Capítulo 10: "Déjame Intentar."
– Ten. – exclamo el profesor Kakera extendiendo la mano con un sobre sostenido por los dedos observándolo impasible, extrañamente, ya que casi siempre miraba a las personas ceñudo e irritado como si la sola presencia de alguien más que él, lo molestara.
Inuyasha frunció el ceño al ver el sobre blanco y dirigió una mirada recelosa al director del establecimiento quien lo observaba con los brazos cruzados sobre el pecho serio a todas luces, esperando que él tomara el sobre. Lo habían mandado a llamar casi cuando las clases comenzaron ésa tarde, extrañado –ya que, hasta ese día no cometió ninguna infracción– fue hacia la oficina del director cauteloso de lo que le fueran a decirle. Y para su sorpresa, en la habitación se encontraban el profesor "carente de sexo" de pie, el director también de pie pero solo que detrás de su escritorio, Sesshoumaru –para su sorpresa, imaginándose que era más que grabe en lo que se había metido si su medio hermano se encontraba allí– tan glacial como siempre, más otro hombre que se encontraba sentado del lado contrario del director mirándolo como si lo inspeccionara de traje impecable.
– Buenas tardes – vacilo al decirlo, cuando entro en el habitación, observando a los presentes receloso. – mire director, Shigumi, aun no he hecho nada, lo del vidrio ya lo pagué asique no me pueden decir nada porque aun no rompí ninguna regla y… – farfullo a la defensiva.
– ¡Compórtese, Taisho! – le mascullo prepotentemente el profesor Kakera para acallar al chico haciéndolo dar un leve respingo y mirarlo con ceño apretando los puños a los lados de su cuerpo. – ¡él director aun no ha dicho nada de él porqué lo llamo a su despacho…!
– Ya, Kakera, deja, Taisho esta más que acostumbrado a que lo llamemos aquí para regañarlo por su comportamiento que para otra cosa, es normal que se comporte así. – lo detuvo el director con calma.
Un profundo silencio invadió el lugar provocando la tención en el cuerpo de Inuyasha quien le lanzo una mirada escéptica a su medio hermano que se encontraba a un lado del profesor Kakera. Sesshoumaru lo observo impasible con su acostumbrada mirada glacial y no hizo ni movió un solo músculo desviando la mirada a un lado señalando con la mirada al director.
«Maldición. ¿Qué abre hecho?»
– Por favor, Taisho, siéntese. – señalo la silla vacía que se encontraba a un lado del hombre de traje que seguía escudriñándolo con la mirada de pies a cabeza. Él obedeció aun observándolos a todos con desconfianza mientras tomaba asiento.
– ¿Para qué han mandado a llamarme? – les dijo ya yendo al grano.
– Ten. – le dijo el profesor Kakera extendiendo el sobre blanco…
Y así había comenzado todo.
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Se debatió por largo rato en comerlo o no comerlo. Observo inquisidora la envoltura con pequeñas letras y una carita que le sonreía esperando casi que le dijera: "¡cómeme!". Se mordisqueó el labio inferior dubitativa. ¿Comerlo o no comerlo? Esa era la cuestión. ¡Ahh! ¡Qué desesperante! Suspiro apesadumbrada estirando el labio inferior hacia delante mientras encorvaba la espalda sentada en el pupitre. Él se lo había regalado y como decía la nota: "y también espero que con este chocolate se endulce tu día."
Puso los ojos en blanco.
Claaaaro, que también en la nota decía que lo perdonara…
¡Qué aria! ¡Qué aria! ¡QUE ARIA!
Suspiro una vez más, pero sonoramente, cerrando sus ojos y dejando la cabeza inclinada hacia un lado, jugueteando distraídamente con el papel de la envoltura de ese delicioso chocolate. Quería comerlo, con la misma intensidad como no quería, sabía que ese sería un lindo recuerdo de que Inuyasha Taisho había pedido su perdón, ahh… era como si él estuviera a sus pies y rogara porque ella lo perdonara. Sonrió feliz tirándose hacia atrás dejando su espalda afirmada en el respaldo de la silla mientras soltaba risitas tontas. ¡Inuyasha quería su perdón! Y ella… y ella… ¿Qué aria? Dejo de sonreír súbitamente observando hacia el frente quieta como una estatua… oh, por Kami Sama…
«Kagome Higurashi… ¿Qué aras?»
Canturreo una vocecita en su interior.
Perdonarlo era lo correcto. Sí, bien, eso lo sabía. Aunque hacerlo pagar un poquito por el sufrimiento que le hizo pasar tampoco sonaba mal. Bien, estaba en un dilema… por un lado tenia lo correcto y por el otro lado estaba lo… ¿incorrecto? ¡ARG! ¡Qué coraje! Se desplomo en la dura y fría madera del pupitre escondiendo su cabeza entre sus brazos, frustrada ya. Ella no era de las chicas que hacían sufrir a otro por placer, ella mejor que nadie conocía lo que era el dolor de sentirse rechazado y casi invisible a los ojos de la persona que se quiere, no era nada lindo sufrir por un amor que no correspondía.
«¿Pero quien dijo que él estaba enamorado de ti?»
Cierto. Pero de todas maneras el dolor era parecido como la indiferencia, y ella no disfrutaba ver a otras personas sufrir, no encontraba placer en hacer sufrir a otro, como tampoco se convertiría en ellos, porque si lo pensaba un momento ella estaría comportándose igual a esas que hacían sufrir a los otros solo por venganza. La venganza era mala, y casi siempre se vuelve contra uno mismo.
Bien, lo perdonaría, ya estaba decidido… pero… pero no dejaría que se acercara a ella con otras intenciones, aun tenía algunas secuelas de ese dolor que paso en la semana. Contemplo la envoltura del chocolate que tenía en las manos una vez más y sonrió débilmente. No lo comería hoy ni mañana, lo guardaría hasta que llegue el momento oportuno de comerlo, de todas maneras esas cosas se conservaban bien.
El timbre retumbo en sus oídos haciéndola respingar levemente por el repentino estruendo del sonido. Con los pelos de punta observo como sus compañeros se levantaban de sus asientos y salían seguidos de la profesora al receso, suspiro para tratar de calmarse llevándose una mano al pecho sintiendo como su corazón latía presuroso por el susto que ambos se llevaron. Se ladeo para un lado de su silla, cuando se sintió mejor, buscando su maletín y guardar el chocolate que Inuyasha le dejo en su casillero, escucho la puerta corrediza abrirse pero no se volvió para ver quien entraba al salón, tampoco le importaba ya que sus pensamientos flotaban rememorando a un joven de ojos dorados como los ojos de un felino dispuesto a acechar a su presa. Sonrió al imaginárselo estando aun embobada en sus pensamientos mientras giraba el cuerpo hacia el frente…
– Hola. – saludo con una sonrisa repentinamente haciendo que ella chillara despavorida por verlo de súbito enfrente de ella, en cuclillas teniendo los antebrazos posados en el pupitre. El susto fue tan brusco que Kagome corrió estrepitosamente la silla hacia tras haciendo que ésta rechinara lastimera, corriendo el pupitre que se encontrada detrás de ella hacia atrás provocando que se cayera al suelo estruendosamente, lanzando las hojas, lápices y demás cosas por los aires hasta caer al suelo.
Inuyasha observo boquiabierto el desastre que provocó en menos de un minuto. Alzo su mirada para encontrar la de ella aun aturdida y con los ojos desmesuradamente abiertos.
– Creo que te asuste. – murmuró antes de soltar una carcajada inocente.
Kagome aun con los pelos de punta lo fulmino con la mirada.
– ¡¿Por qué te apareces así?! ¡Casi me matas del susto! – le grito furibunda.
– ¡Hey, Hey! Tranquila, no sabía que estabas concentrada en algo.
– ¡Pues ahora lo sabes! – gruño incorporándose de golpe mirándolo desde su altura ya que él estando en cuclillas era más pequeño que ella. Lo fulmino con la mirada y fue hacia donde había arrojado las cosas de Yuka ya que era ella quien se sentaba detrás de Kagome.
Se inclino para levantar el pupitre pero le costó horrores ya que era demasiado pesado y se había enganchado en algún lugar que no advirtió. Furiosa de no poder levantarlo gruño ejerciendo más fuerza pero fue imposible… hasta que vio las manos de él del otro lado del pupitre. Alzo su mirada al observarlo quedando embelesada ante la cercanía de sus rostros.
– Déjame enmendar mi error. – le susurró con una suave sonrisa en los labios que la dejo embobada. Sin mucho esfuerzo, pudo acomodar el pupitre en su lugar mientras que ella lo observaba contemplado lo lindo que se veía ese día en especial. Le regalo una sonrisa al tiempo que terminaba de acomodar el pupitre arrancándole el aliento cuando sus ojos se clavaron en sus pupilas. – ¿puedes levantar las cosas que arrojaste o eres demasiado débil para hacerlo? – bromeo.
Entonces su ensoñación termino.
¡Tenía que arruinarlo todo! ¡ARG!
– ¡Claro, que puedo! solo que con el pupitre se me hizo difícil. – replico alzando los útiles de la arpía de su compañera.
– Sí, claro, como digas.
– ¿No me crees? – inquirió con un tono que advertía el límite de la paciencia que se estaba acabando.
Inuyasha rió por lo bajo y no contesto su pregunta mientras que ambos recogían las cosas del suelo. Ya casi no quedaba nada más que un lápiz, cuando él lo estaba por levantar choco con la pequeña mano de ella quien la retiro enseguida aturdida del solo roce de su piel. Sus mejillas se tiñeron de un suave carmesí mientras que su mirada estaba clavada al suelo, cuando quiso excusarse y despegar sus rodillas del suelo sintió la cálida mano que se poso en su mejilla obligándola sutilmente a que alzara sus ojos hacia él.
Sus miradas se encontraron.
Sin entender aún como lograba dejarla sin aliento lo observo aturdida como si estuviera en trance, perdiéndose en esos ojos dorados que eran tan cálidos y profundos que parecían colarse en su alma sin siquiera esfuerzo.
– Qué… ¿Qué haces aquí…? – murmuró, incapaz de alzar un poco más la voz.
Él sonrió suavemente acercándose un poco más a ella, mientras movía su dedo pulgar acariciando esa cremosa piel blanquecina que parecía mas suave que la seda.
– Vine a preguntarte… si te gusto el chocolate que deje para ti en el casillero… y también – respondió con la voz ronza pero suave, golpeando el rostro de la chica con su aliento cálido. Provocando que se estremeciera. – quisiera saber si me perdonas… ¿me perdonas?
Su corazón pareció dar un respingo tan alto al perderse en esos ojos ámbares que la hicieron estremecerse mirándolo casi suplicante ¡que se apiadara de ella! la estaba matando sin saberlo de puro nervio, tenerlo así de cerca la dejaba aturdida e incómoda ¡y más cuando preguntaba cosas como esas! ¿Tan importante era que respondiera si lo perdonaba o no? ¿Por qué…? ¿Por qué era importante? Abrió la boca para responder percatándose del acercamiento suave del chico hacia su rostro observándola minuciosamente como si quisiera descubrir algo… algo que ni ella entendía.
Bajo sus brillantes ojos al suelo, rompiendo el contacto con su piel clavándolos en el pecho del joven, mirando la chaqueta negra con los primeros botones desabrochados, como siempre.
– ¿Para qué quieres que responda esa pregunta? – musito sin mirarlo.
Inuyasha enmudeció. Alzo las cejas sorprendido de que ella le respondiera con otra pregunta. Maldición. Él, que pensaba qué ella le respondería de una buena vez por todas, suspiro algo resignado al notar que esa chiquilla era muy diferente a las demás, las otras no se comportarían como ella, era más que seguro que se tirarían a sus brazos chillando emocionadas diciendo que ¡claro que lo perdonaban! o las mas descaradas, qué aprovecharían la cercanía de su rostro para robarle un beso. Puso sus ojos en blanco. Todas esas mocosas eran las que siempre estaban dispuestas a sacarse la ropa y compartir la cama con él siquiera una noche… seeh esas eran las que siempre lo acompañaban… pero ahora, eso era diferente, estaba tratando con otra clase de chica que jamás se había cruzado en tosa su adolescencia. Kagome, era… era diferente, era más cálida algo tímida, extrovertida, decidida… sensible… ella era de otra galaxia de otro mundo, que cuando sonreía lo dejaba anonadado.
Cerró sus ojos, y sonrió de lado arrojándose hacia atrás pesadamente en el suelo cruzando sus piernas flexionadas.
– La que tendría que responder primero eres tú, ya que fui yo quien pregunto anteriormente – dijo observándola acusador, vio como ella se tensaba y abría sus ojos de par en par como si estuviera nerviosa. – Tranquila. – rió. – No pienso obligarte a que me respondas ahora, lo dejaremos para después, y yo responderé primero para que después no tengas excusas que poner antes de responder ¿te parece?
Kagome abrió la boca para negarse pero el poso un dedo sobre sus labios acercándose hacia ella inclinado hacia delante, siendo consciente que pronto el receso terminaría, pero por suerte estaban resguardados por los pupitres del salón.
Ella lo observo temerosa, y expectante a su respuesta, trago con dificultad y asintió contemplando la arrogante sonrisa de Inuyasha.
– Quiero que me respondas mi pregunta porque… – alejo su dedo y tomo aire, como si le costara hablar. Clavo su mirada en sus pupilas mirándola serio… muy serio. – Porque me gustas… demasiado… – sentencio. Kagome dejo de respirar observándolo primero impasible, luego aturdida y después en shock, sintiendo como mil sentimientos revoloteaban en el interior de ella provocando que de pronto todo comenzara a dar vuelta, que su corazón diera vuelco al oírlo declarase. No creía en lo que sus oídos escucharon, no entendía él porque él decía aquello. No entendía que hacía en ese lugar SOLA con él. – es raro para mí que diga esto, ya que todo el mundo conoce mi reputación y como de seguro sabes solo una vez… me declare a alguien…
– A Kikyuo. – término la oración ya mirando hacia el suelo, con la cabeza inclinada hacia delante sintiendo una profunda incomodidad al recordar a la novia.
Inuyasha la contemplo confundido.
– ¿Conociste a…?
– Ni siquiera nos conocemos bien… – lo interrumpió. – solo compartimos un par de palabras, nada más. – musito con reflexión. Arrugo la tela de su falda sintiéndose más que incomoda, con las mejillas furiosamente teñidas de carmesí, y los ojos brillantes. Por unos momentos casi no respiro sintiendo como los latidos de su corazón retumbaban en los tímpanos de sus oídos por la inesperada declaración de Inuyasha, pero, cuando comenzó a hablar de su declaración todo eso se fue a la basura recordando lo que se decía cuando él termino con su ex novia…
– Ya toda la escuela lo sabe – le explico Eri. – como es de costumbre y porque sabes que él es el chico más popular de toda la institución. Muchas chicas se ofrecieron a consolarlo, pero él se negó diciendo que no quería mas relaciones por un buen tiempo, lo único que aria seria tener aventuras, pero nada mas (obviamente no quiere compromisos.)
– Pero Kagome eso…
– Inuyasha… – lo llamo, observando esos ojos dorados realmente bellos. Sentía una angustia en el pecho que le dolía cuando quería respirar para darse valor. – como tu dijiste, todos conocemos tu reputación… y aún se rumorea que solo piensas en las aventuras y nada serio… yo no quiero tener una aventura con nadie, lo que quiero es tener a alguien que solo me quiera a mí y que no me lastime con… – suspiró, cerrando sus ojos como dejando que un poco de su tristeza escapara con su respiración, los abrió y lo soltó de una buena vez. – con engaños.
La observaba con la mandíbula semi abierta, incrédulo, a que ella le dijera esas cosas. Sabía que esa chica era de otra galaxia. Parpadeo cuando notó que ella no se encontraba enfrente de él sino a un lado de su pupitre observándolo con la mirada entristecida, llena de dolor, apretando los puños como si contuviera algo por dentro. Sin esperar nada más, él se incorporo del suelo sin dejar de observarla hasta que ella esquivo su mirada ladeando la cabeza observando la puerta o la pizarra. Lo que Kagome le había dicho no era mentira, ambos sabían que eso era verdad –y como dolía– pero no podía –desgraciadamente– volver el tiempo y corregir sus palabras. Cuando se rumoreaba el fin de la relación que tuvo con Kikyuo dijo aquello para que lo dejaran en paz ya que no quería más compromisos porque le dolía mucho el adiós de su ex… de su novia… de la que fue su novia… aunque…
Hizo una mueca ante el incomodo silencio que existía entre ellos, ladeando la cabeza hacia la dirección contraria de la que lo hizo Kagome.
Metió las manos en los bolsillos del pantalón. Ella en verdad era diferente a las mocosas de su edad… y quería a alguien que no jugara con sus sentimientos como lo aria él. Que mal concepto que tenían sobre él, pero bien, se lo merecía por ser tan mujeriego –sonrió sacudiendo su cabeza– a veces las curvas llamaban más la atención que las sonrisas, ya que la sonrisa que tenía esa chiquilla que estaba a solo un metro de distancia, lo cautivo de una manera que ninguna mocosa de su edad logro provocar en él. Kagome provocaba sensaciones raras y se sentía… de una manera inefable. Suspiro observándola con su mirada de cochorro mojado, dolido de que ella tuviera un mal concepto de él porque en realidad quería algo con ella y no pensaba sobre sexo… quería… quería…
«Quieres que sea tu novia…»
Tenía que lograr que ella cambiara de opinión sobre él, tenía que lograr que ella se enamorara de él, ahora más que nunca estaba decidido a que Kagome se enamorara de él, necesitaba poder tocar sus labios sin permiso de nadie, necesitaba sentir su mirada sobre él con esa calidez que solo Kagome lograba, la necesitaba de una manera que por un momento lo incomodo. Dispuesto a aclarar las cosas se acerco cautelosamente hacia la chica deteniéndose detrás de Kagome quien ni siquiera lo observo y siguió con su mirada clavada en la pizarra abstraída de lo que pasaba a su alrededor.
– Yo no miento. – le susurró desde atrás, cerca de su oreja, provocando que se estremeciera por ese acercamiento tan repentino y que no lograra moverse por lo paralizada que la dejo. – no niego lo que afirmas, como tampoco miento sobre que me gustas… tú de verdad me gustas.
Con sutileza afirmo una de sus manos en la estrecha cintura.
– Cuando se rumoreaba sobre que solo aceptaría relaciones pasajeras, lo dije para que las chiquillas descaradas como tu amiga no me persiguieran, y tengo que decirte que por un momento mi intención fue ésa, hasta que… – la acerco a él, moviendo delicadamente su mano de la cintura hasta su estomago dejándola así atrapada con ambos brazos, provocando que su corazón latiera vigoroso y que dejara de respirar por lo conmocionada que la dejo. –… te vi en ese pacillo y comencé a mirarte con otro ojos… eres una maldita bruja que me hechizo con su sonrisa. Desde hace días que no dejo de pensar en ti… Kagome, créeme… me gustas demasiado.
– N-no… I-Inuyasha… – musito como un sonido agónico sin dejar de tartamudear. Estaba tan temerosa como emocionada de tenerlo cerca, nunca había estado con ningún chico tan cerca como lo estaba con Inuyasha y eso la hacia sentirse algo incomoda ya que no sabia como reaccionar. Las rodillas comenzaron a temblarle horrorosamente mientras que sentía como los bellos de su cuello y brazos se erizaban ante el aliento húmedo de Inuyasha rozarle el cuello.
– Por favor – prosiguió sin escuchar el quejido de ella, estrechándola suavemente y dejando sus labios en el delicado cuello femenino. – déjame intentar… demostrarte que en verdad me gustas y que no te voy a defraudar… déjame intentar… por favor.
Continuar…
N/A: ¡tengo una buena excusa para no haber actualizado el Domingo! ¡De verdad! Ó.Ò verán… mi Internet anda mal… muy mal… no se que le pasa y aún ahora sigue fallando. Snif… snif… sorry, no era mi intención demorarme tanto.
Bien, ahora a las dudas que tienen algunas. El fic aproximadamente (no estoy segura) va a tener 17 caps. Es muy probable, tenía pensado primero en quince pero creo que no va a poder ser ya que aun algunos cabos están sueltos n,n. Otra cosa, el fic…hasta ahora, no va a tener lemon ¿Por qué? Bueno, ya lo descubrirán jeje es que pienso escribir una secuela de este fic n,n mmm… ¿Qué mas…? ¡Ah! No creo actualizar mucho esta semana, perdón, pero ya cierran notas y yo no ando bien en nada de eso jeje n,ñ síii… irresponsable a full. También, lamento que Kagome pareciera "patética" como me dijeron, es verdad que llora mucho, y no creo poder excusarme con nada sobre eso, de todas maneras, voy a intentar que se parezca mas a la Kagome que todos conocemos y no salirme de "contexto". Y por ultimo… no entendí mucho lo que quisiste decirme Debora Anabel n,ñ en el review estaría agradecida que si lees esto me explicaras, porque estoy en duda todavía n,ñ
La nota me quedo más larga que las de costumbre, bueno las lectoras tenían dudas y yo tenia que decir un par de cosas n,n no les hago perder más el tiempo y… ¡nos leemos en la próxima! ¡Alioz!
REVIEWS!
Dulce…
