Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita porque en dos días se va, a mis hijas Kath, Valen y Regina Jr, a mi tatita Vero porque es la más dulce de las personas, a mi princesita gen muy en especial porque no sabe cuánto la quiero, a Alex porque siempre me descojono hablando con ella, a Bego porque siempre cumple sus promesas y a Natalia porque simplemente es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma y a esthefybautista.

CAPÍTULO 10 CAFÉ AMARGO

Las estrellas brillaban con fuerza, más que nunca, a pesar de que sus ojos oscuros no las percibían, no podían, no teniendo bajo sus manos a la mujer que había trastornado su mundo. Solo la ropa interior cubría el blanco cuerpo de Emma, frágil y perfecto, tan bello que le quitaba el aliento. Su instinto la empujaba a arrancar esas prendas con furia, a marcar cada centímetro con sus manos, de forma ruda y violenta al igual que el deseo enfermizo que crecía en sus venas. Mas consciente de que la mujer que esa madrugada compartiría su colchón no era una más, no era un simple momento de locura, de gritos apagados y gemidos para olvidar, supo que debía ser cauta, suave y dulce, demostrar sin pronunciar palabra que había mucho más en sus movimientos, en cada uno de los besos que fue regando por su piel, besos cargados de promesas, la misma que segundos antes había pronunciado en un susurro, solas las dos haciendo el amor bajo las estrellas.

Las manos suaves y cálidas de la princesa acariciaban su espalda, temblando mas decididas a recorrerla, mientras con suavidad y sin dejar de besar cada centímetro de su cuello, Regina se deshizo de ese trozo de tela que aun cubría los pechos de su princesa, observándolos unos instantes con los ojos encendidos, en llamas, fascinada, maravillada ante la visión más hermosa del mundo, Emma desnuda entre sus manos.

Con la misma lentitud y suavidad que había mostrado desde que se posó sobre ella en su cama, se deshizo de todas las prendas que aun permanecían en su sitio, quedando completamente desnuda y expuesta ante la princesa. No era la primera vez que desnudaba su cuerpo ante una mujer pero sí que desnudaba su alma por completo. El rubor en las mejillas de Emma, su timidez a la hora de acariciarla, la enternecieron recordando en el acto que tenía ante ella inocencia y juventud, un regalo magnifico que no pensaba desperdiciar. No hacían falta muchas palabras, con suspiros y gemidos entre besos le daba a entender lo que deseaba a medida que las torpes caricias de la princesa fueron tomando confianza, adentrándose en los rincones de su piel aun sin explorar.

De pronto Regina hizo acopio de su fuerza una vez más, sin apenas esfuerzo intercambió la posición quedando sentada sobre el lecho y sobre ella depositó con cuidado a la princesa. Durante unos instantes ambas se miraron a los ojos, el los de Emma se leía la duda y el deseo mezclados con el terror más absoluto, mientras en los ojos oscuros de Regina solo se podía leer la más profunda admiración, el deseo desenfrenado y la llama de un amor que ya no podía esconder.

Con la princesa sobre ella tenía acceso a cada rincón, podía devorarla con la mirada, acariciarla con los labios, con las yemas de sus dedos… lo quería todo de ella y la paciencia nunca había sido una de sus virtudes. Atacando su cuello en primer lugar, aspirando su dulce aroma, saboreando su piel con cuidado, sus labios fueron bajando hasta el nacimiento de sus pechos, dejando n reguero de besos y provocando gemidos que escapaban de los labios de la princesa con cada una de sus caricias.

Cuando su lengua empezó a jugar con los pezones de Emma, los gemidos se volvieron jadeos y gritos, podía notar el pulso acelerado de su princesa y como estaba cada vez más expuesta, más preparada para romper toda barrera, para ser suya. Sabía bien lo que hacía, se tomó su tiempo calentando su cuerpo, provocando con sus caricias y con sus labios la reacción necesaria, la humedad entre las piernas de Emma. Cuando las yemas de sus dedos se abrieron paso entre los pliegues de su entrepierna, constató que sus atenciones habían sido un éxito, la princesa estaba completamente lista para ser suya y no pretendía esperar ni un momento. Al sentir su toque, Emma se arqueó y comenzó a mover la cadera de forma inconsciente, buscando esa caricia íntima con sus ojos claros clavados en el infinito, en el brillo de las estrellas.

Estaba lista, solo tenía que abrirse paso en su interior, reclamarla como suya, aun así despegó los labios de sus pechos, besando su cuello con veneración y susurrando en su oído, esperando una confirmación absoluta por parte de la joven para tomarla.

-"Una vez hecho no se puede deshacer Emma ¿Estás segura?"

-Hazlo… por favor Regina

-"Entonces dímelo…"

-¿Qué? ¿Qué debo decirte?

-"Di que eres mía, dímelo"

-Soy tuya

Un grito gutural resonó en la estancia cuando, movida por el deseo enfermizo y la euforia que se había apoderado de ella al escuchar a Emma pronunciar dicha declaración, penetró en su interior rompiendo toda barrera, haciéndose una con ella, un solo ser. Pequeñas lágrimas de dolor se derramaron por sus mejillas mas no permitió que Regina saliese de su interior, poco a poco el dolor lacerante se fue desvaneciendo y las lágrimas fueron sustituidas por gemidos de placer a medida que este recorría su espina dorsal con cada embestida que la capitana le regalaba.

Sus caderas parecían tener vida propia, buscando un contacto más profundo, moviéndose al ritmo de Regina, atrapando sus dedos en su interior mientras sus jadeos se hacían cada vez más sonoros, el choque de sus cuerpos una danza de fuego y gritos, una unión perfecta hasta que, con un grito aun más agudo que los anteriores su espalda se arqueó, atrapando en su interior los dedos de Regina mientras los espasmos del orgasmo subían por su columna y explotaban en sus labios, cayendo sobre la capitana agotada, con el aliento entrecortado, los cabellos enmarañados y el corazón disparado.

Regina salió de ella con cuidado, restos de sangre manchaban sus dedos mas no le importó, era la señal inequívoca de que su Emma era suya para siempre. Lentamente se fue tumbando sobre el colchón, manteniendo a la princesa entre sus brazos. Emma la miraba con esos enormes ojos aguamarina, quizás buscando las palabras para expresar lo que sentía sin hallarlas. Le sonrió con dulzura mientras buscaba sus labios y depositaba en ellos un casto beso.

-¿Y ahora qué se suele hacer?

-"Pues dormir princesa, normalmente se suele dormir cerca de las seis de la mañana"

-No me refería a eso… no sé muy bien cómo funciona pero a Tamy sueles echarla cuando terminas, no suele compartir cama contigo

-"Tú no eres Tamy, no pienso echarte de mi cama así que ¿por qué no duermes un poco?"

Emma se acurrucó en su pecho, buscando la postura más confortable mientras se iba sumiendo en el inconsciente, realmente agotada, mientras Regina acariciaba sus cabellos con dulzura, manteniéndola presa en un tierno abrazo.

-Regina…

-"¿Sí princesa?"

-El colchón es magnifico

No pudo oír la carcajada de la capitana, su susurro había sido pronunciado segundos antes de caer dormida. Regina besó su frente con cariño y clavó su mirada en las estrellas, sintiendo paz, sintiéndose serena. Tendría que enfrentarse a sus fantasmas pero no sería esa noche, en ese momento solo le apetecía permanecer despierta y disfrutar del cálido contacto de Emma entre sus brazos.

Al cabo de un par de horas, sin haber pegado ojo mas feliz y descansada, la joven capitana se deshizo del abrazo de Emma sin despertarla, contemplándola con una sonrisa en los labios mientras se vestía. Besó sus labios de forma efímera, sin apenas rozarla para dejarla en el mundo de los sueños un rato más y salió sin hacer ruido de la habitación, caminando tranquila hasta la cocina de la Villian dispuesta a adelantarse al resto de la tripulación y preparar el desayuno para la princesa.

Al entrar en dicha estancia, sus ojos se cruzaron con Alex, su compañera tenía una taza de café amargo entre las manos y parecía llevar algunas horas despierta. Saludándola con un gesto de la cabeza se dispuso a llevar a cabo su cometido cuando su amiga rompió el silencio acercándose a ella.

-Estuve en la bodega durante mi ronda, Emma no estaba ahí

-"Normal, estaba conmigo"

-¿A las cinco de la mañana?

-"¿Por qué fuiste a la bodega?"

-Estaba preocupada por ella, no la había visto en todo el día. Regina no le hagas daño, solo es una niña

-"No pienso hacerle daño, todo lo contrario, le estoy preparando el desayuno"

-¿Tú? ¿Preparando el desayuno a una mujer?

-"¿Tan raro es?"

-Si no te conociera diría que te importa

-"Lo hace, me importa más de lo que imaginas Alex…"

-Eso está bien, por fin alguien traspasó tu coraza

-"Voy a llevarle esto, supongo que no importa decir que quiero que permanezca como secreto"

-¿El qué? ¿Qué te has enamorado?

-"Exacto, no me fio ni de mi sombra, tengo muchos enemigos y mi madre daría lo que fuera por semejante información. No quiero ponerla en peligro"

-Mis labios estás sellados Gina, lo sabes, jamás te traicionaría

Con una sonrisa, una que Alex jamás había visto en el rostro de la capitana, esta se despidió de ella cargando la bandeja con café amargo y algo de pan, marchándose a paso seguro hacia sus aposentos privados.

Una vez ahí, constató que Emma seguía dormida y su sonrisa se ensanchó. Dejó la bandeja sobre la mesita y se acurrucó en el colchón, apartando los mechones rubios que cubrían el rostro de Emma y besando sus labios, despertándola con cuidado.

Cuando por fin abrió los ojos cargados de sueño y enfocó el rostro de la capitana, los recuerdos de la noche anterior asaltaron a la princesa y su rostro se cubrió de rubor al instante mientras se enderezaba cubriendo su desnudez con las sábanas.

-¿He dormido mucho tiempo?

-"Solo el suficiente, te he traído el desayuno"

-Desayuno en la cama, es un lujo

-"Solo quería verte sonreír así"

Emma la miró a los ojos mientras su sonrisa se ensanchaba, ni siquiera se había dado cuenta del nacimiento de dicha sonrisa hasta que Regina lo mencionó. La capitana estaba risueña, dulce y atenta, distaba mucho de la mujer hosca y desagradable que había conocido. Fuese cómo fuese esa mujer le gustaba, le gustaba mucho.

-"No quiero que vuelvas a la bodega"

-¿Perdón?

-"Quédate aquí, conmigo"