La noche fue un éxito. Acabé bailando hasta con Angela, mientras me contaba con las mejillas coloradas que había empezado a salir con Ben Chenney. Me vi a mi misma disfrutando como nunca, riéndome con mis amigos y sintiéndome a gusto entre ellos. Canté a pleno pulmón las canciones que me sabía, y hasta tuve un pequeño rato con Jessica, en el que me dijo lo mucho que iba a echarme de menos. En mi sano juicio, nunca me hubiera movido tanto en una fiesta, pero Jacob a mi lado era como una dosis masiva de energía, me hacía sentir libre y relajada, y descubría que las cosas que no me gustaban, eran en realidad cosas que no había probado. Bailar me pareció algo más divertido, aunque seguía siendo torpe, pero decidí que salir alguna vez y mover el esqueleto no era tan malo. Y me sorprendí pensando que iba a añorar el instituto, y todo lo que ello significaba. Pensaba que no me unía nada demasiado sólido a aquel lugar, a toda aquella gente, pero después comprendí que aunque no me había dado a conocer demasiado, sería extraño no ver por las mañanas las mismas caras y perder gran parte de las rutinas que habían configurado mis días durante aquel tiempo.

Cuando paró la música, no quería volver a casa. Mike se acercó a mí para abrazarme, sin acobardarse por la cara que puso Jacob. Angela prometió llamarme y me sorprendió que se despidiera de Jake, aunque fuera con una de sus tímidas sonrisas. Poco a poco, la gente se fue marchando y fue como si bajase el volumen de toda la alegría que llenaba mi cabeza. Me sentí de repente muy nostálgica, tenía un extraño nudo en el pecho y me escocían los ojos. No sé si por el humo o las lágrimas.

Jacob tenía todo previsto, y el coche nos esperaba a la hora convenida en la puerta. No quise ni pensar cuanto le podía haber costado el alquiler. Nos metimos en la parte de atrás y yo me acurruqué contra él, para que no viera que me temblaba el labio inferior. Jacob ni siquiera olía a tabaco, conservaba su aroma delicioso; estaba tan cómoda que estuve a punto de quedarme dormida. Me di cuenta en ese momento de que me dolían los pies y ni siquiera lo había notado. Además, tenía muchísimo sueño. Jake me acariciaba el pelo, enredando los dedos en mis rizos.

Llegamos a mi casa cuando empezaba a amanecer. Al salir del coche, se me puso la carne de gallina en los brazos, porque soplaba un poco de viento y yo no llevaba chaqueta. Jake le dijo algo al conductor, y después entró conmigo en casa. No se oía ningún ruido, así que supuse que Charlie se habría ido a la cama hacía rato. Me quité los tacones todo lo rápido que pude, me bebí un vaso de agua, sentada en la cocina, y moviendo los dedos de los pies para intentar que volviera la sangre a ellos. Jacob me miraba, pero no dijo nada. Aún tenía la música retumbando en mis oídos y sólo tenía ganas de dormir durante doce horas seguidas. Subimos las escaleras, los dos descalzos, porque Jake también se había quitado los zapatos. No me había equivocado, la puerta del cuarto de Charlie estaba cerrada y podía oír algún ronquido.

Pasé un momento por el baño y sonreí al verme en el espejo. Estaba despeinada, aunque todavía tenía la forma de algún rizo, y mi cara era una especie de mosaico, con manchas de maquillaje, rímel lagrimeado y rojeces. Me lavé a conciencia para intentar adecentar el desastre, pero no me importó demasiado. Mi aspecto no tenía nada que ver con el de hacía unas horas, pero había disfrutado, y eso se notaba en mi cara. El agua fresca me espabiló un poco. El vestido estaba arrugado, me lo cambié por el pijama y luego lo colgué de una percha.

Me inquietaba el silencio de Jacob, que me esperaba en mi habitación. Me dio la sensación de que teníamos una charla importante pendiente, pero me tranquilicé. Realmente, con él nada podía ser malo.

Entré despacio, y cerré la puerta con cuidado. Jacob había abierto las sábanas para que pudiera acostarme, pero él estaba sentado encima del edredón, a los pies de la cama. Me subí corriendo al colchón y me arropé. Entonces, él se tendió junto a mí y me rodeó la cintura con el brazo.

- Estás aún más guapa con pijama que con traje de noche- me susurró al oído.

Solté una risita ahogada.

- Lo has pasado bien?- pregunté.

- Sí- contestó después de pensar unos segundos- Ha sido muy divertido verte bailar- se rió por lo bajo, y yo le di un manotazo en el brazo- ¿Y tú?

- Ha estado genial. Creo que hasta voy a echar de menos el instituto- suspiré.

- Ya lo sé, Bells. Por cierto, Mike Newton no sabe en lo que se mete al despedirse de ti con tanto abracito…

Charlamos un rato en voz baja sobre las anécdotas de la noche. Luego, nos quedamos en silencio. Podía notar como bajo su cuerpo las sábanas estaban mucho más calientes. Había tenido frío hasta ese momento, pero poco a poco sentí mi piel tibia en las zonas que rozaban la suya. Se me cerraban los párpados cuando empezó a hablar otra vez:

- Hay una cosa que me preocupa.

Me incorporé un poco sobre el codo para mirarle a los ojos. Él sabía que a mí también me preocupaba algo.

- Yo lo digo primero- dije- ¿Qué va a pasar después del verano?

- Justo eso- me dedicó una sonrisa.

Era muy evidente que habíamos estado pensándolo durante el último mes. El curso siguiente yo ya no estudiaría en Forks, iría a la universidad si todo iba bien. Y simplemente no podía imaginar los días sin él.

- Guau, Bells…la universidad- dijo como leyéndome el pensamiento, y eso me hizo recordar a Edward. El recuerdo desapareció tan rápido como había llegado- Es increíble. Estás hecha una abuela.

- ¿Qué vamos a hacer?- dije con la voz cascada, y era una pregunta retórica, porque no había ninguna solución. Me pareció que le estaba dando demasiada importancia a algo que en realidad era ley de vida; mucha gente se marchaba a estudiar fuera y no era ninguna tragedia. Pero en aquel momento, con Jacob a mi lado, y empezando a disfrutar de verdad con él, se me hacía muy difícil.

- Puedo ir a estudiar adonde tú vayas. Terminaré el instituto en Alaska si hace falta.

- No, Jake. Lo mejor es que te gradúes aquí, que es tu casa. No vas a dejar solo a tu padre- me costaba decirlo, pero tenía toda la razón. Jacob era muy joven para marcharse de casa y dejarlo todo de esa forma, y Billy le necesitaba.

- Entonces, no vayas. Quédate y montaremos un restaurante o lo que sea en Forks.

Sabía que lo decía en broma, pero me tentó la idea.

- Terminaré muy pronto. Y en dos años vendrás a estudiar conmigo. Y vendré cada día libre que tenga.

- Dos años es mucho tiempo- me miraba y sus ojos me hicieron estremecer- No voy a aguantar tanto sin ti.

- ¿No quieres que sea una licenciada de éxito y me forje un porvenir con mis años de duro estudio?- dije poniendo voz de profesor.

- Quiero estar contigo.

Entonces pensé seriamente en cómo sería la universidad. No quería admitirlo, pero me daba pánico. Llegar a un lugar completamente nuevo, revivir todo lo que había sentido cuando regresé a Forks…ser una novata, sin conocer a nadie que pudiera echarme una mano. Y sin Jacob.

- Va a ser muy difícil- susurré.

- Creo que voy a estudiar el triple para acabar en medio año e ir a buscarte.

- O yo tomarme dos años sabáticos…

- O dejar de pensar en esto, porque estoy poniéndome triste.

- Septiembre aún queda lejos…

Me besó en el pelo.

- Tenemos todo un verano por delante. Hasta septiembre, prometo no alejarme de tu lado ni un segundo. Tengo que aprovechar el tiempo que me queda.

Me apreté un poco más contra él.

- Voy a llevarte a nadar, tomaremos helado de chocolate y saldremos a ver las estrellas. Y después dormiré a tu lado, besándote hasta que cierres los ojos. ¿Qué me dices?

- Vaya. Suena bien.

- Me parece que puedo empezar esta noche…-diciendo esto empezó a acariciarme los hombros, y me apartó la melena para rozarme el cuello con los labios. Sentí que se me erizaba la piel, y desde luego no era por el frío, porque él estaba a la temperatura de un radiador.

El fuego de aquella noche volvió con toda su intensidad. Y caí en la cuenta de la situación en la que estábamos. Tenía en mi cama al hombre al que amaba, y estábamos solos. Charlie no se despertaría ni aunque cayera un meteorito. Sus labios recorrían una y otra vez mi nuca y mis brazos. Había pasado una de las mejores noches de mi vida y de repente me puse muy nerviosa, porque me pareció que podía acabar de forma totalmente inesperada. No estaba segura de lo que pasaba, era como si se me estuviera yendo de las manos.

Por supuesto, deseaba a Jacob, con todas mis fuerzas. Pero no me sentí preparada, no quería que fuera aquella misma noche. Había vivido demasiadas emociones y no me había parado a pensar en un final así.

- Jake…-dije sacando la voluntad de algún lugar.

- ¿Sí?- murmuró, con los brazos soldados a mi cintura.

- Esto va un poco deprisa…

Al momento, aflojó su abrazo y casi me arrepentí de lo que había dicho.

- Perdóname, no habíamos hablado de esto. Perdón, lo siento mucho. ¿Me perdonas?- me cogió la cara con suavidad entre las manos.

- No tengo nada que perdonarte- dije aliviada.

- Es que…pensar en tenerte lejos me encoge el corazón, y es como si se me acabaran los segundos para demostrarte lo mucho que te quiero.

- Tú mismo has dicho que aún tenemos tiempo, antes de pensar en despedidas.

- Sí, pero... Esta noche ha sido tan…no sé, Bells, me he sentido tan a gusto como siempre cuando estoy contigo, pero hoy ha sido diferente. No sé si por el baile, las luces o lo preciosa que estabas, pero he sentido una atracción por ti distinta. Eras como un imán…perdona si he perdido la cabeza un poco, pero me cuesta hilar los pensamientos y pensar en frío cuando te tengo aquí abrazada. No puede haber nada que me guste más en el mundo.

- Yo he sentido lo mismo. Para mí es casi imposible controlarme cuando estás tan cerca- me sonrojé.

- Tendremos que hablar de esto con calma. Yo no tengo ninguna prisa por nada, ya sabes que eres libre. Sólo quiero que te sientas bien, hacerte feliz. Ver esa sonrisa cada vez que me miras.

Como respuesta, lo besé intentando que entendiera que no podía contarle con palabras lo que sentía.

- Estoy enamorada de ti- dije a bocajarro.

Jacob se quedó helado, se le cortó la respiración mientras me miraba.

- Nunca me habías dicho eso.

- No sé desde cuando, pero sé que lo estoy.

- Ya sabes que yo también.

La universidad me importaba muy poco en aquel momento. La luz ya entraba a raudales por mi ventana. Después de unos minutos en silencio, mirándonos, Jacob se levantó con suavidad y bajó la persiana. Luego volvió a mi lado, me abrazó y dejó su cabeza en el hueco de mi hombro. Podía notar su aliento cálido sobre mi piel.

- Duérmete, mi amor. Mañana será otro día y cuando te despiertes, estaré aquí contigo.


Muuuy dulce, no? Os adelanto que el verano de estos dos va a ser muy especial. Y después, usaré mucho la imaginación para el principio de curso. Prometo sorpresas!

Espero vuestras críticas, comentarios y aportaciones, con cualquier idea o cualquier cosa que os gustaría incluir en la historia. Últimamente veo muchas visitas y pocos comentarios, no se si es que me estoy alejando de lo que esperais... :( y echo de menos a gente que solía escribirme. Bueno espero críticas constructivas! GRACIAS! Especialmente a ainos91 y malavik, por seguirme :) Abrazos