Aquella misma noche habían decidido reunirse en la Torre de Batalla. El ambiente estaba lleno de tensión entre los siete Frontier Brains. Reunidos en uno de los tantos pisos de la torre, por primera vez parecían nerviosos. Brandon aclaró su garganta, llamando la atención de los otros. Seguían en un silencio agobiante, hasta que él se animó a hablar.
-Como saben, ésta reunión se debe a las llamadas que Anabel y Noland recibieron. Todo apunta a que es la misma persona, además, por el contenido de la conversación que mantuvo con Noland, es el mismo hombre que se introdujo a Fábrica de Batalla a robar tres pokémon
-No quería molestarlos con esto, pero es necesario que lo sepan –Noland comenzó a sentir cómo su ira fluía, e intentaba mantenerse calmado –Hubo algo muy familiar en la voz de éste tipo, pero no puedo reconocerlo del todo

Los otros se impresionaron al escuchar su declaración. Evitaron cualquier murmullo por el momento. También estaban llenos de dudas, pero deberían esperar para preguntar.
-¿Quieres decir que tal vez conoces a esa persona? –la pregunta de Lucy hizo que se miraran los unos a los otros –No puede ser ninguno de nosotros, ¿por qué un Frontier Brain intentaría sabotear a otro?
-Deberíamos tranquilizarnos un poco –la voz de Spenser, tan calmada como siempre, les hizo asentir –No ganamos nada sospechando de nosotros o poniéndonos en contra
-¿Intentaron llamarlo otra vez? –la rubia sonó preocupada
-Sí, Greta –le respondió Anabel –Pero era de esperarse que no contestara
-Otra cosa más –todas las miradas volvieron a centrarse en Noland –Deben tener mucho cuidado, siento que hay algo muy, muy raro en todo esto
-¿Muy raro? ¡Por favor! –Tucker no tuvo reparos en mostrar su descontento –Está claro que las intenciones de ésta persona no son buenas. Es obvio que… está planeando algo grande, y robar esos pokémon es sólo el principio
-Puede ser que las llamadas sólo sean para provocarnos –Lucy asintió ante las palabras de Greta –Pero aún así, arriesga mucho al llamarlos. Y más si Noland dice que reconoce la voz

La tensión crecía a cada momento. ¿Sería verdad que conocen a esa persona?

Aquella noche, Eileen se encontraba sola. Sabía que no podía ir a juntas con los otros Frontier Brains, pero no le hubiera molestado acompañar a Brandon y esperarlo afuera. Para ese entonces, estaba acostada en la cama sin poder dormir. Una vez más, recordó el libro y el cuento que había intentado leer.
-Mejor hacerlo ahora… -se dijo a sí misma, como si leerlo fuera una tarea pesada

Se levantó rápidamente, y corrió emocionada. Con el libro entre las manos, regresó a la habitación, se sentó en la cama y procedió a buscar la página en la que se había quedado. Sus ojos estaban fijos en las letras cuando encontró la última página que había leído. Como había dicho, el príncipe del cuento rescataba a una joven mujer, de la cual terminó enamorándose. Sin riquezas, sin egoísmo, sin lujos. Ya no era más un príncipe, si no un hombre normal.

Cerca del final, se narraba cómo el rey, finalmente arrepentido por haber ordenado el destierro de su propio hijo, le ofreció volver, sólo para ser rechazado por un hombre que decía no ser el príncipe que buscaba. El final era una última escena con el ex príncipe y su mujer, la chica que había salvado antes, iniciando un viaje para encontrar su propio lugar en el mundo.

Eileen estaba confundida, ¿qué hacía una historia así metida entre clásicos para niños como "El Traje Nuevo de Empoleon", "El Cobalion y el Sandshrew", "Tres Pequeños Tepig", "El Duckling Feo", entre otros? Cerró el libro, sin entender qué pasaba. Miró fijamente la inusual antología, la cual descansaba sobre sus piernas.
-¿Qué fue eso? –se preguntó, sin salir de su asombro

El recuerdo le llegó de golpe, como si fuera la única cosa importante que nunca debería olvidar. Como si estuviera viendo una película que sólo podía reproducirse en su mente, se quedó quieta, mientras la historia se desarrollaba dentro de su cabeza.

El lugar era Fortree, la famosa ciudad sobre los árboles. Tomados de la mano, los dos gemelos seguían muy de cerca a sus padres mientras caminaban por la ciudad. Los dos niños, idénticos físicamente y en la forma de vestir, miraban con curiosidad aquellos pokémon bicho y voladores que no había en casa, en Kanto.
-¡Mira, mamá! –gritó uno de ellos, apuntando a un Taillow que voló sobre ellos -¡Yo quiero uno!

La mujer rió ante la animosidad de su hijo.
-Ya tendrás uno cuando seas mayor

Estaban de visita. La hermana del padre de los niños vivía ahí con su familia, y después de tantos años de no verse, una visita no estaría nada mal. Se detuvieron frente a una de las casas. Desde abajo, la admiraron boquiabiertos.
-¡Whoa, aquí todos viven en casas del árbol! –gritó el otro niño, sorprendido

Una mujer se asomó, y unos segundos después, dos niños, un chico y una chica, se asomaron también. Los gemelos estaban curiosos cuando vieron a los otros chicos.
-Esperen ahí, bajaremos en seguida –anunció la niña

Las escaleras de madera parecían resistentes, y los gemelos miraron maravillados mientras la mujer y los otros niños bajaban. Los ojos amables de la mujer se fijaron en los niños, parecía encantada con verlos ahí.
-Me habías dicho que habían sido un niño y una niña –comentó a su hermano; el hombre rió nerviosamente
-Leiny tuvo un accidente en la escuela –comenzó la madre de los gemelos –Unos niños de su salón le pegaron goma de mascar, y no hubo otra opción más que cortar su cabello
-Oh, ya veo… así está igualita a su hermano –dijo la mujer, apenada por lo sucedido a la niña

Los dos gemelos corrieron a ocultarse detrás de sus padres. Nunca habían visto a esa persona, y la familiaridad con la que los miraba les asustaba.
-Red, Leiny, no sean así y saluden

Salieron detrás de su escondite. Los dos miraron hacia el suelo, y se inclinaron como un saludo amable.
-Yo soy Red –dijo el niño –Tengo… tengo siete años
-Yo… -la niña miró a sus padres; algo temerosa se bajó la pañoleta roja que traía alrededor del cuello –Yo soy Leiny, también tengo siete años
-En realidad se llama Eileen –comentó la madre de los niños –Está tan acostumbrada a que le digan Leiny, que se le olvida su verdadero nombre
-Mucho gusto, niños. Yo soy su tía –la mujer volteó hacia los otros niños –Ellos son sus primos, Albert y Sonia

Los otros dos, mayores que los gemelos, se acercaron también. Albert, con unos ojos vivaces, de cabello corto y oscuro, ofreció una sonrisa vívida, como la de cualquier joven deportista. Sonia, de mirada tranquila, con un cabello oscuro y largo peinado en una coleta, se arrodilló frente a los niños, dejando en el suelo el libro que cargaba, y los abrazó amorosamente.
-¿Quieren jugar? –preguntó la chica –Hay mucho lugar para correr aquí en Fortree
-¡Sí! ¡Vamos! –animó Albert

Los gemelos miraron a sus padres, quienes consintieron la sesión de juego. Red y Eileen asintieron. Red y Albert se retaron en una carrera para ver quien llegaba primero a quién sabe dónde. Sonia tomó de la mano a la niña, y a punto de irse, recordó que le faltaba algo.
-Mi libro –se agachó para tomarlo –Se me estaba olvidando

Las niñas caminaron con paso lento, incluso Eileen pudo escuchar una parte de la conversación de los adultos.
-¿Está bien que esté vestida así? –preguntó la tía –Con su cabello corto, la camiseta y el pantalón corto, parecía un chico
-Sí, está bien –contestó el padre de los niños –Como es igual de salvaje que su hermano, siempre termina rasgando sus vestidos. Ya estábamos hartos de comprar tantos vestidos bonitos para que al final terminen rotos y llenos de lodo

Los adultos rieron ante la anécdota. Los niños eran simplemente niños, no se fijarían en lo que visten. Pero, aún así, la niña se sintió herida.

Los cuatro chicos caminaron hacia el otro extremo de la ciudad; si se alejaban más, estarían en la Ruta 120 y en severos problemas. Los dos chicos corrían, jugando a las atrapadas entre ellos. Las chicas, en cambio, prefirieron algo más tranquilo, y se sentaron a leer sobre el césped.

El cuento era sobre un príncipe desterrado. Eileen y Sonia estaban encantadas con el relato, y se conmovían con cada escena. Al terminar de leer, las dos quedaron con una sensación de vacío por el final del cuento. Si pudieran, lo leerían otra vez, pero no tenía caso ya que apenas lo habían hecho.
-Hey, Leiny, ¿tú crees en los príncipes? –preguntó su prima, acomodando la pañoleta roja de Eileen
-Pues… todos los príncipes que conozco por los libros se quedaban en sus castillos con su princesa… -Eileen miró hacia el cielo, con melancolía en los ojos –Pero éste es muy valiente porque dejó todo para ser feliz con ella
-¡Tienes razón! –Sonia estaba emocionada; Eileen la miró –Ahh… ¡ojalá un príncipe así exista!

Al ver la expresión soñadora de su prima, Eileen rió, juguetonamente, y asintió, con las mejillas en un tono rosa, a punto de enrojecer.
-Sí, yo también quiero a alguien así
-Pero Leiny, estás muy pequeña para pensar en esas cosas –Sonia se sorprendió, y pronto volvió a sonreír –Pero nada nos impide soñar, ¿verdad?

Los muchachos se acercaron, y Red no perdió oportunidad para mofarse de su hermana.
-Pero… ¡Pareces un chico! –rió, acrecentando la burla -¡Además eres fea! ¡Cualquiera elegiría a un Croagunk en vez de a ti!

Albert y Sonia se miraron sin saber qué hacer, mientras Eileen comenzaba a soltar lagrimones. Dolida por las palabras de su hermano, se levantó lo más rápido que pudo, y corriendo, se internó a la Ruta 120. Albert, Sonia y Red se quedaron quietos sin saber qué hacer.
-¡Tonto! –Albert le dio un coscorrón a Red -¡Eso no se hace!
-¿Y ahora qué hacemos? –Sonia estaba preocupada, y también al borde de las lágrimas –No tenemos pokémon para ir a buscarla allá… ¿y sí le pasa algo?

Eileen corrió lo más rápido que pudo, alejándose de todo y entrando más y más a la Ruta 120. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se sentó a llorar debajo de un árbol. Se acurrucó, tapando sus orejas como si quisiera acallar todos los sonidos.
-Red… Red tonto… -dijo entre sollozos -Tú eres el feo

Permaneció así, quizá, por cosa de dos horas, sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Cuando estuvo lista para regresar, más tranquila, pero aún enojada con Red, miró el lugar. No tenía idea alguna de dónde estaba. El miedo la controló, y daba pasos pequeños, mirando alrededor de ella.
-¡Tonto Red! –gritó, mientras lloraba por el temor de estar perdida

Sus pequeños pasos se detuvieron cuando escuchó que algo acechaba cerca, escondido detrás de unos arbustos. Se giró, pero no pudo ver nada. Su miedo creció.
-¿Quién… quién es…? –preguntó inocentemente, esperando que fuera alguna persona

El gruñido que escuchó no parecía humano. Después, se escuchó un aullido, y un grupo de pisadas que se acercaban a gran velocidad. En poco tiempo, se vio rodeada por cuatro Mightyenas. Se acurrucó en el suelo, sollozando. Uno de los cuatro pokémon comenzó a olfatearla mientras los otros aguardaban.
-¡A-ayuda! –gritó

Escuchó otros sonidos, ésta vez pertenecientes a unas pisadas humanas y a otro que, si bien parecían ser pisadas, emitían también un pequeño temblor.
-¡Regirock, Hiper Rayo!

El rayo de energía hizo contacto con el Mightyena que estaba más cerca de ella, enviándolo lejos. Los otros tres Mightyena corrieron al ver el poder del ataque. El muchacho que la había salvado corrió hacia ella, y se arrodilló frente a la pequeña niña, la cual seguía acurrucada, con los ojos fuertemente cerrados.
-Niño, ¿estás bien? –preguntó, poniendo una mano en el hombro de Eileen
-Sí… -respondió apenas terminó de sollozar
-No te preocupes, acaban de irse

Lentamente, abrió los ojos, por las lágrimas veía borroso. Con mucho cuidado se levantó, e intentó secar sus lágrimas con sus pequeños dedos. El muchacho también se levantó, feliz por ver que el niño seguía bien.
-Gracias… -dijo, secándose aún las lágrimas –Me llamo Leiny
-Mucho gusto, Lenny –el joven no había escuchado bien, y Eileen no se molestó en corregirlo -Yo soy Brandon, y este es mi compañero, Regirock

El pokémon de roca se acercó, emitiendo un sonido extraño, como si estuviera presentándose. La postura del joven le pareció heroica, pese a estar sólo de pie frente a ella. Y el pokémon que le acompañaba acrecentaba lo que, para ella, era un aura noble. Eileen parecía maravillada, y abrió la boca sorprendida.
-¿Eres un príncipe? –preguntó, en su voz había una mezcla de inocencia y curiosidad

Brandon rió, y despeinó juguetonamente a la niña.
-No, sólo soy un entrenador pokémon
-Un príncipe que entrena pokémon –susurró ella, y se lanzó para abrazarlo con toda la fuerza que le quedaba

Le pareció extraño que un niño le abrazara así, pero considerando que estuvo a punto de ser comido por unos Mightyena y que, muy posiblemente, el pequeño estaba perdido, dejó de importarle.
-Hey, niño… Lenny, ¿dónde están tus padres?
-En Fortree –respondió, sin soltarle
-Vamos, te llevaré

Eileen le soltó. Sintiendo pena por el pequeño niño, Brandon lo cargó y, viendo las intenciones de su entrenador, Regirock se arrodilló. Acomodándose entre el pico de la espalda de Regirock, Eileen comenzó a reír. No sólo había sobrevivido al ataque de unos pokémon salvajes, no sólo había conocido a un príncipe, ahora estaba montando sobre un pokémon tan increíble como Regirock.
-Príncipe Brandon, ¿cuántos años tienes?
-Más que tú –contestó, casi riendo
-Yo tengo siete, ¿y tú?
-Muchos –volvió a decir

Eileen infló sus cachetes, ligeramente molesta ante la negativa, pero Brandon seguía riendo, divertido.
-Lenny ¿qué estás haciendo tú solo por acá? Este lugar no es para niños tan pequeños como tú
-Mi hermano… -su rostro se ensombreció, recordando los insultos de Red –Mi hermano dijo cosas feas de mí
-Ah… entiendo… -respondió, bajando la voz a la par del ánimo de su pequeño acompañante -Lenny, no le hagas caso. Eres un niño con mucha suerte, y creo que eres muy especial

Eileen se aferró a Regirock, encontrando las palabras de Brandon bastante agradables. Su ánimo se restauró, y pronto una inocente idea cruzó su cabeza.
-Príncipe Brandon, ¡viajemos juntos!

La propuesta del niño le hizo detenerse en seco. Regirock también se detuvo. Alzando la mirada para captar el rostro del niño, Brandon tenía una expresión de desconcierto.
-Eres bastante pequeño ahora mismo, y apostaría que no tienes ningún pokémon –dijo, intentando desesperanzarle
-Sí… en eso tienes mucha razón… ¡pero cuando crezca quiero viajar contigo! –juntó sus dos palmas, a modo de petición, con mucho cuidado de no caerse de Regirock -¡Por favor, viajemos juntos!

Después de todo, no volverían a encontrarse nunca más. Y rechazar a un niño tan pequeño, que podría empezar a llorar si le respondía con una negativa era algo que no podía hacer. Brandon sonrió, y asintió.
-Muy bien, Lenny… cuando seas mayor iremos juntos en una aventura. Pero con una condición

Eileen le miró, muy atenta.
-Quiero que entrenes muy bien a tus pokémon –sentenció –Mi acompañante debe tener pokémon más fuertes que los míos, ¿entendido?

Asintió enérgicamente, y su mirada estaba llena de alegría, al igual que su amplia sonrisa.
-¡Entrenaré mucho! ¡Mis pokémon serán los más fuertes que hayas visto!

Continuaron con su camino a Fortree, con Eileen haciendo plática sobre lo primero que se le ocurría.

Cuando llegaron al lugar donde hace varias horas Eileen y sus primos jugaron, Albert y Sonia aún permanecían ahí. Eileen se alegró al verlos, y los saludó enérgicamente desde el lomo de Regirock.
-¡Albert! ¡Sonia! –gritó, ondeando sus manos para que la vieran
-¿Son tus hermanos? –preguntó, mirándole
-¡No, son mis primos!

Los dos chicos corrieron hacia su encuentro; Brandon y Regirock se detuvieron, y ayudaron a Eileen a que se bajara.
-¡Muchas gracias por traer de vuelta a Leiny! –clamó Albert, aliviado

Sonia abrazó fuertemente a Eileen, como si se asegurara que en verdad estaba ahí.
-¡Gracias! ¡Gracias! –repitió Sonia, aún abrazando a Eileen
-No fue nada, pero deberían tener más cuidado –su voz cambió a una más severa, regañándoles sin tanto enojo –Éste lugar no es para que niños tan pequeños estén jugando. Si no tienen pokémon con ustedes, es mejor que ni se acerquen
-Perdón, no volverá a pasar
-Eso espero… -dio la media vuelta, listo para volver a la Ruta 120 –Cuiden bien de Lenny para que esto no vuelva a ocurrir

Mirándolo marcharse, Eileen resolvió hacer algo por él. Mientras corría hacia Brandon, comenzó a aflojar el pañuelo rojo que tenía consigo, el cual ondeó con el viento.
-¡Príncipe Brandon, espera!

Él volteó, preguntándose qué más quería. Decidió sonreír y no parecer tan severo. Eileen levantó sus manos, y le ofreció su pañuelo rojo.
-¡Toma! –levantó la tela roja hacia él -Este pañuelo rojo representa la pasión ¡Eres un entusiasta de los pokémon! Y yo algún día seré tan fuerte como tú
-Lenny…
-¡Es para que no olvides tu promesa de viajar conmigo!

Brandon suspiró, y sonrió concordantemente. Tomó el pañuelo rojo con una mano, mientras con la otra despeinaba al niño.
-Muy bien, Lenny… -le soltó, y por primera vez, pareció desanimarse –Hasta luego

Eileen se quedó de pie, mirándolo desaparecer en el camino junto a Regirock. Ondeó para él un tierno adiós, sonrojada. Desde ese entonces, al verlo marcharse, sintió una dulce pena ahogándole.

El recuerdo finalizó. Eileen no podía creerlo. Comparó el rostro del Brandon de entonces y del de ahora. En el de ahora había una que otra cana asomándose, pero, sin duda, la esencia era la misma.
-Arceus santo… -se dijo, acurrucándose, con el corazón latiendo a toda prisa –Es él…