Capítulo 10: Tristeza


Pasaron varios días. Gautier permanecía en el castillo por invitación de Dumbledore, aunque cada día se dejaba ver menos. Parecía haberse enclaustrado en su habitación. Por otra parte, Lockhart continuaba dando clases para terror de Harry y Ron, pues no dejaba de recordarles su vil comportamiento del pasado.

Cierta noche, Gilderoy decidió visitar a la hechicera en su habitación. Le llevó una caja de ranas de chocolate como regalo...

-¡Vamos, come una de estas!—Dijo el mago rubio, ofreciéndole una rana a su amiga—Son infalibles contra la depresión.

Lareine estaba sentada en el borde de su cama, mirando a Lockhart sin mucho interés. Finalmente suspiró y tomó el dulce, pero no lo probó.

-Gracias—Murmuró la mujer, con voz vacía.

Él la miró y movió la cabeza en un gesto de desaprobación.

-No, no. Algo debe andar muy mal. Nunca te había visto así—Comentó.

Ante el silencio de su amiga, Gilderoy decidió sentarse a su lado.

-Lareine, presentaré mi nuevo libro a los medios en julio: Gilderoy Lockhart regresa de los caminos del olvido. Mi fama ha disminuido bastante, ¿sabes?

Ella lo miró y alzó una ceja, mientras decía:

-Espero que esta vez no robes las hazañas de ningún otro mago...

Gilderoy tosió un poco y cambió rápidamente de tema:

-Ejem...sí...lo que quiero decirte es...

-¿Qué sucede?—Preguntó la hechicera, ante la inusitada seriedad de su amigo.

Lockhart tomó las manos de Lareine, y dijo:

-Te lo pido una vez más. Ven conmigo, quiero que nos...

Al escuchar aquello, la mujer se alejó del mago, con horror.

-No puedo casarme contigo—Dijo, con voz extraña—Ya te lo había dicho...

-Oh, era eso. Creí que te estabas haciendo la difícil—Murmuró Lockhart, pensativo, después recuperó su alegría usual—En fin, si cambias de opinión...

Lareine no dijo nada. A pesar de eso, Gilderoy se acercó a ella y le dio un ligero beso en los labios, después salió.

Gautier se sonrojó por un momento, al considerar la proposición de su amigo y recordar el beso. Sentándose frente a su escritorio, pensó:

-A pesar de todo es muy atento...

El beso de Lockhart había sido breve pero cálido. Lareine sintió una extraña dicha que había olvidado mucho tiempo atrás... ¿Hacía cuánto que no la habían besado? Sí, hacía muchos, muchos años atrás.

Pero entonces la hechicera recordó cuál era su prioridad en aquellos momentos y desechó la idea para siempre. La expresión de su rostro se nubló al instante. Tomó el relicario de plata que estaba sobre el escritorio y susurró:

-No...yo no puedo tener una vida normal...Maldito seas, ¡estoy atada a ti!

Observó la imagen del relicario con odio, pero al poco tiempo se arrepintió.

-¡Perdóname!—Susurró.

Dejó el amuleto donde estaba y decidió salir un rato para despejarse.

***

Lareine salió del castillo y se dirigió a su lugar predilecto en Hogwarts: la vieja banca junto al árbol. Se quedó ahí, cavilando y sintiendo el gélido viento de diciembre...

Pero una voz grave la sacó de sus pensamientos.

-¡Profesora! ¿Otra vez aquí? A estas horas...¡y con este frío...!—dijo el recién llegado, que no era otro más que Hagrid.

Había luna llena. Por eso el semi-gigante había visto a la hechicera.

-Sí, necesitaba tomar un poco de aire libre—Respondió Lareine, aparentando naturalidad.

-Ehh...¿Le gustaría tomar un poco de té en mi cabaña?—Preguntó Hagrid, rascándose la cabeza.

Ella aceptó.

***

En la cabaña, Hagrid ofreció té amargo y bizcochos duros a su invitada, la cual pareció no darse cuenta de nada.

-Gracias—Fue lo único que dijo.

El semi-gigante le sonrió a la hechicera, dio un sorbo a su bebida y comenzó a hablar. Él sabía que Lareine estaba deprimida y decidió hacerla reír contándole innumerables travesuras de Harry y sus amigos. Funcionó. Gautier prestaba mucha atención a las palabras del guardabosques e incluso rió un par de veces.

-Veo que sientes mucho cariño por ellos—Comentó la hechicera, cuando Hagrid terminó de narrar algo muy tonto que Ron había hecho.

El hombre se acarició la hirsuta barba y asintió, contento. Lareine bajó la mirada, y murmuró:

-Yo siento lo mismo por Harry.

-¿Qué?—Preguntó Rubeus, un tanto sorprendido. ¿Acaso las suposiciones de Ron eran ciertas?

Ella miró al guardabosques con sus ojos púrpuras y, con voz apenada, continuó:

-Sus padres fueron asesinados cuando él era muy pequeño, por...bueno, tú sabes quién. Por si fuera poco, debe vivir con sus detestables parientes muggles...

Hagrid no le quitaba la vista de encima. Gautier agregó:

-Siento un gran cariño por él. A pesar de todo lo que ha vivido, es un buen chico.

-¡Sí, sí claro!—Se apresuró a decir el semi-gigante.

Entonces la hechicera cambió el tema, comenzó a hablar sobre Lockhart y así estuvieron un buen rato, hasta que el reloj dio las dos de la mañana. Finalmente, Hagrid acompañó a Lareine hasta la entrada del castillo.