Soy pésima para cumplir con publicar más seguido...pero trataré de acomodar mejor mi horario. Aquí está el capítulo 10, espero que les guste. No olviden dejar un review, corto o largo me ayuda mucho a seguir.
Hasta el siguiente capítulo.
Capítulo 10:
-El hacerme reír será suficiente, espero un buen esfuerzo… pequeña cabeza hueca.
La chica estaba muy confundida, nunca había esperado aquella petición por parte de ese sujeto, aunque por la información que había encontrado en la biblioteca sabía su nombre.
-No soy buena para los chistes…Undertaker.
-Entonces no habrá respuestas Jijiji-sacó una galleta con forma de hueso para después comerla obteniendo otra mirada desconcertada por parte de la chica.
-Bien, sólo espero que esto valga la pena-la chica se preparó.
En otra parte la mansión, un pelinegro parecía estar tratando de entender que era el estado de Alice, ella dijo que sólo en Wonderland podía activarlo…ese lugar sonaba cada vez más interesante.
Revisó las pocas cartas que se habían intercambiado entre los padres de Ciel y Alice, todo era normal, sólo en algunas había cuestiones sobre químicos, mensajes cifrados y otras dudas. No fue hasta que en una comentaba de un estudiante que parecía estar molestando a la hija mayor, al parecer le había encargado que lo investigara. La fecha de esa carta era de 13 de diciembre 1876.
Y al parecer había sido la última, después había un recorte del incendio que le arrebató su familia a la chica, aunque analizar los reportes era obvio que la versión oficial estaba errada, un incendio provocado en la biblioteca hubiera sido más rápido y devastador, también estaba la muerte de la hermana de Alice, la habían encontrado en su cama pero la distancia no concordaba como para que el humo la hubiera matado, y más cuando comparabas los planos originales de la casa. Se quedó terminando de leer la información cuando recordó una noche en la que había visto a Alice.
Ella estaba mucho más delgada, pálida y por el color de sus labios con bastante frío, y era para esperarse, sólo llevaba un vestido negro, la nieve caía con mucha fuerza pero parecía que a la chica no le importaba, no supo la razón pero la siguió. Parecía que iba sin rumbo cuando llegó a una casa destruida por el fuego, la chica se dejó caer sobre sus rodillas y parecía estar murmurando algo entre dientes. El demonio estaba por marcharse cuando sintió la presencia de otro demonio.
¿La chica habría hecho un contrato? Eso no podía ser, no había sentido la presencia de su demonio y no tenía la marca, al menos hasta donde la había visto…
El mayordomo salió de sus recuerdos cuando escuchó la voz de Alice, parecía que estaba haciendo un gran esfuerzo, quiso ir a buscarla pero no sería lo más indicado, al menos hasta que no supiera más de ella.
Hizo un recuento de las pistas, aunque era claro que había sido un homicidio, ella misma se lo había dicho a Ciel, y el tal Angus Bumby lo había cometido, ahora entendía mejor el caso, un loco se obsesiona con la hermana mayor, pero ¿cómo había sobrevivido la chica? ¿Y cómo causó el incendio? Esas preguntas inundaban su mente, pero sería mejor si lo comentaba con Ciel, así él tendría completa libertad para investigar a la chica.
Una sonrisa algo malévola se formó en sus labios al pensar en la muchacha, pues era la segunda humana en tener un tipo de alma tan deseable, y a él no le gustaba quedarse con las ganas, sólo hacía falta prepararla mejor.
Mientras una risa muy escandalosa inundaba los jardines de la mansión, la chica se limpiaba el sudor de la frente con un pañuelo.
-¡Y justo cuando pensé que no superarías al Conde!-exclamaba entre risas.
-Bien…cumplí con mi parte… ahora tú-sabía que tenía poco tiempo antes de que el Mayordomo la descubriera.
-Muy bien-se limpiaba una pequeña lágrima-El cuchillo me lo dio cierto amigo tuyo, sabía que lo necesitabas…y todo esto- el mayor sostenía una pulsera en la que estaban sus armas, no sólo las más recientes sino las que había creado durante su estadía en el asilo, además de 2 botellas, una morada y otra azul.
-¿Por qué te las dio?
-Las necesitarás más en este mundo que en Wonderland…y por sus dudas acerca del mayordomo…chica curiosa…todo está aquí-le entregó un pequeño libro.
-Gracias-la chica dijo de manera sincera aunque al pensar en el mayordomo sus ojos se inundaron de rabia.
-Adiós-susurró antes de desaparecer.
La chica no le tomó importancia y fue corriendo a su habitación asegurándose que nadie la viera o escuchara, se encerró asegurándose de que no hubiera algún espía cuando empezó a leer. El libro estaba en blanco, casi gruñe pensando que se trataba de una broma de Undertaker cuando recordó las botellas, tal vez una de ellas la haría pequeña. Sin más bebió de la morada.
El efecto fue inmediato, y al no tomar las medidas de precaución el libro casi la aplasta, se acomodó y miró el contenido de este. Para su grata sorpresa pudo leer el contenido.
En el diario se describía el incendio que le arrebató al Conde sus padres, su secuestro y por último el ¿contrato? Con cada línea que leía se daba que no estaba lidiando con cualquier persona, era un demonio, un demonio con todo lo que eso significa. Ciel había prometido su alma como pago por su ayuda. La joven no aguantaba las lágrimas, el pequeño que había conocido había sido torturado hasta el límite de buscar el auxilio de un demonio.
Pero cuando leyó el lugar de la ceremonia su corazón se congeló, era el mismo lugar con el que había soñado hace unos días, y fue peor cuando describieron la ceremonia del contrato…No todo es lo que parece, la respuesta se iluminó, ahora entendía esas palabras, antes tenía la sospecha de que se refería a Ciel pero con esto había descubierto varias cosas, Sebastian era un demonio que fingía ser un mayordomo, y él quería el alma de Ciel…se quedaría con las ganas, ella no lo iba a permitir, ya había perdido a varios seres queridos y el pequeño conde no se iba a añadir a esa lista.
-Muy bien Sebastian, ¡Esto es la guerra!-espetó la chica, pero al mirar a su alrededor se dio cuenta que no sabía controlar el efecto de la poción-¡Odio este mundo!
Y al parecer el mundo también la odiaba, siempre que parecía obtener algo de ventaja obtenía mayores problemas, y para peor escuchó unos suaves golpes en su puerta. Gritó lo más fuerte que sus pulmones le permitieron pero al parecer no la habían escuchado, pero su corazón dio un brinco cuando escuchó el ruido de la llave. Corrió hacia la puerta esperando que de algo sirviera pero cuando estaban a punto de abrir la puerta regresó a su tamaño original lo que generó que la golpearan con la puerta.
-Ya es hora ¿Alice?...Lo…lo siento-era la voz de Maylene-¿Es…estás bien?-preguntó muy apenada al verla sobándose la cabeza.
-No te preocupes, es solo que me estaba vistiendo-mintió-Vamos-la sujetó de la mano y la sacó-Sólo guardo mi vestido de anoche, adelántate.
La sirvienta pareció creerle y se marchó, suspiró con fuerza antes de guardar sus nuevas posesiones, sabía que Sebastian podría espiarla por lo que guardó todo en un lugar privado que estaba segura que Ciel no permitiría que revisara.
Alcanzó a la pelirroja justo antes de que entrara en la cocina, dio los buenos días a los demás sirvientes, aunque al verlos bostezar no pudo evitar hacer lo mismo, su cuerpo le estaba cobrando todos sus desvelos y más con el de ayer.
Se sentó para beber un poco del té que le había ofrecido Snake, pero el dulce sabor de la bebida la relajó como hace mucho tiempo no se sentía desde que había regresado, sin poderlo evitar comenzó a cabecear, sus ojos se cerraban sin su permiso y no puso atención a las conversaciones de los demás.
-¡Alice!-la voz algo chillante de Finn la hizo reaccionar-¿Estás bien?
-¿Qué? Perdonen, creo que me afectó la fiesta de ayer-volvió a bostezar.
-No te preocupes Alice, hoy sólo te tocará hacer el aseo del recibidor junto con Maylene-la voz de Sebastian inundó la habitación-Ya no pierdan tiempo, con el retraso de Alice es suficiente.
Podría estar muriendo de sueño, pero utilizó sus pocas fuerzas para asesinar con la mirada al pelinegro.
-Estoy bien-le contestó-No me subestime-la chica salió junto con Maylene.
Quería hacer sus deberes lo más rápido que podía pero la pelirroja cometía varios errores que la ojiverde debía solucionar, estaba a punto de sacarla de quicio cuando recordó las habilidades de la chica en el primer día que la vio, le dio algunos trabajos ligeros pero al fin había terminado, aunque el esfuerzo le causó que le doliera la cabeza y se sentía algo mareada pero no iba a permitir que Sebastian la viera en ese estado. Su orgullo era la infusión de energía que necesitaba.
Aprovechando que ya se acercaba el té de la tarde, fue a la cocina para prepararlo, primero observó que estuviera libre el lugar al confirmarlo se concentró en su pequeña tarea, ya no era una simple riña entre ambos, era la guerra por el alma de Ciel, aunque debía asegurarse que nadie se enterara lo que acababa de descubrir.
Justo cuando terminó el pelinegro entró, faltaban 20 minutos para la hora del té, la chica sonrió de forma orgullosa, al ver que se le había anticipado y más cuando vio el gesto sorprendido de él, tal vez al verla a punto de desfallecer le había hecho pensar que no haría algo así. Se aseguró que todo estuviera perfecto cuando se marchó.
Tocó suavemente la oficina de Ciel, hasta que escuchó la voz infantil, sintió una punzada de vergüenza al entrar, todavía no se sentía preparada para confrontarlo, tal vez él había vendido su alma pero ella era un verdadero monstruo.
-¿Sucede algo Alice?-la sacó de sus pensamientos.
-No se preocupe joven amo, todo está…normal-suspiró y explicó en qué consistía el té de esa tarde. Al terminar se despidió y marchó.
Ya había terminado sus deberes de ese día y la verdad su cuerpo ya necesitaba una buena noche de sueño. Se refrescó antes de recostarse en su cama, odiaba sentirse así pero ella se había excedido y más con el modo histeria, a penas y cerró sus ojos, quedó presa del sueño.
Ciel se quedó pensando después de ver a Alice, ella estaba pálida y las ojeras estaban bastante oscuras, era demasiado obvio, la chica no había dormido la cantidad necesaria desde quien sabe cuánto tiempo. Se levantó y fue a buscarla, comenzó en la cocina para después ir a los jardines, Sebastian se mostró curioso por la reacción de Ciel, así que ambos fueron a la habitación de la chica. El menor le ordenó que se quedara fuera.
Al entrar vio a la joven, su respiración lenta generaba que su pecho subiera y bajara a un ritmo tranquilo, sonrió de lado antes de marcharse, subió a su oficina para descansar cuando recordó el incidente de anoche. Edward había descubierto la identidad de Alice y había vuelto después de que ella se quitara sus vestimentas, Lizzy también había estado presente pero por su reacción su querida rubia no sabía que había pasado con exactitud, o al menos eso pensó.
Sin más comenzó a escribir una carta dirigida al hijo mayor, al terminar le ordenó a su mayordomo que la llevara lo más rápido posible, tenía que aclarar que había pasado, varias posibilidades inundaron su mente pero cada una tenía su toque de improbabilidad.
Los demás sirvientes se quedaron en sus lugares de descanso, con Alice y Sebastian todo quedaba perfecto en menos tiempo, casi se sentían desplazados pero por alguna razón estaban empeñados en demostrar sus distintas capacidades para vencer al otro.
-Sebastian al fin tiene una dura competidora-espetó Bard con una sonrisa.
-Es cierto, Alice tiene muy buenas habilidades…sería mejor si la conocemos un poco-dijo Maylene.
-¡Vamos!-esta vez fue Finnian-Hagamos algo de comer para ella.
Los sirvientes comenzaron a preparar una pequeña sorpresa para la chica, habían dejado la cocina como si hubiera pasado un tornado pero consiguieron lograr su cometido. Se acercaron a la puerta cuando Sebastian los interceptó.
-¿Sucede algo? ¿Es el cumpleaños de la chica?-los cuestionó al ver el "pastel" que llevaba Finn.
-¡SEBAS…TIAN!-gritaron.
-No, no es su cumpleaños…no sabemos cuándo es, pero queríamos darle la bienvenida-sonrió Finn.
-¿Ya terminaron sus deberes?-preguntó algo molesto por la reacción de los sirvientes, todos asintieron ante la mirada asesina del demonio.-Será mejor que la dejen descansar.
-Hola a todos…dice Emily-era Snake, había estado callado todo el día y era algo notorio su cansancio pero al parecer él siempre estaba cuando se trataba de Alice.
El mayordomo se acercó a la puerta y golpeó suavemente la puerta, esperaron una respuesta pero el silencio fue la única. Sebastian entró, causando una sorpresa entre los presentes, después de todo era muy obvio el desprecio que sentía la chica por él. Los cuatro se asomaron detrás del pelinegro y la vieron completamente dormida, se comenzaron a marchar cuando la chica comenzó a susurrar. Los cuales solo fueron audibles para el demonio.
-Ciel…no te vayas-susurraba, al parecer estaba soñando con el pequeño Conde, era bastante obvio que ellos tenían una fuerte relación, y eso que solo habían pasado un pequeño tiempo juntos.
-Tranquila My Lady, yo lo cuidaré-le susurró muy cerca de sus labios.
El mayordomo se marchó hacia la oficina del Conde, era la oportunidad perfecta para cuestionarle sobre la chica. Golpeó levemente y entró. Sus ojos se abrieron un poco al escuchar el sonido de un carruaje, las coincidencias estaban a favor de la chica. Ciel sólo lo miró antes de verlo marchar para atender a los recién llegados.
El Conde también lo siguió hasta el recibidor, lugar donde esperó la entrada de su cuñado.
-Espero que sea algo bueno Conde-la voz cortante y aún molesta de Edward resonó mientras una muy avergonzada Lizzy entraba después de él.
-Hola Ciel-la voz de la chica sonaba apagada, ella estaba emocionada por reunir a su hermano con Alice, pero él lo había descubierto y lo había tomado de la peor manera-¿Está todo bien? ¿Por qué nos llamaste con tanta urgencia?
-Quería tener una cena privada con mi futura familia-sonrió el menor causando un pequeño rubor en la chica.
Sebastian guió a los tres al jardín, a pesar de los intentos de iniciar una conversación con el mayor todos eran inútiles, aunque era obvio que estaba buscando a una persona con la mirada…Sin duda sería Alice, sólo pedía que ella siguiera descansando para que no se desarrollara otro incidente.
-Debo retirarme-comentó la chica al terminar la tarta de fresa que había estado disfrutando-Hermano…-la rubia iba a decir algo pero mordió su labio y se marchó.
El mayor la vio marchar, suspiró de manera exagerada y encaró al Conde.
-¿Qué estás tramando?-su voz era demasiado seria, nunca había visto esa faceta por parte de él.
-¿Cómo la descubriste?-no iba a malgastar las palabras. Sólo quería confirmar si había sido Gray.
-Eso no importa, ahora sé que está viva-susurró algo melancólico- Sólo sé que es una mentirosa… ¿cómo pudo fingir que era una extraña ante nosotros?-dijo entre dientes
-Ha sido difícil para ella, no tiene mucho que la encontré-comentó obteniendo una mirada sorprendida por parte de Edward-No tuviste que gritarle de esa manera-a pesar de sonar tranquilo se notaba la molestia del menor.
-Lo sé…es que fue tan sorpresivo-suspiró-Es complicado, no creo que lo entiendas.
-Sólo te digo esto una vez… si la vuelves a lastimar no seré piadoso, haría lo mismo que tú si yo lastimara a Lizzy.
-Una fuerte amenaza por parte de ti…quisiera hablar con ella, le debo una disculpa.
-Espero que se una muy buena-lo miró aun molesto-Pero antes ¿quién te dijo que era ella?
-Encontré un mensaje en mis ropas después de que llegué a casa, al principio pensé que había sido ella pero la caligrafía no era fina o delicada…Sin duda era de hombre, pero no tengo la certeza de quien fue.
-Entiendo-suspiró antes de bajar su rostro-Bueno…vamos a buscarla.
Mientras tanto, la joven rubia buscaba a la pelinegra para aclarar las cosas, era cierto que ella había dado algunas pistas sobre la identidad de la chica y eso hacía que se sintiera mucho peor, aunque nunca hubiera esperado que una vez que llegaran a su casa, se acostaran sus padres, Edward regresara con tanta urgencia la rubia se escondió aunque al salir sólo escuchó lo último que le dijo antes de irse, y a pesar de que intentó calmarlo, no lo logró, así que fue con la chica pero ya había desaparecido.
-Oh Alice, perdóname-susurraba mientras temblaba su labio.
La pobre rubia había dejado su faceta tierna, no iba a decorar la mansión y mucho menos arreglar a los sirvientes, quería ver a la ojiverde para arreglar las cosas, no era justo para Alice y menos para Edward, es cierto que de pequeños casi nunca hablaron pero por alguna razón su hermano se había encariñado con ella.
Tanto que cuando descubrieron lo del incendio él estuvo encerrado en su cuarto por algunos días, ella no entendía por qué había reaccionado pero cuando Ciel desapareció ella había hecho exactamente lo mismo, y por eso le había sorprendido que reaccionara así, ella había corrido a los brazos de la ojiverde y había esperado lo mismo por parte de él…Sin embargo… la había rechazado.
La chica iba tan sumida en sus pensamientos que no observó a la silueta que se acercaba hacia ella, hasta que chocó con ella. Levantó su rostro y vio a Alice, al parecer estaba distraída porque no protestó ante el choque, Lizzy movió su mano frente a ella para obtener su atención pero no obtuvo respuesta.
-¡Alice!-la llamó varias veces-¡Espera! ¡Soy yo Lizzy!-la pequeña dama corrió hacia donde había ido, pero la chica no estaba-¡¿Dónde Estás?!-preguntó algo preocupada, era imposible que ella desapareciera solo así.
-Señorita Elizabeth-era Finn-¿Está bien?
-Alice-dijo-¡Hay que encontrarla antes que mi hermano!-espetó bastante alarmada.
Finn llamó a los demás sirvientes y comenzaron la búsqueda por la joven. Se dividieron, aunque había acordado que no avisarían a Sebastian o al joven Amo. Buscaron en los pasillos, los jardines y las habitaciones pero no había rastro alguno de la chica por ningún lado. La rubia estaba muy nerviosa y más cuando vio que ni su hermano o Ciel estaban en el jardín.
-Lizzy… ¿dónde estabas?-preguntó el Conde.
-Yo…fui al baño-mintió algo sonrojada-Pero cuando no los vi comencé a buscarlos.
-Vamos a ver a Alice, ¿vienes?
En ese momento llegaron los demás sirvientes algo agitados, pero al ver a Sebastian y al Conde palidecieron. Miraron con cierta urgencia a la rubia.
-¿Qué les pasa a ustedes tres?
-Ciel-lo llamó Lizzy-Alice no está por ningún lado.
-¡¿Qué?!-exclamaron ambos jóvenes.
-Ella desapareció después de que la viera en el pasillo principal
-¡Sebastian!-el mayordomo hizo una pequeña seña para indicar que lo había escuchado-¡Encuéntrala…es una orden!
-Yes, My Lord.
