¡¡HOla!!

Bueno, se que he tardado un poquito en actualizar, pero era necesario asentar bien los datos... empezamos a desatar.

Muchas gracias por los reviews.


CAPÍTULO 10:

-¡Ya hemos llegado!- la voz de Tonks resonó por todo el recibidor de la casa.

Hermione, detrás de ella, esbozó una sonrisa. Tonks había estado algo nerviosa desde el día anterior, como si deseara volver pronto a La Isla. Podía comprenderla perfectamente, estaba deseando ver a Harry, había tomado una decisión la noche anterior, iba a hablar con él, contarle quien era, responder a todas las preguntas que quisiera hacerle. Se había portado muy bien con ella y se merecía saber de donde había venido todo ese terror la noche de la tormenta. Después de todo, el disco y el videoclip estaban por salir, era muy probable que los viera, y prefería que supiera la verdad por ella. Pero… lo más curioso de todo, es que se sentía preparada para hablarle con libertad, confiaba en él.

-¡Hola¿Hay alguien?- volvió a gritar Tonks, caminando con largos pasos hacia la cocina.

Hermione dejó la maleta al lado de la de ella y la siguió por el pasillo. La cabeza de Remus se asomó por la puerta con una sonrisa; miró a Tonks y se hizo a un lado para dejarlas pasar.

Cuando Hermione cruzó la puerta, esbozó una sonrisa, había echado de menos verlos a todos sentados a la mesa listos para comer. La sonrisa vaciló en sus labios. Harry no estaba.

-¡Dios mío!- exclamó Colin poniéndose en pie- ¡Estás increíble!

Todas las caras se volvieron hacia ella, quien se revolvió incómoda llevando inconscientemente las manos a los mechones que caían por su hombro.

-¿No me ves rara?- le preguntó Hermione, inquieta.

-No empieces con eso- la reprendió Tonks- Luna y yo llevamos dos días diciéndole lo guapa que está.

-Te queda muy bien ese nuevo peinado- intervino Sirius guiñándole un ojo- Te hace más juvenil, no tan remilgada.

Hermione le miró en silencio unos instantes antes de devolverle la sonrisa. La verdad es que ella también tenía esa opinión, aunque no podía evitar llevarse un susto cada vez que se miraba al espejo. Fue a servirse un vaso de zumo y miró por la ventana, esperando ver a Harry entrando al establo con un caballo o al garaje con su moto. Quizá había bajado al pueblo por algo y por eso no estaba allí.

-¿Dónde está Harry?- preguntó Tonks a sus espaldas.

-Se ha quedado con Cho en Puerto Rico unos días más- contestó Sirius- ¡Ouch¿Por qué me pegas¡Oh, mierda!

Hermione sintió como algo doloroso le apretaba el pecho con fuerza. Sentía que había sido una tonta al pensar que entre ellos se estaba iniciando algo solo porque habían pasado momentos muy bonitos escribiendo unas cuantas canciones. Pero era imposible, porque desde luego ella no era el tipo que chica que Harry frecuentaba. Le gustaban morenas, altas y sofisticadas. Ella fallaba en dos requisitos y medio. Solo era un poco sofisticada cuando tocaba ser Reed.

-Hermione- empezó la voz de Sirius- Ellos se encontraron allí…

-No te preocupes- respondió la castaña, quitándole importancia al asunto- No pasa nada.

-Pero…

-Me voy al pueblo, tengo cosas que hacer- lo interrumpió Hermione caminando hacia la puerta de la cocina.

-¿No vas a comer?- le preguntó McGonagall, fulminando a Sirius con la mirada.

-Ya he comido en el avión- respondió ella sin mirar atrás al salir por la puerta. Lo último que oyó fue la voz de Tonks diciéndole a Sirius "Eres idiota".

Hermione, caminando con pasos abatidos, recogió la maleta y se dirigió a su cuarto mientras trataba de contener las lágrimas que amenazaban sus ojos. "No voy a llorar" se dijo irritada. Después de todo, no tenía sentido hacerlo por algo que ni tan solo había empezado. Se iría a casa de Madame Vectory bailaría, bailaría como una loca hasta caer agotada. Esbozó una sonrisa cínica que nunca antes había aparecido en su rostro… ¿Quién iba a decir que Hermione Granger encontraría en el baile el mejor método de evasión?

Y eso fue lo que hizo durante días y días… bailar y ensayar las canciones del nuevo disco.


Había sido un gran momento, tanto tiempo sin verla y de pronto ella estaba allí. Había ido a la discográfica para tratar de averiguar donde estaba, después de todo era uno de los accionistas, así que no era extraño que se preocupara por su bienestar. Pero cuando le habían informado de que Reed estaba en el ático grabando un nuevo disco, se había creído morir del entusiasmo.Había tenido que controlar sus piernas que anhelaban correr para verla, para tocarla y para inhalar su dulce fragancia. Cuando había alcanzado el ático… allí estaba, hablando con el estúpido pelirrojo. Una sonrisa bailaba en sus labios, y sus ojos brillaban puros y luminosos.

Al principio, se sintió estafado cuando comprobó que le habían cortado su maravilloso pelo y que le habían cambiado el color, pero tras observarla unos instantes se sintió satisfecho, porque aquellos cambios no habían hecho sino embellecerla.

-Señor, no puede estar aquí- dirigió la mirada hacia el enorme hombre vestido de traje negro que le impedía caminar hacia su mujer.

Vio como Ronald Weasley levantaba la cabeza hacia él, se revolvía incómodo y avanzaba hacia ellos. Notó como Hermione posaba su mirada en él, y se irguió para dirigirle una sonrisa radiante. Era consciente de era un hombre hermoso, las mujeres se sentían atraídas por él. Sin embargo, en ella no parecía ejercer ese efecto, cosa que lo irritó profundamente.

A pesar de ello, tuvo que frenar sus impulsos y saludar con la máxima cortesía a aquel pelirrojo inútil y sin ninguna categoría, y entonces ocurrió. Weasley la llamó tendiéndole una mano y Hermione caminó hacia ellos con una sonrisa vacilante.

-Reed- empezó el pelirrojo- Permite que te presente a uno de nuestro accionistas mayoritarios. El senador Tom Riddle.

-Encantada- susurró ella.

Era tan tímida, tan inocente, que despertaba sus instintos más bajos. No solo deseaba cuidarla y amarla, sino también poseerla antes de inmortalizar su belleza para siempre. Ella estaba sonriendo cuando elevó su mano. ¡Oh! Si siempre pudiera tener el aspecto que tenía ahora con aquel vestido blanco, sería perfecto.

Casi tembló de emoción cuando tomó su pequeña mano entre las suya, tuvo que retener el temblor de emoción que le embargó. Pero no pudo evitar que sus labios se entretuvieran más tiempo del necesario al besar sus manos. Tenía la piel tan suave y olía tan bien…

Era deliciosa. Se la veía algo incómoda cuando levantó la mirada hacia ella, y se estremeció visiblemente cuando sus dedos acariciaron sutilmente su palma al soltarle la mano. Hubiera deseado atraerla hacia su cuerpo y besar ese labio que se mordía distraídamente. Pero no era el momento.

Abrió los ojos perezosamente. Había soñado durante días con aquel encuentro y, aunque al final no había podido averiguar donde estaba escondida, ese instante le había valido para saciar su sed de ella. Acarició la seda que descansaba entre sus manos. Blanca, definitivamente ese era su color, y la seda se pegaría a sus deliciosas curvas para siempre.

Se revolvió incómodo en su sillón de descanso, cada vez que pensaba en ese día… tenía una erección. Su madre habría dicho que era impropio de un hombre, pero no remitía hasta que llevaba su mano hacia aquel tenso lugar. Así que eso fue lo que hizo, cerró sus ojos mientras imaginaba que era la pequeña mano de Hermione la que se colaba dentro de sus pantalones…


Se despertó sobresaltada empapada en sudor, con el corazón latiéndole con fuerza. Estaba volviendo a tener pesadillas, cada noche desde el segundo día que había pasado en Miami. Aunque esta vez había algo diferente. Como siempre, estaba atada, pero unos ojos negros la miraban con deseo y, en un momento dado, un escalofriante destello rojo cruzaba los ojos, justo un momento antes de que sus labios se posaran sobre su mano para empezar a subir por su cuerpo desnudo.

Se levantó al baño y se miró al espejo. Bufó molesta. Unas sombras oscuras enmarcaban sus ojos, y no era para menos, después de todo, cada vez que se despertaba era incapaz de volverse a dormir, y llevaba así más de una semana. Entre las pesadillas, el baile y que últimamente no tenía ganas de comer, había perdido peso.

Volvió a salir al cuarto y miró el reloj de la mesita de noche. Era casi la hora de desayunar, no tenía sentido volverse a acostar, así que se encaminó a la ducha. Por suerte, las gemelas Patil habían insistido en darle unas lecciones de maquillaje para principiantes, así que nadie notaría que no estaba descansando nada por las noches.

Una hora más tarde, salía de su cuarto con todos los bártulos cargados en una bolsa para sus clases de baile. Se encaminó a la cocina que, a juzgar por el ruido, bullía de actividad.

-Buenos días- saludó con una perfecta sonrisa nada más entrar, dejando la bolsa en un rincón en el suelo.

-Siempre me he preguntado donde vas por las mañanas- observó Sirius cuando se sentó a su lado- Y qué haces hasta la hora de comer- Hermione fijó sus ojos en él antes de esbozar una sonrisa.

-¿Prefieres una mentira o quedarte con la duda?- inquirió con cierta brusquedad mientras se servía algo de café.

Sirius bufó molesto y miró a Remus significativamente, lo que solo sirvió para aumentar la crispación de Hermione. Sabía que estaba de muy mal humor desde que había vuelto, pero no podía evitarlo. Pensar en Harry y Cho juntos por ahí le hacía bullir la sangre. Un enorme plato con tostadas, tocino, tomates fritos y huevos revueltos calló ante ella. Se volvió hacia Minerva que tenía semblante serio.

-Solo quiero café y algo de fruta- le indicó devolviéndole el plato. Pero McGonagall la ignoró dándose la vuelta.

-De eso nada- atajó Sirius arrebatándole el plato para volver a ponérselo delante- Te lo vas a comer todo.

-No tengo hambre- protestó mientras ponía un puchero, que solía funcionarle con casi todo el mundo.

-Estás muy delgada- siguió Tonks ignorando su carita, para tratar de hacerla entrar en razón- Desde que has vuelto, apenas comes. Y tú sabes que dentro de poco vas a necesitar estar en buena forma.

-No tengo hambre- insistió empezando a crisparse. Ya era mayorcita para decidir cuando comía o cuando no.

-No entiendo que os pasa a las chicas de hoy en día- empezó Moody mirándola a través de sus penetrantes ojos- Os empeñáis en estar muy delgadas, y eso no es saludable.

-Lo que no es saludable es comer para desayunar un montón de fritos, para comer un montón de carne roja que tiene mucho colesterol y para cenar otro tanto- argumentó Hermione de manera triunfante, apartando el plato de delante para cruzarse de brazos. Sabía que no estaba siendo razonable con ellos, pero estaba harta de ser razonable.

-Lo es cuando la persona en cuestión debe haber perdido unos cinco quilos que antes ya no le sobraban- rebatió Remus en tono estricto, que Hermione no le había oído nunca.

-Y si he estado cocinando con tantas grasas e hidratos de carbono- siguió McGonagall con semblante serio- Era para que empezaras a ganar peso.

-Así que si no quieres, te ataremos a la silla y te daremos de comer nosotros mismos. Así que será mejor que empieces- amenazó Sirius volviéndole a poner el plato delante. Hermione suspiró pesadamente y tomó el tenedor, comprendiendo que era mejor hacerles caso y que así la dejarían en paz- No queremos que Harry nos linche cuando vuelva porque no comes bien.

Al momento de haberlo dicho, supo que había sido un error, porque Hermione lanzó el tenedor sobre la mesa y se puso en pie directa a la puerta para coger la bolsa.

-De eso nada señorita- exclamó Sirius poniéndose en pie- No te vas de aquí sin desayunar. Me encanta que te comportes como una gatita celosa, pero no vas a arruinar tu salud solo porque Harry es idiota y no sabe decir que no a una dama en apuros- la cogió del brazo, le quitó la bolsa y empezó a arrastrarla hacia la mesa, cosa bastante fácil porque Hermione apenas le llegaba los hombros.

-¡Suéltame, Black!- exclamó furiosa, tratando de soltarle los dedos de su brazo.

-Si te suelta te cogeré yo- anunció Remus que también se había puesto de pie, con una mirada de advertencia en sus ojos castaños- Además, no tienes motivos para estar celosa.

-¡QUE NO ESTOY CELOSA!- gritó exasperada mientras Sirius la obligaba a sentarse en la silla por los hombros, la sostenía con fuerza y le mentía un tenedor lleno de huevos revueltos en la boca.

-¡Calla y come!- le exigió empezando a cortar un trozo de tocino.

-No quiero...- empezó Hermione con la boca llena, pero no acabó porque el tenedor estaba en la boca otra vez.

-Hasta que no te lo tomes todo, no sales de aquí- anunció Remus sentándose frente a ella con los brazos cruzados- Da igual el tiempo que tardes.

-¡Esto es un abuso... un maltra...!- otro tenedor cruzó sus labios. Intentó levantarse, pero Sirius la empujó de nuevo en la silla y se sentó sobre sus rodillas de lado inmovilizándola. Tragó con rapidez y, cuando abrió la boca para seguir protestando, otro bocado se la llenó.

-¡Así me gusta, que seas una buena chica!- exclamó Sirius mientras le colocaba una taza en los labios obligándola a beber.

-¿Qué esta pasando aquí¿Y a que vienen estos gritos?- preguntó una voz profunda y sorprendida desde la puerta.

-Hola, Harry- saludó Remus con entusiasmo fingido, casi sarcástico.

-¡Oh, Sirius! Que escena tan tierna, le estas dando de comer a Hermione- siguió una segunda voz de mujer desde la puerta.

-¡La vas a ahogar!- exclamó Harry horrorizado. No podía ver a Hermione porque su padrino se la tapaba completa, pero la velocidad a la que le metía cosas en la boca era alarmante- ¡Y levanta de encima de ella!- exclamó con rabia contenida. Toda la semana aguantando a Cho y ahora llegaba a casa y tenía que soportar escenitas tiernas de su padrino con Hermione- ¿A qué viene todo esto?

-Aquí la señorita lleva una semana sin comer como toca- explicó Tonks mirándolo tan seria que en principio Harry no supo que decir.

-Así que como ves hemos tomado medidas desesperadas- se sumó Remus apuntando con una mano la escena en que Sirius metía un trozo de melocotón en la boca de Hermione, quien volvía a tragar con rapidez.

-¡Ya he dicho que no tengo hambre!- protestó ésta tratando de librarse del agarre.

Necesitaba salir de allí, no podía ver a Harry desde la posición en que estaba con Sirius sentado sobre sus rodillas, aunque tampoco es que quisiera. Él había llegado con Cho tras una semana de dulces vacaciones. Tenía que salir de allí, y rápido, sino quería decir cosas desagradables… o peor aún, ponerse a llorar.

-No tiene hambre, le va a sentar mal- oyó que protestaba Harry- ¡Haz el favor de levantarte!

-Hasta que no termine, no- insistió Sirius con cabezonería, metiendo más trozos de fruta en la boca de la chica.

-¡Ya está bien¡LEVANTA DE ENCIMA DE ELLA O LO HARÉ YO!- gritó Harry avanzando hacia el interior de la cocina.

-Necesita ganar peso- siguió Sirius metiéndole la taza de café entre los labios

-¡Es perfecta como está, no necesita...!

Sirius bufó con fuerza. Se levantó de encima de Hermione, arrastrándola con él, mientras le quitaba la camiseta por encima de la cabeza y la empujaba a los brazos de Harry. Hermione gimió de dolor por el brusco movimiento. Se le habían dormido las piernas y no se tenía en pie, así que no pudo esquivar a Harry, quien la cogió al vuelo apoyando sus manos en su cintura.

Y estaba delgada... más delgada que cuando se había ido, como pudo comprobar de inmediato. Sus manos bajaron hasta las caderas desnudas sobre las que se empezaban a notar los huesos. Frunció el entrecejo y la retiró hacia atrás para mirarla bien.

-Realmente has adelgazado- se oyó la voz de Cho, visiblemente molesta por el caso que le estaba prestando Harry- Pero no creo que sea para exagerar porque haya perdido unos quilos. ¿Verdad, Harry?- observó, tratando de quitarle importancia al asunto.

Harry miró a Hermione con ojo crítico ignorando a los presentes. Llevaba unos pantalones negros ceñidos por debajo de las rodillas, sus piernas parecían haberse vaciado en esos días. El top rosa que llevaba por debajo de los pechos, hacía más evidente que la cintura era más estrecha, menos llena que antes y se le estaban empezando a marcar las líneas de las costillas. Siguió subiendo, los pechos parecían más caídos y se le marcaban las clavículas y los hombros haciéndola parecer frágil.

Desde luego, Hermione siempre había estado delgada, pero el peso perdido hacía que lo pareciera mucho más. Subió los ojos para mirarla a la cara. Los pómulos estaban más marcados y el brillo de sus ojos ligeramente apagado. Entonces lo notó.

-¿¡Qué te has hecho en el pelo!?- gimió entre furioso y sorprendido.

Sin esperar una respuesta, cogió entre sus dedos varios mechones que caían por sus hombros observándolos sorprendido. Antes estaban rizados, ligeramente enredados incluso, pero ahora caían lisos entre sus manos. El color, tirando más a castaño oscuro que a rubio, y sin embargo, más brillante que antes. Mechones de diferentes colores, negro azabache, castaño dorado y rubio casi blanco, adornaban su cabeza dándole un aire desenfadado y juvenil.

Le colocó todo el pelo hacia atrás, para comprobar el largo. Le habían cortado más de la mitad de la gloriosa melena que antaño le llegaba al final de la espalda, para dejársela un palmo por debajo de los hombros, muy escalonada, con raya y flequillos ladeados.

Harry la tomó de la barbilla para que lo mirara, pues Hermione estaba de pie aguantando su escrutinio en silencio, sin mirarle, con la cabeza hacia un lado. Pero apenas había tocado su mentón, ella hizo un brusco movimiento de la cabeza y se soltó de él retrocediendo algunos pasos.

-Si ya has acabado de mirarme, tengo prisa- le indicó pasando por su lado para coger la mochila.

Harry estaba confundido, no sabía si le gustaba ese nuevo peinado. Estaba guapa, pero no parecía ella, aunque suponía que era cosa de acostumbrarse. Pero sobre todo, estaba dolido. Había llegado con unas terribles ganas de verla y de disculparse por haber tardado tanto en volver, para encontrarse con una Hermione fría, distante… y de aspecto enfermizo. Realmente, al caminar, parecía que sus piernas no iban a sostenerla en pie.

-¿Ahora que vuelvo, te vas?- le preguntó con cierto tono de amargura- ¿No puedes dejar para mañana lo que sea que haces en el pueblo?

Hermione se quedó de pie en la puerta, sin volverse. Se había puesto rígida, luchando con el impulso de abofetear a ese hipócrita que se creía con derecho a pedirle que se quedara con él después de la semana que había pasado con otra. Y sobre todo, después de volver con su amante. Esbozó una sonrisa cínica antes de mirarle.

-Tienes compañía de sobra- empezó lanzando una mirada de reojo a Cho- No creo que me eches de menos.

-¿Pero qué…?- Harry se mesó el pelo confundido, tratando de entender su actitud.

-Realmente Harry y yo tenemos muchas cosas que hacer hoy por la mañana, voy a organizar su cumpleaños. Es dentro de una semana- lo interrumpió Cho ganándose las miradas de odio de todos los asistentes a la discusión.

-No me esperéis a comer- avisó Hermione, dándose la vuelta para salir de la cocina con paso majestuoso.

Harry se quedó plantado mirando la puerta, preguntándose qué era lo que acababa de pasar y lo que podía haber hecho para que, de pronto, Hermione estuviera enfadada con él.

-Ahora que se ha ido…- empezó Cho, tratando de volver a ganarse su atención. Harry la miró aún con los ojos meditabundos- ¿Qué te parece si hablamos de la fiesta de cumpleaños?- el moreno volvió a dirigir su vista hacia la puerta cerrada, llevándose una mano a la barbilla- ¿Harry?- insistió Cho.

-¿Cuánto tiempo más necesitas para darte cuenta de las cosas?- saltó Sirius visiblemente molesto por ser tan torpe- ¿Vas a ir tras ella o no?

Aún no había terminado de decirlo y Harry ya había salido por la puerta de la cocina rumbo al recibidor. Apretó el paso al ver que Hermione salía por la puerta.

-¡Hermione, espera!- le gritó tratando que se detuviera, pero ella siguió como si no lo hubiera oído.

Lanzó una maldición y corrió hacia la puerta, para descubrir que Hermione se alejaba a toda velocidad hacia el pueblo.

-¡¿Quieres pararte de una vez?!- exclamó cuando le dio alcance, reteniéndola por el brazo.

-¡Llego tarde!- se quejó Hermione, soltándose, para seguir caminando.

-Pues espera y te llevaré- insistió, tratando de volverla a detener.

-No hace falta, gracias- respondió cortantemente. Harry la miró pensando que era imposible que unas piernas tan delgadas pudieran avanzar tan rápido.

-¿Quieres pararte y hablar conmigo?- la siguió Harry poniéndose a su altura.

-Me parece que no tenemos nada que hablar- arguyó Hermione sin mirarlo.

-¡Ya está bien!- Harry la cogió por los dos brazos obligándola a detenerse y a enfrentarlo.

-¡Suéltame!- gritó Hermione revolviéndose y tratando de liberarse de su agarre, que se cernía sobre ella como cadenas de acero.

-Cuando me escuches- Rodó los ojos exasperada y se cruzó de brazos, mirándolo con gesto interrogante mientras su pie golpeaba repetidamente contra el suelo. Harry suspiró hondo tratando de calmarse antes de hablar.

-No tienes que estar enfadada conmigo- empezó a decirle en un tono que la invitaba a ser razonable- Entre Cho y yo no ha pasado nada- Hermione no contestó, pero la mirada que le lanzó era de total incredulidad- ¡Es verdad! Hemos estado haciendo nego…

-¿Por qué me cuentas todo esto?- interrumpió Hermione incapaz de seguir escuchando nada más- Realmente no me importa lo que hayáis estado haciendo.

-Pero te ha molestado que me quedara con ella- afirmó Harry tratando de que descruzara los brazos para tomarle las manos. Una sonrisa sardónica que estaba empezando a odiar apareció en los labios de la castaña.

-No me ha molestado en absoluto- respondió prepotentemente- Puedes hacer lo que quieras y no tienes por que darme explicaciones.

-Pero tú y yo...

-No hay un tú y yo, Harry- lo cortó Hermione- Nunca lo ha habido y nunca lo habrá. Solo estoy aquí para pasar unas vacaciones, y se acabarán pronto. Entonces yo volveré a mi mundo y tú seguirás en esta isla haciendo negocios y cortejando a tu amante de turno- Harry contuvo la mueca de dolor que su rostro estuvo tentado de hacer. En cambio adoptó una actitud de total indiferencia.

-En ese caso, volveré con Cho- afirmó impasible, dándose la vuelta para marcharse hacia la casa.

Hermione lo observó marcharse mientras se le formaba un apretado nudo en la garganta, parpadeando con fuerza para tratar de evitar la humedad que brillaba en sus ojos. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el pueblo. Las lágrimas fluyeron casi sin poder evitarlo. Pronunciar cada palabra había sido como una tortura para ella, pero no podía dejar que Harry supiera cuanto la había afectado saber que había estado una semana con Cho. No podía permitirse el lujo de que viera todo lo que sentía por él, porque si algo había averiguado todos los días que había estado en Miami sin él, es que Hermione Granger se había enamorado como una idiota.


Harry permanecía sentado en la mesa de la sala de reuniones esperando a que el resto de miembros del comando fuera llegando. Por primera vez en su vida, no tenía ningunas ganas de escuchar lo que Tonks tuviera que decir respecto al caso del violador. Solo quería montar a caballo, hacerlo galopar por la playa a toda velocidad y olvidarse de las palabras de Hermione. Le habían dolido. Después de los días que habían pasado antes de separarse, creía que ya no le quedarían dudas respecto a él. Sabía que no estaba enamorado, nunca podría porque no creía en el amor, pero sí la deseaba, y ya la habría hecho suya de no ser por ese miedo que Hermione tenía a la intimidad.

A su vuelta, esperaba a una Hermione ligeramente molesta pero contenta de verle, una Hermione que escuchara sus explicaciones respecto a su larga estadía en Puerto Rico con Cho. ¿Y qué había hecho ella? Primero, remarcarle que no había nada entre ellos, cosa totalmente absurda, porque eran amigos. De hecho, el momento íntimo que habían compartido para algunos habría significado algo más. Y segundo, le había dicho que se marcharía pronto.

Eso era lo que más desconcertado le tenía, porque hasta que ella se lo había dicho, no había pensado en que tenía una vida en algún otro lugar, que se marcharía y que él no estaba incluido en todo eso. Francamente, eso le dolía pero… ¿qué hacer?

La puerta se abrió, y sorprendentemente, todos llegaron al mismo tiempo. Mientras ocupaban sus puestos, Harry observó a Snape, que después de una semana ya parecía más recuperado de sus heridas. Incluso se comportaba como si nada hubiera pasado.

Después de rescatarlo, simplemente se había limitado a contarles que al parecer habían interceptado una de sus comunicaciones y le habían encerrado para interrogarle durante dos semanas, pero que no habían podido sacarle nada. Harry no sabía que pensar al respecto. No estaba seguro de que tras dos semanas de torturas Snape hubiera podido mantenerse sereno, pero confiaba en su suprema capacidad de concentración para ello, así que no insistió.

Miró a sus hombres, que esperaban a que les diera la señal para empezar. Asintió con la cabeza y todos se volvieron hacia Tonks.

-He averiguado la relación entre las chicas- anunció con una sonrisa satisfecha, por haber triunfado donde los demás no.

-¿En serio?- preguntó Harry enarcando una ceja e incorporándose en la silla. Esa información había logrado separar momentáneamente a Hermione de su mente.

-Totalmente. Ron me lo confió pensando que podría interesarte- añadió con una vaga sonrisa mirando a su jefe- Al parecer está llevando a cabo su propia investigación, pero tampoco se lo ha comunicado todavía al FBI.

-Espera, espera…- la cortó Sirius mirándola ceñudo- ¿Y por qué el pelirrojo está haciendo una investigación al respecto?

-En realidad fue pura suerte que lo descubriera- siguió Tonks encogiéndose de hombros mientras sacaba la carpeta- La investigación la llevaba a cabo para detener al pirado que mantuvo a Reed Jones cautiva, pero descubrió que todas las chicas están relacionadas de una forma u otra con la discográfica.

-Explícate- exigió Harry con impaciencia, frunciendo el ceño.

-La primera de ellas… tocaba el piano. La segunda era fotógrafa y la tercera cantaba. Todas dejaron sus currículums en la compañía buscando que las contrataran- enumeró Tonks tendiéndoles los expedientes de las chicas a los hombres.

Permanecieron unos momentos en silencio leyendo los archivos que les había dado, reflexionando en silencio, pensando sobre los datos que allí aparecían. Remus fue el primero en hablar:

-Todas, a su manera, tenían algo que las hacía especiales- observó mirando a los demás. Tonks asintió poniéndose meditabunda.

-Y Reed, podría decirse las supera a todas- apuntó la chica mirándolos con seriedad- La conozc… la conocí- se rectificó rápidamente- La vi trabajar. Tiene una voz estupenda, toca el piano a la perfección, es inteligente, metódica y perfeccionista. Y por si fuera poco, atenta con todo el mundo. Durante el tiempo que estuve allí, saludó a los repartidores y asistentes por su nombre, incluso les preguntó por sus familias. Habló con los de seguridad como si fueran viejos amigos, se ganó a los agentes del FBI y aguantó estoicamente el interrogatorio de una coreógrafa medio chiflada, y todo eso sin perder la sonrisa.

-O sea, que es una puta santa- capituló Malfoy con su voz aburrida, dejando los papeles encima de la mesa- Nada que no supiéramos- añadió en voz tan baja que nadie lo oyó.

-Por tanto, Ron piensa que nuestro violador y el de Reed son la misma persona- recapacitó Harry en voz alta. Tonks asintió- Pero ésto no cuadra con su conducta hasta ahora.

-Hay que tener en cuenta que estos nuevos datos cambian la perspectiva que tenemos de él- intervino Remus dejando los papeles encima de la mesa para mirarlos con seriedad- No es un violador y asesino en serie, sino un coleccionista, una persona con una obsesión compulsiva por la belleza y la perfección.

-Pero mató a las otras chicas tras violarlas- apuntó Sirius mirándolo fijamente- Venga, suelta lo que estas pensando- añadió con una sonrisa de complicidad.

-Tengo dos opciones. O bien las chicas eran sus ensayos, su modo de practicar hasta que encontrara "la perfección" definitiva, o las consideraba perfectas hasta que ellas hicieron algo que las condenó, que le demostró que no eran lo que él buscaba. Por eso las mancilló y destruyó al final, para castigarlas por haberlo engañado.

-A veces das auténtico miedo- rompió el silencio Sirius, mirando fijamente a su amigo.

-Es mi…

-Dejad de echaros flores- los interrumpió Harry- Ahora lo importante es, sea cual sea la opción, proteger a Reed. ¿Qué medidas a tomado Ron?

-Ella está completamente a salvo- indicó Tonks bajando la mirada y revolviéndose nerviosa- Eso no es problema.

-¿Estás segura?- preguntó Harry dudoso.

-Ya te digo- musitó Tonks por lo bajo mirando por la ventana.

-¿Qué has dicho?

-Nada, nada.

-Si me preocupo, es porque la protección nunca fue el fuerte de…

-Harry- lo cortó Tonks- Te aseguro que Reed está en el lugar más seguro del mundo. No te preocupes.

-Bien, no te pongas así- observó Harry- Entonces pasamos a la segunda parte del plan.

-Investigar a todos los miembros del personal que tuvieron contacto con las chicas- dijo Malfoy en tono de hastío- ¿Cuándo salgo?

-¿Quieres irte?- preguntó sorprendido Harry mirando al rubio, que se limitó a sostenerle la mirada de manera desafiante.

-No es necesario- apuntó Tonks- Ron me dio acceso a toda la base de datos de la empresa. Cuando tenga una lista más corta podremos ir personalmente a interrogarles.

Harry asintió complacido de que por fin la investigación estuviera dando sus frutos, pero tenía la desagradable sensación de que se le estaba escapando algo importante.


Era casi la hora de cenar cuando Hermione entró en la casa. Estaba agotada, y cada músculo de su cuerpo gritaba de dolor. Madame Vector la había machacado sin piedad durante todo el día. Ahora, a las clases de baile, había sumado un programa de preparación física y otro para mejorar su flexibilidad y coordinación. Aunque no podía negar que le estaba agradecida, pues durante todas esas horas de sobreesfuerzo casi no había pensado en nada, o más bien nada sobre Harry.

Miró el reloj que había en el recibidor. Aún quedaba un rato para la cena, así que tenía tiempo de sobra para perfeccionar las canciones del disco. Se había empeñado en hacer solo directos, así que cuando empezara la promoción tenían que ser perfectos. Dejó la bolsa de deporte en la subida a las escaleras y se encaminó al cuarto de música. Cuando entró se quedó congelada en la puerta, Cho Chang estaba allí dentro hablando por teléfono de espaldas a ella.

Te he dicho que esas acciones están a punto de quebrar, es mejor venderlas ahora antes de que su precio caiga en picado… Sí, estoy segura de que quiero venderlas ahora... Oh, un millón de dólares es un precio totalmente razonable ya que dentro de dos semanas valdrán la cuarta parte... Sí, eso es justamente lo que quiero que hagas con el dinero. Ese nuevo software será la bomba en el mercado, así que quiero el mayor número de acciones del la empresa... Perfecto, llámame cuando tengas el contrato, lo estudiaré antes de firmarlo, quiero revisar todas las cláusulas con lupa antes de aprobar nada. Buenas noches.

Cho colgó el teléfono y se volvió hacia ella. Hermione se puso rígida y avanzó hacia el interior tratando de permanecer indiferente a la mirada burlona de la morena, que parecía visiblemente satisfecha de que hubiera entrado en la habitación totalmente sola.

-Esperaba verte a la hora de la comida- le dijo apoyándose en el piano. Hermione la miró con el entrecejo fruncido.

-Eso no es una silla- le indicó malhumorada. Odiaba a la gente que se apoyaba sin miramiento sobre los pianos.

-No tienes que estar enfadada conmigo. Ha ganado la mejor- afirmó haciendo un movimiento con las manos para señalarse.

-No sabía que hubiera una competición- repuso Hermione impasible, caminando hacia la banqueta del piano para empezar a tocar algunos acordes para calentar los dedos.

-Nos lo hemos pasado tan bien en Puerto Rico- suspiró Cho con melancolía, retirándose el pelo hacía la espalda mientras apoyaba los brazos sobre la cola del piano, para inclinarse hacia delante. Hermione pensó que parecían dos viejas amigas contándose secretitos, y estuvo a punto de vomitar- Casi no salimos del Hotel- añadió con malicia observando la reacción de la castaña, que siguió tocando, aunque con un poco más de fuerza- Harry puede ser muy tierno, pero la mayoría de veces es terriblemente apasionado.

-Me alegro por ti- casi le temblaban los dedos cuando se volvió para sacar de la carpeta algunas partituras, elegir una y la ponerla sobre el atril antes de empezar a tocar.

-Oh, venga, no seas rencorosa. Desde el principio tenías que saber que no tenías nada que hacer con Harry- Hermione se detuvo con la mirada fija en las páginas y tomó aire con fuerza, antes de seguir tocando- No eres el tipo de chica a la que él esta acostumbrado. Tú eres como... una cándida margarita de campo. A Harry le van las flores salvajes y exóticas.

-No lo dudo- respondió Hermione antes de empezar a tararear una canción movida. Se detuvo de pronto y miró a Cho fijamente esbozando una sonrisa tan dulce que la morena se quedó sin palabras- No tienes que preocuparte por mí. En realidad Harry solo me ve como una hermanita pequeña a la que tiene que cuidar y con la que le gusta pasar tiempo componiendo y cantando.

-No estoy preocupada. Solo quiero que te quede claro que debes alejarte de él, que no tienes nada que pueda atraerle- ratificó, lanzando una mirada despectiva a todo el cuerpo de Hermione.

-Nunca me he aproximado- respondió ella empezando a tocar las notas de "Aquarius"- ¿Te gusta esta canción? A mí me encanta, fue la primera que aprendí- le preguntó con una inocente sonrisa. Puede que no fuera una flor salvaje y exótica, pero sí tenía algo que le gustaba a Harry, aunque éste aún no la había oído al máximo.

-Pues claro, no es como esas canciones moñas que compones- respondió ella con desprecio- ¿Por qué lo dices?- le preguntó algo preocupada.

-Porque sí tengo algo con lo que atraer a Harry- Cho levantó una ceja incrédulamente, mientras Hermione volvía a empezar la canción entonando esta vez la letra...

Empezó suave, para en la misma línea ir haciendo crecer la voz hasta que su famoso "vibratto" llenó la habitación.

WHEN THE MOON IS IN THE SEVENTH HOUSE
AND JUPITER ALIGNS WITH MARS
THEN PEACE WILL GUIDE THE PLANETS
AND LOVE WILL STEER THE STARS

Hermione tuvo el placer de ver como Cho iba palideciendo a medida que avanzaba por la canción y su voz iba creciendo para llenar el ambiente. Aún así solo estaba a media capacidad. La sala estaba ligeramente insonorizada, pero la puerta estaba abierta, y si cantaba a toda potencia, la oirían. No podía arriesgarse.

THIS IS THE DAWNING OF THE AGE OF AQUARIUS
AGE OF AQUARIUS
AQUARIUS!
AQUARIUS!

Se detuvo de golpe y miró a la morena. En realidad no era necesario alardear, ni tenía porque hacerlo, ya que ella no estaba en esa liga ni quería estarlo. Había decidido pasar de Harry. ¿Y qué había hecho? Tratar de empequeñecer a Cho, que no era más que otra víctima de un mujeriego, aunque debía reconocer que muchas veces la había hecho saltar. Suspiró hondo, al menos no la había insultado.

-No tienes que preocuparte, de verdad- le dijo con semblante serio pero tranquilo mientras se levantaba del piano- En realidad, Harry me cae bien, pero es solo un amigo. No me interpondré entre vosotros- terminó, dándose la vuelta para irse.

De pronto, se vio retenida y empujada por la morena a la banqueta. Por un momento, Hermione pensó que la había descubierto por el semblante rábico que tenía, pero se limitó a mirarla fijamente apuntándola con un dedo.

-No te acerques a él, no le hables y sobre todo, que no se te ocurra cantar en su presencia... ¿Me has oído?- Hermione la miró extrañada. El bello rostro de la morena estaba apretado en una fea mueca.

-Hay cosas que no puedo evitar, como hablarle si me habla. Para lo de cantar llegas tarde, ya me ha oído. Pero ya te he dicho que no tienes que preocuparte- reiteró molesta por tanta insistencia.

-Más te vale hacerme caso- la amenazó antes de darse la vuelta y caminar hacia la puerta con aire majestuoso.

Hermione se quedó sentada en la banqueta del piano observando el lugar por el que se había marchado. Hasta que una voz conocida la sacó de su ensimismamiento.

-Vaya genio¿no?

-¡Ginny!- exclamó Hermione levantándose para abrazar a su amiga, que cerró la puerta tras ella y entró al cuarto de música.

Se saludaron contentas de volver a verse, e inmediatamente Hermione le contó todo lo que había pasado desde que había vuelto a La Isla para descubrir que Harry estaba con Cho. Ginny se mostró sorprendida e incrédula, incluso trató de convencerla para que escuchara al moreno, pero Hermione se negó de manera tajante y cambió de tema:

-¿Cuándo has llegado?- le preguntó curiosamente, sentándose con las piernas cruzadas en el sofá.

-A la hora de comer. Draco y yo...

-Espera- la cortó, levantando una mano sorprendida- ¿Draco y yo¿No su majestad, el principito o el rubio ese¿Qué habéis estado haciendo estos días?

-Nada- contestó Ginny mirando hacia otra parte, tan roja como una amapola.

Hermione la miró con el entrecejo fruncido, y de pronto esbozó una sonrisa. No le costó mucho sacarle a la pelirroja lo que le pasaba, y aunque al principio estuvo a punto de reprenderla por haberse acostado con él, decidió que era mejor escucharla, parecía necesitarlo. Y Ginny habló y habló... mientras Hermione leía entre líneas.

-Te gusta Malfoy- afirmó con convencimiento, haciendo que la pelirroja bajara la cabeza avergonzada- No pasa nada- añadió rodeando a su amiga por los hombros, quien parecía abatida.

-Sólo estuvimos juntos esa noche- explicó Ginny- Pero fue... espectacular. Yo nunca... bueno, él... ¡Cielos!- susurró roja como un tomate, escondiendo la cara entre las manos.

-¿Estuvo bien?- preguntó su amiga dudosamente, tratando de ayudarla a expresarse.

-Las cinco veces me sentí morir- admitió Ginny con la cara escondida entre las manos.

-¿Cinco?- jadeó Hermione, que parecía tan perpleja que Ginny levantó la cabeza y no pudo menos que sonreír- Creía que se necesitaba descansar después- musitó entre asustada y reverente.

-¡Y yo también!- exclamó Ginny medio indignada- Pero ahora ya se que él no.

-Bueno, no tengo mucha experiencia, pero supongo que no tienes de que preocuparte.

-Volvió a ser el mismo idiota al día siguiente, y desde entonces no me ha tocado ni para pasarme la sal- proclamó enfadada.

-Estará confundido. Supongo que a él...- Hermione se mordió el labio inferior, tratando de encontrar las palabras adecuadas- ¡No tengo ni idea!- anunció, poniendo una mueca de fastidio- Es imposible saber lo que piensa o por que hace las cosas.

-Lo sé. Pero fui tonta. Creí que después de esa noche habría algo entre nosotros- suspiró Ginny- Pero supongo que para él solo fui un revolcón. Después de todo me considera vulgar y nunca encajaría en su mundo.

Hermione la miró interrogante, por lo que Ginny pasó a explicarle que Draco Malfoy era el hijo de Lucius Malfoy, un Lord inglés venido a menos que había cosechado una verdadera fortuna con negocios que no estaban del todo limpios. Por eso Malfoy se había marchado de casa, pero seguía moviéndose en los círculos de la alta sociedad como un pez en el agua.

-Y claro, yo soy una chica normalita y con padres comunes. No encajo en su mundo- afirmó Ginny, seria y abatida de nuevo.

-No digas eso, tú te desenvuelves bien en cualquier ambiente, y si no puedes aprender. Eres inteligente y preciosa- argumentó Hermione con verdadero amor hacia su amiga- Además, desde que Ron asumió el control de la discográfica, no se os puede considerar precisamente pobres.

-No es eso- negó Ginny- Se trata de la cuna... las raíces, la herencia. Malfoy es de sangre azul, yo no.

-¡Hoy en día...!

-Hoy en día es igual que hace cien años, aunque no queramos verlo- la cortó Ginny, que había pasado del abatimiento a la indignación- ¡Como odio la diferencia de clases y que unos pocos tengan privilegios que los demás no tienen, solo porque poseen dinero o un título que al parecer les hace superiores!- manifestó acalorada, caminando por la sala de un sitio a otro.

-¿Y qué vas a hacer?- le preguntó Hermione siguiéndola con la mirada. Ginny fue a contestar con el mismo tono airado, pero se deshinchó de pronto.

-Olvidarle- suspiró abatida.

-Pues bienvenida al club- añadió Hermione caminando hacia ella para cogerla por el brazo- ¿Un helado?

-Uno bien grande y con mucho azúcar. A poder ser de chocolate- afirmó Ginny mientras las dos iban hacia la cocina- Y secuestramos a Tonks de la cena con esos memos, nos encerramos en mi cuarto en pijamas y criticamos a los hombres por ser de otros planetas.

-Buen plan.


No era un ambiente precisamente agradable el que reinaba en la casa por aquellos días. Ginny saltaba a la mínima que Malfoy pronunciaba una palabra. Hermione, con el apetito recuperado, permanecía silenciosa y procuraba mantenerse alejada de Harry, que solo contestaba con gruñidos a las preguntas de todo el mudo. Y para rematar el humor de Hermione, Cho se había mudado a la casa a falta de una semana para el cumpleaños, pues lo que en principio iba a ser una fiesta entre amigos como siempre había sido, parecía que se había convertido en el evento del siglo. Y todo gracias a Sirius, que había convencido a Harry de que era un buen momento para negociar nuevos contratos, por tanto se había invitado a muchos directores y dueños de empresas importantes.

Así que Cho había tomado entre sus manos la titánica tarea de organizar una fiesta para más de doscientas personas en dos semanas con la ayuda de la McGonagall, que con su presencia conseguía sosegar a la morena. Había que reconocer que las dos era organizadoras natas.

Lo único bueno de todo, era que Harry parecía fastidiado con todo el asunto, y al parecer no deseaba ese tipo de fiesta.

-Pues como decía, las invitaciones están enviadas. Todos vendrán, será un auténtico éxito- de pronto se puso seria y se volvió hacia Hermione y Ginny, que iban vestidas con vestidos de playa- Sabéis que es una fiesta de etiqueta y que tenéis que ir con trajes de noche ¿verdad?- les preguntó con una mueca de disgusto.

Las dos se observaron entre ellas, probablemente insultando a la morena sin palabras, antes de lanzar sendas miradas a Cho con aire elocuente y seguir comiendo. La morena bufó al ver que ellas despreciaban su ayuda y añadió:

-Haré que venga un diseñador amigo mío para que elijáis algún vestido de noche- anunció Cho mirándolas seriamente, como si fueran un caso perdido.

-No es necesario- dijo Ginny encogiéndose de hombros- Hermione tiene de esos para dar y vender- informó mirando a la castaña, que asintió sin levantar la mirada del plato.

-¿Y para qué, si puede saberse?- preguntó Harry de pronto. Hermione bajó el tenedor, se limpió la boca con la servilleta y le miró fijamente.

-He estado nominada a los Grammy, MTV y otros premios como compositora, por lo tanto he ido a varias galas y festivales. Me gustan la ópera y los conciertos de música clásica, así que tengo ropa de gala de sobra para esos eventos- informó Hermione como si nada. Pegó una patada a Colin por debajo de la mesa, que saltó y convirtió las risas en tos.

-De todas formas- siguió Cho como si explicara algo muy difícil a dos niñas pequeñas- No estaría mal que os aconsejara algún profesional. En el mundo de los negocios es importante la primera impresión, sobre todo entre los socios potenciales de Harry. No dudo que sabréis desenvolveros, sobre todo tú Ginny, pero teniendo en cuenta toda la prensa que va a...

-¿¡Prensa!?- gimió Hermione cortando su diatriba, presa del pánico, dejando caer el tenedor sobre la mesa mientras un temblor le recorría el cuerpo. Colin se había puesto serio, Tonks y Ginny parecían preocupadas, y los demás miraban a Hermione con curiosidad.

-Pues sí- Cho se encogió de hombros puesto que no se había dado cuenta de nada- Vendrán algunos famosos del mundo de la música y la farándula, habrán varios senadores y diplomáticos, y Harry es conocido como uno de los mayores exportadores de café entre otras cosas, así que la prensa va a cubrir el evento.

-Yo no iré a la fiesta- afirmó Hermione poniéndose en pie. De pronto ya no tenía hambre.

-¿Cómo que no¡Es mi cumpleaños, estás en mi casa!- saltó Harry verdaderamente indignado- ¿Por qué?

-¡Porque no!- le gritó Hermione antes de salir por la puerta de la cocina, rumbo a la playa, dejándolos a todos sentados mirándose nerviosos.

Ginny y Tonks se miraron; la pelirroja hizo un gesto con la mano y se levantó para seguir a su amiga.