Aquí está el final de esta historia. He disfrutado mucho escribiéndola, probablemente más de lo que haya disfrutado nunca con ninguna historia. Este capítulo es un poco diferente a los demás, pero me pareció desde el primer momento que este sería el final perfecto para Elena.
Tal y como acaba la historia, incluso podría hacer una continuación, pero no sé si la haré porque eso significaría que tendría que crear una historia lo suficientemente larga como para escribir algo. Pero no sé, ya veré. Todavía queda mucho verano.
En fin, espero que os haya gustado y que améis al pequeño Jeremy tanto como yo.
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EL JINETE SIN CABEZA Y SIN MONTURA
CAPÍTULO X
ELENA GILBERT
A pesar de que Elena había sido su primera vez con aquel hechizo, Kai sabía cuál había sido el estado de la humana durante todo ese tiempo que había pasado dormida. Sabía que no había sido consciente de lo que había sucedido a su alrededor, a pesar de que la gente pudiera fácilmente contactar con ella. Era en esos momentos cuando su mente se ponía en marcha.
Así que Elena no había sido consciente de todo lo que les había sucedido a sus amigos y a su novio. Aquello era lo que Kai había buscado. Así, la reacción sería la perfecta.
En cuanto Elena abrió los ojos, Kai se echó hacia delante en su silla y apoyó los codos en las rodillas. Vio como la chica pestañeaba varias veces, y como sus ojos intentaban ajustarse a la luz después de una década de oscuridad. La chica comenzó a incorporarse, y entonces se detuvo. Su mirada estaba fija en la cabeza de Bonnie.
La chica empezó a hiperventilar, y gritó. Giró la cabeza hacia la izquierda, y vio las cabezas de Caroline y de Stefan. Empezó a llorar y siguió gritando. Se incorporó del todo y vio que tanto sus manos como su vestido estaban manchados de sangre. Creía que había sido culpa suya. Aquello iba incluso mejor de lo que Kai había esperado.
Elena decidió mirar a la derecha. Y sólo pudo ver una cosa. Damon. La cabeza de Damon estaba frente a ella, y la miraba con una sonrisa. Una sonrisa idéntica a la que le dirigía siempre. Kai se había ocupado de que fuera idéntica, reconocible. La mejor tortura posible.
La chica se levantó y cogió la cabeza en sus manos. Intentó borrarle la sonrisa, pero parecía un trabajo imposible. Lo era, se dijo Kai. Él estaba forzándola desde que había matado a Bonnie.
Elena abrazó la cabeza como si eso fuera a traer de vuelta a Damon con ello. Kai comenzó a reír a carcajadas sin poder soportarlo más. Mientras que Elena alzaba la cabeza hacia él, el híbrido se levantó de la silla y se acercó a Bonnie. Le peinó suavemente el pelo con los dedos, y luego la cogió y la abrazó, imitando a la humana frente a él.
- Entiendo tu sufrimiento, ¿sabes?-le dijo con una sonrisa-. Incluso si he sido yo el que ha matado a Bon, me ha dado pena. Llevábamos diez años casados, y hasta tenemos un hijo.
- ¿Qué les has hecho?-la voz de Elena sonaba ronca después de no haber hablado en más de una década. La chica carraspeó.
- Estar dormida te ha hecho tonta, ¿no? Los he matado. Creo que es bastante obvio.
- Ni siquiera tiene sentido que estés vivo.
- No lo estoy. ¿Ves?-Kai se quitó la cabeza por un momento, y Elena gritó. El chico volvió a colocarse la cabeza y sonrió-. Tampoco es para tanto. No seas exagerada.
- Tráelos de vuelta. Ya.
- No se puede. Pensaba que ya lo sabías. Os cargasteis el Otro Lado, así que todos están muertos para siempre. Mi pobre Jer crecerá sin su madre. Creo que es la primera vez que pienso en eso-Kai frunció el ceño. Aquel era un asunto en el que no había pensado hasta el momento. Ya se le ocurriría algo.
- Mi hermano. Dime que no lo mataste-Elena parecía cada vez más confusa, pero también mucho más serena de lo que Kai había esperado.
- No estoy hablando de tu hermano. Ese no me importa a mí. Me refiero a mi hijo. ¿Quieres ser la madrina? Estoy seguro de que a Bonnie le habría gustado.
Kai disfrutó viendo cómo Elena se volvía loca poco a poco. La chica soltó la cabeza de su novio, que cayó al suelo y rodó. Luego se dejó caer de rodillas, se agarró del pelo y gritó. Empezó a tirarse del pelo, y varios mechones acabaron en el suelo o en sus manos. Kai sonreía, casi eufórico. Repentinamente se acordó de lo que tenía que hacer.
- Phesmatos Occulix.
Las cabezas desaparecieron. Elena había pasado a arañarse los brazos, y pronto, la sangre empezó a caer hasta el suelo. Y entonces sonó el timbre. La chica ni siquiera se dio cuenta, pero Kai se marchó del sótano, asegurándose de cerrar bien la puerta. El híbrido se arregló bien la ropa antes de abrir la puerta con una fingida expresión preocupada.
- Buenas tardes, agente. Gracias por venir tan rápido. Empezaba a temer que mi querida Elena se volviera contra mí.
- Cuénteme, señor Parker. ¿Qué ha sucedido?
- Pues verá-Kai estaba sorprendido por su gran interpretación-, Elena y yo llevamos ya dos años juntos. Nos conocemos, y puedo asegurarle que nunca se había mostrado así. Pero hoy...
Kai se llevó una mano a los ojos como si intentara ocultar las lágrimas, y para darle mayor énfasis, movió sus hombros de modo que pareciera que estaba temblando.
- Tranquilícese, vamos a solucionar esto. Pero necesito saber todo lo que ha sucedido.
- Hoy se ha vuelto completamente loca. No sé cuánto lleva así, porque yo he llegado a casa hace poco, pero me temo que bastante. Tiene... heridas, por los brazos, y en la cara. Ayúdenos, agente. No puedo verla así. Díganme, por favor, que hay solución a esto.
Se la llevaron. El agente, con ayuda de su compañera, se llevó a Elena en el coche de policía, y tan sólo un día después, la recién despertada Elena Gilbert fue internada en un manicomio. Mientras que se la llevaban casi a rastras, la chica no dejaba de pronunciar una palabra: cabezas.
Diez años después
Jeremy Parker-Bennett adoraba viajar a Mystic Falls con su padre. Mientras que estaban en Virginia, Kai siempre estaba de buen humor, y se mostraba siempre dispuesto a contarle historias y enseñarle lugares. Como, por ejemplo, la casa en la que se había criado su madre, a la que Jeremy apenas recordaba pero amaba.
El niño, de entonces diez años, sólo disfrutaba más con visitar a su tía que con recorrer las calles en las que sus padres se habían enamorado. Su pobre tía Elena, que estaba en un manicomio desde hacía diez años. Su pobre tía Elena, que ni siquiera lo reconocía a pesar de que Jeremy la hubiera visitado cada año.
Aquel año en particular, padre e hijo habían viajado al pueblo de Virginia poco antes de Navidad, para disfrutar de la tranquilidad del lugar. Y, como en cualquier otra ocasión, lo primero que había hecho el niño después de dejar las maletas en casa había sido ir a ver a la tía Elena.
- Hola, tía-saludó Jeremy en cuanto pudo verla a través de la ventanita que había en la puerta-. Te he echado de menos.
Elena Gilbert alzó la mirada y la fijó en el niño. La mujer se retorció en la camisa de fuerza que le habían puesto, y luego se acercó a él, casi arrastrándose por el suelo. Su tía siempre parecía cansada.
- Hola, pequeño-saludó la mujer con una débil sonrisa que se evaporó al instante-. ¿Qué haces aquí?
- He venido a verte, tía. Y tengo algo para ti. Una buena noticia.
- ¿Por fin me has hecho caso y has delatado a tu padre?-la voz de Elena estaba teñida de esperanza.
- No. ¿Por qué haría eso? No, la buena noticia es que papá me ha dicho que ha encontrado una manera de traer a mamá de vuelta. ¿No te hace ilusión?
Elena no respondió, y se dejó caer al suelo. Parecía aterrorizada, pero como no dijo nada Jeremy continuó hablando.
- Claro, tendrá el mismo problema que papá. Necesitará un poco de magia para poder tener su cabeza, pero...-el niño se calló de repente al ver cómo su tía empezaba a luchar contra la camisa, histérica-. ¡Oh, no! He vuelto a decir la palabra prohibida. Lo siento tanto, tía...
Pero el niño sonreía, incluso mientras que llamaba a los médicos para que calmaran a Elena con drogas. Sonreía, y tenía la misma sonrisa que siempre había tenido su padre. La sonrisa de un psicópata.
En cuanto el niño estuvo en la calle soltó la correa de su perro de la farola a la que lo había atado y le acarició el cuello con cariño. Luego empezó a andar tranquilamente hacia casa.
- Vamos, Ty. Tenemos mucho trabajo que hacer si queremos volver a ver a mamá pronto.
