Aquí estoy otra vez y sin tardar tanto como la última vez ^^

Gracias a todas esas personas que leen el fic, pero sobre todo a esas que se molestan en dejar reviews! Me encantan todos! Sois un encanto y si este fic sigue es por vosotras.

Espero que este capítulo os guste tanto o más como el último.

Un Besito



El muchacho miró aburrido por la ventana. Llevaban ya varias horas en el Expreso de Hogwarts y Albus no podía dejar de lado ese sentimiento que le oprimía y le gritaba que cuánto más se acercaba a su casa, más se alejaba de su verdadero hogar.

Le dolía admitirlo, pero cada vez que volvía a casa era como si le tiraran pequeños pellizquitos en la parte de atrás de la rodilla: inaguantable, insoportable y altamente cabreante. Por lo general, Ginny Weasley Potter, su adorada madre, se pasaba el 70% del día entrenando a sus preciosas Arpías de Holyhead, mientras su padre, el gran Harry Potter se las veía con los entresijos y el papeleo de los aurores del Ministerio. Lo que prácticamente podía traducirse en pasar todas las vacaciones en casa de la abuela Weasley, con tropecientos mocosos churretones corriendo alrededor y gritando sin parar por todo el jardín de La Madriguera.

Albus suspiró. Definitivamente, esas navidades no iban a ser muy diferentes.

-Un sickle de plata por tus pensamientos.

El chico apartó la mirada de la ventana y la fijó en la de su hermano frente a él. Sonrió cansadamente y se desperezó. Volvió a suspirar y respondió encogiéndose de hombros.

-Sólo me preguntaba dónde estará Teddy ahora –James se tensó. –Lo de ayer fue muy raro, ¿no crees?

El mayor de los Potter se levantó rápidamente y se dirigió a la puerta. La abrió y echó un vistazo rápido al pasillo del tren. Nadie. O eso, al menos, parecía. Luego cerró la puerta, tajante, y lanzó un pequeño hechizo silenciador a todo el vagón.

-Lo de ayer… -comenzó. –No sé qué pensar de lo de ayer, Albus. La verdad es que no lo sé. Nunca antes había visto a Teddy tan destrozado como lo estaba después de que Malfoy se fuera.

-Pues las cosas no pintan bien, Jimmy.

-Es James.

-Oh, perdona –el gryffindor le lanzó una mirada de desdén a su hermano. –"James". No quiero ponerme en lo peor, pero solo se me ocurre una explicación para la escenita del baile. Teddy y Rose…

Jame levantó la varita con una orden para que se detuviera.

-No. Teddy jamás le haría algo así a Victoire –negó el moreno categóricamente.

-Tú mismo me dijiste ayer que llevaba raro varios días –le recordó.

-Sí, lo sé. Pero aún así… ¡Por Merlín! –Jame se dejó caer en el banco frente a su hermano. -¿En qué demonios estaban pensando esos dos? Si alguna vez esto llega a saberse en la familia…

No hizo falta completar esa frase. Ambos sabían lo que una traición de ese tipo podría significar en casa de los Weasley.

La imagen de Rose empapada y en lágrimas volvió a hacerse eco en la cabeza de James. La noche del baile había salido para tomar un poco el aire con su pareja, cuando, casi de soslayo, vio a Victoire derramando su bebida sobre la cabeza de Rose. La slytherin apenas reaccionó en un primer momento, conmocionada. James jamás había sentido tanta pena por nadie.

El resto fueron lágrimas, carreras y la sonrisa insolente de Vic cuando pasó por su lado de vuelta al salón Comedor.

-Pobre Rose –dijo al fin.

-¿Pobre Rose? –repitió Albus incrédulo. –Si se hubiera quedado quietecita en sus mazmorras otro hipogrifo cantaría.

-Estas cosas no suelen ser tan fáciles, Sevi. –el moreno se recostó contra el respaldo y cerró los ojos. -¿Te acuerdas como era Rose hace menos de un año? ¿Lo mal que lo ha estado pasando todo este tiempo por no ser una gryffindor? El tío Ron fue demasiado duro con ella y aunque Rose intente disimularlo, las bromas de tío Pearcy y tío George en las comidas le duelen y mucho.

-¿Y eso justifica lo que ha hecho?

-No, pero me ayuda a comprenderla. Desde que era pequeña siempre ha sido el patito feo de la familia. Ese pelo encrespado y sus tres pecas y media en la nariz. Dientes grandes, gafas de culo de vaso… Quiero a la tía Hermione, pero tengo que admitir que el aspecto físico nunca ha sido una de sus virtudes ni sus preocupaciones. ¿Cuántas veces te has tenido que pegar con ese imbécil de Thomson por reírse de nuestra primita?

Albus desvió la mirada de nuevo al paisaje que se alejaba una y otra vez por la ventana. Sí que había tenido que lanzarse contra ese grandullón de quinto más de una vez en el pasado por las bromas tan crueles que hacía de Rose en los vestuarios cuando se aseguraba de que él las escucharía. La mayoría de las veces era el mismo Albus el que acababa con un ojo morado, hasta que Rosie, apiadándose de él, le enseñó un par de hechizos laxantes que alejaron a Thomson de su familia hasta el momento.

-Lo que yo te decía. Todo el mundo necesita un poco de atención y cariño. Y si encima viene del capitán de quidditch de gryffindor, ¿quién diablos puede resistirse?

-Sigo sin creer que está bien lo que hizo.

-Claro que no está –James volvió a incorporarse y miró directamente a su hermano. –Victoire es su prima y Teddy su novio, pero ahora mismo Rose nos necesita y creo que va siendo hora de que empecemos a comportarnos como una familia de verdad y no como una estúpida manada de leones orgullosos.

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Bueno, no ha salido mal del todo, fue lo primero que pensó Rose cuando su padre los mandó a todos al coche incluyendo, sorprendentemente, a Scorpius dentro de ese "todos". Apenas le había dado tiempo a despedirse de sus otros primos, ni de saludar a sus tíos, cuando Ron Weasley, padre, esposo y gryffindor intransigente, los había invitado amablemente a "que se largaran de allí de una maldita vez".

Veinte minutos después, el silencio era casi tan insoportable que Rose rezó para que su hermano lo rompiera con alguna de sus chorradas relacionadas con sus clases de herbología, como solía hacer siempre en el trayecto a casa. La morena le lanzó unas cuantas miradas urgentes a Hugo pero nada. Definitivamente hoy no era su día de suerte.

La morena se giró hacia su cristal cuando notó la mano fría de Scorpius cerrándose sobre la suya propia. En aquel momento, donde todo parecía infinito y lejano, aquel simple gesto tan íntimo y natural la reconfortó como no lo hubiera hecho ninguna frase de consuelo. No le miró, tampoco es que le hiciera mucha falta, Rose sabía que él estaba allí, mirándola, regocijándose con el color rojo brillante que estaban adquiriendo sus orejas.

La voz de Hermione llenó por completo el interior del vehículo, pero Rose estaba tan absorta en sus propios pensamiento que no prestó atención a nada de lo que dijo. Su madre le preguntó unas cuantas cosas a Scorpius, sobre su familia supuso, a lo que él contestó con un todo de voz que solo alguien que lo conociera tan bien como Rose sabría la condescendencia que se ocultaba tras sus palabras. También dijo algo sobre casa de sus padres, los afables dentistas Granger y otro tanto sobre las primas que tantas ganas tenían de volver a Rose.

Nada importaba más que el tacto suave y abrumador de Scorpius y las extrañas sensaciones que eso le producía.

-Ya hemos llegado –anunció Ron Weasley abriendo la puerta donde Rose estaba apoyada. El pelirrojo echó un rápido vistazo de desaprobación al par de manos unidas sobre el regazo de su hija y alzó más la voz. –Como Rosie no nos dijo que ibas a venir, Malfoy…

-Scorpius, papá. Se llama Scorpius –le reprendió la slytherin mientras bajaba del vehículo. –Te agradecería que fuera del colegio dejáramos de lado los apellidos.

Todos se reunieron en el maletero del coche para recoger sus baúles y jaulas.

-En algunos países aún se considera de educación referirse a las personas por el apellido, ¿lo sabías, bomboncito? -Añadió Ron con la misma sonrisa falsa que ponía cuando trataba de ganar dialécticamente a su mujer.

Ahora, como en esas ocasiones, la respuesta de su hija hizo desaparecer esa sonrisa de un plumazo.

-Sólo si va precedido del "Señor" o "Señora" delante, papá. –Scorpius lanzó una risilla mal disimulada mientras sacaba su propio baúl de la parte trasera del vehículo.

En su joven vida como mago y heredero del apellido y patrimonio Malfoy, el rubio jamás se había montado en un trasto tan muggle como eran los coches. Si sabía algo acerca de ellos y su funcionamiento, era todo lo que pudo haber aprendido de un libro. Stella y él siempre se burlaban de Rose cuando les contaba cómo su primo muggle acostumbraba a llevarla en su furgoneta a dar una vuelta, aunque ahora que había atravesado la mitad de Londres en un bonito Pathfinder, tenía que admitir que eso del "coche" no estaba tan mal. Incluso tenía un aparato que te hablaba y expulsaba música que Hermione no tardó en encender en cuanto salieron de la estación.

-¿Señor? –el rostro de Ron se empezó a encender y su voz se tornó aguda. –No pienso llamar a ese Malfoy…

-¡RON! –el susodicho se volvió hacia su malhumorada esposa. -¿Por qué no llevas con Hugo los baúles hasta los dormitorios? –aunque disfrazada de pregunta, aquella era una de las órdenes más directas que cualquiera de los dos había recibido.

-Pero mamá…

-Y más os vale que os deis prisa. La comida estará en poco menos de treinta minutos –dicho esto se volvió hacia los dos slytherins. -¿Por qué no venís vosotros conmigo? Rose, Scorpius dormirá con Hugo en su cuarto.

-Pero mamá…

-¿Qué? –Hermione levantó una de sus temibles cejas, lo que calló de inmediato a su hija.

-Nada.

-Bien –sin esperar más respuesta por parte de nadie, se encaminó hacia su casa, un bonito chalet a las afueras de Londres con una amplia chimenea para las reuniones familiares, y se encerró en la cocina.

Previéndose lo que ocurriría a continuación, Rose agarró a su amigo de la muñeca y lo arrastró con ella al interior de la vivienda. Cuando los primeros gritos de Ron empezaron a escucharse, ellos ya estaban por la mitad de las escaleras.

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Scorpius conocía lo suficientemente bien a su amiga como para saber que debía llamar al menos unas tres veces a su puerta antes de entrar sin ser invitado. La primera por cortesía, la segunda por si la muchacha estaba metida en el baño y no podía escucharlo y la tercera meramente por precaución.

Cuando entró, el rubio se quedó maravillado por el cuarto de su amiga, el cual, distaba muchísimo de ser lo que tenía grabado en su imaginación. La habitación era amplia y luminosa, con una cama enorme pegada a la pared y un escritorio dominando el ángulo contrario. Hasta ahí bien. Ahora, el color rosa de las paredes, la cantidad de ropa que había desparramada por el suelo y los numerosos póster de los Chudley Cannons repartidos por toda la pared, chirriaban dentro de su cabeza.

Allí dentro, dejando a un lado todo lo horripilante que resultaba aquella situación, había algo tan íntimo y personal que durante un instante lo conmovió. Entre todas las toneladas de desorden que había aquí y allá vio a la Rose que conoció cinco años atrás. ¿Tanto había cambiado?

No.

¿Tanto la había cambiado?

Por primera vez desde que empezaron toda aquella pantomima dudó de si estaba haciendo lo correcto. ¿Tan mal estaba la antigua Rose? ¿Tan horripilante era?

-¿Necesitas algo?

Scorpius se giró hacia la puerta por la que acababa de aparecer Rose. La niña, embutida en unos amplios y desgajados pantalones de pijama se secaba manualmente el pelo con una toalla.

-Sí quieres, puedes darte tú ahora una ducha.

Él no respondió.

-¿Te ocurre algo?

Rose se volvió hacia el muchacho, que la miraba fijamente.

-Es por el chándal, ¿verdad? Aún tengo que lavar toda la ropa que traje de Hogwarts. Esto es básicamente lo que tengo para andar por casa hasta dentro de unos cuarenta y cinco minutos. –la niña se encogió de hombros. –De todas formas no va a verme nadie del colegio. No te preocupes, en cuanto mi ropa salga de la secadora…

-Estás bien así –la cortó él. Si ella seguía excusándose tanto no tendría más remedio que hacer algo de lo que ambos se arrepentirían más tarde.

Besarla para que se callara, por ejemplo.

-¿Te encuentras bien? –Rose se acercó hasta él y le tomó la temperatura con la mano. –No tienes fiebre, no. ¿Entonces?

-¿Entonces qué? –Scorpius parecía molesto ante la incredulidad de la morena.

-Que qué te pasa.

-A mí nada. ¿Qué demonios me va a pasar?

Ella le observó durante un momento y retrocedió un par de pasos para tener un ángulo de visión mejor.

-Estás muy raro, Malfoy. –repitió ella entrecerrando los ojos.

-Quizás eres tú la que está actuando de manera extraña… Weasley –siseó. –Aún no me has contado lo que pasó anoche.

Ella le miró alarmada.

-Ya sabes lo que pasó.

-No –el chico se giró y se dirigió a la cama. Apartó un par de camisetas y otros tantos libros de historia muggle y se sentó sobre el colchón. –Sé lo que dicen unos niñatos estúpidos. Quiero la verdad y desde el principio.

-Victoire se enfadó conmigo. Eso es todo. Una simple pelea entre primas –le dio la espalda al rubio y se volvió hacia el cuarto de baño para peinarse frente al espejo.

Maldijo a voz en grito cuando el peine se hundió en su cabello enmarañado y quedó preso de aquellos odiosos rizos. Ver a Malfoy acercarse por detrás apenas un par de minutos después de haberlo dejado solo en la habitación no le extrañó demasiado.

Mirándola fijamente a través del espejo volvió a preguntar.

-¿Qué ocurrió?

-Me peleé con mi prima –respondió ella automáticamente intentando sin éxito liberar el peine de su pelambrera.

-¿Y por qué hiciste algo como eso?

Silencio.

-Tienes que olvidarte de Lupin, Rose.

Ella se giró alarmada hacia él y le tapó los labios con su mano derecha.

-Las paredes aquí son de papel, idiota. Ten cuidado.

Scorpius la taladró con la mirada antes de apartar lentamente su mano de su boca.

-¿Qué es lo que viste en él, Weasley? Si puede saberse.

-Yo… no lo sé.

El rubio agarró firmemente el peine que seguía colgando del pelo de la slytherin y lo desenredó en menos de dos minutos. Ella lo miró atónita mientras él depositaba el peine en su mano y se giraba hacia la puerta.

-Pues más te vale descubrirlo y desterrarlo de tu cabeza para siempre. Lo vuestro es imposible. Cuando antes te lo metas en la cabeza mejor para todos. A los leones no les gustan las espinas y menos las envenenadas.

Sin decir nada más, Scorpius la dejó allí sola. Destrozada y taladrada por la veracidad de aquellas palabras.


Poco a pocooooooooooo

Aviso que el próximo capítulo Scorpius conocerá a los primos (en realidad hijos de los primos de Hermione) muggles de Rose. ¿Cómo se tomarán estos la llegada de otro mago? Y no uno cualquiera, UN MALFOY!!!

Ya saben --- Para un Teddy con necesidad de mimos y falto de amor DENLE AL GO!!!