-Yo creo que te amo-pronunció en un pequeño suspiro para segundos después clavarle sus gemas azules en los ojos del caballero quien la miraba con una pequeña pero sincera sonrisa.
Camus acercó lentamente sus labios a los de la rubia, ella simplemente lo esquivaba. Sus corazones latían muy rápido, el caballero recorrió con la mirada la silueta de la mujer, su piel pálida brillaba a la luz de la luna. Al ver que sus intentos de concretar el beso habían sido fallidos, se separó de Jade. El caballero se giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia adentro del templo.
-Jade, sígueme-pidió Camus sin detenerse y sin mirar hacia atrás.
La blonda, con pasos silenciosos lo siguió sin replicar. "tengo que hacerlo ahora"-pensaba.
-¡Camus!-dijo levantando la voz. El dorado se detuvo en el lumbral de la entrada y volvió su mirada hacia ella. Jade tenía un leve sonrojo en sus mejillas, caminó con paso lento hacia el caballero. Cuando llegó a Camus, lo miró fijamente a sus ojos, llevó sus brazos al cuello del él y unieron son sus labios por segunda vez, el acto duró apenas unos segundos pero solo eso bastó para que el clima del templo sea encendido y romántico….bueno, romántico al estilo de ellos.
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Dos caballeros se encontraban acostados mirando el cielo estrellado. Estaban conversando sobre cualquier tipo de cosa…Kiki finalmente se durmió plácidamente dentro de la carpa, roncaba haciendo demasiado ruido, pero se veía tan tierno que no eran capaz de pegarle un almohadazo para que bajara el volumen a sus ronquidos.
-[…]y cuando Shion deje este mundo…supongo que Mu seria el nuevo patriarca, no Milo?-preguntó Kanon mientras un viento acariciaba su cabellera.
-...se…-respondió como si fuera ajeno a la charla.
-Al carajo Milo! Que te sucede que te tienen tan perdido?-
Milo se sentó y miró a su amigo y compañero de armas.
-Kanon, supongo que te enteraras cuando vayas a desayunar al Santuario-respondió finalmente el escorpión.
El ex marina precipitadamente se levantó, poniéndose de pie
-Entonces…ire ahora!-gritó.
-Shhh!-contestó Milo-No podrás ir porque lo arruinaras-
—Pero que es lo que arruinaría!?—
-Bueno pues…-se acercó hacia el oído derecho DE Kanon. El gemelo de Saga al escuchar lo que le acababa de decir Milo, abrió los ojos como platos.
-Entonces…Camus y Jade…?-
-Sip-
-En el templo de Acuario…?-
-sip-
Kanon parpadeo unas veces y volvió a la normalidad.
-Lo imaginé alguna vez pero…no creí que pudiera pasar-comentó seguido de una risita acompañado de una sonrisa de Milo.
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El caballero d cabellos lilas vestía su armadura dorada. Mu estaba sentado en las escaleras, mirando un punto muerto. Se sacó el casco y lo dejó a un lado.
Carrie lo espiaba (desde hace un buen rato), lo hacía escondida detrás de una columna, Mu se había dado cuenta no era ningún tonto.
-Señorita Carrie, no es necesario que se esconda-dijo el caballero dedicándole una de sus genuinas y amables sonrisas a la luna. Un color carmesí arrebolaron las mejillas de la joven lemuriana-Puede sentarse junto a mí si es que gusta-ofreció finalmente mirándola a la cara.
Carrie asintió tímidamente con la cabeza, y un poco nerviosa caminó hacia el lado derecho de Mu, donde había dejado el casco de la armadura.
-Puedo sostenerlo?-preguntó la lemuriana señalando el casco y Mu asintió- Es muy bonito, Señor Mu…puedo ver mi reflejo en el-
El caballero no dijo nada…simplemente asintió.
Pasaron algunos minutos en silencio y Mu no le sacaba la vista de encima a la menor.
-Señor Mu, porque vigilan los templos?-inquirió la lemuriana con curiosidad.
El mayor suspiró y procedió a explicarle a Carrie con una tierna sonrisa.
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Unos golpes tímidos sonaron en la puerta de la joven pelinegra. Cherokee caminó con desgano a la puerta, miró por la cerradura de la puerta y pudo divisar al caballero rubio, aquel caballero que le robaba el sueño en aquellas noches largas de calor, aquel con el que siempre discutía, con el que pasaba la mayor parte de su día, el que siempre le sacaba sus sonrisas más sinceras, con aquel que simplemente era feliz con tal solo de tenerlo cerca.
Abrió la puerta y pudo divisar a Hyoga un tanto sonrojado, ella levantó una ceja contrariada para luego sonreír de una forma bastante altanera
-Que sucede Hyoga?-
-Estem…yo…-
-Solo dilo, soy toda oídos-dijo afirmándose en el marco de la puerta
-Te quiero!-soltó el sin siquiera mirarla a los ojos mientras un color rojo subía a sus mejillas, la pelinegra sonrió de forma dulce y le dio un beso tierno en la mejilla derecha mientras que su mano izquierda acariciaba la mejilla libre del cisne.
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Camus siguió besando con amor y euforia los labios de la rubia, la cual aun no le decía cuanto la amaba, pero eso era mas que claro.
Sus manos subían y bajaban por la ancha espalda del caballero de acuario. Las piernas de la blonda comenzaron a flaquearle, ella colocó sus brazos alrededor del cuello de Camus, Jade dio un pequeño saltito y apresó con sus piernas la cintura del caballero. El francés llevo a Jade a la cama donde siguieron demostrándose su amor con caricias, besos, gemidos y algunos rasguños de la rubia.
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