Disclaimer: Los personajes y todo lo demás que podáis reconocer pertenece a J.K. Rowling, la trama, el tiempo utilizado y los esfuerzos en escribir algo que valga la pena son nuestros.
Capítulo 9: ¿Feliz navidad?
POV James.
Decorar la casa se estaba convirtiendo en algo tedioso. Hoy era noche buena, y aun no habíamos puesto ni el árbol.
—James, date prisa en colocar las bolas doradas que tenemos que ir aun al Callejón Diagón a comprar algunos regalos.
Le medió bufé a mi padre. Menudas navidades me estaban dando. Entre la pequeñaja de Lily despertándome cada mañana a horas imperdonables, Malfoy ayer paseándose por casa y mis ganas de darle una hostia… Sólo de recordarle abrazando a Rose, o peor, besándola… Sí, besándola. Por que yo no lo había visto, pero sabía que había ocurrido, les había oído hablando en el tren.
"—Ahora puedes presumir de haber besado a un Malfoy.
—Y tú de haber besado a una Weasley."
Pues ahora yo iba a presumir de haber vomitado imaginándomelo, ¡guay!
Y era cierto, sólo había oído esas dos frases, y de casualidad. Después verlos abrazados y haberme comido una bolsa entera de ranas de chocolate me había hecho ir rápidamente al baño del final del vagón a vomitarlo todo. Las ranas de chocolate, mi orgullo y la poca cordura que me quedaba. Ahora solo me quedaba aceptarlo, porque sí, estaba celoso, y sabía lo que eso significaba, al igual que haberme liado con Patil en su cara la noche de Halloween sólo para joderla. Daba asco.
Coloqué el resto de bolas doradas en la parte alta del árbol, donde no llegaban ni mi madre ni Lily. Albus y papá habían ido a coger hadas para meterlas en casa antes de irnos de compras.
Mi madre pareció notar el cambio repentino de mi semblante.
—¿Te encuentras bien, James?
—Sí, sólo me duele un poco el estómago —le contesté aun siendo mentira, dejándome llevar por el recuerdo que acababa de tener.
—¿Te hago una infusión o algo?
—No hace falta, gracias.
Mamá se acercó a mí y me revolvió el pelo.
Albus y papá entraron a tiempo de ver como Lily, subida en mis hombros, colocaba el ángel en la copa del árbol.
—¡Esperad, no os mováis, voy a por la cámara!
Papá salió corriendo hacia su despacho, dejando al par de hadas que llevaba cogidas de las alas sueltas por el comedor.
En un minuto ya estaba la cámara colocada y toda la familia frente al árbol. Lily sobre mis hombros, mamá a mi derecha y Albus y papá a la izquierda.
Ese momento distendido elevó un poco mi humor pese a saber lo que me vendría esta noche en la cena familiar y casi multitudinaria que celebrábamos esta noche en La Madriguera.
Tras convencer a las hadas de que su belleza adornaría nuestro salón con gran elegancia, nos pusimos los abrigos y mediante aparición conjunta llegamos al Callejón Diagón.
Sólo nos faltaban tres regalos por comprar, uno para tía Hermione, uno para Ted y uno para Rose.
—Mamá y yo vamos por el de tía Hermione y Teddy, si quieres Lily vente. Vosotros comprad el de Rose.
Mi humor de vuelta al subsuelo. Mi hermano sería bueno en muchas cosas, y esto en público jamás lo reconocería, pero comprar regalos no era lo suyo, y eso sólo significaba que me iba ha tocar elegirle a mi el regalo a Rose. Del de Ted no me hubiese preocupado, pero Rose… Estaba claro que esto sólo podía ser un castigo divino. Y sí, me lo merecía. Había sido un completo gilipollas y ahora me tocaba pagar. Y estaba seguro de que la cosa no acabaría aquí, por supuesto que no. Me había comportado como un cerdo con Rose desde el viaje de ida a Hogwarts. Y lo peor de todo es que no había podido evitar hacer cada una de esas cosas. Siempre había sido muy "juguetón" con ella, desde que eramos pequeños, sólo por fastidiarla, y tampoco lo había podido evitar, pero es que ahora las cosas ya había cogido un tinte demasiado oscuro y grotesco. Mi mente me jugaba malas pasadas.
El colmo fue molestarme porque ella no me mirase del modo que hacían las demás chicas en Halloween ante mi atrevido disfraz, pero, por Merlín, ¡es mi prima! Mis otras primas tampoco me miraban así y yo no me molestaba, ni me liaba con la primera tía que se me ponía a tiro en su cara para darle celos, ¡por favor! Lo único que debía de haberle dado era asco. Sólo de imaginar que ella pudiese saber que yo había intentado darle celos volvían a entrarme arcadas.
Haber seguido saliendo con Patil para ver si le molestaba y perseguirla por todo el castillo en un arrebato por ver como sus ojos se entristecían al cruzarse con los míos en plena cena, interrumpiendo un momento íntimo con esa serpiente que parecía ser su amiguito especial solo había empeorado las cosas.
El mes y tres semanas que había pasado desde entonces había culminado de una manera inmejorable con su beso y mis vómitos. Ahora me tocaba seguir pagando comprándole un bonito regalo, y siendo cortés con ella durante la cena a pesar de que seguramente me mirará con asco y a mi me darán ganas de quitarle el gesto a golpes.
—¿Alguna idea, James?
—Demasiadas.
—¡James cariño, qué guapo estás!
La abuela Molly me había atrapado entre sus brazos al segundo de entrar por la puerta de la cocina.
—Gracias abuela, ¡tú si que estás guapa!
—Nos ha salido adulador el chaval —bromeó tío George.
Después de saludar a todos los miembros de la familia que ya habían llegado entre mi madre y yo colocamos los regalos bajo el gran árbol de navidad que decoraba el salón. Me demore en colocar el paquete que estaba envuelto en un papel dorado, el regalo de Rose. No podía creer que finalmente le hubiese comprado un diario.
Cuando estábamos ayudando a poner la mesa llegaron Tío Ron, con la tía y Hugo y Rose.
En un principio no supe como reaccionar. Estaba claro que Rose no quería verme, estaba seguro de que por eso no había venido ayer a comer a casa, aun estando también Malfoy.
No me acerqué a ellos como el resto de la familia, sino que esperé a que se saludarán entre ellos. Cuando ya era demasiado evidente que estaba apartado, me acerqué a abrazar a tía Hermione.
—James, cada día estás más alto. Me ha dicho tu padre que has sacado buenas notas, felicidades.
Le sonreí con cariño, la tía Hermione siempre era dulce conmigo, seguro que dejaría de serlo de poder leerme la mente. Menos mal que la Legeremancia era parte de la magia oscura, porque sino, conociendo a tía Hermione, seguro que sabría usarla sin ningún problema.
—Gracias tía, feliz navidad.
—James, ¡vamos ganando la copa!
Tío Ron me abrazó sonriente. Hasta que Hugo no entraran en el equipo de quiddicht viviría las victorias de Gryffindor por mi, por mucho que Rose ya estuviese en el equipo. Pensé en la paliza que me daría si supiese lo que me pasaba por la cabeza.
—Ron, mira que puedes llegar a ser pesado —le regañó tía Hermione.
Me aparté de ellos con una sonrisa en la cara y le di un pequeño empujón a Hugo a modo de saludo mientras buscaba a Rose entre las cabezas pelirrojas que se amontonaban por todas partes.
Estaba hablando con Molly y la tía Angelina. Por primera vez conscientemente la repasé por completo. Llevaba unos vaqueros ajustados y una camiseta demasiado fresca para la estación en la que estábamos. A ella no le gustaba ir abrigada, le gustaba el frío. Su pelo estaba tan erizado como siempre, pero llevaba un par de ganchos apartándole los mechones de la cara. El rojo de su pelo, el azul brillante de sus ojos y sus pecas se me hacía la estampa más tentadora y prohibida del mundo.
Pareció darse cuenta de que la miraba, y me miró, con una expresión que no sabía bien como describir.
El tío Ron volvía a estar a mi lado, y estaba claro que sabía que yo aun no había saludado a su hija, así que tragué saliva con fuerza y la encaré.
—Pelirroja.
—Siempre tan original.
Molly y tía Angelina se giraron, como sabiendo lo que vendría ahora, es más, estaba seguro que de todo el mundo lo sabía, o al menos creía saberlo. Podía imaginar sus mentes trabajando en imaginar una discusión nuestra. Eso sería lo más probable, lo normal. Lo que nadie imaginaría es que en mi mente habían mil y una forma distinta de echarle en cara lo de Malfoy, mil y una forma desagradables de preguntarle si ya se había acotado con él… Era curioso, quería echarle en cara lo mismo que yo había estado haciendo con Patil, y encima delante de ella.
¿Por qué era tan jodidamente asqueroso?
—Feliz navidad —dije finalmente en un tono frío y desganado.
Sin esperar una respuesta, me giré y fui en busca de Fred.
—Y yo que creía que te habías olvidado de mi, o peor, que te hubieses vuelto daltónico de repente y que entre tanto blanquito y pelirrojo no vieses al único mulato del lugar —me susurró con voz lastimera.
—Eso es imposible. Y menos con el pelo afro que te has dejado.
—Envidia es lo que tienes.
Reímos y cuando pensábamos escaquearnos al jardín la abuela nos pilló y nos encasquetó unos gorros muy al estilo Papá Noel y nos puso a servir vino a los adultos.
—Ahora es cuando yo robo una botella, me emborracho y quemo el árbol.
—Claro que sí, James.
—Cuanta madurez.
Esa voz me paralizó por unos instantes. Me giré y la vi. Estaba tras nosotros, con una bandeja repleta de pastelillos de carne en las manos. En sus ojos se veía furia. ¿Era por todo lo que había pasado en el colegio o es que había vuelto a hacer algo mal? Me cabreé mucho más al ver como tras dejarme sin palabras, pasó por mi lado, golpeándome el hombro con el suyo.
—¿Qué le has hecho ahora?
—Eso me gustaría saber.
Malhumorado abandoné la botella de vino en una de las mesitas auxiliares del salón y fui a sentarme a mi sitio asignado en la gran mesa que zigzagaceaba por la casa.
¿Por qué tenía que ser siempre así? O no, mejor dicho ¿por qué ahora todo era distinto? Antes discutíamos, nos perdonábamos, discutíamos, jugábamos y volvíamos a discutir, ahora no, ahora solo era discutir, discutir y dejar las frases a medias, como si tuviésemos miedo a decir algo que no deberíamos. O al menos en mi caso. Por no hablar de mi cada vez peor humor, y es que, ¡joder! Era difícil de aceptar, a nadie le gustaría levantarse una mañana y empezar a pensar cada vez más en tu adorara y pequeña prima, empezar a querer que te vea con otros ojos y llamar su atención, liarte con tías en su cara para intentar ponerla celosa, perseguirla para querer hablar con ella e intentar arreglar las mierdas de tu cabeza pero acabar odiando a su mejor amigo, y más aún cuando te enteras de que se han besado… ¡No es fácil aceptar el que te guste tú prima!
Para cuando me di cuenta ya estaba casi toda la mesa llena, solo quedaban un par de sitios libres y teniendo en cuenta mi mala suerte y que Rose aun no había aparecido, tenía claro que iba a sentarse enfrente de mi. Era parte de mi castigo. Solo esperaba ser fuerte y no lanzarle un trozo de patata a la cara, por que sí, aunque parezca mentira eso era lo que me apetecía hacerle.
—Rose, frente a James.
—Lo sabía —mururé al oír a mi abuela. Y por las miradas que me dirigió ella y el codazo de Fred, se ve que no lo suficientemente bajo.
—¿Prefieres que cene en el jardín?, ¿O mejor me voy a mi casa?
Me dolió más ver que estaba a punto de llorar que mi orgullo malherido.
Parte de la gente que nos rodeaba lo había oído y visto todo, pero de nuevo pensaron en que era casi normal. Quizás solo un poco más pasional que de costumbre, pero estábamos en navidad…
Mi contestación quedó arrastrada a un rincón cuando se empezó a brindar. Rose ni se molestó en sonreír cuando todo el mundo se deseaba feliz navidad, cabe decir que yo tampoco.
Empezamos a cenar, si a eso se le puede llamar cenar, yo me limitaba a desmigar un panecillo y mirarla fijamente, ella no había ni tocado el plato que le habían servido, se limitaba a mirarlo con fijeza, como si le diese asco, como si quisiera lanzarlo lejos. Supe que yo era ese plato.
No lo aguantaba más, me estaba asfixiando.
—Al menos podrías disimular un poco tu asco hacia mi persona —le susurré aprovechando que Fred acababa de contar un chiste y todo el mundo estaba demasiado ocupada riendo.
—No queda agua, voy a por más.
Rose se levantó llevándose consigo una de las jarras de la mesa. Nadie pareció notar del todo su ausencia. Sin ningún tipo de disimulo, arrastré con fuerza la silla y fui tras ella.
Estaba en la cocina, rellenando la jarra de agua frente al grifo.
—¿Qué cojones te pasa?
—Lárgate James.
—No sin que me digas que he hecho ahora.
Dejó la jarra sobre el bancal de la cocina y se giró para encararme.
—Todo y nada.
Su respuesta me descolocó.
—Ahora es cuando lo explicas.
—Tú sola presencia me produce asco, ¿prefieres eso?
Me dolió, pero era normal, yo daba asco, y que ella lo pensara era normal. Aun así no pude evitar enfadarme, yo no quería eso, ésta situación, ¡nada!
—Ah, está bien saberlo.
Sabía que mis palabras habían destilado rabia y dolor por mucho que había intentado darles un tono normal.
—James, no lo hagas más difícil.
Su voz sonaba cansada y sus hombros habían caído, parecía que se rendía, pero aun no podía ubicar a qué exactamente.
—¡No lo estoy haciendo difícil!
—No, ¡que va! Tú lo haces todo fácil, eres el perfecto primo.
Cabreado y dolido, así me encontraba y con ganas de hacerle retirar todas y cada una de sus palabras. Quien lo hacía difícil era ella, si sólo me hubiese ignorado… Ahora ya era demasiado tarde. Estaba tan enfadado que la empujé contra el fregadero y casi sin darme cuenta, agarré su cara entre mis manos y aplasté mis labios contra los suyos. Fuerte, con rabia. Empecé a moverlos casi inconscientemente, no esperaba que me devolviera el beso, y no lo hizo. Cuando fui del todo consciente de lo que acababa de hacer me aparté de ella.
—Ahora lo estoy haciendo difícil.
¡Tarán! Creo que es un capítulo bastante emocionante, o al menos para mi al escribirlo lo ha sido xD
Unos pequeños apuntes: igual os sorprende que James siendo tan joven ya deje caer que se acuesta con Patil, pero yo lo imagino así, creo que le pega esa promiscuidad (?; y respecto al final del cap... espero que cierta personita no haya muerto (meadowblond sí, me refiero a ti xD).
Esperamos que os haya gustado, muchas gracias por leer :3
Se agradecen reviews, críticas y sugerencias :)
LainaM.
