Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola a todos, gracias por entrar en este shikatema! Hoy tengo algunos avisos (?)
Aviso lindo: escribí un song-fic sobre esta parejita y todavía no sé si subirlo ahora o después de que termine este fic, a ver ustedes qué opinan. Terminado está.
Aviso para disimular la falta de originalidad: el epígrafe de hoy y del próximo capítulo son versos extraídos del poema de Mario Benedetti "Táctica y estrategia". Tal vez haya gente que no lo conozca, si bien es un clásico de este escritor uruguayo. Lo que intento decir es que es demasiado obvio utilizarlo tratándose de esta pareja, jejeje
Aviso triste: el fic está llegando a su final T.T Después del presente solo quedan dos capítulos más :(
Bueno, ya me callo. Aquí les dejo la continuación de esta historia. BUENA LECTURA!
Capítulo X: Cada cual por su lado
Mi táctica es quedarme en tu recuerdo,
no sé cómo ni sé con qué pretexto,
pero quedarme en vos…
Mario Benedetti.
Dos días después Temari se encontraba nuevamente en el despacho de su hermano el Kazekage. Había pasado tiempo desde que se fuera con la moral resquebrajada y la autoconfianza por el suelo, tiempo durante el cual había tenido que aprender a rearmarse a sí misma, y en el camino se había enamorado. Trató de no pensar en el hueco que se le formaba en la boca del estómago, en lo que estaría creyendo Shikamaru al no encontrarla en su habitación, en su enfado por marcharse sin siquiera despedirse.
Pero él era inteligente, seguramente se repondría de la sorpresa y sospecharía. Tenía que ser así, confiaba que fuese así, aunque también la desconcertaba pensar en las decisiones que el chico pudiese tomar en tales circunstancias. En estos dos días que ella demoró en llegar a Suna tal vez Shikamaru ya hubiese hecho algo.
-Me alegra que estés mejor, Temari, lamento haberte obligado a marchar de Konoha de esta manera –dijo Gaara con la calma acostumbrada.
-Me han tratado muy bien, hermano, no me gustó tener que huir de allí con Kankuro como si fuésemos ladrones.
-Fue para evitar tener que dar explicaciones. Todavía no estamos seguros acerca de lo que ha ocurrido y no quería que entraran en conocimiento de nuestras sospechas hasta haberlo resuelto.
-Se trata de Konoha, Gaara, de nuestros aliados, es evidente que hubo un malentendido.
-Pues entonces debemos aclararlo por nuestra cuenta lo más pronto posible. Temari, no creas que no me afecta el tener que tomar este tipo de decisiones, pero debo pensar en los intereses de Suna antes que nada.
Ese argumento fue concluyente. Una vez más, su hermano tenía razón.
-Entiendo, Gaara.
-Ahora cuéntame cómo te ha ido durante tu estadía.
Temari se ruborizó levemente. Era una pregunta que podía abarcar muchos aspectos, aunque sabía a qué se refería él. De todas formas no pudo evitar pensar en quien estaba pensando, demorándose algunos instantes en contestar a causa de su turbación. Gaara se extrañó por su reacción, pero se mantuvo callado. Una vez que Temari logró diluir un poco la imagen de Shikamaru en su mente, se rehízo y respondió.
-He hecho un poco de todo. He intervenido en diversas actividades de entrenamiento y colaboré en alguna que otra misión de bajo rango… En general no atravesé por ningún tipo de sobresalto, fueron unas semanas muy tranquilas. Últimamente tuve mucho trabajo chequeando los documentos que enviabas, por momentos no podía hacer otra cosa más que leer y clasificar papeles.
-¿Tanto así? –se extrañó Gaara.
-Hermano, ¡no paraban de llegar! Todavía no puedo entender cómo tuviste el tiempo para expedir tal cantidad de pergaminos, ¡encima solo eran pedidos! Aun así Tsunade sama me aseguró que atendería a todas las solicitudes, no me explico qué pudo haber pasado… ¿Acaso escasea de tal modo el personal? ¿La aldea está pasando por un período de desequilibrio, de desabastecimiento? ¿Por qué necesitamos depender tanto de nuestras naciones aliadas?
Gaara la escuchó con el entrecejo fruncido.
-No entiendo nada de lo que dices.
-Hablo de la cantidad de documentos que envias… -Temari se cortó, confusa- ¿Cómo que no entiendes?
-Temari, primero que nada no he enviado tal cantidad de pedidos porque por suerte no dependemos tanto de nuestras naciones aliadas. Segundo, Suna no ha solicitado nada, solo he enviado diversos tratados de mutua cooperación.
La kunoichi se quedó de piedra.
-¿Cuántos? –preguntó, con el aliento contenido.
-Pues… tal vez cinco o seis, todos durante los últimos quince días.
Temari soltó el aliento. Entonces todos esos pedidos que había estado leyendo… Cruzó una mirada de suspicacia con su hermano. Para ella el asunto estaba comenzando a aclararse y lo mismo vislumbró en los ojos de él. Por un lado experimentó un profundo alivio al saber que Konoha no era el problema, pero por otro se alarmó.
-Alguien ha estado jugando con nosotros –aseveró Gaara, pensativo.
-o-
Por la tarde, Temari y sus hermanos se encontraban reunidos en torno a una gran mesa de uno de los laboratorios de Suna, donde un shinobi especializado terminaba de realizar el peritaje sobre uno de los pergaminos que habían llegado de Konoha rechazando alguno de los tratados. El experto hizo a un lado los instrumentos con los que había estado examinando el documento, se sacó las gafas y habló mirando al Kazekage.
-Gaara sama, sus sospechas tienen fundamento.
-Explícate –pidió él. Los otros dos escuchaban con atención.
El perito tomó otro pergamino y lo colocó junto al que había estado revisando.
-Este es un documento oficial que me trajeron de nuestros archivos y que contiene la firma y el sello original de la Hokage, y este otro es el que me han traído ustedes. A simple vista son idénticos –explicó, poniéndolos juntos para que los demás pudiesen constatar lo que decía-. Sin embargo, si se fijan en la coloración, la firma y el sello del segundo son de un azul levemente más claro que el primero –Los otros entrecerraron los ojos, pero no llegaron a notar la diferencia. El perito tomó una lente especial y la posó sobre los sellos-. Observen ahora, ¿lo ven? El que ustedes me dieron tiene un sello y una firma de un color ligeramente más pálido, fue eso lo que me hizo sospechar.
Gaara comenzaba a entender. Sus hermanos, en cambio, seguían desorientados. El experto entonces acercó dos vasos de precipitado y colocó en cada uno un poco de líquido transparente, luego con un instrumento punzante raspó la superficie de un sello y colocó los mínimos restos en uno de los vasos. A continuación hizo lo mismo con el otro. Mientras que en el vaso con el material del primer sello no se observó ningún cambio, en el del segundo el material comenzó a diluirse lentamente, hasta que al cabo de unos instantes esa parte del líquido se tornó azulada.
El que habló fue Gaara.
-La tinta con la que un kage firma y sella sus documentos es una tinta especial, no es una normal. La propiedad excluyente de esta tinta es que es indisoluble en alcohol, lo cual no solo contribuye a que sea indeleble sino que también resulta útil en estos casos, cuando se pone en entredicho la autenticidad de la firma. Llegar a dilucidar una cosa así llevaría tiempo y si no existiera ningún tipo de sospecha ni siquiera se verificaría, ya que tanto la firma como el sello son iguales a los originales.
-Me temo que está en lo cierto, Kazekage sama –corroboró el perito.
-Afortunadamente lo hemos detectado a tiempo. ¿Has descubierto algo más, algo que nos dé una pista acerca de la verdadera procedencia del documento?
-Bueno… El material del papel.
-¿Qué tiene de especial? –preguntó Kankuro.
-Ocurre lo mismo que con la tinta. No es el tipo de papel que suelen utilizar en Konoha para este tipo de documentos, pero tampoco es fácil de percibirlo a simple vista, solo con una lente especial –El hombre volvió a tomar un cristal, diferente al anterior, y lo pasó por encima de la hoja para examinarla-. No, definitivamente no es el mismo.
-¿Podrás establecer el tipo de material?
-Ya he enviado muestras de los otros pergaminos recibidos al laboratorio B, en estos momentos están siendo sometidos a exámenes químicos. En menos de una hora tendré los resultados, supongo que una vez establecido el tipo de material se podrá deducir con bastante acierto cuál es su origen o al menos la zona donde es utilizado.
-Esperaré los resultados en la salida de la aldea.
-¿En la salida de la aldea? –indagó Temari.
-Así es, tengo una misión para ustedes dos. Vámonos.
-o-
Temari no daba más de los nervios, no dejaba de moverse de un lado a otro mientras sus hermanos la observaban de pie con los brazos cruzados, visiblemente extrañados de su conducta. Habían llegado los tres a las puertas de Suna para esperar el resultado final de las pericias y la kunoichi pensó con disgusto que pronto tendría que marchar de nuevo por ese acantilado para cumplir vaya a saber qué clase de misión. Ella no quería. Gaara no lo sabía, pero ella tenía un asunto pendiente en Konoha, tenía una cita con el único hombre que soportaba su tan particular forma de ser y llevaba casi tres días de retraso.
No podía sacárselo de la cabeza. Pensaba en él en todo momento, recordaba su cara, repasaba sus gestos, le parecía sentir todavía su cálido aliento… Por una parte, se calmó al descubrir que alguien desde las sombras había falsificado documentos para enemistar a las dos villas, eso era algo que tenía solución: ella misma se encargaría de mandar a volar al inoportuno maldito bastardo. Pero por otro lado se sentía en falta, se había ido sin dar ninguna explicación y tal vez Shikamaru no había acertado a sospechar nada malo, o quizá se había ofendido tanto que se enfadó, se cruzó de brazos y se tiró perezosamente en algún parque a mirar las nubes, sin dignarse a trazar ninguna estrategia para encontrarla. En este punto de sus reflexiones, Temari se mordió el labio inferior nerviosamente. Decidió encararse con su hermano.
-Escucha, Gaara, quiero volver a Konoha.
El otro la miró inexpresivamente. Desde que la vio llegar esa mañana había notado que su hermana estaba rara, que ocultaba algo. Ahora percibía con claridad sus nervios, su preocupación, su creciente ansiedad. Él no era muy demostrativo ni afectuoso, tampoco le gustaba meterse en asuntos personales ajenos, pero aunque no lo demostrara por fuera en su interior estaba comenzando a impacientarse y a querer saber qué diablos le pasaba.
-¿Qué sucede?
-No ocurre nada –mintió Temari-, solo creo que debería volver a Konoha para informar sobre todo lo que está pasando, tienen derecho a enterarse. Además, me fui de forma tan abrupta y desleal que seguramente se estén preguntando qué habrá sucedido.
-Si fuera así habrían enviado algún mensaje, y no lo hicieron. Supongo que algo deben de sospechar y estarán haciendo sus propias averiguaciones.
"Kami te oiga".
-De todas formas, Gaara…
-No, Temari, ahora tengo otro trabajo para ti. Una vez que nos den el resultado final de las pericias te asignaré tu nueva misión.
"Maldita sea".
-¿De qué se trata? –indagó Kankuro, pero antes de que Gaara pudiese contestar se acercó corriendo hasta ellos el perito con el que habían estado hablando hacía menos de una hora. Traía un papel entre sus manos que procedió a entregarle a su líder.
Gaara leyó en silencio los informes. Un mohín se dibujó en su rostro.
-¿Qué ocurre? ¿Qué dice? –preguntó el marionetista, preocupado al ver ese gesto en su por lo general imperturbable hermano menor.
-¿Gaara? –Temari no estaba menos extrañada.
El interpelado levantó los ojos del papel.
-Según el informe, el material con el que fue elaborado el pergamino está extraído de una planta que no crece en la región de Konoha sino… en la aldea del Sonido.
Un gran asombro se dibujó en los rostros de los shinobis, impactados por la novedad. Hacía tiempo que no se escuchaba nada de dicha aldea, se la había declarado como enemiga de las naciones aliadas y la mantenían al margen de todo intercambio comercial y de toda tratativa diplomática. Para Suna, además, el Sonido constituía uno de los peores recuerdos de su historia, ya que fueron ellos los instigadores del absurdo enfrentamiento con Konoha después de haber asesinado al mismísimo Kazekage anterior. La herida volvía a abrirse, de nuevo esos ninjas sembraban la discordia. En ese momento, un ave mensajera sobrevoló sobre ellos graznando, pero ninguno llegó a registrar su presencia debido a la conmoción en la que se hallaban sumergidos.
Temari consideró que la cosa se complicaba. Ahora ese asunto sería la prioridad para su hermano, para ella misma también, ya que la enemistad con el Sonido era una cuestión personal. De nuevo esos malditos metiéndose donde no los llamaban… Su vida amorosa pasó automáticamente a un segundo plano, otra vez.
Gaara se recobró de la sorpresa y se encaró con sus hermanos.
-Tengo su nueva misión, Kankuro, Temari –Ellos lo escucharon con atención-. Deben dirigirse hacia la aldea del Sonido para realizar una labor de espionaje. Quiero que descubran quiénes y por qué están falsificando documentos oficiales. Una vez que tengan datos certeros esperarán la llegada de un equipo ANBU que despacharé dentro de algunas horas para apoyarlos en la detención de los responsables. Es todo.
-Entendido –afirmaron sus hermanos.
-Cuento con ustedes.
Se dirigieron entre los tres una última mirada de despedida, luego Kankuro y Temari dieron media vuelta y echaron a correr a gran velocidad a través del acantilado. En apenas segundos estaban avanzando a través del desierto.
Mientras se desplazaba, la joven volvió a ser asaltada por la imagen de cierto perezoso muchacho. Le dolió. Sin embargo pronto se rehízo para concentrarse en su misión, la primera verdaderamente importante después de aquella en la que fracasó. Se juró a sí misma que esta vez no fallaría, que confiaría en sus capacidades y en las de su compañero, y luego se juró también que cuando todo esto terminara se montaría sobre su abanico e iría volando hasta Konoha, con o sin autorización.
-o-
Cuando Gaara regresó a su despacho, Baki en persona lo estaba esperando.
-Kazekage sama, acaba de llegar un mensaje procedente de Konoha. Lo firma la Hokage y ya me han confirmado que esta vez es auténtico.
-o-O-o-
En el despacho del Hokage, Tsunade observaba atentamente a quien de seguro era uno de los shinobis más inteligentes de la Nación del Fuego. A simple vista parecía tan desganado como siempre, pero en sus pupilas notó un dejo de inquietud.
-¿Qué es lo que piensas, Shikamaru?
-Pienso que todo esto es demasiado molesto, molesto y problemático –respondió él, sin ocultar su fastidio.
El trabajo de decodificación que había estado haciendo con Shiho el día anterior le había llevado varias horas, tal y como había supuesto. Eran casi las once de la noche cuando logró descifrar el maldito mensaje, para venir a descubrir que se trataba nada menos que de una delación. El contenido del texto era extenso y arduo, pero básicamente acusaba a la aldea del Sonido de fraguar documentos oficiales para provocar la ruptura de las relaciones entre Suna y Konoha. Se mencionaban nombres, coordenadas, procedimientos, fechas… Quien sea que fuera el soplón se había cuidado muy bien de enviar la información codificada, aunque con lujo de detalles.
Parecía hecho a propósito. Shikamaru terminó de interiorizarse del contenido y salió corriendo hacia la posada para prevenir a Temari, pero cuando llegó ya era tarde, ya no estaba, y ni rastros halló de ella. Solo la planta fue testigo de su frustración. Seguro que alguien de su aldea la había venido a buscar después de entender que Konoha rompía relaciones con Suna, probablemente su hermano Kankuro, y se la habría llevado eludiendo la guardia para evitar tener que dar explicaciones. Maldita sea, ¿y a la señorita no se le pudo haber ocurrido algo para retenerlo mientras él llegaba? ¿Por qué todo tenía que ser siempre tan problemático con esa mujer?
Encima, tuvo que esperar hasta el día siguiente para informarle a la Quinta.
-¿Cuáles son sus órdenes? –indagó, tratando de controlar la ansiedad.
Tsunade lo miró con asombro. ¿Desde cuándo estaba tan dispuesto a recibir órdenes?
-Necesitamos averiguar más.
El otro chasqueó la lengua, insatisfecho.
-Ya sabemos todo lo que hay que saber, en ese mensaje están todos los datos.
-Entiendo, Shikamaru, ¿pero qué pasaría si también fuese falso?
Buen punto. Más conflictos entre aldeas.
-¿Entonces?
-El escuadrón de criptoanálisis está ahondando en el examen de la totalidad de los documentos que se han recibido hasta la fecha, debemos establecer fehacientemente que todos y cada uno de ellos son falsos.
-¡Pero eso llevará tiempo!
-Lo sé, es fastidioso. Los del escuadrón están haciendo su mejor esfuerzo.
-¿Y desde cuándo es tan paciente?
-¿Y desde cuándo algo te interesa tanto? –retrucó Tsunade, mirándolo ceñuda e irritada. El mocoso ya se estaba pasando. Si bien era cierto que el chunin era lo suficientemente mayor como para ocuparse de sus asuntos, para ella era obvio que algo le pasaba y que motivos que trascendían lo meramente profesional lo estaban impulsando a actuar así. ¿Pero qué diablos le pasaría?
Shikamaru guardó silencio. Se dio cuenta de que se estaba exponiendo sin necesidad, de que si se dejaba llevar por sus emociones ella recelaría y no le permitiría intervenir en el asunto. Lo peor que podía hacer en ese estado de cosas era subestimar a uno de los sannin, por lo cual prefirió marcharse antes de cometer alguna torpeza.
-Solo me interesa porque es un mensaje que yo mismo he descifrado, eso es todo. Mientras llegan los resultados de los análisis, quisiera cumplir con mis otras obligaciones.
Tsunade lo miró aún más fijamente. Había captado muy bien la evasiva. Lo meditó unos instantes, barajando posibilidades, pero al final cedió. De todas formas él no le diría nada.
-Puedes retirarte –le dijo.
-o-
Shikamaru permaneció encerrado en su oficina el resto del día, tratando de no pensar más. Trabajó poco, casi no comió y solo podía enfocarse en la imagen de Temari. Le habían dicho que tomaría cuarenta y ocho horas revisar los documentos, tal vez más, los mismos que ella había leído antes durante jornadas completas. Ahogó una maldición. Se sentía un idiota. ¿Cómo no se había dado cuenta de lo raro que era que llegaran tantas solicitudes, tantos pedidos? Parecía un novato.
Para colmo no había podido dormir en toda la noche pasada. La extrañaba tanto que le dolía, jamás pensó que llegaría a desear de esa forma a una mujer. Al darse cuenta de ello, sonrió sin ganas. Siempre había aspirado a relacionarse con una chica común, pero había terminado por enamorarse de la más orgullosa, la más terca, la más problemática de todas. Y sabía por qué. Temari no solo era orgullosa, era fuerte. Ella no solo era terca, era una persona independiente. Y no solo era problemática, era una mujer apasionada.
Shikamaru la admiraba.
La noche que tenía por delante sería igual de larga que la anterior, podría apostarlo. No conseguía olvidar que tenía una cita con ella, la primera cita real y no un mero encuentro profesional producto de sus obligaciones o por una batalla eventual obedeciendo órdenes. Pensó que el destino era injusto.
Maldita sea…
-o-
El segundo día desde la partida de Temari tampoco hubo novedades y Shikamaru caminaba por las paredes. El único que podía acercarse lo suficiente para tratarlo era Chouji, que lo conocía y podía manejarse con ese estado de ánimo tan impropio de él. Los demás lo notaron más retraído que de costumbre, más indiferente, aunque también más inquieto y preocupado. Después de enterarse de lo que había ocurrido con los papeles y con Temari algo llegaron a vislumbrar, porque no eran ni ciegos ni tontos, pero optaron por no molestarlo con preguntas.
Tsunade había decidido que las cosas se harían con cuidado, que el honor de la aldea estaba en juego y tenían que resolver el problema ellos mismos, con calma. Informarían a Suna solo cuando estuviesen seguros de que el mensaje cifrado era verdadero.
El tercer día, la Quinta ordenó que Shikamaru, Chouji e Ino estuviesen listos para partir a una nueva misión y que la esperasen en la entrada de la aldea. El joven se crispó. No era el mejor momento para encomendarle un trabajo nuevo, él quería resolver el otro asunto. Ya había extraído sus propias conclusiones y había llegado a confeccionar una larga lista de argumentos razonables para convencer a Tsunade de entrar en acción, o al menos para conseguir que le permita ir a Suna para aclarar las cosas. Su mente bullía. Todo lo que podía colegir era que tenía que encontrarse con Temari.
Flanqueado por sus dos compañeros, observaba ceñudamente el camino al otro lado de las grandes puertas, como si en cualquier momento ella fuese a aparecer. Chouji lo miraba con preocupación e Ino con emoción contenida. Su intuición femenina le había revelado que el flojo de su amigo al fin se había enamorado, después de tanto tiempo quejándose de las mujeres. Cuando Chouji le contó lo de la abrupta partida de Temari y lo de los documentos, cuando vio al estratega caminar de un lado a otro como un león enjaulado, supo deducir de inmediato lo que le ocurría. Tal vez no era tan inteligente como él, pero era más rápida para leer los sentimientos ajenos. Esos dos habían pasado demasiado tiempo juntos... Y como le encantaban los asuntos amorosos, no se privaría por nada del mundo del placer de ayudarlo.
Estaban allí los tres, alguno más impaciente que otro, hasta que Tsunade se presentó en persona para comunicarles los resultados de los exámenes.
-Todos, escuchen –pidió. Los tres la miraron con seriedad-. Se ha determinado que ninguno de los documentos que habían llegado supuestamente desde Suna eran reales, en todos la firma y el sello del Kazekage han sido falsificados. También se examinó el escrito donde consta el plan del Sonido para enemistar a las aldeas y se ha corroborado que es auténtico y que debió de provenir justamente de dicha locación. Acabo de preparar un mensaje para el Kazekage donde le informo de la situación, en estos momentos está siendo enviado por medio de una de nuestras aves con un jutsu especial para evitar que sea interceptada por el enemigo.
Los tres escuchaban con atención, expectantes. A continuación les dieron sus órdenes.
-Esta será su próxima misión –indicó la Quinta, con su imponente tono de voz-: deben partir a la aldea del Sonido y ubicar el lugar donde se han fraguado los documentos según estas coordenadas –dijo, entregándoles un papel doblado-. Una vez allí, apresen a todos los involucrados e invaliden sus operaciones, no sin antes haber recolectado las pruebas de sus actividades. En breve enviaré un equipo ANBU para apoyarlos en la intervención. Cuento con ustedes.
Los tres asintieron con resolución. Después dieron media vuelta, atravesaron las puertas y echaron a andar hacia su nuevo objetivo. No demoraron mucho en lanzarse hacia los árboles para desplazarse velozmente entre las ramas.
Shikamaru se sentía más tranquilo, al menos podría encargarse de solucionar el asunto en persona, como había deseado. Quienes fuesen los responsables, lo pagarían bien caro. Haber hostigado a las aldeas, poner en entredicho su honor, pretender un enfrentamiento absurdo entre naciones aliadas, interrumpir su cita… Era imperdonable.
Y a cada tramo que avanzaba, más cerca se sentía de Temari.
Wiiiiiii! XD
Muchas gracias a todos por sus hermosos reviews. Saludos especiales para KARAGABRIELLE, me lo mandaste anónimo! Ahora que lo pienso, podría haberte respondido desde un review anterior, pero bueno, mi mente no es tan despierta como la del shinobi de ahí arriba ñ.ñ Muchas gracias por tu mensaje y por todas tus afectuosas palabras.
Y gracias a todos por su tiempo, por su paciencia y por su generosidad para con este fic. Nos vemos la próxima!
