¡He vuelto! Tarde pero segura.

Gracias a NovaSenpai por comentar, Yachiru sí aparecerá más adelante TuT tiene un papel importante en la historia jaja pero no diré más por el momento.

Y a KnL por amarme tanto y a mi historia TuT lamento haberte hecho morir tantas veces jaja perdí la cuenta. ¡Gracias por los reviews! ¡Un saludo!

PROGRAMA DE MANEJO DE LA IRA

Capítulo 10: Disculpa aceptada.

Grimmjow estaba sentado en los jardines de la División Trece bajo la sombra de un árbol. Miró por enésima vez hacia la habitación de Orihime y suspiró. ¿Por qué le importaba tanto si la humana estaba triste o decepcionada de él? Sí, seguro, había arruinado su preciada terapia de grupo, pero él no era de los que se dejaban afectar por los sentimientos, mucho menos por los ajenos. Supuso que lo correcto era ir a disculparse, pero su orgullo era tan grande que desechó la idea casi de inmediato. Estaba seguro que se le pasaría en un rato y todo volvería a la normalidad, así que no tenía por qué preocuparse.

-¡Grimmjow, cariño! –saludó una voz cantarina.

Grimmjow frunció el ceño y se encontró con una mujer rubia de pechos descomunales, demasiado débil para recordar su nombre. ¿Y por qué rayos le había dicho "cariño" y le hablaba con tantas confianzas?

-¿Qué quieres, shinigami?

-Qué hostilidad –la rubia hizo un puchero y le dio un golpe juguetón en el brazo que sólo sirvió para mover la aguja de su ira del verde al amarillo-. Vine a entregarle unos papeles al capitán Ukitake y como te vi tan solo y deprimido pensé venir a saludarte.

-Hmp.

-¿Cómo va la terapia con Hime-chan?

¿Hime-chan? Qué estupidez, pensó Grimmjow.

-Hmp.

-Mi capitán me dijo que echaste a perder la reunión.

La aguja se movió del amarillo al rojo y Grimmjow explotó.

-¡Dile eso al imbécil de cabello rubio y dientes raros! De no haber sido porque...

-Ya, ya, cálmate –lo cortó Rangiku-. Si hubieras puesto algo de empeño en tus clases no estarías reaccionando así.

-Todos ustedes son una molestia.

-¿En dónde está Orihime?

-¿Por qué no lo averiguas tú misma? No soy su maldita niñera.

Rangiku sonrió a pesar del tono grosero de Grimmjow. Hitsugaya le había dicho a grandes rasgos lo de la reunión, pero se daba una clara idea de lo que había pasado entre Orihime y Grimmjow. No había que ser un genio para darse cuenta de que se sentía culpable por su comportamiento y que deseaba reparar el daño.

-Dile que tienes ganas de aprender a cocinar –espetó Rangiku.

Grimmjow frunció aún más el ceño. Era la idea más imbécil que había escuchado desde su llegada a la Sociedad de Almas.

-Si algo le levanta el ánimo a Orihime es cocinar –prosiguió la rubia con una sonrisa-. Es muy mala, te lo advierto, pero si quieres arreglar las cosas con ella es lo mejor que puedes hacer.

-¿Quién dijo que quiero arreglar algo? Por primera vez no está encima de mí diciéndome lo que tengo que hacer y dándome descargas con ese estúpido control –gruñó Grimmjow.

-¿Te has preguntado cómo se siente ella? Está descuidando sus clases en el mundo humano por venir aquí a impartir este programa, siente la presión de toda la Sociedad de Almas porque es un favor que le pidió el Capitán Comandante Yamamoto, aunado a eso tiene que lidiar contigo y con tu carácter.

-Yo no la estoy obligando a nada –bufó Grimmjow, molesto de que le estuvieran recriminando lo sucedido.

Rangiku le dio un golpe en la cabeza.

-Eres un idiota. Discúlpate con ella y haz un esfuerzo por mejorar en tus clases.

Grimmjow permaneció en silencio, pensando que tal vez, sólo tal vez, aquella rubia despampanante tenía razón. Debía admitir que Orihime era muy amable al querer ayudarlo, y que hasta el momento él se había comportado como un bastardo. Si no tuvo problema alguno en devolverle el favor cuando sanó su brazo, ¿por qué era tan difícil cooperar con la maldita terapia? ¿Era acaso porque las cosas se sentían diferentes entre los dos? En Hueco Mundo ni siquiera la conocía, es más, no le importaba demasiado lo que le pasara, siempre y cuando le sirviera como pretexto para pelear con Kurosaki. Sin embargo, ahora que ya no había motivos para pelear, ¿no era lo más lógico que se llevaran bien?

-No lo pienses demasiado –lo apremió Rangiku.

-¿Y si no quiere hablar conmigo?

-Orihime no es rencorosa, estoy segura que ya se le pasó. Se alegrará cuando le digas que quieres cocinar con ella. Además, te daré un pequeño consejo –Rangiku le guiñó un ojo y sacó una botellita de su uniforme-. Pon un poco de sake en su bebida y olvidará por completo lo que pasó en la reunión. Todo volverá a la normalidad.

Grimmjow tomó la botella con desconfianza. No sabía qué tanta experiencia tenía Orihime con el alcohol, pero no parecía una buena idea. Además, ¿tan siquiera tenía la edad humana para tomar sake?

-¡Suerte! –Rangiku se despidió y lo dejó solo con sus pensamientos.

Grimmjow se levantó pesadamente y se sentó afuera de la habitación de Orihime. Suspiró antes de tocar un par de veces y esperó paciente, listo para escuchar que se largara y que no quería hablar con él.

-¿Sí? –preguntó Orihime del otro lado de la puerta.

Grimmjow de pronto se sintió acobardado. No había rencor en la voz de Orihime, sino la amabilidad que siempre mostraba. Eso lo hizo sentir mil veces peor y no encontró las palabras adecuadas.

-¿Ya dejaste de llorar?

-¿Qué quieres, Grimmjow? –su voz sonó un poco más hostil, pero había un toque de tristeza en ella.

-Pensé que te gustaría continuar con la terapia.

-Estoy un poco cansada. Podemos seguir mañana, tienes la tarde libre de mí y de las descargas.

Grimmjow sonrió.

-¿Qué clase de terapeuta eres? ¿Corres a todos los que vienen a pedirte ayuda?

-No te estoy corriendo, es sólo que...

-Abre la puerta, es molesto hablar así.

Se hizo un silencio prolongado y luego Grimmjow escuchó pasos del otro lado. Orihime abrió la puerta apenas unos centímetros y se asomó. Tenía los ojos enrojecidos. Grimmjow desvió la vista con incomodidad.

-En serio, no me siento bien –exclamó la pelirroja.

-Lamento lo que pasó en la reunión –dijo Grimmjow ignorando su comentario-. Aquel sujeto me estaba provocando y perdí los estribos.

Orihime no dijo nada. Ciertamente no esperaba una disculpa, y era un gran avance que admitiera que la culpa había sido de él. Grimmjow se rascó la nuca con incomodidad, aquel era un terreno inexplorado para él. Usualmente diría "vamos a arreglarlo con una pelea", pero no era el caso.

-Acepto tu disculpa –dijo Orihime simplemente a modo de despedida, pero Grimmjow no se movió.

-¿Qué te parece si me enseñas a cocinar?

-¿De verdad? –Orihime sonrió extrañada por la propuesta del Espada.

-Sí, es...es una actividad relajante, ¿no?

-No lo sé, requiere mucha práctica y realmente no soy muy buena...

Antes de que pudiera terminar la frase, Grimmjow abrió la puerta por completo y la tomó de la mano para sacarla de la habitación. Orihime caminó deprisa detrás del Espada para alcanzar sus largas zancadas. Sonrió al pensar que Grimmjow, al igual que había pasado en Hueco Mundo, le estaba regresando el favor con acciones más que con palabras.

Continuará...