Pensamientos en Cursiva.
Términos japoneses:
Bocchan: Joven Amo.
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La mansión Phantomhive amanecía en todo su esplendor. Los pajarillos cantaban, el día soleaba, Pluto destruía la mitad del jardín con Finnian intentando detenerlo, Maylene quebraba un juego carísimo de porcelana, Bard intentaba cocinar con su nuevo lanzallamas compacto y Tanaka tomaba su acostumbrada taza de té en un rincón olvidado…
Mentira.
El día era gris debido a la tormenta de nieve nocturna que cubrió a Inglaterra con su frío. Los pajarillos estuvieran bien refugiados si no es que congelados por el invernal viento, Pluto estaba encerrado, y Finnian, junto a Maylene y Bard estaban en la cocina cuchicheando.
Quizás lo único cierto sería Tanaka con su té japonés en su rincón olvidado.
No deseaba moverse. Estaba ahí, quieto, con las sábanas cubriendo todo su cuerpo desnudo y amoratado, con las manos bajo la almohada, totalmente entumecido.
Con los labios fruncidos debido al desprecio.
Sabía que pronto llegaría, quizás en unos pocos segundos más. Estaba seguro de que vendría con su característica sonrisa cínica para correr las cortinas y levantarlo con un "¡Buenos días, bocchan!" que casi siempre le irritaba.
Vendría, lo sabía. Como también sabía que lo que iba a hacer no serviría de nada.
Pero no perdía nada con intentarlo, más que el movimiento y algunos segundos de su tiempo. No perdía nada con intentar sacar de su humillado cuerpo algo de esa asquerosa sensación.
El sonido de la puerta siendo abierta, más el de unos pasos ingresando a la habitación y no pudo controlar su impulso.
El disparo resonó en toda la mansión.
¡Lo sabía! ¡Sabía que no serviría de nada! El maldito lo había esquivado con una facilidad insultante y estaba seguro de que la sonrisa socarrona pronto haría aparición para humillarlo todavía más.
Pero, para su extrañeza, el demonio seguía allí, con la cabeza ladeada, dejando entrever el orificio en el que se incrustó la bala, serio… inalterable.
El duelo de miradas se hizo presente.
Sebastián sabía que su Amo amanecería con un humor de perros, que probablemente le despotricaría en la cara sus actos, quizás le diera vuelta el rostro con una cachetada, pero jamás se imaginó que nada más pisar esa alcoba, su Amo sacaría el arma que ocultaba bajo su almohada y le dispararía directamente a la sien. Le tomó una milésima de segundo ladear la cabeza para evitar la bala, pero ya había pasado un minuto y todavía no podía salir de su asombro.
Su bocchan realmente deseaba matarlo.
Y el nudo que estaba en su pecho se hizo más grande y pesado conforme pasaban los segundos. Pero él era un mayordomo de la familia Phantomhive y como tal, este tipo de escenas sólo debían ser causa de amonestación, quizás burla.
Pero algo en la mirada de ese niño le cerraba la boca.
Intimidación. ¿Quién diría que él, un demonio de alta categoría, se vería intimidado por un mocoso?
Lo bueno es que nadie más que él era testigo de sus pensamientos.
—Gran puntería, bocchan —comentó con calma, aunque se mantuvo en el lugar. El niño seguía mirándole con esa mueca que al demonio se le tornaba despreciable. Trató de hacer caso omiso y caminó hacia las cortinas para correrlas dejando circular el aire fresco, mas, nuevamente, tuvo que mover su rostro bruscamente cuando otro disparo quiso perforarlo. Otra oportunidad para burlarse, sin embargo, algo le hacía callar. Algo no le dejaba provocar al otro, algo le instaba a mantenerse quieto y…
…Soportar.
Siguió con su tarea de quitar las sábanas y preparar el baño. Ciel bajó el arma hacia sus piernas desnudas y esperó a que el demonio se apareciera por la puerta para llevarlo a bañarse. Cuando el mayordomo abría la boca para que lo acompañara, Ciel disparó tres veces más. Sebastián se hartó del juego y con rapidez desvió el cuarto disparo haciendo que Ciel cayera en la cama con el demonio encima. Para el mayor, el volver a tener ese pequeño cuerpo a su merced le hizo perder la concentración por milésimas dejando que el Phantomhive pudiera asestar un tiro en el hombro del avatar que gracias a ello logró recuperar la conciencia y quitarle el arma al menor. Y éste, al verse sin la pistola no pudo aguantar sus rugidos de frustración.
—¡Maldito depravado! ¡Cómo te atreviste a obligarme!
—No exagere Bocchan, no es algo nuevo para usted —Una fuerte y sonora cachetada le dio vuelta el rostro. Era el primer golpe que le dolía tanto e ignoraba el porqué.
—¡Eres una basura inútil!
—¿Basura? —susurró con desprecio—. Es usted el que está manchado de su propio semen, mi Señor.
—¡Suficiente! ¡No quiero que te me acerques con esas ideas, Sebastián! ¡No volverás a tocar mi cuerpo con esas asquerosas manos, es una orden! —vociferó con el símbolo del contrato brillando en su pupila derecha.
Sebastián sentía el horrendo pulsar del tratado que estaba en su mano. Nunca antes había negado una orden, pero esta vez no quería cumplirla. Era la primera vez que deseaba algo de forma tan egoísta y sin embargo, su estética le hizo pronunciar las palabras consagradas.
—Yes, my Lord.
—¡Ahora, lárgate!
El demonio quiso replicar a pesar de saber la respuesta. —Pero su baño…
—¡LÁRGATE!
—Sí, Amo.
Solo en su habitación, Ciel observó los agujeros hechos por su pistola, la cama revuelta y su cuerpo marcado con semen y sangre. Con el dolor pulsando por cada región de su cuerpo entró en la bañera lista y se sumergió con rapidez, tomando la esponja y tallando con fuerza cada marca que el demonio se encargó de hacer. Se hundió una, dos… diez veces y por fin las lágrimas no aguantaron más cayendo por el rostro de un niño que sollozaba ahogado por su desmenuzado corazón.
Y Sebastián con su fino oído recuperado, continuaba con su pose estoica observando la puerta de aquella alcoba donde hizo suyo a quien debía servir, escuchando ese llanto tan patético y lamentable del que alguna vez fue un niño que confiaba ciegamente en él. Y el ahogo junto a la ansiedad de sus músculos que deseaban llegar hacia el chico para al menos confortarlo con su presencia, se incrementaban, dejándole una amarga sensación en la garganta.
Y con la mirada fija en la bala que brillaba al quedar atrapada en la puerta comprendió como se llamaba la sensación que le embargaba.
Impotencia.
A ver, queridas y queridos míos.
Tengo una jaqueca monumental por culpa de un resfrío de verano (la gracia y molestia está en que ya casi finalizamos el verano). Ya tengo avanzados otros dos capítulos pero esto de jugar con la "J" me está dando hastío. Y comprarme un teclado inalámbrico no está en mi presupuesto por ahora. Y así y todo no quiero dejar este proyecto igual que me pasó con "El Valor de ser Rubio" que a pesar de tener un capitulo avanzado no me atrevo a publicarlo porque lo siento insulso y falto de ese mínimo de emoción que debe tener alguna de mis historias.
Espero publicar pronto para que pueda responder sus comentarios con rapidez.
Cuídense y nos leemos pronto.
