.

-Si me lo permiten, quiero pedir opinar al respecto. Alice, mi novia, viene de una adinerada familia de nuestro reino, por lo que la propongo a ella como mi futura esposa y rechazo a la señorita Alfroskaya.

-¡Acaso has enloquecido!- exclamó un hombre medianamente mayor - ¿O has olvidado la millonaria deuda con el reino del Trébol, o la deuda con el reino de Diamantes? Los engranes del reino no funcionan solos, Alfred. No desde hace siglos.

¿Engranes del reino? Eso quiere decir que la leyenda es real. Que el reino funciona con engranes, similares a los de un reloj, solamente que estos son gigantescos y a su vez pesados. Solamente la reina marcada puede manejarlos con sus poderes de hechicería, pero desde que el reino de espadas ha decidido elegir los matrimonios reales en base a duelos o citas arregladas, ya no se han tomado la molestia de buscar a quien porta la marca real, por lo que los engranes, probablemente, tengan que ser movidos con maquinaria pesada, la cual es muy costosa, según nos ha dicho nuestro abuelo cuando éramos niños. Alfred apretó mi mano, se acercó a mi oído y susurró.

-A la cuenta de tres, corremos.

-¿Qué?

-Uno…

-Alfred, no

-Dos…

-No lo harás

-Tres…

Se echó a correr, sin soltarme la mano y corrí junto con él, volteamos en un pasillo y subimos una larga escalera acaracolada. Nadie nos seguía, no obstante, Alfred no dejaba de correr. Una vez arriba, doblamos por otro largo y lujoso pasillo, el cual llevaba a una enorme puerta de espadas doradas, Alfred la empujó y llegamos a una gigantesca biblioteca. La más grande que he visto en mi vida. Era dos veces el tamaño de mi pueblo. Llena de libros por todos lados, Alta, y muy lujosa. Pero oscura, no entraba mucha luz y los ventanales estaban llenos de polvo y tierra, al igual que el piso y casi todos los muebles y estantes. Tal parece que no se había entrado en años, décadas diría yo.

-Alfred…!esto es hermoso!

-Sabía que te gustaría. Nadie ha venido aquí en mucho tiempo, ya sabes, con la construcción del edificio nuevo de palacio instalaron una biblioteca moderna con menos libros, historietas, Internet. Y se olvidaron de esta.

-Le hace falta una aseada. ¿Puedo?

-Iggy…! Para eso tenemos sirvientes!

-Quiero mostrarte algo. Pero antes me toca pedirte un favor.

-Pues dime.

-No me delates por lo que haré. Sé que es ilegal, pero tienes que verlo.

Retrocedí unos cuantos pasos, y le pedí a Alfred que se cubriera, y se fue a parar junto a la entrada, bajo el marco de la gran puerta. Me concentré en un antiguo y difícil hechizo para hacer desaparecer la suciedad y enviarla a algún lugar del mundo donde no estorbara. Entones recordé el tiradero de la ciudad que queda más o menos cinco calles debajo de la mía. Mentalicé en mi retina aquel tiradero, colocando mi atención en este para poder transportar el polvo de los vidrios y paredes de la biblioteca del palacio. Posteriormente recité en susurros el hechizo, elevándome levemente mientras mantenía mis ojos cerrados para que funcionara. Una vez que sentí la energía fluir, abrí mis ojos para encontrarme con la sorprendida mirada de Alfred. Sus ojos pendientes de cómo, aun estando en los aires, emanaba desde mi cuerpo una especie de resplandor color cian, el cual se deshacía de toda la suciedad, polvo y mugre del lugar, enviándola al vertedero.

De a poco, los cristales empezaban a dejar entrar el sol, iluminando la biblioteca, los estantes resplandecían, y las paredes recobraban su brillo celeste original. Lugo que los pilares nuevamente eran dorados y la cerámica una vez más relucía, los libros ya no parecían estar llenos de polvo y el candelabro del centro del techo ya no era café, sino que transparente al ser originalmente de vidrio, caí al suelo bruscamente al acabarse el efecto del hechizo. Alfred corrió adonde me encontraba, solo que me paré sin su ayuda, ya basta de tener que depender todo el tiempo de ese traga hamburguesas arma pleitos. Aunque fue lindo de su parte, pero de todos modos, puedo valerme por mí mismo y cuidarme solo. Pero… por alguna extraña razón, al estar con él, me siento protegido.

Alfred me miró de reojo mientras me sacudía, y luego me dijo fríamente que jamás había visto magia delante de sus ojos. Sonreí levemente, para posteriormente seguirle el paso por un largo sendero de estantes con libros, hasta llegar a lo que parecía a simple vista una puerta sin importancia. Alfred jaló una palanca y se abrió, frente a nosotros en el suelo, una rendija la cual cubría un pasadizo de escaleras que posiblemente llevaban a algún lugar. "El caballerito 'me puedo cuidar solo' ¿Me dejaría tomar su mano para bajar por un peligroso camino que solo yo conozco?" dijo sarcásticamente el joven Jones, extendiendo su mano derecha hacia mí y tomando una linterna en su mano izquierda.

Ambos llegamos a lo que parecía un viejo salón abandonado, dos veces más grande que la cafetería de la universidad, aun así, más pequeño que mi pueblo. Alfred se sentó en el piso, estaba alfombrado y oscuro, aun así, limpio en el centro, como si fuese ocupado casualmente, pero no se conociera su existencia. Jones me invitó a sentarme a su lado. Caminé cuidadosamente entre la oscuridad, guiándome de la poca luz que proporcionaba la linterna de Alfred. Una vez que me senté a su lado, el príncipe me tomó no sé de dónde, y me jaló hacia tras a la vez que él lo hacía, quedando ambos recostados de espalda.

-Este es mi escondite secreto. ¡La vieja recámara real! ¿Sabías que la última reina hechicera que portaba la marca real mandó a construir una biblioteca sobre la recámara?. Esa Alice amaba los libros.

-¿Alice?...¿ Alice Birdwhistle?

-Sí, ¿Qué acaso no es por ella que te apodaste Alice?

-Ah sí, la Reina Alice, mi ídola. Hizo grandes cosas en su época. Es mi personaje histórico favorito.

- También es mi favorita. Fue la primera reina en ser tomada en cuenta. Antes la reina era el juguete sexual del monarca. ¡Que feo! A pesar de que suelo divertirme sexualmente, cuando me case con mi reina que lleve la marca, la voy a respetar.

-No sé si tomarlo como algo lindo o horrible. Pero la reina Birdwhistle será el tema de mi tesis final.

-Hahah, lo sé, leí un poco cuando la imprimí. A todo esto, ¿Decidiste donde trabajar una vez que te titules?

- he estado viendo la posibilidad de una pasantía a Corazones, dicen que pagan bien y podría enviarle el dinero a mi familia.

-¿No te interesaría trabajar en mi empresa? Tenemos buenos sueldos, horarios flexibles y hay dos sucursales en las que no tenemos historiadores porque no hemos encontrado.

-Pero no tengo los ojos azules como todas tus trabajadoras.

Ambos reímos y nos quedamos en silencio mirándonos a los ojos. Me sonrojé y aparté la mirada. Alfred me abrazó de la cintura, y fuertemente cerré los ojos. ¿Por qué hace esto? Ahora siento su respiración sobre mis labios, creo que va a besarme. ¡Vamos, hazlo de una vez! Me acercaría a besarle, pero temo que solo esté jugando y que luego no quiera hablarme nunca más. Me quedo quieto, esperando su reacción, aunque de la nada una luz me ciega por unos instantes. Luego de eso, sentí una suave y dulce voz, levemente similar a la de Alfred, solo que esta se oía tímida y se perdía en el aire. Alfred me soltó bruscamente si se colocó de rodillas hacia la entrada, me volteé con pereza.

El chico recién llegado, que a juzgar por el leve parecido a Alfred, era su medio hermano, el príncipe Matthew Williams. Sus ojos, levemente violetas con anteojos de marco redondo, su cabello de una tonalidad rubia muy similar a la de Alfred, a diferencia que este chico tiene risos, y su tímida sonrisa, me hicieron llegar a la conclusión de que se trataba de Matthew.

-Te encontré, hermano. Estás en graves problemas… ¡todos te están buscando!

-¡Matthew!, hace tiempo que no te veía, ¿Cómo me encontraste?

-De niño que siempre te ocultas aquí. Aún recuerdo que me dijiste que este lugar es secreto.

-Mira Matthew, traje a alguien.

Pues sí, se trataba de su medio hermano. Alfred y Matthew se comenzaron a conversar discretamente, luego el recién llegado apagó la luz de su linterna, la cual alumbraba mucho mejor que la de Jones. Los tres nos quedamos sentados en medio de la habitación. Alfred le explicó todo a Matt, desde la entrevista en su oficina, pasando por la boda real, hasta cómo llegamos aquí. Al parecer Matt es sincero y confiable, ya que Alfred le confió todo lo que hemos pasado desde que nos conocimos. El más joven de los hermanos simplemente sonrió, y dio su palabra de no contarle a nadie lo que sucedía.

-Me parece bien que Alfie por fin tenga amigos.

-¿Alfie?... usaré eso algún día. – le dije sarcásticamente a Jones.

-Dude, eso es cruel… Así me llamaba mi madre.

-Oh… lo siento yo…

-No importa, Arthur, tu no lo sabías.

Los tres nos quedamos en silencio, los hermanos recordando tristemente a su ya fallecida madre, mientras que yo mantuve el silencio tanto por respeto como por aquella sensación extraña que queda cuando uno mete la pata. Nos recostamos los tres en aquella suave alfombra, quedando yo al medio y sintiendo como Alfred tomaba mi mano. Si, Alfred F. Jones estaba tomando mi mano, aproveché de entrelazar mis dedos a los suyos, pero luego él me soltó bruscamente, por lo que me volteé a mirarle.

Estaba Llorando.

El gran y poderoso Alfred F. Jones estaba llorando. De alguna manera, sentí como mi corazón era exprimido. Reaccioné a abrazarlo, pero este me apartó lejos, impidiendo que me acerque mucho. Matt me miró y negó con la cabeza, haciéndome un gesto de dejarle solo. Ambos salimos de aquel oscuro lugar, y nos sentamos en una de las viejas y semi podridas sillas de la biblioteca. Matthew me tomó de las manos y me miró a los ojos, pude ver la sinceridad de su ser reflejado en ellos.

-Arthur, en momentos así debes dejarlo solo él no ha tenido una vida fácil como todos los medios lo han transmitido.

-¿Ah No?

-No. Sólo porque eres su amigo y acabo de notar que de verdad lo quieres y has hecho cosas que nadie haría por alguien, creo que mereces saber la verdad, pero por favor, no quiero que dejes a Alfred, él te necesita.

-Matt, creo que le he tomado el suficiente cariño a este gordo como para dejarlo…

-No es algo fácil, Alfred… bueno… ¡Esto muere aquí! … Alfred no es hijo biológico de la reina Madeleine, él es hijo de la ex esposa del rey, la mujer con la que estaba casado antes de que se case con la Reina en el periodo de guerra.

-No entiendo, supuestamente Alfred es hijo de la ex reina y el rey y tú eres su medio hermano materno.

-No es así. Alfred y yo tenemos solo dos días de diferencia. Yo soy hijo de la Reina Madeleine Williams y tenía tres años cuando mi madre se casó con el padre de Alfred. Es mi madre quien adoptó a Alfred, y ella al casarse cambió su apellido por Jones, sólo que los medios lo ocultaron todo, diciendo aquella historia que ya conocías.

-Todo esto me confunde… ¿Y quién es la verdadera madre de Alfred?

-No lo sé. Solo sé que fue una horrible mujer que le produjo muchos traumas, por eso desde que Alfred pasó a ser "hijo" de la reina, esta lo mimó en todo, y a pesar que jamás sentí celos, si me sentía excluido, invisible. Pero Alfred ha de haber sufrido mucho, cuando llegó a casa, e incluso ahora, ha sido muy cobarde. Le teme a muchas cosas y es muy infantil a pesar de aparentar esa fortaleza que sé que no tiene. Y está convencido en que encontrará el amor verdadero con la chica que tenga la marca de espada.

-No puedo creerlo. Aunque eso explica su extraño y cambiante modo de ser. Aparenta ser el chico fuerte para que los medios de comunicación y prensa no noten su debilidad.

-Si, por eso actúa de ese modo. No es una mala persona, pero tampoco es una inocente palomita. Por ahora lo mejor es dejarle solo, estar ahí le ayuda un poco y ¿sabes? También podemos ir por un café y unos hotcakes con miel de maple.

-No lo sé, estoy preocupado por Alfred.

-Y yo, pero debemos esperar media hora para que dejen pasar visitas a la clínica real, que es la que está anexada al palacio. Créeme que estoy muy preocupado por mi hermano, pero hablé hace un momento con el rey de Diamantes y me dijo que todo estaría…

-¿Hablaste con Francis?

-¿Lo conoces?

-Sí, lamentablemente.

-Es muy buen chico- dijo con un tono más suave y levemente sonrojado- fue el primero en tomarme en cuenta.

-Es solo una rana podrida.

-Me parece lindo y… b-bueno… ¿Vamos por el café? Una vez, Francis me invitó a un café en…

Lo dejé hablando solo por un instante, en lo que me asomé por una ventana y vi a muchas personas ingresar al palacio, casi todos vistiendo elegantes trajes azules, todos iguales, solo variaban para hombre y mujer. Me volteé hacia Matthew, mirándole con cara de preocupación, y luego corrí hacia el escondite secreto de Alfred. De alguna extraña e inexplicable manera, sentí una sensación desagradable. Alfred está en apuros, debo advertirle antes de que sea demasiado tarde y ya no pueda hacer nada por él. Odio admitirlo, pero estoy enamorado de ese gordo, y realmente me importa .Ya voy por la mitad de la escalera cuando noto que Matthew estaba hablando.

-… y Francis me dijo que soy muy tierno y yo… ¿Arthur?... Maple, otra vez me están ignorando.

Bajé las escaleras, nuevamente, procurando no carme en la oscuridad. Mi fijé bien donde se encontraba Alfred, y lentamente me acerqué, tomé todo el valor que pude haber reunido, y lo abracé, mientras él lloraba desconsoladamente entre mis brazos. No sé cómo, pero de la nada comencé a llorar junto con él. Ambos abrazados, en la oscuridad de un antiguo cuarto, desahogándonos de todos los males y penas que hemos vivido en nuestro pasado. Incliné mi rostro, y pude sentir los pulgares de Alfred deslizándose por mis mejillas, secando mis lágrimas que no dejaban de escurrir por mi rostro. Alfred posó su dedo índice y el pulgar de la mano derecha en mi barbilla, mientras que con la izquierda me afirmó de la nuca, acortando la distancia, a la vez que yo me abrazaba de sus hombros y me aferraba de su cuello, llegando a fundir nuestros labios en un puro y casto beso.

Me separé lentamente, con el corazón acelerado y el cuerpo temblando. Me había besado, Alfred F. Jones me había besado. Sus gruesos y bien formados labios se juntaron nuevamente con los míos, esta vez, el beso fue más intenso y no solo de "piquito" como el anterior, sino que un beso largo y profundo, con pasión y afecto, juntando nuestros labios mientras abríamos y cerrábamos la boca, saboreando el néctar de placer del otro ser. He besado antes, pero jamás había sentido nada igual a lo que experimentaba con Alfred, dejando que él domine el beso, que explore mi boca con su húmeda y áspera lengua, enredándose con la mía y
ganando la pequeña lucha interna. Nos separamos por falta de oxígeno, luego juntamos nuestras frentes a la vez que entrelazábamos los dedos, y lentamente me quedé dormido entre sus brazos.

Cuando desperté, estábamos ambos recostados sobre la Alfombra. Alfred dormía mientras me abrazaba de forma protectora y me tenía cubierto del frío exterior con su chaqueta. Me sonrojé y me giré, quedando frente a frente con su rostro. Me quedé observándolo mientras dormía, su hermoso rostro lucía tan joven, sus labios gruesos, suaves y perfilados están ligeramente abiertos, incluso se puede oír el suave sonido de su respiración, sin llegar a ser desagradable. Su cabello luce limpio, brillante, hermoso, levemente alborotado. Quiero acariciarlo, me tiento a estirar mi brazo y tocarlo, acariciarlo, deslizar mi mano por sus mejillas y acurrucarme bajo su pecho. Pero me arrepiento, se ve tan precioso, perfecto dormido, como un niño inocente. ¿Cómo habrá sido de pequeño? Seguramente muy hermoso, tal más que ahora.

Lentamente, me muevo, intentando levantarme sin despertarlo. Me doy cuenta del alfombrado del lugar, y muy despacio, aun cubierto con la chaqueta de Alfred, solo que esta vez colocada sobre mis hombros, camino hasta lo que parece un vidrio sucio. Coloco mi mano, y me doy cuenta que tiene una gruesa capa, mescla de tierra, grasa y polvo, la cual hace que la habitación no reciba la luz del día. Pensé que tal vez podría hacer algo, después de todo, este lugar es importante para Alfred, pero en pensar eso, tal vez sea mejor dejar, por ahora este lugar tal y como esta, ya que si Alfred prefiere un lugar solo y oscuro para estar solo, lo más prudente es respetarlo. Además, ni siquiera estoy en mi casa, es el palacio real de las Espadas, el más hermoso y completo de los cuatro reinos, sin contar aquella desolada tierra a la que van a parar los desterrados, ese lugar ni siquiera tiene casas de dos pisos.

Me giro y veo como Alfred se levanta del piso, camina lentamente hacia donde estoy, y me abraza de frente, recargando su nariz en mi cabello para inhalar el suave olor que este emana. Me sonrojo y temerosamente lo abrazo. Lo abrazo dulcemente, sintiendo su aroma, su masculino aroma del cual extrañamente carezco. Así es, no tengo el tradicional aroma varonil que suelen tener las personas de sexo masculino, más bien, huelo a una mezcla de frutas y té remojado. Alfred, su olor es tan relajante a pesar de ser levemente fuerte. Siento su torso, no es gordo, es más, ni siquiera tiene grasa. Es fuerte y bien formado, y tiene sus músculos bien marcados, sin llegar a ser un fortachón como los de las revistas de deportes, o como el Rey de corazones. Ese chico sí que tiene músculos, aunque no es mi tipo. Me gusta más el cuerpo de Alfred.

-Alfred… d-dime que estoy soñando- susurré suavemente mientras recargaba mi rostro en el pecho de Jones y cerraba mis ojos, sintiendo los dulces latidos de su corazón.

Él toma mis manos delicadamente, las sube hasta sus labios y las besa, me sonrojo y subo la mirada hasta encontrarme con aquellos ojos que tanto he deseado, y me están mirando fijamente, con una pequeña sonrisa por parte de su dueño.

-Arthie, esto es real. Tan real como tú y yo, tan real como nuestro dolor interior- Alfred besó una de mis mejillas.

Alcé el rostro y besé tímidamente sus labios, siendo correspondido mientras Jones posaba una de sus manos en mi mejilla derecha y cerraba sus ojos lentamente. Mi corazón se aceleraba, no podía creer lo que estaba pasando, yo, el desaliñado y flacucho Arthur, besándome con nada más y nada menos que el príncipe heredero al trono de Espadas, y dueño de la más grande corporación de bioquímica y telecomunicaciones. Pareciera sacado de un cuento, de esos antiguos cuentos de hadas que solía contarnos el abuelo a mí y mis hermanos cuando aún éramos unos niños.

Me separé un poco de Alfred, y tomé sus manos para llamar su atención.

-¿Qué sucede, Iggy?- me preguntó tiernamente, me sonrojé y desvié la mirada.

-T-tengo una idea… para llegar a la clínica anexa al palacio sin que esas personas de hace un taro nos vean.

-¡Qué!- se acercó a mí, y entrelazó sus dedos con los míos- Dime por favor en que piensas.

-Hay un hechizo de invisibilidad, es simple, hasta un niño hechicero de ocho años podría hacerlo, solo que es de corta duración. Pero, si extraes la esencia de algo que sea invisible, o en su defecto, transparente, puedes aumentar de 3 a 30 minutos el efecto.

-Continua…

-Si logramos sacarle un cabello a tu hermano Matthew, podré hacernos invisibles por media hora, tiempo suficiente para legar y entrar donde tu padre.

Sin dudarlo por un segundo, Alfred asintió, soltó una de mis manos, y con la que aún conservaba el afirme, me guío lentamente hasta subir a la biblioteca. Matthew no estaba, y se me ocurrió la idea de ir a la cafetería a buscarlo, ya que hace un rato estábamos hablando y dijo que iría a comer algo con miel de maple. Le di la idea a Alfred, y me dijo que la cafetería estaba en el piso de arriba. Ya estaba oscureciendo, sin embargo, podrían encontrarnos, por lo que no era del todo seguro ir hasta la cafetería tras Matthew, por lo que descartamos, por el momento, el plan del hechizo, además, usar magia en el palacio es como entrar con un arma a la estación de policía, o al menos si entras armado a ese lugar en el videojuego Grand Theft Spade, te puede ir muy mal.

Nos escabullimos por detrás de armaduras, mesas de oro, floreros costosos, guardias, y objetos al azar que encontrábamos en el pasillo, hasta finalmente llegar al ascensor que conducía al edificio nuevo, ya estando ahí, sería más rápido llegar a la clínica, aunque más complicado pasar desapercibido.

Ambos cruzamos una gran sala, y llegamos al ascensor, luego bajamos al subterráneo y Alfred se acercó a una esquina, donde a simple vista no había nada, pero luego de sacar una tapa del piso, dio con un ducto de ventilación, lo suficientemente grande como para que ambos pudiésemos entrar. Alfred mi hizo una seña con la mano, y yo fui lo más rápido que pude hasta llegar. Aun teniendo su chaqueta entre mis hombros, cubriéndome de la brisa que había en aquel lugar.

-Arthur, este ducto lleva a las redes centrales de la clínica… ¡podré entrar a despedirme de mi padre!

-¿D-despedirte?

-Shh… te lo explico luego, solo entra en silencio antes de que nos descubran.

En silencio me metí or aquel espacio, seguido por Alfred, quien con mucho cuidado de no emitir sonido alguno, cerró dejando la rejilla en donde estaba. Me dijo que avance gateando hasta la primera separación del camino, donde debía doblar a mano derecha. Le obedecí en silencio, y cuando ya lograba ver la separación, escuche que Alfred susurró: "desde aquí se ve muy lindo tu trasero" me sonrojé y fruncí el ceño. ¡Ya se las va a ver conmigo ese idiota! , ¡BLOODY GIT! Por ahora, lo importante es concentrarme en girar a la derecha. Una vez que lo hago, Alfred me indica que una vez que siga doblando a la derecha hasta que me encuentre con el trile ducto, ahí debo seguir derecho. No fue tan difícil, dos veces a la derecha y luego seguir en línea recta. Finalmente, llegamos donde termina el camino del ducto. Alfred me pide que abra la rejilla con cuidado, sin lastimarme. Tomo con ambas manos y mucha delicadeza las rejillas, y las remuevo, luego que logro salir, le extiendo la mano a Alfred y le ayudo. Posteriormente coloca la rejilla en su lugar, y me dice que estamos en la sala de aseo del piso de la unidad de cuidados intensivos de la clínica, piso donde estaba internado su padre.

Alfred abrió un poco la puerta, para ver que no haya moros en la costa. Una vez que estuvo despejado el pasillo, salimos caminando en cuclillas para no llamar la atención acústica de personas, enfermeros o guardias que estuviesen a nuestro alrededor. Por suerte, Alfred sabía cuál era la sala en la que tenían a su padre, ya que era la misma en la que había estado su "madre". Lo malo, es que estaba lleno de guardias, tenían rodeado el vidrio de cristal que daba paso al corto pasillo antes de la puerta de la sala. Jones me tomó bruscamente, y me puso en contra de la pared, colocando su dedo índice sobre mis labios y mirándome fijamente.

-Necesito que hagas el hechizo de los tres minutos. Es solo para llegar hasta donde mi padre. Luego de esto, no te pediré nada más, y podrás hacer lo que quieras.

Me soltó suavemente, y lo miré fijo, susurrando para no ser oído por esos gorilas que vigilaban la puerta y el cristal.

-Alfred… no necesitas decir eso. Estoy contigo, y hago esto porque realmente quiero y siento que es lo correcto. Bésame.

-¡Qué!

-¡Que me beses!, debes hacerlo mientras dices en tu mente la palabra "invisibles". Solo así el hechizo funcionará en los dos. Ya recité la primera parte mientras caminábamos por los ductos, ahora solo falta la parte final.

-Ah… ¿Por eso brillas de color celeste?

-Sí. Ahora hazlo antes de que se agote el efecto y tenga que esperar 15 minutos para volver a recitar la primera estrofa.

Lentamente Alfred se acercó a mis labios, rozando suavemente, mientras ambos cerrábamos los ojos, en mi mente recité la frase "Te comparto este poder contigo, ahora ambos seremos…"luego, mientras profundizábamos el beso, mantuve mi mente en blanco, o de lo contrario, no funcionaría. Luego de separarnos, pude ver que Alfred brillaba, al igual que yo, en un tono cian. Al recitar la primera estrofa del hechizo, tu cuerpo adopta un color celeste, pero luego que recitas la segunda, otras pasas o compartes el poder, tu cuerpo y el de la persona con el que lo compartes se torna cian para quienes están hechizados, siendo visibles solo para otros hechiceros o para la persona con la que compartes el hechizo mientras que los humanos normales, no pueden verte. ¡El hechizo había funcionado!

Logramos escabullirnos hasta la puerta, ahora el problema sería abrirla. Aunque ambos seamos invisibles, al abrir la puerta, ellos verían que se abría de la nada, por lo que sospecharían e incluso podrían activar le censor de magia y hechicería, ya que hay uno en cada instalación del reino que haya sido construida posteriormente que se haya aprobado la ley que prohíbe la magia en el reino. Alfred, sin preguntar ni nada, desconcertó a los guardias al abrir la puerta y entrar, entré y cerró la puerta.

Ahí estaba, frente a nosotros, recostado en una camilla en el centro de la habitación, conectado a miles de máquinas y con los ojos cerrados, el Rey de Espadas. Alfred se acercó a la camilla, y se arrodilló frente a su padre. Me quedé parado tras de él, mientras le susurraba a su padre para que los guardias no pudiesen escuchar. Alfred sabía que no teníamos mucho tiempo, y que luego debíamos salir sin ser vistos, por lo que intentó hacerlo rápido para que luego podamos escapar de la clínica,

-Padre, me porté muy mal. Lo lamento, de verdad, y sé que querías que siguiera las tradiciones y todo eso, pero debo decirte algo, importante. Tal vez no me puedas oír, o tal vez si, pero creo que es importante decirte que… Aquella chica de la que te hablé que me gustaba y con la que fui a la boda de Francis no eso…- Alfred giró su torso y tomó mi mano, luego sin soltarme cerró los ojos por tres segundos y volteó su rostro a su padre- Él es Arthur Kirkland, un hechicero nivel veintidós, del cual estoy profundamente enamorado.

Mi corazón se aceleró, apreté muy fuerte mi mano… ¡todo pasó tan rápido! En ese preciso instante, dejamos de brillar, por la puerta, las ventanas y distintos lugares de la habitación, unos tipos de fuerzas armadas nos apuntaron con pistolas, metralletas y nos rodearon. Por la puerta principal, entraron ambos morenos de ojos rojos y lentes de sol oscuros, cada uno con un bate de baseball con un dibujo de una pica negra en el mango y clavos con sangre en la punta que golpea la pelota. Se acercaron a nosotros, y Alfred se puso enfrente mio, protegiéndome. En mi vida, jamás había estado más asustado, incluso esto me asustó más que aquella vez que saqué un seis en matemáticas.

Ambos primos de Alfred se acercaron. La chica se cruzó de brazos y piernas mientras se apoyaba en su bate. El chico por su lado, afirmó su bate en posición de ataque, mirándonos con cara de pocos amigos y ganas de golpearnos hasta que nuestra sangre sea parte de esos clavos.

-Te atrapamos, Alfred- dijo la mujer de melena castaña.

-¡Atrás chicos!, no le hagan daño a Alice, ella no…

-¡Esa cosa no es una mujer, y dudo mucho que sea humana!- dijo el chico parecido a Alfred, refiriéndose a mí.

-¡Cállense! No tienen el derecho de tratarle así…

-Cierra tú la bocota, gordo- continuó la muchacha- Te atrapamos cometiendo alta traición a la corona siendo cómplice de hechicería ilegal, evadir tus responsabilidades al negarte a ser esposo de Natasha, y a escabullirte burlando la seguridad real.

No podíamos movernos, o nos disparaban. No podía usar magia hasta pasados los quince minutos. ¡Estábamos rodeados! , sin salida. Seguramente sería el fin. Por lo menos, probé los labios de Alfred antes de morir, y sé que él me corresponde. No hay felicidad más grande, que saber que la persona por la cual has hecho tantos sacrificios, ya que estás enamorado, sienta lo mismo por ti, solo que ahora que estamos al borde de la muerte, o seguramente condenados a vivir una eternidad alejados el uno del otro, es cuando piensas ¿por qué no lo intenté antes?

Por ahí dicen, el que no arriesga, no gana, y es cierto. Si me hubiese arriesgado antes s besar a Alfred, nada de esto estaría ocurriendo. Si me hubiese arriesgado antes a declarar mis sentimientos en lugar de comportarme como una colegiala bipolar, o como le llama la reina de corazones en la prensa, como un "Tsundere" seguramente nada de esto estaría ocurriendo. Pero ya no saco nada con lamentarme, el que no arriesga, no gana, y para salir con vida de este lugar, debemos arriesgarnos. Corremos peligro de fallar y morir, pero si triunfamos y salimos con vida, además de obtener la victoria y conservar nuestras vidas, tendernos la seguridad y certeza de que ambos estamos enamorados el uno del otro, y como también dicen que el amor mueve montañas, creo que vale la pena intentarlo.

Nos apuntan a la cabeza, y nos obligan a llevar nuestras manos a la nuca y arrodillarnos en el piso, mientras que los dos primos morenos de Alfred están frente a nosotros, a punto de acabar con nuestras vidas. Quiero tomar la mano de Alfred, decirle que lo amo, ya casi, casi todo se ve perdido…

Adiós mamá, papá, Noru, Peter, Iggycat, Antonio, Francis… incluso Scott

ADIOS MI AMADO ALFRED… HASTA SIEMPRE


Drama, Drama, Drama (?)

Ok, creo que me fui en la volá (osea, que exageré un poco ) déjenme ir por la tapa de algún tarro de la basura para usar como escudo y protegerme de los tomatazos que me arrojarán.

Me iré a mi guarida secreta "Fraanchi malvados y asociados" a hacer el nuevo "dramainador" , con el que escribiré el capítulo que sigue =w=

Espero reviews, me esforcé en este capitulo y bueno, ya qué, goodbye, hasta pronto...