Ey!! saludos chicas!!! Bueno en principio hacer algo que siempre la pereza me hace olvidar:P...Quería agradecer a Valsed y Andromeda no Sainto por sus lindos reviews!! gracias chicas!! espero que les siga gustando el fic...y no se olviden que cualquier comentario que quieran hacer va a ser bien recibido. Bsos ariosh!!!
Capítulo X
Morir es un presentimiento que siempre tengo
Y porque lo espero no le temo, pues donde no hay duda no hay temor
No temo al verbo que pronunciaré
Puedo hacerlo sin esfuerzo, repetirlo, conjugarlo
Pero siempre para mí, siempre hablando de mí
No le temo a la fatalidad de mi suerte,
No al verbo por verbo y tampoco al verbo por muerte,
Pero eso no significa que no le tema a la muerte...
El cambio, el cambio es el motor de la vida y de la historia. Es un elemento que hace potencialmente variable cualquier situación efímeramente estable, porque lo estable es casi un sueño, es un presente que nunca es porque eso sólo existe en la mente. No hay nada que no haya dejado de ser y menos algo que sea de una manera y no pueda ser de otra... Comprendiendo eso la existencia se resuelve en una sensibilidad de esos cambios, en la aceptación de que la única constante es la inconstancia misma y en el abandono de empresas utópicas y disparatadas como sea la persistencia, la conservación de objetos, recuerdos, acontecimientos, estados, sentimientos, emociones, lugares, seres queridos...
Atarse a un cordón de ellos es quedarse quieto y recibir la potencia de la corriente y sus golpes sin notar que la quietud existe solamente cuando queremos engañarnos a nosotros mismos. Y sin embargo hay más piedras en el río de las que muchos podrían imaginarse como así todas esas piedras no se imaginan que son piedras, se imaginan como peces, como buenos nadadores. La verdad es que las piedras no nadan, a lo sumo se ahogan después de intentos desalentadores de quedar a flote.
Creí que estaba destinado a ser algo más que eso pero mi vida se fue endureciendo y aún cuando podía darme cuenta de ello mientras pasaba, no pude evitarlo. Tampoco pude hacer que tu desmoralizada conciencia te regresara de nuevo a la corriente...habías perdido tu habitual confianza, andabas chapoteando como niño rogando porque alguien te tirase un salvavidas...y yo terminé por hundirnos. No pude salvarte...creo que fue cuando preferí colgarme de ti cuando me di cuenta de que no podía. Olvidé entonces lo que había aprendido sobre peces y rocas...sobre el cambio en la vida, quise creer que veía otra cosa cuando veía a mi vida aquietándose y me veía hundiéndome como una piedra. No hay imposibles en el cambio,...de la piedra al pez es parte de lo que debe ser, es sólo que...
La idea de la muerte me derrota.
Lo sintió llegar y agachó aún más la cabeza, no hasta que diera con el piso, a penas un poco más baja de lo que ya la tenía. Desde su constreñida y obediente visión no podía divisar la figura entera de su juez, la conocía bien y en su respeto, en su vergüenza no se atrevía a observarla. Pero esa autoconciencia de su desliz no restringía todos sus sentidos, gobernaba a penas el registro de lo visible(algo sobre lo que su voluntad en particular tenía un control sobrenatural) y permitía en sus limitaciones de manipulación mental que lo audible traspasara la barrera. El sonido de los pasos eran las imágenes que sus ojos no podían proyectar en su cabeza, sólo bastaba con que eso produjera algún sentido en él...alguna conexión con una experiencia anterior y ya se adentraba en el papel correspondiente a la situación.
Los pies del hombre se alejaron, el sonido se hundió en el fondo de la habitación, más allá de la poltrona, luego regresó, reflejando en sus versátiles cambios la presencia de las escaleras que se hallaban después del sitial. Un soplo de aliento rozo los cabellos de la parte más alta de su cabeza: era el gesto de la exasperación misma. Podía imaginarlo desdibujando en las formas más explícitas la cara del hombre. Eso también era el poder comprimido efectivamente pues la reacción estaba, era la misma que podía haber generado una mirada furiosa, una cara teñida de irritación...y en este caso a penas el residuo el suspiro violento de la ira. Se acoplaba también él, con su ánimo pisoteado, sus dudas...sus respuestas pulverizadas, su amor convertido en una escena sobreactuada. Por primera vez en muchos llamados en donde la postura protocolar del respeto a la autoridad era la misma, sentía la dureza del suelo clavada en su rodilla o el hueso del muslo en vertical, a punto de traspasar la piel como si su cuerpo pesase demasiado de pronto.
-No digas nada, no es necesario...no me des explicaciones, sí? Ahórrame las impugnaciones...no tienes razón.
Su pierna apoyada flaqueó ligeramente; por fortuna una de sus manos tocaba el suelo a modo de pilar auxiliar del frágil equilibrio. Reacción de respuesta se hallaba a una distancia insondable de su mente así como la intención de ir por ella. Estaba lejos incluso de sí mismo, del momento, de todo...su mente era un descampado, los escombros de una explosión que sólo habían dejado ruinas inservibles, soledad y un vacío susceptible de eternizar cualquier voz que se colara por allí y que no fuese la suya.
El hombre suspiró nuevamente. El sonido de sus ropas en movimiento indicaban que parecía no poder soportar la quietud de su cabeza o de sus manos, fuese quizás por nerviosismo derivado en una repentina hiperkinesia.
-Eso quiere decir que estás equivocado...por supuesto que es obvio pero ustedes caballeros parecen nunca entender nada de eso. Por qué no pueden admitir sus errores?...por qué no pueden cambiar?!...tienen que destruirlo todo...
El hombre tomó el extremo de su hombro más próximo a él, primero débilmente, después destinado indirectamente a inflingirle daño.
-Pero tu,...es decir, no termino de comprender pues no me esperaba esto...no de ti, ni de ninguno pero quizás menos de ti...-se aclaró la voz entonces: lo siguiente tenía que ser importante, tenía que ser dicho de manera que pudiera entenderse a la perfección- tu tienes en tus manos, en tu cama...compartes la vida con una persona muy importante para mí y creo que no hace falta precisar de quién estoy hablando...caballero...
La presión sobre su hombro desprotegido de su coraza metálica disminuyó, anuncio literalmente sensible de que el hombre iba a alejarse nuevamente. Su reacción inmediata fue de alivio mental y físico; un producto extraño de un miedo no manifestado y del que a penas podía hacerse conciente por medio de algunos síntomas físicos como el sudor instantáneo y la respiración intermitente. Pero ese alivio duró el tiempo que le llevó al hombre formular su siguiente frase.
-Te preguntarás...-rió con desgano aprovechando un suspiro- con razón quizás,...por qué estoy hablando de esto pero esta vez no voy a dar explicaciones racionales, he perdido la fe por los fundamentos lógicos...jamás me había sentido tan desorientado ante ustedes...Acaso pretenden un castigo severo?? Pretenden enemistarse con algún dios o se trata de alguna veneración profana de la que no tengo conocimiento por el momento?!...-inquirió el hombre. En la huella que de su cuerpo la luz construía en el suelo, algo de las gesticulaciones, de su furia corporalizada se manifestaba...en pequeñas cantidades. El caballero arrodillado, usaba una vez más esas señales indirectas como guías de comportamiento...pero su reacción no iba más allá de un silencio subordinado de matices escasamente variantes.
-Levanta la cabeza caballero sin dignidad...asesino despojado de toda aura divina...-se volvió sobre las escalinatas el hombre, los lindes inferiores de su túnica raspando el suelo, sus pies aligerados por una velocidad demencial. Se detuvo frente a la cabeza amarilla del muchacho arrodillado, era una cabellera rubia y espesa- Vamos...no me hagas perder el tiempo...
-Tu...Señor, no estará pensando...
-Cállate!- gruñó iracundo y tomó entre los dedos de su mano izquierda el mentón del muchacho que parecía estar fijado a su pecho. Se reveló su cara, demacrada e inexpresiva y el hombre con su otra mano descubrió su frente y en ella la mácula de su naturaleza divina- Eres tu...caballero de Virgo, digno de esta marca?...o siquiera digno de tu armadura?...no quiero rodear a los miembros de mi orden de personas que sólo nos causan deshonras...que deshonran el nombre de la diosa Athena.
Shaka cerró los ojos, temiendo lo peor...el propósito para el que los había abierto se había cumplido: la imagen del Patriarca decepcionado que había confeccionado con materiales de sentidos de percepciones no visuales estaba completo...la pieza visual era quizás la más cruda, la más poderosa desmotivación de su ánimo. Podía adjudicar la resolución final de sus ojos en esa imagen que ahora veía no tan llanamente a la materia...a la expresión objetiva de esa cara, sino además...en un grado para nada desdeñable, a esa insoslayable participación de la mente, de la neurosis psíquica del hombre. Elaboración propia o ajena, la realidad era una imagen poco agradable tanto para él como para el patriarca que tenía a sus rodillas un hombre cuya identidad parecía ser a sus ojos insalvable: había destruido en el mismo acto su estatus de santo ateniense y su categoría divina. Ahora su clasificación era peor que la de un despojo porque no podía por deber moral sino tacharlo de asesino.
La escena se detuvo para ambos como si súbitamente lo correcto fuese esperar antes de proseguir con ímpetu en la consumación de sus propósitos. Ambos tiritaban sin que pudiera saberse con exactitud en el cuerpo de quién empezaba el temblor; la sensación se concretaba en una energía eléctrica habilitada por el contacto de los dedos del Patriarca sobre la frente del hindú.
-Shaka...un asesino no puede llevar esta marca!-el rubió apretó los ojos con más fuerza mientras mantenía en espera otras parte de su rostro: su desesperación tenía permitida sólo esa vía de escape, todo lo demás estaba sometido a la ostentación de su entereza. Su corazón podía golpear hasta hastiarse sobre el muro de su pecho y sólo conseguiría jadear en el interior de su garganta, estallar en mil pedazos sin que alguna gota de sangre pudiera tocar el suelo. Estaba en manos las manos del Sacerdote, literalmente...bastaba con que este aumentase la presión de sus dedos en su frente para hacerlo gritar como a una criatura indefensa, completamente a su merced. Tenía el poder en sus yemas de anular para siempre una parte de su identidad...
Pero nada ocurrió, el pulgar de Shion estaba aún suspendido sobre el bindi rojo como sello en su frente. ¿Se habría arrepentido?...no, aquello tenía el aspecto de una tregua o un cortocircuito de ideales que habían retrasado la sentencia. Aún así Shaka no pudo relajar sus músculos, demasiado fresca era la situación que había provocado la reacción y todavía sentía la comezón de los nervios en su cuerpo. Entonces, esperaba en esa postura a que el Patriarca reanudara su avance...pero en vez de eso, sintió las manos retirarse de su frente y al hombre alejarse como lo hiciera momentos antes cuando lo estaba sermoneando en vaivenes inconstantes. Perplejo hasta la quietud, no tuvo que esforzarse en trasladar esa emoción trastornada a otra postura...la que tenía era adecuada y versátil, más significativa de lo que pretendía ser. Por supuesto, que su interés menos inmediato e importante era la resolución del misterio...es decir, conocer los motivos que habían evitado que ahora fuese una divinidad desheredada. Tampoco tendría el atrevimiento de preguntarlos, su autoestima se hallaba degradada al punto de poder sentir cómo la estaba pisoteando en ese mismo instante.
-Y tú a qué has venido?...cómo es posible que los guardias te dejasen pasar?...bueno, ya estás aquí después de todo, no quiero que me expliques nada que pueda hacer que me digas una patética mentira...
Un tercero se había hecho presente, era la persona que lo había salvado fuese o no adrede. Nuevamente jugaba en contra su maltratada visión de sí mismo para impulsar su curiosidad hacia la elaboración de preguntas que podrían ser vistas como una indiscreción. Su suerte estaba echada...a merced de unas manos conocidas y otras dos de las cuales podía apostar su pertenencia y aún así estar irremediablemente equivocado. Sin embargo, tenía un anhelo encendido y por tanto una visión parcializada de quien podría ser que empañaba cualquier reflexión más abarcadora o rigurosa.
Mientras cavilaba sobre la identidad del participante fortuitamente adicionado a la escena, el Patriarca se aproximó nuevamente, sus pies revelando la ruta al oído de Shaka. El Sacerdote se compadeció de su incertidumbre-o quizás no- y adhirió un nombre al recién llegado. Tenía él muchas formas de llamarlo porque había sido en su vida tantas cosas como alguien muy querido puede ser...pero prefirió utilizar el término más sentimentalmente distanciado, más coherentemente adecuado al tono frío de su voz.
-Si te presentas ante mi con semejante desfachatez santo de Aries, espero que al menos tengas la cortesía de contestar mis preguntas...a qué has venido?
Mu?...Era él después de todo...Había venido por él? Por sus propios medios? Aún desde el autismo incompleto y transitorio que lo había acaparado el día anterior, no había sentido de su parte más que una preocupación templada, desapasionada...Lo que estaba haciendo por él allí...-o al menos lo que suponía que estaba haciendo- ponía en aprietos la débil voluntad que mantenía su quietud. La contradicción extrema atizaba su curiosidad, habría el grifo de unos pensamientos antes lentos...
-Tiene usted razón Maestro,...incluso en considerar una insolencia esta interrupción...
-No me evadas con respuestas obvias, responde a lo que se te pregunta y no me hagas perder más tiempo por favor...
-Si así lo desea...le responderé pero con otra pregunta Maestro... ¿puede usted juzgar al santo de Virgo por asesinato sin juzgar a este, el santo de Aries por el mismo crimen?
-De qué crimen estás-..?
-El de toda mi vida...
