A veces, cuando la tienda quedaba mal cerrada, una brisa fría interrumpía el amor y uno de los dos se separaba, generalmente alterado o malhumorado.
Rinalí se sentía un poco esposa cada vez que volvían a dormir juntos , tras un terrible día lleno de lucha y sangre.
En más de una ocasión, su cordial amante interrumpió los besos para salir a amenazar con su espada a los Buscadores que se apiñaban sobre la tienda, queriendo ver alguna clase de espectáculo.
Para ella, todo eso era nuevo. Algo que nunca antes había tenido oportunidad de conocer.
Se dio cuenta de que si alguna vez volvía al Cuartel General, no le sería posible separarse.
Comenzaron a darse pequeñas, casi imperceptibles muestras de afecto entre ellos, frente a sus camaradas. En un momento dado, Kanda recibió un golpe en la frente y la sangre manó de su herida. La joven Lee, entonces, corrió hacia él y derribó al akuma malhechor de una soberana patada, para luego abrazar a su querido samurai, con lágrimas en los ojos. Probablemente, en otra ocasión, él la hubiese empujado lejos. Pero comenzaba a aprender cómo aceptar el cariño, aunque lo hiciera a su modo arisco, sin mover un músculo del rostro, permaneciendo inmóvil mientras su mujer agradecía al cielo por tenerle todavía en gracia.
El General Theodore jamás se opuso a esa relación. A pesar de que sentía enorme culpa por no poder evitar la prematura muerte que , sabía, tendría su discípulo eventualmente.
En ocasiones, Kanda se preguntaba, mirándola dormir, cómo era posible que estuvieran juntos. El destino los había enfrentado por primera vez una tarde lluviosa, en la que Yuu había llegado de la mano de su maestro, dubitativo, pero orgulloso, a la Religión Oscura.
En la ciudad, merodeaban juntos, hombro contra hombro, avanzando calle sombría por calle sombría, presurosos a aniquilar certeramente la primer amenaza que se cerniera sobre el otro.
Algunos metros por detrás , les amparaban dos buscadores. Tom y Chao, de los pocos que sobrevivirían hasta el final de la travesía.
Rinalí Lee se entregó a ese amor de fugitivos con la devoción de una monja a Dios. La misma dulzura casi frenética que malgastaba en todos los hombres a su alrededor, se concentró primordialmente en su amado camarada.
A tal punto sentía el samurai éste trato, que terminó por comprender lo que debía sentir el Supervisor Komui, al proteger ese tesoro de muchacha de cualquier mirada masculina. Pese a que era histeria, en definitiva, lo que practicaba el hermano mayor de su…(?)
Imposible era para él buscar una palabra que definiera concretamente a la joven Lee, en ese momento. Lo intentó varias veces, y siempre caía en una laguna mental, antes de irritarse de súbito por tal ignorancia y atacar de lleno con su espada lo que tuviere delante. Sin hacer distinción entre Michael, otro Buscador, un árbol o un akuma de primer nivel.
A los pocos días, se dio cuenta de que correspondía con demasiado alborozo a ese afecto. ¿Qué pasaría cuando regresaran al Cuartel General y cada uno obtuviera una nueva misión, que les separara indefinidamente? La mente de Kanda siempre ha visto el futuro como algo incierto. Sabe que es escaso y que con cada herida que sana instantáneamente, se acorta más. Está consciente de que su vida puede terminarse en pocos años. No se permitirá que le maten antes.
Casados al fin, dos semanas después, siente más vida bajo los labios de su esposa que en su cuerpo decadente. Se aman con decencia. Eso es un consuelo. Ha hecho lo correcto y nadie tiene que reprocharle absolutamente nada.
Ella se ríe para cortar el silencio, en voz muy baja.
-Estás tan frío…Yuu.-Le dice , muy niña, con las mejillas sonrojadas y los ojos estrellados.
Kanda ya no acepta más demostraciones. Demasiado con haber cedido una y vuelve a su lugar. Su esposa se estremece y acurruca.
Rinalí Lee ha intentado disimular el gesto que le sobreviene con el instinto: Llevarse las manos al vientre cada vez que una emoción afecta ligeramente su corazón. Pero en el encierro de ese compartimiento, donde sólo le acompaña la única persona en el mundo que sabe de su embarazo (no la única, sin embargo, que se lo imagina) se permite hacerlo. Le gruñen, mirándole de reojo, a manera de respuesta.
N/A: Mask no puede creer lo fluff que se está poniendo su crack, en serio. ¿Le van a levantar el ánimo diciéndole que no es del todo cierto, o cuando menos, sugiriendo qué escenas gore pueden introducirse en la trama para que no se sienta muy Corín Tellado?y.y
