Capítulo nueve:

(Tai)

Nos encontrábamos en el campo. Había cogido el coche y a Agumon para irnos un día alejados de todo el mundo. Quería disfrutar de mi digimon y de todas sus digievoluciones, ya que además me interesaba saber hasta que nivel podía subir. Después de todo, lo de ese chico podía ser una trampa y quería estar preparado.

Ya habíamos conseguido que fuera Greymon, pero por más que lo intentara estaba costando bastante que subiera más de nivel. Y si esto seguía así nunca conseguiría llegar a WarGreymon, que era el que más me interesaba ahora mismo.

Los dos digimons que vimos peleando parecían muy fuertes y necesitábamos el nivel supremo para poder ganarles. Si no conseguía que Agumon fuera a su última digievolución le preguntaría a Izzy sobre el tema.

—Vamos, inténtalo—insistí—. Solo un poco más…

—Ya lo hemos intentado, Tai—dijo él—. No puedo… ¡Y no lo entiendo!

—Yo tampoco—admití, dándole una patada a una piedra—. Llamaré a Izzy.

Saqué el móvil, pero entonces la mano de Agumon, que al parecer acababa de dejar de ser Greymon, me cogió la mano y me obligó a que no llamara.

—¿Qué pasa? —pregunté, dudoso.

—No quiero molestar a alguien solo porque no pueda digievolucinar—respondió.

—Pero a lo mejor es un problema mayor—repliqué—. Mejor enterarse de lo que sucede.

Agumon negó con la cabeza. No tuve otro remedio que guardarme de nuevo el móvil en el bolsillo y esperar a que mi digimon quisiera saber algo más. Yo no podía quedarme con la duda, era demasiado nervioso como para esperar horas y horas sin saber nada.

Empecé a caminar sin importarme a donde me dirigía. A unas malas, y como se podía, Agumon podía digievolucionar y desde esa altura llegaba a ver el coche, que no lo había aparcado muy lejos.

—No tiene nada de malo que llamemos—dije, al cabo de unos minutos—. Después de todo Izzy es el único que sabe de estas cosas. Creo que la mejor idea sería preguntarle.

—A lo mejor es solo una tontería—murmuró Agumon—. A lo mejor…

—¡Ve al grano! —exclamé, angustiado.

—Como hace mucho que no estoy en la Tierra todavía no estoy acostumbrado…—murmuró él—. Tendría que esperar un poco.

—No creo que sea eso—dije yo—. Sería mejor llamar a Izzy…

—¡Qué no! —cortó él—. Quiero solucionar mis propios problemas sin necesidad de nadie. Esto solo es una tontería.

De pronto comprendí lo que le pasaba. El por qué no quería saber que le sucedía de verdad, no quería que otras personas supieran que no podía digievolucinar.

—Seguro que no eres el único al que le pasa—murmuré.

—Ya, seguro…

—Qué sí—insistí—. Mira, vamos a averiguarlo.

—¿Qué vas hacer?

—Le mandaré un mensaje a Matt preguntándole si a Gabumon le ha pasado algo raro, y no diré nada de que tu no puedes, ¿te parece bien?

Agumon asintió y yo sonreí. Al menos se le había quitado la cara de tristeza y ahora esperaba noticias. Esta vez sí me dejo sacar el móvil y mandarle un mensaje a mi amigo Matt.

Le mandé: Hola Matt. Según tengo entendido ahora todos estamos con nuestros digimons menos Mimi. Tengo una duda, ¿has intentando hacer digievolucionar a Gabumon?

Esperé a que recibiera un mensaje de él, mientras que algunas cosas me venían a la mente. Recuerdo que el día de la fiesta llamé a Matt para que viniera y él se negó, pero luego vino y parecía muy contento por su elección. Su vida había cambiado, pero me parece que quiere cambiar.

Todavía recuerdo el día en que Sora vino a mi casa, llorando. El día que había dejado a Matt por algo que me sorprendió y mucho. La lleve hasta mi habitación y hablamos, mientras que mis padres se habían ido de viaje.

Nos sentamos en mi cama y ella lloró un buen rato en mi hombro. Desde que entró a mi casa y me mostró su rostro de tristeza no dije nada, le dejé un paso para que pasara y empezamos a hablar.

No iba a forzarla a que me contara que había sucedido. Pues tenía claro que la mujer que amaba estaba con mi mejor amigo y yo en eso no tenía nada que ver. Si Sora había elegido a Matt era por que ella quería, yo ya no podía hacer nada.

Pero ante todo eso seguía siendo mi amiga, y por eso siempre estaba con ella cuando me necesitaba, como en estos momentos.

¿Estás bien, Sora? —pregunté, abrazándola.

Matt…—sollozó ella—. Me ha engañado.

¿Cómo? —mi voz sonó sorprendida; y aunque en parte me alegraba no dejaba de sufrir, ya que Sora seguía llorando—. ¿Te ha engañado con otra…?

Sí, los encontré en la cama… juntos—se notaba como le costaba, y mucho, responder a esa pregunta; la abracé con más fuerza.

En mi mente pasaron todos los momentos en que me había lamentado porque ella había elegido a Matt. Pensaba que para mi amigo ella era todo, que la cuidaría y trataría muy bien y jamás la engañaría. Pero me había equivocado y bastante, seguía sin creerme que Matt hubiera sido capaz de esto.

¿Pero… por qué? —era una pregunta tonta, pero me salió—. ¿Durante estos días le has visto raro o algo parecido?

Sí…—susurró ella—. Nunca estaba conmigo se iba con su banda y… y se podía decir que se portó mal. Pero esta noche, cuando volví a casa le encontré con otra.

¿Y cuándo te vio… qué te dijo?

Que estaba cansado de tener una relación estable—y volvió a llorar—. No me atreví a coger mis cosas ni nada, solo me vine corriendo hacia aquí. Lo siento, Tai, necesitaba hablar con un amigo.

La furia se fue apoderando de mí poco a poco. Sora se apartó un poco de mí y me miró a los ojos con cariño.

No quiero que hagas nada, Tai—pidió—. Además—añadió—, ni siquiera quiero que se lo cuentes a nadie. Haz como si esto jamás hubiera ocurrido, yo me inventaré otra cosa, como que le dejé yo. No creo que Matt diga lo contrario. Por favor, compórtate con Matt y los demás como si esto no hubiera ocurrido.

Lo intentaré—mascullé.

Tai…—suplicó ella.

De acuerdo—suspiré—. Lo haré. Haré como si esto nunca hubiera ocurrido.

Gracias—y me abrazó de nuevo—. Eres un buen amigo.

Esa noche se quedó a dormir en mi casa, en la habitación de Kari. Mientras que yo no había podido conciliar el sueño en mi cuarto en toda la noche. Pensando en lo que había sucedido y lo que iba a hacer a partir de ahora.

Pero se lo había prometido y por eso iba a hacer como si ella nunca hubiera estado aquí. Aunque supiera la verdad y tuviera unas ganas de golpearle a Matt.

—¡Tai! —gritó Agumon, que ahora estaba a mi lado—. ¡Tai!

Fue tal el susto que me caí al suelo y me di un fuerte golpe. Al haber estado tan atento recordando el pesado me había olvidado por completo del presente. Aunque era cierto que todavía tenía algo de esos recuerdos en el presente. Algún día me hartaría de verdad y le soltaría a Matt lo estúpido que fue.

Por eso ahora Matt y Sora están tan rancios a hablar cada uno con el otro. Y lo entiendo, ya que el daño que le hico mi amigo a Sora no se cura rápido.

—Lo siento, Agumon—sonreí—. Solo recordaba.

—¿El qué? —preguntó él.

—Nada, cosas mías—respondí—. Mira, ya he recibido un mensaje.

Miré el mensaje y se lo enseñé a Agumon, para que sus ánimos y ganas de seguir intentándolo volvieran a sumergir de su pesimismo.

De Matt: Sí, lo hemos intentado. Pero no entiendo que pasa, Gabumon solo llega a la etapa de Garurumon. ¿A Agumon le pasa lo mismo?

Por un momento me vino a la mente preguntarle el por qué. Por qué había echo eso cuando se suponía que estaba enamorado de Sora. Pero luego recordé la promesa que le hice y preferí no hacer nada.

Le contesté: Sí, le sucede lo mismo. Pero Agumon no quiere que llamemos a Izzy para preguntar, ya que piensa que será al no haber estado en la Tierra durante mucho tiempo… Espero que pronto puedan, ya que sino no podremos derrotar a esos digimons. Nos vemos, Matt. Hasta mañana.

No me apetecía tener una charla con él por teléfono mediante mensajes. Ni siquiera tenía ganas de caminar. Lo que quería era volver a casa (que ahora era la casa compartida con Davis) Y sentarme en el sofá para pasar el rato y esperar a mañana para presentarme en la cita donde íbamos todos.

—Vámonos, Agumon—dije, empezando a caminar hacia atrás.

—¿Ya? —preguntó—. Pensé que querías explorar un poco.

—No tengo ganas—admití—. Quiero volver a casa.

—Como quieras—se encogió de hombros—. Volvamos, pues.

(Davis)

Me quedé un rato observando a Ex—Veemon. Hacía tanto tiempo que no veía a mi digimon de esta forma que me emocione y nos pusimos a volar por el cielo. Eso sí, nos fuimos por el mar y bastante algo para que nadie nos viera.

—Hay algo que no entiendo—dije después de unos minutos—. Has conseguido digievolucionar a Ex—Veemon. Pero… Nada de Flamedramon y Raidramon. Así que debo entender que nada de digihuevos a partir de ahora.

—Puede que dentro de unos días si puedas—comentó mi digimon, sin darle importancia—. Yo con poder digievolucionar a algo me conformo. Eso de solo ser Veemon empezaba a ser aburrido, y me sentía débil.

—Bueno, pero ahora demostraremos que somos fuertes—sonreí.

Me encantaba poder volar de nuevo en el hombre de digimon. Ahora tenía más edad, sí, pero a veces me gustaba comportarme como el niño de antes. Eso de ser mayor es demasiado estresante. Yo echo de menos cuando íbamos al digimundo, y no nos importaba pagar un alquiler u otras cosas.

—Davis, ¿podemos volver? Tengo hambre—dijo Ex—Veemon.

—¡Cómo puedes tener hambre! —grité—. Si solo hará un par de horas que comimos, y fue pizza. La pagamos entre Tai y yo.

—Pues tengo hambre—replico este—. No hay enemigos ni nada para luchar, y si estoy aburrido me entra hambre.

—Vale…—suspiré—. Volvamos entonces. Pero como comas tanto me vas a dejar sin ahorros.

—Te recuerdo que en tu casa no soy el único digimon comilón—río.

—En eso tienes razón—admití.

Después de eso, mi digimon hico una voltereta y fue un rumbo hacia mi casa. Me hubiera gustado seguir volando un poco más, ya que, para admitirlo, la resaca se me iba un poco cuando volaba y me daba el aire en plena cara. Menos mal que ya había pasado unas horas y el dolor de cabeza no era tan fuerte.

Lo primero que hicimos al llegar al tejado de mi casa, fue que Ex—Veemon volviera a ser Veemon. Y luego bajamos por las escaleras de emergencia. Pues no queríamos atraer la atención de nadie, y por eso ahora Veemon estaba sobre mi cabeza, como si fuera un peluche muy bien sujeto.

—Odio hacer esto—murmuró él.

—Ya, pero ayer las personas vieron una batalla contra dos digimons—dije—. Es normal que si te ven tengan miedo. Prefiero esto a que venga toda la policía a mi casa a hacerme un interrogatorio.

—Sería mejor contarles la verdad, ¿no? —opinó.

—Nos tomarían por locos—reí—. E iríamos al manicomio.

Cuando entramos me sorprendió ver a Tai. Pensaba que iba a estar bastante tiempo afuera con su digimon. Incluso yo tenía pensado no volver hasta tarde, pero como la tripa de Veemon no conocía límites, había tenido que volver antes.

Saludé a Tai con la mano y me dirigí a la cocina para hacer dos bocadillos. No es que tuviera mucha hambre, pero sabía que en cuanto le viera a él comer me entraría la envidia y me tocaría hacerme algo.

—Que sea grande—exclamó Veemon.

—No seas tragón—reí—. Lo mejor es con una barra de pan partirla por la mitad y ya está. Ya que yo también voy a comer.

—¿Y si los otros dos tienen hambre? —preguntó.

—Pues que bajen a por otra barra de hambre—respondí—. Que siempre me toca a mí bajar al horno y comprar la comida. Y eso que casi ni la toco. En eso tienes razón, Tai y Agumon son más comilones que nosotros.

Hice los bocadillos enseguida y nos dirigimos al sofá. Donde nos sentamos y empezamos a comer mientras veíamos la tele, un canal que había puesto Tai y que era entretenido. En eso nos parecíamos bastante, ya que nos gustaba lo mismo de la tele y por eso no discutíamos.

—Una pregunta, Davis—murmuró Tai, mirándome y bajando el volumen—. Tengo entendido que te has ido con Veemon por ahí. Estoy seguro que le has hecho digievolucionar, ¿has conseguido utilizar la digievolucion con los digihuevos?

—No—respondí—. Solo ha podido a Ex—Veemon.

—¿De verdad? —no entendía porque me preguntaba esto; además de que Agumon suspiró, como si fuera una buena noticia.

—Sí, ¿por qué me preguntas eso? —quise saber.

—Es que a todos nos pasa lo mismo—explicó—. Ninguno de nuestros digimons puede llegar a un nivel superior que el maduro. No entiendo por qué será, pero mañana cuando estemos todos juntos se lo preguntaré a Izzy.

—Que raro. Pero sí, será mejor preguntar al genio.

Nos quedamos toda la tarde mirando la televisión.

(Narrador Externo)

Se habían reunido esa noche. Eran la una de la madrugada y tenían claro que nadie iba a estar por ahí a esas horas. Aunque tenían a sus digimons a sus lados, no querían llamar la atención. Además de que de nuevo podrían tener una pelea contra los frontier y querían estar atentos.

Pero en ese momento no habían quedado para hacer una estrategia. Takato ya les había informado sobre la cita de mañana con todos los demás niños elegidos. Algunos, como Henry y Ryo, no les importaba el hecho de ir mañana para ver y observar a los nuevos amigos elegidos. Otras, como Rika, se negaban rotundamente.

—Rika, no son malas personas…—intentaba calmarla Takato—. Son niños elegidos, como nosotros. Yo mismo vi sus digimons.

—¿Niños elegidos? —repitió—. Te recuerdo que luchamos contra, también, niños elegidos. Y estos en cuanto nos ven ya quieren matarnos. Así que esa palabra ya no me hace fiar de nadie. ¿Tienes otra cosa para aclararme que no sea una trampa?

—Bueno… creo que vieron la batalla y no fueron a por mí—murmuró él.

—Eso no dice nada—replicó ella—. ¿Es qué nadie piensa con objetividad? ¿Nadie ve la realidad que puede ser una trampa? Henry, tú pareces el más sensato, no me puedo creer que de verdad te fíes de unas simples palabras.

Se podía decir que entre ellos había dudas y dudas. Después de todo, y asimilando todo lo que acababan de escuchar de la conversación de esos dos, estaba claro que la joven tenía razón. Pues uno no podía confiar en alguien que pueden ser también malvados que quieren destruir la Tierra.

—Espera…—murmuró entonces Ryo, dándose cuenta de algo—. Dijiste que viste a sus digimons. Esos significa que no son como los frontiers, que se fusionan o digievolucionan con sus compañeros. A lo mejor son como nosotros.

—¡Y eso que tiene que ver! —exclamó Rika—. Que su digievolucion sea diferente o igual al de nuestros enemigos no significa que no lo sean también.

—Rika, por favor…—suplicó Takato—. Ven mañana con nosotros. Les dije que iba a traer a todos mis amigos. A todos mis amigos que tenían digimon—aclaró.

—Pues te recuerdo que hay más—dijo.

—Ya… pero solo somos nosotros los que peleamos a poder fusionarnos con nuestros digimons—respondió él—. Mira, si vemos que es una trama salimos huyendo.

—No me gusta huir—susurró ella, mirándolos a los tres; algo decía en el ambiente que no había sido la primera vez que la joven decía esas palabras.

Los tres suspiraron. Era increíble que siempre sucediera lo mismo. Rika siempre tenía una idea diferente a la suya, pero al menos en las anteriores veces habían podido hacerle cambiar de opinión.

Ahora estaba siendo completamente imposible.

—Vale, pues iremos nosotros—concluyó Takato—. Tú si quieres escóndete por si es una trampa… y luego nos ayudas.

—No, no, no—sonrió ella—. Si os metéis en problemas será solo culpa de vosotros. Yo me quedaré en mi casita y esperaré a que los tontos aprendan una lección.

—¿Y si no es una trampa? —preguntó Henry—. ¿Cómo sabrás que tienes que venir o no?

—Renamon irá—contestó—. Y ella me dirá si "vuestro" plan ha salido mal o estáis en peligro. Y como no tengo nada más que decir me voy a dormir. Buenas noches—se dirigió a su digimon—. Vámonos, Renamon.

Las dos empezaron a correr sin descanso. Hasta que las figuras de sus amigas desapareció y se quedaron en silencio. Rika a veces era así, te dejaba con la palabra e la boca y encima no podías hacer nada.

—En algo tiene razón—murmuró Ryo—. Si esto sale mal solo será nuestra culpa, por fiarnos de personas que solo has visto tú, Takato.

—Y solamente un momento—acotó Henry, dándole la razón a Rika.

—Venga chicos… si de verdad fueran enemigos me hubieran atacado ahí mismo—trató de que ellos tampoco se echaran atrás—. ¿Vendréis mañana conmigo, verdad?

Henry y Ryo se miraron un momento. Takato observó la duda en su mirada y bufó, molesto. Mientras tanto, Guilmon se había quedado dormido, Ciberdramon estaba de pie, junto a su compañero humano y Terriermon estaba sobre la cabeza de Henry. Era extraño que ninguno hubiera hablado n ningún momento.

—Sí—respondieron al unísono finalmente.

—Gracias—sonrió Takato—. Ahora será mejor que nos vayamos.

Henry se subió a la bici. Ya que por la noche no le gustaba sacar la moto. Terriermon seguía en la misma posición, y los dos desaparecieron en la niebla. Segundos después, Ryo se subía en el hombro de Ciberdramon y volvía a su casa volando.

Takato se acercó a Guilmon y le pegó en la cabeza.

—Vamos, Guilmon—intentó despertarle—. ¡Tenemos que irnos a casa!

—Guilmon quiere dormir…—susurró este.

—¡En casa dormirás! —le cogió de la cola y empezó a andar—. Y que ya sea la tercera vez que te llevo así porque te duermes.

Guilmon sonrió, pero no hizo ningún movimiento. Volvió a cerrar los ojos y siguió durmiendo, sin importarle que su compañero humano le estuviera arrastrando.

Mañana sería, por fin, el día en que vería de nuevo a esos niños elegidos.