NT: Cumpliendo con mi calendario de actualizaciones, aquí dejo un nuevo capítulo de esta traducción :) Y como le prometí a una seguidora de mi página, este capítulo va dedicado a ella por ser su cumpleaños. Beatriz, espero que pases un día genial en compañía de tus seres queridos y que te regalen muchas cositas.

¡Besitos!


Capítulo 10: Los negocios y el amor no significan nada para una niña de cuatro años.


"Los negocios pueden traer dinero, pero la amistad casi nunca lo hace." —Jane Austen.

"Los negocios traen dinero, con el dinero puedes comprar amigos, y en ocasiones esos amigos puede llegar a convertirse en amantes." —Draco Malfoy

"Los negocios y el amor no se deben mezclar." —Hermione Granger


El resto de la noche transcurrió en un borrón. Los padres de Draco continuaron actuando de una manera cordial con Hermione, aunque eso consiguiera perturbarla más de lo que imaginaban. Su tía siguió actuando distante y estirada y su primo como si sus dos neuronas no terminasen de conectar. Para cuando llegó la medianoche, las emociones de Hermione ya estaban a flor de piel, por lo que estuvo feliz de que el baile estuviera a punto de terminar. Las mentiras pronto podrían parar.

Sin embargo, sabía que realmente no pararían del todo porque se había comprometido a ir a la finca de Draco en Gales. En qué lío tan lamentable y terrible se encontraba, y todo era culpa suya. Draco estaba de pie junto a los ascensores, dándoles las buenas noches a la mayoría de los invitados, dependiendo de si se alojaban en el hotel o se iban a casa. Hermione trató de deslizarse sigilosamente por detrás de él, pero Draco se dio cuenta. Estiró el brazo y agarró la parte posterior de su falda antes de que pudiera alejarse, luego tiró de ella hacia él. Puso el brazo alrededor de su cintura mientras se despedía de un hombre y su esposa, y luego su mano se posó plana en su estómago. Ella se relajó en su abrazo... aunque en el fondo aquello era extremamente molesto para ella. No quería enamorarse de Draco Malfoy. Podría querer casarse con él, ¿pero amor? De ninguna manera.

No obstante, ese simple gesto le dio fuerzas para pensar que podía continuar con su plan, y tal vez incluso Draco terminara agradeciéndole que accediera a casarse con él como si se tratara de un negocio. Tendría que ver cómo jugar sus cartas. Ella lo miró, la única forma en que podía poseerla era apretándola contra él.

Eso era suficiente.

Hermione observó cómo Harry y Ginny salían de la sala de baile. Ella le dedicó a Ginny una débil y triste sonrisa. Esta se acercó a ella, miró la mano de Draco alrededor de su cintura y dijo.

—Todo una farsa, ¿eh? —antes de que Hermione pudiera responderle, la joven se inclinó hacia delante y besó su mejilla—. Vosotros dos no engañáis a nadie. Esto es real, yo lo sé.

Ginny apretó la mano de Hermione con cariño. Draco volvió su atención a Marcus, pero él también trataba de escuchar a las dos mujeres.

—¿Te quedas aquí? —preguntó Hermione.

—No, vamos a aparecernos en casa. Los niños, ya sabes —explicó Ginny.

—Alice tenía muchas ganas de ver al tío Harry y la tía Gin —dijo Hermione.

Harry se acercó y tomó la mano de su esposa.

—¿Lista para irnos? —dijo sin mirar a Hermione. Draco hizo una pausa en su conversación con Marcus cuando sintió que Hermione se tensaba en su brazo.

Hermione se deshizo de la mano de Draco y dijo:

—¿No hay un beso de despedida para tu amiga de siempre, Harry, o es que ya no somos amigos?

—No sé responder a tu pregunta ¿Estás segura de que esto es sólo una estratagema para engañar a sus padres y parientes? —preguntó Harry. Miró a Draco mientras lo decía.

—¿Mi respuesta influirá en la tuya, Harry? —preguntó ella con tristeza. En ese momento Hermione miró a Draco, y luego de nuevo a su amigo—. No estoy completamente segura de nada, Harry. Si me hubieran preguntado esta mañana si estaba segura de algo hubiera dicho que estaba segurísima de que Harry Potter era mi mayor y más querido amigo, y que ibas a quererme para siempre. Ahora no estoy segura de nada.

Draco la miró a la cara. En su rostro podía verse grabado el dolor, y por primera vez en su vida sintió empatía por otro ser humano. Por Merlín, nunca se había sentido tan emocionado antes. Ni siquiera iba a ser capaz de reconocerlo, pero viendo su dolor podía sentirlo en su piel. Fue entonces cuando su ira creció tanto que se encaró con Harry Potter por causar ese dolor.

Observó a Potter para ver lo que diría, pero no dijo nada. Él odiaba a Harry Potter. Siempre lo había hecho, siempre lo haría y probablemente eso no cambiaría nunca, pero Hermione Granger le quería, y ella estaba sufriendo en ese momento por su culpa. Draco se puso delante de Hermione y le dijo a su amigo:

—Buenas noches, Potter. Me alegro de que hayas podido venir. Saluda a Weasel cuando lo veas. Adiós Potter, por si Hermione, Alice y yo no volvemos a verte nunca —tomó la mano de Hermione y comenzó a caminar por el pasillo.

—¡Malfoy! —gritó Harry.

No sólo Draco se volvió, sino también Hermione y varias personas que había cerca. Harry dio un paso en su dirección.

—Ni se te ocurra hacerle daño. No puedo pretender saber de lo que va todo esto, pero te juro que si ella y la pequeña Alice se ven perjudicadas, o te burlas de ellas, realmente tendrás que responder ante mí. Di eso de que no me temes, pero si no haces caso de mis consejos saldrás muy mal parado —Harry no levantó la voz después de llamarlo por su apellido. Tomó la mano de Hermione y dijo—: Me disculpo, Hermione. Si alguna vez vuelvo a hacerte daño, ese estúpido de ahí, sí, me refiero a ti, Malfoy —miró a Draco, luego de vuelta a Hermione—. Ese estúpido tiene mi permiso para hacer lo mismo conmigo.

Draco se frotó las manos y dijo:

—Oh, hay tantas posibilidades…

Hermione empujó el pecho de Draco ligeramente con el codo y abrazó a Harry con fuerza. Ella le dijo al oído:

—Creo que esto es lo correcto. Me dijiste hace mucho tiempo que él tenía derecho a saber todo lo referente a Alice, y creo que esto podría ayudar a que le diga la verdad al fin. Podría sacarme de debajo del pulgar de Kevin. Es lo que tengo que hacer, por Alice.

Hermione lo besó en la mejilla y observó cómo los Potter se alejaban.

—¿Qué es lo que le has susurrado al oído, amor? —preguntó Draco.

—Le dije que en realidad lo amas en secreto, eso es todo —bromeó ella, y luego bostezó.

Cuando se frotó los ojos, Draco dijo:

—¿Lista para ir a mi habitación? —ella dejó de frotarse los ojos y lo miró con dureza. Él se rió y prosiguió—: Tan sólo quería ver si estabas prestando atención. Quería preguntarte si estás lista para ir a tu habitación. No me importa permanecer allí esta noche, amor.

Ella también se rió.

—Bueno, la respuesta sigue siendo no —dijo ella mientras apretaba el botón del ascensor—: No te enfades, pero tú vas a tu habitación y yo voy a la mía. Y tampoco quiero que me acompañes, ¿de acuerdo?

—Entonces, ¿cómo voy a conseguir mi beso de buenas noches? —preguntó.

Hermione entró en el ascensor seguida de Malfoy, quien presionó el botón de su piso y se cerraron las puertas.

—No recuerdo que se mencionara un beso de buenas noches en nuestro contrato verbal. Hiciste referencia a un posible beso, y de hecho ya nos besamos, dos veces además. Ya es suficiente.

Él frunció el ceño, cruzándose de brazos frente a ella.

—¿Suficiente para quién?

Las puertas se abrieron en su piso. Sin responder a su pregunta, Hermione salió y empujó el pecho de Draco para mandarlo de vuelta al ascensor.

—No me sigas. Esto ya es demasiado perfecto tal y como está. De todos modos tengo algunas cosas en las que pensar, y no necesito un beso tuyo para nublar mi mente y juicio. Sin embargo… —ella dejó de usar su cadera para detener la puerta de cerrarse—. Probablemente quiera hablar contigo mañana en relación a ponernos de acuerdo en los negocios, y quiero que te pienses muy bien tu respuesta antes de decírmela, ¿de acuerdo?

—Hablemos pues, ¿por qué esperar? —dijo él, tirando de ella hacia dentro del ascensor y pulsando el botón de parada—. De hecho, podrías pedirme que te diga que sí a todo, tal y como yo he hecho contigo, y lo haría a ciegas, sin escrúpulos.

—¿De verdad? —ella sonrió.

—Por supuesto —respondió él.

Hermione ya se había aprovechado de él una vez sin su conocimiento, no podía hacerlo de nuevo. Sin embargo, mañana iba a preguntarle si quería entrar en un verdadero matrimonio de conveniencia con ella. Le daría la opción de que se tratara de un acuerdo de negocios, lo que significaba que podrían divorciarse cuando quisieran, o de que aquello fuera real. Todo dependía de él.

—¿Podrías hacer eso? —preguntó de nuevo, todavía sin terminar de creer en él.

—Sí —dijo—. Porque por alguna extraña razón creo que sé lo que quieres preguntarme, y tengo la sensación de que es lo que quiero yo también, ¿quién sabe por qué? Ya me has dicho que estoy loco, tal vez eso sea atractivo —la rodeó con su brazo, llevándola a su pecho y besándola brevemente en los labios. La mantuvo en sus brazos, sus ojos marrones mirándolo, casi suplicando—. Aunque tengo fama de haberme equivocado otras veces. Tal vez querías pedirme que te diera un riñón o algo así.

—No, tengo dos y por el momento funcionan muy bien —dijo. Ella colocó la cabeza sobre su pecho—. ¿Qué voy a decirle a Alice? Mi pobre niña.

Draco no había pensado en lo difícil que sería. Su hija no quería otro papá, pero él no quería otra cosa que casarse con su mamá, y si esto se hacía realidad, lo otro también. Le frotó la espalda y le dijo:

—Si tuviera las palabras exactas para decir en este momento las diría, pero la verdad es que estoy perdido. No sé nada acerca de niños. Mi nivel de madurez emocional es casi el mismo que el de un niño de cinco años, así que de nuevo no puedo ayudar.

—Está bien, voy a pensar en algo. Sólo tienes que mantener la mente abierta para mi pregunta de mañana, ¿de acuerdo? —ella se dio la vuelta, apretó el botón de "abrir puertas" y salió del ascensor.

Antes de que la puerta se cerrara, Draco dijo:

—Sí. La respuesta es sí.


A la mañana siguiente, Hermione encontró a Draco sentado en el sofá de dos plazas en la misma terraza donde se habían reunido la noche anterior. Él la miró, expectante. Acarició el espacio que había a su lado. Alice, que estaba escondida tras la falda de su madre, fue a sentarse a su lado. Hermione se quedó de pie.

—Hola señorita Alice. Hola, Hermione. ¿Cómo estás esta mañana? —preguntó. Tomó la mano de la niña y se la estrechó.

—Estoy bien, señor Draco. Acabamos de desayunar —la niña tenía un libro con la cubierta algo desgastada en su mano. Draco sonrió. Al verla sostener aquel libro podía ver a la Hermione de hacía tantos años. La pequeña comenzó a hojear las páginas. Hermione miró a Draco y le dio una pequeña inclinación de cabeza. No sabía lo que eso significaba, por lo que decidió seguir hablando con la niña.

—¿Tu mamá te ha hablado sobre el baile de anoche? —preguntó.

La niña asintió sin mirarlo. En cambio, continuó pasando las páginas de su libro.

—¿Te ha dicho que tus vacaciones van a ser ampliadas? —preguntó de nuevo.

Una vez más, una pequeña inclinación de cabeza por su parte.

—¿Te gustan los viajes en tren, Alice? —quiso saber.

—¿Te gusta Peter Rabbit? —preguntó Alice en lugar de responder. Ella levantó su libro para que lo viera.

—No veo lo que eso tiene que ver con mi pregunta, pero sí, supongo que sí —se rió Draco. Hermione sonrió también. La niña le entregó el libro a él—. ¿Quieres que te lea esto?

—Sólo si quieres —consintió Alice.

—Podría leértelo en el tren hoy. Tú y tu mamá, yo y tu niñera tomaremos un tren a un pequeño país llamado Gales. No está tan terriblemente lejos. He reservado un vagón de tren para ti e Ingrid, y otro para mamá y para mí. ¿Suena razonable?

—¿Que si suena qué? —preguntó la niña, confundida.

Hermione se arrodilló delante de su hija y le dijo:

—Cariño, te lo dije. Vamos a una gran casa junto al mar, en un acantilado gigante, llamada Whitehall. Es del señor Draco. Él nos pidió que fuéramos de vacaciones allí, ¿recuerdas? —miró a Draco y le preguntó—: ¿De verdad has reservado dos vagones de tren? Pensé que tú y yo nos apareceríamos.

—Yo sabía que preferirías ir con Alice, así que iré ustedes —respondió con sinceridad.

Alice se deslizó fuera del banco, tomó su libro de las manos de Draco y le dijo:

—No, gracias. No quiero ir. Quiero ir a casa de mi abuela y Bob. Bob es su marido, no es mi abuelo. El nombre de mi abuelo es "abuelo".

Draco trató de contener la risa con ese pequeño comentario.

—¿Realmente no quieres ir a la playa y ver los acantilados gigantes? Va a ser muy divertido. Quiero que vengas, te echaría mucho de menos si no vienes.

Alice tomó la mano de su madre y la miró.

—¿De verdad quieres ir, mamá?

—Yo sí quiero, Alice.

La niña bajó la mirada hacia el suelo por un momento, y luego de nuevo a Draco.

—¿Besaste a mi mamá anoche?

No estaba seguro de cómo podía haber llegado ella a esa conclusión, pero de nuevo la mente de un niño le era complicada.

—Te dije que le hicieras a tu mamá a esa pregunta, ¿recuerdas? —hizo un guiño a Hermione.

—Le pregunté esta mañana y me dijo que te preguntara a ti —respondió Alice.

Draco sonrió y dijo:

—Bueno, ¿puedes guardar un secreto? —la niña asintió. Draco se acercó más, empujó hacia atrás su cabello y le susurró al oído—: Sí, señorita Alice, ayer le di un beso a tu mamá y espero que pueda besarla hoy también.

Ella sonrió a Draco. Luego se acercó a su madre, la tomó de la mano y le preguntó:

—¿A qué hora sale el tren?


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Cristy.