Well, uno más...


De Amor y venganza

Capítulo IX

"Regalo envenenado"

Dev, igual que todos los miembros de su familia, sería incinerado y sus cenizas se quedarían en el Santuario, junto a las de sus hermanos y las de sus padres.

Más de cien personas o weres rodeaban la pira sobre la pequeña colina que se elevaba en mitad de las ciénagas. Los Peltier, los Kattalakis, antiguos refugiados del Santuario, amigos, más de un Dark Hunter y los Winchester; contemplaron en silencio cómo el fuego devoraba el cuerpo del oso. La luna llena se dibujaba nítida en el pantano.

A ninguno se le escapaba la injusticia y el absurdo de esa muerte y de la consecuencia que tendría. Pero había alguien dispuesto a agravar el dolor de los presentes. Alguien que había buscado a un aliado sin escrúpulos para llevar a cabo una venganza inútil.

Un ejército de Daimons encabezados por Stone Blakemore y los miembros de su manada que se habían ocultado de la ira de Savitar, rodearon al grupo.

- Ha llegado la hora de ajustar cuentas – advirtió el lobo dispuesto a convertir la triste ceremonia en un baño de sangre.

Los Winchester dieron un paso al frente. Cuando se trataba de luchar, el par de cazadores estaban acostumbrados a la primera línea de batalla. Pero ésta vez no estaban solos. Puede que estuvieran en una proporción de dos a uno pero cualquiera de los miembros del Santuario o sus amigos, estaban tan preparados para la batalla como el que más.

- Preparaos para reuniros con vuestro amigo.

A una señal del lobo el cerco se cerró alrededor de los Peltier y sus compañeros. Dean Winchester notó que los Daimons estaban armados con pistolas de descargas eléctricas. Bien, él volvía a llevar su propio revólver, que disparaba balas de verdad, si daba en el sitio adecuado los mataría.

- Protege a Samia – ordenó a su hermano, pareciendo el guerrero que siempre había sido.

- Protégela tu, éste es mi trabajo – replicó el más joven desenfundando su espada de Dark Hunter y colocándose a su lado.

- Nadie tiene que protegerme de nada – aseguró la amazona entre los Winchester aceptando la pistola del mayor – se luchar.

- Pues vamos al lío – Sam observó orgulloso cómo su hermano sacaba el cuchillo mata-demonios. Sí, era el Dean de siempre.

Samia sabía dónde disparar, no estaba acostumbrada a las armas de fuego pero era una luchadora nata con una puntería sobrenatural. Con un par de indicaciones del castaño fue capaz de disparar con bastante acierto acabando con un pequeño grupo que acorralaba a Quinn y Rebecca.

Los Winchester optaron por el cuerpo a cuerpo. Con los primeros Daimons no tuvieron problemas, pero un par de lobos se echaron sobre ellos transformándose para aprovechar su mayor velocidad en forma animal y la desventaja de los cazadores en el mano a mano.

Sam consiguió acertar con la espada al suyo que cayó al suelo con un quejido, moribundo. Dean tenía más problemas, su arma tenía menos alcance y otro lobo se unió al primero. Ambos animales saltaron sobre el cazador que perdió su cuchillo y tuvo que defenderse a puñetazos de los mordiscos y zarpazos que le llovían por todos lados.

Sam le quitó a uno de encima y el mayor, rodando sobre sí mismo, por fin pudo recuperar su cuchillo y enterrarlo profundamente en la mandíbula del otro lobo. La pelea se inclinaba a favor de la gente del Santuario pero Stone no tenía intención de irse de allí sin que al menos Remi Peltier se uniera a su hermano Dev.

En los recuerdos del actual líder del clan Blakemore estaba la noche en que el miembro más salvaje de los Peltier despedazó el cuerpo sin vida de su padre. Desde entonces había querido acabar con el Santuario y su gente, pero, sobre todo, quería acabar con el animal que destrozó a Eli Blakemore hasta hacerlo irreconocible.

El oso, en su forma animal, había despedazado ya a un lobo y a varios Daimons. Protegiendo a los miembros más débiles de la manada de osos, y a la chica humana de la que estaba enamorado. Si la mataba sería el peor dolor que podía causarle.

Esquivó a un grupo de contendientes y se lanzó sobre la chica, pero uno de los Daimons de Stryker se cruzó en su camino. Lo reconoció, era uno de los lugartenientes del rey Spathi, Davyn. Pero no había ido en la partida que designó Stryker para ayudarle a acabar con los Peltier y capturar a los Winchester.

El Daimon lo golpeó alejándolo de su objetivo, tenía una fuerza bastante mayor que la de los aliados que había llevado con él.

- ¿Qué demonios haces Spathi? – rugió tratando de devolver el puñetazo – Stryker sabrá de esto

- No si ninguno de vosotros sobrevive para irle con el cuento

Davyn lo atrapó fácilmente, hubiera estrangulado al lobo si otros Daimons no se hubieran metido en la pelea. Uno de ellos creo un portal dimensional y se ocultó en él. No pudo seguirle. Ahora sí estaba en problemas con su Rey y con el resto de su gente. Acababa de convertirse en un proscrito.

No le importó. Estaba cansado de esa vida y sólo había continuado a las órdenes de Stryker todo ese tiempo para ayudar a Urian. Sólo quería encontrar a Roth, que le devolvieran a Benny y largarse de toda esa absurda guerra interminable.

Se deshizo de los demás con la ayuda del mayor de los cuatrillizos Peltier, Cheriff en su imponente forma de oso negro necesitó apenas un par de zarpazos para liberar al Daimon que luchaba de su lado.

Davyn localizó al líder de los asaltantes que, con una idea fija en la cabeza, peleaba con Samia Peltier, la última defensa entre él y Erika.

- ¡Remi! ¡Winchester! – gritó llamando la atención de oso y cazador sobre la parte alta de la colina dónde la amazona embarazada había retrocedido protegiendo a la chica humana.

Viéndose descubierto, la desesperada mirada de Stone dio con una táser que algún Daimon había dejado caer, era su momento, tendría su venganza tal y como ese extraño demonio le había asegurado unos días atrás. Remi le vio coger el arma, el enorme oso se lanzó por él recibiendo una potente descarga que lo volvió humano para obligarle a seguir destellando de oso a persona intermitentemente cada segundo.

- ¡Remi! – chilló angustiada Erika al ver cómo el lobo, lejos de contentarse con la masa indefensa del oso se acercó dispuesto a rematarlo.

El oso estaba perdido. Lo único que permanecía constante en los intermitentes y dolorosos cambios era el odio y la impotencia de su mirada azul. Con una mueca de bestial satisfacción el were-lobo volvió a descargar su arma sobre su indefenso objetivo.

Un lobo negro saltó sobre el cuello de Stone desgarrándolo en un segundo. La batalla cesó cuando el resto de asaltantes comprendieron que su jefe estaba muerto. Los pocos supervivientes se fueron sin haber conseguido nada más que una apabullante derrota y algún herido de poca importancia.

Fang recuperó su forma humana y dio un vistazo rápido a su familia y amigos, todos estaban a salvo, por lo menos mientras el Dark Hunter que limpiaba las heridas de su hermano no muriera sin su alma. La manada Blakemore había sido destruida por completo.

El lobo contuvo los instintos de despedazar el cadáver de Stone. En cierta manera comprendía el odio visceral que había llevado al arcadiano a atacar a la manada Peltier, era el mismo que había llevado a Fang a desgarrar su garganta sin contemplaciones.

Stone Blakemore y su manada no sólo habían amenazado a los habitantes del Santuario, por su culpa Annia estaba muerta y él era un Hell Chaser. Por su causa, la familia Kattalakis y la familia Peltier habían perdido a varios de sus miembros más queridos. Los ojos cobrizos del lobo se cruzaron con los azules del oso que apenas lograba contener sus transformaciones.

Erika corrió a ayudar a Remi. Aimèe le sonrió con tristeza al lado de Samia, escoltadas ambas por los Winchester. La estrechó en sus brazos temblando, por el miedo pasado, por el dolor que significaba aquel ataque para todos los presentes aunque los únicos que habían sufrido bajas eran los atacantes.

- Gracias tíos – susurró a los Winchester que habían luchado como si les fuera la vida en ello.

- Ni lo menciones – replicó el humano cojeando hacia las planeadoras para volver a casa.

- A ti también Daimon – le dijo a Davyn, que apartado, aguardaba a los cazadores - ¿Qué vas a hacer ahora?

- Se queda con nosotros – manifestó Sam Winchester palmeando la espalda de quien debía ser su enemigo natural

- Eso suena raro – Sonrió Aimèe – un Dark Hunter ofreciendo su casa a un Daimon

- Bueno – replicó el castaño echándose el lago cabello hacia atrás – en mi familia no somos muy convencionales que digamos.

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La isla estaba rodeada por una persistente niebla. Benjamin Lafitte se sentó al final del espigón del inútil amarradero para barcos y balanceó los pies sobre el agua recordando los años de piratería y violencia. "Es gracioso" pensó repasando la vida que había conocido antes y después de convertirse en vampiro, primero había sido un contrabandista de los pantanos, luego fue capturado por "el viejo" que lo moldeó como quería convirtiéndolo en un asesino perfecto hasta que se rebeló por amor a una humana, y ahora, su mejor amigo, más bien su único amigo, era el cazador que había matado a Andrea y estaba a punto de provocar un cataclismo de proporciones universales.

Y su mente no podía dejar de ir una y otra vez hacia un muchacho rubio, alto, de ojos color café cuando nunca se había sentido atraído así por un hombre.

Davyn… El vampiro tenía la impresión de haberlo conocido siempre. Quizás el Daimon no mentía, quizás fue el tal Roth en otra vida. ¿Por qué no? Había visto demasiadas cosas como para ser totalmente escéptico.

Escuchó a lo lejos cómo su anfitrión discutía con el oso. Suspiró, sería mejor para Dev Peltier que dejara de abordar de esa manera a Savitar. No parecía un tipo con mucha paciencia y el oso tan sólo era un espíritu del que seguro que aquel tipo podría deshacerse sin problemas.

Eran ya varias semanas allí. Meses quizás. El tiempo transcurría tan lentamente que el vampiro creía a veces que se volvería loco. Era cierto que esto no era el Purgatorio, donde había que pelear por tu vida prácticamente cada minuto, pero tampoco era el mundo real. Y aunque no sentía el ansia de sangre, el tedio era insoportable.

Su único entretenimiento eran las charlas ocasionales con un espíritu cabreado por estar en la misma posición que el vampiro. Estar atrapado allí. Pero al menos tenía noticias de su amigo. Se alegraba al saber que por fin Sam Winchester se había mostrado a su hermano y se alegraba más aún porque Dean hubiera recuperado su antigua forma de ser y fuera capaz de enfrentarse al mundo de nuevo.

Pero no entendía por qué le metían a él en medio, sólo era un simple monstruo, alguien a quien ni cazador, ni were-hunter, ni dios, ni humano dudarían en cortar la cabeza por el bien de todos. El interés de Stryker, de Thorn, de Acheron o del Chthonian era algo que le venía grande. Él no era el envase de un arcángel profanado por la marca de un dios olímpico y provocando una grieta inter-dimensional que acabaría por convertirse en un agujero negro si no la cerraban.

Dev salió volando, en forma de oso, por encima de su cabeza, y cayó al mar justo delante de él, empapándolo. Savitar debía haberle provisto de materia, como hacía cuando le molestaba el rato suficiente. El were-hunter volvió a su forma humana y braceó hacia el embarcadero.

- No es que no me divierta ver osos volando – dijo el antiguo pirata agarrándolo de un brazo para ayudarle a subir al embarcadero – pero tío, vas a acabar mal si sigues así.

- ¿Mal cómo? – los ojos azules del oso se perdieron en el horizonte desesperados - ¿Muerto?

- Sé que esto es desesperante tío, pero, perdiendo la calma no vas a conseguir nada

- Mi esposa está ahí fuera, sola, morirá cuando dé a luz y ni Savitar con todo su condenado poder podrá salvarla de ser una sombra – rugió con furia – tengo derecho a perder la calma.

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Habían pasado semanas desde la muerte de Dev Peltier, los Daimons habían desaparecido del mapa así como los últimos supervivientes de la manada Blakemore que habían escapado a la ira de Savitar. En el Santuario se acostumbraban a la pérdida presente y la que se produciría en unos meses tratando de hacer esos días más llevaderos para Samia, que ahora era el centro de todas las atenciones.

No sólo la familia de Deveraux estaba pendiente de ella cada minuto del día. Dean Winchester había tomado como una misión fundamental cumplir cada encargo, petición o mera indicación de la amazona. El cazador pasaba los días en el restaurante-bar ayudando en todo lo que podía, sirviendo mesas, arreglando el almacén, haciendo de electricista… Incluso había estado de portero un par de veces desde la reapertura del local.

Tanto el humano como Fang se culpaban a sí mismos de la muerte del oso. Prácticamente se evitaban el uno al otro, y no porque temieran las recriminaciones o pensaran que acabarían discutiendo. No. Se evitaban porque eran incapaces de enfrentarse sin bajar la mirada y sentirse la peor basura del mundo. Uno por haber sido salvado a costa de las vidas de sus cuñados y el otro porque sabía cómo se sentiría de haber estado en su lugar.

Aimèe ya no sabía que decir o que hacer para que su marido cambiase esa dañina culpa por el duelo natural de toda tragedia. Sam Winchester tenía el mismo problema, con el agravante de que Dean nunca supo reaccionar bien ante este tipo de situaciones, y que las premoniciones sobre su propia muerte eran cada vez más frecuentes e intensas como para ocultarlas satisfactoriamente.

Pero no eran los únicos a los que esas semanas se les había convertido en una auténtica tortura. Davyn se había convertido en un fugitivo. Había sido visto en compañía del mayor de los Winchester cuando fue atacado por los lobos de Blakemore y en el funeral de Dev Peltier. Eso, a los ojos de su rey le convertía en un traidor.

Pero no era eso lo que atormentaba a uno de los pocos Daimons capaces de andar a la luz del día. No sabía nada de Benny. Había dado su lealtad a Acheron a cambio de que este protegiera al vampiro pero no tenía modo de saber si la reencarnación de Roth estaba a salvo.

Sólo tenía la palabra de Ash, y aunque sabía que la palabra del atlante era irreversible eso no le garantizaba que Benny estuviera bien.

Davyn se había recluido a sí mismo en la casa de Sam Winchester. Había pasado todo ese tiempo sin pisar el exterior y sin ver la luz del sol. Su único ejercicio se reducía a entrenar junto a los extraños hermanos que le habían acogido.

La escudera, Erika, había puesto el grito en el cielo cuando supo que había otro habitante más en la casa. No sólo porque era un hombre más bajo el mismo techo sino porque iba contra la lógica, iba contra las leyes de los Dark Hunters, en concreto con la que decía que "Ningún Daimon escapa con vida". Pero tras los primeros días de recelos y dudas se acostumbró a él.

Davyn era extremadamente amable, educado, elegante. Podía conversar con ella de cualquier tema y su conversación no se reducía a los exabruptos de Dean Winchester o a la falta de interés de su jefe. Ahora le estaba ayudando con las tareas de las clases de arte griego clásico que recibía en la Universidad.

Estuvo corrigiéndole una traducción que ella había creído de diez y no había conseguido ni el aprobado del profesor Alexander. Con naturalidad, y sin presumir de sus conocimientos, el nuevo inquilino de "Casa Winchester" le explicó los errores cometidos.

- Eres la demostración de que no todos los tíos buenos son unos capullos – dijo agradecida, porque, venga, su trabajo no había sido como para ser ridiculizada delante de toda la clase, si había preguntado el porqué de su nota era porque quería aprender no porque pensara que el profesor la había puntuado mal adrede.

- Yo no estoy interesado en… - malinterpretó el cumplido entornando los ojos asustado.

- Y también eres la demostración de que todos los tíos guapos, detallistas, amables y educados son gays…

- ¡Ah! – Davyn se quedó sin saber que decir

Dean Winchester que llegaba de su tercera visita de la mañana al Santuario, se partía de risa en la puerta. Erika lo fulminó con la mirada, tenía los dos ejemplos de su teoría sobre los tíos guapos allí mismo, "el capullo y el gay", aunque con el pecoso quizá tuviera los dos casos en uno, nah, nadie tan bruto podía ser gay.

- Tu novio está en la puerta, no ha querido interrumpiros – el condenado Winchester tenía serias dificultades para aguantar la carcajada – creo que está celoso

Y rompió a reír incontrolablemente. Davyn esbozó una sonrisa confundida mientras Erika ponía a caldo al cazador, lo más bonito que le dijo fue capullo insensible, eso sí, alzó tanto la voz que el oso olvidó su pequeño ataque de celos y volvió a entrar creyendo que la muchacha tenía problemas.

- ¡No te soportoooo! – recogió todos sus libros y sus apuntes y salió muy digna por la puerta esquivando a Dean – Idiota… Vámonos Remi.

Remi, desconcertado, la siguió. El Winchester se dejó caer junto al Daimon que no comprendía a qué venía tanto jolgorio.

- Así que eres gay – le miró como si acabara de conocerlo y se echó a reír otra vez

- Cuéntame el chiste – murmuró molesto

- No, déjalo, no lo entenderías… - se retrepó en el sofá y miró al techo – vosotros, los chupa almas, ¿bebéis algo aparte de sangre?

- Si, aunque no lo necesitamos…

- ¿Un whisky? – no esperó a que le respondiera, cogió dos vasos y le dio uno – dime que pare

- Para – tenía más de medio vaso lleno

- Uh, sí que bebéis…

Él se sirvió una cantidad similar y volvió a sentarse a su lado. Davyn se puso nervioso, había algo en la postura del cazador, en la forma de beber…

- Dime qué mierda haces aquí, amigo – el Daimon se atragantó ante la inesperadamente ruda pregunta – Ok, respira, y ahora contesta.

- Yo, no entiendo…

- Es sencillo, llevas aquí más de un mes, ¿por qué?

Estaba claro que el Winchester no iba a dejar de interrogarle sin una respuesta satisfactoria. El problema era que Davyn no lo sabía, sólo aceptó la oferta de Sam y, de momento, no tenía dónde ir.

- Si te digo que no lo sé pensarás que me burlo de ti ¿no? – preguntó girando el vaso entre las manos.

- No, eso lo entiendo, no tienes dónde ir, eres un traidor a los tuyos y probablemente este sea el único lugar del universo dónde no eres el más raro, no es eso – Dean se rascó el cogote, nunca había sido un orador – quiero saber por qué me ayudaste y porqué aceptaste la oferta de Sam.

- Tenemos un amigo común.

- Si, ya me lo dijiste, Acheron

- No, Benjamin

Al humano ese nombre no le decía nada. Le miró extrañado. Davy se puso tenso, ¿Por qué el Winchester parecía tan sorprendido? ¿Había metido la pata? ¿No debió mencionar el nombre actual de Roth?

- ¿Benjamin? – preguntó el pecoso tratando de hacer memoria, quizás era alguien a quien hubiera ayudado en el pasado - ¿te dijo de qué me conocía?

- No, estaba contigo, hace unos meses, cuando vigilábamos el hospital intentando localizar a tu hermano – el Daimon vio cómo el rostro del humano se endurecía, temió que se volviera violento

- Quieres decir Benny ¿no? – no le estaba mirando de frente, le estaba costando controlar su furia - ¿De qué lo conoces?

Las manos del cazador se crispaban alrededor del vaso cuando preguntó. Su mirada era puro hielo y Davyn presintió el porqué. Dean Winchester no creía su historia, adivinaba que había mucho más que no le contaba aunque su intuición iba en otra dirección.

- Lo conocías de antes – Afirmó rotundo - ¿Tuvo algo que ver con la transformación de Sam?

- ¡No! Te juro por lo más sagrado que no tuvo nada que ver con este embrollo – pero el cazador no le creía – te lo juro, soy un Spathi, que mi alma vague perdida por toda la eternidad si te miento.

- Pero lo conocías de antes…

- A otra versión de su alma, sí.

Se lo contó, le contó quién había sido Benny hacía más de diez mil años. Y ese humano le creyó, sin más, confió en su palabra como sólo Roth y Urian habían hecho, sin necesidad de pruebas, sin tener que demostrar nada.

- ¿Me crees? – era más una exclamación de sorpresa que una pregunta.

- Si, no tienes pinta de estar mintiendo – se encogió de hombros Dean - ¿Qué pasó con Benny? ¿Le dejaste escapar?

- No, alguien se lo llevó para obligarme a tenderte una trampa

- Bien – asintió el humano como si fuera algo lógico – pues vamos

- ¿A dónde? – los ojos del Daimon se abrieron como platos al comprender lo que su nuevo amigo estaba diciendo - ¡No! No es necesario, hice un pacto con Acheron, él se ha encargado…

- Pero aún no has visto a Benny

- No.

- ¿Y cómo sabes…?

- ¿Qué el líder de los Dark-Hunters ha cumplido su palabra? Tú no le conoces, en diez mil años Acheron no ha faltado a su palabra, no puede hacerlo, si lo hiciera moriría, es su naturaleza – explicó Davyn

- Entonces ¿Qué es lo que te preocupa?

- Se nota que no sabes lo que es el amor – replicó el Daimon – Sé que está bien, y eso me tranquiliza, pero ahora soy un fugitivo en todos los frentes, puede que no vuelva a verle, puede que… me maten antes de volver a verle otra vez.

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Sam Winchester acabó su ronda nocturna con el mismo resultado que en el último mes y medio. Ni un solo Daimon, ni un solo demonio, nada…

Había evitado unos cuantos atracos a turistas, había ayudado a algún incauto por adentrarse en zonas peligrosas de la ciudad… poco más que eso. Y las pesadillas aumentaban, se volvían más virulentas, incluso en alguna ocasión, drenaban sus poderes de Dark Hunter.

Tenía el presentimiento de que la breve tregua hasta que tuviera que dejar a Dean, se acercaba demasiado rápido a su fin.

- Hola Sasquatch – el hola enervó al cazador, reconoció la voz enseguida – teníamos una conversación pendiente, ¿recuerdas?

El demonio presentaba mucho mejor aspecto que la última vez que lo vio. Elegantemente vestido de negro, como era habitual en él, sacó una caja de madera del abrigo.

- Vengo a traerte una ofrenda de paz muchacho – dijo sin lograr eliminar por completo la ironía de esas palabras - ¿Sabes qué es esto?

La caja no era demasiado grande. Crowley la abrió y le mostró el interior. No necesitó que le explicara lo que era. El demonio la cerró y se la entregó sin más.

- ¿Qué ganas con esto Crowley?

- La posibilidad de detener la destrucción total Sam

De todo el absurdo encuentro, lo que más impactó al Winchester era que la ladina criatura le hablara con respeto. El demonio sólo los había ayudado o había actuado con ellos de buena fe en dos ocasiones, cuando les facilitó el colt en su intento fallido de acabar con Lucifer y cuando les entregó su sangre para acabar con el líder de los leviatanes. Aunque, ninguna de esas dos ocasiones había terminado como habían previsto.

- ¿Dónde está la trampa?

- Oh, Sammy, me romperías el alma, si la tuviera – se hizo el ofendido – pero no tengo tiempo para la diversión muchacho, no hay trampa, es tuya. Si murieras en esta dimensión y te convirtieras en sombra el mundo implosionaría en el mismo lugar dónde sucediera. Tienes que recuperar tu alma, lo más pronto posible.

- Sabes que es imposible según las reglas de Artemisa

- Tengo un trato con la guapa y tonta pelirroja Sam, ella me entregaba tu alma y yo encontraba a alguien lo suficientemente chiflado y enamorado de ti para que te salvara…

- No…

- Sí, ¿quién si no?

- No puedo arriesgarme, no se lo pediré.

- Escucha bien antes de soltar tu soplido hipo-huracanado – Crowley no contaba con esa negativa, y eso le crispaba los nervios – es la única oportunidad que tenemos, y es la única forma de liberarte de tu servidumbre. ¿Realmente quieres ser una marioneta de una diosa mezquina el resto de tu vida? No nos queda mucho tiempo, la grieta se expande, cada vez hay más vacío entre esta dimensión y la nuestra. No sé cuánto tardará en irse todo al carajo y la única oportunidad que tenemos de pararlo es que Don Inútil te devuelva tu alma.

- Pues escúchame tú ahora Crowley – replicó el cazador – Si mi muerte provoca esa implosión instantánea entonces es una idea pésima lo de hacer que Dean me devuelva mi alma.

- Te juro que puede

- Va a fracasar Crowley, lo he visto. Y no había ninguna implosión catastrófica por medio. No-te-cre-o – silabeó furioso

- Está bien, da igual, quédatela – el demonio desapareció de su vista

Estaba amaneciendo, y para mantener en secreto su capacidad de andar a la luz del día (ahora era tan sólo un rumor pues Acheron se había encargado de ello), volvió a la casa esperando que Dean estuviera durmiendo.

Esperanza vana. El mayor de los Winchester no dejaba de darle vueltas al relato de Davyn. Siempre había odiado que le ocultaran la verdad y siempre se la habían escamoteado de una forma u otra. Presentía que había algo gordo que nadie le contaba, algo que tenía que ver con Sam. Lógico, cada vez que tenía la menor expectativa de que las cosas podían mejorar ocurría algo que lo empeoraba todo mucho más.

- Hola Sammy – le dijo a su hermano cuando entraba en el búnker sin hacer el más mínimo sonido, creyendo que estaba dormido

- ¿No te has acostado? – encendió la luz y vio al pecoso sentado en el suelo, en un rincón, rodeándose las rodillas con los brazos - ¿Qué ocurre?

- Dímelo tú

- Dean… - se sentó a su lado, en el suelo, codo con codo – dímelo tú

- No me copies Sammy, no estoy de humor

- Dime por qué no estás de humor y si se algo al respecto pues te lo digo.

- Si… claro – lo peor de saber que está pasando algo malo, algo que no te quieren contar es imaginar lo inimaginable, y para Dean sólo hay una cosa inimaginable – Davyn, mi captura, la de Fang, la muerte de Dev Peltier… todo eso es por ti, ¿verdad?

Sam suspiró, cansado de ser siempre el monstruo, el que lo fastidia todo, el desencadenante de la destrucción. Asintió sin mirar a su hermano y sin explicarlo.

- Lo he sabido siempre Sammy – el tono de disculpa del pecoso sorprendió a su compañero – cuando volví a verte recuperé mi vida, ahora entiendo por qué no me buscaste en el Purgatorio, es difícil moverse si estás muerto por dentro… pero siempre supe que no duraría Sam, porque nunca dura, sólo te pido que no me dejes atrás.

- ¿Qué quieres decir? – pero sabía perfectamente lo que quería decir

- No me obligues a continuar sin ti – suplicó

Para el castaño era algo terrible ver a su hermano suplicar así, porque tenía que negarse. Dean tenía que vivir, al menos él tenía que vivir.

- Dean…

- Por favor… - Sam suspiró ahogadamente cada ruego se sentía como una piedra en el corazón – por favor

Sacó la caja y se la enseñó. El pecoso la abrió y vio la piedra, pulida, grabada con un doble arco atravesado por una flecha, hizo ademán de tocarla y Sam cerró la caja.

- No debes tocarla aún – explicó – esta piedra contiene mi alma, te quemará si la tocas y podrías dañarla.

- ¿Aún más? – preguntó el pecoso

- ¡Dean! – le riñó – sabes cómo funciona esto de las almas, los were-hunters te lo dijeron, debo perder mis poderes y morir y entonces el amor de mi vida debería acercar la piedra a la marca de mi cuerpo y sostenerla ahí hasta que recuperara la vida y me volviera humano de nuevo.

- Y Jessica murió… - Sam se alegró de que su hermano pensara en la pobre chica que había pagado las culpas de su búsqueda de la normalidad, eso lo apartaría de la idea de Crowley que no estaba dispuesto a compartir con él

- Exacto – respondió aparentando disgusto.

- ¿Cómo la has conseguido?

- Eso no es lo importante Dean, de todas formas ahora no nos sirve de mucho.

Se levantó y la guardó en la caja fuerte. No quería ocultarle la verdad, pero no tenía otra opción. No soportaba el vacío, el dolor del pecoso en sus pesadillas. Cada vez estaba más aterrorizado y no era por la idea de la muerte sino por el daño que iba a causar a Dean.

- Tenemos que encontrar a Benny – murmuró Dean cambiando de tema inesperadamente

- Oye, me parece bien que tengas a un vampiro por amigo y puedo admitir que quizás tenías razón al confiar en Benny, pero no veo porqué tendríamos que buscarlo, se marchó por su propia voluntad cuando…

- Lo sé – recibió con una sonrisa irónica lo que a todas luces era una demostración de celos – pero las cosas han cambiado.

Le contó la historia de Davyn y su amigo en pocas palabras. Sam asintió, comprendía que necesitara saber si estaba bien. Se tragó sus celos, Benny era una baza más que podía usar para reconstruir de nuevo al mayor cuando se fuera. Casi funcionó antes de que le encontrara y con todos estos nuevos amigos había más posibilidades.

- No, ahora no… - susurró reconociendo el aura que acompañaba a sus visiones.

La luz parpadeante e intensa que taladraba su cerebro como puñaladas le borró de la vista la habitación y lo devolvió al salón, arriba, estaba anocheciendo…

- No vas a salir, no sin tu inmortalidad de Dark Hunter – Dean se interpuso entre él y la puerta

- No tardaré en estar bien

- ¡Has soñado con esto, no dejaré que cruces esa puerta!

Dean no se iba a apartar y él no podía permitir que el mayor se interpusiera porque no le había dicho toda la verdad, trató de esquivarlo y no pudo.

- Es aquí Dean, ahora – el disparo del rifle acertó en mitad del pecho tras hacer estallar los cristales de la ventana

- ¡Nooo! – rugió el mayor cogiéndole entre sus brazos

- Tranquilo, tranquilo Dean – murmuró con la boca llena de sangre

- Te tengo, te tengo Sammy, te pondrás bien…

Samia entró junto con Benny y en un destello Acheron se materializó junto a ellos con la jodida caja en la mano, la caja que no iba a funcionar. Trató de pedirle que no lo hiciera, que no le diera la caja a Dean, pero se estaba muriendo.

- ¡Eres un puto Dios! ¡Cúrale! – gritó Dean fuera de sí

- No puedo, pero tú si puedes, con esto – le entregó la caja

Sam ya no podía hablar, no podía ver, sólo escuchar cómo el mayor siseaba de dolor, percibir el hedor a carne quemada. Había cogido la piedra y sintió algo junto a su corazón, una tibieza, una calidez. Unos sollozos desesperados. Una voz de mujer que trataba de consolar a la única persona que siempre había amado. Oscuridad

- Te tengo, te tengo Sammy – le dijo Dean arrodillado en el suelo, junto a él, abrazándolo

- Estoy bien – se retiró bruscamente, lamentándolo enseguida al ver cómo fallaba estrepitosamente en ocultar la enésima puñalada emocional

- Vale – se levantó fingiendo creerle – creo que voy a desayunar algo, ¿Quieres un café?

- Dean… lo siento

- No tienes por qué sentirlo – sonrió amargamente – sólo decirme cómo lo quieres

- ¿Eh?

- El café

- No hagas eso – pidió, "Dios ¡cómo puedo ser tan torpe cuando se trata de Dean!" – No finjas que todo va bien…

- ¿No es lo que quieres?

- Dean…

- Me vas a gastar el nombre

- ¿Con doble de crema y vainilla? – Se acercó reteniéndole junto a la puerta, pidiéndole perdón con la mirada

- Eres una nenaza, pero si es lo que quieres

- Sólo ha sido una pesadilla Dean, sólo eso

- Una pesadilla que te ha dejado vulnerable Sam, ahora mismo podrían matarte – levantó la mano y le retiró el flequillo de la cara – echaba de menos el color de tus ojos.

Continuará_