10. ANIMAGI

Cuando el sombrero seleccionador gritó "¡Gryffindor!" dentro de su cabeza, lo primero que hizo el joven Remus fue lamentar su suerte mientras se sentaba al lado de Sirius Black. Su pose altiva y la mirada que le lanzó cuando se acercó le hicieron temblar de la cabeza a los pies. Parecía enfadado con todo el mundo, incluido él, y recuerda que lo primero que pensó fue que tenía que tener mucho cuidado si no quería que su temido secreto saliera a la luz, porque seguramente aquel chico de mirada dura y gesto hosco conseguiría que le expulsaran del colegio en cuanto lo descubriera.

El tiempo demostró lo equivocado que estaba. Con él y con sus otros dos compañeros de habitación: James y Peter.

Desde los cinco años, Remus había vivido recluido en casa de sus padres, que parecían más aterrados que él por su condición. Tenían que mudarse continuamente, por miedo a que alguien descubriera lo que era en realidad, así que cada cierto tiempo tenían que hacer las maletas y huir a una nueva casa, a un nuevo hogar. Siempre viviendo con el miedo constante a que le descubrieran y pudieran hacerle daño. Remus apenas salía de casa y no tenía amigos, por eso ocupaba su tiempo en lo único que podía darle algo de libertad: la lectura. Leyendo conseguía escaparse a lugares fantásticos donde ser un licántropo no era tan grave, donde podía atreverse a soñar con un mundo en el que no era un monstruo. Y así, Remus había crecido escondiéndose de todos y de todo, teniendo como amigos a los personajes de sus queridos libros infantiles.

Hasta que llegó la carta.

Después de leerla varias veces, sus padres decidieron que no iban a arriesgarse dejando que su hijo fuera al Colegio. Remus debía mantenerse seguro en casa, alejado de todos los que pudieran hacerle daño…, pero la visita de Dumbledore cambió sus planes.

Cuando llamó a la puerta sus padres no le dejaron entrar, asustados de que descubriera la verdadera identidad de su hijo. Le pidieron que se marchara, sin atreverse siquiera a abrir la puerta. Pero cuando creyeron que se habían deshecho de él y entraron al salón, lo encontraron sentado en el sofá, jugando a los gobstones con Remus.

Sus padres no supieron cómo reaccionar.

-El pequeño Lupin y yo hemos estado hablando. Le he preguntado si le gustaría venir a Hogwarts, el colegio al que asistió su padre.

Su madre se echó a llorar, mientras su padre le explicaba a Dumbledore que aquello era imposible.

-No lo es. Hay muy pocas cosas imposibles y ésta no es una de ellas.

-Pero Remus…

-Lo sé. Conozco su… enfermedad. Hay gente trabajando para mí que me ha informado.

Su padre sacó la varita, pero la mirada de Dumbledore lo detuvo.

-Creo que eso no será necesario. No he venido para ponerle en peligro, sino para darle una oportunidad.

"Cuidaremos de él", fueron sus palabras. Remus observaba en silencio, sin saber que su futuro se estaba decidiendo en aquel momento, en aquella habitación. Le gustaba la sonrisa de aquel mago con barba larga y blanca. Le gustaba su mirada serena detrás de las gafas de media luna.

-Habrá una enfermera pendiente de él a todas horas y habilitaremos un lugar para que pueda esconderse durante la transformación. No tendrá problema con las clases. Inventaremos una excusa para que sus compañeros no sospechen y pueda hacer una vida completamente normal.

Sus padres protestaron. No podemos arriesgarnos, ¿y si le descubren? No podemos dejar que vaya.

-Es necesario. No sólo por lo mucho que aprenderá su hijo en el colegio, sino por los amigos que encontrará allí –a Remus le dio un salto el corazón cuando escuchó esa palabra. Amigos. Él nunca había tenido amigos-. Remus necesita relacionarse con otros niños de su edad. ¡No puede quedarse aquí encerrado para siempre!

Después de una conversación en voz baja que pareció durar una eternidad, sus padres finalmente decidieron.

-Irá a Hogwarts –el anuncio pilló a Remus desprevenido-. Irá al Colegio como los demás magos de su edad, pero si hay algún problema…, si alguien le descubre…

-Estará a salvo –y con esas palabras Dumbledore dio la conversación por finalizada. Se despidió con un apretón de manos y una sonrisa y cuando entraba en la chimenea a Remus le pareció escuchar unas palabras dentro de su cabeza:

Todo va a salir bien.

Remus había heredado el miedo de sus padres a ser descubierto, sin embargo, cuando finalmente Sirius, James y Peter averiguaron la razón por la que faltaba a clases cada mes, Remus vio que no era tan grave y fue entonces, no antes, cuando se permitió llamar "amigos" a sus compañeros de habitación.

Fue a principios de segundo curso. Peter no paraba de hacerle preguntas sobre la supuesta enfermedad de su madre que hacía que se ausentara regularmente del colegio. Lo que más le sorprendía al bueno de Peter era que de vez en cuando Remus podía escaquearse de las clases y, sobre todo, de los exámenes. Remus ya no sabía qué más inventar. Sus respuestas empezaron a parecer esquivas y más de una vez se contradijo al tratar de dar explicaciones. Peter y James preguntaban, pero el que más preocupaba a Remus era Sirius, que siempre escuchaba con disimulado interés. Remus notaba su mirada y sabía que no pararía hasta descubrir la verdad. Y así fue.

Un día, al volver de una luna llena especialmente dura, Sirius lo acorraló en la habitación.

-¿Qué tal está tu madre?

Remus estaba cansado, con el cuerpo lleno de nuevas heridas. Lo único que quería era tumbarse en su cama y no levantarse de allí en un siglo.

-Mejor, gracias.

Pero Sirius no le dejó llegar a su cama. Una sola palabra lo detuvo.

-Mientes.

Remus se quedó quieto, con los ojos muy abiertos. Al fin había pasado. Le había descubierto. ¿Qué pasaría ahora? ¿Le expulsarían? ¿Tendría que abandonar el colegio y volver a encerrarse en casa?

Sirius dio un par de pasos en su dirección. Remus apenas podía tenerse en pie.

-Tú madre no está enferma, pero tú… ¿Eres un hombre-lobo, Remus?

La habitación entera le daba vueltas. Tuvo que agarrarse de la pared para no caer al suelo. Aún le dolía el cuerpo por la reciente transformación. Pensó que debería haberse quedado en la enfermería un poco más. Ni siquiera tenía fuerzas para mantenerse en pie, ¿cómo iba a enfrentarse a la acusación de Sirius?

-Lo siento.

Sirius dio otro paso más. Remus se encogió cuando puso una mano en su hombro.

-¿Por qué? –su voz no sonaba enfadada. Ni acusadora. Sólo sorprendida. Eso fue lo que más llamó la atención del joven Remus. Que Sirius seguía tratándole igual que siempre. Que no parecía enfadado con él. No parecía furioso por el hecho de compartir habitación con un monstruo-. No tienes que pedir perdón, Remus. No es culpa tuya.

Remus le agarró de la camisa y apoyó la cabeza en su hombro. No sabe qué impulso le empujó a hacerlo. Tal vez sus palabras, su mano en el hombro.

-Soy un monstruo –murmuró.

Sirius no se apartó. Ni un milímetro.

-A mí no me lo pareces. Un chico tan flacucho y enfermizo como tú no puede ser un monstruo.

No lloró. Sirius no lo tomó como un drama, sólo como un hecho. Como si fuera lo más normal del mundo.

Le hizo preguntas. Estuvieron horas hablando, de la transformación, de las heridas. Remus le enseñó algunas de sus cicatrices y Sirius le confesó que lo sospechaba desde hacía tiempo, pero no había conseguido pruebas. Hasta que la pasada noche lo siguió y vio cómo la enfermera lo guiaba hasta el Sauce Boxeador.

-Te vi regresar cojeando, lleno de heridas. Y lo supe. Que eras tú quien estaba enfermo, no tu madre.

Después de Sirius fue James. Y luego Peter. Y en contra de lo que había imaginado, ninguno de ellos se apartó de él. Al contrario, le acogieron y se autoimpusieron el papel de protectores, sobre todo Sirius, que desde entonces no se separó de su lado. Le ayudaron a encubrir sus noches de luna, le ayudaron con los deberes que no podía terminar y le visitaban en la enfermería cuando tenía que guardar reposo, con los brazos cargados de golosinas y chocolate.

Desde entonces han estado juntos, los cuatro. Han compartido aventuras, travesuras, noches en vela y secretos. Muchos secretos.

Por eso Remus sabe que pasa algo.

Porque conoce la mirada que Sirius lanza a James en ese justo momento y conoce la tosecilla nerviosa de Peter que indica que trata de esconder algo. Son muchos años a su lado. Quiere preguntar, averiguar qué le están ocultando, pero no se atreve. Le asusta un poco que no confíen en él, que no cuenten con él para lo que sea que están tramando. ¿A quién quiere engañar? No le asusta un poco, le asusta bastante.

Sirius lanza un sonoro bostezo que hace que varias personas se vuelvan hacia él en la sala común.

-Creo que me voy a acostar. Estoy molido.

Es casi imperceptible, la mirada que James y él intercambian en medio segundo.

-Yo también -contesta James enseguida mientras cierra el libro de Historia de la Magia con un sonoro golpe-. Anoche dormí fatal, tengo que recuperar las horas de sueño.

Peter les sigue por las escaleras sin siquiera tratar de poner una excusa.

-Buenas noches, Remus.

-Buenas noches.

.

Sabe quién es el más débil de los tres. No le cuesta mucho encontrar a Peter solo y abordarle.

-Hola, Peter.

-H-hola, Remus.

Un par de preguntas, un poco de presión y al final el pobre muchacho acaba confesando. Sirius dijo que lo lograrían sin problema, que no había nada que temer. Que sería muy fácil...

-¡Fácil! ¡Estáis locos los tres! ¿Dónde están? Me van a oír.

-En la Biblioteca. Yo iba ahora hacia allí.

Remus suelta un gruñido y enfila la escalera que lleva al tercer piso, con Peter trotando detrás de él.

La sala está casi vacía. No le cuesta encontrarlos al fondo, con las cabezas muy juntas, hablando en susurros. Avanza hacia ellos con paso firme, olvidándose de saludar a la bibliotecaria, que lo mira con curiosidad.

-Vosotros dos.

Sirius y James tienen la decencia de parecer sorprendidos. A James le da tiempo de esconder un libro debajo de la mesa.

-Hola, Remus.

-¿Se puede saber qué estáis tramando?

Intercambian una mirada culpable.

-Estamos...

-… haciendo los deberes.

-Ya. No hace falta que tratéis de disimular, Peter me lo ha contado.

-¡Peter! -exclaman los dos enfadados.

-¡Lo siento!

-¡No le habléis así! Al menos él ha tenido la decencia de decirme la verdad.

-Está casi hecho, Remus, ya falta nada -le explica Sirius entusiasmado, bajando la voz para asegurarse de que la señora Pince no alcanza a oírles-. Un par de días más y...

-¡Ni se os ocurra!

James y Sirius se miran.

-Pero, Remus...

-Creí que había quedado claro. Esto es una locura. ¡Vais a conseguir que os pillen!

-No es para tanto...

-¡Animagos ilegales! -exclama todo lo bajo que puede-. ¿Pero en qué estáis pensando? ¿Sabéis lo peligroso que es?

-Sólo queremos acompañarte cuando...

-Esto no es un juego, Sirius. Si os descubren podéis tener problemas. ¿Has oído hablar de Azkaban? Más os vale no seguir con esto o tendré que...

-Está bien...

James mira a Sirius sorprendido.

-¡Pero, Sirius!

-A lo mejor Remus tiene razón, James. No seguiremos buscando información.

Remus se relaja un poco.

-¿Lo prometes?

Sirius asiente.

-Prometo que dejaremos de buscar información sobre los animagos.

-Bien... -Remus mira a los demás.

-Está bien -refunfuña James-. Pero ya había elegido qué animal iba a ser...

-Eso no se elige, Jimmy.

-¿Y qué habías elegido? -pregunta Peter intrigado.

-Un león.

-Eso es demasiado Gryffindor incluso para ti -bufa Sirius.

-¿Qué habías elegido tú?

-¿No te he dicho que eso no se elige?

-Pero si pudieras...

Remus suspira con teatralidad.

-Bueno, me marcho. Tengo que ver a Lily. Espero que dejéis esa tontería de una vez.

-Sí, Remus.

-Adiós, Remus.

James espera hasta que lo ve desaparecer al otro lado de la puerta.

-¿Por qué has tenido que decirle que no íbamos a seguir? ¡Ya está casi todo listo!

-Lo sé. Y no os preocupéis, seguiremos hasta el final.

Peter lo mira con curiosidad.

-¡Pero si le has prometido que no lo haríamos!

-Yo no he prometido tal cosa -sonríe Sirius. James y Peter se miran sin comprender-. Le he prometido que dejaríamos de buscar información sobre los animagos. Y podemos hacerlo, ya tenemos toda la información que necesitamos –Sirius se inclina sobre la mesa para acercarse más a ellos-. Lo de convertirnos en animagos, queridos amigos, es otra cuestión.

-James sonríe.

-Le has engañado.

-No. Sólo le he dicho lo que quería oír.

-Entonces, ¿seguimos adelante?

-Por supuesto. Aunque habrá que retrasarlo un poco... Hasta estar seguros de que Remus no nos vigila.

-De acuerdo.

-¿Peter?

-De acuerdo.

-Perfecto. Entonces lo haremos el viernes. Si algo sale mal tenemos el fin de semana para intentar solucionarlo.

-Tranquilo, Peter -dice James poniendo una mano en su hombro-. Nada saldrá mal.

-Eso espero...

Al final no pueden seguir con el plan. El viernes todavía Remus recela de ellos y los vigila más de lo normal.

"Habrá que retrasarlo" la nota con la letra puntiaguda de Sirius llega el jueves en clase de Pociones. "La semana que viene".

.

-Remus…

Remus despierta de un sueño profundo zarandeado por una mano impaciente.

-Eh, Remus. Remus, despierta.

El chico se sacude el sueño como puede. Le pesa la cabeza más de lo normal y le cuesta enfocar la vista.

-¿James? ¿Qué hora es? -pregunta con un bostezo.

-Las cuatro.

-¿De la mañana? ¿Qué estáis...? -parece espabilarse de golpe-. Dime que no lo habéis hecho. Por favor, James.

-Tienes que venir. Ya.

-¿Pero qué...?

-Te lo cuento por el camino. Vamos, ponte las zapatillas.

Salen de la habitación cubiertos por la capa de invisibilidad y llegan al baño de prefectos lo más rápido que pueden. Nada más entrar, Remus sale de debajo de la capa para enfrentar a Sirius que está sentado en el suelo, cerca de la piscina de las burbujas, rodeado de libros y apuntes y un montón de cosas en frascos que Remus prefiere no saber qué son.

-¡Os lo advertí! -exclama enfadado-. ¿No os dije que algo podía salir mal?

James se acerca con la cabeza agachada. Parece profundamente arrepentido.

-No parecía tan difícil...

-No ES difícil -lo contradice Sirius.

-No, claro, no es difícil -añade Remus-. Sólo es casi imposible. ¿Dónde está?

Sirius se pone en pie sacudiéndose los pantalones.

-Se escondió cuando te oyó entrar.

-¿Peter? ¿Peter, estás ahí?

Los tres se giran al escuchar un ruido que proviene de las duchas.

-Peter puedes salir -La voz de Remus se suaviza-. Vamos, sólo queremos ayudar...

Se escucha un ruido casi imperceptible, como el de algo muy pequeño avanzando. Y entonces Remus lo ve.

-¿Una rata? -pregunta en voz baja para que él no pueda oírle.

-Sí -suspira Sirius también entre susurros-. A nosotros también nos sorprendió.

Pero se calla al ver la mirada enfadada que Remus le dirige.

-Está bien. ¿Y cuál es el problema? James no ha sido capaz de explicármelo.

-El problema es que Peter no es capaz de volver a su forma original.

Remus abre mucho los ojos al escuchar la respuesta. ¿Qué? ¡¿QUÉ?!

-¡Os lo advertí! -grita-. ¡Es que os lo advertí! ¿No os dije que podía salir mal? Os lo dije, ¿verdad?

-Vale -exclama Sirius un poco enfadado-. Ya nos ha quedado clara tu opinión, gracias. ¿Podemos intentar aportar soluciones?

-Calmaros los dos -interviene James en voz algo más baja-. ¡Nos van a oír!

-¡Soluciones! ¡Tú me dirás cómo solucionamos esto!

-Yo ya le he propuesto a Sirius que vayamos a decírselo a algún profesor... -interviene James.

-¡Ni hablar! -salta Sirius.

-¡Pero Peter no se puede quedar así para siempre!

-No se va a quedar así para siempre, James, pero tenemos que intentar solucionar esto nosotros.

-¡Llevamos horas intentándolo y nada ha cambiado!

-No vamos a ir a ver a ningún profesor.

-¡Peter no puede seguir siendo una rata!

-¡SILENCIO!

El grito de Remus los calla de golpe y los dos chicos dejan de discutir.

-Mejor. A ver, yo creo que lo mejor es que vayamos a ver a Dumbledore... -Peter se acerca a los zapatos de Remus y mueve un poco la pequeña cabeza, mostrando así que está de acuerdo con su opinión.

-Si Dumbledore se entera de esto nos expulsarán del Colegio -protesta Sirius.

-Haberlo pensado antes -replica Remus enfadado-. Iremos a ver a Dumbledore en cuanto amanezca. No creo que sea buena idea ir a despertarle ahora. ¿Te parece bien, Peter?

La rata asiente con la cabeza.

-Bien... Pues entonces esperaremos a que sea de día para ir a verle. Y ahora, ¿me explicáis qué ha salido mal?

-Ni idea -protesta Sirius sentándose en el suelo con las piernas cruzadas-. James y yo nos convertimos sin problema, pero Peter se asustó y... no sé, debería de funcionar también con él.

Remus se sienta a su lado.

-¿Por qué no lo intentas otra vez, Peter? -pregunta con suavidad-. No te preocupes, si no lo consigues iremos a ver al Director.

-Eso, Peter, inténtalo otra vez.

La rata da un par de pasitos hacia atrás y asiente con la cabeza. Remus se da cuenta de que ha dejado de temblar. Remus sabe que el problema de Peter son los nervios, tal vez si está más tranquilo…. Peter cierra los ojos y se queda muy quieto.

-No lo va a conseguir -murmura Sirius.

Remus le chista para que se calle.

Pasan unos segundos y, de pronto, la rata desaparece y en su lugar aparece Peter, que los mira sorprendido de haber regresado.

-¡Lo he conseguido! -chilla histérico-. ¡Remus, lo he conseguido! ¡Qué susto he...!

Remus se lo sacude de encima.

-No, Peter. Sigo enfadado. Estoy muy enfadado con vosotros.

-Te has cagado vivo, ¿eh, Peter? -pregunta Sirius.

Peter asiente.

-Creía que sería una rata para siempre... -lloriquea.

-¿Qué coño te ha pasado?

-No lo sé. Me bloqueé. Me asusté muchísimo cuando de pronto vi todo tan grande...

-Pero lo has conseguido, Peter -dice James dándole una palmada en el hombro-. ¿Sabes lo que eso significa? ¡Somos animagos!

Los tres se ponen a dar saltos, ante la mirada reprobadora de Remus.

-Vamos, Remus -le anima Sirius eufórico-. ¿No vas a felicitarnos? ¡Lo hemos conseguido!

-¡Sí! -grita Peter-. ¡Lo hemos conseguido!

Remus se permite el asomo de una sonrisa.

-No sé si felicitaros o retiraros la palabra para siempre...

-Pues lo que voy a hacer yo es darme un baño.

-¿Ahora? -pregunta James subiéndose las gafas.

-Ahora mismo, James. ¿Te animas?

En un segundo los dos han perdido la ropa y se lanzan a la piscina de burbujas. Peter intenta seguirles el ritmo.

-¡Esperadme! -grita mientras se desviste.

James asoma la cabeza recolocándose las gafas mientras busca a Sirius a su alrededor.

-¿Dónde está? -le pregunta a Remus.

En ese momento la cabeza de un enorme perro negro sale del agua justo a su lado.

-¡Joder, QUÉ SUSTO! -grita James.

Pero el perro ha desaparecido y en su lugar hay un chico de brillante pelo negro que se ríe a carcajadas.

-¡Ahora verás, chucho!

Y al instante la cabeza de James se transforma en una enorme y preciosa cabeza de ciervo, que intenta embestir a Sirius con sus cuernos, quien no para de reírse. Con un "chof" una pequeña rata se tira al agua y nada hasta agarrarse al pelaje del ciervo, que persigue al perro, que no deja de ladrar, por toda la piscina.

Es así como Remus descubre cuáles son los animales que le acompañarán durante sus futuras lunas llenas. Un perro, un ciervo y una rata. Junto al enorme lobo gris forman un curioso grupo.

-Remus, ¿vienes?

Con un suspiro empieza a desvestirse.

-Voy…

Pero Remus no se tira al agua hasta que no deja la ropa bien doblada en un rincón.

-Está fría -protesta.

-¿Pero qué dices? ¡Está buenísima!

Y tiene que soportar que Sirius le salpique y que James le agarre del brazo y tire de él hasta que su cabeza desaparece debajo del agua.

-¡Lo hemos conseguido! -vuelve a gritar Sirius.

Y los demás no pueden evitar corearle, felices de haber logrado lo que parecía imposible, contentos de haber alcanzado algo sólo al alcance de unos pocos.

.

Cuando más tarde desfilan bajo la capa hasta la habitación, los tres están exhaustos pero felices. Remus suelta un sonoro bostezo.

-No sé lo que me pasa, pero apenas puedo abrir los ojos...

-Eso es por el brebaje que James te puso en la copa -aclara Peter.

-¡¿QUÉ?!

-No queríamos que nos descubrieras.

-¿Me habéis drogado?

-Sirius dijo que…

-¡¿ME HABÉIS DROGADO?!

-Sólo era un somnífero suave –explica James.

Remus bufa enfadado mientras siguen caminando por los pasillos, en fila india bajo la capa.

Un rato después agarra el brazo de Sirius, que va justo delante de él.

-No debisteis hacerlo, Sirius. No debisteis arriesgaros por mí.

-Claro que sí -murmura Sirius ignorando las protestas de James para que se callen. "¡Nos van a oír!"-. No pensarías que íbamos a dejar que te divirtieras solo las lunas llenas.

Remus suspira.

-Claro, porque las lunas llenas son divertidísimas -replica con sarcasmo.

-¡Chsssst!

-Lo serán a partir de ahora. Se acabó el estar solo.

Remus traga saliva, emocionado.

-Gracias -murmura en un hilo de voz.

-De nada, lobo –sonríe-. ¿Para qué están los amigos?

-No me llames lobo.

-Licántropo entonces.

-¡Habló el chucho!

Remus le da un puñetazo sin fuerza en el costado y Sirius ríe con los dientes apretados.

-¡Silencio!

-Un perro negro -se burla Remus-. En serio, Sirius, ¿no podías haber buscado algo más discreto?

James suelta una carcajada mientras Peter los manda callar de nuevo.

-¿De qué te ríes, Cuernos?

Ahora es Peter el que se ríe.

-Un perro, un ciervo y una rata... ¿No podíais haber elegido algo mejor?

-¡Es que eso no se elige! -protestan James y Sirius a la vez.

-Ey, Peter -ríe Sirius-, ¿te has visto la cola? Podríamos llamarte Colagusano. Y a James Cuernos.

-O Cornamenta -propone Peter.

-O Bambi.

-¿Quién es Bambi?

-Si no os calláis nos van a descubrir.

-¿Y tú, Sirius? ¿Qué tal Grim?

-Canuto -propone Remus.

Los demás se alborotan. ¿Canuto? ¿Estás loco? ¿De dónde sacas eso?

-¿Es que acaso no prestáis atención en Historia de la mitología muggle? Canuto es un sabueso infernal espectral con los ojos rojos y brillantes que habita por algún lugar al norte de Inglaterra.

-Lo de infernal le pega.

-¡Shhhhhh!

-Dicen que anuncia su presencia con suaves pisadas que pueden ser acompañadas por el ruido de cadenas o un rugido feroz mientras la bestia se acerca a su víctima.

Los demás escuchan su explicación en silencio.

-Me gusta Canuto -decide Sirius.

-Demasiado nombre para tan poco perro.

-Calla, Bambi.

-¿Hay alguien ahí?

-¡Filch!

-¡Corred!

-¡No hagáis ruido!

Se tropiezan debajo de la capa, corriendo para escapar del conserje, que parece seguirlos de cerca.

-¡Averiguaré quiénes sois! ¡Os pillaré!. Y os expulsarán. Malditos alumnos, siempre merodeando por los rincones…

Finalmente llegan a la habitación y caen sobre sus camas entre risas excitadas.

-Malditos alumnos –imita James con teatralidad, de pie sobre su cama-. Siempre merodeando…

-Merodeando –le corea Peter.

-Eso somos, merodeadores –exclama Sirius eufórico-. ¡Y a mucha honra!

-Merodeadores –repite Remus.

-Sí –dice Sirius, saltando sobre la cama-. Los Merodeadores de Hogwarts, los señores Canuto, Colagusano…

-Y Cornamenta.

-¿Y tú, Remus?

-Yo no…

-Lunático –y parece que Sirius llevara siglos pensando en ese nombre.

-Eso –se entusiasma Peter-. Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta.

Están tan excitados que esa noche no consiguen dormir, haciendo planes para la próxima luna llena y cuando al fin caen rendidos en sus camas, ya hace tiempo que ha amanecido.

Continuará...