DISCLAIMER: Todos los personajes y bla bla pertenecen a J.K. Rowling.
No tienes vergüenza, Black
—¡No me sorprende que estos dos hayan estado envueltos en este lío! —reprochó ofuscada la mujer a Sirius y a Severus desde el otro lado de su escritorio— ¡Pero ustedes! —se dirigió a Remus y a Peter que estaban de pie junto a ellos. —¡Sobre todo usted, Sr. Lupin! ¡Estoy en verdad decepcionada! ¡Es vergonzoso para un estudiante de su nivel y que además es prefecto, verse rebajado a meras riñas callejeras!
El hombre lobo bajó la vista avergonzado y Sirius no pudo menos que preguntarse si la profesora disfrutaba haciendo sentir mal a su amigo.
—¡Tienen suerte de que el director no esté en el colegio; no obstante, les prometo que el tamaño de sus castigos serán ejemplares! —su voz resonó en el salón haciendo que Peter se encogiera del pavor.
La mujer bufó y tomó asiento. Las fosas nasales se le expandían con viveza haciéndola lucir como un toro a punto de arremeter.
—Ahora, por favor, si alguien pudiera explicarme qué espíritus diabólicos los poseyeron para que decidieran destruir la biblioteca…
Los tres Gryffindor se miraron entre sí. El solitario Slytherin mantuvo la vista perdida al frente y se cruzó de brazos.
—Bueno, estábamos haciendo los deberes cuando nos topamos con Rosier y Snape —empezó Remus. —Hubo una pelea verbal y Rosier atacó a Sirius… Nosotros intentamos detenerlos.
—Saben bien que el Sr. Rosier no tiene mucha paciencia, es como molestar a un troll con hemorroides —dijo provocando una risita involuntaria en sus alumnos que de inmediato calló con un severo gesto. —Dado que la más mínima brisa le molesta y el Sr. Black tiene el estúpido talento de sacar de quicio hasta el más sufrido de los magos, necesito saber lo que le dijo a Rosier para que lo agrediera de esa manera.
El muchacho de ojos ambarinos pareció hiperventilarse mientras le dirigía una mirada ansiosa a Sirius.
—Él… uhm… fue acerca de… un asunto…
—Le dije que había tenido sexo con su madre y que su padre era un viejo impotente —soltó Sirius como si anunciara que iba a dormir.
El rostro de la profesora fue adquiriendo poco a poco un rictus de horror y furia.
—¡¿Có-có-cómo se atreve?
—De hecho, profesora, —continuó aprovechando su turbación— Remus me advirtió desde un principio que no lo hiciera, Peter y él sólo quisieron detenernos. Nunca pretendí implicarlos en mi pelea con Rosier.
Después de unos segundos, añadió:
—Tampoco Snape estuvo involucrado.
El asombro se apoderó de los adolescentes. Snape salió de su bloqueo mental para mirarlo con desconfianza y McGonagall pareció momentáneamente desconcertada ante la confesión. El joven aristócrata tenía una expresión seria y tranquila.
—¿Es cierto eso? —preguntó a los demás chicos.
—Pues… sí… Snape ni siquiera cruzó palabra con nosotros —confirmó Remus mientras una incertidumbre empezaba a formarse dentro de él.
—Aprecio su sinceridad, Sr. Black, tomaré a consideración lo que me ha dicho —dijo un poco menos enojada. —Soy incapaz de siquiera imaginar la absurda razón por la que decidió ofender de tal manera a Rosier, pero le sugiero que se tome las cosas con más calma ya que su comportamiento parece empeorar día con día.
"Ahora mismo no puedo pensar en el apropiado castigo para usted y debido a que tiene varias detenciones pendientes, le informaré después cómo quedarán arregladas. Pueden retirarse".
Los cuatro muchachos obedecieron de inmediato y salieron del salón.
—Bueno, eso no estuvo tan mal —dijo Sirius estirando los brazos.
—¿No estuvo tan…? ¡Por la barba de Merlín, Sirius! —exclamó impaciente Lupin.
—¿No estás preocupado del castigo que te vayan a imponer?
—¡Prácticamente tienes más detenciones que cumplir que clases!
—No, es una buena excusa para decir que no me dio tiempo de realizar los deberes.
Remus sacudió la cabeza, aunque estaba acostumbrado al carácter sinvergüenza de su amigo, a veces era demasiado. Peter tosió con discreción y señaló a Snape quien los observaba fijamente a unos metros.
—¿Qué, Snivellus? ¿Tengo algo en la cara? —dijo Sirius con desenfado. —Vuela de regreso a tu calabozo, shooo, shooo.
El Gryffindor agitó las manos para espantarlo ocasionando la risa de Peter. Luego se dieron media vuelta para alejarse y dejaron a Snape en el solitario pasillo. El desgarbado adolescente se quedó ahí por un minuto sin el más mínimo cambio en su rostro endurecido y después también se marchó.
Para cuando llegaron a la sección de las escaleras giratorias, ya el rollizo Peter se había adelantado a la sala común ávido de relatar la pequeña aventura dejando solos a los otros dos chicos que ahora esperaban en el descanso a que se detuviera una escalinata para abordarla. Lupin sacó su cajetilla del pantalón y mientras prendía un cigarro, escuchó que su compañero soltaba un leve quejido.
—Esa pelea con Rosier sólo hizo que la resaca empeorara. No debí correr tanto —dijo masajeándose las sienes. —Siento que mi cerebro va a estallar.
—Sirius, ¿estás bien?
—Claro que no, Moony, te acabo de decir que voy a morir de un derrame.
—Ya sé que te sientes mal, me refiero a que si… estás bien… en otro aspecto…
—¿De qué hablas?
—… Uhm… emocionalmente, digo…
El ojeroso muchacho lo miró sin dejar de frotarse la cabeza. Remus lucía genuinamente preocupado.
—¿Emocionalmente?
—Es sólo que… te ves diferente… no pareces tú mismo.
—Llevo dos botellas de whisky encima y varios golpes, es obvio que me veo diferente —bromeó.
La escalera se detuvo ante ellos permitiéndoles subir.
—Padfoot… —lo reprendió exhalando una bocanada de humo.
—De acuerdo, ¿qué?
—Mira, sé que de por sí eres voluble y ese humor cambiante se ha visto acentuado en estas semanas, pero últimamente rayas en la bipolaridad.
—¿Bipolaridad? Estás exagerando.
—¿Lo estoy? La semana pasada estuviste acostándote con una chica diferente casi a diario, pero hoy casi ladraste y mordiste a las que se acercaron a verte.
—No tenía ganas.
—¿Sirius Black no tenía ganas de sexo? —dijo incrédulo mientras salían del tramo de escaleras para subir por otro. —¿El mismo Sirius Black que se rompió un brazo en un juego de quidditch y aún así prefirió ir a acostarse con una chica antes que atenderse?
Sirius soltó una risita tonta al recordarlo. Había sido un juego especialmente difícil, el otro golpeador del equipo contrario era un tipo inmenso que se había ensañado con él, quizá porque se había acostado con su novia el día anterior. Como fuera, las bludger que le lanzaba eran como balas de cañón y al final, no pudo evitar que una lo golpeara y le rompiera el brazo. Soportó lo mejor que pudo el resto del juego, que por fortuna no fue mucho ya que James atrapó la snitch otorgándoles la victoria. Cuando se bajaron de las escobas, Madame Pomfrey lo estaba esperando junto a una excitada preciosura de Hufflepuff a la que había estado enamorando con poco éxito. La muchacha le había dirigido una intensa mirada lasciva despejándole cualquier duda sobre lo que debía hacer.
—Que buen juego.
Remus puso los ojos en blanco y le dio otra fumada a su cigarro a la vez que seguían su camino.
—Luego la tomas contra Snape como si te hubiera hecho algo muy malo-
—Sí lo hizo: cruzarse en mi camino —replicó arrogante.
—Vamos, Sirius, sé que lo odias, pero te has estado sobrepasando con él. ¡La otra vez lo maldijiste en el jardín para que empezara a cacarear! El pobre chico sólo estaba ahí estudiando sin molestar a nadie, ni siquiera te había visto.
—¿El punto es…? —resopló burlándose.
—El punto es que hoy le dijiste a McGonagall que Snape no había tenido nada que ver, ¿desde cuándo eres compasivo y le evitas un castigo? Y antes, en la biblioteca, él y tú estaban juntos en el pasillo, ¿no? Los vi cuando Rosier los atacó.
—¿Dices que me excedo con Snivellus y luego me reclamas porque no lo acusé? No te entiendo, Remus.
—No, lo que digo es que no entiendo ese comportamiento tan extremo hacia él.
Ya casi llegaban al retrato de la Dama Gorda cuando Remus lo detuvo por el brazo.
—Sirius, ¿no confías en mí?
No era una acusación ni un chantaje, Sirius conocía muy bien a su amigo y sabía que no había malicia detrás de la pregunta, tan sólo quería ayudarlo. Remordimiento y culpa lo asaltaron al ver sus gentiles ojos ámbar. Entonces hizo lo único que sabía hacer.
—Por supuesto que sí, Moony —le respondió con una amable sonrisa a la vez que le echaba el brazo por los hombros y cubrían el poco tramo que les quedaba a la sala común. —Agradezco tu paranoia, pero la razón por la que estábamos juntos en el pasillo fue porque el muy estúpido cayó en mi escondite por equivocación, estaba a punto de maldecirlo cuando Rosier lo arruinó. Y luego le salvé el trasero para no tener detención con él, ¿crees que quiero tener su narizota frente a mí todo el tiempo? No, no, no, es suficiente ver su grasiento pelo en las clases.
La Dama Gorda pidió la contraseña a Remus, pero éste no dijo nada y se volvió al otro chico. Los ojos acerados de Sirius resplandecían encantadores bajo la luz de las antorchas y tenía una expresión segura en la cara que lo hacía ver muy atractivo. El hombre lobo se preguntó cómo es que eso era posible aún con las huellas de la resaca y las heridas. Dejando escapar una última bocanada, arrojó la colilla al suelo y la apagó con su zapato.
—Evanesco —pronunció y el resto del cigarrillo desapareció en un santiamén. —Sólo… relájate un poco, ¿sí? Para variar, hazle caso a McGonagall y tranquilízate.
El muchacho estaba a punto de responderle cuando la pintura se abrió y James brincó fuera agitado.
—¿Vinieron arrastrándose o qué? ¿Por qué diablos tardaron tanto? ¡Entren! ¡Quiero que me cuenten la cara que tenía el imbécil Slyhterin cuando lo insultaste!
—Eso no fue nada, debiste ver la que puso cuando Moony lo sorprendió y le lanzó el stupefy. Fue increíble, este cabrón es de temer —dijo revolviéndole el pelo a Remus y arrancándole una sonrisa.
—No lo hice todo yo solo, Peter también ayudó —repuso tímidamente.
—Me salvó justo a tiempo. Gracias a Merlín que no fue el aguamenti lo que necesitaba —dijo Sirius entre las risas de sus amigos mientras entraban a la sala común.
Sin embargo, Sirius no se tomó las cosas con calma, se dedicó a seguir bebiendo y a hacer fechorías en compañía de James y Peter, ya que el deber de prefecto de Remus le dejaba poco tiempo para participar. Si bien lo único que cambió fue el descenso en la frecuencia de acoso a Snape, ahora se dedicó a perseguir a las novias de otros estudiantes; por regla propia no le gustaba involucrarse con chicas ajenas, eran demasiado problema, sin embargo, ahora la adrenalina de perseguirlas, convencerlas y ser descubierto le permitía olvidar todo lo que lo rodeaba.
Las noches eran inquietas, dormía muy poco y apenas y si conseguía unas horas extras después de agotar su cuerpo lo más que podía. Enseguida que despertaba, buscaba la compañía de sus amigos o de quien fuera. Odiaba estar solo, una presión en su pecho aparecía cuando se quedaba en silencio y sus pensamientos inevitablemente terminaban repasando los eventos del baño, la conversación en la biblioteca o aquella noche en el calabozo; a veces en clase, se hallaba recordando la figura sentada en el suelo de su dormitorio leyendo un libro. Estos insistentes pensamientos le causaban un algo inefable que se negaba tajantemente a razonar y su solución para intentar desterrarlos era acelerar a fondo.
Parte de su estrategia consistía en evitar lo posible a Snape, lo cual no era una tarea fácil puesto que tenían clases juntos y a James siempre le apetecía fastidiarlo; por fortuna, en algunas ocasiones lograba convencerlo de que no le hicieran nada argumentando que Snape ya no era tan divertido y prefería hacer otra cosa.
Llevaba un par de días sin toparse de frente con él y advirtiéndolo apenas en el salón, y aunque, a pesar suyo, eso le causaba cierta molestia, se convencía de que lo mejor era mantenerse alejado para que todo eventualmente volviera a la normalidad. No obstante, el universo no estaba de acuerdo con la arrogancia de Sirius Black ni compartía sus brillantes planes…
Aquel día, los cuatro amigos estaban a media clase de Adivinación con algunos Ravenclaw y Hufflepuff. Sirius se había levantado con tal dolor de cabeza que le dificultaba poner atención y lo hacía arrepentirse de haber bebido anoche. El incienso que ardía en los cuencos era de una fragancia pesada y dulzona, y combinado con unas hierbas aromáticas le proporcionaban a la estancia una atmósfera de sopor. La profesora Trelawney decía que era para inducir la mente a un estado superior a través de la maximización de los sentidos. Sirius decía que en realidad se estaban drogando.
—El ojo interior debe ser abierto para ver la realidad, deben aclarar la mente, queridos míos, para que sus instintos los guíen a la siguiente esfera de conocimiento —declaró la joven mujer con voz dramática.
James bostezó y se acomodó en su cojín rojo. Estaban sentados en el suelo alrededor de una pequeña mesita en un rincón junto a la puerta.
—Recuérdame por qué tomamos esta optativa —se quejó el capitán del equipo de quidditch.
—A Peter le gusta y no dejan tarea —respondió Remus sin dejar de copiar lo que decía la profesora quien se movía por el lugar con la lentitud de una gran libélula.
El animago le echó un vistazo al salón; la mayoría estaban aburridos, sólo unos pocos estaban pendientes, entre éstos últimos se encontraba un emocionado Peter que escuchaba con devoción a Trelawney.
—La purgación de dudas debe ser realizada para que el corazón lata con fuerza y eleve el espíritu.
—Mi espíritu ya está elevado —murmuró un adormilado Sirius.
—¿A qué hora regresaste anoche?
—No sé, no me fijé, pero creo que no fue muy tarde porque el novio de Lucy regresó y tuve que saltar por la ventana.
—¿Lucy? ¿Qué no saliste con aquella chica de Ravenclaw?
—Sí, pero terminamos temprano —respondió tratando de abrir los ojos.
James rió por lo bajo y negó con la cabeza.
—La purgación de dudas debe ser realizada para que el corazón lata con fuerza y eleve el espíritu.
—¿Qué no ya había dicho eso? Dioses, creo que me voy a dormir.
—No, esto es muy interesante, Sirius, deberías intentarlo —dijo Peter. —Los aromas actúan purificando el alma y sacan a flote el subconsciente permitiendo la apertura del ojo interior.
—Lo único que va a salir a flote va a ser mi comida, esta porquería me está mareando.
Sirius se reclinó contra la pared tratando de respirar con calma. Tenía el estómago revuelto y ese horrible olor lo sumía en un estado soporífero, apenas y podía mantener los párpados abiertos…
Estaba en un dormitorio húmedo y frío. Las antorchas ardían con un extraño fuego esmeralda iluminaban con su luz mortecina cuatro camas, tres de ellas estaban rotas, sucias y de los postes colgaban telarañas e insectos como testigos del abandono. La cuarta cama en la esquina era la única que estaba en condiciones normales y parecía estar ocupada por una figura sentada en el suelo. ¿Acaso vivía aquí? Pensó en lo deprimente y horrible que sería habitar un lugar como éste, ¿qué clase de ser podía vivir refugiado en la oscuridad? A él, por el contrario, le gustaba correr por el campo y perseguir conejos. A lo mejor podía convencerlo de salir de ahí. Trotó curioso hacia la silueta y le movió la cola.
—Mutt…
Sí, ese era su nombre, ahora lo recordaba. La figura salió de las sombras y Mutt pudo ver a un adolescente de piel blanquísima y cabello tan negro como el suyo, pero lo que más le gustó fueron sus ojos de ónice porque le recordaban las noches lluviosas en las que salía a cazar. Ladró feliz y le lamió la cara al muchacho.
—No perteneces aquí, Mutt, tienes que volver —le dijo apartándolo.
El perro bajó las orejas y gimió ansioso. ¿Por qué no quería estar con él, por qué lo apartaba de su lado?
—Te están esperando.
Mutt se volvió, pero no vio a nadie. Su fino olfato percibió algo singular flotando en el ambiente, algo que no estaba bien y se aproximaba con violencia. Gruñó nervioso con el pelo erizado.
—¡Te estás sobrepasando, él no te ha hecho nada! —estalló la voz.
—Sé qué te puede animar… Oppugno —susurró un eco.
—¡Míralo, es tan patético!
—Sirius, ven aquí —gimió una sensual voz femenina.
—¡Déjame, Black, no te me acerques!
Mutt retrocedía y chillaba asustado. Todos le gritaban al mismo tiempo, sus voces eran distorsionadas cacofonías que le laceraban el sensible oído. ¿Por qué lo atormentaban así? No entendía de qué hablaban, él sólo era un perro. Mutt corrió con los alaridos detrás de él y deseó volver con el muchacho de ojos negros.
Las voces enmudecieron de súbito y él estaba de nuevo en el dormitorio. El muchacho dormía boca abajo en su cama. No podía verlo bien, el pelo le caía desordenado sobre el semblante. Deseó no ser perro, deseó tener una mano para poder apartar el cabello y contemplar su rostro, y un cuerpo para estrecharlo.
Entonces ya no era Mutt, era Sirius. Y Sirius ya podía ver con claridad la hermosa piel blanquecina y palpar la mejilla. Se acostó a un lado del muchacho y empezó a pasar los dedos entre el cabello con mucho cuidado, su olor era tan estimulante, lo hacía querer tocarlo. Estrechó la cercanía entre ellos y sus manos empezaron a moverse por el esbelto cuerpo, sintiendo las formas bajo la ropa mientras hundía su cara en aquel suave cuello pálido al que depositaba suaves besos. El muchacho gimió y empezó a despertar ante las caricias. Sirius se colocó encima de él por completo y siguió prodigándole su hábil atención haciendo que se estremeciera con cada roce. El adolescente debajo se dio la vuelta y lo encaró con una expresión tranquila, como si fuera él a quien esperara. Sirius estiró una mano y acarició con ternura la delicada boca del muchacho, su pulgar frotando la comisura y el labio inferior. Sentía un deseo enorme de besarlos…
—¿Por qué no lo haces? —susurró el otro leyéndole la mente.
Sirius dudó un momento y luego se inclinó, sin embargo, justo a centímetros de ellos se detuvo. ¿Qué le ocurría? Anhelaba tanto tocar esos labios, sentir la suavidad contra su propia boca ansiosa y probar su sabor hasta hartarse; no obstante, era incapaz de cubrir esa distancia que le faltaba. El corazón le latía desbocado y su cuerpo temblaba.
—… Tengo… miedo… —murmuró cerrando los ojos.
El muchacho lo miró con una expresión triste y le quitó la mano de su mejilla para ponérsela en su pecho. Sirius pudo escuchar un latido tan frenético como el suyo.
—Sirius, Sirius —murmuró apurado James al ver que Trelawney se acercaba; al no obtener respuesta, le dio un fuerte codazo logrando que se levantara de un salto.
—¡Frito! —gritó de repente Sirius con los brazos arriba y los ojos cerrados provocando un susto general y uno que otro grito ahogado.
—Amigo, ¿qué dia…? —dijo James estallando en carcajadas que enseguida contagiaron a los demás.
Sirius abrió con lentitud sus párpados y se encontró con las miradas de burla y las risotadas del salón sobre él. La profesora Trelawney, por otro lado, lo observaba con fascinación a través de sus gruesas gafas de fondo de botella.
—Oh, lo has visto, ¿no es así, querido mío? —le preguntó emocionada y aparentemente ajena a las risas de sus alumnos.
—¿Qué? —respondió desorientado mientras bajaba los brazos.
—¡La esfera del conocimiento superior, te has elevado por encima! —gesticuló alzando los brazos y haciendo revolotear la vaporosa tela de su vestido verde, lo que acentuó más su aspecto de libélula gigante.
—¡Sí, se fue a la estratósfera! —gritó alguien.
—Te has acercado un paso más a la iluminación, a los deseos que permitirán tu metamorfosis.
—… ¿Qué?
El muchacho no sabía cómo reaccionar a las palabras de la flacucha mujer, no había tal iluminación, sólo se había quedado dormido y hecho el ridículo al despertar. Miró a sus amigos esperando que le dieran una pista, pero James estaba muy ocupado en el suelo limpiándose las lágrimas, incluso Remus estaba doblado de la risa al igual que Peter.
—Ahora tienes que escuchar bien, querido mío, ve y espéralo.
—Uhm, profesora…
Trelawney lo tomó entusiasta del brazo y le abrió la puerta.
—¡Has logrado vislumbrarlo, así que no pierdas tiempo y ve, ve, ve; espéralo y escucha lo que te tiene que decir! —dijo excitada mientras lo empujaba suavemente fuera del salón y cerraba tras de sí.
Sirius se quedó un momento de pie intentando adivinar lo que debía hacer. ¿Acaso tenía que ir a algún lado y volver o buscar algo en específico? ¿Qué era todo eso de los deseos verdaderos y el corazón y escuchar quién sabe qué cosa? La profesora Trelawney era sin lugar a dudas una de las magas más raras que hubiera conocido.
—Debí haber escogido Astronomía.
Un repentino mareo lo obligó a agarrarse de la barandilla. Todavía se sentía mal, quizá lo mejor sería ir a la enfermería para que Madame Pomfrey le diera un remedio. Con mucho cuidado, bajó por la trampilla y las escaleras en espiral, y caminó por una amplia galería contigua a los jardines. El mareo lo volvió a asaltar obligándolo a detenerse y apoyarse en el pretil de los ventanales; cerró los ojos esperando a que el suelo dejara de moverse, se sentía horrible, como si se fuera a desmayar. Tenía mucho frío y afuera soplaba con fuerza un viento de agua; esperaba que eso ahuyentara las nubes negras que se cernían amenazantes sobre el colegio, no le gustaba practicar quidditch con lluvia.
—Hola, Sirius —lo llamó una voz coqueta.
El adolescente se giró para encontrarse con la grácil y delgada figura de una bajita chica de largo cabello azabache de Hufflepuff.
—Hola, Ana —la saludó forzando una sonrisa para ocultar su malestar. Se fijó en el hermoso pelo negro.
—Estaba pensando que, si no tienes nada qué hacer hoy en la noche, quizá podríamos pasear por el lago… —dijo con cierta inocencia, y luego añadió con sensualidad: —Tú y yo… solos…
—Pensé que tenías novio.
—Bueno, tiene una detención que cumplir, así que, ¿por qué no aprovechamos ese tiempo para conocernos mejor?
Era probable que con lo mal que se sentía, para hoy estuviera muerto; sin embargo, no le gustaba desperdiciar oportunidades, así que accedió con un asentimiento de cabeza. Ana se inclinó hacia un lado y su cabello cayó como una cascada llamando la atención del Gryffindor.
—Te ves un poco pálido, ¿te pasa algo?
—No, sólo estoy cansado.
—Oh, pobre bebé —dijo con un puchero. —No te preocupes, yo te haré sentir mejor.
Ana alargó el brazo para alcanzar su rostro, pero el muchacho sintió un extraño y súbito rechazo que lo impulsó a atajarle la mano a medio camino. Confundido por su propia reacción, la corrigió dándole un beso en la mejilla que la hizo sonrojarse.
—Apenas y si puedo esperar. Te espero a las 8 detrás de la biblioteca.
—Oh, bien. Nos vemos entonces.
La muchacha rió y se alejó contoneando las caderas. Sirius volvió a asomarse por el balcón. Tenía una sensación extraña, esa chica le había activado algo en su memoria, como si hubiera soñado con ella, pero no con ella exactamente. Era una vaga sensación familiar de algo placentero que recién había sucedido…
—¡Oye, Black!
Sirius se dio la media vuelta justo a tiempo para recibir un puñetazo en la mandíbula que le abrió de nuevo el labio. Aturdido, retrocedió unos pasos hasta chocar con el pretil y se fue de espaldas. Un furioso muchacho fornido se asomó para verlo tirado en el declive del jardín con la túnica alzada.
—¡Y no te acerques a mi novia! —le advirtió para después marcharse.
—¡Espera! —logró gritar. —¿Cuál es tu novia?
El Gryffindor escuchó entonces que alguien se acercaba y se detenía a un lado de su cabeza. De seguro era el enojado novio que regresaba a darle una golpiza.
—No tienes vergüenza, Black.
Era inconfundible esa voz. Sirius manoteó la túnica con torpeza hasta que logró quitársela de encima. Severus lo observaba con una mueca burlona.
—Tienes una herida en la boca.
—¿En serio? —rió entretenido. —No me di cuenta de eso cuando el puño se estrelló en mi cara.
—Eso tiende a pasar cuando tienes la firme determinación de aniquilar tus neuronas por todos los medios posibles.
—Bueno… esa no era una de las formas en las que tenía pensado hacerlo, créeme —dijo haciendo un mohín de dolor cuando se frotó la quijada verificando que no estuviera fuera de lugar.
—Cualquiera que sepa realizar un encantamiento básico puede darse cuenta que ese es el resultado lógico de dedicarse a andar con novias ajenas.
—¿Cómo sabes eso? ¿Me has estado espiando?
—Tengo cosas más importantes qué hacer que espiarte —dijo altivo. —Toda la escuela lo sabe, Black, no eres con exactitud la persona más discreta y humilde.
—¿Y viniste a reclamarme? Sé que no nos hemos visto últimamente, pero…
Severus hizo un gesto de desprecio con la boca.
—Aawww, me extrañas. Sólo tenías que decírmelo, Snivellus, sabes que tú eres mi preferido.
Sirius estiró la mano y tiró del borde de la túnica de Snape intentando atraerlo, pero Severus se zafó fácilmente.
—Eres insufrible.
—Hay gente que no opina lo mismo.
—¿Sí? ¿Cómo quién? ¿Tu club de fans sin cerebro?
—¿Te gustaría inscribirte? Hay un paquete de bienvenida con la membresía: una foto y una visita nocturna.
—Como si quisiera formar parte de tu legión de zombies, Black.
—Lástima, nos podríamos divertir tanto… —le dijo travieso y alargó de nuevo la mano, pero Severus se la apartó de una patada.
—No me toques.
—Oh, vamos, Snivellus, no me rechaces así —puso cara de perro apaleado.
Snape exhaló con impaciencia y desvió la mirada. Su mano jugaba nerviosa con su varita en el bolsillo del pantalón, hasta ahora Black no había intentado nada, aunque con él nunca se sabía.
Sirius ladeó su rostro con curiosidad, Severus se mordía la esquina de su labio inferior como aquella vez que lo vio indeciso ante la petición de Dumbledore. Parecía como si quisiera decir algo y no se atreviera. Sus ojos recorrieron el cuerpo del muchacho y se fijaron en la mano dentro del bolsillo que sostenía la varita y apuntaba hacia adelante creando un bulto prominente. Sirius no pudo evitar reírse.
—Sabía que estabas contento de verme, pero no tanto.
Ante la confusión de Snape, le indicó con un gesto a que se refería.
—Oh, en el nombre de… —puso los ojos en blanco. —Eres tan infantil, Black.
Sirius se pasó rudamente el dorso de la mano en la mejilla para limpiarse la sangre y luego se sentó en el césped. El dolor de cabeza lo atacó con mayor intensidad arrancándole un quejido; aún así, se incorporó rápido.
—Ups, eso no fue una buena idea —murmuró cuando sintió el repentino vértigo.
—¿Demasiado alcohol, Black? —se burló.
—No… demasiada hierba con Trelawney.
Severus estaba en guardia por si al otro se le ocurría hacer algo, pero la verdad es que Sirius se veía bastante mal, incluso peor que aquel domingo en la biblioteca; estaba lívido y por su rostro y cuello resbalaban minúsculas gotas de sudor. Frunció el ceño cuando el otro lo miró con ojos vidriosos y alzó los brazos.
—No tienes… que… —le costaba tanto pensar— No voy a… hacerte…
Sirius señaló la mano que aún sostenía la varita en el bolsillo.
—Sólo… necesito…
De repente era difícil respirar, los pulmones le dolían mucho y cuando quiso dar un paso, su cuerpo se rehusó a sostenerlo.
—¡Aaahh, qué demonios, Black, quítate!
Sirius había caído llevándose a Severus con él al césped. El pálido Slytherin forcejeó desesperado contra el pecho encima, sin embargo, el muchacho era más alto y pesado y no pudo moverlo.
—Oye… Snape…
—¡¿Qué?
Ignorando la mirada colérica, estiró una mano y la puso en la pálida mejilla del adolescente provocando que se paralizara. Severus entonces notó la sonrisa de Sirius y no supo qué decir o hacer, jamás le había dirigido una expresión que no fuera de burla o desprecio y ahora lo miraba con ojos de cordero a medio degollar mientras le frotaba la mejilla suavemente y le sonreía de una manera… ¿gentil?
—Nada… mal… ¿Quién… lo diría…?
Severus pensó que esas hierbas de la profesora Trelawney debían ser confiscadas de inmediato por enfermar y provocar alucinaciones en los alumnos. Los párpados de Sirius se cerraron y no alcanzó a escuchar el tumulto que se armaba y unas voces que gritaban llenas de furor:
—¡¿Qué le hiciste, Snape?
—¡Asqueroso Slytherin!
—¡Quítale tus repulsivas manos de encima!
N. de A. Sé que caigo en un anacronismo al poner a Trelawney en esta era, pero necesitaba a una profesora de Adivinación y ella me gusta porque está loca :D
¿Qué tal el sueño cachondo de Sirius? Aunque aunque finja demencia, su mente puerca lo traiciona XP
¡Reviews, por favor, me hacen feliz!
R-nii: Muchas gracias por las flores, haces que me sonroje. Si hago que saltes de felicidad cada vez que actualizo me doy por satisfecha :)
Elecktra: Mil disculpas, pero me es hace imposible actualizar más seguido; aunqueeeee, debido a demanda popular y múltiples acosos, ya estoy haciendo los capítulos más largos, además, te prometo que puntual subo cada semana ;)
PomPomPomHorrif: Sé que te emocionas, pero me preocupa que adoptes la mentalidad de la turba enardecida, dame chanceeeee XD
