Capítulo 10: Cumpleaños
-Esto es aburrido para mí, ¿lo sabías? –dijo Thalia, mientras cerraba el libro que le pasé para leer.
-¿Entonces para qué te ofreces a ayudarme? –le pregunté, concentrada en mis notas.
-Lo mismo me pregunto –susurró-. Oye, deberías esperar el momento en que Black te muestre su rostro por sí mismo.
Suspiré y cerré el libro que estaba estudiando.
-No puedo –admití derrotada-. Es un misterio, necesito investigar.
-Pero no hemos averiguado nada. Y tú te has leído todos los libros de la Casa Grande.
-Lo sé.
Reinó el silencio por unos minutos.
-Pero es que no entiendo por qué no hay información sobre la guerra contra Cronos de la que habló Black. Estoy segura que si investigo eso sabré quién es él. –Me levanté frustrada, mirando la biblioteca de la Casa Grande. Había muchos libros (todos en griego), pero ninguno hablaba sobre esa guerra en específico.
-¿Qué has averiguado?
Me volví asustada.
-Luke –grité-, no aparezcas de repente.
-Lo siento –dijo, levantando las manos. Últimamente estaba de mal genio por no encontrar información, pero mis amigos igual me aguantaban. Los quería más por eso.
-Annabeth hizo una línea de tiempo –dijo Thalia, señalando mis notas. Luke las miró.
-¿Francia? –preguntó.
-Sí. El juramento de reconocer a todos los semidioses se hizo después de la guerra contra Cronos, pero no sé cuándo fue la guerra. Me concentré en el juramento –le expliqué, mientras señalaba mis notas-. Antes de que los dioses llegaran a Estados Unidos, estaban en Francia. Ya sabes, la revolución Francesa, la Ilustración. Pero, en ese tiempo el juramento no había sido hecho...
-¿Cómo lo sabes? –me interrumpió Luke.
-Sale en un libro sobre el campamento. En ese tiempo, hace más de doscientos años, había doce cabañas dedicadas a los dioses. Hestia ni Hades eran considerados dentro de los Olímpicos y no tenían trono en el Olimpo. Y Los hijos de los dioses menores tenían que quedarse en la cabaña de Hermes.
-Eso calza –reconoció Luke-. Black dijo que esos niños no reconocidos fueron los que se aliaron a Cronos.
-No me imagino un campamento con sólo doce cabañas –dijo Thalia, mirando el techo.
-Eso es porque no tienes imaginación –se burló Luke. Thalia lo miró con el ceño fruncido.
-Entonces –interrumpí-, los dioses se mudaron a América y su influencia nos permitió la Independencia. El punto es que, cuando se construyó el campamento, se construyeron todas las cabañas que hay hoy y ningún semidiós se quedó sin ser reconocido. Ah, y mágicamente Hades y Hestia tenían tronos en el Olimpo.
-Entonces el juramento ocurrió al llegar a América –dijo Luke.
-O antes de partir de Francia –declaré-. Creo que es lo más probable, porque las guerras son de varios años y tenían que reunirse los semidioses suficientes.
-Algo difícil si veían llegando al país –terminó Thalia.
Luke se quedó mirando las notas con el ceño fruncido.
-¿Y no hay información sobre ese periodo? –preguntó.
-No, nada –le respondí.
-Black dijo eso. Que tal vez los dioses querían olvidar que eso ocurrió –recordó Luke.
-Debe haber pasado algo muy malo para que afecte así a los dioses –susurró Thalia.
-No ganamos nada con quedarnos aquí –declaró de improviso Luke-. Tienen que despejarse, luego las ayudaré a seguir investigando. Además, hoy es un día especial, ¿recuerdan? Los Stoll prepararon fuegos artificiales para celebrar el cuatro de julio.
Había estado tan concentrada en la investigación que había olvidado el día en que se celebra la independencia de mi país.
Recogí mis notas y ordené los libros con ayuda de Luke y Thalia, y luego salimos de la Casa Grande.
-Escuché que los de Hefesto y Apolo también van a usar fuegos artificiales –dijo Thalia, mientras atravesábamos el área común de los catorce dioses principales.
-Sí –respondió Luke-. Como muchas cabañas querían participar terminó transformándose en una apuesta...
Íbamos pasando frente a la cabaña de Poseidón y percibí una brisa marina. Algo hizo que me detuviera. Había dejado de escuchar mí alrededor y sólo veía la entrada a la cabaña del dios del mar.
-¿Quieres saber? –escuché una voz risueña. Una voz que ya había escuchado antes.
Mis pies se movieron de forma mecánica hacia el interior. Sentí como si me transportara a otra dimensión.
De pronto, varios chicos pasaron a mi lado. Iban lento y en silencio, tratando de contener la risa. Todos tenían características parecidas: el joven que parecía mayor, de unos veinte años, tenía el pelo negro muy revuelto y los ojos azules como un río claro. Una muchacha tenía el cabello rojo y los ojos verde mar. Otra chica, más joven que la primera (diecisiete años tal vez), tenía el cabello negro liso y los ojos verde pantano. Un chico, de unos dieciocho años, con el cabello negro y los ojos azules como el chico mayor. Y finalmente, un muchacho de quince o dieciséis años, con el cabello castaño claro y los ojos verde mar.
Estaba segura que estaba en la cabaña de Poseidón de algún otro tiempo, porque todos los chicos llevaban ropa antigua y se notaba especialmente en los largos vestidos de las chicas.
Los hijos de Poseidón se acercaron a una cama que seguía ocupada por un pequeño bulto, al que sólo se le percibía el largo y desordenado cabello negro.
Creo que ya había visto eso antes.
-¡Feliz cumpleaños, An! –gritaron los chicos, haciendo saltar a la niña de su cama.
Ahora recordaba. Era la misma niña con la que soñé hace poco más de medio año, el día del cumpleaños de Thalia. Honestamente, no había vuelto a pensar en ese sueño.
Los chicos fueron abrazando a la niña, An, uno en uno.
-¿Y mi hermano?
Definitivamente necesitaba saber francés si iba a seguir soñando con esta niña.
De pronto alguien pasó por mi lado, sorprendiéndome.
Era el chico que había visto en el sueño anterior, el hermano de la niña. Aunque todos los de esa cabaña se supone eran hermanos, pero esos dos se parecían mucho.
El chico llevaba un pastel azul en sus manos y se lo acercó a su hermana con una gran sonrisa, igual a la que tenía ella. El pastel tenía siete velas encendidas que la niña sopló luego de cerrar los ojos y pedir sus deseos.
Todos los hermanos hablaban alegremente y compartieron el pastel. El chico se sentó junto a su hermana, quien se sentó en sus piernas y lo abrazó. Y, al igual que la primera vez, la niña dirigió su mirada hacia mi (esta vez estaba segura) y me sonrió entre los brazos que la envolvían. Su sonrisa y el ambiente de hermandad me hicieron sonreír.
-¡Annabeth! ¡Annabeth!
Volví a sentir mi cuerpo de golpe y me senté apresurada en... ¿el suelo? ¿Qué hacía ahí?
-Annabeth, ¿estás bien? –me preguntó Luke, mientras examinaba mi rostro.
Estaba confundida, pero me las arreglé para asentir con la cabeza.
-¿Qué pasó? –escuché que preguntaba Quirón, mientras se acercaba junto con Thalia. Mi amiga parecía muy preocupada.
-Íbamos a ver los fuegos artificiales y Annabeth de pronto se detuvo y se desmayo –dijo Luke.
Vaya, entonces también soñé el acercarme a la cabaña de Poseidón.
Miré a mí alrededor. Ya empezaba a oscurecer, pero las antorchas iluminaban el campamento. A mi lado, las piedras de la cabaña de Poseidón brillaban de un color verde coral.
-Annabeth. –Miré a Quirón-. ¿Qué pasó?
Volví a mirar a la cabaña de Poseidón, indecisa de contarle sobre mis sueños.
-Sólo fue un sueño –le dije finalmente.
-¿Un sueño? ¿Te quedaste dormida caminando? –preguntó Thalia.
-No es un sueño común –les expliqué-. Creo que hay alguien que se quiere comunicar conmigo. Alguien de la cabaña de Poseidón.
Todos me miraron extrañados.
-Eso es imposible –declaró Quirón.
-Vi un recuerdo de unos hijos de Poseidón celebrando el cumpleaños de una niña. Su nombre es An.
Los ojos de Quirón se abrieron impresionados.
-¿Estás... segura? –me preguntó.
-No mucho. Parecen de la época en que los dioses estaban en Francia, por lo que no entiendo lo que dicen.
Quirón se cubrió la cara con una mano e inclinó la cabeza.
-¿La conoces? –preguntó Thalia. Él no respondió, pero estaba segura que si conocía a la niña. Después de todo, él había estaba entrenando a todos los semidioses desde hace miles de años.
-Quirón –le dije-, no es primera vez que sueño con esta niña. Por favor, ¿la conoces?
Después de unos minutos pensé que no me iba a responder, pero se quitó la mano del rostro, reflejando mucha tristeza.
-Sí, la conocí –dijo apesumbrado-. No sé por qué sueñas con ella, pero no vas a encontrar información sobre su existencia. Y, Annabeth, no la vuelvas a mencionar, especialmente a otros dioses.
-¿Pero por qué? –le pregunté-. Parece una niña muy buena.
-Lo fue, al igual que... al igual que su hermano. Eran los favoritos de Poseidón, incluso los demás dioses los apreciaban... Pero tuvieron un final muy trágico. Un final tan abrupto que cortó lo que el destino les tenía preparado.
Quirón dirigió su mirada hacia el mar, mientras una lágrima se arrastraba por su mejilla.
-Y hoy, cuatro de julio, ella estaba de cumpleaños...
