Claim: Fujisaki Yusuke/Onizuka Hime.
Notas: Post-series (anime y manga).
Rating: T.
Género: Romance/Humor.
Tabla de retos: Random 9.
Tema: 10. Saco.


Aunque los ojos de Himeko se encuentran clavados en la televisión, hasta tal punto que parecen vidriosos y realmente sumergidos en el dorama que se sucede en la televisión, su mente se encuentra a muchas millas de distancia, en alguna autopista quizás o en la esquina de la casa, donde busca a su esposo con la mente. Se encuentra un poco nerviosa y la detalan sus manos temblorosas, que de cuando en cuando retuerce o bien la sonrisa que se extiende por su rostro, más radiante que nunca, más secreta que nunca. No ha querido decírselo a nadie todavía y eso que todo ha sido un plan de los niños desde el principio, pero es que no ha podido evitar un dejo de travesura en sus acciones, la necesidad de sopesar primero la reacción de su esposo que la de los demás, incluídos sus hijos.

Así pues, los ha mandado un rato con su madre al parque de diversiones, mientras ella espera en la casa solitaria (tan solitaria sin ellos, sin sus tres hombres) a que se escuche el familiar sonido del automóvil y la voz de Bossun anunciando su llegada entre pequeñas quejas. Espera que no se enoje, teme que se decepcione, pues la decisión la ha tomado ella sola y por eso los nervios la recorren como pequeñas hormiguitas, logrando que se remueva una y otra vez en el sofá, en espera, siempre en espera.

Después de lo que le parecen horas, aunque sólo ha cambiado una vez de programa la televisión, el sonido de motor apagándose reverbera en la tarde y los pasos de su esposo se van haciendo cada vez más cercanos, hasta que éste la encuentra petrificada sobre el sillón, con una pinta de culpabilidad que le hace entornar los ojos.

—¿Qué sucede, Himeko? —inquiere él mientras se quita el saco y se estira, para aligerar sus músculos.

—¡Ah, ya llegaste! ¡Bienvenido! —dice la mujer y se pone de pie inmediatamente como si fuera un robot, con las facciones deconstruidas por los nervios—. ¿T-tienes hambre? ¿Quieres algo? —Himeko trata de pasar por su lado, todos los planes de una broma divertida o una pelea catastrófica borrándose de su mente. Quizá deba esperar un poco más para anunciarlo, un día en que Bossun no se vea tan cansado o tan inquisitivo, quizá nunca.

—Himeko, ¿qué tienes? —Yusuke la detiene suavemente, tomándola de la mano. Últimamente ha estado un poco extraña y no sabe qué pensar de que los niños no estén presentes, pero sabe que si la deja escaquearse hasta la cocina no dirá nada en toda la noche y perderá su oportunidad.

—N-nada, lo siento —de algún modo reprime las ganas de golpearlo sólo para alejarse de él, pues no tiene la culpa de los nervios que siguen carcomiéndola por dentro ni de las mariposas que aún la hace sentir. Sin embargo, él sigue sin creerle y ambos se quedan parados en la misma posición, en medio de la sala, mirándose casi sin respirar.

A Himeko le gustan sus ojos y en eso decide entretenerse para quitarse los nervios de encima. Ojos castaños y cálidos como el sol. Ojos sinceros, honestos y amorosos que han visto por ella desde que tiene 16 años. ¿Por qué habría de enojarse con ella una persona con ojos así? Esa pregunta y la respuesta no formulada entre ellos, pero flotando a su alrededor como un halo de felicidad, logra serenarla y tras un largo suspiro, Himeko se siente con el valor de comenzar a hablar.

—Bossun, tendremos un bebé —anuncia y ahora es ella quien toma su mano, como si temiera muy en el fondo que éste fuera a escapar.

La reacción de Yusuke no se hace esperar y el shock cruza su rostro como una nube, tiñendo todas sus facciones momentáneamente. Luego, como si saliera el sol, la nube se disipa y sus ojos, así como su sonrisa le hablan de la felicidad que siente, de la gratitud y el amor de tantos años juntos.

No es bueno con las palabras, pero lo dice todo en un abrazo, en el cual entierra su rostro en el cuello de su esposa y ésta le acaricia el cabello, sin dejar de sonreír.

—El doctor dice que es una niña.

Nuevamente no hay respuesta, sólo un abrazo más fuerte, más próximo. La adecuada respuesta a una vida de felicidad y la promesa de seguir adelante, aún con tres pequeños traviesos en la casa.

FIN.